miércoles, 20 de abril de 2016

SABER VIVIR EN LAS TORMENTA DEPENDE NADA MÁS QUE DE TI


Saber vivir en las tormentas depende nada más que de ti
Lo normal es que a nadie le guste tener conflictos pero llegado al punto de tenerlos, es muy interesante saber identificar los 3 perfiles de personas conflictivas con las que te puedes encontrar


Por: Gabinete Sophya 




    Lo normal es que a nadie le guste tener conflictos pero llegado al punto de tenerlos, es muy interesante saber identificar los 3 perfiles de personas conflictivas con las que te puedes encontrar:

-Las personas que se sienten vivas generando conflictos innecesarios a los demás. Son personas que con su falta o exceso de ego se convierten en un amplificador de tensiones permanentes.

-Las personas que siempre se creen que tienen que intervenir en los conflictos de los demás. Son personas que su falta o exceso de ego les hace ir por la vida con un chaleco salvavidas para poder sumergirse en las vidas de los demás.

-Las personas que siempre se creen que los demás son los responsables de sus propios conflictos. Son personas que su falta o exceso de ego les convierte en una ducha que está salpicando a todos los que estén cerca.

Para resolver un conflicto con valentía se necesita tener una actitud sana y libre de complejos:


Debes tener la humildad de aceptar ayuda de terceras personas si tú solo no puedes arreglar las cosas; además debes correr el riesgo de dejarte ayudar por ella y su percepción del problema aunque difiera de tu percepción, porque probablemente su visión global es mucho más objetiva que la que tú puedes tener.

Tener una actitud sana no te da derecho a pensar que solo por tu sana actitud tienes toda la razón y ninguna carga de responsabilidad en el asunto a resolver.

Y también se necesita dar 3 pasos:

1. Reconocer que tienes un problema con otra u otras personas, y saber que es casi irrelevante quien lo ha generado y sin embargo muy relevante el reconocimiento de tu participación en la resolución del problema para empezar a andar.

2. Saber pedir ayuda a una tercera persona cuando es imposible resolverlo a solas entre las personas implicadas para poder dar pasos hacia una solución.

3. Saber elegir bien a la persona especializada o amiga es clave para poder seguir dando pasos hacia la resolución del conflicto. No es fácil encontrar siempre a esa persona adecuada ya que tiene que tener aptitudes claras para moderar la situación y con su intervención no generar un conflicto mayor del que ya hay.

Para resolver un conflicto tampoco hay que tener prisas, porque a la solución hay que ir “sin prisa pero sin pausa”; es ir pasito a pasito y no avanzar dando zancadas o patadas.

La sana actitud en un conflicto ha de ser siempre: Integra, honesta y moral “Provocar un conflicto para sacar ventajas personales, no es íntegro”. “Entretener la solución de un conflicto para adquirir ventajas personales, no es honesto”. “Silenciar un conflicto para sacar ventajas personales, no es moral”.

Cuando tu actitud no es sana, no tendrás paz interior ni contigo mismo ni con los demás. La falta de equilibrio y coherencia en tus actos hará que tu actitud ante los conflictos pueda llegar a hipotecar tu integridad personal. Si quieres que un conflicto no acabe siendo un inicio de corrupción personal, procura resolverlo eficazmente con una actitud sana y dando los pasos necesarios para su pronta resolución, porque hay personas que viven de los conflictos e incluso se sienten cómodas en ellos porque se alimentan como los virus, de la infección humana que surge de cualquier conflicto sin resolver. Si te valoras y valoras a los demás, no navegues entre conflictos, atájalos con responsabilidad personal para evitar el daño y el resentimiento que son sentimientos que producen mucho dolor e inflamación emocional.

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