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domingo, 20 de diciembre de 2015

HOY SE CELEBRA EL CUARTO Y ÚLTIMO DOMINGO DE ADVIENTO 2015


Hoy se celebra el Cuarto y último Domingo de Adviento




 (ACI).- Hoy celebramos el cuarto domingo de Adviento y la Iglesia invita a mirar a María, la “Virgen del Adviento”, quien desde aquel “Sí” al ángel, por nueve meses preparó humildemente su casa y su corazón para tener en sus brazos al Salvador. Ella es quien abre las puertas de la Navidad. 

En espera de su hijo, María sale al encuentro de su prima Isabel y aún gestando acude en su ayuda.

Evangelio: Lucas 1,39-45



En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Este domingo, las lecturas bíblicas y la predicación se centran en la disposición de la Virgen María ante el anuncio del nacimiento de su Hijo. Como ya está próxima la Navidad, la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos ayuda a esperar la alegría de esta gran fiesta.

En ambiente de familia, se recomienda que todos los preparativos sean con el firme propósito de aceptar a Jesús en el hogar, la comunidad, el trabajo, la parroquia, etc.

jueves, 17 de diciembre de 2015

LA SERIEDAD DE LA NAVIDAD


La seriedad de la Navidad
¿Castañuelas, panderetas? ¡Bien! Pero no olvidemos que Dios, cuando comience a hablar nos va a pedir: Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme.


Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net 




En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía “Sed perfectos”, ni “sepulcros blanqueados”, ni “vende tus bienes y sígueme” ni “Yo soy la Verdad y la Luz”. Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios?

A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

A Belén se acercarán este año:

- El Papa, llevándole a Jesús todas las luces y sombras, las alegrías y las tristezas de la Iglesia.
- Los obispos y sacerdotes de todo el mundo, llevando a sus espaldas sus diócesis y parroquias, sus movimientos y grupos, para regalárselos a Jesús.
- Religiosos y religiosas, con sus corazones consagrados y sus ansias de seguirle en pobreza, castidad y obediencia.
- Misioneros y misioneras, dispuestas a aprender las lecciones de esa cátedra de Belén.
- Laicos, admirados o indiferentes, despiertos y somnolientos, santos y pecadores, sanos y enfermos, jóvenes y adultos, niños y ancianos.

¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nacerá en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?

Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

Navidad no son los almacenes en oferta. Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos. Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos. Navidad no son las comidas especiales. Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo. Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el alma…como hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

Navidad es anticipo de la Eucaristía, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza…; y las de María: pureza, fe, generosidad…y las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pan…y ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en este año dedicado a la Eucaristía.

Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa toda nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. María nos ofrece a su Hijo. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores.

En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

¡Qué unidos están Belén y Calvario!

El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

Ahora sí hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

¿Castañuelas, panderetas y zambombas? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnado…pues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

martes, 15 de diciembre de 2015

¿CÓMO VIVIR INTENSAMENTE EL AÑO SANTO Y LO QUE RESTA DEL ADVIENTO?


¿Cómo vivir intensamente el Año Santo y lo que resta del Adviento?





 (ACI).- El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera, compartió algunas sugerencias para vivir intensamente el Adviento y el Año Santo de la Misericordia, como un tiempo especial de alegría en el que los cristianos deben plasmar su fe en obras concretas.

En la homilía de la Misa que presidió en el tercer domingo de Adviento en la Catedral Primada, en el día en abrió la Puerta Santa del templo por el Año de la Misericordia, el Purpurado dijo que “el Adviento a fondo es tiempo de acción para conseguir una alegría profunda”.

“Ante la expectativa del Mesías, "En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: ¿Qué debemos hacer?". Es la actitud que nosotros debemos adoptar, si queremos celebrar el Año Santo y prepararnos de verdad a la Navidad”, dijo luego según informa el SIAME.

Por ello, afirmó, “hay que aterrizar en la acción cristiana, si no queremos engrosar las filas de los contradictorios creyentes no – practicantes”.


“La fe se demuestra con obras, sino, está muerta, no es verdadera fe. El Bautista es muy claro: ‘Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo’. ‘No cobren más de lo establecido... No extorsionen a nadie ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario’”.

El Arzobispo resaltó que “la celebración del Año de la Misericordia y la preparación a la Navidad en serio es un cumplimiento cada vez mejor de los deberes propios ante los derechos fundamentales de los demás: vida, vestido, vivienda y alimento”.

Se trata, explicó, “de practicar una justicia cada vez mayor, respetando la dignidad de las personas y repartiendo equitativamente cargas y beneficios”.

“Si alguien piensa que es más alegre una preparación folklórica, convénzase de que esa alegría superficial sólo será gozo profundo si llega a la práctica de la justicia. Y sobre todo del amor. Porque el Jesús misericordioso nacido en Belén nos salvó por el amor, y del amor nos juzgará en la tarde de la vida”, aseguró el Cardenal Rivera.



Nuestra actitud en Adviento

En la homilía, el Primado de México dijo que en Adviento “estamos alegres porque ‘Aguardamos la alegre esperanza: la aparición gloriosa de nuestro Salvador’. Condición previa para que aflore en nuestra conciencia el gozo navideño es el deseo de la visita de Jesús a nuestra vida aquí y ahora”.

“En el Evangelio de hoy se nos resalta que el pueblo estaba en expectación por la venida del Mesías prometido. ¿Estamos nosotros de verdad esperando la llegada de Jesús, o simplemente celebramos un aniversario histórico? ¿De verdad queremos celebrar un año Santo como camino nuevo para nuestra vida?”, cuestionó.

Tras señalar que otros esperan “mesías políticos” o “magos de las finanzas”, el Cardenal interrogó a los presentes: “pero, nosotros los cristianos, ¿de verdad esperamos, a Aquel que puede cambiar nuestra vida y nuestra historia?”

“La liturgia de este domingo además de motivarnos a la alegría, nos presenta varios rasgos del Mesías auténtico, para abrir nuestro deseo de su venida y para que no lo confundamos con ningún otro mesianismo por atractivo que parezca”.

“Nuestro mundo –subrayó el Purpurado mexicano– se muere de frío porque está impregnado de odio, indiferencia y egoísmo. Nuestro mundo sólo puede revivir y transformarse por el calor del amor con que nos vino a inflamar Jesús”.

IDEAS PARA VIVIR EL ADVIENTO


Ideas para vivir el Adviento
Esta es una época del año en la que estamos “bombardeados” por la publicidad. 
Por: Tere Vallés | 




La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

Durante el tiempo de Adviento se puede escoger alguna de las opciones que presentamos a continuación para vivir cada día del Adviento y llegar a la Navidad con un corazón lleno de amor al niño Dios.



1.Pesebre y pajas:

En esta actividad se va a preparar un pesebre para el Niño Dios el día de su nacimiento. El pesebre se elaborará de paja para que al nacer el niño Dios no tenga frío y la paja le dé el calor que necesita. Con las obras buenas de cada uno de los niños, se va a ir preparando el pesebre. Por cada buena obra que hagan los niños, se pone una pajita en el pesebre hasta el día de la celebración del nacimiento de Cristo.


2.Vitral del Nacimiento:

En algún dibujo en el que se represente el Nacimiento se puede ir coloreando alguna parte de éste, cada vez que lleven a cabo una obra buena, para irlo completando para la Navidad.

3.Calendario Tradicional de Adviento:

En esta actividad se trata de hacer un calendario de Adviento en donde marquen los días del Adviento y escribir sus propósitos a cumplir. Pueden dibujar en la cartulina el día de Navidad con la escena del nacimiento de Jesús. Diario revisarán los propósitos para ir preparando su corazón a la Navidad. Este calendario lo podrán llevar a la Iglesia el día de Navidad si así lo desean.


Se sugieren los siguientes propósitos:

1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.

2. Rezaré en familia por la paz del mundo.

3. Ofreceré mi día por los niños que no tienen papás ni una casa donde vivir.

4. Obedeceré a mis papás y maestros con alegría.

5. Compartiré mi almuerzo con una sonrisa a quien le haga falta.

6. Hoy cumpliré con toda mi tarea sin quejarme.

7. Ayudaré a mis hermanos en algo que necesiten.

8. Ofreceré un sacrificio por los sacerdotes.

9. Rezaré por el Papa.

10. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

11. Llevaré a cabo un sacrificio.

12. Leeré algún pasaje del Evangelio.

13. Ofreceré una comunión espiritual a Jesús por los que no lo aman.

14. Daré un juguete o una ropa a un niño que no lo tenga.
15. No comeré entre comidas.

16. En lugar de ver la televisión ayudaré a mi mamá en lo que necesite.

17. Imitaré a Jesús en su perdón cuando alguien me moleste.

18. Pediré por los que tienen hambre y no comeré dulces.

19. Rezaré un Ave María para demostrarle a la Virgen cuanto la amo.

20. Hoy no pelearé con mis hermanos.

21. Saludaré con cariño a toda persona que me encuentre.

22. Hoy pediré a la Santísima virgen por mi país.

23. Leeré el nacimiento de Jesús en el Evangelio de 
S. Lucas 2, 1-20.

24. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.


4.- Novena de Navidad 

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

lunes, 14 de diciembre de 2015

EL ROSTRO PROFUNDO DE LA NAVIDAD


El rostro profundo de la Navidad
El rostro de un Dios que quiere ser el primer amor, el amor verdadero de tu vida. 


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




Cada Adviento tendríamos que saber convertirlo en un hermoso momento para preguntarnos quién es Dios para nosotros. Si Dios es Alguien que influye, que transforma, que exige en nuestras vidas; o si, por el contrario, Dios es Alguien con el cual nos podemos permitir cierta indiferencia.

En la proclamación del profeta Isaías está centrada una frase que se repite una y otra vez: “Yo soy el Señor, y no hay otro”. En las palabras del profeta está encerrado lo que tiene que significar Dios en nuestra existencia. No puede haber otro señor en nuestra vida que no sea Dios. Y sin embargo, sin darnos cuenta nos dejamos atrapar por otros señores, que son los que acaban mandando en nuestra existencia.

Dice Jesús en el Evangelio de San Lucas: “No se puede servir a dos amos”. No se puede servir a dos señores. ¿Cuáles son los otros señores? Los otros señores son a veces nuestro servicio a las cosas materiales, en vez de a las cosas de Dios. Cuando la ley fundamental de nuestra vida es la comodidad, ése es nuestro señor. Cuando la ley fundamental de nuestra vida es el egoísmo, ése es nuestro señor. Cuando nuestro corazón se cierra a los planes de Dios en nosotros, y somos nosotros los que diseñamos los planes y luego le ponemos una etiqueta que dice ‘Dios’, para quedarnos a gusto, ése es nuestro señor. Cuando, a lo mejor, la soberbia es la que manda, ése es otro señor.

Y sin embargo, el profeta insiste una y otra vez: “Yo soy el Señor; y no hay otro”. Esta insistencia nos hace ver que en verdad, Él es el único capaz de sacarnos adelante, por muchas dificultades en las que podamos o queramos meternos.

Constantemente tenemos que decidir a qué señor queremos servir. Pudiera ser que al analizar mi vida me dé cuenta de que vivo enredado en un montón de situaciones frívolas, ligeras y superficiales. ¿Quiero yo servir al dios de la banalidad o de la frivolidad? ¿Cómo podemos saber cuál es nuestro señor? ¿A qué señor quiero yo servir? Analiza con mucha sinceridad, con mucha autenticidad quién es el que ocupa tu corazón. Si a lo largo del día te encuentras pensando en cosas materiales, no como medio, sino como fin, ése es tu señor. Si a lo largo del día te encuentras pensando más en el qué dirán que en cómo servir al Señor, ése es tu señor.

Sin embargo, esto no llena el corazón, sólo lo entretiene. Y de hecho, la pregunta que Juan el Bautista le hace a Jesús, es una pregunta que nosotros tendríamos que hacernos muy seguido cuando nuestro corazón se inclina hacia lo intrascendente y superficial. “¿Eres Tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”. Y si somos sinceros, escucharemos la respuesta muy clara: “Yo no soy, yo nada más estoy aquí para entretenerte”. Y si le preguntamos a la moda y le preguntamos a la superficialidad y le preguntamos a la opinión de los demás y le preguntamos al respeto humano y le preguntamos a la pereza: “¿Eres tú el Mesías, o tengo que esperar a otro?” Si somos sinceros, escucharemos la misma respuesta: “Yo no soy, yo estoy aquí nada más para entretenerte”.

¡Qué serio y qué fuerte es esto! Porque cuánta gente vive sólo y nada más de eso y para eso. Y ahora que llega la Navidad, nos enredamos en la historia del arbolito y en las luces y en los regalos y en la fiesta y en el viaje; nos enredamos en esos señores, como si ellos fueran el Mesías.

Cada uno tendría que preguntarse con mucha sinceridad: ¿Quién es mi Mesías? Solamente Aquél que es capaz de curar la ceguera del corazón; solamente Aquél que es capaz de hacer caminar lo que está atorado en el alma; solamente Aquél que es capaz de limpiar esa lepra con la que, a veces, nuestras virtudes están anidadas sin poderse mover; solamente Aquél que es capaz de quitarnos la sordera al Espíritu Santo en el alma; solamente Aquél que es capaz de resucitar la muerte que, a veces, está en nuestro corazón. Solamente el que es capaz de que los ciegos vean, el que es capaz de que los cojos anden, el que es capaz de que los leprosos queden limpios, el que es capaz de que los sordos oigan y de que los muertos resuciten, es el Mesías.

Y aunque nosotros en Navidad vemos a Jesucristo como un bebito muy lindo, en un pesebre, la palabra de Jesús es muy seria: “Será feliz aquél que no se escandalice de Mí”; será feliz aquél que sea capaz de traspasar ese rostro superficial de la Navidad y se deje enamorar por el rostro profundo de la Navidad: el rostro de un Dios que quiere ser el primer amor, el amor verdadero de tu vida.

Todos sabemos que quedarnos en la superficie de las cosas nunca compromete, en ningún ámbito de la vida. Quedarte en la superficie de la educación de tus hijos, no te compromete; quedarte en la superficie del matrimonio e ir pasando un año, dos, tres y veinte, no te compromete; quedarte en la superficie de un servicio a los demás, no te compromete. “Dichoso aquél que no se escandalice”, dichoso es aquél que es capaz de entender el rostro profundo de la Navidad, que es el rostro de un Dios que viene a tu vida para decirnos que El sí es el que tiene que venir, que no hace falta que esperemos a otro, que nadie más que El nos va a salvar.

domingo, 13 de diciembre de 2015

DEJEMOS DE PONER NUESTRO CORAZÓN EN LAS COSAS PASAJERAS


Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras
Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro pequeño mundo y volvamos los ojos a los que nos necesitan.


Por: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net 




Siempre que vamos a tener un gran acontecimiento en nuestras vidas, nos preparamos. Así se preparaban en los tiempos antiguos para la llegada del MESÍAS. Así nosotros hemos de prepararnos para esta Nochebuena, para esta Navidad en que celebraremos la llegada del Niño-Dios.

Esto es una conmemoración, pero también se nos pide una preparación muy especial para la segunda llegada de Jesucristo como Supremo Juez, también llamada Parusía en la que daremos cuenta del provecho que hayamos sacado de su Nacimiento y de su muerte de Cruz.

El día en que hemos e morir es el acontecimiento más grande e importante para el ser humano. No resulta agradable hablar de ello ni pensar en esto. Tal vez por ser lo único cierto que hay en nuestra vida: la muerte. Es más agradable quedarnos en la fiesta, en la alegría de una hermosa Navidad. Pero no olvidemos que este episodio ya fue. El otro está por venir. Aún no llega, pero ... llegará. "Velen, pues, y hagan oración continuamente para que puedan comparecer seguros ante el Hijo del Hombre" - estas son las palabras de Jesús a sus discípulos, en aquellos tiempos según San Juan 21, 25-28,34-36 y nos las están repitiendo continuamente en nuestro presente.

Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más en los bienes eternos. ¿Quién podrá comparecer seguro ante el Hijo del Hombre? Tan solo el pensamiento de este Juicio nos hace estremecer.

Pero recobremos la esperanza sabiendo que seremos juzgados con gran misericordia y amor si en este tiempo de Adviento nos preparamos "rebosante de amor mutuo y hacia los demás" -como dice San Pablo en su carta a los tesalonicenses: 3,12, 2-4 "porque tuve sed y me disteis de beber, porque tuve hambre y me disteis de comer"...

Pensemos en los demás. Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro pequeño mundo y volvamos los ojos a los que nos necesitan, a los que nada tienen, a los que podemos hacer felices dándoles nuestra compañía, nuestro amor y apoyo, una palabra de ternura y aliento, una sonrisa... Siempre está en nuestra mano hacer dichoso a un semejante. Solo así podremos estar seguros ante la presencia y el Juicio de Nuestro Señor Jesucristo que lleno de amor y misericordia unirá a nuestras pobres acciones los méritos de su Pasión y muerte.

HOY SE CELEBRA EL TERCER DOMINGO DE ADVIENTO, EL DOMINGO DE LA ALEGRÍA O DE GAUDETE


Hoy se celebra el Tercer Domingo de Adviento, el domingo de la alegría o de Gaudete
Por Abel Camasca




 (ACI).- El tercer domingo de Adviento es llamado “domingo de gaudete”, o de la alegría, por la primera palabra del introito de la Misa: Gaudete, es decir, regocíjense.

En esta fecha se permite la vestimenta color rosa como signo de gozo, y la Iglesia invita a los fieles a alegrarse porque ya está cerca el Señor. En la Corona de Adviento se enciende la tercera llama, la vela rosada. 



Evangelio: Lucas 3, 10-18
"¿Qué hacemos nosotros?"

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: "¿Entonces, qué hacemos?" Él contestó: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo. "Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: "Maestro, ¿qué hacemos nosotros?" Él les contestó: "No exijáis más de lo establecido". Unos militares le preguntaron: "¿Qué hacemos nosotros?" Él les contestó: "No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga". El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga". Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Domingos de “gaudete” y “laudete”

Hay dos domingos en el año que se permite usar el color rosa en la vestimenta y estos son el cuarto domingo de Cuaresma (laetare) y el tercer domingo de Adviento (gaudete) porque en medio de la “espera”, se recuerda que ya está próxima la alegría de la Pascua o de la Navidad, respectivamente.

En la corona de Adviento también se suele encender una vela rosada.

viernes, 11 de diciembre de 2015

EN LA MITAD DEL ADVIENTO


En la mitad del Adviento





En la mitad del Adviento... ¿Cómo están nuestros caminos?

Todos sabemos que falta poco para que llegue la Navidad... y ahí andamos corriendo, hasta hemos hecho una lista para que no se nos olviden las "cosas" que tenemos que hacer, regalos, alimentos para la cena de Nochebuena o la comida de Navidad... ¡y los turrones! Ah, eso sí, no nos pueden faltar los vinos y otra cosa importante para brindar...

Cada quién, según sus posibilidades, trataremos que esa noche o día, se pueda celebrar lo mejor posible y sobre todo, si es que llega a ser en nuestra casa, quedar con el mejor de los éxitos.

Todo esto está muy bien, pero... ¿Cómo están nuestros caminos? Los "caminos" de nuestro interior, los "caminos" de nuestro corazón.

Hace muchísimos años, Juan, comenzó a predicar la penitencia, un bautismo para el perdón de los pecados y su arrepentimiento, es tiempo de mortificación por eso vemos que los sacerdotes visten de color morado al celebrar la misa, y todavía muchos miles de años antes, podemos leer al profeta Isaías: "Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios".

Es ahora cuando ha llegado nuestro tiempo... ¿Cómo preparamos esos "caminos" sin allanar las crestas de nuestra soberbia, de nuestra altanería... sin poner rectos nuestros deseos de ambición cambiándolos por generosidad, sin suavizar esa aspereza pidiendo perdón o dándolo con un gesto de amor?

Es el momento de pensar, de "bucear" en nuestro interior para ver si nos hace falta cambiar nuestro modo de ser, cambiar nuestra vida... para poder ofrecer "algo", para poder "regalarle" algo al Hijo de Dios que ya no tarda en llegar, que ya no tarda en aparecer en nuestra Historia, siendo Él el Señor y Dueño de la misma, y sin embargo lo vamos a ver naciendo en la más profunda humildad y solo y únicamente por amor.

Es tiempo de regalar y de recibir regalos..., todo está bien. Pero Él solo vino a buscar mi corazón para que lo ame... ¿se lo daré?



Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

jueves, 10 de diciembre de 2015

¿CÓMO PODEMOS VIVIR REALMENTE EL TIEMPO DE ADVIENTO?


¿Cómo podemos vivir realmente el tiempo de Adviento?
Por Hillary Mast







(ACI).- Ahora que hemos llegado casi a la mitad del Adviento aún podemos preguntarnos ¿qué significa realmente vivir el tiempo de Adviento? ¿Cómo nos podemos preparar mejor para la Navidad?

Si se busca en Pinterest “cómo celebrar el Adviento”, aparecerán tutoriales sobre cómo hacer un calendario de Adviento, como hacer tu propia corona, el Árbol de Navidad y diversas ideas del tipo “hazlo tú mismo” para crear adornos, por ejemplo, para esta época.

Pareciera que, en los últimos años, el tiempo de penitencia como preparación para la Navidad se hubiera convertido en una época para hacer manualidades, gracias a sitios web como Pinterest o los tutoriales.

Si bien estas manualidades y actividades pueden contribuir en cierto modo a la celebración de la Navidad, es importante que estas no sean una distracción sobre el verdadero propósito de este tiempo: la preparación para el nacimiento del Hijo de Dios.

Al respecto, el P.Mike Schmitz, capellán del Centro Newman de la Universidad de Minnesota Duluth, dijo a ACI Prensa que una de las cosas que se han pasado por alto del Adviento es que “es un tiempo de penitencia, y como tal la Iglesia nos pide hacer oración, ayuno y limosna”.

“Es algo así como el aguafiestas del Adviento porque uno se dice: ‘no puedo divertirme porque estamos en un tiempo de penitencia’”.

Sin embargo, el hecho de que sea un tiempo de penitencia no significa que este tiene que ser sombrío. “Pienso que hay buenas maneras para que una persona o una familia puedan hacer de la oración, el ayuno y la limosna, parte de la preparación para Navidad. No tiene que ser una experiencia severa”, explicó.



El P. Schmitz indicó que la manera más simple que un católico tiene para prepararse para la Navidad es confesarse. “En el Adviento no solo se pide a los fieles que se preparen para celebrar la Navidad, sino que también se preparen para encontrarse con Jesús en el fin de los tiempos”, señaló.

Prepararse en familia

Para Kathryn Whitaker, del blog “Team Whitaker” (Equipo Whitaker)  vivir el Adviento tiene que ver con saber lo que se puede hacer con la familia.

“Hay miles y miles de ideas preciosas en Pinterest y en otros lugares, pero creo que uno tiene que ver que encaja con su familia y no sentirse mal porque otro lo hace diferente”, manifestó.

En un intento de marcar de nuevo el frenesí de la mañana de Navidad, indicó que su familia comenzó a buscar formas de servir a otros y de agradecer por lo que tenían en las semanas previas.

“Creo que para nosotros, sólo se trata de esparcir un poco de amor, especialmente en estas cuatro semanas, en cada cosa que hacemos”.

Los Whitaker “adoptan” cada año a una familia que pasa necesidad para darle regalos y comida, o donan obsequios para el Brown Santa, una tradición que recibe su nombre de los uniformes marrones que utilizan los miembros del condado de Trevis, de la Oficina del Sheriff de Texas (Estados Unidos), que asisten a los vecinos más desfavorecidos,
especialmente en Navidad.

También como parte del Adviento, aparte de la Misa y la confesión, enciende con los niños del nido donde trabaja una corona de Adviento, hecha de papel tejido y papel higiénico, y tiene un Árbol de Jesse, una antigua tradición que se trata de decorar un árbol con
ornamentos que representan la historia de la salvación.

Con el paso de los años, Kathryn y su familia han adaptado la temporada de adviento a su vida familiar. Por ejemplo, el año en que ella y su esposo trajeron a su hijo prematuro del hospital a su casa, apenas consiguieron armar el árbol de Navidad y decorarlo con algunos
adornos.

“Con eso estuvo bien, y sabiendo que el Adviento u otro tiempo litúrgico se aproxima, tu puedes hacer más o menos”, dijo.

¿Y si cambiamos un poco el orden?

Así como Whitaker, Bonnie Engstrom del blog “A Knotted Life” (Una vida enredada) dijo que la mejor forma para que una familia viva el tiempo de Adviento es “ver las opciones que pueden generar lecciones significativas y recuerdos duraderos. Después tiene que ver si funciona y confiar en que estás haciendo un buen trabajo”.

Hace algunos años, los Engstrom han reducido considerablemente sus actividades de Adviento y se han enfocado en hacer la corona y en recordar algunos santos. Incluso en lugar de colocar luces, beber chocolate y mirar películas navideñas como lo hacen los demás, esta familia posterga esas actividades para después de ese día.

“Esto ha reforzado enormemente la Navidad después del 25 de diciembre y ha traído mucha más paz y alegría a nuestra casa, al mismo tiempo que reduce el estrés ", dijo ella.

Bonnie señaló que involucra más a sus hijos en la fe con actividades divertidas como dejar que armen el belén, añadan adornos al árbol de Jesse y que celebren el día de San Nicolás.

También enseñan a sus hijos que celebrar el Adviento es importante para crecer en su relación con Dios.

“El silencio, la belleza simple y el centrarse en la preparación son las cosas que me ayudaron a aquietar mi vida interna y externa para que Dios pudiera hablarme”, comentó.

Traducido por María Ximena Rondón.

YA TE FALTA POCO PARA NACER... OH SEÑOR DE LA HISTORIA



Ya te falta poco para nacer....Oh Señor de la historia
En la mitad del Adviento... ¿Cómo estás nuestros caminos? ...y ahí andamos corriendo, para que no se nos olviden las "cosas" 


Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net 




¡YA TE FALTA POCO PARA NACER.... OH, SEÑOR DE LA HISTORIA!

En la mitad del Adviento... ¿Cómo estás nuestros caminos?

Todos sabemos que falta poco para que llegue la Navidad....y ahí andamos corriendo, hasta hemos hecho una lista para que no se nos olviden las "cosas" que tenemos que hacer, regalos, alimentos para la cena de Nochebuena o la comida de Navidad.... ¡y los turrones!, ah, eso si no nos pueden faltar y los vinos....otra cosa importante para brindar....

Cada quién, según sus posibilidades, trataremos que esa noche o día, se pueda celebrar lo mejor posible y sobre todo, si es que llega a ser en nuestra casa, quedar con el mejor de los éxitos....

Todo esto está muy bien, pero.... ¿Cómo están nuestros caminos? Los "caminos" de nuestro interior, los "caminos" de nuestro corazón....

Hace muchísimos años, Juan, comenzó a predicar la penitencia, un bautismo para el perdón de los pecados y su arrepentimiento, es tiempo de mortificación por eso vemos que los sacerdotes visten de color morado al celebrar la misa, y todavía muchos miles de años antes, podemos leer al profeta Isaías: "Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios".

Es ahora cuando ha llegado nuestro tiempo... ¿Cómo preparamos esos "caminos"... sin allanar las crestas de nuestra soberbia, de nuestra altanería... sin poner rectos nuestros deseos de ambición cambiándolos por generosidad, sin suavizar esa aspereza pidiendo perdón o dándolo con un gesto de amor....?

Es el momento de pensar, de "bucear" en nuestro interior para ver si nos hace falta cambiar nuestro modo de ser, cambiar nuestra vida... para poder ofrecer "algo", para poder "regalarle" algo al Hijo de Dios que ya no tarda en llegar, que ya no tarda en aparecer en nuestra Historia, siendo El el Señor y Dueño de la misma, y sin embargo lo vamos a ver naciendo en la más profunda humildad y solo y únicamente por amor.

Es tiempo de regalar. y de recibir regalos..., todo está bien.

Pero El solo vino a buscar mi corazón para que lo ame.... ¿se lo daré?......

miércoles, 9 de diciembre de 2015

INGENIERÍA INTERIOR


Ingeniería interior
Los caminos del corazón no siempre son rectos. A veces se presentan intenciones torcidas, impurezas y malquerencias. Es preciso enderezar esos caminos: rectificar las intenciones, purificar los afectos, corregir las malas inclinaciones.


Por: Alejandro Ortega Trillo | Fuente: Catholic.net 




Jorge Valdés fue líder del narcotráfico mundial en los años setenta. A los veintitrés años ganaba tres millones de dólares mensuales. Pronto tuvo mansiones, barcos, aviones privados, armas y todo el placer que quiso. Un día lo capturaron y encarcelaron. Tras años de prisión y una profunda conversión espiritual, Jorge resume hoy su experiencia con estas palabras: «el ser humano viene a la tierra con un “hoyo” dentro de sí, que nada puede llenar; sólo Jesucristo». 


Para rellenar ese hoyo, Juan Bautista sugiere una obra de ingeniería. Consiste en mejorar los caminos del corazón para que Jesús pueda entrar y caminar con plena libertad. Según el profeta Isaías, a quien Juan cita, la obra consta de cuatro trabajos: rebajar los montes, rellenar los valles, enderezar lo tortuoso y allanar lo áspero.


Es frecuente que, con el paso del tiempo, se vayan formando montañas de orgullo, vanidad y autosuficiencia en nuestro corazón, haciéndolo intransitable. El orgullo consiste en creerse o sentirse más que los demás; la vanidad, en preocuparse excesivamente por la propia imagen; y la autosuficiencia, en una actitud de excesiva autonomía, independencia e individualismo. Para rebajar los montes y colinas hay que trabajar en la humildad. Hay que echar mano de poderosas excavadoras, como son la mansedumbre, la sencillez y la apertura a los demás. 


Un valle es una depresión topográfica. Los «valles del corazón» son la tristeza, la frustración, la insatisfacción y los complejos. Rellenar los valles significa trabajar en la ilusión, en la alegría, para no permitir que las adversidades agrieten nuestro interior. Es cierto que los ríos de la vida, que arrastran de todo, erosionan y hieren el corazón. Con la ayuda de la gracia, sin embargo, podemos siempre rellenar esas hendiduras, sanar esas heridas. 


Los caminos del corazón no siempre son rectos. A veces se presentan intenciones torcidas, impurezas y malquerencias. Es preciso enderezar esos caminos: rectificar las intenciones, purificar los afectos, corregir las malas inclinaciones. Sólo los puros «verán a Dios», dice la bienaventuranza. Un corazón puro es de una pieza, nítido y transparente; es un corazón sin repliegues ni complicaciones ni enredos. 


El último trabajo de ingeniería que requiere el corazón es «allanar los áspero». Las asperezas se muestran en el trato y la cara que damos a los demás. A veces somos rudos, desconsiderados, impacientes y secos. Otras veces, nos dejamos llevar por la ira, el rencor o la sed de venganza. La ingeniería interior tiene como objetivo dulcificar el corazón; aplanarlo para hacerlo más suave y bondadoso. La Navidad suele ser un tiempo de mayor convivencia familiar. Conviene cuidar de modo especial las palabras y el trato mutuo para crear un ambiente de armonía y cariño. 


Obviamente, esta obra de ingeniería interior resulta imposible sin la ayuda del Espíritu Santo. Para nuestra fortuna, Él ya está trabajando; de día y de noche, y con maquinaria pesada. No nos desalentemos si sentimos que la obra es demasiado grande y nuestro progreso, demasiado lento. Invoquemos al Espíritu Santo, el gran artífice de nuestra santificación, para que, con su ayuda, terminemos la obra a tiempo y logremos un corazón bien dispuesto para recibir al Señor.


María es experta en obras y trabajos del corazón. Ella, como buena madre, conoce muy bien el nuestro y sus necesidades. Encomendemos a Ella esta obra interior. Especialmente en la inminencia del inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Sintamos la presencia de aquella que es la Madre de la Misericordia. Ella intercede por la conversión de cada uno de sus hijos y dirige, como buena ama de casa, todos los trabajos del corazón.

LA GRANDEZA DE LO PEQUEÑO


La grandeza de lo pequeño
Un par de peregrinos tocarán a la puerta de nuestro corazón pidiendo un lugar para que el Hijo de Dios pueda nacer.


Por: Christian David Garrido F. L.C. | Fuente: Catholic.net 




En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: « Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. »
Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: « ¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. (Lc. 10. 21-24)

“Yo te alabo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeños.” Estas palabras encierran un misterio y una paradoja para la lógica humana. Los más grandes acontecimientos de su vida, Cristo no los quiso revelar a quienes, según el mundo, son “los sabios y prudentes”. Él tiene una manera diferente para calificar a los hombres.

Para Dios no existen los instruidos y los iletrados, los fuertes y los débiles, los conocedores y los ignorantes. No busca a las personas más capaces de la tierra para darse a conocer, sino a las más pequeñas, pues sólo estas poseen la única sabiduría que tiene valor: la humildad.

Las almas humildes son aquellas que saben descubrir la mano amorosa de Dios en todos los momentos de su vida, y que con amor y resignación se abandonan con todas sus fuerzas a la Providencia divina, conscientes de que son hijos amados de Dios y que jamás se verán defraudadas por Él. La humildad es la llave maestra que abre la puerta de los secretos de Dios. Es la gran ciencia que nos permite conocerle y amarle como Padre, como Hermano, como Amigo.

El adviento es tiempo de preparación, un momento fuerte de ajuste en nuestras vidas. Esforcémonos, pues, por ser almas sencillas, almas humildes que sean la alegría y la recreación de Dios. Cristo niño volverá a nacer en medio de la más profunda humildad como lo hiciera hace más de dos mil años. Un par de peregrinos tocarán a la puerta de nuestro corazón pidiendo un lugar para que el Hijo de Dios pueda nacer. ¿Cómo podremos negarle nuestro corazón a Dios, que nos pide un corazón humilde y sencillo en el cual pueda nacer?


“Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven, porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que oyen, y no lo oyeron.”

lunes, 7 de diciembre de 2015

CONSEJOS DE JUAN BAUTISTA PARA VIVIR EL ADVIENTO


Consejos de Juan Bautista para vivir el Adviento
Ya no se trata de preparar la tierra para acoger la buena semilla, sino de preparar un camino para que pueda, llegar a nuestra alma Jesús.


Por: P. Luis María Etcheverry Boneo | Fuente: Catholic.net 




En el Adviento, la Iglesia nos pone la figura de san Juan Bautista, y con él otra nueva imagen. Ya no se trata de preparar una tierra capaz de acoger adecuadamente la buena semilla: se trata de preparar un camino para que pueda, por él, llegar a nuestra alma la Persona adorable del Señor.

Son cuatro las órdenes, los consejos o las consignas que san Juan Bautista -y la Iglesia con él- nos da:


La primera consigna de san Juan el Bautista es bajar los montes: todo monte y toda colina sea humillada, sea volteada, bajada, desmoronada. Y cada uno tiene que tomar esto con mucha seriedad y ver de qué manera y en qué forma ese orgullo -que todos tenemos- está en la propia alma y está con mayor prestancia, para tratar en el Adviento -con la ayuda de la gracia que hemos de pedir-, de reducirlo, moderarlo, vencerlo, ojalá suprimirlo en cuanto sea posible, a ese orgullo que obstaculizaría el descenso fructífero del Señor a nosotros.

En segundo lugar, Juan el Bautista nos habla de enderezar los senderos. Es la consigna más importante: Yo soy una voz que grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos 3. Y aquí tenemos, entonces, el llamado también obligatorio a la rectitud, es decir, a querer sincera y prácticamente sólo el bien, sólo lo que está bien, lo que es bueno, lo que quiere Dios, lo que es conforme con la ley de Dios o con la voluntad de Dios según nos conste de cualquier manera, lo que significa imitarlo a Jesús y darle gusto a El, aquello que se hace escuchando la voz interior del Espíritu Santo y de nuestra conciencia manejada por Él.

A cada uno corresponde en este momento ver qué es lo que hay que enderezar en la propia conducta, pero sobre todo en la propia actitud interior para que Jesucristo Nuestro Señor, viendo claramente nuestra buena voluntad y viéndonos humildes, esté dispuesto a venir a nuestro interior con plenitud, o por lo menos con abundancia de gracias.

El tercer aspecto del mensaje de san Juan el Bautista se refiere a hacer planos los caminos abruptos, los que tienen piedras o espinas, los que punzan los pies de los caminantes, los que impiden el camino tranquilo, sin dificultad. Y ese llamado hace referencia a la necesidad de ser para nuestro prójimo, precisamente, camino fácil y no obstáculo para su virtud y para su progreso espiritual: quitar de nosotros todo aquello que molesta al prójimo, que lo escandaliza, que lo irrita o que le dificulta de cualquier manera el poder marchar, directa o indirectamente, hacia el cielo.

El cuarto elemento del mensaje de san Juan Bautista es el de llenar toda hondonada, todo abismo, todo vacío. Los caminos no sólo se construyen bajando los montes excesivos, ni sólo enderezando los senderos torcidos, o allanando los caminos que tengan piedras: también llenando las hondonadas o cubriendo las ausencias. Este mensaje se refiere a la necesidad de llenar nuestras manos y nuestra conciencia con méritos, con oraciones, con obras buenas -como hicieron los Reyes Magos y los pastores- para poder acoger a Jesucristo con algo que le dé gusto; no sólo con la ausencia de obstáculos o de cosas que lo molesten, no sólo con ausencia de orgullo o con ausencia de falta de rectitud o de dificultades en nuestra conducta para con el prójimo, sino también positivamente con la construcción: con nuestras oraciones y con nuestras buenas obras y un pequeño -al menos- caudal, capital de méritos, que dé gusto al Señor cuando venga y que podamos depositar a sus pies.

El Adviento, además de la conmemoración y el sentido del Antiguo Testamento -de la tierra que espera la buena semilla-, además de la figura límite entre el Antiguo Testamento y el Nuevo -san Juan Bautista-, este Tiempo nos acerca más al Señor por aquélla que, en definitiva, fue quien nos entregó a Jesucristo: la Virgen. No sólo en el hemisferio sur entramos al Adviento por la puerta del Mes de María, sino que en toda la Iglesia se entra al Adviento por la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Y la Inmaculada Concepción significa dos cosas: por una parte, ausencia de pecado original y, por otra, ausencia de pecado para y por la plenitud de la gracia. La Virgen fue eximida del pecado original y de las consecuencias del pecado original que en el orden moral fundamentalmente es la concupiscencia, es decir, la rebelión de las pasiones, la falta de orden dentro de nuestra persona, el rechazo que nuestra materia y nuestros apetitos indómitos oponen a la reyecía de la voluntad y de la razón iluminadas por la fe, por la esperanza y por la caridad; iluminadas y encendidas y sostenidas por la gracia. La Virgen, preservada del pecado original en el momento mismo de su concepción y liberada de todo obstáculo, tuvo el alma plenamente capacitada desde el primer instante para recibir la plenitud de la gracia de Jesucristo.

Por lo tanto su fiesta de la Inmaculada Concepción, con ese carácter sacramental que tienen todas las fiestas de la Iglesia, ese carácter de signo que enseña y de signo eficaz que produce lo que enseña, nos trae la gracia de liberarnos del pecado y de vencer, de moderar, de sujetar en nosotros las pasiones sueltas por la concupiscencia, a los efectos de que nos pueda llegar plenamente la gracia; y naturalmente, si estamos en Adviento, para que pueda venir la gracia del nacimiento de Jesucristo místicamente a nuestra alma, el día de Navidad.

Por lo tanto, unamos a toda la ayuda que nos pueden prestar los patriarcas del Antiguo Testamento que desde el cielo ruegan por nosotros (ellos que tanto pidieron la venida del Mesías), unamos a la intercesión y a la figura sacramental de san Juan Bautista, unamos por encima de ellos la presencia de la Santísima Virgen en su fiesta el 8 de diciembre y en todo este tiempo, pidiendo bien concretamente el poder liberarnos del pecado, de todo lo que en nosotros haya de orgullo, de falta de rectitud, de falta de caridad con el prójimo, de ausencia de virtud; liberarnos de todo ello para que, cuando venga Jesucristo el día de Navidad, no encuentre en nosotros ningún obstáculo a sus intenciones de llenar nuestra alma con su gracia.

La perspectiva de un nuevo nacimiento del Señor, en nosotros y en el mundo tan necesitado de Él, tiene que ser objeto de una preocupación, de todo un conjunto de sentimientos y de actos de voluntad que estén polarizados por el deseo de poner de nuestra parte todo lo que podamos, para que el Señor venga lo más plenamente posible sobre cada uno y sobre el mundo.

Y si esto vale siempre, se hace más exigente en las circunstancias del mundo presente que desvirtúa precisamente lo que Jesucristo trajo con su nacimiento. ¡Qué necesario es que pongamos todo de nuestra parte para que Jesús venga a nosotros con renovada fuerza el día de Navidad y, a través nuestro, sobre las personas que están cerca, sobre la Iglesia y sobre el mundo!

Quedémonos en espíritu de oración, fomentando en nuestro interior el deseo de que las cosas ocurran según las intenciones y los deseos del mismo Señor.

El Adviento es una época muy linda del año. Después de las fiestas de Navidad y de Pascua, quizá es la más linda, porque es una época de total esperanza, de seguridad alegre y confiada. En ese sentido nuestro Adviento es más lindo que el del Antiguo Testamento: se esperaba lo que todavía no había venido, en cambio nosotros sabemos que el Señor ya ha venido sobre el mundo, sobre la Iglesia, sobre cada uno y entonces tenemos mucho más apoyo para nuestra seguridad de que ha de venir nuevamente, a perfeccionar lo ya iniciado.

Por otra parte, esa presencia del Señor en la Iglesia y en nosotros nos ha hecho ir conociendo a Jesús, amándolo y tratándolo con confianza; por tanto, este esperar su nuevo nacimiento tiene que ser mucho más dulce, mucho más suave, mucho más seguro, mucho más esperanzado (con el doble elemento de seguridad y alegría de la esperanza) que lo que fue la espera de los hombres y mujeres del Antiguo Testamento.

Quedémonos, pues, unidos con Jesús, conversemos sobre estos temas, preguntémosle qué nos sugiere a cada uno en particular para que podamos, desde el comienzo, vivir el Adviento del modo más conducente para obtener la plenitud de Navidad que Él sin duda quiere darnos.

PREPARARNOS


Prepararnos...




Estamos en tiempo de Adviento. Es el tiempo santo de preparación que la Iglesia Católica celebra desde el principio de los cuatro domingos anteriores a la Navidad.

Siempre que vamos a tener un gran acontecimiento en nuestras vidas, nos preparamos. Así se preparaban en los tiempos antiguos para la llegada del Mesías.

Así nosotros hemos de prepararnos para esta Nochebuena, para esta Navidad en que celebraremos la llegada del Niño-Dios.

Esto es una conmemoración pero también se nos pide una preparación muy especial para la segunda llegada de Jesucristo como Supremo Juez, también llamada Parusía en la que daremos cuenta del provecho que hayamos sacado de su Nacimiento y de su muerte de Cruz.

El día en que hemos de morir es el acontecimiento más grande e importante para el ser humano. No resulta agradable hablar de ello ni pensar en esto. Tal vez por ser lo único cierto que hay en nuestra vida: la muerte. Es más agradable quedarnos en la fiesta, en la alegría de una hermosa Navidad.

Pero no olvidemos que este episodio ya fue. El otro está por venir. Aún no llega, pero... llegará. Velen, pues, y hagan oración continuamente para que puedan comparecer seguros ante el Hijo del Hombre (Juan 21, 25-28,34-36). Estas son las palabras de Jesús a sus discípulos, en aquellos tiempos y nos las está repitiendo continuamente en nuestro presente.

Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más en los bienes eternos. ¿Quién podrá comparecer seguro ante el Hijo del Hombre? Tan solo el pensamiento de este Juicio nos hace estremecer.

Pero recobremos la esperanza sabiendo que seremos juzgados con gran misericordia y amor si en este tiempo de Adviento nos preparamos rebosante de amor mutuo y hacia los demás como dice San Pablo en su carta a los tesalonicenses, porque tuve sed y me disteis de beber, porque tuve hambre y me disteis de comer...

Pensemos en los demás. Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro "pequeño mundo" y volvamos los ojos a los que nos necesitan, a los que nada tienen, a los que podemos hacer felices dándoles nuestra compañía, nuestro amor y apoyo, una palabra de ternura y aliento, una sonrisa... Siempre está en nuestra mano hacer dichoso a un semejante. Solo así podremos estar seguros ante la presencia y el Juicio de Nuestro Señor Jesucristo que lleno de amor y misericordia unirá a nuestras pobres acciones los méritos de su pasión y muerte.


Ma. Esther de Ariño   
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