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miércoles, 12 de julio de 2017

CREATIVIDAD Y VOCACIÓN DE SERVICIO, CLAVES PARA LA LABOR DEL CATEQUISTA SEGÚN EL PAPA FRANCISCO


Creatividad y vocación de servicio, claves para la labor del catequista según el Papa
Por Miguel Pérez Pichel
 Foto: L'Osservatore Romano




VATICANO, 12 Jul. 17 / 05:58 am (ACI).- En un mensaje enviado por el Papa Francisco a los participantes en el Primer Simposio Internacional sobre la Catequesis que se está celebrando en Buenos Aires entre el 11 y el 14 de julio de 2017, el Santo Padre señaló que las claves de todo catequesis deben ser la creatividad y la vocación de servicio a la Iglesia.

El Pontífice puso de ejemplo para los catequistas a San Francisco de Asís, quien “cuando uno de sus seguidores le insistía para que le enseñara a predicar, le respondía de esta manera: ‘Hermano, (cuando visitamos a los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres) ya estamos predicando’. En esta bella lección se encuentra encerrada la vocación y la tarea del catequista”.

“En primer lugar, la catequesis no es un ‘trabajo’ o una tarea externa a la persona del catequista –recordó Francisco–, sino que se ‘es’ catequista y toda la vida gira entorno a esta misión. De hecho, ‘ser’ catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse”.

Por ello, “el catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio o ‘kerygma’ que es el don que le cambió la vida”. “Este anuncio debe acompañar la fe que está ya presente en la religiosidad de nuestro pueblo”.

Es necesario “hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe, sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús”.

“El catequista es además creativo; busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Es bello creer en Jesús, porque Él es ‘el camino, y la verdad y la vida’ que colma nuestra existencia de gozo y de alegría”, afirmó.

Además, destacó que “esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe. Los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante Él para hacerles cercano el amor de Dios”.

“Hay que saber ‘cambiar’, adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en Él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque Él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera”.

El Papa Francisco finalizó su mensaje animando a los catequesis a “que sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero”.

jueves, 12 de noviembre de 2015

CÓMO EXPLICAR LOS SIETE SACRAMENTOS SIN ABURRIR A UN NIÑO


Cómo explicar los 7 Sacramentos sin aburrir a un niño
¿Tienes que explicarle los Sacramentos a tu hijo o a tu hija?


Por: http://catholic-link.com | Fuente: http://catholic-link.com 




¿Tienes que explicarle los Sacramentos a tu hijo o a tu hija? ¿Te falta material para la catequesis en tu parroquia? ¿A veces te resulta un poco complicado? No te preocupes. A través del libro Guía de los Sacramentos para niños de Arturo Cañamares publicado por Ediciones Palabra, y de este artículo, te vamos a ayudar a usar las palabras adecuadas para que ellos lo entiendan bien. Para empezar, tenemos que saber qué son los Sacramentos: Son acciones de Dios con las que nos muestra el amor que tiene por sus hijos. Todos ellos han sido creados (instituidos) por Él, y por eso, es Él mismo quien los realiza a través de distintos medios.

¿Y para qué nos los dio? Para darnos la gracia. Es decir, para darnos, junto con su amor, la fuerza necesaria para luchar contra las dificultades de la vida. Claro que siempre y cuando nosotros tengamos una disposición y una actitud positivas de querer agradar a Dios.

¿Cuáles son los siete Sacramentos?



1. Bautismo:

Cuando nacemos, lo hacemos con el primero de los pecados. Se llama pecado original: el que cometieron nuestros primeros padres: Adán y Eva. Al bautizarnos, nos limpiamos de ese pecado y de todos los cometidos antes de recibirlo, nos hacemos hijos de Dios y pasamos a formar parte de la Iglesia. Dios se pone súper contento cuando el sacerdote, al derramar agua bendita sobre el bautizado, dice: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.



2. Confirmación:

Es tan sencillo como que Dios (Su Espíritu Santo), nos aumenta la fe para que tengamos la seguridad de que Él está con nosotros hasta que lleguemos al Cielo, para lo que también nos da esperanza. Finalmente, nos aumenta la caridad par que le amemos más a Él y a los que nos rodean. En este caso, tiene que ser un obispo el que imponga sus manos sobre el confirmante y unja con aceite (el Santo Crisma), mientras dice: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.



3. Eucaristía:

Todos los días, Jesús convierte el pan y vino en su Cuerpo y su Sangre en la Santa Misa. Esto ocurre en un momento llamado Consagración. Así, después, podemos comerle y recibirle en nuestra alma. Jesús instituyó este Sacramento en la Última Cena con los doce apóstoles. Este Sacramento tiene un plus: perdona los pecados veniales y nos preserva de los mortales para el futuro. Normal, pues es el mismísimo Jesús el que tenemos dentro de nosotros.



4. Penitencia:

¡Este Sacramento es un regalazo de Dios! A través de un sacerdote que escucha nuestros pecados cuando vamos a confesarlos en confidencia con él, Dios nos perdona todo en lo que le hemos ofendido. Eso sí, tenemos que ir bien arrepentidos por el mal que hemos hecho y el bien que hemos dejado de hacer. Además, nos da una paz tremenda y nos aumenta la fuerza para ser buenos cristianos, buenos hijos de Dios.



5. Unción de enfermos:

Dios ama a los enfermos. Cuando alguien está muy enfermo o es muy mayor y puede morirse pronto, necesita la ayuda de Dios para ese momento. Una ayuda que consta de fuerza, paz y ánimo, además de perdonar todos los pecados del enfermo y prepararle para el momento de la muerte e ir al Cielo. Es como si se crease una unión con la Pasión que Cristo sufrió. Así, los enfermos ayudan con sus dolores a llevar la Cruz a Jesús y a la vez, Él les ayuda a ellos en sus últimos momentos de vida.



6. Orden sacerdotal:

Este Sacramento lo reciben solo los que tienen vocación al Sacerdocio, que luego son los que pueden administrar todos estos Sacramentos. Es un obispo quien impone las manos y reza sobre el nuevo sacerdote, consagrándole. El Orden Sacerdotal otorga una especial efusión del Espíritu Santo y tiene una característica especial: quien recibe este Sacramento, será sacerdote para siempre.



7. Matrimonio:

Este Sacramento es la unión entre un hombre y una mujer para siempre. Cuando estos se casan en la iglesia, es Dios quien está uniendo sus cuerpos y sus almas. Los que se casan no pueden romper ese matrimonio: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. (San Marcos 10, 9). El modelo que los hombres y mujeres tienen que seguir es el de la Sagrada Familia: Jesús, la Virgen María y San José

jueves, 2 de julio de 2015

EL COORDINADOR DEL GRUPO DE CATEQUESIS

El Coordinador del grupo de Catequesis
Su trabajo será articular todas las tareas, reconocer y potenciar los talentos de cada uno de los integrantes del grupo y tener la capacidad de organizar un trabajo que redunde en una buena tarea de crecimiento de la fe de los catequizandos 


Por: Rogelio López, | Fuente: isca.org.ar 



Así como en artículos anteriores, hablamos de la importancia de tener una planificación, ésta debe estar sustentada por un buen grupo de catequesis, que a su vez cuente con un coordinador que sea ejemplo en todo sentido. Que dé testimonio de vida y testimonio de servicio al los demás. Su trabajo será articular todas las tareas, reconocer y potenciar los talentos de cada uno de los integrantes del grupo y tener la capacidad de organizar un trabajo que redunde en una buena tarea de crecimiento de la fe de los catequizandos.

Su importancia dentro del grupo, es clara y contundente, por eso la elección del mismo también requiere una buena revisión por parte del párroco que debe nombrarlo. Así como una acertada designación puede redundar en un buen grupo que realice bien la tarea encomendada, una elección equivocada, puede generar dentro del grupo un ambiente de trabajo no propicio para tan importante misión, como es la de hacer crecer en la fe a chicos, adolescentes y adultos de cada comunidad.


Un Guía bajo la luz de Cristo

La responsabilidad que exige coordinar un grupo de catequistas es también la compromiso de hacer crecer la Iglesia de Cristo, pero sobre todo es crecer como personas llevando la Buena Nueva a los catequizandos. Estar en constante oración y vínculo con la Virgen María, madre de la salvación y protectora permanente nuestra, son herramientas necesarias para cumplir con tan importante misión. Además, obviamente, de tener como guía y modelo a Jesús, el cual nos brinda su luz para enseñarnos el camino correcto.

Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, se puede hacer una mejor coordinación del grupo que se tiene a cargo. El Coordinador Parroquial de Catequistas debe tener el ejemplo de Jesús en su Corazón, pues no es aquel que se cree más que los otros, sino que está dispuesto a servir, guiar y a dar su amor a la catequesis y a los catequistas que está coordinando. Este tema es fundamental y muchas veces nos pasa exactamente lo contrario. El Coordinador está para servir, y no para "mandar", porque ordenar, o establecer pautas de trabajo, no necesariamente significan dar permanentemente órdenes.

Decir que la tarea de coordinar no es fácil, es reiterar un concepto que sirve para todo lo que tenga que ver con servir a la Iglesia. Nada es sencillo, pero con empeño, bajo la luz de nuestro Señor Jesús y con la intersección de María, modelo de catequista, se puede realizar una labor eficaz.

La motivación de los coordinadores debe radicar en los ejemplos y vivencias de Jesús y así colocarlas en práctica en cada una de las reuniones, para que los catequistas también se motiven.

En términos de tareas propiamente dichas, es fundamental que el coordinador se actualice permanentemente en puntos que tienen que ver con la catequesis, pues así se estará construyendo una Iglesia viva y actual que sigue la luz de Jesús a través de su conocimiento, testimonio y servicio en su comunidad parroquial.

jueves, 23 de abril de 2015

CATEQUISTA POR VOCACIÓN



Catequista por vocación

Todo catequista debe caminar sobre los pasos de María en nuestra misión catequística


Por: Cristina Baffeti | Fuente: www.paracatequistas.com



Una vocación es un regalo de Dios, pues como él dijo "yo los he elegido". Cuando decimos sí a Dios, hemos de saber exactamente que hay en ese sí. Sí significa (me entrego) total y absolutamente, sin calcular el precio, sin hacer ningún análisis ni cuestionamiento ¿está bien esto? ¿es conveniente? Nuestro sí a Dios se da sin ninguna reserva. El amor inmenso no mide sólo se da.

La entrega total a Dios debe expresarse en pequeños detalles.
La entrega total supone una amorosa confianza en él y para esa entrega total debemos abandonamos sin límites en sus brazos.
Debemos afianzar nuestra pertenencia a Jesús, porque solo él merece nuestro amor y entrega total. Nuestra tarea debe ser realizada con un corazón humilde, con la humildad de Cristo, él nos utiliza para que seamos su compasión y amor en el mundo a pesar de nuestras debilidades y flaquezas. No importa cuanto damos, lo que importa es cuanto amor ponemos en lo que damos.

Según las palabras de nuestro Santo Padre, debemos ser capaces de limpiar lo que está sucio, de calentar lo que está tibio, de fortalecer lo que está débil y de iluminar lo que está oscuro.

No debemos tener miedo de proclamar el amor de Cristo ni de amar como él nos amó, pero para eso es necesario alimentamos espiritualmente. La Madre Teresa dice que si no queremos morir de una "anemia espiritual" debemos alimentar nuestro espíritu. La oración es un proceso que no termina, sino que es prolongación en toda nuestra vida. La vida espiritual del catequista debe ser alimentada por la celebración y por la vivencia de los sacramentos.

El catequista debe ser un hambriento de Dios.
Podemos y debemos convertir nuestro trabajo en oración. Nunca podremos sustituir la oración por el trabajo. Nunca debe ocurrir esto. A menudo nos llenamos de compromisos, tareas y creemos que haciendo muchas cosas es suficiente. Y perdemos ese hermoso contacto con nuestro Padre a través de la oración.
Como catequistas debemos nutrirnos en la vida de oración, el Papa Pablo VI nos dice que la oración ha de ir antes que todo, quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse en la falta del tiempo, lo que falta es el amor.

Debemos aprender a quedamos en algún momento de nuestro tiempo, con nuestro Padre, ese quedarse con el Padre equivale a la expresión "hablar con Dios", es diferente hablar con Dios, que pensar en Dios. Siempre que hay trato con Dios hay oración.

Orar no es pedir. La oración fortalece nuestra fe y madura nuestra entrega.

Orar es ponerse en manos de Dios, escucharlo. La oración es un doble proceso de hablar y escuchar. Orar es mirar a Dios, es un contacto de corazón y de los ojos. Nuestro trabajo es fructuoso en la medida que expresa una oración realmente sincera.
Orar con generosidad no es suficiente, debemos orar con devoción, con fervor, debemos ser perseverantes y constantes para crecer en este compromiso asumido. Si no oramos todo lo que hagamos no tendrá valor. Los que tomamos en serio este caminar junto a Dios, necesitamos de estos momentos junto con los sacramentos para llevar una vida coherente con la que transmitimos.

Cuando el catequista tiene su crisis de fe, es la crisis de la espiritualidad. Por la fe buscamos a Dios y damos respuestas y entregas a su llamado al compromiso, pero si esa fe no es alimentada espiritualmente, nuestro compromiso y entrega, cada vez serán menos. Un cristiano es alguien que ha descubierto a Dios. Un catequista no es solamente alguien que ha descubierto a Dios, es alguien que también ha escuchado el llamado del Señor, para colaborar con él y aceptar esa misión, tratando de crecer en el amor a Dios Padre, a su Hijo y a su Espíritu.

El catequista debe crecer día a día en la fe.
Todos estamos llamados a crecer en ella.

El catequista, por vocación tiene muy presente este llamado tanto por lo que el mismo se refiere, como con respecto a sus catequizados a quienes debemos ayudar a crecer en la fe. Pero... ¿qué es la fe para un cristiano catequista? ¿cómo podemos crecer en la fe?. Fundamentalmente, la fe es aceptar a Cristo y su mensaje, pero no solamente con la inteligencia sino con el corazón y en la vida. La fe es esa relación personal con Cristo Vivo. Por eso los catequistas somos instrumentos de Dios y servidores de la Palabra, ella debe ser el alimento cotidiano indispensable. San Agustín dice que no vale menos la Palabra de Dios que el Cuerpo de Cristo.

Debemos tener conciencia de que es ser catequista. 
Ser catequista es: Un don antes que un compromiso.
Ser catequista es: Una vocación antes que una opción personal.
Ser catequista: Una respuesta de fe antes que un simple servicio a nuestros hermanos.

El catequista es un hombre en camino, es un enviado por Cristo y como Él va en busca de personas para anunciar la Buena Nueva.

El catequista debe ser maestro en humanidad, simples en nuestro actuar, sencillos, abiertos, dispuestos.
Supone estar atento profundamente a la sensibilidad y problemas del catequizado. No debemos caer nunca en la tentación de la soberbia, de quien cree saberlo todo. Nuestro caminar debe ser una conversión continua.

No solo debe preparar bien el encuentro sino también responder a sus interrogantes. Por eso es muy importante una formación sólida y permanente. No se debe improvisar. Debemos ser fiel a la tradición y escritura contenida en la fuente Bíblica. Nuestra preocupación debe ser la de transmitir las enseñanzas de Jesús no como una ciencia sino como se debe comunicar, como una experiencia de vida.

La tarea del catequista compromete toda su persona. Debemos ser coherentes y auténticos y esto se adquiere con mucha oración.

El catequista debe ser sembrador de la alegría y de la Esperanza Pascual, que son dones del Espíritu Santo. El Santo Papa, define al catequista como servidor de la verdad y dice, que el evangelizador no es dueño, ni arbitro, sino depositario, heredero y servidor de la verdad. Por eso no se vende, no disimula, no rechaza, no oscurece, no deja de estudiar, no avasalla la verdad.

"Todo catequista debe caminar sobre los pasos de María en nuestra misión catequística" A María Dios, nuestro Padre la eligió para ser Madre de su Hijo, Madre nuestra y Madre de la Iglesia.

Por consiguiente María es la más perfecta discípula y evangelizadora y modelo.

Su vida nos muestra como se abandonó a la acción del Espíritu.
María nos ofrece las mejores lecciones de humildad. María es la perfecta seguidora de Jesús, desde el anuncio del ángel hasta al pie de la Cruz, ella se dejó conducir sin reservas, pues estaba llena del Espíritu Santo.

María vivió su santidad como una criatura normal. Es decir caminó en la fe, escucho la Palabra de Dios, la recibió en su corazón y fue absolutamente fiel a ella. María significa la presencia del Amor Materno de Dios entre nosotros. Por eso debemos tener siempre presente el modelo de María en nuestra actividad catequística para que nos enseñe como hizo con su Hijo Jesús a ser manso y humildes de corazón y de esta manera dar gloria a nuestro Padre que está en los cielos. Debemos como catequistas aprender abandonarnos en los brazos de nuestro Padre como lo hizo María.

jueves, 26 de febrero de 2015

CATEQUESIS ESCOLAR O ENSEÑANZA RELIGIOSA

Catequesis Escolar o enseñanza religiosa
La catequesis: Es importante saber para qué se la quiere. Es necesario que sea parte de un proyecto más grande que la contenga. Y no un fin en sí misma.


Por: Mariano Donadío | Fuente: isca.org




Una anécdota: en una reunión escolar de padres, uno de ellos se presenta diciendo: "cuando era chico, me anotaron en un colegio muy religioso; por eso hoy no tengo mucho contacto con la Iglesia”. Lo dijo con naturalidad, como si la formación religiosa necesariamente llevará a la increencia. Traemos este sucedido en tiempos en los cuales se discute el estatuto de la catequesis en la escuela.



¿Catequesis escolar o enseñanza religiosa? Es una pregunta que tenemos que hacernos. El Pbro. Alejandro Puiggari en su libro “¿CATEQUESIS ESCOLAR O ENSEÑANZA RELIGIOSA?: DE LA ESCUELA-INSTITUCIÓN A LA ESCUELA-COMUNIDAD. UNA PROPUESTA PARA EDUCAR EN LA FE" nos interroga sobre este asunto. La opción por el término catequesis escolar “no implicó en los hechos una definición del tema. Ni siquiera un análisis serio de los elementos en juego. Fue más que todo un propósito, un deseo, un anhelo: que en los colegios haya catequesis". El término es tan amplio, que casi se transforma en un concepto vacío en el que se entienden realidades opuestas como la formación teórica sin referencia a la vida cotidiana, o la mera vivencia, sin conocimientos que la iluminen y la encuadren.



Que continúe la discusión acerca del lugar de la catequesis en la escuela de hoy. Nosotros queremos hacer este simple aporte: no basta con desear y exigir que exista. Es importante saber para qué se la quiere. Es necesario que sea parte de un proyecto más grande que la contenga. Y no un fin en sí misma.

Cuestionario para reflexionar:

¿Cuál es el lugar de la catequesis en el proyecto del cual forma parte?
¿Cuánto es el arraigo y la pertenencia del equipo de catequesis en su comunidad?
¿Cuáles son los testimonios de la gente que pasó por la enseñanza catequística en aquel lugar?
¿Cómo pudimos resolver la falsa dicotomía entre una catequesis de fórmulas y una catequesis “de charlar de nuestras cosas", sin sustancia?
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