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lunes, 17 de noviembre de 2014

ORACIÓN A SANTA ISABEL DE HUNGRÍA PARA NECESIDADES URGENTES


Oración a Santa Isabel de Hungría 
para necesidades urgentes.

Oh milagrosa santa Isabel, modelo de virtud,
Hija de reyes, y destinada a reinar,
Que desde niña quisiste seguir
Los caminos del verdadero y el amor,
De la penitencia, de ayuno, la oración
Y el completo servicio al prójimo,
Protégenos en nuestra difícil peregrinación.

Casada a muy pronto edad,
Tú fuiste ejemplo de fidelidad y cariño,
A tu esposo e hijos amaste,
Sin por ello abandonar tu pasión y amor por Cristo,
Ni tú abnegada dedicación a todo al que lo precisara.

Amada santa Isabel, hoy acudo a ti con inmensa incertidumbre
Para solicitar me concedas alivio en esta angustiosa situación,
En mis agobios económicos,,
Pues no puedo hacer frente a altas necesidades, deudas y pagos
Que ahora tanta intranquilidad me producen,
Por la inmensa caridad que en tu vida tuviste,
Por la inmensa caridad que en tu vida tuviste,
Por la fe y esperanza que prodigaste,
Santa Isabel te suplico dame tu auxilio para salir de esta ruina,.
Intercede por mí ante Dios Misericordioso
Y pídele me socorra en esta acuciante necesidad.

(Pedir lo que tanto necesita)

Dulce Isabel, gloriosa santa de los desamparados,
Tu que te desviviste por los más débiles e indefensos,
No desoigas mis urgentes demandas,
Y haz, te ruego, que sean atendidas favorablemente.

Santa Isabel de Hungría, santa, santa,
Ruega por todos los que necesitamos,
Enséñanos a buscar los bienes que pasan
Y condúcenos por la humildad a la Gloria.

Por Jesucristo nuestro Señor.
Amen

Rezar tres Credos, tres Padrenuestro y tres Glorias.
Repetir la oración y los rezos durante tres días continuos

SANTA ISABEL DE HUNGRÍA, VIUDA, 17 DE NOVIEMBRE


Isabel de Hungría, Santa
Isabel de Hungría, Santa


Viuda, 17 de noviembre de 1231 


Por: | Fuente: Archidi?is de Madrid



Viuda
17 de noviembre

A los cuatro años había sido prometida en matrimonio, se casó a los catorce, fue madre a los quince y enviudó a los veinte. Isabel, princesa de Hungría y duquesa de Turingia, concluyó su vida terrena a los 24 años de edad, el I de noviembre de 1231. Cuatro años después el Papa Gregorio IX la elevaba a los altares. Vistas así, a vuelo de pájaro, las etapas de su vida parecen una fábula, pero si miramos más allá, descubrimos en esta santa las auténticas maravillas de la gracia y de las virtudes.

Su padre, el rey Andrés II de Hungría, primo del emperador de Alemania, la había prometido por esposa a Luis, hijo de los duques de Turingia, cuando sólo tenia 11 años. A pesar de que el matrimonio fue arreglado por los padres, fue un matrimonio vivido en el amor y una feliz conjunción entre la ascética cristiana y la felicidad humana, entre la diadema real y la aureola de santidad. La joven duquesa, con su austeridad característica, despertando el enojo de la suegra y de la cuñada al no querer acudir a la Iglesia adornada con los preciosos collares de su rango: “¿Cómo podría—dijo cándidamente—llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?”. Sólo su esposo, tiernamente enamorado de ella, quiso demostrarse digno de una criatura tan bella en el rostro y en el alma y tomó por lema en su escudo, tres palabras que expresaron de modo concreto el programa de su vida pública: “Piedad, Pureza, Justicia”.

Juntos crecieron en la recíproca donación, animados y apoyados por la convicción de que su amor y la felicidad que resultaba de él eran un don sacramental: “Si yo amo tanto a una criatura mortal—le confiaba la joven duquesa a una de sus sirvientes y amiga—, ¿cómo debería amar al Señor inmortal, dueño de mi alma?”.

A los quince años Isabel tuvo a su primogénito, a los 17 una niña y a los 20 otra niña, cuando apenas hacía tres semanas había perdido a su esposo, muerto en una cruzada a la que se había unido con entusiasmo juvenil. Cuando quedó viuda, estallaron las animosidades reprimidas de sus cuñados que no soportaban su generosidad para con los pobres. Privada también de sus hijos, fue expulsada del castillo de Wartemburg. A partir de entonces pudo vivir totalmente el ideal franciscano de pobreza en la Tercera Orden, para dedicarse, en total obediencia a las directrices de un rígido e intransigente confesor, a las actividades asistenciales hasta su muerte, en 1231.

jueves, 17 de noviembre de 2011

SANTA ISABEL DE HUNGRIA , 17 DE NOVIEMBRE

Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid
Isabel de Hungría, Santa
Viuda, 17 de noviembre de 1231
Isabel de Hungría, Santa

Viuda
Noviembre 17



A los cuatro años había sido prometida en matrimonio, se casó a los catorce, fue madre a los quince y enviudó a los veinte. Isabel, princesa de Hungría y duquesa de Turingia, concluyó su vida terrena a los 24 años de edad, el I de noviembre de 1231. Cuatro años después el Papa Gregorio IX la elevaba a los altares. Vistas así, a vuelo de pájaro, las etapas de su vida parecen una fábula, pero si miramos más allá, descubrimos en esta santa las auténticas maravillas de la gracia y de las virtudes.

Su padre, el rey Andrés II de Hungría, primo del emperador de Alemania, la había prometido por esposa a Luis, hijo de los duques de Turingia, cuando sólo tenia 11 años. A pesar de que el matrimonio fue arreglado por los padres, fue un matrimonio vivido en el amor y una feliz conjunción entre la ascética cristiana y la felicidad humana, entre la diadema real y la aureola de santidad. La joven duquesa, con su austeridad característica, despertando el enojo de la suegra y de la cuñada al no querer acudir a la Iglesia adornada con los preciosos collares de su rango: “¿Cómo podría—dijo cándidamente—llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?”. Sólo su esposo, tiernamente enamorado de ella, quiso demostrarse digno de una criatura tan bella en el rostro y en el alma y tomó por lema en su escudo, tres palabras que expresaron de modo concreto el programa de su vida pública: “Piedad, Pureza, Justicia”.

Juntos crecieron en la recíproca donación, animados y apoyados por la convicción de que su amor y la felicidad que resultaba de él eran un don sacramental: “Si yo amo tanto a una criatura mortal—le confiaba la joven duquesa a una de sus sirvientes y amiga—, ¿cómo debería amar al Señor inmortal, dueño de mi alma?”.

A los quince años Isabel tuvo a su primogénito, a los 17 una niña y a los 20 otra niña, cuando apenas hacía tres semanas había perdido a su esposo, muerto en una cruzada a la que se había unido con entusiasmo juvenil. Cuando quedó viuda, estallaron las animosidades reprimidas de sus cuñados que no soportaban su generosidad para con los pobres. Privada también de sus hijos, fue expulsada del castillo de Wartemburg. A partir de entonces pudo vivir totalmente el ideal franciscano de pobreza en la Tercera Orden, para dedicarse, en total obediencia a las directrices de un rígido e intransigente confesor, a las actividades asistenciales hasta su muerte, en 1231.

¿Quieres saber más? Consulta

Santa Isabél de Hungría de Jesús Martí Ballester

Consulta también Ewtn

ORACIÓN A SANTA ISABEL DE HUNGRIA - POR LA PACIENCIA Y TEMPLANZA


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