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martes, 12 de junio de 2018

LA MITAD DE LA VIDA


La mitad de la vida




Creo que fue Einstein que decía: "Todos somos ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas".

A veces hay personas que son muy expertas, muy sabias en alguna cosa pero, lamentablemente, se olvidan o no saben otras y en el momento oportuno puede ser que pierdan todo lo que sepan a causa de lo que ignoran. Voy a compartir con ustedes un pequeño cuento.

Dicen que una vez iba un... ¿Puedo hacerlo como de porteño? Gracias. Vamos a hacerlo de porteño. Iba un porteño que quería cruzar el río Paraná, pero quería hacerlo en lancha allá por la Isla del Cerrito, en el norte. Consiguió un canoero, y el hombre le hablaba y decía:

-¿Usted alguna vez visitó Buenos Aires?

-No -decía el canoero- yo no, que yo sepa no estuve nunca en Buenos Aires.

-Ah, pero usted perdió la primera mitad de la vida. ¿Usted no conoce ninguna gran ciudad?  Qué sé yo, ¿aunque sea Rosario, Córdoba?

-No, la verdad señor, que yo nunca viví ahí.

-Ah, entonces usted perdió la primera mitad de la vida.

En un determinado momento empieza a entrar agua en el bote, y el canoero lo mira al señor y le dice:

-¿Usted señor, sabe nadar?

-No, la verdad que no, dice el porteño.

-Entonces se perdió la segunda mitad de la vida -le dice el canoero....

Puede suceder que a veces es importante saber algunas cosas, pero también es importante saber que uno ignora otras. Y, a lo mejor, por ignorar esas uno puede perder todo lo demás. Lo pensamos cada uno.

Hoy el cuentito es corto y les pido que me perdonen los porteños. A veces a los provincianos, viste, nos gusta, así como ustedes se ríen a veces un poco de nosotros, a veces nos gusta también tomarles el pelo y reírnos un poco de ustedes. Es lindo reírse o mejor todavía, reírnos juntos. No reírse del otro sino reírse con los otros. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


© Fray Mamerto Menapache.


Nota para los lectores de otros países:
“Porteño”: dícese de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires (del puerto).
 “Canoero: el hombre que maneja una canoa.
 “Canoa: bote pequeño y sencillo de madera movido por remos.

domingo, 10 de junio de 2018

EL BROCHAZO


El brochazo




Un artista estaba pintando la bóveda de un templo y con frecuencia daba unos pasos hacia atrás en el andamio para contemplar su obra. Se encontraba tan absorto contemplando su trabajo, que no se había dado cuenta de que iba a caer en el pavimento que estaba a gran altura del andamio.

Otro pintor, hermano de aquel, viéndolo en peligro y comprendiendo que una palabra podría apresurar su caída, arrojó una brocha sobre el cuadro que contemplaba el artista que estaba en peligro. Este pintor, sorprendido y enojado, violentamente se dirigió hacia adelante, salvándose así de una caída que hubiera sido mortal. De esta manera, Dios algunas veces destruye también las halagadoras esperanzas de nuestro corazón, para advertirnos el grave peligro en que estamos por causa del pecado, y para salvar nuestras almas.

Muchas veces no entendemos que por estar tan absortos en nuestros propios logros, éxitos y ambiciones, damos pasos en falso que podrían destruir nuestras propias vidas y Dios, en su misericordia, interviene para despertar nuestra conciencia dormida. A veces, Él lanza su brocha contra el cuadro de nuestra vanidad para demostrarnos que nos ama y que más que estar interesado en nuestros éxitos , Él está interesado en nosotros como sus hijos.

La proxima vez que Su brocha manche tu cuadro, dale gracias a Dios, porque quizá te haya librado de caerte del andamio.

6 REFLEXIONES PARA AMAR MEJOR


6 reflexiones para amar mejor
El amor que todo lo cura, ¿lo cura todo?


Por: Andrés D' Angelo | Fuente: Catholic-link.com 




El romanticismo mata al amor. Las películas románticas nos presentan al amor como una especie de llave mágica que abre las puertas de todos los corazones humanos y resuelve todos los problemas. Al principio de casi todas las historias de amor puede parecer así, porque estamos en un estado que conocemos como “enamoramiento”.

¿Qué es el enamoramiento? Una poeta americana lo definió como “una estafa neuroquímica”. Durante este vivimos en un estado “ideal” aparente: la mujer se siente constantemente halagada por las cortesías de su enamorado. Él se siente el hombre más afortunado del mundo porque la mujer más bella del universo le prestó atención, y todo parece un cuento de hadas. Pero claro, en todo cuento de hadas hay una bruja y un ogro, que mientras se gesta el cuento de hadas, están durmiendo, pero que luego van a querer despertar indefectiblemente una vez que se hayan casado.

Durante el enamoramiento estamos en un estado de excepción. Dicen que el cerebro funciona toda la vida hasta que nos enamoramos. Y tiene bastante razón. El cerebro enamorado es parecido al cerebro de un adicto a la cocaína, de acuerdo a un estudio realizado por Helen Fischer. El sistema de recompensas de una persona enamorada funciona en modo similar al de un adicto: cuanto más tiene, más quiere. Esta “anomalía cerebral” es la que provoca que cuando alguien nos advierte sobre los defectos de nuestro posible futuro cónyuge, reaccionemos casi siempre violentamente. ¿Cómo va a ser imperfecto, si es el hombre más caballeroso del mundo? ¿Cómo va a ser imperfecta si es la mujer más hermosa del mundo? Nos negamos a ver la realidad porque la fantasía es mucho más atractiva. Pero este estado no dura para siempre, y cuando pasa, “las escamas caen de nuestros ojos” y nos encontramos con la “estafa neuroquímica”, parece que hemos caído en una trampa mortal para “cazarnos” más que “casarnos”.

¿Cómo podemos hacer para evitar estas “sorpresas” que suceden cuando pasa el encanto del enamoramiento? Pues preparándonos nosotros mismos para no “dar” esas sorpresas, y rezando por nuestro futuro cónyuge para que también pueda prepararse. Me explico: todos queremos un amor incondicional, que esté en las buenas y en las malas, que esté siempre de buen humor y que nos soporte en salud y en enfermedad, en prosperidad y en adversidad hasta que la muerte nos separe. Cuando pensamos en nuestro futuro, estamos segurísimos de que eso es lo que merecemos. Pero sucede un problema: para poder recibir ese amor, tenemos que estar dispuestos a dar un amor incondicional, que esté en las buenas y en las malas, que esté siempre de buen humor y que soporte al otro en salud y en enfermedad, en prosperidad y en adversidad hasta que la muerte nos separe. Queremos a un futuro cónyuge ideal, pero no estamos muy dispuestos a ser ese cónyuge ideal.

Es claro entonces que antes de pensar en lo que vamos a recibir en nuestra relación, nos enfoquemos en lo que vamos a dar. «Amar es dar sin pensar en recibir» dice el dicho popular, probablemente basado en lo que decía Jesús y que san Lucas cita en Hechos 20, 35: «Hay más alegría en dar que en recibir”»

¿Y cómo nos preparamos para tener una buena relación? ¿Cómo hacemos para ser ese futuro esposo o esposa ideal? ¡Hay muchísimas recetas!, pero hoy quiero enfocarme en algunos aspectos que luego de casados generan la mayor parte de los conflictos. Estos aspectos de la vida de relación pueden parecer irrelevantes, pero requieren de mucho autodominio y mucha oración, así que, si ves que tienes alguno de ellos algo descuidados, el momento de comenzar a trabajarlos es ¡ahora!

1. ¡Deja ya de quejarte!
¿Por qué te quejas? ¿Qué logras quejándote? Lo único que logras es que todos los otros se pongan a la defensiva y que estés siempre buscando un culpable para todas tus desgracias, tanto las reales como las imaginarias. En las relaciones de pareja, la queja constante dificulta completamente la relación, en especial, cuando ya están casadas, la convivencia. Especialmente las críticas que se expresan descalificando, en segunda persona o que incluyen adverbios como “siempre” y “nunca”. Las personas quejosas tienen una característica principal: no se hacen cargo de sus dificultades y tienden a achacárselas a otros. Este tipo de personas no solo no son felices, sino que hacen infelices a todos los que se les acercan.

2. ¡No guardes rencor!
Atado a la anterior característica, las personas rencorosas no dejan pasar ninguna ofensa. La persona rencorosa es aquella persona que todos los días toma veneno y espera que los demás se mueran. Guardar rencor es mantener la ofensa alejada del perdón y valorar más el orgullo propio que a la otra persona y a la relación. Muchas veces nos ofenden realmente, especialmente las personas más cercanas y queridas, y cuanto más cercanas y queridas tanto más duele, y muchas veces no nos piden perdón, aun sabiendo que faltaron contra nosotros. ¿Qué podemos hacer? ¿Seguir ofendidos para toda la vida? Si no eres capaz de perdonar, no una sino setenta veces siete, es muy probable que todavía no estés “maduro” para amar para toda la vida. Un buen matrimonio es la unión de dos buenos perdonadores.

3. ¡No te quedes lo mejor para ti!
El egoísmo es una característica que hay que tener revisada desde mucho antes de pensar en acercarse al sacramento del matrimonio. Porque el sacramento nos puede dar la gracia de estado, pero no hace magia. Una persona que piensa en sí misma antes que en el otro está llamada a ser sumamente infeliz en el matrimonio. Puede parecer contradictorio. Supongamos que Pablo, alguien que piensa primero en sí mismo se casa con Marta, alguien que piensa primero en Pablo que en sí misma: ¡son dos personas pensando en Pablo! ¡La felicidad perfecta para Pablo! Y sin embargo no es así. Puede ser que esa fantasía de felicidad dure unos meses, pero el egoísmo termina convirtiendo a una relación que debería ser entre iguales en una relación “amo – servidor”, y el paso del tiempo hará que esa relación comience a resentirse. Como dije al principio: cuanto más pensemos en nuestra propia felicidad, más seguro es el camino al fracaso.

4. ¡Deja ya de justificarte y comienza a escuchar!
Tu punto de vista puede parecerte sumamente interesante porque conoces todos los vericuetos de tu mente, y es seguro que tienes una explicación razonable para todas las tonterías que haces. Pero cuando te casas, las tonterías que haces ya no te afectan solo a ti, afectan también a tu cónyuge. Y puede ser que en tu cabeza la explicación de (por ejemplo) por qué gastaste la mitad del presupuesto de la familia en comprar algo completamente innecesario pueda parecerte algo totalmente justificable. Pero hay un detalle: tu dinero ya no es tu dinero, es de ambos. Y tu cónyuge puede tener otra lista de prioridades que la que tú tienes, tal vez mucho más razonable que la tuya. Así que, antes de hacer cualquier cosa ¡comienza por consultar, escuchar y aprende a dialogar! Dios nos dio el doble de oídos que de boca, así que escucha el doble de lo que hables, y estarás por buen camino.


5. ¡Deja ya la pornografía!
Y cuando digo la pornografía, hablo de toda la basura que amigos “graciosos” nos mandan “solo por embromar”. Una broma divertidísima, que puede costarnos la felicidad conyugal. Porque la pornografía es denigrante, y denigra el amor humano. ¿Que la pornografía es un “crimen sin víctimas”? Las actrices y actores pornográficos tienen una tasa de mortalidad altísima, por las enfermedades de transmisión sexual pero también por la altísima exposición a las drogas duras. Pero además, exponiéndote a esa “bromita”, más temprano que tarde te acostumbrarás, y pretenderás que eso que se ve en la pornografía es la “sexualidad normal” y el día que te cases, tendrás una visión tan distorsionada de la sexualidad, que la sexualidad conyugal que está llamada a ser la máxima expresión del amor para tiy tu cónyuge, te parecerá aburrida y anodina.

Claro que todas estas cosas, ¡no son fáciles! Te tengo un secreto: el matrimonio no es fácil. Parece mentira que yo, que escribí un libro que se llama: “Matrimonio fácil para tiempos difíciles” diga esto, pero no soy yo solo quien lo dice, san Francisco de Sales decía que: «El matrimonio ofrece las máximas oportunidades de mortificación». O, como decía Chesterton: «El matrimonio es una aventura, como ir a la guerra». Claro que no queremos ir a la guerra, porque el enemigo más poderoso a vencer no es nuestro cónyuge, sino nosotros mismos. Y cuando nos vencemos, y nos donamos por entero al otro en la relación (porque para donarse hay que poseerse, y para poseerse hay que vencerse) entonces el matrimonio sí puede convertirse en fácil, no importa lo difíciles que se pongan los tiempos.

Tal vez dirás: ¡Pero yo no puedo hacer todo eso solo! Y, ¡claro que no! San Pablo lo dice: «Todo lo puedo en aquél que me conforta». (Fil 4,13) Como decía san Agustín, tenemos que «hacer lo que podemos y pedir lo que no podemos», o, como decía san Ignacio, «actúa como si todo dependiera de ti, confía como si todo dependiera de Dios».

Si todavía no tienes a tu pareja ideal, tal vez no sea el momento de salir a buscarla. Para ser el “esposo ideal”, y probablemente para encontrar a tu “pareja ideal”, lo mejor es que revises estos cinco puntos, y veas cómo calificas. Y si todavía no calificas, ¡antes de buscarte un candidato o candidata, búscate un director espiritual! Y si ya tienes pareja y se están preparando para casarse, revisen también esta lista, tal vez todavía haya algunos ajustes de última hora que pueden hacer para tener un buen matrimonio. Y si ya están casados, y tienen alguna de estas “piedras en el zapato”, ¡Es buen momento para detenerse, quitarse los zapatos y trabajar para que la gracia del Sacramento pueda actuar!

lunes, 4 de junio de 2018

LOS DOS CAMINOS


Los dos caminos



Cada hombre encuentra ante sí dos caminos: el del vicio y el de la virtud.

El camino del vicio se presenta fácil, lleno de placeres y ganancias, sencillo y asequible. Promete conseguir alegrías inmediatas sin tener que pasar a través de esfuerzos incómodos. Invita a superar categorías “anticuadas” y “represivas” (pecado, juicio, infierno) para disfrutar al máximo este tiempo caduco y lleno de emociones.

El camino de la virtud no oculta sus dificultades. Hay que decir “no” al capricho, a los placeres inmediatos, a la droga, al alcohol, al sexo, a la avaricia, a la comodidad, al orgullo, a la sed de venganza. Un “no” que arranca de un “sí” a lo más noble y elevado que existe en el ser humano: la posibilidad de amar, el compromiso por vivir a fondo los deberes como estudiante o como trabajador, como hijo o como padre, como esposo o como amigo.

Los dos caminos se presentan especialmente ante la mirada de cada adolescente, de cada joven, aunque también aparecen en la vida de los hombres maduros: a veces una persona honesta nos sorprende por sus devaneos con caprichos que son propios de un ser inmaduro y desquiciado...

Cada momento de mi vida tengo que optar. Hoy seré más egoísta o más bueno, más tramposo o más honesto, más cobarde o más trabajador, más vengativo o más fuerte para ofrecer un perdón sincero. Los dos caminos me piden, urgentemente, que decida mi futuro y el de tantos familiares y amigos que viven a mi lado y esperan de mí lo mejor: una vida honrada, limpia, buena, abierta al amor y a la esperanza.

Sólo si escojo el buen camino podré penetrar en el mundo del amor eterno, donde existe un Dios que invita a cada uno de sus hijos para celebrar el banquete de bodas del Cordero. 

viernes, 4 de mayo de 2018

EL MECÁNICO DEL ALMA


El mecánico del alma




Una vez iba un hombre por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre se bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que tenía, pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto que tenía su auto, pues hacía muchos años que lo conducía, sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta que no encontraba la falla del motor.

En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda.  El dueño del primer auto dijo:
- Mire, este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano, no creo que usted sin ser el dueño pueda hacer algo.

El otro hombre insistió con cierta sonrisa, hasta que finalmente el propietario del vehículo dijo:
- Está bien, haga el intento, pero no creo que pueda hacer algo, pues este auto es mío.

El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar.

El primer hombre quedó atónito y preguntó:
- ¿Cómo pudiste arreglar el fallo si el auto es mío?

El segundo hombre contestó:
- Verás, mi nombre es Félix Wankel...  Yo inventé el motor rotativo que usa tu auto.

Cuántas veces decimos: Esta es mi vida, este es mi destino, esta es mi casa, déjenme a mí solo, yo puedo resolver el problema.

Al enfrentarnos a los problemas y a los días difíciles creemos que, YO puedo resolver el problema. 

Al enfrentarnos a los problemas y a los días difíciles creemos que nadie nos podrá ayudar, pero te voy a hacer unas preguntas:
¿Quién hizo la vida?  ¿Quién hizo el tiempo?  ¿Quién creó la familia?

Sólo aquel que es el autor de la vida, puede ayudarte cuando te quedes tirado en la carretera de la vida.  Si necesitas un mecánico aquí están sus datos:

Nombre: Dios.

Dirección: El cielo.

Horarios: 24 horas al día, 365 días del año, por toda una eternidad.
Garantía: De por vida.

Teléfono: No es necesario, basta con que ores con fe.

Lo más importante... Su línea nunca está ocupada.

LA BOLSA DE PAPAS


La bolsa de papas



Los pensamientos y sentimientos negativos turban el cielo tranquilo del corazón. Entre ellos se destaca por su capacidad destructiva el odio que se niega a perdonar y olvidar. “Señor, tú que eres puro amor, tú que perdonabas a los que te crucificaban, quita de mi interior todo el veneno de los recuerdos que me llenan de rencor y de tristeza. Derrama en mi interior el deseo de perdonar y la gracia del perdón”.

Una profesora nos hizo llevar una bolsa de plástico y una bolsa de papas. Por cada persona que no perdonábamos, debíamos elegir una papa, escribir en ella el nombre y fecha y ponerla en la bolsa de plástico. Nos dijo que lleváramos con nosotros a todos lados esta bolsa con las papas fechadas durante una semana. Esta molestia nos hizo tomar conciencia del peso espiritual que llevábamos. Naturalmente, las papas se iban pudriendo y olían muy mal. ¡Éste fue el exacto símbolo del precio que pagamos por mantener nuestros rencores y resentimientos! Con frecuencia pensamos que el perdón es un regalo hecho a otra persona y, aunque eso es verdad, también es el mejor obsequio y satisfacción que podemos darnos a nosotros mismos.

Vivir la caridad cristiana no es fácil. En verdad está por encima de nuestra capacidad humana. Por eso es indispensable suplicar con humildad y constancia al Señor el don de la santa paciencia para poder elevarnos sobre nuestros egoísmos, retraimientos, susceptibilidades… Pero cuando el amor de Dios nos invade podemos “perdonar, soportar y esperar sin límites”.


* Enviado por el P. Natalio

jueves, 3 de mayo de 2018

CAMINO DIARIO A LA FELICIDAD


Camino diario a la felicidad



La vida se nos ha dado para ser felices y hacer felices a los demás. Haremos felices en la medida en que seamos felices. Dios nos puso en un jardín. Somos nosotros los que transformamos el jardín en un valle de lágrimas con nuestra falta de fe, de amor y sabiduría (Ignacio Larrañaga).

Orar: Es el poder más grande sobre la Tierra.
Amar: Es el privilegio que Dios nos ha dado.
Leer: Es la fuente de la sabiduría.
Amistad: Es el camino de la felicidad.
Dar: Es la forma de recibir.
Divertirse: Es el secreto de la eterna juventud.
Reír: Es la música del alma.

El egoísmo atrofia al hombre, que sólo en la donación generosa a los demás, encuentra su madurez y plenitud. Si te preocupas demasiado por ti mismo y tu propio entorno, si vives para acumular dinero y comodidades, no te quedará tiempo para los demás. Si no vives para los demás, la vida carecerá de sentido para ti, porque la vida sin amor no vale nada.



* Enviado por el P. Natalio

sábado, 28 de abril de 2018

CÓMO VENCER LA FATIGA


Cómo vencer la fatiga
La mayoría de las personas responde a dos clases de fatiga.





Ricardo Núñez trabaja en el campo. Pasa el día acarreando pesados sacos de trigo, roturando la tierra; arando y sembrando; inspeccionado los abonos, y controlando el crecimiento del maíz. Cuando por la noche se sienta a leer el diario, se queda dormido. Está agotado, la fatiga lo ha dejado completamente exhausto. Este tipo de fatiga se denomina "hipotónica",

Aldo Pérez está sentado en su oficina durante todo el día. Revisa rápidamente la pila de correspondencia, dicta las repuestas hasta el mediodía, come un sándwich por almuerzo y se sienta una vez más frente al escritorio para repasar una larga lista de informes, que obligan a esforzar la mente. Aldo trata de dormir cuando llega a su casa por la noche, pero se halla tan exhausto mentalmente que esta tenso y nervioso. Tampoco puede evitar alguna eventual discusión con su esposa. Aldo sufre de fatiga "hipertónica".

Ricardo y Aldo necesitarían intercambiar sus respectivos trabajos durante una semana, para balancear sus diferentes estilos de vida. Por supuesto, lo ideal sería que Ricardo trabajara medio día en el campo y medio día en la oficina, y que Aldo ayudara durante medio día en el campo y el resto del día lo pasara en la oficina. Una tarea que balanceara el trabajo físico y la actividad mental ayudaría a miles de personas. Pero la vida no siempre es como quisiéramos que fuera.

¿Existe una repuesta? ¿Hay alguna repuesta para esta situación?

Muchos seguirán con este ritmo de vida hasta que la fatiga les produzca un colapso cardíaco. Entonces no tendrán más de que preocuparse. Pero veamos otra alternativa.

Betty y Jim han estado casados por unos diez años y tienen dos hijos de edad escolar. Betty es enfermera de tiempo completo. Jim es redactor de un periódico local. Cuando por la tarde Jim regresa a su hogar, la charla de los chicos acerca de lo que hicieron en la escuela aumenta su dolor de cabeza.

¿Y qué hace Betty? Le hace poner los pies en agua caliente. Es un buen remedio; el cerebro se descongestiona y el dolor de cabeza se alivia. Un baño tibio, acompañado de un buen masaje, pueden ayudar a relajarse. Luego la familia cena bien temprano con alimentos sencillos para poder dormir bien. Y después cumplen una regla muy especial; "charlan poco, porque mamá y papá están escuchando música favorita o leyendo párrafos de sus libros preferidos", mientras los hijos escuchan o juegan.

Entonces salen para realizar la tarea más importante de todos: ¡El ejercicio físico! Durante la primavera y el verano, cuando los días son más largos, toda la familia trabaja en el jardín. En el otoño, pedalean en sus bicicletas, cubriendo cuadras del vecindario. En el invierno, todos ayudan a quitar la nieve y finalizan su labor construyendo con la misma un enorme muñeco. A medida que se utilizan los músculos, la fatiga se evapora como el agua.

El aburrimiento y la fatiga

Hay otra familia, si la podemos llamar así, menos afortunada que la anterior. Está compuesta por una sola persona. Los vecinos de la cuadra la llaman la abuela Ana. Vive en una casa de dos pisos, con ladrillos rojos y escalones blancos gastados por el tiempo. Se mudó a esa casa hace cincuenta años, cuando llegó al pueblo con su marido, eran recién casados. Ahora, hace diez años que es viuda.

La abuela Ana se cansó de permanecer sentada mirando por la ventana, sonriendo a las mismas personas que pasaban por la acera. Permanecía así sentada durante largo tiempo, meciéndose. A veces se preparaba alimentos sencillos. Y, muy de vez en cuando, se acercaba al almacén de la esquina. Con cierta frecuencia, un muchachito del barrio le hacia los mandados. Realmente, ella no hacía casi nada, y sin embargo siempre estaba cansada.  Estaba aburrida. Al igual que la tensión, el aburrimiento produce fatiga.

Un día, durante una visita, el pastor de la iglesia de la abuela Ana realizo un descubrimiento realmente interesante.
- Sí, pastor -dijo la anciana-  es verdad. Cuando vivía en otra calle, era la organista de la iglesia, pero ahora no me acuerdo de nada...
-Dígame -insistió el pastor- ¿no estaría dispuesta a ayudarnos un poquito tocando el piano para los niños? La señora que desempeñaba ese campo se mudó y nos quedamos sin pianista para ellos. Las canciones infantiles son realmente sencillas. Lo único que esos niños necesitan es el empuje inicial.

Por el brillo de los ojos de la abuela Ana, el pastor tuvo la seguridad de que había ganado la batalla. Se había inflamado el deseo y, desde las profundidades de un tesoro secreto, brillaba una luz.
-Haré lo posible -dijo con determinación la abuela Ana.

¿Adivine usted, quién está dando clases preparatorias de piano para los niños, tres veces por semana, en el viejo  piano de la iglesia...?
¡La abuela Ana! Realmente le encanta su tarea. Ya no se aburre y, lo que es más, rara vez se siente cansada.

¡Usted puede vencer la fatiga! Sí, usted puede vencer la fatiga si se lo propone. Haga algún ejercicio. Trate de pasar más tiempo al aire libre. Cultive un jardín en miniatura, en su cocina. Compre libros que traten acerca de Suiza, Austria, Japón, el Triángulo de las Bermudas, o cualquier otro sitio interesante, y compruebe si es cierta la fase de Emily Dickinson: "No hay mejor fragata que un libro".  Si le gusta la pintura,  ¿por qué no vencer sus lienzos? Y para el hombre habilidoso hay centenares de fascinantes esculturas y juguetes funcionales que pueden fabricarse de objetos desechados.

Para vivir de verdad, todo lo que Ud. tiene que hacer es desearlo. Ponga su facultad creativa en funcionamiento ahora mismo. Propóngase vencer la fatiga.  Expúlsela de su vida con ejercicios, arte, música y jardinería. Diga con convencimiento: "Relajación, allá voy" y experimente el milagro de la alegría..



Roberto Ellis

LOS GIRASOLES

Los girasoles




¿Han visto los girasoles?  Se trata de una flor, que gira siempre en busca del sol. Y es por esa razón que es popularmente llamada girasol.

Cuando una pequeña y frágil semilla de dicha flor brota en medio de otras plantas, busca inmediatamente la luz solar. Es como si supiera, instintivamente, que la claridad y el calor del sol le harán posible la vida.

¿Y qué le sucedería a la flor si la colocáramos en un lugar bien cerrado y oscuro? Seguramente, en poco tiempo, se moriría.

Tal cual los girasoles, nuestro cuerpo físico también necesita de la luz y del calor solar, de la lluvia y de la brisa, para mantenernos vivos. Pero, no es sólo es el cuerpo el que necesita de cuidados para proseguir firme. El espíritu, igualmente necesita de la luz divina para mantener encendida la llama de la esperanza.

Precisa del calor del afecto, de la brisa de la amistad, de la lluvia de bendiciones que viene desde lo alto. Sin embargo, es necesario que hagamos esfuerzos para respirar el aire puro, por encima de las circunstancias desagradables que nos rodean.

Muchos de nosotros permitimos que los vicios ahoguen nuestras ganas de buscar la luz y nos debilitamos día tras día como una planta mustia y sin vida y es entonces cuando nos dejamos enredar en el zarzal de la haraganería, de la desidia y reclamamos de la suerte sin hacer esfuerzos para salir de la situación que nos desagrada.

Y es allí, donde debemos recordar que para poder crecer de acuerdo con los planes divinos, el Creador coloca a nuestra disposición todo lo que necesitamos. Es en el amparo de la familia, donde recibimos, sustentación y seguridad en todos los momentos... La presencia de los amigos en las horas de alegría o de tristeza, impulsándonos hacia adelante...

Son las posibilidades de aprendizaje que surgen a cada instante en el recorrido, haciéndonos más claros y preparados para decidir cuál es el mejor camino a tomar.

Pero, ¿qué sucede con nosotros cuando nos encerramos en la oscuridad de la depresión o de la melancolía y así permanecemos por voluntad propia?
Debemos entender que Dios tiene un plan de felicidad para cada uno de nosotros y que para alcanzarlo, es preciso que busquemos los recursos disponibles. 

Es preciso que imitemos al girasol.
Que busquemos siempre la luz, incluso cuando las tinieblas insistan en rodearnos.
Es necesario buscar el apoyo de la familia en los momentos en que nos sentimos desanimar.
Es necesario buscar la ayuda de los verdaderos amigos cuando sentimos nuestras fuerzas debilitándose.
Es necesario, antes que nada, buscar la luz divina que consuela y aclara, ampara y anima en todas las situaciones.

Cuando las nubes negras de los pensamientos tormentosos cubran con oscuro manto el horizonte de tus esperanzas, y la depresión te asedie el alma, imita a los girasoles y trata de respirar el aire puro, más allá de las circunstancias desagradables.

Cuando las dificultades y los problemas se hagan insoportables, intentando sofocar la disposición para la lucha, recuerda a los girasoles y busca la luz divina a través de la oración sincera.

viernes, 27 de abril de 2018

SANACIÓN INTERIOR

Sanación interior




Suplicar a Dios aquello que necesitas es permitirle entrar en la trama concreta de tu vida. De esa manera sientes la proximidad del Señor en tus problemas cotidianos. Dios quiere librarte de tus angustias y afanes y se pone a tu alcance para cualquier necesidad, grande o pequeña, espiritual o material. Basta que lo hagas con fe, como un niño.

Señor, vengo a pedirte que entres en lo más íntimo de mi ser y te hagas presente con tu poder sanador y con tu fuerza liberadora. A veces sufro inútilmente por cosas que no comprendo, brotan en mí tristezas, angustias y sentimientos malos que no sé de dónde vienen. Podría disfrutar muchas cosas de la vida y hacer mucho bien, pero esos estados de ánimo me perjudican. Yo no tengo poder para sanar ese mundo escondido dentro de mí, pero tú tienes ese poder. Tú que me creaste de la nada y me regalaste la vida, también puedes curarme. Toca, Señor, transforma, cicatriza, acaricia, libera. Realiza esa obra que sólo tú puedes realizar. Confío en ti, Señor, y espero en ti. Amén. (Víctor Fernández).

Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina, escribió: “Un constante y silencioso milagro acontece, a cada hora, en los corazones de hombres y mujeres que han descubierto, con asombro, que la oración los enriquece con una continua corriente de fortaleza que los sostiene en sus vidas cotidianas”. Busca en la oración fortaleza contra el mal.



* Enviado por el P. Natalio

jueves, 26 de abril de 2018

EL CABALLO ESCONDIDO


El caballo escondido




Hay en nuestras vidas hábitos que nos esclavizan e impiden ser la obra maestra que a veces soñamos. Todo es posible con la ayuda del Señor, a pesar de que no sea fácil. Procede con paciencia pues “nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño” (Mark Twain).

Cuentan de un niño que un día entró en el taller de escultura de un vecino, y allí encontró un gran bloque de piedra. A los pocos meses volvió a entrar, y en el mismo sitio encontró la escultura de un caballo. Entonces le preguntó al escultor: — ¿Cómo sabías tú que dentro había un caballo? — Ésta es la especialidad del artista: encontrar el caballo (o lo que sea) que hay dentro. Ir quitando toda la piedra que sobra hasta encontrar el caballo.

Sin duda dentro de ti mismo hay una obra de arte que debes sacar a luz con persistente labor. Se trata de ir quitando lo que sobra, lo que impide ser un hombre cabal, un hijo de Dios tal como él lo soñó. “Si todos los años extirpáramos un solo vicio, pronto llegaríamos a ser hombres perfectos” (Kempis). El Señor te asiste, pon manos a la obra.



* Enviado por el P. Natalio

LA CLÍNICA JEAN MARCEL


La clínica Jean Marcel




En la clínica de un famoso cirujano cardiólogo, entra la secretaria al consultorio de éste y le anuncia que un viejito, muy pobre, deseaba consultarle, recomendado por un médico del hospital público. El cardiólogo le responde que lo atenderá, pero una vez que haya atendido a todos los clientes con órdenes médicas.

Después de dos largas horas de espera, el médico recibe al anciano y éste le explica la razón de su visita: “El médico del hospital público me ha enviado a Ud. porque únicamente un médico de su prestigio podría solucionar mi problema cardíaco y, en su clínica poseen equipos suficientes como para llevar a cabo esta operación.”

El médico ve los estudios y coincide con el colega del hospital. Le pregunta al viejito en que Clínica de Obra Social se haría operar. Y éste le contesta....... “Ahí está el problema, doctor. Yo no pertenezco a ninguna Obra Social y tampoco tengo dinero. Como verá, soy muy pobre y para peor, sin familia... Lo que le pido, sé que es mucho, pero tal vez... entre sus colegas y Ud. pudieran ayudarme...” El médico no lo dejó terminar la frase. Estaba indignado con su colega del hospital. Lo envió de regreso al paciente con una nota explicando que su “Clínica era privada y de mucho prestigio, por lo tanto no podía acceder a su pedido“. Que él había estudiado y trabajado mucho estos años para instalar su clínica y ganar el prestigio y los bienes que tenía.

Cuando el anciano se retiró el médico se percató que éste había olvidado una carpeta con unas poesías y una frase suelta que le llamó mucho la atención. La frase decía “El órgano del cuerpo que mejor habla, es el corazón” y firmaba Jean Marcel. Esa frase le gustó mucho al médico, pero lo que más le gustó fue el nombre del autor de la frase, Jean Marcel.

Le hizo recordar su niñez y juventud, pues, en la primaria, la maestra les leía sus hermosos cuentos infantiles. En la secundaria, la profesora de Literatura les enseñaba algunas de sus bellísimas poesías, y fue con una de ellas que al dedicarla a una de sus compañeras, se enamoró, y esta fue su primera novia. ”Como olvidarlo, si fue parte de lo mejor de su infancia y juventud”.

A la semana siguiente, al finalizar la jornada, la secretaria entró al consultorio con el periódico vespertino y compungida le dijo al médico, "¿Se enteró doctor? Hoy encontraron muerto a Jean Marcel en un banco de la plaza, tenía 88 años el pobre” El médico suspiró de pena y contestó “Hombres como él no deberían morir nunca, que Dios lo tenga en Paz, me hubiera gustado conocerlo”

“Pero... ¡Cómo! .... ¿Es que no lo recuerda?” le dice la secretaria, y mostrándole la fotografía del periódico, le dice, “era el pobre viejito que vino la semana pasada a consultarle. Era un conocido escritor, solitario y bohemio. No tenía parientes y...” 

El médico ya no la dejó terminar. Le pidió que se retirara y sentándose con los brazos cruzados sobre el escritorio lloró como nunca lo había hecho, como el niño que llevaba escondido en su alma. Largo tiempo estuvo solo y en el silencio de su consultorio.

Luego, mientras secaba las lágrimas de su escritorio, sacó delicadamente la imagen de Cristo que tenía debajo del cristal y, después de besarla, la guardó cuidadosamente en un cajón, mientras le decía: “Perdóname Señor, porque no soy digno de Ti, y menos soy digno de que me mires, porque además, todo lo que tengo te lo debo Ti. Tú me enviaste a un pobre que me habló con “la voz del corazón”, con tu voz... y yo NO lo escuché, solamente oí con el “oído del egoísmo”... mi vergüenza es muy grande... Perdóname Señor”

Con el correr de los años la “Clínica Jean Marcel”, como se denomina desde entonces, se hizo muy famosa. El cardiólogo habilitó un sector exclusivo para la atención de los pacientes sin órdenes médicas, y sin dinero, y es él quién personalmente, practica las operaciones que son necesarias.


Reflexión:
Cuantas veces nos habrá pasado lo mismo a nosotros. Que Dios nos ha hablado con “la voz del corazón” de alguno de nuestros hermanos y no lo hemos escuchado.... solo hemos sido egoístas...
Pidámosle a Dios que no nos suceda como a este pobre médico... que habiendo curado tantos corazones, pues no supo “escuchar al suyo propio...”

miércoles, 25 de abril de 2018

EL ABETO Y EL ESPINO


El abeto y el espino




Es fundamental convencerme que, si quiero ser yo mismo, el único punto de referencia para superarme soy yo. No necesito compararme con nadie más. Lo correcto es conocer mis talentos y habilidades, alegrarme de lo que tengo y no estar ansioso por mis límites y carencias. Que esto te ayude a vivir con equilibrio y en paz tu propia realidad.

Disputaban entre sí el abeto y el espino, a ver cuál era el mejor árbol. Se jactaba el abeto diciendo: —Soy hermoso, esbelto y alto, luzco en los parques de los reyes y sirvo para construir las naves y los techos de los templos. ¿Cómo tienes la osadía de compararte a mí, arbolito de ínfima calidad? — ¡Si recordaras -replicó el espino- las hachas y las sierras que te cortan, preferirías la suerte del espino, que sobrevive a los grandes! (Esopo)

No te compares nunca con los demás, porque todo humano tiene éxitos y fracasos, días de sol y de nublados, tiempo de risas y de duelo, épocas de penuria y prosperidad. Enumera y goza, en cambio, tus propios bienes y agradécelos al Señor y él te librará celos y envidia. Es lo que expresa este refrán: “Hueso que te tocó en parte, róelo con arte”.  



* Enviado por el P. Natalio

domingo, 25 de marzo de 2018

IDENTIFICADO CON LAS VÍCTIMAS - MEDITACIÓN DE DOMINGO DE RAMOS


IDENTIFICADO CON LAS VÍCTIMAS



Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el Imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea.

No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del Imperio y con los olvidados por la religión del Templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

En ese rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda darle culto olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.

Si Dios ha muerto identificado con las víctimas, su crucifixión se convierte en un desafío inquietante para los seguidores de Jesús. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes. No podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.

Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días. No nos está permitido seguir viviendo como espectadores de ese sufrimiento inmenso alimentando una ingenua ilusión de inocencia. Hemos de rebelarnos contra esa cultura del olvido que nos permite aislarnos de los crucificados, desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una «lejanía» donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

No podemos encerrarnos en nuestra «sociedad del bienestar», ignorando a esa otra «sociedad del malestar» en la que millones de seres humanos nacen solo para extinguirse a los pocos años de una vida que solo ha sido sufrimiento. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si la miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc 15,1-39

martes, 14 de noviembre de 2017

MÁS QUE UN ANILLO DE COMPROMISO


Más que un anillo de compromiso




Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presentó uno. La hermosa piedra, solitaria, brillaba como un diminuto sol resplandeciente.

El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo. 
¿Se va usted a casar pronto? - Le preguntó el joyero. 
No - respondió el muchacho - Ni siquiera tengo novia. 
La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.

Es para mi mamá -dijo el muchacho - Cuando yo iba a nacer estuvo sola; alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas; pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Muchos.

Fue padre y madre para mí. Fue mi amiga, mi hermana y mi maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue otro anillo de compromiso, pero será el segundo.

El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacía nada más que a los clientes importantes.

REFLEXIÓN

Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas.

Tenemos más compromisos, pero menos tiempo.

Tenemos más medicinas, pero menos salud.

Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero hemos reducido nuestros valores.

Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado.

Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino.

Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.

Tenemos mayores ingresos, pero menos moral.

Estos son tiempos con mas libertad, pero menos alegría.

Con más comida, pero menos nutrición.

Son días en los que quizás llegan dos sueldos, pero entran los divorcios.

Son tiempos de casas más bonitas, pero más hogares rotos.

No guardes nada "para una ocasión especial", porque cada día que vives es una ocasión especial.

Lee más, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las malas hierbas.

Pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos.

Come tu comida preferida y visita los sitios que te encantan.

La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es sólo para sobrevivir.

Usa tus copas de cristal; no guardes tu mejor perfume, úsalo cada vez que te den ganas de hacerlo. Las frases "Uno de estos días", "algún día", quítalas de tu vocabulario. Escribamos aquella carta que pensábamos escribir "uno de estos días".

Digamos hoy a nuestros familiares y amigos, cuánto los queremos.

Por eso, no demores nada que agregue risa y alegría en tu vida. Cada día, hora, minuto, es especial.

martes, 31 de octubre de 2017

VENGO POR TI


Vengo por ti



Vengo por ti Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días, llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar, la cual no me gustó mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta.

Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo. No entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño.

Después, tomo mi teléfono móvil para revisar los mensajes pendientes en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos. Yo quiero revisar mi smartphone con tranquilidad, y sale mi esposa con su: "¿Qué tal me ves? Me arreglé para ti".

Le digo que bien, sin despegar mis ojos de mi móvil. Para variar, se enoja conmigo por que dice que no la comprendo y que nunca la escucho. No sé por qué se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aún viendo la televisión le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos anuncios. A veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo sólo quiero descansar. Suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa.

Mi padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.

-Hola, vengo por ti.

-¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste?

-Me manda Dios por ti, dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.

-Eso no es posible, para eso tendría que estar...

-Así es, sí lo estás; ya no te preocuparás por ver a la misma gente, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con sus guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste; es más, jamás escucharás los consejos de tu padre.

-Pero... ¿Qué va a pasar con todo? ¿Con mi trabajo?

-No te preocupes; en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz porque no tenía trabajo.

-¿Y mi esposa y mi hijita?

-A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades que tú nunca observaste en ella y él acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, porque gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los días a diferencia de otras personas que no tienen nada que comer y pasan hambre hasta durante meses. Y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera de él y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar; son muy felices.

-No, no puedo estar muerto.

-Lo siento, la decisión ya fue tomada.

-Pero... eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi hijita; ni a decirle te amo a mi esposa; ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio; ni darle un abrazo a mi padre. Ya no volveré a vivir, ya no existiré más, me enterrarán en el panteón y ahí se quedará mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca más volveré a escuchar las palabras que me decían: "Hey amigo, eres el mejor"; "Hijo mío, estoy orgulloso de ti"; "Cuánto amo a mi esposo"; "Hermano mío, me alegro de que vinieras a mi casa"; "Papi..."

-No, no quiero morir; quiero vivir, envejecer junto a mi esposa, no quiero morir todavía...

-Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para siempre.

-No, no quiero, no quiero. ¡Por favor, Dios!

-¿Qué te pasa amor? ¿Tienes una pesadilla? - dijo mi esposa despertándome.

-No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creó. ¿Sabes?, Estando muerto ya nada puedes hacer y estando vivo tienes la oportunidad de hacer felices a los demás y hacer la voluntad de Dios. Una vez cerrados tus ojos, nadie te garantiza volver a abrirlos.

¡Que bello es vivir! Hoy lo logré, mañana... mañana Dios dirá

HAY PECADOS IMPERDONABLES?


¿Hay pecados imperdonables?

1) Para saber

¿Hay algún pecado que Dios no perdone? Sabemos que Dios es infinitamente misericordioso, pero hay un texto en el Evangelio que nos dice que el pecado contra el Espíritu Santo no será perdonado (cfr. Mt 12, 32; Mc 3, 29). ¿A qué se refiere este pecado?

El Magisterio de la Iglesia, a través del “Catecismo de la Iglesia Católica”, nos da la explicación: “No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna” (n. 1864).

Al habernos creado libres, Dios respeta esa libertad y si alguno no quiere arrepentirse y no pide perdón, queda sin el perdón divino.

2) Para pensar

El Papa Francisco recordó que hay dos grandes obstáculos para la reconciliación de los hombres o de los grupos o naciones:

En primer lugar, la soberbia del que no reconoce la propia culpa y se niega por tanto a pedir perdón a quienes ha podido ofender con sus actos. No recibe el perdón, quien no muestra arrepentimiento.

En segundo lugar, la soberbia de quien se considera ofendido y espera que los "ofensores" se disculpen y le pidan el perdón de sus ofensas.

En las dos partes hay obstáculos para la reconciliación porque la soberbia ofusca: agranda las ofensas cometidas por los demás y esconde nuestras culpas.

El Papa Francisco, en un discurso vibrante y encendido, se refirió al “síndrome de Jonás” como aquella enfermedad que pueden sufrir las personas de bien y que consiste en encerrarse en su propia torre de marfil. En la historia de Jonás, el Señor le pide que vaya a Nínive para advertirles de su pecado, pero Jonás huyó a otro lugar. El Papa lo explica: “Jonás tenía las cosas claras: "la doctrina es ésta y se debe hacer esto" y que los pecadores "se las arreglen ellos solos, yo me voy".

A aquellos que viven según este “síndrome de Jonás", añadió el Pontífice, Jesús "llama hipócritas, porque no quieren la salvación de la gente pobre, de los ignorantes y de los pecadores… se busca una santidad -me permito la palabra- una santidad de lavandería, toda bonita, impecable, pero sin ese celo de ir a predicar el Señor". Síndrome que consiste en no tener celo por la conversión de la gente.

Podemos pensar si no habremos contraído dicho síndrome al ocuparnos nada más de hacer bien nuestras cosas, sin atender a los necesitados.

3) Para vivir

En el momento en que uno se siente "bueno", su propia bondad se convierte en el principal obstáculo de la reconciliación. En el mismo momento en que se enroca en su castillo, se separa de los pecadores. La soberbia no sólo exalta al pecador, también lo lleva a despreciar a los demás.

Por eso el Papa nos invita a todos a salir de nosotros mismos y de ir al encuentro de los demás, sin tener en cuenta las culpas de unos y de otros. Más aún, dando el paso de reconocer nuestras culpas y de pedir perdón a quienes hemos ofendido.

Nosotros podemos siempre perdonar, aunque nadie nos haya pedido perdón. Así seguiremos el consejo de Jesús: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Mt 6,36).


Pbro. José Martínez Colín
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