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viernes, 30 de enero de 2026
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 38 - CAMBIE LA FRASE, MONSEÑOR
Semáforo 38
CAMBIE LA FRASE, MONSEÑOR
"Cuando hay que corregir, es necesario orar antes al Espíritu Santo, y después decir la cosa de buena manera, para que se vea que no es el amor propio lo que nos empuja, sino el deseo de que todos sirvan al Señor fielmente".
Como Obispo y ya antes como sacerdote Mons. Marello tenía la virtud de la bondad también en la forma de escribir. Una bondad que se ponía seria, sólo cuando chocaba con la falsedad o la malicia.
Así cuenta don Genzone:
- Un día me encontraba reunidao con Mons. Marello: a un cierto momento entró el Vicario General, mons. Pagella, con una carta, creo que era el borrador de una respuesta.
- Mire si está bien, dijo.
Yo estaba aparte, pero pude seguir la conversación.
El Obispo leyó con atención lo escrito, mostrando de vez en cuando su disconformidad. Al fin dijo a su Vicario:
Es una buena carta y me parece exacta. Sólo esta frase me parece dura en exceo (y se la indicó): sí, cámbielo; busque otra más suave... Es demasiado fuerte.
- Pero, Monseñor, dijo respetuosamente el Vicario Pagella, es una frase que he estudiado y escogido de propósito, porque conozco la persona que la va a recibir. Mire que es necesario.
- Pues bien, -concluyó el Obispo- cámbiela: usted tendrá un doble mérito: el de su sacrificio y el del mejor bien que hará al que recibirá la carta. Debemos darle la impresión que le queremos, a pesar de todo.
Lo que nos parece justo no está siempre lleno de auténtica caridad.
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 37 - ¡Y FUE OBISPO POR OBEDIENCIA AL PAPA!
Semáforo 37
¡Y FUE OBISPO POR OBEDIENCIA AL PAPA!
"Ensanchemos nuestro corazón y echémonos con eterna confianza en los brazos de María: ella no nos va a abandonar".
San José Marello
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El 23 de noviembre de 1888, Mons. Ronco, Obispo de Asti, le llevo al Can. José Marello el nombramiento oficial de Obispo de Acqui.
El se quedó azorado: una avalancha de problemas se desencadenaba con ese nombramiento.
También sus Oblatos quedaban afectados: unos se sentían contentos por el honor que le habían dado al Padre, otros se sintieron llenos de temor porque tendría que dejarlos.
Mons. Marello se preguntaba quién podría ayudarlo a entender bien las cosas, para decidir que hacer...
Le vino a la mente un gran personaje de aquel tiempo: el Arzobispo de Turín, el Card. Alimonda. Y así salió para Turín.
El Cardenal le escuchó con mucha benevolencia, le dejó que hablara todo lo que sentía. Al final le contesto:
- El Santo Padre siente mucha pena cuando ve que los que él escoge como Pastores porfían en negarse a aceptar. No le dé este disgusto al Papa; además, con dificultad aceptaría la negativa. Acepte, y deje a Dios sus dificultades.
¿Podría el Canónigo dar un disgusto al Papa? ¡No, de ninguna manera!
Le tocaba a la Virgen María venir en su ayuda en esta situación tan difícil. El Canónigo fue al Santuario de la Consolata, el más conocido en Turín; oró largamente. Poquito a poco sintió una gran paz, como si Ella le hubiera dicho:
-"No tengas miedo. Estaré contigo en cualquier parte".
Volvió a Asti teniendo en el corazón su respuesta: ¡Sí!.
Y José Marello se convirtió en Mons. Marello, Obispo de Acqui.
A Mons. Ronco que le preguntaba qué tenía que contestar al Papa, dijo:
- Conteste al Santo Padre que obedezco.
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 36 - INTERVENCIÓN MISTERIOSA
Semáforo 36
INTERVENCIÓN MISTERIOSA
"El Señor está siempre dispuesto a ayudarnos; pero quiere nuestra cooperación. Él nos concede los favores, pero quiere que sepamos recibirlos con nuestra buena voluntad, recta intención y esfuerzo en practicar la virtud".
San José Marello
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Los percances en el mundo de los muchachos no son una invención moderna. Siempre ha habido y a veces son más grandes que de los mayores.
Este incidente pasó en el patio de juegos de Santa Chiara y le ocurrión al que fue después don Sabione.
-Un día- narra él -, estaba yo jugando en el columpio, mientras los otros esperaban turno.
En un cierto momento, uno de ellos, no sé si por cólera o por malcriadez, me arrancó el asiento mientras yo estaba volando a la máxima altura. Como yo, medio fanfarrón, no estaba agarrado de la soga, el estirón y el empuje me hicieron volar y fui a chocar con la cabeza contra uno de los pilares de la casa. Como consecuencia del impacto caí desmayado.
Supe después lo que había pasado. De inmediato llamaron al Marrello; acudió él, me tomo del brazo, y levantándolo un poco, me dió su bendición y dijo:
-Ahora nadie lo toque: se va a despertar y hablará él mismo.
Cuando más tarde volví en mí, no entendía nada.
-¿Qué día es? pregunté.
Todos me miraban pasmados, poquito a poco me levanté para sentarme... En la tarde ya todo estaba olvidado. Pero sigo llevano la marca en la cabeza; debe haber sido un golpe formidable. En efecto se me ha quedado un hundimiento en la caja del cráneo.
Eso pasó en 1888. Siempre he tenido la impresión de que ha sido la bendición del Padre la que me sanó rapidamente...
Ocurre con frecuencia que la Providencia pone remedio a nuestros equívocos o nuestras maldades, por medio de los que llamamos "santos".
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 35 - CARIDAD Y FINEZA
Semáforo 35
CARIDAD Y FINEZA
"Cuando hacemos el bien no debemos poner ninguna restricción: ni de persona, ni de lugar, ni de religión, a todos debemos hacer llegar nuestra caridad"
San José Marello
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Por muchos años José Marello, a pesar de todos los cargos que tenía, canónigo, archidiácono de la catedral... siguió solicitándo los servicios del mismo barbero, uno muy anciano.
Al despacho del anciano trabajador de navaja ya eran pocos los clientes que entraban. Debido a su edad, de vez en cuando debaja unas marcas en la cara de los desafortunados que se sometían a sus instrumentos.
También la cara del Canónigo llevaba a veces los rastros de una dura batalla del barbero para arrancarle los pelos de la barba. Algunos le dijeron más de una vez:¿Por qué sigue haciéndose afeitar por aquel fulano?¿Por qué no va a otro barbero? Hay tantos mejores que él, no hay duda. ¿No ve qué le han hecho en la cara?
Y esta era la respuesta del Padre:
-"El pobrecito no podría vivir si no se le hace una caridad. Pues hacerle la caridad sin darle la oportunidad de ejercer su arte, sería quizá una humillación para él, después de tantos años de trabajo honrado.
Y así continuó frecuentando el mismo barbero, mientras vivió en Asti.
También esta delicadeza por mirar al bien de otro más que al suyo propio, es una característica de la caridad de los Santos.
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 34 - CATECISMO, CATECISMO
Semáforo 34
CATECISMO, CATECISMO
"Hay que volver al catecismo, el libro por excelencia, que tiene una verdad, un consejo, una enseñanza para todos."
San José Marello
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En 1884, en la iglesia de Santa Chiara, reabierta al culto, el Can. Marello quiso intentar una iniciativa revolucionaria, para esos tiempos y para Asti: el catecismo nocturno para obreros durante la Cuaresma.
Otros más prudentes, claramente opinaron en contra, sería una novedad que corría el riesgo de terminar en ser el chiste del año en la ciudad.
Pero él quiso intentar. Así, durante la Cuaresma organizó el catecismo, turno de la noche, para los obreros de la ciudad.
Entre los que daban clases estaba el Marello y algunos de los Hermanos, los más capacitados. No se hacía ilusiones sobre una participación en masa.
En realidad la concurrencia fue más de lo esperado, y tuvo que dividirlos en varios grupos y buscar otros voluntarios para la enseñanza.
- Habían jóvenes, dice el Hno. Navone, que tenían más de veinte años y ni siguiera sbaía persignarse ni decir el padre nuestro.
Terminó el curso de catecismo con la Comunión general: a cada uno de ellos el Padre le dio un pequeño regalo como recuerdo.
La satisfacción más grande fue la de haber probado que se podía hacer y que la gente de Asti no era tan mala como se decía.
Ese caso excepcional del catecismo fue el germen de un apostolado al que se dedicarían más tarde los Oblatos.
El Can. Marello estaba convencido de que la causa de todos los males morales y sociales era la ignorancia religiosa a la que había de derrotar con una buena dosis de catecismo.
Y Dios sabe que él tenía razón. Demasiadas veces la religiosidad popular no tiene bases sólidas en una fe consciente y clara. Eso lleva a una fácil forma de ateísmo.
Cuando el Can. Marello fue Obispo de Acqui envió a sus fieles dos cartas pastorales particulares: la primera de 1892 sobre la instrucción y educación religiosa de la juventud y en 1894 sobre el Catecismo.
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 33 - LA BONDAD ES SENCILLA
Semáforo 33
LA BONDAD ES SENCILLA
"Seamos muy tolerantes con el prójimo: tolerantes en los pensamientos, en los juicios, en la mirada, en todo"
San José Marello
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Es decir que no es sofisticada en su raciocinios y que por eso puede parecer ingenua, y casi torpe. Puede parecer, que no lo es.
Siempre hay gente que llamamos "aprovechada", que se pegan a las personas generosas, para sacar ventajas sin mucho esfuerzo.
Mons. Marello encontró a mucho de esa clase. Algunos se han quedado con esta fama.
Todos los días el Can. Marello tenía que ir de Santa Chiara a la Curia o a la Catedral. Pues bien, todos los días encontraba a uno que vendía en la calle de todo un poco: betún para zapatos, fósforos, botones, etc.
Todos los días se acercaba apresuradamente al Canónigo que pasaba, para venderle una cajita de fósforos, tal vez a un precio subido, para aumentar su ganancia.
El Can. Marello se daba cuenta que el negocio le salía muy cómodo al ambulante, porque lo hacía todos los días. Y naturalmente el Canónigo no necesitaba tantos fósforos. Habría podido decirle con tranquilidad y sin falta a la caridad: gracias, no los necesito.
Pero él era un sacerdote, entendía que el vendedor quería apoyar su oferta justamente sobre el hecho de que era sacerdote. Por eso Don José nunca pudo negarse a un acto de caridad.
Así día a día, por muchos años compró la cajita de fósforos. Sólo para no empañar la imagen de su sacerdocio, para no desfigurar a Cristo a quien él representaba.
Es verdad el dicho: -"La verdadera caridad no es pesada y a menudo se hace la vista gorda."
SEMÁFORO N° 32 - AMIGO DE LOS TRABAJADORES - SAN JOSÉ MARELLO
Semáforo 32
AMIGO DE LOS TRABAJADORES
"Más vale un pensamiento de caridad que sale del corazón del Cottolengo, que miles de proyectos filantrópicos que se quiere promover a costa de millones de exprimidos de las venas del pueblo"
San José Marello
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La bondad de Marello no se limitaba a los pobres, enfermos. Se extendía a todos los que se consideran "necesitados". Por consiguiente también a la gente del trabajo especialmente en aquel tiempo cuando los trabajadores no gozaban de la protección de la que gozan ahora.
Particularmente como secretario del Obispo habrá tenido que entrar en las fábricas no pocas veces, y no precisamente como la sombra del Obispo. Su presencia debe haber sido activa en bien de los obreros, de los trabajadores.
Esto nos enseña un testimonio muy preciso que nos trae nuestro cohermano don Jacinto Carreto, cuando trabajaba como capellán de Trabajo.
Recuerdo, dice él, que como capellán de Trabajo tomé parte en una ceremonia pascual de una fábrica de Asti...
Hablando con los obreros, uno de ellos, habiendo oído que yo era de los Oblatos de San José, fundado por Mons. Marello, dijo:
- Hace muchos años tu Fundador trabajaba por nuestra casas; nuestros ancianos lo recuerdan como un apóstol eficiente que supo hacer mucho bien para nosotros.
Desafortunadamente la memoria de ellos no nos ha dejado ningún caso concreto sobre el asunto.
FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 31 - ELLOS SON MI ALEGRÍA
Semáforo 31
ELLOS SON MI ALEGRÍA
"Tenemos que sufrir muchas contrariedades en el cuerpo y en el espíritu, pero ésta es nuestra misión: llevar generosamente la cruz siguiendo las huellas de nuestro Maestro"
San José Marello
No hay duda de que José Marello, joven sacerdote habría podido tener una espléndida carrera. Rico en dotes intelectuales y humanas podía verdaderamente medrar.
Mucha gente subrayaba esta riqueza de mente y capacidad y no podía entender cómo había podido sepultarse en Santa Chiara, donde su vida no tenía ninguna de las características que según el mundo hace la vida bella y regalada.
Las "dignidades" eclesiásticas le caían como un vestido de lujo del que él habría podido gloriarse. El las usaba sólo como un motivo más para servicio de la diócesis. No las buscaba, no le gustaban, no hacía alarde de ellas.
También para sus amigos y compañeros era un absurdo que tuviera escondido tantas dotes.
- Podría resplandecer en la diócesis, en la Iglesia, decían, podría avanzar mucho en camino de la gloria y prefiere sepultarse entre esos viejos.
En cuanto a esos "viejos" del asilo de Santa Chiara, José Marello los visitaba con frecuencia, llevándoles todo el consuelo y la ayuda espiritual y material que podía, junto con una sonrisa bondadosa.
Los santos saben conocer los verdaderos valores, no los falsos que la gente aprecia: ellos saben escoger los valores que no se pierden nunca, lo que vale una eternidad.
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