domingo, 24 de junio de 2018

COSECHA SALVADA


Cosecha salvada



En el evangelio leemos que Jesús dijo: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. El error del hombre consiste en buscar con afán en primer lugar las cosas de la tierra, los intereses propios, mientras le dan a Dios las migajas de su tiempo y de su amor. Y así le van sus asuntos… Una anécdota de Don Bosco.

En 1864 Don Bosco predicó por tres días antes de la fiesta de la Asunción en Montemagno. Una larga sequía amenazaba las cosechas. —Si vienen al sermón —dijo el Santo—  los tres días y se confiesan y todos comulgan el día de la fiesta, la Virgen enviará una lluvia que salvará la cosecha. La gente acudió con fe al triduo, y se confesó, mientras los pueblos vecinos se burlaban. El día de la fiesta amaneció sin una nube. Todo el pueblo comulgó. Al atardecer se cantaron salmos, pero el cielo seguía limpio. Alguno pensó que Don Bosco había fallado. —Cantemos el Magníficat —dijo el santo— ¡Fe en la Virgen! Una lluvia mansa comenzó a repiquetear en las ventanas y techos. La alegría fue grande porque la cosecha estaba salvada.

Se trata de tener un amor tan firme a Dios que lo tengamos en el primer lugar de nuestro afecto, preocupaciones, tiempo… Hay un motivo fundamental: Dios nos ama tanto, se ha jugado tanto por nosotros, que no nos queda sino organizar toda nuestra vida como respuesta coherente a su inmensa bondad. Pide al Espíritu Santo te inflame en amor a Dios.
* Enviado por el P. Natalio

JUAN BAUTISTA, UN GRAN HOMBRE


Juan Bautista un gran hombre
Juan bautiza a quienes le hacen caso y quieren cambiar. Hoy te invita a que cambies tu.


Por: Archidiócesis de Madrid | Fuente: Archidiócesis de Madrid 




La madre, Isabel, había escuchado no hace mucho la encantadora oración que salió espontáneamente de la boca de su prima María y que traía resonancias, como un eco lejano, del antiguo Israel. Zacarías, el padre de la criatura, permanece mudo, aunque por señas quiere hacerse entender.

Las concisas palabras del Evangelio, porque es así de escueta la narración del nacimiento después del milagroso hecho de su concepción en la mayor de las desesperanzas de sus padres, encubren la realidad que está más llena de colorido en la pequeña aldea de Zacarías e Isabel; con lógica humana y social comunes se tienen los acontecimientos de una familia como propios de todas; en la pequeña población las penas y las alegrías son de todos, los miedos y los triunfos se comparten por igual, tanto como los temores. Este nacimiento era esperado con angustiosa curiosidad. ¡Tantos años de espera! Y ahora en la ancianidad... El acontecimiento inusitado cambia la rutina gris de la gente. Por eso aquel día la noticia voló de boca en boca entre los paisanos, pasa de los corros a los tajos y hasta al campo se atrevieron a mandar recados ¡Ya ha nacido el niño y nació bien! ¡Madre e hijo se encuentran estupendamente, el acontecimiento ha sido todo un éxito!

Y a la casa llegan las felicitaciones y los parabienes. Primero, los vecinos que no se apartaron ni un minuto del portal; luego llegan otros y otros más. Por un rato, el tin-tin del herrero ha dejado de sonar. En la fuente, Betsabé rompió un cántaro, cuando resbaló emocionada por lo que contaban las comadres. Parece que hasta los perros ladran con más fuerza y los asnos rebuznan con más gracia. Todo es alegría en la pequeña aldea.

Llegó el día octavo para la circuncisión y se le debe poner el nombre por el que se le nombrará para toda la vida. Un imparcial observador descubre desde fuera que ha habido discusiones entre los parientes que han llegado desde otros pueblos para la ceremonia; tuvieron un forcejeo por la cuestión del nombre -el clan manda mucho- y parece que prevalece la elección del nombre de Zacarías que es el que lleva el padre. Pero el anciano Zacarías está inquieto y se diría que parece protestar. Cuando llega el momento decisivo, lo escribe con el punzón en una tablilla y decide que se llame Juan. No se sabe muy bien lo que ha pasado, pero lo cierto es que todo cambió. Ahora Zacarías habla, ha recuperado la facultad de expresarse del modo más natural y anda por ahí bendiciendo al Dios de Israel, a boca llena, porque se ha dignado visitar y redimir a su pueblo.

Ya no se habla más del niño hasta que llega la próxima manifestación del Reino en la que interviene. Unos dicen que tuvo que ser escondido en el desierto para librarlo de una matanza que Herodes provocó entre los bebés para salvar su reino; otros dijeron que en Qunram se hizo asceta con los esenios. El oscuro espacio intermedio no dice nada seguro hasta que «en el desierto vino la palabra de Dios sobre Juan». Se sabe que, a partir de ahora, comienza a predicar en el Jordán, ejemplarizando y gritando: ¡conversión! Bautiza a quienes le hacen caso y quieren cambiar. Todos dicen que su energía y fuerza es más que la de un profeta; hasta el mismísimo Herodes a quien no le importa demasiado Dios se ha dejado impresionar.

Y eso que él no es la Luz, sino sólo su testigo.

"Quien me reconocerá delante a los hombres, también yo lo reconoceré delante a mi Padre que está en los cielos".

La obra de la redención, el triunfo del Reino Amor sobre el de las tinieblas se realiza en medio de la pobreza y de la persecución. Así llevó a cabo su misión el mismo Cristo, así cumplió su misión también Juan el Bautista. A los ojos del mundo parece un derrotado: prisionero, aborrecido por los poderosos según el mundo, decapitado, sepultado.

Y sin embargo, es precisamente ahora, cuando la semilla que cae en tierra y muere, comienza a dar sus frutos. Esta derrota aparente es tan solo la antesala, el preludio de una victoria definitiva: la de la Resurrección. Entonces le veremos y ésa será nuestra gloria y nuestra corona.

Nuestra vida de cristianos, si es una auténtico seguimiento de Cristo, es una peregrinación "en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios". Sí, llegan los ataques, las calumnias, las persecuciones... pero ellos son sólo una señal de que vivimos el amor, animados por el Espíritu Santo.

Pero, si somos de Dios, si Dios nos ama y somos su pueblo... ¿Qué otra cosa importa? Él nos ama y nos quiere ver semejantes a su Hijo, como una hostia blanca dorándose bajo el sol. Sólo nos toca abandonarnos confiadamente entre sus manos, para que así pueda transformarnos en Cristo.


LA FAMILIA ES EL SANTUARIO DE LA VIDA, AFIRMA EL PAPA FRANCISCO


La familia es el santuario de la vida, afirma el Papa Francisco
Redacción ACI Prensa
 Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa




Una vez más, el Papa Francisco recordó la importancia de la familia, pues es “un santuario de la vida”, y recordó que “en la gestación de un hijo, los padres actúan como colaboradores de Dios”.

Antes del rezo del Ángelus este domingo 24 de junio, día en que la Iglesia celebra el nacimiento de San Juan Bautista, el Santo Padre destacó cómo el nacimiento del primo de Jesús “iluminó la vida de sus padres, Isabel y Zacarías, y llenó de alegría y de estupor a sus familiares y vecinos”.

“Estos padres ancianos habían soñado y preparado aquel día, pero ya no lo esperaban más: se sentían excluidos, humillados, decepcionados”. Entonces, “ante el anuncio del nacimiento de un hijo, Zacarías se mostró incrédulo, porque las leyes naturales no lo consentían”. Como consecuencia, “el Señor dejó mudo a Zacarías durante el tiempo de la gestación”.


De esta reacción de Zacarías y de su consecuente enmudecimiento, el Papa sacó una lección: “Dios no depende de nuestras lógicas y de nuestras limitadas capacidades humanas, Es necesario aprender a fiarse y a callar ante el misterio de Dios, y contemplar en humildad y silencio su obra que se revela en la historia y que tantas veces supera nuestra imaginación”.

“Todo el suceso del nacimiento de Juan Bautista está rodeado de un alegre sentimiento de estupor, de sorpresa, de agradecimiento: la gente estaba presa de un santo temor de Dios, ‘y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas’, dice el Evangelio”.

 “El pueblo fiel –observó el Papa– intuye que ha sucedido algo grande, incluso a pesar de ser algo humilde y desconocido, y se pregunta: ‘¿Qué será este niño?’”.

Ante ese estupor, esa sorpresa y ese agradecimiento, Francisco invitó a hacer examen de conciencia y preguntarse: “¿Cómo es mi fe? ¿Es alegre o plana? ¿He experimentado el estupor cuando he oído hablar de la evangelización? ¿Siento la gracia dentro de mí? ¿Sé sentir el consuelo del Espíritu o permanezco cerrado a Él? ¿Cómo es nuestra fe? ¿Está abierta a las sorpresas de Dios?”.

El Papa finalizó su reflexión pidiendo a la Virgen “que nos ayude a comprender que cada persona humana tiene la impronta de Dios, fuente de vida”.

NARDOS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, 24 JUNIO


Nardo del 24 de Junio
¡Oh Sagrado Corazón, que te hiciste mi hermano!

Meditación: Pobre, mi Jesús, que con dulzura nos quieres llevar a la Tierra Prometida. ¿Sabes, Señor, qué pienso cuando aún te miro clavado en el Madero...cuando veo Tu Corazón sangrar?. Con un suspiro lleno de dolor quisiera bajarte de la Cruz, sacarte esos clavos, borrar de Tu Frente todos los pecados que desfiguraron Tu Amado Rostro Santo. Y Tú, con esa Mirada pides amor en un mundo que se olvidó de Dios, que sólo busca el placer, la vanidad, no pensar en los demás para vivir en el yo. Señor, qué lejos de Tus enseñanzas Tú nos viniste a liberar, a mostrar que teníamos que morir a nosotros mismos para vivir en Cristo. Señor, darse por los demás hasta morir. Sí, Tú me lo viniste a decir y yo lo olvidé, el mundo me hizo sordo de corazón y dejé de oír Tu Voz. Creí que yo solo podía, que triunfaría y viviría la buena vida. ¿Qué vida, Señor, si así yo moría, y a pesar de que todo tenía me encontraba con el alma vacía?. Jesús, mi amado, Jesús, mi hermano que todo nos has dado, hazme escuchar Tu hermosa Voz como mi hermano mayor que me miras y me guías, y eres fuente de verdadera alegría. Porque sabes, mi Señor, aún cuando todo me sacaras, si aun tengo Tu Mirada. destella mi alma porque sé que Tú me amas.

Jaculatoria: ¡Enamorándome de Ti, mi Amado Jesús!

¡Oh Amadísimo, Oh Piadosísimo Sagrado Corazón de Jesús!, dame Tu Luz, enciende en mí el ardor del Amor, que sos Vos, y haz que cada Latido sea guardado en el Sagrario, para que yo pueda rescatarlo al buscarlo en el Pan Sagrado, y de este modo vivas en mí y te pueda decir siempre si. Amén.

Florecilla: Seamos sencillos y regalemos sonrisas y consuelo a todos los que están sufriendo, aún cuando nosotros estemos en el huerto.

Oración: Diez Padre Nuestros, un Ave María y un Gloria.

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 24 JUNIO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
24 junio




Jesús llama a sí e invita a todos los que se hallan oprimidos por algún pesar, a los que sufren cualquier dolor y miseria y a todos promete consuelo y alivio.  En su compañía y en su trato hallarán la paz para el alma y el alivio para todas sus penas.

A veces el peso de la vida, con sus variadas circunstancias, puede tornarse difícil y pesado; el cumplimiento del deber con no poca frecuencia resulta duro y arduo; también permite el Señor, con alguna frecuencia, que los mismos que nos rodean, quizá aun involuntariamente y con la mejor buena voluntad, nos hagan sufrir, produzcan un vacío a nuestro alrededor, olviden nuestro actuar, sospechen en nosotros intenciones que nunca cruzaron siquiera por nuestra mente.,,

En circunstancias tales o parecidas, el recurso al Corazón de Cristo es el lenitivo más eficaz y seguro; allí encontraremos paz y alivio, suavidad y calor de comprensión y afecto.


P. Alfonso Milagro


EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 24 JUNIO 2018 - NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA


Lecturas de hoy Natividad de san Juan Bautista
Hoy, domingo, 24 de junio de 2018



Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios


Salmo
Sal 138,1-3.13-14.15

R/. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, tú me sondeas y me conoces; 
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R/.

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.


Segunda lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):

En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»



Palabra de Dios
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. 
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy domingo, 24 de junio de 2018
 Fernando Torres cmf


¿Qué va a ser de este niño?

      La fiesta de hoy está marcada por la alegría. ¿Quién no se alegra con el nacimiento de un niño? Por la sencilla razón de que un niño recién nacido es signo de esperanza. Es la vida que brota nueva. Es la primavera. Es la promesa de futuro hecha realidad. El niño recién nacido, sin hacer nada, cambia las relaciones de los esposos, insufla nueva vida a los abuelos, genera una nueva forma de estar en los otros hermanos. Y todos celebran esa alegría. El Bautizo no es más que la expresión y la celebración en cristiano de esa alegría vital que se origina en todos los que viven de cerca, familiares y amigos, la experiencia de la vida que puja por seguir, por crecer, de la vida que quiere vivir. ¡Y qué mejor expresión de esa vida que la criatura recién nacida!

Comentario evangelio Domingo 24 de Junio      Celebramos la natividad de Juan Bautista. La alegría es, si cabe, mayor, porque la madre por su edad ya no era fértil. También el padre era mayor. No habían sido bendecidos con otros hijos. Con ellos se agotaba la familia, la estirpe. La muerte amenazaba a aquella familia. Por eso la alegría de aquel nacimiento fue mayor de lo normal. La celebración sería por todo lo alto. No era para menos. Todos se sentían llenos de esperanza. Podían mirar al futuro con tranquilidad. Había un niño que extendería la vida de la familia, que portaría su nombre. 

      Y, entonces, surge la pregunta. ¿Qué será ese niño cuando sea mayor? Un niño es siempre una pregunta abierta. La respuesta se irá dando con el paso del tiempo. Cuando crezca, cuando madure, cuando forme él mismo una familia, cuando con su trabajo contribuya al bien común. ¿Qué será de este niño?

      El futuro de un niño es siempre una sorpresa. Y Juan fue una sorpresa para sus familiares. Su vida no le llevó a hacer un trabajo normal sino a alentar la esperanza del pueblo. ¿Qué trabajo mejor que alentar la esperanza de los demás?

      No se propuso a sí mismo como líder sino que invitó a todos a mirar al que tenía que venir, al que iba a colmar las esperanzas y deseos de todos. Juan se convirtió en el precursor, en el que anunció la llegada inminente del Salvador. No dijo a la gente que le mirase ni que le siguiese a él, sino que señaló a Jesús e invitó a todos a que le siguiesen. 

      Así se convirtió en modelo del evangelizador cristiano. No se trata de colocarnos en el medio y decir que nos miren y sigan a nosotros, sino de ayudar a todos a que se encuentren con Jesús, a que descubran el Evangelio. Lo nuestro es echarnos a un lado para que Jesús sea el protagonista. Como hizo Juan. 



Para la reflexión

¿Tenemos claro que Jesús es la fuente de nuestra esperanza y de nuestra alegría?¿Comunicamos con nuestras obras, actitudes, forma de hablar, esperanza a las personas que nos encontramos? ¿O nos dejamos llevar por el pesimismo?

FELIZ DOMINGO





sábado, 23 de junio de 2018

NO OS PREOCUPÉIS Y ANGUSTIÉIS


¡No os preocupéis y angustiéis!
Hay que cuidar que las preocupaciones no nos paralicen.


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer 




Mateo 6, 24-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Reflexión
1. Jesús, en el Evangelio de hoy, nos revela el rostro de Dios-Padre: su amor paternal que se manifiesta en su providencia para con cada hombre.
Sabemos que el Padre tiene un plan de vida, que es un plan de amor, para cada uno de sus hijos, para cada uno de nosotros. Por medio de este plan providente quiere conducir y llevarnos a su reino, hacia su casa paterna. No sólo nos creó, sino también nos provee y cuida de todos nuestros pasos.
Y si ya vela con solicitud sobre criaturas insignificantes como “los pájaros del cielo” y “los lirios del campo”, aún cuando no hacen nada - cuánto más cuidado tendrá de estas criaturas más dignas y preferidas que somos nosotros.

2. Por eso, Jesús nos exhorta: ¡No os angustiéis! ¡No os preocupéis!
Pero esto no nos impide trabajar, sino todo lo contrario: el Evangelio da ánimo para trabajar. Cristo alaba al criado que, cuando viene su dueño, está ocupado (Lc 12,43). Cristo no quiere gente ociosa. Él condena, en la parábola de los talentos, al criado infiel por no haber hecho fructificar su talento.

La verdadera fe no tiene nada que ver con la ociosidad, con la pasividad. El cristiano no tiene nada que ver con el fatalista. Dios nos ha dado la capacidad para el trabajo. Éste es el primero de sus dones, la primera señal de su providencia.

Cristo no nos pone en guardia contra la ocupación, sino contra la preocupación - ni contra el trabajo, sino contra la intranquilidad. “No os preocupéis diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”

Hay que ocuparse, razonablemente, de todo esto, pero sin intranquilizarse, porque la intranquilidad es precisamente lo que paraliza la acción, lo que impide obrar como es debido.

3. Lo que Cristo nos pide, en el Evangelio de hoy, es la cosa más natural del mundo: la confianza. Es la misma confianza, que acá en la tierra el hijo da a sus padres, el marido a su esposa, el alumno a su maestro. Lo que es indispensable en las relaciones sociales, Dios-Padre lo espera también de nosotros: que tengamos confianza en Él.

Si estamos inquietos, angustiados, nerviosos - es probable que ello ocurra porque nos falta la confianza en Dios. Es el miedo que paraliza y hace ineficaz el esfuerzo. Cuando mejor se trabaja es cuando hay confianza.

Dios está con nosotros en nuestra vida, en cada momento, hoy y también mañana. ¡Contamos cada día con Él! La inquietud por el mañana perjudica el trabajo de hoy: “No os inquietéis por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción”.

4. Pero Cristo no condena la previsión ni el ahorro. Tenemos que saber prever razonablemente las cosas y estamos obligados a ahorrar.
Pero no exijamos una seguridad total, porque no la tendremos nunca. Es preciso aceptar cierta inseguridad necesaria. Tenemos que asegurarnos, pero no es posible que nos aseguremos contra todo. No hay que buscar el medio de poder prescindir de la providencia.

Incluso con los hijos: tenemos que saber pensar en ellos, pero no protegerlos contra la providencia. No debe-mos enseñarles que puedan prescindir del Padre. Por supuesto, tenemos que amarlos, educarlos bien, instruirlos todo lo que podamos, darles las mejores posibilidades para el porvenir.
Pero, sobre todo, debemos enseñarles la alegría y la tranquilidad de que tienen un Padre en el cielo, y que - como nosotros - pueden poner en Él toda su confianza filial.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

NARDOS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, 23 JUNIO


Nardo del 23 de Junio
¡Oh Sagrado Corazón, abundancia de Amor!

Meditación: ¡Oh Señor!. Quién pudiera conocerte verdaderamente a Vos, Señor que te hiciste Hombre y pescador, para enseñarnos a trabajar en el Amor. ¡Oh Señor!, que a todos buscas. Tú, el Rey, te sentabas en una barca y desde el lago de Galilea enseñabas Tu Palabra. Tú, que a los leprosos curabas y sanabas las almas. Tu mirada era sólo Amor y ofrenda del dolor que causaba el hedor de las almas putrefactas. Tú, Señor, que conoces todos nuestros pecados pero a pesar de eso nos sigues amando. Tú, que por nosotros te sigues dando, para que volvamos a Tu lado. Tú, Señor, que por gran Misterio nos quieres dar un corazón nuevo para nacer a Vos y vivir en unión con Nuestro Creador. Señor, que nos regalas la esperanza de habitar algún día en eterna alabanza en la Morada Santa, permite a este siervo Tuyo tirar las redes para llevar a mis hermanos hacia Tus Benditas Manos.

Jaculatoria: ¡Enamorándome de Ti, mi Amado Jesús!

¡Oh Amadísimo, Oh Piadosísimo Sagrado Corazón de Jesús!, dame Tu Luz, enciende en mí el ardor del Amor, que sos Vos, y haz que cada Latido sea guardado en el Sagrario, para que yo pueda rescatarlo al buscarlo en el Pan Sagrado, y de este modo vivas en mí y te pueda decir siempre si. Amén.

Florecilla: Pidamos al Señor, en humilde oración, que podamos ayudar a la conversión de nuestros hermanos.

Oración: Diez Padre Nuestros, un Ave María y un Gloria.

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 23 JUNIO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
23 junio




Uno de los rasgos distintivos del Corazón de Jesús, que aparece magníficamente en todas las páginas del Evangelio, es su compasión y misericordia por los pobres materiales y espirituales.

Al ver aquella gente abandonada sin pastores que le enseñen las verdades que necesitan para su alma, se compadece de ellos y prefiere que sus apóstoles se queden sin el descanso que necesitan, antes que abandonarlos.

Este ha de ser también el rasgo distintivo del corazón del apóstol. Un corazón verdaderamente apostólico no puede permanecer indiferente ante las necesidades espirituales de los hombres. Ni cree que es razón suficiente el procurase el descanso que necesita, para dejar de hacerles el bien que están pidiendo y necesitando.

Mira a tu alrededor y verás cuántas personas hay necesitadas de Dios, de alguien que les hable de Dios, que les de el Pan de la divina Palabra.


P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DE HOY SÁBADO 23 JUNIO 2018


Lecturas de hoy Sábado de la 11ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy, sábado, 23 de junio de 2018



Primera lectura
Lectura del segundo libro de las Crónicas (24,17-25):

Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones. 
Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor, y él os abandona.» 
Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: «¡Que el Señor juzgue y sentencie!» 
Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá, hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme, porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en las tumbas de los reyes.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 88,4-5.29-30.31-32.33-34

R/. Le mantendré eternamente mi favor

Sellé una alianza con mi elegido, 
jurando a David, mi siervo: 
«Te fundaré un linaje perpetuo, 
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

«Le mantendré eternamente mi favor, 
y mi alianza con él será estable; 
le daré una posteridad perpetua 
y un trono duradero como el cielo.» R/.

«Si sus hijos abandonan mi ley 
y no siguen mis mandamientos, 
si profanan mis preceptos 
y no guardan mis mandatos.» R/. 

«Castigaré con la vara sus pecados 
y a latigazos sus culpas; 
pero no les retiraré mi favor 
ni desmentiré mi fidelidad.» R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy sábado, 23 de junio de 2018
 Aristóbulo Llorente cmf


      El espectáculo de la primera lectura es digno de ser tenido en cuenta. Aquellas familias reales se sentían no servidores del pueblo que Dios les había encomendado sino dueños de sus vidas y destinos. Su función principal era la de luchar entre ellos tratando todos de quedarse con la porción mayor del pastel. El deseo de poder y de riquezas les llenaba de tal modo que no tenían tiempo para dedicarse a otras cosas. Lo peor de todo el resultado: terminaban matándose entre sí, destrozándose unos a otros. ¡Tantos esfuerzos para nada! ¡Tanta inteligencia derrochada para terminar muriendo en un enfrentamiento fratricida! ¡Tanto deseo de conseguirlo todo para, en realidad, perderlo todo!

      Como siempre Jesús nos vuelve al sentido común, a lo que es más importante en la vida. ¿Creéis que es posible servir al mismo tiempo a vuestros deseos de poder y de riquezas y a la fraternidad del Reino que es lo que Dios quiere que hagamos? Es imposible. Son cosas que no pueden caminar juntas. Ya decía Mafalda, aquella niña argentina genial que Quino dibujó tantas veces, que es imposible amasar una fortuna sin antes hacer harina a los demás. Es un poco exagerado pero tiene mucho de verdad. 

      Pero Jesús va más allá. No sólo se trata de que no se pueda servir a dos señores. Es que además uno de esos señores, el de las riquezas y el poder, no es en realidad un señor. Es más bien el atajo que nos lleva a la soledad y a la muerte. Vivir agobiados por esos deseos es perdernos lo mejor de la vida, que es el encuentro gozoso con los hermanos, el trabajo común para construir un mundo mejor y más justo. Donde nadie sea excluido y, como consecuencia, yo, cada uno de nosotros, también tenga un lugar. Donde puedo vivir en comunidad sin sentirme amenazado. Donde pueda vivir en paz. 

      Porque aquellos que buscan sólo el poder, las riquezas, el estar por encima de los demás, viven siempre amenazados, tienen miedo. Los demás son siempre una amenaza. Por arriba que hayan llegado en la escala social siempre están amenazados de caer. Y, quizá porque han subido mucho, la caída es mucho más dura. Los que se entregan a esas pasiones no conocen la paz ni el descanso, no conocen el gozo de dar la mano al hermano y compartir las esperanzas y las alegrías, y también los dolores y las penas, con los que nos rodean. Viven siempre solos y atemorizados. No conocen la verdadera amistad porque desconfían de todos. No vale la pena vivir así. 

      Lo que Jesús nos dice es que vale mucho más la pena trabajar por la fraternidad y la justicia, por la vida de todos, por el bien de todos. Ahí sí que podemos encontrar la felicidad, la paz, la tranquilidad. Sin agobiarnos. Sin vivir atemorizados. Porque sabemos que, buscando el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se nos dará por añadidura.

FELIZ FIN DE SEMANA




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