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jueves, 9 de agosto de 2018

3 PASOS SENCILLOS PARA QUE PUEDAS ORAR


¡A mí, Dios no me escucha!
3 pasos sencillos para que puedas orar


Por: Carlos García Gutiérrez | Fuente: ConMasGracia.org 




Uno de los momentos más hermosos que un hombre puede experimentar, es el entrar en comunicación con Dios, siendo la oración el camino más viable que está a la mano de todos para poder comunicarse con nuestro Padre Dios.

Orar es hablar con Dios, y para hablar con él, tenemos que hacerlo con mucha naturalidad y confiando en que él siempre está ahí, dispuesto a escucharnos como Padre y como amigo. Nunca debemos pensar que Dios es indiferente a nuestras oraciones, jamás lo es, siempre nos escucha y las atiende.

Recordemos que Dios nos habla de muchas maneras, pero de un modo especial lo hace por medio de las Sagradas Escrituras. En Mt 6, 6 nos dice: “Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Aquí te resumimos esto, en 3 pasos sencillos para que puedas orar:



Paso 1: Entra en tu aposento 
Entra en un lugar apropiado para orar

Te recomendamos tener un lugar apropiado para hacer tu oración, donde esté alejado del ruido o del bullicio de la vida cotidiana. Si esto se te dificulta por tu ritmo de vida, ocupaciones diarias o espacio en tu casa, no te preocupes, el hablar de un lugar adecuado, es hablar de un lugar donde puedas estar en paz un momento, basta que cierres los ojos, te concentres y comiences a hablarte a tu Padre que te ama y siempre te escucha.


Paso 2: Cerrar la puerta 
Cerrar la puerta a distracciones

En este mundo lleno de ruidos es difícil cerrar la puerta a las distracciones, pero al lograr hacerlo, esto fortalecerá tu oración y la hará más íntima entre Dios y tú. Esfuérzate y apártate de todo que lo que tu sabes que puede ser una distracción, nadie mejor que tú te conoces muy bien.

Deja a un lado por unos instantes los mensajes del celular, las redes sociales o tus ocupaciones en el trabajo o en la casa. El poderte regalar unos minutos para orar sin ningún elemento que pueda interrumpir tu oración, te ayudará a tener una comunicación eficaz con el Padre amoroso que desea escucharte.


Paso 3: Ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto 
Platica con Dios


Parte esencial de la oración es el poder comunicarte con Dios, así que platica con él, como lo que él es, un Padre amorosos, deseoso de escuchar a su hijo. Y como en cualquier relación de Padre e hijo hay sus altas y sus bajas, hay momentos de reclamo, pero también hay momentos de agradecimiento y de mostrar amor mutuo; te invitamos a que no le escondas nada a Dios, ábrele completamente tu corazón.

Sigue estos pasos recomendados por Mateo, y habla con Dios, él siempre estará dispuesto a escucharte. No esperes una contestación inmediata o alguna revelación, Dios siempre buscará la manera de contestarnos a todo lo que le pedimos, ya sea descubriendo las respuestas en el silencio o en las pequeñas grandes muestras que el día a día tiene en nuestras vidas.

sábado, 7 de julio de 2018

ORACIÓN DE PROTECCIÓN


Oración de protección



Te ofrezco una oración de protección, compuesta por el Papa León 13º (1878-1903), quien ordenó rezarla al final de la Misa. Así se hizo hasta la reforma del Misal de san Pío V (1570), sustituido por el actual misal posconciliar del Papa Pablo VI (1969). En la oración pedimos el amparo de san Miguel Arcángel contra las insidias del Maligno.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla: sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del Demonio. “Reprímale Dios”, pedimos suplicantes: y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

“El Evangelio es el primer texto de la antigüedad, donde el demonio se presenta como un enemigo al que se puede vencer. Uno de los grandes éxitos del cristianismo, en su primera difusión, se basó en el poder de los exorcistas cristianos sobre el demonio. La iglesia primitiva vivió esta certeza de vencer al “fuerte”, en nombre del “más fuerte”, Cristo”.


* Enviado por el P. Natalio

jueves, 28 de junio de 2018

PON DE TU PARTE Y CONFÍA EN EL SEÑOR


Pon de tu parte y confía en el Señor.
Revisa tu vida y date cuenta si las actitudes que están teniendo son coherentes con lo que deseas alcanzar


Por: Qriswell Quero de Pérez | Fuente: Píldoras de fe 




Antes de presentarte esta reflexión, te invito a que te apartes un momento de todo lo que estés haciendo, para orar un poco y pedir a Dios sabiduría para encontrar fuerzas en su palabra.





Señor, te alabo y te bendigo por este nuevo día que me permites vivir. Quiero pedirte, por esta persona que me lee y quiere pasar un momento de reflexión contigo, dale la fuerza y el ánimo que requiere para alcanzar todos sus proyectos y que puedas cumplir con las responsabilidades que tiene asignada.

Dale la fortaleza para enfrentar cualquier panorama adverso y poder transformarlos en bendiciones.

Amén


Pon de tu parte y confía en el Señor
Se dice que el tiempo cambia las cosas, pero en realidad tienes que cambiarlas tú, pon de tu parte y confía en el Señor. Sabemos que no es sencillo, pero debemos mantener la alegría en medio de la angustia.


La diferencia entre las personas felices y las tristes no es la ausencia de problemas sino las distintas actitudes con que los afrontan. Revisa tu vida y date cuenta si las actitudes que están teniendo son coherentes con lo que deseas alcanzar.

Ten en cuenta que a veces las cosas no salen como deseamos, y con eso está Dios diciendo que tiene mejores planes para nosotros. Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no debes temer.

Te invito a no tenerle miedo a tus problemas. Confía en Dios. Su poder no defrauda. Aférrate a Él con fuerza, y seguirás encontrando más fuerzas para seguir hacia adelante. ¡Ánimo!.

Nos gusta leer el salmo 27 porque son palabras de confianza, de entregar la vida a Dios y saber que su poder nos ayuda siempre, abre tu Biblia y léelo.

¡Avanza sin temor! Que nadie arruine tus sueños, que los comentarios de desprecios de los otros no te detengan nunca. Quiero animarte a que no dejes de creer, hoy quiero recordarte que tenemos a un Dios que cumple sus palabras y sus promesas.


Hoy, Dios quiere ver en ti, la fe que tienes para creer que Él mejorará tu panorama y que pintará un mejor cuadro en tu vida.

Rezamos en estos momentos por tus necesidades y en el nombre del Señor te bendecimos. Amén




Oración

Amado Padre, Tú que estás lleno de misericordia y de bondad, te ruego que en este momento toques el corazón de esta persona que me está leyendo y le hagas sentir amado y consolado, y que tu presencia la envuelva para que sienta tu gracia que renueva y conforta el alma.

No permitas que nada ni nadie le quite el deseo de alcanzar lo que quiere si es tu voluntad, sé que Tú le amas y le tienes preparado todo lo bueno.

Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén.

lunes, 25 de junio de 2018

CUÁNDO REZAR?


¿Cuándo rezar?



🌸 Rezar cuando nos levantamos
Apenas nos despertamos por la mañana, tenemos que rezar para que Dios nos socorra en el día que comienza y no deje que cometamos pecado.

No sabemos qué nos deparará la nueva jornada que Dios, en su misericordia infinita, nos provee; y por eso ya desde el primer momento del día tenemos que prepararnos al combate contra las fuerzas del mal y contra nosotros mismos, porque la vida del hombre sobre la tierra es una milicia.

Las cosas bien preparadas, salen bien. Y si rezamos al levantarnos, tenemos grandes posibilidades de que el día que comienza, con sus pruebas y vicisitudes, sea una ocasión para adelantar en virtud, y no para retroceder en la vida espiritual.

Con la oración de la mañana, consagramos a Dios el día que vamos a vivir, y le pedimos que nos proteja de todo mal y que su Providencia nos auxilie en todos los momentos.

¿Quién sabe si justamente este será el día de nuestra muerte, del paso del tiempo a la eternidad? Por eso tenemos que invocar a Dios para que estemos preparados para lo que surja, incluso nuestra muerte.

🌸 Rezar cuando somos tentados

Si siempre tenemos el deber de rezar, mucho más tenemos el deber y la necesidad de orar cuando somos tentados por el mundo, el demonio o la carne, puesto que si queremos salir victoriosos de la batalla en la que estamos inmersos y en que se juega nuestro destino eterno, tenemos que rezar, ya sea con oraciones hechas, o jaculatorias o simplemente pidiendo auxilio a Dios con nuestras palabras.

Ya ha dicho San Alfonso María de Ligorio que el que reza se salva y el que no reza se condena. Pues bien, cuando llega la tentación —que a todos nos llega, porque mientras vivimos en este mundo estamos sujetos a ella—, tenemos que echar mano de forma urgente a la oración, porque así es como se vencen las tentaciones.
¡Ay de quien se quiera salvar y defender solo, sin la ayuda de Dios que se obtiene con la oración! Estará irremediablemente perdido porque el demonio y las demás fuerzas son más fuertes que nosotros, y seremos vencidos miserablemente. Es necesario que invoquemos a Dios en nuestro auxilio, porque “el que pide, recibe”, ha dicho el Señor, y es promesa de un Dios.

“¡Vigilad y orad!” dijo Jesús a sus apóstoles en el Huerto, y nos lo dice también a cada uno de nosotros. Por eso no bajemos la guardia, no dejemos la oración, e intensifiquémosla cuando seamos tentados.

🌸 Rezar cuando necesitamos algo

Los hombres tenemos mucho que agradecer a Dios, y es bueno darle gracias siempre y en todo lugar. Pero en el Cielo podremos darle cumplidas gracias al Señor. Mientras tanto, en la tierra, lo que más debemos hacer los hombres es pedir, porque somos pobres y miserables, y Dios es el Gran Rico que puede colmarnos de gracias, favores y dones de todas clases, incluso materiales cuando éstos no son obstáculo a la santificación y salvación del alma.

Tenemos que pedir mucho a Dios, porque para Dios es más fácil dar mucho, que dar poco, puesto que Él es infinito, y cuando da, se tiene que hacer una cierta violencia a Sí mismo para dar poco. En cambio quien le pide mucho, alivia el Corazón de Dios, que está acostumbrado a ser generoso y a dar a manos llenas.

Todos los hombres necesitamos algo. A veces nos damos cuenta de qué es lo que necesitamos; otras veces, no. Pero Dios bien sabe qué es lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos, aunque igualmente Él quiere que se lo pidamos insistentemente, porque nos quiere dar ese don y otros muchos más, que no nos los daría, si no rezáramos tanto.

Ya lo ha dicho el Señor en el Evangelio: “Pedid y se os dará”. No nos dice que necesariamente nos darán lo que pedimos, pero siempre algo se nos dará si rezamos, porque la oración bien hecha, jamás queda estéril, sino que obtiene de Dios favores muy grandes que nos ayudan a caminar por este mundo con los auxilios oportunos.

🌸 Antes de tomar una decisión importante

Jesús, en el Evangelio, se retiraba a orar cada vez que debía tomar una decisión importan te, como por ejemplo elegir a sus doce apóstoles. También estuvo rezando en el Huerto de los Olivos antes de enfrentar su tremenda Pasión.

Así también debemos preceder nosotros, y cuando tengamos que tomar alguna decisión importante, dediquemos un buen tiempo antes a la oración, porque el Señor nos quiere iluminar, pero si no le pedimos luz a través de la oración, no tendremos la claridad suficiente para acertar en la elección correcta.

Cuanto más recemos, tanto mejor haremos la elección apropiada, porque la oración aclara los más oscuros caminos, y el Señor no deja desamparado y a la deriva a quien se refugia en Él, y a Él le pide consejo mediante la oración.

No es que si rezamos vendrá un ángel a decirnos lo que tenemos que hacer, pero al menos tendremos suficiente luz para elegir lo correcto.

Por eso también es bueno rezar por los sucesos futuros, para que Dios ya desde ahora vaya predisponiendo las cosas para que todo se cumpla según su voluntad adorable. Si rezamos ya desde ahora para lo que vendrá, estamos seguros de que saldremos victoriosos en todos los aconteceres del tiempo futuro.

🌸 Rezar cuando vamos de viaje

Es sabido que los accidentes de tránsito son ocasionados por los demonios, y por eso debemos protegernos de estos accidentes con la oración, en especial invocando a las Benditas Almas del Purgatorio, que con muy milagrosas para protegernos en los viajes más o menos largos que tengamos que hacer.

Los hombres somos peregrinos en este mundo y antes o después deberemos emprender distintos viajes. Entonces invoquemos también, para que nos protejan en el camino, a los Ángeles de Dios, como leemos en la Escritura que estos espíritus celestiales protegieron a los justos.

También tenemos que rezar por el viaje de otros, especialmente de los seres queridos, por su integridad y para que vuelvan sanos y salvos a casa.

Es bueno también rezar a todos los ángeles de la guarda de las personas que conducen en la ruta, especialmente del conductor de nuestro vehículo, para que esté atento a los imprevistos y a las vicisitudes del camino.

En realidad hay que rezar siempre, pero en especial hay que rezar cuando vamos a viajar, porque el demonio está, en estos tiempos, más furioso porque nota que está perdiendo poder en el mundo, y entonces en venganza y rabia causa accidentes y desgracias incluso materiales y físicas, y hay que protegerse y proteger a los nuestros con la oración.



© Sitio Santísima Virgen

sábado, 28 de abril de 2018

JESÚS APRENDIÓ Y ENSEÑÓ A ORAR


Jesús aprendió y enseñó a orar
En las diversas invitaciones a pedir en su nombre, Jesús une oración y alegría y oración como fruto del amor.


Por: P. Eusebio Gómez Navarro | Fuente: Catholic.net 




Había pedido el misionero ayuda a los nativos para la construcción de la capilla. Un señor se acercó al día siguiente con una cabra y le dijo: “padre, esto es lo único que tengo, véndala y el dinero para la construcción de la iglesia”.

Este hombre sabía que orar y que la oración exige obras de amor. En un mundo pagano y politeísta, “Jesús nació en un pueblo que sabía orar”, decía Joaquín Jeremías. Jesús nació y fue educado en el seno de una familia judía piadosa, que guardaba con todo amor y fidelidad las normas religiosas dadas por Yavé (Lc 2,21-52).

La Mishná, código rabínico compilado hacia el año 200 de la era cristiana, nos ofrece datos bastante seguros y numerosos para conocer las prácticas judías de la oración en tiempos de Jesús. En el tratado de las bendiciones, concretamente, se enseña que hay tres momentos de plegaria al día: el amanecer, el mediodía y la tarde (Berakhot IV). “Tres veces al día” (Dn 6,10), “por la tarde, en la mañana y al medio día” (Sal 54,18), se levantaban en Israel los corazones hacia el Señor, bendiciéndole e invocándole. De estas tres horas, dos se producían al mismo tiempo que los sacrificios llamados perpetuos, que todos los días se ofrecían en el Templo (Nm 28, 2-8). Así la oración quedaba unida al sacrificio, participando de él y, al mismo tiempo, dándole espíritu y sentido.

Tenían la costumbre piadosa judía de recitar dos veces al día el Shemá Yisrael (Escucha, Israel), al acostarse y al levantarse. “Escucha, Israel, Yavé nuestro Dios es el único Yavé. Amarás a Yavé tu Dios con todo tu corazón”…. El Shemá, el credo israelita, consiste en la recitación del texto de Dt 6,4-9, al que se une, al menos desde el siglo II antes de Cristo, Dt 11,13-21 y Núm 15,37-41. Esta plegaria había de ser repetida a los hijos, “lo mismo en casa que de camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Dt 6,7; 11,19). Y Cristo mismo la da como respuesta a aquel doctor que le preguntaba acerca del mandamiento principal (Mc 12,29-30).


Jesús era también maestro que enseñaba cómo se ha de orar. Jesús enseñó a orar a sus discípulos no solamente con su testimonio personal, sino también con enseñanzas explícitas, de las que destacaremos algunas:

a) La pureza de la intención. «Cuando oréis, no seáis como los hipócritas...Tú, cuando ores, entra en tu cuarto y, echada la llave, haz tu oración a tu Padre, que mira lo secreto; y tu Padre, que está en lo secreto, te premiará» (Mt 6,5-6; Mc 12,38-40).

b) La unión de la mente con la voz. Jesús recuerda el reproche terrible de Yavé (Is 29,13), cuando dice: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mt 15,8). La oración que sólo afecta a los labios, es una oración sin alma, que está muerta.

c) La confianza en el Padre, y la consiguiente brevedad en las palabras, no como los paganos, cuando oraban, presionaban sobre Dios con sus interminables oraciones. «Cuando recéis, no charléis mucho, como los paganos, que se imaginan que por su mucha palabrería serán escuchados. No os parezcáis a ellos, pues vuestro Padre ya sabe qué os hace falta antes de que se lo pidáis» (Mt 6,7-8). La oración cristiana ha de ser breve y sencilla, confiada en el Padre (Mt 6,25-32).

d) Jesús enseña la necesidad de la oración (Lc 22,40), la oración en su nombre (Jn 14,13-14), la oración de petición (Mt 5,44;7,7), la humildad (Lc 18,9-14) y la perseverancia en la plegaria (11,5-13).

Jesús se preocupó de orar y de enseñarles a sus discípulos de cómo hacerlo. A ellos les dice: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen…” (Mt 5, 44).

Como sabe que la tarea de trabajo es inmensa y son pocos los obreros disponibles, les pide a sus discípulos que oren, pues “La mies es abundante pero los obreros pocos; por eso, rogad al dueño que mande obreros a su mies” (Mt 9, 38).
En la tentación les recomendó: “Estad en vela y pedid no caer en la tentación” (Mt 26, 41).

Aconseja orar para que Dios conceda su Espíritu para poder obrar el bien como Dios, “Pues si vosotros, malos como sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros niños, ¿cuánto más vuestro Padre dará Espíritu Santo a los que se lo piden?” ( Lc 11,13 ).

En el discurso de la última cena, Jesús promete a los discípulos su intercesión ante el Padre y les dice: “Y todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré” (14, 13-14). En las diversas invitaciones a pedir en su nombre, Jesús une oración y alegría (15, 7-11) y oración como fruto del amor (14, 13-14). La oración es la unión con el Dios amor y por consiguiente la fuente de alegría de sentirse en los brazos del Dios-amor. Por ello mismo es la fuente del amor fraterno, del Espíritu hacia la verdad plena que es Cristo (16, 13) para estar unido a la vid (15, 1-11) y dar el fruto del amor, para gloria del Padre (15, 8).

Quien ore, ha de estar abierto a la Palabra de Dios y ha de convertirse, dejar los caminos errados del pecado y guardar los mandamientos del Señor. Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos, repetirá Jesús (Mt 4,17). Convertirse es hacerse como niño (Mt 18,3). La conversión es necesaria para entrar en el Reino e implicará cambio de vida: dar frutos (Jr 7,24-26). Y cuando acontece la conversión, ésta conlleva un gozo increíble . “Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”( Lc 15,7).

jueves, 15 de febrero de 2018

LA ORACIÓN


La Oración
Jesús no tiene whatsApp


Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.Net 




Es una lástima porque muchos jóvenes se comunicarían fácilmente con Él en todo momento. Aunque es mejor así porque a Jesús le gusta tener una conversación más larga. Por whatsApp solamente decimos frases cortas para quedar o recordar algo. A Él le gusta que le confiemos nuestras inquietudes y nos tiene siempre presentes, no tenemos que recordarle nada.

Con los amigos hablamos con frecuencia. ¿No hacemos lo mismo con nuestro mejor Amigo? Amigo con mayúsculas, pues no nos falla nunca, siempre está dispuesto a ayudarnos, a consolarnos cuando estamos tristes, a comparte nuestras  dificultades. Recemos a diario.

Hay varias formas de hacerlo, todas ellas nos proporcionan paz, tranquilidad y consuelo.

Empecemos por escoger un momento de silencio, al despertar, al acostarnos, da lo mismo, lo importantes es pensar qué estamos haciendo.

Le contamos nuestras inquietudes, aquello que nos preocupa y le pedimos perdón pues no siempre sabemos hacer lo correcto.

Le pediremos ayuda, somos débiles y nos cuesta perseverar.

No olvidaremos, en nuestra oración diaria, dar las gracias por todo lo que tenemos, que es mucho.

Nos pondremos en sus manos, con la confianza de hacer lo que Él nos pida.

Encontraremos quién nos diga que no han oído sus oraciones, han pedido paz en el mundo y mueren muchas personas inocentes. Los niños mueren de hambre. Las enfermedades hacen sufrir a muchas personas. Podemos contestar que las guerras y el hambre es culpa de los hombres. Dios da libertad al hombre para hacer el bien o el mal. La enfermedad y el dolor nos prueba,  nos acerca  y nos une a Dios. Cuando no tenemos problemas nos olvidamos de lo que bueno que tenemos. Valga la redundancia.

Actuamos
Leeremos el Evangelio diariamente. Meditaremos lo que nos dice.


Del santo Evangelio
Colosenses 4:2
Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracia.


Una bonita historia para pensar.
Texto original de María Luisa Martínez Robles.


Rezar, confiar y esperar
Se levanto por la mañana. Las líneas rectas las veía torcidas, le molestaba la luz. Después de muchas pruebas le diagnosticaron desprendimiento de retina. No era una operación difícil, el problema era que con el ojo derecho no veía más que sombras.

Consultaron con catedráticos de oftalmología. Había que operar, no había otra solución. Un amigo le dijo:

Habrás perdido la vista pero no has perdido la sonrisa.

Teniendo al lado una persona como mi marido, es difícil estar triste.

Contestó ella.

Cuando entró en el quirófano mi abuela le dijo al cirujano:

Me pongo en sus manos y en las manos de Dios. No es la primera vez que lo hago y le aseguro que Él me escucha.

El oftalmólogo se quedó sorprendido. Nunca le habían dicho nada semejante. Ella no sabía si era creyente, pero no se avergonzó de decirle lo que pensaba.

La operación salió mal. Mi abuela tenía que permanecer tendida en la cama apoyando la frente en la almohada,

De nuevo había que intervenir. Otros veinte días sin moverse, sin ver nada más que sombras.

Así hasta cuatro operaciones. Por la noche soñaba que al abrir los ojos vería de nuevo el amanecer, el paisaje, las montañas desde su ventana. Al despertar de nuevo las tinieblas.

Una amiga, que la veía sufrir, le dijo indignada que Dios no la estaba ayudando, ¡con lo que ella rezaba, con lo creyente que era ! Pero mi abuela, no pensaba igual. Mi abuelo había  dicho que con sus ojos vería por los dos. Sus hijos estaban a su lado y nosotros sus nietos la alegrábamos con nuestras caricias y ocurrencias.

Lo verdaderamente importante se ve con los ojos del alma, como dice el cuento de “ El principito” . Ella lo sabía. Confiaba que Dios la ayudaría y vería de nuevo. De no ser así, le daría la fuerza suficiente para superarlo.

Rezamos todos, incluso hubo una cadena de oración en las redes sociales. También sirven para compartir nuestras plegarias.

Llegó el día de la última operación. Escuchaba  el Evangelio todos los días, a tientas conseguía poner el ordenador  para oírlo. Era la curación del ciego. “ Tu fe te ha salvado” le dijo Jesús. Nos la encontramos llorando. No era fácil pues llevan cuatro meses ciega,  no sé de dónde sacaba las fuerzas. Ahora sí lo sé.

Después de unos días de recuperación, volvió al cirujano. Estábamos todos expectantes.

El médico dijo:

Es verdad que Dios la escucha, está totalmente recuperada. Nunca pensé que fuese posible. Todavía tengo pesadillas cuando recuerdo su operación.

Ella nunca pensó que Dios la hubiese abandonado. Como el ciego del Evangelio confiaba y esperaba.  Hizo ver  a todos, nunca mejor dicho, la importancia de estar unidos y no desesperarse. De no haber pasado por ese trance no habrían tenido la experiencia del dolor compartido, de lo que se querían.

No lo he inventado, es una historia real. Es el poder de la oración hecha con confianza, perseverando y aceptando lo que Dios nos pide.


Es la seguridad de que Él siempre nos protege, pero nosotros tenemos que saber esperar. Su visión del tiempo no coincide con nuestro reloj.

lunes, 12 de febrero de 2018

CÓMO ORAR CUANDO ALGUIEN TE HACE SUFRIR?


¿Cómo orar cuando alguien te hace sufrir?
El reto es orar por quien te ha hecho daño


Por: P. Evaristo Sada, L.C. | Fuente: https://la-oracion.com/ 




Hay personas que nos hacen sufrir. Sabiéndolo o no, queriéndolo o no, pero nos hacen pasar malos ratos. Nos duelen sus palabras hirientes, sus actitudes humillantes, sus tratos despóticos, su falta de responsabilidad, sus infidelidades, sus prontos temperamentales, sus olvidos y negligencias…

Ante personas así podemos reaccionar siendo con ellos de la misma manera que son ellos con nosotros: “para que se enteren”, “para que vean lo que se siente”. O bien podemos enfrentarlos, decirles sus verdades y ponerles un alto. O incluso evadir el problema ignorándolo y dejándolo a su suerte. Pero sabemos que estos recursos pocas veces funcionan.

Sin embargo, podemos también buscar el momento y las palabras más adecuadas para hacerle ver lo que está sucediendo. Podemos poner amor: “Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor” (San Juan de la Cruz). Y por fin, orar por ellos.

El reto es orar por quien te ha hecho daño

Orar por una persona querida es fácil, pero orar por una persona que te hace daño es difícil. Apenas lo traes a la memoria en la oración y se te retuerce el estómago. Y si llegas a formular una oración, lo más probable es que ésta sea para pedirle a Dios que lo parta un rayo, que le dé una buena lección o que lo cree de nuevo. Aún si te salen estos sentimientos, intenta de nuevo. Verás que la oración irá ablandando tu corazón, pues en la oración se hace presente el Espíritu de Dios que es amor, y Él, el Amor en persona, irá renovando tu corazón.

Y te dirás: “pero de lo que se trataba era de que el otro cambiara”. Sí, pero al orar por quien te hace sufrir te darás cuenta de que el primero que comienza a cambiar eres tú mismo.


Al rezar por quienes te hacen sufrir

– Te das la oportunidad de desahogarte y de hacerlo con quien es todopoderoso y puede remediar las cosas. Desahogarse con Dios sana y libera. Poner en manos de Dios aquello que no puedes controlar ni remediar es de personas sensatas.

– Dios te hace ver que el rencor, la venganza, la falta de perdón, el resentimiento, el odio, no son virtudes cristianas, y que más bien debes aprender a ser como es Dios con nosotros: rico en misericordia, dispuesto a perdonarme siempre (aunque no lo merezca), tolerante, paciente, compasivo. “Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34) “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. (Lc 23, 43)

– Rezas con coherencia y sinceridad el padrenuestro y le das a tu Padre celestial excusa suficiente para perdonarte. “Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

– El Espíritu Santo comienza a modelar tu corazón conforme al Suyo. Verás que todo ese rencor que llevas dentro es veneno que intoxica, vinagre que amarga la vida, y que a medida que te purificas de él y lo suples con la miel de la caridad cristiana, la vida se te hace mucho más llevadera. Ya bastante mal te lo pasas con el sufrimiento que el otro te impone como para que lo amplifiques con el reflujo de tu propia amargura.

– Y no te quede la menor duda de que si rezas con fe y caridad por quienes te hacen sufrir, Dios actuará. No esperes resultados inmediatos, simplemente espera con absoluta confianza en que Dios obrará en el momento y de la manera que considere oportunas.



Oración de intercesión y sanación

Tal vez te pueda servir esta oración de intercesión y sanación del P. Emiliano Tardif:


Padre de bondad, Padre de amor, te bendigo, te alabo y te doy gracias porque por amor nos diste a Jesús.
Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu comprendemos que él es la luz, la verdad y el buen pastor, que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Hoy, Padre, quiero presentarte a este hijo(a). Tú lo(a) conoces por su nombre. Te lo(a) presento, Señor, para que Tú pongas tus ojos de Padre amoroso en su vida.
Tú conoces su corazón y conoces las heridas de su historia.
Tú conoces todo lo que él ha querido hacer y no ha hecho.
Conoces también lo que hizo o le hicieron lastimándolo.
Tú conoces sus limitaciones, errores y su pecado.

Conoces los traumas y complejos de su vida.
Hoy, Padre, te pedimos que por el amor que le tienes a tu Hijo, Jesucristo,derrames tu Santo Espíritu sobre este hermano(a) para que el calor de tu amor sanador, penetre en lo más íntimo de su corazón.
Tú que sanas los corazones destrozados y vendas las heridas, sana a este hermano, Padre.
Entra en ese corazón, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo. Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: “paz a vosotros”. Entra en este corazón y dale tu paz. Llénalo de amor.
Sabemos que el amor echa fuera el temor.
Pasa por su vida y sana su corazón.

Sabemos, Señor, que Tú lo haces siempre que te lo pedimos, y te lo estamos pidiendo con María, nuestra madre, la que estaba en las bodas de Caná cuando no había vino y Tú respondiste a su deseo, transformando el agua en vino.
Cambia su corazón y dale un corazón generoso, un corazón afable, un corazón bondadoso, dale un corazón nuevo.
Haz brotar, Señor, en este hermano(a) los frutos de tu presencia. Dale el fruto de tu Espíritu que es el amor, la paz y la alegría. Haz que venga sobre él el Espíritu de las bienaventuranzas, para que él pueda saborear y buscar a Dios cada día viviendo sin complejos ni traumas junto a su esposo(a), junto a su familia, junto a sus hermanos.

Te doy gracias, Padre, por lo que estás haciendo hoy en su vida.
Te damos gracias de todo corazón porque Tú nos sanas, porque tu nos liberas, porque Tú rompes las cadenas y nos das la libertad.
Gracias, Señor, porque somos templos de tu Espíritu y ese templo no se puede destruir porque es la Casa de Dios. Te damos gracias, Señor, por la fe. Gracias por el amor que has puesto en nuestros corazones.
¡Qué grande eres Señor!
Bendito y alabado seas, Señor.

miércoles, 31 de enero de 2018

TODO LO QUE NECESITAS ES ORACIÓN

Todo lo que necesitas es oración
¿Has pensado que pasaría si los que se atreven a atentar contra la vida de otros oraran al menos una vez al día?


Por: Juan Pluma Alvarado | Fuente: elblogdelafe.com 



Cada día todo es más rápido. Amanece, hay que prepararse, salir, trabajar, estudiar, volver a casa, hacer tareas, limpiar, comer, continuar con los deberes y luego ir a dormir… la rutina diaria termina por ocupar todo nuestro tiempo y nos aleja de algo importante: la relación con nuestro creador.

El agitado mundo nos vuelve egoístas, seres capaces sólo de preocuparse de sus propias necesidades y de ignorar las de los demás; y con ello, ignorar a Dios.

¿Has pensado que pasaría si aquellos que se atreven a atentar contra la vida, integridad o paz de otros oraran al menos una vez al día?

Sí, probablemente no se hubiesen atrevido a hacerlo.

¿Qué por qué estoy tan seguro de eso?

¡Fácil! Porqué entonces ellos habrían escuchado lo que Dios quería que hicieran y en su plan perfecto no se encuentra nuestra perdición, sino nuestra redención. Él quiere para nosotros la felicidad sin hacer infelices a los demás, una felicidad que es inherente a la santidad.

Necesitamos volver a esta relación con Dios. Te aseguro que cualquier dificultad que en tu vida aparezca, si la haces presente en tu oración, si la pones en manos de Dios, dejará de parecer tan grande y podrás enfrentarla sin algún problema.

La oración, además, no sólo puede ser por tus necesidades. También puedes pedir por las de tus papás, hermanos o amigos… incluso, si te atreves, un día puedes pedir por las necesidades de aquéllos que no conoces y olvidarte un poco de las tuyas… Probablemente Dios ese día escuche la oración de otros que también están pidiendo por ti.

En la medida en que oremos unos por otros, seremos verdaderos ejemplos de comunión. La oración nos aleja de la indiferencia y nos invita a la acción… la oración renueva nuestro corazón y nos invita a amar y a servir.

Atrévete, ora y no te preocupes, al final… ¡Todo lo que necesitas es oración!

martes, 28 de noviembre de 2017

NO TENGO GANAS DE ORAR


NO TENGO GANAS DE ORAR





Frecuentemente, querido amigo, no tengo ganas de orar. Si he de ser sincero, debo confesar que estas veces son más numerosas que las otras. Me ha ocurrido también el sentirme extraño, nervioso, disipado, fastidiado hasta de encontrarme con las personas, en cumplir un favor prometido, y por si fuera poco, encontrar un amigo que me va y me cuenta las consecuencias de su úlcera... ¿Orar? No quiero ni pensarlo. ¿Quién tiene ganas de orar? 

Después de vagabundear un poco, he entrado en una iglesia sin demasiada convicción, con el propósito de salir cuanto antes de allí; no tenía ganas de orar.

He realizado un esfuerzo inmenso para permanecer arrodillado en el banco durante cinco minutos; experimentaba un malestar indecible.

Al fin, para despedirme, en un clima de sinceridad, dije con toda franqueza: "Señor, no tengo ganas de orar, es inútil insistir, excúsame, me voy... dejémoslo para una ocasión más propicia..."

Lo repetí una vez más y luego otra y otra, al final perdí la cuenta... pues bien, salí de la iglesia al cabo de una hora. Estaba distensionado, sereno, contento como en raras ocasiones. Reconciliado conmigo mismo y con todos los inoportunos de este mundo.

Por eso te digo, querido amigo: si esperas para orar hasta que tengas ganas, estás perdido. Debes tener el coraje para orar incluso cuando no tengas ganas. Sobre todo en ese momento, "todo es gracia"... introdúcete por el corredor oscuro de la desgana, sigue adelante aunque tengas la impresión de que no llegarás nunca a la luz. Sigue adelante aunque te sientas frío, árido, seco y vacío. A fuerza de insistir, el túnel oscuro desembocará en un espectáculo de luz resplandeciente.

Di al Señor, cuando te encuentres delante de Él, todo lo que sientas, todo lo que lleves dentro, lo que te preocupa y lo que te alegra. Y si estás fastidiado, díselo también, que Él comprende todo, entiende mejor que tú el estado de ánimo que llevas. Más todavía, Él te dará lo que necesitas para comunicarte mejor, Él te enviara su Espíritu sin el cual no podemos decir "¡Padre!". Déjate amar por Él. Quédate un momento en silencio. No te desconcierte ni desaliente que a veces el Señor parece también guardar silencio.

Es preciso creer que Dios está presente en las largas noches, en los días negros, para tomarte de la mano y guiar tus pasos por sus sendas. Cuando digas "no tengo ganas de orar" es precisamente el momento oportuno... es cuando Dios actúa, por lo que es preciso, es urgente, que no esperes más; es el "tiempo favorable" para iniciar un encuentro con quien siempre te espera, con el Padre que continuamente piensa en ti y se hace el encontradizo para demostrarte su amor.

¿No has visto nunca en la montaña ciertas flores que nacen en las oscuras hendiduras de las rocas? 
La oración más espontánea puede despuntar después de una larga preparación de aridez, después de momentos de desolación.

En cada uno de nosotros hay un niño que lloriquea: "no tengo ganas..." Pero hay, asímismo, un adulto que suplica: "No te preocupes. Ora como si las tuvieras". 

¡Cuando las ganas decrecen, es el momento en el que debes tener el coraje de orar! 

jueves, 16 de noviembre de 2017

LA ORACIÓN ES UN TESORO


La oración es un tesoro



Cuando rezamos adquirimos un tesoro inmenso, puesto que Dios premia a quien reza, y si no obtenemos favores inmediatos, debemos saber que la oración nunca queda estéril, sino que cuando oramos el Señor nos colma de gracias y dones, algunos en ese mismo momento, y otros dones y gracias los prepara para más adelante, para el momento oportuno en que tengamos necesidad de ellos.

Por eso no debemos desanimarnos en la oración cuando no vemos instantáneamente los frutos de ella. Eso le puede pasar a quien es débil en la fe, y cambiante como una veleta. Pero a nosotros, quienes tenemos fe en Dios y sabemos con certeza que Él es bueno y todopoderoso, no podemos desconfiar de Él y abandonar la oración, sino todo lo contrario, importunarlo a Dios, insistir una y otra vez como aquella mujer cananea que perseguía al Señor con sus gritos y que Jesús hacía como que no la oía. Sin embargo Jesús estaba admirado de la fe de esa mujer, y no sólo la premió sino que también la alabó delante de toda la gente, e incluso ante sus discípulos, a quienes superó en la fe.

También nosotros debemos rezar sin desanimarnos, aunque no veamos frutos prontamente, porque Dios está preparando el momento de nuestro triunfo, y debemos saber que cuando rezamos estamos influyendo en todos los acontecimientos de nuestra vida y de las vidas de quienes amamos. Pero no solamente influimos en el aquí y ahora, sino que nuestra oración tiene poder para cambiar los acontecimientos futuros, e incluso cambiar también los decretos del Cielo.

La oración es todopoderosa, y es, en el bien, más potente que las reacciones atómicas, pues la oración desencadena toda una serie de movimientos e influencias en toda la creación, de modo que lo mejor que podemos hacer por nosotros, por quienes amamos y por todo el mundo, es ponernos a rezar.

Recemos ahora que estamos más desahogados, que tenemos más tiempo. Recemos ahora para cuando no podamos rezar, entonces tendremos acumulado un río de gracias para aquel tiempo.
Y nuestra oración también prepara a quienes debemos encontrar en el camino de la vida, para los que vendrán a cruzarse en nuestra vida, e incluso a nuestros descendientes futuros.

No, no sabemos lo grandioso que es el poder de la oración. Si lo supiéramos, no dejaríamos pasar tanto tiempo inútilmente, sino que lo aprovecharíamos para rezar cualquier oración, la que más nos guste o mueva, porque lo importante es hablar con Dios, ponernos en sintonía con Él, y adorarlo, glorificarlo y pedirle todo lo que necesitamos, no olvidarnos de darle gracias, pues el dar gracias a Dios es fuente de nuevos dones del Altísimo para con nosotros y para toda la tierra.


© Sitio Santísima Virgen

miércoles, 15 de noviembre de 2017

ORAR SIN GANAS


Orar sin ganas
La oración es el primer recurso que nos ayuda a encontrar luces más claras en kis tiempos de confusión.


Por: Fr. Nelson Medina O.P. | Fuente: fraynelson.com 




Pregunta:

Querido Padre; gracias por su perseverancia enseñándonos. Hoy quiero preguntarle algo que tal vez es sólo personal o tal vez le pasa a mucha gente. En mi parroquia nos recuerdan con frecuencia que hay que orar por los sacerdotes, por el obispo y por el Papa. Digamos que en principio estoy de acuerdo, ni más faltaba. Pero a veces, o muchas veces, me siento una hipócrita por que oro sin ganas. Lo que sucede es que he tenido muchas decepciones con sacerdotes, incluyendo un caso de un primo mío que no es de contar en público. Y este Papa a veces me gusta pero otras veces me confunde. A veces lo siento valiente y otras creo que se acobarda ante otros obispos o cardenales. Me imagino y que estoy juzgando y que soy lo peor del mundo pero eso es exactamente lo que siento. Entonces la pregunta es si debe orar sin ganas y cuando siento que soy la peor hipócrita del mundo. Por favor, no publique mi nombre.

Respuesta:

Un buen punto de partida es recordar que la oración no es un simple ejercicio de nuestra emocionalidad: no debemos compararla demasiado con una catarsis o con la simple expresión de nuestra subjetividad. Para expresar lo que somos y sentimos no necesitaríamos de un "Dios" a quien hablarle: bastaría conversar con un amigo o escribir algo en un diario bien llevado.

La oración entonces es ante todo DIÁLOGO, y ello implica abrirnos a la Palabra de Dios, que es quien inicia tal encuentro y conversación. La iniciativa es siempre suya. Esa Palabra nos ilumina, cuestiona, transforma. Esa Palabra no tiene que aprobar todo lo que sentimos pero también es verdad que resulta eficaz para levantarnos en momentos de duda o fracaso--precisamente porque no es una Palabra que nos damos a nosotros mismos.

Por otro lado, la oración, según nos enseña San Pablo, es fruto de la acción del Espíritu Santo. Y el Espíritu no necesariamente está en consonancia con lo que a nosotros nos gusta o nos parece. Si Dios tuviera que estar siempre de acuerdo o en sintonía con lo que yo siento, ese "dios" sería indistinguible de mi propio "yo."

Unidos entonces a la Iglesia, la Gran Orante, iluminados por la Palabra y guiados e inspirados por el Espíritu, no nos buscamos a nosotros mismos en la oración, sino que queremos orar en dirección de los intereses de Jesucristo, lo cual hace que vayamos más allá de quién me cae bien o mal, o quién me ha tratado de manera simpática o agria.

Este modo de crecer en la fe es de enorme importancia en tiempos de confusión como los que vivimos. Porque será la oración el primer recurso que nos ayude a encontrar luces más claras y quien logrará de la misericordia divina mejores pastores.

sábado, 4 de noviembre de 2017

SEÑOR, AYÚDAME A SER HUMILDE


Señor, ayúdame a ser humilde
Desconéctame, Señor, de las cosas de mi vida que tanto amo....quiero que tu me ayudes a vivir en la humildad.


Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net 




Aquí estoy, Señor, para darte ese tiempo de mi vida, que es muy poco, comparado con el tiempo que siempre tengo para trabajar, para distraerme y pasear. Es muy poco pero quiero que sea tuyo y que será el mejor de mi tiempo porque es para ti.

Dame paz, tranquilidad. Auséntame de todas mis preocupaciones, quedarme vacía de todos los problemas y dolores que llevo en mi alma, muchas veces causados por mi equivocado proceder, y entregarme de lleno a ti.

Desconéctame, Señor, de las cosas de mi vida que tanto amo.... quiero que tu me ayudes a encontrar esa "perla escondida" que es aprender a vivir en la humildad.

A veces pienso, al acercarme a ti, que es el único momento en que siento mi nada, mi pequeñez, porque cuando te dejo y me voy a mis ocupaciones me parece que piso firme, que hago bien las cosas, muchas de ellas, muy bien y casi sin darme cuenta reclamo aplausos, reclamo halagos y me olvido de ser humilde, de aceptar, aunque me duela, mis limitaciones, mis errores, mis faltas y defectos de carácter, que siempre trato de disimular para que no vean mi pequeñez y cuando llega el momento de pedir perdón... ¡cómo cuesta! Qué difícil es reconocer que nos equivocamos, qué juzgamos mal, que lastimamos y rogar que nos perdonen.

Ante ti, Señor, buscando alcanzar esa HUMILDAD, que tanta falta me hace, me atrevo a rezarte la hermosa:




ORACIÓN POR LA HUMILDAD


Señor Jesús, manso y humilde.
Desde el polvo me sube y me domina esta sed de que todos me estimen, de que todos me quieran.
Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la humildad,mi Señor manso y humilde de corazón.

No puedo perdonar, el rencor me quema, las críticas me lastiman, los fracasos me hunden, las rivalidades me asustan.

No se de donde me vienen estos locos deseos de imponer mi voluntad, no ceder, sentirme más que otros... Hago lo que no quiero. Ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad.

Dame la gracia de perdonar de corazón, la gracia de aceptar la crítica y aceptar cuando me corrijan. Dame la gracia, poder, con tranquilidad, criticarme a mi mismo.

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios, olvidos e indiferencias de otros. Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz, cuando no figuro, no resalto ante los demás, con lo que digo, con lo que hago.

Ayúdame, Señor, a pensar menos en mi y abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tu y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo, dame la gracia de ir adquiriendo, poco a poco un corazón manso, humilde, paciente y bueno.

Cristo Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Asi sea. 


(P. Ignacio Larrañaga)

lunes, 30 de octubre de 2017

CÓMO DEJAR QUE CRISTO SANE MIS HERIDAS EN LA ORACIÓN?


¿Cómo dejar que Cristo sane mis heridas en la oración?
La oración es una cita con el Médico de nuestras almas, nuestro Creador y Redentor.


Por: P. Guillermo Serra, LC | Fuente: La-oracion.com 




La oración es una cita con el Médico de nuestras almas, nuestro Creador y Redentor. El conoce y guarda nuestras entradas y salidas (Salmo 120), nuestra historia, nuestras heridas, nuestras miserias y también nuestros deseos de sanar, de vivir y caminar en su presencia (Salmo 144)

Al hacer silencio en la oración, acallo mis heridas, mi dolor, mis "por qués", mis frustraciones y fijo mi mirada en el Divino doctor. Dejo así que sea Él quien me pregunte por mis heridas, cicatrices, mi historia.

Me sorprenderé si le dejo hablar. Él las conoce mejor que yo. Él estuvo y está presente, a mi lado, me ha cargado y me cargará para que no sufra tanto el peso de estas heridas. Es más, Él ha experimentado primero estas heridas en su propia carne y por ellas, hemos sido curados (Isaías 53,5)

Descubro que Él no está tan lejos, no estuvo tan lejos. Que necesito que Él me cuente mi historia, como lo hizo con los discípulos de Emaús (Lucas 24). Pedirle que camine conmigo, que se quede en mi casa, en mi corazón. Que parta su pan en mi presencia, que coma con Él la Eucaristía y que así yo pueda vivir y alimentarme de sus heridas y de su Pasión.

Jesús sana heridas

Era necesario que Jesús viniese a mi alma en la oración para que sanase mis heridas con sus manos taladradas por los clavos, con su mirada penetrante, dulce, suave y serena; con su voz firme y acogedora; con su presencia paciente y luminosa.

"Cuéntame tú Señor mi historia, la historia de mi vida, de mis heridas. Sáname Señor, porque Tú eres mi luz y mi salvación y ninguna herida ni nadie me podrá hacer temblar (Salmo 26)

Toma mis heridas, Señor, son tuyas; y déjame que las tuyas sean mías. Escóndeme en las mías y yo me esconderé en las tuyas. Mira tú mi vida, redímela y sánala; mire yo la tuya y acójala con amor y esperanza.

Que mi soledad y dolor sean ahora sanados por tu protección y amor. Amigo fiel que nunca fallas, Doctor de mi alma, Médico de mis llagas y de mis heridas.

Me dan miedo y me avergüenzan mis heridas. Pero tus heridas fueron tu gloria y el triunfo que presentaste a tu Padre. Por mis heridas seré victorioso si te las presento a ti para que las cures y las conviertas en señal de amor y victoria. Con esta señal llegaré al cielo y me presentaré con confianza ante tu Padre, que es también mi Padre"


¿Cómo hacer una revisión médica espiritual frente a Cristo?

Acto de fe: "creo que Señor que eres el Divino doctor, Hijo de Dios, encarnado por amor a mí. Vienes a sanarme con tus heridas"

Acto de confianza: "confío en ti Señor porque tus promesas son eternas y quieres mi bien. Enséñame a conocer mi bien abriéndote mi alma y mis heridas"

Acto de amor: "te amo Señor porque me has amado tú primero. Te amo Señor porque me lo has demostrado con tu amor, con tus heridas que siguen abiertas para que yo me esconda en ellas"

Acto de entrega: "te entrego mi historia, mi pasado, mi presente y mi futuro. Con mi historia te entrego los capítulos tristes y los alegres. Mis heridas, confusiones, dolores, ofensas, traiciones, infidelidades, indiferencias, pecados, pérdidas, abusos, rencores, todo. Las que he sufrido y las que he hecho yo sufrir a mis hermanos. Con mi presente te entrego mis cruces diarias, mis amores, mis dolores. Con mi futuro te entrego lo que soy y puedo ser, mis anhelos, mis sueños y mis penas futuras".

Acto de "despojo": despojarse de toda vestidura, protección, careta. Desnudar el alma ante Dios, presentarle mis heridas como son, donde están. No hay nada oculto para Dios. "Así soy Señor, así he sufrido, están son mis heridas, tú las conoces, aquí te las presento con cierto temblor pero a la vez confianza. Es mi vida, mi historia, mi identidad. No lo puedo cambiar, pero sí puedo dejar que me sanes".

Acto de humildad: "entra Señor en mis heridas, me duele abrírtelas, me humilla volver a ellas, pero sé que hasta que no sean tuyas, no sanarán. Tuyas son, habítalas; tuyas son, sánalas".

Para la oración

¿Cuáles son mis heridas? Identificarlas en la oración, repasando la propia vida junto a Cristo, entrando en nuestro corazón.

¿He perdonado a Dios? ¿Me he perdonado a mí mismo? ¿Me falta perdonar a alguien?

¿He pedido perdón a Dios?

¿Dónde me puede dar Dios cita, dónde puedo encontrarle para que me sane? ¿Cómo va mi oración? ¿Mi cercanía a la Eucaristía? ¿Con qué frecuencia me confieso?

¿Estoy abierto desde la fe al milagro que experimentaron tantos hombres y mujeres en el Evangelio? ¿Sé realmente "qué es lo que quiero que Jesús haga en mi corazón?

"Gracias Señor por entrar en mis heridas, por estar siempre presente, por ayudarme a curarlas, a cicatrizarlas. Quiero que esta marca que quede sea un recuerdo de tu amor, un compromiso de mi decisión de vivir confiando en ti.

Escóndeme en esa divina herida que no sanará, que no cicatrizará. Esa herida que siempre está abierta para que podamos escondernos en tu corazón y así entendamos cuánto nos amas y cómo quieres sanarnos. En ti Señor confié, nunca quedaré defraudado"
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