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domingo, 18 de enero de 2026

EL CORDERO DE DIOS - MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 18 DE ENERO DE 2026



 El Cordero de Dios


Aunque la Navidad es un tiempo alegre, la Iglesia no permite que sea de “pura alegría”. Coloca la fiesta de san Esteban, el primer mártir, inmediatamente después del 25 de diciembre. Al hacerlo, la Iglesia sigue el rumbo de los evangelios. En los relatos de la infancia de Jesús, tanto san Mateo como san Lucas dejan entrever su muerte. San Mateo narra el martirio de los Santos Inocentes, asesinados mientras Herodes buscaba matar a Jesús. En san Lucas, el anciano Simeón se refiere a Jesús como un “signo de contradicción”. Es una descripción enigmática. Significa que Jesús será rechazado y odiado por los pecadores a quienes vino a salvar.

 

Esta yuxtaposición de alegría y dolor continúa también hoy. Concluimos el tiempo navideño hace ocho días con la celebración del Bautismo del Señor. Y ahora, en el primer domingo después, escuchamos una nota de tristeza. Juan el Bautista, señalando a Jesús, lo llama “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. A primera vista parece una imagen serena, pero en realidad tiene una implicación espantosa: el Cordero quitará el pecado cuando su sangre sea derramada como ofrenda de sacrificio.

 

El papa san Juan Pablo II nos ha ayudado a comprender la grandeza de las obras de Jesús. Escribió que Dios crea a la persona humana como un don de amor. En otras palabras, nuestras vidas son regalos de Dios, dados a nosotros por amor. Al hablar de “amor”, entendemos la disposición de buscar el bien del otro.  Como cada uno de nosotros es un don, nos realizamos plenamente como personas humanas cuando nos entregamos a los demás por amor. Jesús hace posible esta entrega mediante el sacrificio de su nacimiento, de su vida y de su muerte. Nació en Belén como un don de Dios; vivió enseñándonos los caminos del Reino de Dios; y finalmente entregó su vida en el Calvario por la salvación del mundo del pecado. En este proceso, Jesús no solo modeló lo que significa el sacrificio de uno mismo por los demás, sino que también venció al espíritu del mal que nos impide imitarlo.

 

Sin embargo, vivimos en un ambiente que en gran medida ha ignorado el amor de Cristo. Muchos hoy en día no conocen a Jesús. Viven no como dones para los demás, sino para la exaltación de sí mismos. Cada año, menos adultos desean comprometerse con otra persona en el matrimonio. ¿Por qué? Porque temen el sacrificio que implica. Los jóvenes evitan tener hijos por la misma razón. No comprenden que el verdadero gozo solo surge de este tipo de sacrificio. Tal vez encuentren placer en relaciones superficiales y en gastos excesivos centrados en sí mismos, y al final probablemente se preguntarán si la vida no ofrece algo más.

 

Acabamos de iniciar el Tiempo Ordinario. Este es el período en el que aprendemos cómo Jesús vivió su vida como un don. Sin embargo, el tiempo será interrumpido por la Cuaresma y la Pascua.  Entonces nos enteraremos el costo de imitarlo y por qué vale la pena pagarlo.

Fray Carmelo Mele OP 

SANTORAL DE HOY DOMINGO 18 DE ENERO DE 2026

 

Beatriz de Este de Ferrara, BeataBeatriz de Este de Ferrara, Beata
Monja Benedictina, 18 de enero
Margarita de Hungría, SantaMargarita de Hungría, Santa
Virgen Dominica, 18 de enero
Facio de Cremona, BeatoFacio de Cremona, Beato
Laico, 18 de enero
Andrés Grego de Peschiera, BeatoAndrés Grego de Peschiera, Beato
Sacerdote Dominico, 18 de enero
Cristina Ciccarelli de L´Aquila, BeataCristina Ciccarelli de L´Aquila, Beata
Virgen Agustina, 18 de enero
Regina Protmann, BeataRegina Protmann, Beata
Fundadora, 18 de enero
María Teresa Fasce, BeataMaría Teresa Fasce, Beata
Abadesa, 18 de enero
Prisca de Roma, SantaPrisca de Roma, Santa
Mártir, 18 de enero

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 18 DE ENERO DE 2026



 Domingo 2 (A) del tiempo ordinario

Domingo 18 de enero de 2026



1ª Lectura (Is 49,3.5-6): Me dijo el Señor: «Tu eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré». Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza: «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».



Salmo responsorial: 39

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.


Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, entonces yo digo: «Aquí estoy».


«-Como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas».


He proclamado tu justicia ante la gran asamblea; no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

2ª Lectura (1Cor 1,1-3): Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Versículo antes del Evangelio (Jn 1,14a.12a): Aleluya. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. A cuantos le recibieron les dio poder de ser hechos hijos de Dios. Aleluya.

Texto del Evangelio (Jn 1,29-34): En aquel tiempo, vio Juan venir Jesús y dijo: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».



«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»

Rev. D. Joaquim FORTUNY i Vizcarro

(Cunit, Tarragona, España)


Hoy hemos escuchado a Juan que, al ver a Jesús, dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). ¿Qué debieron pensar aquellas gentes? Y, ¿qué entendemos nosotros? En la celebración de la Eucaristía todos rezamos: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros / danos la paz». Y el sacerdote invita a los fieles a la Comunión diciendo: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo...».


No dudemos de que, cuando Juan dijo «he ahí el Cordero de Dios», todos entendieron qué quería decir, ya que el “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas.


Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero.


Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia. San Pedro dirá: «Habéis sido rescatados (...) con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo» (1Pe 1,18.19). Y san Juan, en el Apocalipsis, emplea hasta treinta veces el término “cordero” para designar a Jesucristo.


Cristo es el cordero que quita el pecado del mundo, que ha sido inmolado para darnos la gracia. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado, aborrezcámoslo. La belleza del alma en gracia es tan grande que ningún tesoro se le puede comparar. Nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados. Por eso, en el “Gloria” de la Misa se habla de la paz que es propia de los hombres que ama el Señor, de los que están en gracia.


San Juan Pablo II, urgiéndonos a vivir en la gracia que el Cordero nos ha ganado, nos dice: «Comprometeos a vivir en gracia. Jesús ha nacido en Belén precisamente para eso (...). vivir en gracia es la dignidad suprema, es la alegría inefable, es garantía de paz, es un ideal maravilloso».

FELIZ DOMINGO!!!





 

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