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sábado, 20 de mayo de 2017

PERSECUCIÓN


Persecución
Nuestra verdad es la verdad del amor y el amor no se impone por la violencia ni el fanatismo


Por: Pedro Luis Llera Vázquez | Fuente: Catholic.net 




Cuando hablamos de “persecución” y de “martirio”, se nos vienen a la cabeza escenas de fieras en el circo romano devorando a los cristianos ante un emperador despótico y unas masas enardecidas y sedientas de sangre. Olvidamos a menudo que las persecuciones más sangrientas contra la Iglesia tuvieron lugar el siglo pasado a manos de dictadores como Stalin, Mao o Hitler; o en la II República española antes y durante la Guerra Civil. El 13 de octubre de 2013, en Tarragona, hemos celebrado la fiesta de beatificación de 480 mártires españoles de la Guerra Civil.

Pero si el Siglo XX fue un siglo de mártires entre los cristianos, el XXI va camino de superar todas las marcas. El domingo 22 de septiembre fue uno de esos días teñidos de rojo por la sangre de nuestros mártires. En un centro comercial de Nairobi – el Westgate – el grupo terrorista Al Shabab asesinó a más de sesenta personas por el mero hecho de no ser musulmanes. Para los integristas islámicos de la órbita de Al Qaeda, los cristianos somos sus enemigos a batir.

Y ese mismo domingo, en Peshawar – Pakistán – dos terroristas suicidas asesinaron a más de ochenta fieles a la salida de misa en la Parroquia de Todos los Santos: una masacre. El único delito de las víctimas fue ir a misa a cumplir con el precepto dominical. Su crimen era ser cristianos en un país de mayoría musulmana.

La persecución a los cristianos en el siglo XXI está resultando cruel, terrorífica. En países como Arabia Saudí no se pueden construir iglesias ni anunciar el Evangelio. La conversión al cristianismo para un musulmán está penada con la muerte. Afganistán, Yemen, Pakistán, Egipto, Siria, Irán, Irak… Pero no son sólo los países de mayoría musulmana quienes asesinan, secuestran o torturan a los cristianos. Otro tanto ocurre en países comunistas como Corea del Norte o China, donde la Iglesia Católica está perseguida y vive en la clandestinidad, como en la época de las catacumbas. Y ante todo esto, la llamada “Comunidad Internacional” mira hacia otro lado y calla: no sé si por cobardía, por intereses económicos o por ambas causas.

Ser cristiano es arriesgado. No se puede seguir a Cristo sin cargar con la cruz y asumir las persecuciones y humillaciones que este seguimiento inevitablemente te va a acarrear. No hay fe auténtica sin persecución. Esto ha sido así siempre y lo seguirá siendo hasta el final de los tiempos. En muchas partes del mundo ir a misa significa jugarse la vida. Y aquí, en Europa hay quienes siguen opinando que la misa es aburrida...

En esta España mundanizada y pagana en la que nos ha tocado vivir, los católicos también estamos sufriendo ciertos modos de persecución. Tenemos un doble frente. Por un lado tenemos a los laicistas anticlericales de toda la vida: socialistas, comunistas, anarquistas y liberales. Todos ellos odian a la Iglesia – con mayor o menor virulencia – y propugnan y difunden un relativismo moral que se extiende como una mancha de aceite por toda España. Para todos estos, la fe representa oscurantismo y caverna. La única verdad para ellos es la verdad científica: no hay más realidad que la material, que lo que podemos ver y tocar. La Iglesia es el enemigo a batir, porque anuncia a un Dios, una Verdad, una vida sobrenatural y unos principios morales que para los enemigos de Cristo resultan inaceptables. Este frente laicista, materialista y ateo tiene sus expresiones más radicales en el homosexualismo político y sus marchas del orgullo gay, convertidas en verdaderos aquelarres, violentamente anticatólicos; y, peor aún, en esos grupos anarquistas que últimamente están perdiendo el miedo y ya se atreven a atentar en la Catedral de la Almudena de Madrid o, más recientemente, contra la Basílica del Pilar de Zaragoza. La ideología de género, la defensa del aborto como derecho de la mujer y de la eutanasia para asesinar impunemente a enfermos y ancianos; el apoyo a la investigación con embriones humanos y a las prácticas eugenésicas, son común denominador de todas estas ideologías que representan lo que se ha venido en llamar “cultura de la muerte”. Aquí todavía no nos matan a los católicos (se burlan de nosotros, blasfeman y nos humillan), pero todo se andará y cualquier día las bombas en iglesias acabarán por provocar víctimas inocentes.

El otro frente es más sutil, pero no menos destructivo para los católicos: es la quinta columna infiltrada dentro de la propia Iglesia. Que te persigan los comunistas o los anarquista entra dentro de lo “normal”. Pero que la persecución se dé dentro de la propia Iglesia, resulta infinitamente más doloroso. Se trata de una serie de católicos que pretenden convertir la fe en ideología al servicio de sus propios intereses. Entre ellos, distinguimos dos bandos:

Por un lado, tenemos los católicos “progresistas”, abanderados por la llamada teología de la liberación, que con una utilización demagógica y torticera de la irrenunciable opción preferencial por los pobres, asume los medios y las estrategias de la izquierda radical para apoyar opciones revolucionarias. Son los que utilizan el Concilio Vaticano II para pedir una “democratización” de la Iglesia, para atacar sistemáticamente a la Jerarquía, a los dogmas, a la doctrina y al catecismo católico para trasformar las estructuras sociales desde postulados inmanentistas. Para ellos, el Reino de Dios y el paraíso comunista son básicamente lo mismo. Son estos quienes adulteran la liturgia, quienes plantean el sacerdocio femenino, quienes apoyan el matrimonio homosexual desde dentro de la Iglesia y un largo etcétera de heterodoxias. No les gusta la Iglesia ni aceptan sus principios, pero no se van de ella. Los nuevos herejes buscan destruir la Iglesia desde sus entrañas. Si realmente creyeran en el sacerdocio femenino, en la supresión del celibato para los sacerdotes y en esa Iglesia democratizada, lo tendrían fácil: con irse a la Iglesia anglicana o a la luterana lo tendrían resuelto y todas sus aspiraciones cumplidas: sacerdotisas, obispos y obispas gays y lesbianas... Todo lo que ellos quieren para la Iglesia Católica y más. Pero estos no se van ni con agua hirviendo y siguen erre que erre dando la tabarra.

Pero hay un segundo frente de enemigos quintacolumnistas que es todavía más peligroso. Este segundo grupo es más sutil. Muchos de sus integrantes son de misa diaria: gente conservadora, personas de orden de toda la vida. Yo los denominaría católicos “liberales”. A ellos les gusta denominarse “demócratas cristianos”, aunque al fin y a la postre, ni lo uno ni lo otro. Muchos de ellos son nostálgicos de la transición, donde se sintieron protagonista del cambio político en España. Son muy tolerantes y abiertos a todas las sensibilidades, siempre y cuando esa sensibilidad coincida con la suya. En realidad, son “posibilistas” que tratan de conciliar lo irreconciliable y pretenden casar su condición de católicos con la militancia en partidos que defienden políticas abiertamente contrarias al magisterio de la Iglesia. Son los católicos que miran hacia otro lado y callan como muertos cuando el ministro de justicia aplaude con las orejas la sentencia del Constitucional que ratifica la legalidad del matrimonio homosexual; o quienes callan ante el reiterado retraso de la anunciada reforma de la ley del aborto (que ya verán ustedes en qué va a quedar), mientras miles de niños inocentes mueren cada día en las clínicas del horror. Estos católicos anteponen los cargos, los sueldos y los privilegios que les reporta su militancia política o su cercanía al poder, a sus obligaciones como miembros de su Iglesia. Para estos católicos light (o tibios como los llama el Apocalipsis), quienes permanecen firmes en la defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y de los principios no negociables son unos integristas fanáticos. No soportan la virtud y la autenticidad de los católicos coherentes, porque esa integridad pone de manifiesto y denuncia su hipocresía y su fariseísmo. Sus acciones contradicen sus palabras: por sus hechos los conoceréis. Les gusta ocupar los primeros puestos y se codean con obispos y cardenales. Presumen de su condición de católicos; pero en realidad, son sepulcros blanqueados que no ocultan sino podredumbre y muerte.

Si defender lo mismo que el Papa y los obispos, te convierte en un integrista, yo lo soy sin duda. Si no casarse con los intereses de este mundo te convierte en un fanático, bendito fanatismo. Si mantenerse aferrado a la sana doctrina de la Iglesia te convierte en un intolerante, pues también me apunto a esa intolerancia. Nosotros no podemos ser intransigentes ni fanáticos. Lo deja claro el Papa Francisco en su Encíclica Lumen Fidei: nuestra verdad es la verdad del amor y el amor no se impone por la violencia ni el fanatismo. La Verdad que proclamamos es Cristo y Éste, crucificado.

Conozco de primera mano alguna institución católica dirigida por este tipo de católicos, tan tolerantes y liberales ellos, que han puesto en marcha verdaderas purgas contra directores de colegio, rectores de universidad y profesores verdaderamente santos y competentes por ser católicos “integristas” – yo diría que íntegros – de esos que creen en Dios y no negocian con su fe ni con los principios ni con su adhesión a la doctrina de la Iglesia. La tolerancia de estos católicos “liberales” se torna en persecución contra todos aquellos que se niegan a claudicar ante los valores de este mundo. ¿Es posible que pasen estas cosas? Puede parecer increíble, incluso kafkiano; pero sí. Esto pasa en España en 2013. Y lo peor del caso es que nadie mueve un dedo ante lo que está pasando. Todos parecen mirar hacia otro lado, mientras los lobos disfrazados de corderos devoran a las ovejas. Esto también es persecución: una persecución silenciosa e incruenta, pero que está provocando mucho sufrimiento y dolor en muchas personas buenas y santas. Yo podría dar el nombre de unos cuantos.

¿Y qué podemos hacer ante tanta persecución y tanta injusticia? Paciencia, perdón y amor hacia nuestros enemigos; rezar por quienes nos ofenden y nos humillan y seguir el ejemplo de los santos. No queda otra. El mal acabará devorándose a sí mismo. Y el triunfo final es del Señor: ante su presencia, todos tendremos que rendir cuentas. Hasta entonces, el trigo y la cizaña seguirán creciendo juntos y el Señor continuará haciendo salir el sol sobre justos e impíos. Pero al Señor no se le puede engañar porque para Él nada hay oculto.

jueves, 6 de abril de 2017

5 CIFRAS QUE TODO CATÓLICO DEBE SABER SOBRE LA IGLESIA EN EL MUNDO

5 cifras que todo católico debe saber sobre la Iglesia en el mundo


VATICANO, 06 Abr. 17 / 01:05 pm (ACI).- ¿Cuántos católicos hay en el mundo? La Tipografía Vaticana ha publicado recientemente el Anuario Pontificio 2017 y el Anuario de Estadísticas de la Iglesia 2015, en donde se dan a conocer las últimas cifras al respecto.
Entre las cifras más importantes, presentamos estas cinco:

1.- Hay 1285 millones de católicos que es el 17,7% de la población total del mundo
En el año 2014 esta cifra era de 1272 millones, lo que quiere decir que se ha visto un aumento de 1%.
Según un estudio del Pew Research Center indicó que entre 2010 y 2015, los cristianos -incluyendo a católicos y cristianos de distintas denominaciones-, son el grupo religioso más grande del mundo con 2.263 millones de personas.
Los musulmanes constituyen el segundo grupo religioso más grande, con 1.800 millones de personas.
2.- América tiene al 49% de católicos
América sigue siendo el continente donde está la mayor cantidad de católicos en todo el mundo, seguido por Europa donde está el 22,2% por ciento, en comparación con el 23,8% que había en 2010.
En África los católicos son el 17,3% de los católicos del mundo, mientras que en Asia están aproximadamente el 11%.
En Oceanía la cantidad de católicos llega aproximadamente al 0,7%.
3.- Brasil es el país con más católicos en el mundo
En Brasil viven 172,2 millones de católicos, lo que representa al 26,4% de fieles de América, seguido por México con 110,9 millones y Filipinas con 83,6 millones.
4.- Hay 136 sacerdotes menos
El año 2015 marca un descenso en el número de sacerdotes respecto a 2014, cambiando así la tendencia al alza que caracterizó los años de 2000 a 2014. La disminución entre 2014 y 2015 es de 136. Ahora hay en total 415,656 sacerdotes en el mundo.
En Europa se registró un descenso de 2502, pero en  todos los demás continentes la cifra creció: 1,133 más en África, 1104 más en Asia, 82 más en Oceanía y 47 más en América.
5.- El aumento de los católicos se debe a África
En comparación con el año 2010, el crecimiento que se aprecia en 2015 es de 7,4% ya que en ese año los católicos eran 1196 millones y ahora son 1285 millones.
En ese mismo periodo de cinco años, el aumento de los católicos registrado en África ha sido de 19,4%, lo que superó al índice de crecimiento de la población en general.
En Europa, América y Asia el número de católicos aumentó o disminuyó casi en correlación con el aumento o disminución de la población en general.

jueves, 23 de marzo de 2017

QUIÉN ES CATÓLICO?


¿Quién es católico?
Para que una persona se pueda llamar católica, es necesario que cumpla todas estas condiciones, ya que son características esenciales del católico


Por: Los Tres Mosqueteros | Fuente: Religión en Libertad 




Mucha gente a la que se le pregunta quién es católico responde que católico es el que cree en Cristo; el que va a la Iglesia; el que hace caridades; el que es buena persona; el que cree en el Papa, en los curas… y otra mucha gente no sabe qué decir. En este caso último caso está el teólogo católico (al menos de nombre) que decía en su libro: "Si me preguntan si creo en Cristo, no sabría qué responder. Ni siquiera sé si es de las preguntas que tienen contestación". Me pregunto qué hubiera respondido este teólogo a Cristo caso de haber vivido en Palestina en tiempos del Señor. Porque, Jesús, cuando formulaba preguntas (cosa que hacía con frecuencia) exigía respuestas rotundas y sinceras, como es obvio.

Volviendo al tema. Supuesto el bautismo, es católico:

1.- El que cree el Credo y todos los Dogmas.

2.- El que cree que la Biblia es Palabra revelada por Dios, y según la enseñanza de la Iglesia, no como a cada uno se le antoje.

3.- El que admite al Papa (unido al Colegio Episcopal) como jefe infalible de la Iglesia. (En esto hay que saber que el Colegio Episcopal sin el Papa no es infalible).
Para que una persona se pueda llamar católica, es necesario que cumpla todas estas condiciones, ya que son características esenciales del católico, de tal manera que si le falta alguna dejará de serlo. (No vale decir "Yo creo el Credo" y a continuación decir "Yo no creo en el infierno, en la Iglesia…").

Recuerdo a un buen católico que al escuchar esto exclamó: "¡Pues con este filtro vamos a quedar muy pocos!". A lo que yo pensé: "Pues entonces hay mucho que hacer…".

martes, 7 de febrero de 2017

VIVIMOS NUESTRA FE CATÓLICA?


¿Vivimos nuestra fe católica?
La fe no es una simple teoría. Es un compromiso que llega al corazón, a las acciones, los principios, las decisiones, al pensamiento y a la vida.


Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: es.catholic.net 




La fe no es una simple teoría. Es un compromiso que llega al corazón y a las acciones, a los principios y a las decisiones, al pensamiento y a la vida.

Vivimos nuestra fe cuando dejamos a Dios el primer lugar en nuestras almas. Cuando el domingo es un día para la misa, para la oración, para el servicio, para la esperanza y el amor. Cuando entre semana buscamos momentos para rezar, para leer el Evangelio, para dejar que Dios ilumine nuestras ideas y decisiones.

Vivimos nuestra fe cuando no permitimos que el dinero sea el centro de gravedad del propio corazón. Cuando lo usamos como medio para las necesidades de la familia y de quienes sufren por la pobreza, el hambre, la injusticia. Cuando sabemos ayudar a la parroquia y a tantas iniciativas que sirven para enseñar la doctrina católica.

Vivimos nuestra fe cuando controlamos los apetitos de la carne, cuando no comemos más de lo necesario, cuando no nos preocupamos del vestido, cuando huimos de cualquier vanidad, cuando cultivamos la verdadera modestia, cuando huimos de todo exceso: “nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias” (Rm 13,13).

Vivimos nuestra fe cuando el prójimo ocupa el primer lugar en nuestros proyectos. Cuando visitamos a los ancianos y a los enfermos. Cuando nos preocupamos de los presos y de sus familias. Cuando atendemos a las víctimas de las mil injusticias que afligen nuestro mundo.

Vivimos nuestra fe cuando tenemos más tiempo para buenas lecturas que para pasatiempos vanos. Cuando leemos antes la Biblia que una novela de última hora. Cuando conocer cómo va el fútbol es mucho menos importante que saber qué enseñan el Papa y los obispos.

Vivimos nuestra fe cuando no despreciamos a ningún hermano débil, pecador, caído. Cuando tendemos la mano al que más lo necesita. Cuando defendemos la fama de quien es calumniado o difamado injustamente. Cuando cerramos la boca antes de decir una palabra vana o una crítica que parece ingeniosa pero puede hacer mucho daño. Cuando promovemos esa alabanza sana y contagiosa que nace de los corazones buenos.

Vivimos nuestra fe cuando los pensamientos más sencillos, los pensamientos más íntimos, los pensamientos más normales, están siempre iluminados por la luz del Espíritu Santo. Porque nos hemos dejado empapar de Evangelio, porque habitamos en el mundo de la gracia, porque queremos vivir a fondo cada enseñanza del Maestro.

Vivimos nuestra fe cuando sabemos levantarnos del pecado. Cuando pedimos perdón a Dios y a la Iglesia en el Sacramento de la confesión. Cuando pedimos perdón y perdonamos al hermano, aunque tengamos que hacerlo setenta veces siete.

Vivimos nuestra fe cuando estamos en comunión alegre y profunda con la Virgen María y con los santos. Cuando nos preocupa lo que ocurre en cada corazón cristiano. Cuando sabemos imitar mil ejemplos magníficos de hermanos que toman su fe en serio y brillan como luces en la marcha misteriosa de la historia humana.

Vivimos nuestra fe cuando nos dejamos, simplemente, alegremente, plenamente, amar por un Dios que nos ha hablado por el Hijo y desea que le llamemos con un nombre magnífico, sublime, familiar, íntimo: nuestro Padre de los cielos.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LOS TESOROS DE LA IGLESIA


Los tesoros de la Iglesia



“Los tesoros de la Iglesia no son sus catedrales, sino los pobres”, ha explicado el Papa Francisco este domingo al concluir el Jubileo de las personas socialmente excluidas, convocado al final del Año de la Misericordia.

La homilía de la celebración eucarística, en la Basílica vaticana, que acogía a seis mil personas pobres, ofreció la oportunidad a Francisco para abrir su corazón y pedir a los cristianos que hagan un examen de conciencia sobre la manera en que la Iglesia trata a los pobres.

Estas son las diez consignas que el Papa compartió con los presentes, muchos de ellos sin techo. Son la base para un examen de conciencia que debería hacer todo cristiano al final de este jubileo.

1. “¿Qué tiene valor en la vida, cuáles son las riquezas que no pasan? Está claro que son dos: el Señor y el prójimo. ¡Estas dos riquezas no pasan! Estos son los bienes más grandes que hay que amar”.

2. “La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creación, con frecuencia es descartada, porque se prefieren cosas que pasan. Y esto es inaceptable, pues el hombre es el bien más precioso a los ojos de Dios”.

3. “Hay que preocuparse cuando la conciencia se anestesia y ya no se hace caso del hermano que sufre a nuestro lado, de los problemas serios del mundo, que se convierten en estribillos ya escuchados en los guiones de los telediarios”.

4. Dirigiéndose a los pobres: “Con su presencia, ustedes nos ayudan a sintonizarnos en la longitud de onda de Dios, a mirar lo que Él mira: Él no se queda en las apariencias”.

5. “¡Cuánto daño nos hace fingir que no nos damos cuenta de que Lázaro es excluido y descartado! Esto significa dar la espalda a Dios. ¡Es dar la espalda a Dios!”.

6. “Cuando el interés se concentra en las cosas que hay que producir, y no en las personas que hay que amar, nos encontramos ante un síntoma de esclerosis espiritual”.

7. “Esta es la trágica contradicción de nuestro tiempo: cuanto más aumentan el progreso y las posibilidades —algo que está bien— más aumenta el número de quienes no pueden acceder a ellos”.

8. “No podemos quedarnos tranquilos en casa, mientras Lázaro yace en la puerta: no puede haber paz en casa de quien está bien, cuando falta justicia en la casa de todos”.

9. Que el Señor libre a los hijos de la Iglesia “de los intereses y de los privilegios, del apego al poder y a la gloria, de la seducción del espíritu del mundo”.

10. “Nuestra tarea consiste en cuidar de la verdadera riqueza, que son los pobres”, “los verdaderos tesoros de la Iglesia”.


© Jesús Colina (Aleteia)

sábado, 15 de octubre de 2016

NUEVE COSAS QUE DEBES SABER SOBRE LA GUERRA CRISTERA


9 cosas que debes saber sobre la Guerra Cristera


CIUDAD DE MÉXICO, 14 Oct. 16 / 06:54 pm (ACI).- Este domingo 16 de octubre será canonizado el Beato José Sánchez del Río, el niño cristero que murió mártir durante la persecución religiosa que ocurrió en México a inicios del siglo XX.

La Guerra Cristera fue un conflicto armado en México que se prolongó desde 1926 hasta 1929. El Presidente Plutarco Elías Calles promulgó una legislación anticlerical, por la cual los católicos debieron levantarse en armas para defender su fe, siendo miles de ellos encarcelados y ejecutados. Se estima que fueron 250 mil personas las que perdieron la vida en esa guerra en ambos bandos.

A continuación 9 cosas que debes saber sobre la Guerra Cristera, donde muchos derramaron su sangre por Cristo.

1.-Las duras prohibiciones a la Iglesia

La Constitución de Querétaro promulgada en 1917 estableció varias medidas anticlericales que fueron modificadas por el presidente Plutarco Elías Calles en la “Ley Calles” que se dio a conocer el 2 de julio de 1926.

Se redujo el número de sacerdotes, se prohibieron las manifestaciones públicas de fe, sólo se podía celebrar Misa una vez a la semana, se obligó al clero vestir de civil, se expropiaron las propiedades de la Iglesia, entre otras.

2.-El protagonismo de los laicos

Ante la “Ley Calles”, los católicos reunieron cerca de dos millones de firmas para pedir su abolición, pero fueron ignorados. Entonces los laicos realizaron un boicot económico nacional. El gobierno se vio perjudicado y persiguió a los gestores.


También surgieron tres instituciones: La Unión Popular, la Liga Defensora de la Libertad, ambas fundadas por laicos; y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.

3.-La mayoría del ejército cristero eran campesinos

El P. Alfredo Sáenz, historiador jesuita, indicó que la mayor parte de los combatientes provenían del campo y que un 60% no había recibido educación.

“Lo único que sabían los campesinos era que llegaban los soldados, detenían a los sacerdotes, fusilaban a los que protestaban, ahorcaban a los prisioneros, incendiaban las iglesias y violaban a las mujeres(...) Ya habían tolerado muchos desmanes del gobierno en otros campos, pero jamás iban a permitir que Cristo y su Iglesia fueran burlados”, señaló el P. Sáenz.

4.-Solo cinco sacerdotes tomaron las armas

El P. Sáenz indicó que unos 100 sacerdotes ofrecieron su labor pastoral a los cristeros. Algunos fueron capellanes militares y solo cinco optaron por tomar las armas.

5.-El papel de las mujeres

El P. Sáenz indicó que en la guerra cristera hubo varias agrupaciones femeninas. Una de estas fueron las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco, fundadas en el año 1927 y conformadas por cerca de 25 mil mujeres, casadas y solteras. Ellas recaudaban dinero, ofrecían refugio y cuidaban a los heridos y enfermos.

6.-El significado de “¡Viva Cristo Rey!”

El escritor Luis Cano Medina explicó en uno de sus libros que el grito se debe a la devoción de los católicos a Cristo Rey, especialmente porque en 1924 México fue el primer país en consagrarse a Él.

Durante la Guerra Cristera, el ejército católico se consagró a Cristo Rey y por ello fueron llamados “Los Cristos Reyes” o “Cristeros”. “¡Viva Cristo Rey!” era el grito de resistencia y la jaculatoria de los mártires.

7.-Niños mártires

El Beato José Sánchez del Río no fue el único niño mártir. El P. Sáenz escribió que en 1926 un niño de siete años llamado José Natividad Herrera y Delgado que había participado en una protesta pacífica fue asesinado por un soldado porque se negó a quitarse de su sombrero un papel donde se leía: “¡Viva Cristo Rey!”.


En Guadalajara otro niño que repartía volantes para el boicot económico fue llevado a una comisaría y lo golpearon para que dijera el nombre de la persona que se los dio, le torcieron los brazos hasta quebrarlos, pero no habló y murió a causa de las heridas.

8.- Santos y beatos

Los santos mártires de la Guerra Cristera son 25, de los cuales tres son laicos y 22 son sacerdotes. Fueron canonizados el 21 de mayo del año 2000 por San Juan Pablo II. Uno de los más conocidos es Santo Toribio Romo González.

Entre los beatos están el Padre Miguel Pro, sacerdote jesuita beatificado por San Juan Pablo II en 1988 y Anacleto González Flores, fundador de la Unión Popular. Este último fue beatificado en el año 2005 en Guadalajara junto con otros 12 mártires, entre ellos José Sánchez del Río.

9.- Se hizo una película

En el año 2012 se estrenó Cristiada, una película producida por Dos Corazones Films y dirigida por Dean Wright que cuenta varios momentos de la Guerra Cristera y de la vida del Beato Anacleto González, el Beato José Sánchez del Río y otros héroes.

Entre los actores figuran Eduardo Verástegui, Andy García, Eva Longoria, Rubén Blades Peter O’Toole y Mauricio Kuri.

jueves, 13 de octubre de 2016

EL PEZ, SÍMBOLO CRISTIANO


El pez, símbolo cristiano
A partir del siglo III la imagen del pez se utilizaba como símbolo de Cristo.


Fuente: http://www.corazones.org 




En el siglo II la Iglesia tomó la palabra "Ichthys", pez en griego, como símbolo de Cristo. A partir del siglo III la imagen del pez se utilizaba como símbolo de Cristo.

En esta simbología, las letras de la palabra "Ichthys" representan las iniciales de la frase:
IIesous Christos Theou Yios Soter 

Ichthus: I = Iesous (Jesús); Ch = Christos (Cristo); Th = Theou (Dios); U=Uios (Hijo); S=Soter (Salvador)

Significado: "Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador"

El símbolo del pez y el críptico "Ichthus" fueron adoptados por los cristianos de la Iglesia Primitiva para representar a Jesucristo y manifestar su adhesión a la fe. Tanto el pez como el críptico aparece numerosas veces en las catacumbas.


Una profesión de fe

Los cristianos, siendo minoría en un mundo pagano, tenían sus propios símbolos para identificarse y avivar su fe. En el pez (Ichthus), encontraban la profesión de fe, la razón por la que adoraban a Jesús y estaban dispuestos a morir.

Los creyentes son "pequeños peces", según el conocido pasaje de Tertuliano (De baptismo, c. 1): "Nosotros, pequeños peces, tras la imagen de nuestro Ichthus, Jesús Cristo, nacemos en el agua". Una alusión al bautismo. El cristiano no solo murió y nació de nuevo en el bautismo sino que vive de las aguas del bautismo, es decir, en la gracia del Espíritu Santo. El cristiano que se aparte de la vida de estas aguas muere. Como un pez muere al salir del agua, el cristiano muere si se deja seducir por la mente del mundo.

Historia

El símbolo del pez puede que sea inspirado por la multiplicación milagrosa de panes y peces o por los peces que Jesús Resucitado compartió con sus discípulos (Jn. 21: 9). Al llamar a los discípulos para Jesucristo les dijo:

«Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. -Mateo 4,19-20; cf Marcos 1,17).

La referencia escrita del símbolo cristiano del pez mas antigua que se conoce es de Clemente de Alejandría, (nacido en 150), quien recomienda (Paedagogus, III, xi) tener como sello una paloma o un pez. San Clemente no da explicación de estos símbolos, por lo que se puede concluir que ya estos era ampliamente conocidos. El pez se encuentra ya en monumentos romanos de las primeras décadas del siglo II, como la Capella Greca y las Capillas del Sacramento de la catacumba de San Calixto. Los primeros cristianos lo utilizaban en numerosos frescos y sarcófagos.

La asociación del Ichthys con al Eucaristía es enfatizada en el epitafio de Abercius, obispo de Hieropolis del siglo II, y en el epitafio de Pectorius de Autun. Abercius nos dice que en su viaje a Roma, en todas partes recibió como alimento "el Pez del manantial, el grande, el puro", como también "vino mezclado con agua junto con pan". Pectorius también habla del Pez como un delicioso alimento espiritual que nos da el "Salvador de los Santos". La asociación con la Eucaristía también es evidente en los frescos de la catacumba de Santa Priscila.

Desde el siglo II, el del fin es, con frecuencia, el pez de preferencia para este símbolo por ser este considerado un amigo del hombre. Después del siglo IV, el simbolismo del pez gradualmente disminuyó. En la actualidad, en medio del mundo pagano y agresivo contra los verdaderos cristianos, los que se deciden a ser fieles al Señor una vez mas están recobrando este símbolo para identificar su compromiso de fe hasta la muerte. Una señora me dio el testimonio de unos jóvenes en Cuba que por poner el signo del pez en un vehículo fueron condenados a diez años de cárcel. Si usas este símbolo, no lo defraudes, que no sea decoración. ¡Qué represente al Señor y tu total adhesión de fe sin contar el costo!

miércoles, 12 de octubre de 2016

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS: EL FRAILE ESPAÑOL QUE DENUNCIA ABUSOS DE CONQUISTADORES

Fray Bartolomé de las Casas: El fraile español que empleó cifras falsas para denunciar los abusos de los conquistadores
Los datos, notoriamente falsos, siguen usándose hoy en día con fines políticos


Por: César Cervera | Fuente: Infocatolica.com // ABC.es 



Bartolomé de Las Casas no es el malo de la película, aunque tampoco es el bueno. Para defender una causa justa se valió de datos falsos o poco precisos, que más tarde empleó la propaganda extranjera con el propósito de levantar la Leyenda Negra contra España. En verdad, algunos conquistadores aprovecharon las encomiendas para abusar de los indígenas en contra de las recomendaciones de la Corona española, pero las cifras fueron exageradas adrede para que la voz de los críticos fuera escuchada. ¿20 millones de muertos causados por la violencia y abusos de los conquistadores? Los extranjeros dieron por buena esa cifra hasta que los propios enciclopedistas franceses cuestionaron su verosimilitud. El daño, no obstante, ya estaba hecho.
Nacido en Sevilla a finales del siglo XV, Fray Bartolomé de Las Casas era hijo de uno de los hombres que acompañó a Cristóbal Colón en uno de sus viajes y, él mismo, viajó en 1502 al Nuevo Mundo. Durante esta primera estancia en América, el sevillano se convirtió en encomendero, que era una forma de esclavitud encubierta.
Encomiendas, una esclavitud silenciosa
Esta institución sirvió para canalizar la ambición de los conquistadores de un sistema feudal en América, ante la incapacidad de las fuerzas reales de hacer valer su autoridad. Como explica el libro «La empresa de América: los hombres que conquistaron imperios y gestaron naciones» (EDAF), el proceso consistía en «encomendar» a un grupo de indígenas a un conquistador, un encomendero, como si se tratara de un vasallaje pero sin cesión de tierras.
Todo indígena varón entre los 18 y 50 años de edad era considerado tributario, lo que significaba que estaba obligado a pagar un tributo al Rey en su condición de «vasallo libre» de la Corona castellana o, en su defecto, al encomendero que ejercía este derecho en nombre del Monarca. Las encomiendas, no en vano, eran una cesión de los Reyes Católicos a cambio de que los conquistadores corrieran con los gastos de la evangelización, pues debían pagar, entre otros costes, el hospedaje del cura doctrinero.


En 1510, Bartomomé de Las Casas se ordenó como sacerdote y en los años siguientes ejerció como capellán castrense. ¿Cuándo se encendió en su ánimo esa preocupación por los indígenas? Tradicionalmente se emplaza sus preocupaciones a la matanza de indios en Caonao y la tortura del cacique Hatuey, en Cuba. Sin embargo, no sería hasta 1523 cuando ingresó en la Orden Dominicana y empezó su campaña en defensa de la población indígena y en contra de las encomiendas. Su texto clave fue «La Brevísima relación», dedicada al Príncipe Felipe con la intención de que el futuro Rey de España conociera las injusticias que cometían los españoles en América.
Guillermo de Orange ataca a España
El libro iba dedicado al Príncipe Felipe, pero quien más rédito le sacó a largo plazo fue Guillermo de Orange, el hombre que encabezaba en los Países Bajos la rebelión contra el Imperio español. Orange buscaba la forma de debilitar a España a través de la propaganda y se valió de las exageradas cifras del dominico para criticar la conquista de América y pintar a los españoles como esclavistas crueles. Coincidiendo con las negociaciones entre el nuevo gobernador de los Países Bajos, Alejandro Farnesio, y los líderes de las provincias de Flandes más católicas para volver a obedecer al Rey español, lo que vendría a llamarse la Unión de Arras, apareció enAmberes la primera edición francesa de la Brevísima.
El protestante flamenco que tradujo el texto le dio un título largo pero muy intencionado: «Tyrannies et cruautés des Espagnols perpétrées ès Indes occidentales, qu’on dit le Nouveau Monde, brièvement décrites par l’évêque don frère Barthélemy de Las Casas ou Casaus, de l’ordre de saint Dominique, traduites par Jacques de Migrode pour servir d’exemple et d’avertissement XVII provinces du pays» (Tiranías y crueldades que los españoles cometieron en las Indias Occidentales, el Nuevo Mundo, descritas brevemente por el hermano obispo don Bartolomé de las Casas o Casaus, de la orden de Santo Domingo, traducido por Jacques de Migrode para servir como ejemplo y advertencia a las XVII provincias del país). La estrategia de Orange pasaba por advertir a los católicos de que entenderse con los españoles era hacerlo con opresores de naciones, como así lo habían demostrado en las Indias, que no tardarían en hacer lo mismo en los Países Bajos.
Las traducciones de la Brevísima se multiplicaron en Europa y alcanzaron un número superior a las 62 ediciones. Y por si quedaba alguna duda en el título sobre la maldad de los hispánicos, el traductor sustituyó todas las menciones a los cristianos por la palabra españoles, lo cual tergiversa completamente el texto original del fraile. Como apunta el hispanista Josep Pérez en su libro «La leyenda negra» (Gadir), la intención de Bartolomé de Las Casas era «mostrar la contradicción entre el fin, la evangelización de los indios, y los medios utilizados: la guerra, la esclavitud, el trabajo forzoso, los malos tratos; porque así no se comportaban los cristianos sino los mahometanos. El que fueran españoles era secundario». Es decir, que la crítica no estaba enfocada contra los españoles, sino contra los malos cristianos.
El artículo 35 prohibía directamente las encomiendas y el artículo 31 ordenaba que los indios sometidos a encomiendas.
Pero más allá de este uso propagandístico, el trabajo de Las Casas buscaba acabar con los abusos y se engloba dentro de la mala fama que arrastraban los conquistadores, incluso a ojos de la Corona. La orden de los dominicos, la mayoría de teólogos y los profesores más eminentes, entre ellos Francisco de Vitoria, cargaban sin descanso contra la actuación de algunos conquistadores, a los que retrataban como gente violenta, grosera y carente de perspectiva. El fraile español fue muy influyente en la corte castellana y consiguió materializar sus protestas en 1542, con las Nuevas Leyes para el Tratamiento y Preservación de los Indios, que acabaron de golpe con la indefinición legal reinante en América.
Estas leyes consideraban a los reinos de Indias en los mismos términos que a otros tantos dentro del Imperio español –como podía ser Aragón, Navarra, Sicilia, etc– y clasificaba definitivamente a los indios como súbditos de pleno derecho de la Corona, lo que impedía que fueran esclavizados bajo ningún supuesto. Concretamente,el artículo 35 prohibía directamente las encomiendas y el artículo 31 ordenaba que los indios sometidos a encomiendas. Pero, ya se sabe, del trecho al hecho hay mucho trecho.
Los franceses del siglo XVIII cuestionan las cifras
Otras muchas leyes para atajar los abusos se sucedieron desde Madrid –al igual que las revueltas por parte de los encomendadores– y causaron la indignación de un Rey, Felipe II, acostumbrado a que sus órdenes se cumplieran al milímetro, pero que veía en la distancia con América una barrera insalvable: «Yo he sido informado que los delitos que los españoles cometen contra los indios no se castigan con el rigor que se hacen los de unos españoles contra otros (…) os mando por ello que de aquí en adelante castiguéis con mayor rigor a los españoles que injuriaren, ofendieren o maltrataren a los indios, que si los mismos delitos se cometieses contra los españoles».
Las buenas intenciones de Las Casas y su éxito político solaparon algo evidente: sus cifras no se sostenían, y así lo denunciaron un puñado de autores españoles con escasa repercusión. En el extranjero la Leyenda Negra dio por ciertas las palabras del fraile y hasta el siglo XVIII no se empezaron a poner en cuestión. En «El Ensayo sobre las costumbres» (1756), Voltaire reconoció que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia.
«Sabido es que la voluntad de Isabel, de Fernando, del cardenal Cisneros, de Carlos V, fue constantemente la de tratar con consideración a los indios», expuso en 1777 el escritor francés Jean-François Marmontel en una obra, «Les Incas», que por lo demás está llena de reproches hacia la actitud de los conquistadores. Así y todo, la Revolución francesa y la emancipación de las colonias en América elevaron a de Las Casas a la categoría de benefactor de la Humanidad e hicieron olvidar otra vez los trabajos de Voltaire. Asimismo, la emancipación de las colonias disparó la publicación de ejemplares de «la Brevísima».

viernes, 1 de julio de 2016

CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA


Creo en la Santa Iglesia Católica
La palabra Iglesia significa asamblea o reunión para dar culto a Dios


Por: Pablo Iranzo | Fuente: http://www.zenit.org 




“Creo en la Santa Iglesia Católica”. Referente a esto hay que empezar por el significado de Iglesia Católica, sabiendo que a los niños les encanta saber el significado de las cosas (por eso no paran de preguntar los porqués de todo).


La palabra Iglesia significa asamblea o reunión para dar culto a Dios. Y católica quiere decir que es universal, extendida por todo el mundo. Por lo tanto laIglesia Católicaes la reunión de los cristianos alrededor del mundo.

Es bueno saber esto porque los niños cuando escuchan la palabra Iglesia lo que les viene a la cabeza es lo físico, lo que ven, lo que tocan: en definitiva, para ellos es simplemente el lugar, el edificio donde van los domingos con sus padres a misa. Y digo simplemente porque en el momento que sepan el significado real, harán una de sus expresiones de asombro tal como “uaaaala”. Hay que hacerles ver que en ese momento estamos profesando una creencia universal, una fe, un sentir, una manera de vivir común de millones y millones de personas; el cristiano no vive su fe sólo. Y que esta Iglesia es una Iglesia viva, que nació de un pueblo que, después de la muerte y resurrección de Jesús, quería seguir esos pasos, sus pasos, los pasos de Cristo. Y esto se actualiza en cada celebración Eucarística.

Es el símbolo de nuestra fe: Todos somos UNA, Todos somos SANTA, Todos somos CATÓLICA, Todos somos APÓSTOLES.

miércoles, 29 de junio de 2016

QUÉ ESTÁS HACIENDO POR TU PARROQUIA?


¿Qué estás haciendo por tu parroquia?
Cualquier don que tenga una persona es una necesidad para la parroquia


Por: Margarita García | Fuente: Revista Misión http://revistamision.com 




Miles de laicos responden a su bautismo poniendo sus dones al servicio de su parroquia. Así, los párrocos, que a menudo se encuentran muy solos, llevan a cabo, junto con los laicos, la misión a la que está llamada el Pueblo de Dios: ser luz de las gentes, ser luz en el barrio.

“Cualquier don que tenga una persona es una necesidad para la parroquia”. Lo afirma el padre Daniel Navarro, vicario de la parroquia de San Germán, en Madrid, quien está convencido de que, para que las parroquias de nuestro tiempo sean luz en el barrio, necesitan de laicos y de familias que estén al servicio de la comunidad. Porque, según Navarro, el papel de todo cristiano consiste en “llevar su amor al resto de la gente de cien mil formas diversas”. A estas “cien mil formas” se refiere el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium (n. 130): “El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas. Son dones para renovar y edificar a la Iglesia. No son un patrimonio cerrado”. Al contrario: hacen posible la misión evangelizadora del Pueblo de Dios.

El papel de los laicos

Este protagonismo de los laicos tiene que ver, por un lado, con que “los sacerdotes, llegamos hasta donde llegamos”, reconoce Alfredo Jiménez, párroco de Nuestra Señora del Buen Suceso, en Madrid. Por eso, señala que la comunión entre el equipo de sacerdotes es crucial, pero también lo es con la comunidad parroquial. Así, la parroquia se trasforma en una auténtica “familia de familias” –como la ha denominado el Papa Francisco en Amoris laetitia– “donde se armonizan los aportes de las pequeñas comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales” (n. 202).

Por otro lado, el Concilio Vaticano II tornó los papeles en la Iglesia. Desde entonces, el sacerdote, considerado el protagonista de la evangelización, pasa a ser el servidor del Pueblo de Dios, cuya misión es ser luz en medio del mundo. El Papa Francisco lo recuerda en Evangelii gaudium (n.120): “La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización”. Por tanto, el sacerdote, como pastor, guía y orienta la diversidad de dones que nutren la parroquia, mientras que los laicos desempeñan tareas como, por ejemplo, atender a las personas que acuden a Cáritas.

A ello se dedica precisamente Carmen Rosa, voluntaria de Cáritas en la parroquia del Buen Suceso donde se asiste a más de 200 familias necesitadas. Ella se puso al servicio de su párroco hace treinta años, por su inquietud misionera, para “lo que mandara”, pero también porque “es en la Iglesia donde he recibido todo apoyo a lo largo de mi vida”.


Despertar la llamada de Dios

“Todo compromiso nace del encuentro con Jesucristo. Algunas personas no se dan cuenta: el Señor apela a su responsabilidad, a sus sentimientos…; en todo caso, es de su encuentro con el Señor de donde brota toda colaboración”, añade Navarro. Es el caso de Mateo, un feligrés de la parroquia de San Germán, que cuenta que, tras participar en un retiro de Emaús, “mi vida se transformó” y ahora, dedica su tiempo a atender a todo aquel que pasa por la recepción. Su párroco, don Enrique González Torres, añade el ejemplo de un feligrés que se dedicaba a las finanzas y a quien el encuentro con el Resucitado le suscitó la puesta en marcha de un economato.

Pero, para esta entrega generosa, en muchas ocasiones, es el párroco quien tiene que “despertar en sus fieles la llamada concreta de Dios para una misión”, señala el padre Gabriel Benedicto, párroco de la Virgen de la Paloma y san Pedro el Real, quien recuerda las preguntas de san Ignacio de Loyola: “¿Qué estoy haciendo por Cristo?, ¿qué debo hacer por Cristo?”. El padre Benedicto opina que esta es la pregunta que debe hacerse todo laico para ayudar a la evangelización. “Se trata de que cada persona descubra que Dios la llama a hacer su voluntad y esa voluntad de Dios es que todos los hombres se salven; así, con este convencimiento, el que limpia, lo hace sabiendo que esta es su misión, igual que el que lee y el que canta en misa”.

Esta multiplicidad de dones visibles en una parroquia tiene su reflejo en los numerosos carismas que el Espíritu continúa suscitando en la Iglesia universal con el fin de renovarla y edificarla. Insertados en la vida de la parroquia, movimientos como Renovación Carismática, Camino Neocatecumenal, Legión de María, Vida Ascendente, Comunión y Liberación, o Acción Católica dan vida a las parroquias a la vez que muestran que en la casa del Padre tienen cabida todos sus hijos.

Misioneros urbanos de Jesucristo

“Ir a las periferias existenciales” es la frase que mejor resume el carisma de los Misioneros Urbanos de Jesucristo (MUJ), una asociación pública de fieles cuyo objetivo es formar orientadores parroquiales que “acompañen a las almas en las parroquias y complementen la labor espiritual que los sacerdotes realizan con las personas”, señala Carlos Vázquez, iniciador de los MUJ.

 “Ayudamos a todo aquel que se acerque a la parroquia a que pueda cumplir la voluntad de Dios para su vida, y esto pasa por amar a Dios sobre todas las cosas”. Los MUJ y los orientadores formados por ellos para este cometido son personas que saben comprender en nombre de Jesucristo, consolar en nombre de Jesucristo –lo cual despierta, poco a poco, en el orientado, la esperanza– y, finalmente, acompañar en nombre de Jesucristo. Para lograrlo, Vázquez explica que los MUJ “les ayudan a vivir la verdadera caridad”. En España, la asociación está ya presente en Madrid, Málaga, Valencia y Valladolid. En el resto del mundo, se encuentra en Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, Italia, México, Panamá y Puerto Rico.

Un lugar para todos

En parroquias como la Virgen de la Paloma, los laicos están al frente de los grupos de catequesis para niños, jóvenes y adultos; de los cursillos de novios; de la pastoral de posconfirmación y del coro, así como del servicio de Cáritas, que, entre otros servicios, da apoyo escolar a jóvenes de familias sin recursos. “Como de la Iglesia nacen nuevas formas de divertirse”, señala el padre Gabriel Benedicto, la parroquia proponen a los jóvenes ligas deportivas, excursiones a la montaña o sesiones de cine. Este templo, ubicado en el centro de Madrid, cuenta con una “pastoral de acogida”, en la que los feligreses encargados reciben a todo turista que se acerque y le ofrecen un recorrido cultural y catequético por la parroquia.

jueves, 9 de junio de 2016

QUÉ ES LA EXCOMUNIÓN EN LA IGLESIA CATÓLICA?


 ¿Qué es la excomunión en la Iglesia Católica?
Con ella no se intenta restringir el campo de la misericordia, sino que simplemente se evidencia la gravedad del crimen


Por: Diego López Marina | Fuente: Aciprensa.com 



e puede definir a la excomunión como apartar a un bautizado de la comunión de los fieles de la Iglesia y del acceso a los sacramentos.
La Enciclopedia Católica afirma que la excomunión, “siendo una pena, supone la culpabilidad; y siendo la pena más grave que la Iglesia puede infligir, naturalmente supone una ofensa muy grave. Es también una pena medicinal en lugar de vengativa, pues está destinada no tanto a castigar al culpable,sino a corregirlo y a traerlo de nuevo a la senda de la rectitud”.
El Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Santa Sede, explicó en una ocasión que el objetivo de la excomunión es llevar “a los culpables al arrepentimiento y a la conversión”.
“Con la pena de excomunión la Iglesia no intenta de algún modo restringir el campo de la misericordia, sino que simplemente se evidencia la gravedad del crimen”, señaló.
¿Por qué se excomulga? La excomunión es un dispositivo punitivo por parte de la Iglesia y va más allá de simplemente la restricción al acceso a la Sagrada Comunión.


También reprende públicamente, como especifica el Código de Derecho Canónico, a una persona “que provoca con su conducta escándalo o grave perturbación del orden", como señala el Canon 1339 en el párrafo 2.
La causa de excomunión se da explícitamente a "los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave", precisa el Canon 915.
La Iglesia toma esta medida extrema solo después de que todos los demás esfuerzos para corregir fraternamente han fracasado. Algunos han visto a la excomunión como una manera de traer católicos erráticos al buen camino.

Algunos casos emblemáticos de excomunión en la Iglesia

En la Iglesia primitiva, San Ambrosio, Obispo de Milán, utilizó la amenaza de excomunión contra el emperador Teodosio I por la matanza de 7.000 personas en Tesalónica. Él le dijo al emperador que imite al rey David en su arrepentimiento y lo readmitió a la comunión después de varios meses de penitencia.
Enrique IV delante de Gregorio VII en Canossa
En la Edad Media, el Papa Gregorio VII excomulgó al emperador romano Enrique IV sobre muchos temas en disputa, uno de los cuales fue el intento de Enrique para deponer a Gregorio del papado. La excomunión de Enrique produjo un efecto profundo en Alemania e Italia.

En respuesta, Enrique se vio obligado a viajar a Canossa y esperar en la nieve durante tres días; donde hizo penitencia y finalmente fue absuelto de la excomunión. En la Europa medieval, donde casi todo el mundo era católico, el emperador necesitaba a la Iglesia y por lo tanto la excomunión era eficaz.
Martín Lutero quemando la bula del Papa León X
El Renacimiento fue una época muy diferente en la vida de la Iglesia y la gente no tomó tan en serio la excomunión.

En el siglo XVI la excomunión de Martín Lutero, Enrique VIII e Isabel I generó un efecto reducido a nivel personal o sobre sus seguidores. El uso de esta como un arma creó simpatía al ofensor, y a menudo condujo a un respaldo a la disidencia.
Más recientemente, en el año 1988, se produjo la excomunión del Arzobispo francés Marcel Lefebvre (que falleció excomulgado) quien ordenó a cuatro obispos sin permiso del Papa.
Mons. Marcel Lefebvre
En 2009 S.S. Benedicto XVI levantó la excomunión que pesaba sobre ellos y desde entonces las negociaciones entre ambas instituciones han continuado para "reencontrar la plena comunión con la Iglesia".
En el 2016 el Papa Francisco señaló que darles el estatus de prelatura personal sería una posibilidad, pero dependerá de un acuerdo fundamental porque “el Concilio Vaticano II tiene su valor”.
Otro ejemplo contemporáneo de una excomunión se produjo en 2010 cuando la hermana Margaret McBride autorizó un aborto en el hospital católico de Phoenix. La monja se reconcilió más tarde con la Iglesia y se le levantó la pena.
El caso más actual ocurrió en el 2016, durante el Pontificado del Papa Francisco, conla excomunión de la autodenominada “Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén”, fundada en Italia por la presunta vidente Giuseppina Norcia y que opera una pequeña localidad al sudeste de Roma.
El Vaticano determinó que “aquellos que se adhieran a la citada asociación incurren en la excomunión ‘latae sententiae’ por el delito de cisma”.
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