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domingo, 26 de febrero de 2017

LA SEÑAL DE LA CRUZ


LA SEÑAL DE LA CRUZ



Al hacer la señal de la Cruz y pronunciando estas misteriosas palabras “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, me comprometo a obrar:

• En el nombre del Padre que me ha creado.

• En el nombre del Hijo que me ha redimido.

• En el nombre del Espíritu Santo que me santifica.

En una palabra: a actuar como hija o hijo de Dios. Este signo es la señal de la consagración de toda mi persona:

+ Al tocar mi frente ofrezco a Dios todos mis pensamientos.

+ Al tocar mi pecho consagro a Dios los sentimientos de mi corazón.

+ Al tocar mi hombro izquierdo le entrego todas mis penas y mi corazón.

+ Al tocar mi hombro derecho le consagro mis acciones.

La señal de la Cruz es en sí misma fuente de grandes gracias. Debo considerarla como la mejor preparación a la oración, pero ya es en sí misma una oración, y de las más impresionantes.

Es una bendición. Y si me emociona ser bendecido por el Papa, por un Obispo… ¡Cuánto más ser bendecido por el mismo Dios!

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL CAMINO REAL DE LA CRUZ


El camino real de la cruz



“Si de buena gana llevas la cruz, ella te llevará a ti y te guiará al puerto deseado donde será el fin de todo padecimiento que aquí nunca termina. Si la llevas contra tu voluntad, te echas encima una nueva carga, la haces más pesada y de todos modos, tendrás que cargar con ella. Al rechazar una cruz sin duda encontrarás otra y, tal vez, más pesada.

¿Por qué temes tomar la cruz que conduce al Reino?  En la cruz está la salvación, en la cruz está la defensa contra los enemigos, en la cruz hay una infusión de suavidad sobrenatural, en la cruz está la fortaleza del alma, en la cruz está el gozo del espíritu, en la cruz está el compendio de toda virtud y en la cruz está la perfección de la santidad. Sólo en la cruz hay salvación para el alma y esperanza de vida eterna. Toma tu cruz; sigue la perfección de Jesús y llegarás a la vida eterna. Él fue delante, llevando su cruz  (Jn 19.17), y murió en la cruz por ti, para que tú también lleves la tuya y en ella desees morir. Porque si mueres con él, también con el vivirás, y si eres compañero de las penas, también lo serás de su gloria.

¡Ojalá fueses digno de padecer algo por el nombre de Jesús!  ¡Cuán grande sería tu gloria! ¡Qué alegría para todos los santos! ¡Y qué edificación para el prójimo! Todos recomiendan la paciencia, pero pocos son los que quieren padecer. ¿No deberías tú, con generosidad, sufrir algo por Cristo, sabiendo que hay muchos que soportan mayores trabajos por el mundo?” Tomás Kempis, “La imitación de Cristo”.


* Enviado por el P. Natalio

viernes, 5 de febrero de 2016

EL CRUCIFIJO, EL MEJOR MAESTRO DE MI VIDA



El Crucifijo, el mejor maestro de mi vida
Mirándole a Él clavado en la Cruz, se tiene valor para todo. No te escapes nunca de la mirada de nuestros ojos.


Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net 




La devoción a Nuestro Señor Jesucristo clavado en la cruz está muy arraigada y debemos conservarla, pues trae muchas bendiciones sobre nuestras almas. No hay que temer por la salvación de quien se arrodilla ante el Santo Cristo bendito. Sin embargo, es una devoción que siempre ha tenido muchos enemigos. ¿Por qué será?...

Es un hecho bien sabido que todas las revoluciones anticristianas se han empeñado en derribar las imágenes de Jesucristo Crucificado. ¿Qué contiene el Crucifijo para que se le trate así?

Además, lo primero que hacen los enemigos y las sociedades secretas que militan contra la Iglesia, es legislar y prohibir que el Santo Cristo, como le llamamos en nuestras tierras, ocupe su lugar en un edificio público: en las escuelas, en los tribunales o en las salas de un municipio.

De la vida pública, esos enemigos pasan a la vida privada. Hoy han logrado meter la moda de sustituir en los hogares el Crucifijo por cuadros modernos que no dicen nada, o por la foto de artistas o de los ídolos del deporte...

Asimismo, se empeñan en sustituir la bendita imagen que pende del pecho por una flor elegante de oro o de fantasía, por el signo propio del Zodíaco o por la herradura tonta... Lo mismo da. El caso es conseguir que desaparezca el Crucifijo de la vista. ¿Qué pretenderán con ello tantos enemigos de Cristo y de su Iglesia?...

La respuesta nos la dan estas palabras del apóstol San Pablo:
- Es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo.

Sabemos que el Crucificado es un Juez inapelable. Unas veces alaba, cuando ve que nuestra vida está con Él clavada al pecado y al mundo; y otras veces condena de modo inexorable a los que son, como nos dice el mismo San Pablo, enemigos de la Cruz de Cristo, sin más dios que su placer y cuyo paradero final es la perdición.

Mirar al Crucifijo es, sin más, someterse a un juicio. Porque, se quiera que no, viene la inevitable comparación: ¿Somos de Éste, somos como Éste? Si nuestro proceder no está conforme al Crucificado, no resistiremos la mirada del mismo. Le tendremos miedo. Hasta lo maldeciríamos, como ésos sus enemigos a los que estorba tanto... Pero si nuestra vida se ajusta a la suya, lo miraremos de frente, le daremos un beso, y esperaremos de Él una palabra de aprobación y alabanza, pues sentiremos que nos dice en lo íntimo de nuestra conciencia: -¡Bien! ¡Muy bien!...

Porque el Crucifijo es el mejor testigo de nuestras acciones. Antes era clásico jurar ante el Santo Cristo, igual que se jura ante la Biblia.

Un caballero católico francés fue invitado por el tribunal a prestar juramento, cuando ya no se estilaba el Crucifijo en las audiencias, y pregunta:
- ¿Por quién he de jurar?
- Por su honor. ¿Le parece poco?
- Tengo honor, y no empañaré mi palabra con una mentira. Pero exijo aquí el Crucifijo.
No tuvieron más remedio que llevarlo. Y juró solamente por aquel Testigo inapelable.
Mirado así el Crucifijo, pareciera que está hecho para causarnos miedo casi terror. Pero es todo lo contrario.

Por Jesucristo Crucificado se realizan las obras más costosas y que exigen mayor sacrificio.

Mirándole a Él clavado en la Cruz, se tiene valor para todo.

Mirando al Crucifijo, nos pasa como a aquel príncipe, que había de ir a luchar contra la morisma que amenazaba a la Europa cristiana. Y recibe del rey de Hungría el Crucifijo con este encargo:
- Dirige la vista siempre a tu Rey, bajo cuya mirada vas a combatir. Sé valiente.
En toda nuestra América Latina hay mucha devoción al Crucifijo, el Santo Cristo, como lo llaman nuestras gentes, y ojalá se conserve bien viva esta devoción entre nosotros, porque ella encierra entero el Evangelio y lo mete por los ojos...

El apóstol San Pablo no ahorra palabras para ponderar la fuerza del Crucificado.
Es Sabiduría de Dios, con la cual venció al demonio astuto, al que venció con la trampa de la Cruz.
Es Fuerza de Dios, con la cual salva a los creyentes.
Es Amor de Dios, porque Jesucristo, entregado por el Padre al mundo, de tal manera nos amó que se entregó por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz.

¡Crucifijo! ¡Bendito Crucifijo! Tú eres el mejor Maestro de una vida sin tacha.
Tú eres la bandera discutida en el campo de batalla.
No te escapes nunca de la mirada de nuestros ojos.
Tú serás el Juez de esos tus enemigos que hoy te quieren eliminar del mundo, y de los cuales ―nos lo has dicho Tú mismo, Jesús, no quedará ni uno sólo que no quede aplastado bajo el poder de tus pies soberanos.

Sin embargo, para nosotros, que nos gloriamos de tu Nombre, que te amamos y te servimos, que te damos cada día el corazón, sin retractar jamás nuestra donación, para nosotros serás un día nuestro espléndido premiador....

domingo, 15 de noviembre de 2015

LA CRUZ DE CADA DÍA


La cruz de cada día 



Un joven, ya no daba más con sus problemas. Cayó de rodillas, rezando, "Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada". El señor, como siempre, acudió y le contestó, "Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras".
El joven suspiró aliviado. "Gracias, Señor" dijo, e hizo lo que le había dicho. Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba. Después, vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.

"Señor", susurró, "quisiera esa que está allá". Y el Señor contestó, "Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar".

domingo, 27 de septiembre de 2015

DOS MADEROS


Dos maderos


Dos simples maderos, dos trozos de árbol unidos para toda la eternidad. La Cruz tiene un profundo sentido de Amor que nos cuesta descubrir. Nuestra ceguera nos impide ver más allá de lo que nuestros ojos perciben, y de éste modo no logramos comprender en toda su majestuosa profundidad el signo que la Cruz representa.

Un madero horizontal sujeta los brazos de Jesús, formando un abrazo que nos envuelve a todos los hombres, a todos los hermanos del Señor. Ese madero que corre paralelo a la superficie de la tierra marca el amor del Hombre-Dios por todos nosotros, es la unión en el amor fraterno, amor de miembros de la iglesia que Él mismo fundó sobre Su Sangre ¡La Cruz logra con este madero unirnos en hermandad! Dos clavos fueron suficientes para sujetar al amor hecho Criatura en un abrazo duradero por toda la eternidad. Desde el madero horizontal parten lazos de amor que nacen de una mano del Señor, barren la superficie de la tierra tocando a todos los hombres con el signo del amor entre hermanos, y vuelven a unirse a la otra mano de Jesús, cerrando el círculo. Al verlo en la Cruz, sujeto al madero con Sus brazos abiertos, sentimos que Jesús nos invita a unirnos a Su Humanidad, a ser como Él.

Pero si el madero horizontal representa la naturaleza humana de Jesús y Su mandamiento de amor entre hermanos, madero que envuelve la faz de la tierra, ¿cuál es entonces el significado del otro madero, el vertical? El madero vertical une el Cielo y la tierra, y es un signo de la Divinidad de Jesús, de Su naturaleza divina. Ese hombre clavado al madero, ¡es Dios! ¿Acaso comprendemos realmente lo que esto significa?

La Cruz no está completa sin este otro madero. Este leño vertical nos muestra el amor desde arriba (Dios) hacia abajo (hombre), y nos invita al amor desde abajo (hombre) hacia arriba (Dios) ¡Es el amor por Dios, y el amor de Dios por nosotros! Nos muestra el segundo camino del amor, el inmenso amor del Dios eterno e inmortal por Sus poco leales criaturas, y nos señala también el camino inverso: Jesús vino a recordarnos y a enseñarnos a amar a Su Padre, al Dios de los profetas. Este madero es una ruta de doble vía, del amor que sube y que baja, que se alimenta y realimenta desde nuestro amor al Padre que se eleva, y desciende multiplicado como más amor de Él por nosotros, hasta elevarnos espiritualmente hasta cumbres no exploradas antes por nuestras almas.

Ambos maderos se unen y forman la Cruz: es Jesús el que está en la intersección, porque es un hombre (el palo horizontal nos da la perspectiva humana de Cristo, porque Él es nuestro hermano que nos amó y nos ama inmensamente), pero también es Dios (el palo vertical nos da la perspectiva divina de Cristo, Él es Dios y como tal nos da Su amor derivado del amor de Su Padre). Jesús, Hombre y Dios, amor humano y amor divino, la Cruz como entrega de amor sublime de un Dios que dio hasta la última gota de Su sangre por nosotros, por nuestra salvación.

Dos maderos, dos ríos de amor. Dios quiso que estas dos sendas se crucen en el momento oportuno, y en el lugar oportuno. En el Gólgota, las dos rutas fueron unidas por un hombre que encontró Su cuerpo clavado a los dos maderos, configurando una Cruz, nuestra Cruz. El punto de unión no podía ser otra cosa más que una explosión de amor. Un estallido de amor que sacudió el universo, despertó a las estrellas más lejanas, porque fue el mismo Dios que las creó el que murió en ese instante. Jesús, regalo de amor del Padre, unió con Su propio cuerpo mutilado éstas dos rutas de amor, dejándonos claramente expuesto Su mensaje: “Amen a Dios por sobre todas las cosas, como Yo amo a Mi Padre, y ámense unos a otros con todo el corazón, como Yo los he amado también”.

En el punto de unión de los Dos maderos, en la Cruz, Jesús amó hasta el infinito. Dejó todo allí por nosotros. Su Padre lo envió para que nos salve, conociendo de antemano el precio de nuestra salvación. Sabiendo que Dos maderos iban a sujetar a todo el amor del universo por un breve instante en Palestina, cambiando para siempre la historia de la humanidad.

viernes, 4 de septiembre de 2015

DOS MADEROS


Dos Maderos
Ambos maderos se unen y forman la Cruz: es Jesús el que está en la intersección, porque es un Hombre pero también es Dios.


Por: www.reinadelcielo.org 




Dos simples maderos, dos trozos de árbol unidos para toda la eternidad. La Cruz tiene un profundo sentido de Amor que nos cuesta descubrir. Nuestra ceguera nos impide ver más allá de lo que nuestros ojos perciben, y de éste modo no logramos comprender en toda su majestuosa profundidad el Signo que la Cruz representa.

Un Madero horizontal sujeta los Brazos de Jesús, formando un abrazo que nos envuelve a todos los hombres, a todos los hermanos del Señor. Ese madero que corre paralelo a la superficie de la tierra marca el Amor del Hombre-Dios por todos nosotros, es la unión en el amor fraterno, amor de miembros de la iglesia que El mismo fundó sobre Su Sangre ¡La Cruz logra con este Madero unirnos en hermandad! Dos Clavos fueron suficientes para sujetar al Amor hecho Criatura en un abrazo duradero por toda la eternidad. Desde el Madero horizontal parten lazos de amor que nacen de una Mano del Señor, barren la superficie de la tierra tocando a todos los hombres con el signo del amor entre hermanos, y vuelven a unirse a la otra Mano de Jesús, cerrando el círculo. Al verlo en la Cruz, sujeto al Madero con Sus Brazos abiertos, sentimos que Jesús nos invita a unirnos a Su Humanidad, a ser como El.

Pero si el Madero horizontal representa la Naturaleza Humana de Jesús y Su Mandamiento de amor entre hermanos, Madero que envuelve la faz de la tierra, ¿cuál es entonces el significado del otro Madero, el vertical? El Madero vertical une el Cielo y la tierra, y es un signo de la Divinidad de Jesús, de Su Naturaleza Divina. Ese Hombre clavado al Madero, ¡es Dios! ¿Acaso comprendemos realmente lo que esto significa?

La Cruz no está completa sin este otro Madero. Este leño vertical nos muestra el Amor desde arriba (Dios) hacia abajo (hombre), y nos invita al amor desde abajo (hombre) hacia arriba (Dios) ¡Es el amor por Dios, y el amor de Dios por nosotros! Nos muestra el segundo camino del Amor, el inmenso amor del Dios Eterno e Inmortal por Sus poco leales criaturas, y nos señala también el camino inverso: Jesús vino a recordarnos y a enseñarnos a amar a Su Padre, al Dios de los profetas. Este Madero es una ruta de doble vía, del amor que sube y que baja, que se alimenta y realimenta desde nuestro amor al Padre que se eleva, y desciende multiplicado como más amor de El por nosotros, hasta elevarnos espiritualmente hasta cumbres no exploradas antes por nuestras almas.

Ambos Maderos se unen y forman la Cruz: es Jesús el que está en la intersección, porque es un Hombre (el palo horizontal nos da la perspectiva humana de Cristo, porque El es nuestro hermano que nos amó y nos ama inmensamente), pero también es Dios (el palo vertical nos da la perspectiva Divina de Cristo, El es Dios y como tal nos da Su Amor derivado del Amor de Su Padre). Jesús, Hombre y Dios, amor humano y Amor Divino, la Cruz como entrega de Amor sublime de un Dios que dio hasta la ultima gota de Su Sangre por nosotros, por nuestra salvación.

Dos Maderos, dos ríos de amor. Dios quiso que éstas dos sendas se crucen en el momento oportuno, y en el lugar oportuno. En el Gólgota, las dos rutas fueron unidas por un Hombre que encontró Su Cuerpo Clavado a los Dos Maderos, configurando una Cruz, nuestra Cruz. El punto de unión no podía ser otra cosa más que una explosión de amor. Un estallido de amor que sacudió el universo, despertó a las estrellas más lejanas, porque fue el mismo Dios que las creó el que murió en ese instante. Jesús, regalo de Amor del Padre, unió con Su propio Cuerpo mutilado éstas dos rutas de amor, dejándonos claramente expuesto Su mensaje:

Amen a Dios por sobre todas las cosas, como Yo amo a Mi Padre, y ámense unos a otros con todo el corazón, como Yo los he amado también.

En el punto de unión de los Dos Maderos, en la Cruz, Jesús amó hasta el infinito. Dejó todo allí por nosotros. Su Padre lo envió para que nos salve, conociendo de antemano el precio de nuestra salvación. Sabiendo que Dos Maderos iban a sujetar a todo el amor del universo por un breve instante en Palestina, cambiando para siempre la historia de la humanidad.

viernes, 21 de agosto de 2015

¿POR QUÉ ADORAR LA CRUZ?


¿Por qué adorar la cruz?
La Cruz es símbolo por antonomasia de la pasión de Jesucristo y lo representa en el acto de su inmolación
Por: P. Lic. José Antonio Marcone, V.E. | Fuente: apologetica.org 




Un amigo me hizo las siguientes preguntas: “Dado que la adoración es un acto específico que la creatura dirige sólo a la divinidad, ¿por qué entre los ritos del Viernes Santo está el de la adoración de la Cruz? ¿No se configura como un acto de idolatría? Entonces, ¿porqué usar esta terminología, que aparece como blasfema, contra el clarísimo primer mandamiento de la Biblia? ¿Porqué usar esta terminología que podría desviar a aquella parte del pueblo de Dios que no tiene instrumentos culturales suficientes para comprender que no se trata, en definitiva, de un culto dirigido a un objeto de madera? ¿Cómo nació este uso en la Iglesia Católica? ¿A qué época se remonta? Cada vez que participo en la celebración del Viernes Santo siempre afloran de nuevo estas preguntas. Mentalmente las resuelvo siempre diciéndome que se trata de un acto de veneración”. Para responder estos interrogantes he escrito este pequeño artículo.

1. ¿Qué entendemos por adoración?

Quiero, ante todo, aclarar la terminología. La palabra adoración es genérica. Deriva del latín ad-orare, cuyo primer sentido es elevar una súplica. Después significa tener veneración por alguien, y de aquí, adorar. Ahora bien, como sucede con toda cosa genérica, requiere la especificación. Cuando la veneración se dirige a Aquel que tiene la excelencia absoluta, es decir, a Dios esta adoración se llama adoración de latría.

Por otro lado, Dios comunica su excelencia a algunas creaturas, aunque no según igualdad con Él, sino según cierta participación. Por eso veneramos a Dios con una veneración particular que llamamos latría, y a ciertas excelentes creaturas con otra veneración que llamamos dulía. Pero es necesario estar muy atentos, porque el honor y la reverencia son debidos solamente a la creatura racional. Por lo tanto, la dulía corresponde solamente a la creatura racional.

En consecuencia, en sentido estricto, tenemos una adoración de latría que es sólo para Dios y una adoración de dulía, para las creaturas. Vemos entonces que el sentido vulgar de la palabra adoración (que coincide con el último sentido de la palabra latina) se identifica con aquello que hemos llamado, con Santo Tomás de Aquino, "adoración de latría".

2. ¿Debemos adorar la cruz de Jesús con adoración de latría?

Santo Tomás se hace esta misma pregunta [1]. Nos referimos a la misma cruz de Jesús, aquella en la cual fue clavado. Esta es la respuesta: la adoración de latría solamente debe ser dirigida a Dios. La dulía (proviene de la palabra griega doûlos que significa siervo) debe ser dirigida solamente a las creaturas racionales. Pero a las creaturas materiales ("insensibles", dice Santo Tomás) podemos presentarle honor y obsequio en razón de la naturaleza racional. Esto podemos hacerlo de dos modos: el primer modo es en cuanto la creatura insensible representa a la naturaleza racional; el segundo es en cuanto la creatura insensible está unida a la naturaleza racional.

“De ambos modos debe ser venerada por nosotros la cruz de Jesús –dice Santo Tomás. Del primer modo, en cuanto representa para nosotros la figura de Cristo extendido sobre la cruz. Del segundo modo, a causa del contacto que tuvo la cruz con los miembros de Cristo y porque fue bañada con su sangre. Por lo tanto –continúa diciendo Santo Tomás- de ambos modos la cruz es adorada con la misma adoración que recibe Cristo, es decir, adoración de latría”.

Debemos estar atentos a aquello que dice Santo Tomás. No damos a la cruz (objeto de madera) el culto de latría en cuanto objeto de madera sino en cuanto representa a Cristo y en cuanto estuvo en contacto con su cuerpo y con su sangre, es decir, en razón de Cristo. Esto quiere decir que la adoración de latría va dirigida a Cristo y no a un pedazo de madera. Dice el P. Fuentes respecto a esto: “Evidentemente el concepto clave es aquí la distinción, dentro de la adoración de latría (...), entre latría absoluta y latría relativa: latría absoluta es la que se da a una cosa en sí misma (por ejemplo, a Dios, a Jesucristo, etc.); latría relativa es la que se da a una cosa no por sí misma sino en orden a lo que es representado por ella (las imágenes). Por tanto, si bien la cruz no es adorada con culto de latría absoluta, sí lo es con el de latría relativa”[2].

Ahora bien, ¿qué sucede con las cruces que nosotros tenemos ahora? Estas cruces son imitaciones de la "vera cruz" de Jesús, cruces hechas de piedra, de madera o metal. La respuesta a esta pregunta pienso que aclarará un poco más nuestro tema.

3. ¿Debemos adorar las imágenes de Cristo con adoración de latría?

Partimos del punto que estas cruces de las cuales hablamos no son otra cosa que imágenes de Jesús, es decir, tratan de representar pictóricamente al Dios encarnado, al Verbo hecho hombre. Exponemos la doctrina de Santo Tomás respecto a la actitud que nosotros debemos tener hacia las imágenes pictóricas de Cristo.

Podemos considerar las imágenes en general en dos sentidos. Primero, en cuanto es una cierta cosa, hecha con un material determinado. Segundo, en cuanto es imagen de una realidad, la cual se configura como ejemplar o modelo de dicha imagen. En el primer sentido, esto es, en cuanto es una cosa cualquiera, a las imágenes de Cristo (y también a las cruces hechas actualmente; por ejemplo, de madera esculpida o pintada), no se les debe dar ninguna reverencia, porque solamente debemos dar reverencia a la creatura racional. Por lo tanto, a las imágenes de Cristo (y también a las de los santos), tomadas en este primer sentido, no debe brindárseles ni adoración de latría, ni dulía, ni siquiera veneración.

En el segundo sentido la cosa es diferente. Porque cuando yo me dirijo a una imagen en cuanto representa otra realidad y me la recuerda, no me estoy dirigiendo a la imagen misma sino a la realidad que representa. Es en este sentido que nosotros presentamos honor y obsequio a las imágenes de Cristo (y a las cruces). Por eso, en este sentido, damos a las imágenes de Cristo la misma reverencia y veneración que damos a la persona de Cristo. Y dado que a Cristo lo adoramos con adoración de latría, en consecuencia a su imagen debemos adorarla también con adoración de latría. Para ser más exactos digamos que también a las imágenes de Cristo las adoramos con latría relativa. Esto lo dice San Juan Damasceno bellamente: “Imaginis honor ad prototypum pervenit”, esto es, “el honor dado a una imagen se dirige y llega hasta el prototipo”.

Resumiendo: adoramos las imágenes de Cristo y las cruces en cuanto son símbolos de una realidad ulterior y divina. Por eso dice el Libro Ceremonial de los Obispos: “Entre las imágenes sagradas, la figura de la cruz "preciosa y vivificante" ocupa el primer lugar, porque es el símbolo de todo el misterio pascual. Ninguna imagen más estimada ni más antigua para el pueblo cristiano. Por la Santa Cruz se representa la pasión de Cristo y su triunfo sobre la muerte, y al mismo tiempo anuncia la segunda y gloriosa venida, según la enseñanza de los Santos Padres” (n. 1011).

4. Respuesta puntual a las preguntas

Podemos ahora responder puntualmente a las preguntas puestas al principio de este pequeño artículo.

1) “Dado que la adoración es un acto específico que la creatura dirige sólo a la divinidad, ¿porqué entre los ritos del Viernes Santo está el de la adoración de la Cruz?”  Porque la Iglesia quiere que, a través de la cruz, que representa a Cristo y estuvo en contacto con Él, adoremos al que es hombre y Dios. Ella es el “símbolo por antonomasia de la pasión de Jesucristo” y “representa al mismo Jesucristo en el acto de su inmolación. Por eso debe ser adorada con una acto de adoración de "latría relativa" en cuanto imagen de Cristo y por razón del contacto que con Él tuvo”[3].

2) “¿No se configura como un acto de idolatría?” No, porque el culto de latría no va dirigido al pedazo de madera sino a Cristo.

3) “Entonces, ¿porqué usar esta terminología, que aparece como blasfema, contra el clarísimo primer mandamiento de la Biblia?” Esta terminología, teológicamente hablando, es correctísima. Se puede decir con toda propiedad "adoración de la cruz" porque se puede dar culto de latría relativa a un objeto insensible en razón de Cristo, que es Dios.

Respecto al problema bíblico es verdad que el primer mandamiento dice: “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto” (Éx.20,4-5). Pero en realidad “ese precepto no prohíbe hacer alguna escultura o imagen, sino que prohíbe hacerlas para ser adoradas. Por eso se agrega inmediatamente: "No te postrarás ante ellas ni les darás culto" (Éx.20,5). Y dado que el movimiento de adoración que se dirige a la imagen es el mismo que va dirigido y termina en la cosa, al prohibir la adoración de las imágenes lo que se prohíbe es la adoración de la cosa, semejanza de la cual es la imagen. Por lo tanto debe entenderse que ese precepto prohíbe la fabricación y la adoración de las imágenes que los gentiles hacían para adorar a sus dioses, es decir, a los demonios. Por eso, en el mismo paso de la Escritura, antes se dice: "No habrá para ti otros dioses delante de mi" (Éx.20,3)”[4]. Esto que acabamos de decir queda confirmado por el mismo Yahveh cuando manda a Moisés hacer la escultura de dos ángeles para que adornen el arca de la Alianza: “Harás dos querubines de oro macizo; los pondrás en los dos extremos del propiciatorio” (Éx.25,18). Si la prohibición fuese de hacer imágenes en absoluto, el primero en quebrantar dicha prohibición hubiese sido el mismo Dios. El mismo Dios, según vemos en este texto, manda hacer dos esculturas para ser veneradas.

Además hay que tener en cuenta que en el Antiguo Testamento esta prohibición de hacer y adorar imágenes adquiría un sentido especial porque el verdadero Dios se había revelado como un ser espiritual e incorpóreo y, por lo tanto, no era posible hacer alguna imagen corporal que expresara adecuadamente a ese Dios incorpóreo. “Pero dado que en el Nuevo Testamento Dios se hizo hombre, puede ser adorado en su imagen corporal”[5]. Por lo tanto, vemos que ni en el acto de adoración de la cruz ni en la terminología usada para expresarlo hay algo que se oponga a la revelación del Antiguo o del Nuevo Testamento. Al contrario, el Nuevo Testamento, al revelarnos la encarnación de Dios, nos autoriza a adorarlo en su imagen corporal.

4) “¿Porqué usar esta terminología que podría desviar a aquella parte del pueblo de Dios que no tiene instrumentos culturales suficientes para comprender que no se trata, en definitiva, de un culto dirigido a un objeto de madera?” El problema no es la terminología que, como dijimos, es correcta. Tanto la terminología como el tema en sí mismo podría explicarse de tal manera que todos lo entiendan, aún aquellos que tienen menos "instrumentos culturales". Hay muchos misterios en nuestra religión que no son fáciles de entender en el primer intento. Necesitan una explicación llena de ciencia y caridad, es decir, con la capacidad de adaptarse a las condiciones del oyente. Esa es la tarea de los pastores. Precisamente, uno de los problemas más graves de nuestro tiempo, como ya lo hacía notar el Papa Pablo VI[6], es el dramático alejamiento y posterior ruptura entre Evangelio y cultura. Por eso hace falta afrontar una evangelización profunda, que llegue hasta los fundamentos culturales de las distintas sociedades.

5) “¿Cómo nació este uso en la Iglesia Católica? ¿A qué época se remonta?” Pienso, junto con Santo Tomás, que este uso nació de los mismos apóstoles. Lo que Santo Tomás dice respecto a las imágenes de Cristo se puede aplicar, y con mayor razón, a la cruz misma de Cristo. Dice este santo: “Los Apóstoles, por el familiar instinto del Espíritu Santo, transmitieron ciertas cosas a las iglesias para que sean conservadas que no dejaron en sus escritos, sino que las han entregado a la sucesión de los fieles para que sean ordenadas como precepto de la Iglesia. Por eso dice San Pablo: "Manteneos firmes y conservad las tradiciones en las cuales fuisteis instruidos, sea por medio de nuestra viva voz (es decir, oralmente), sea por medio de nuestra carta (es decir, transmitido por escrito)" (2Tes.2,15). Y entre estas tradiciones recibidas oralmente está la de la adoración de la imagen de Cristo. De hecho se dice que San Lucas evangelista (que fue compañero de los apóstoles) pintó una imagen de Cristo, que se encuentra en Roma”[7].

Sin duda que ya las primeras comunidades cristianas adoraban la cruz, como es testigo aquel antiquísimo cántico que se dirige a la cruz como si fuese una persona y le atribuye poder para dar la salvación: O Crux, ave, spes unica. Hoc passionis tempore, auge piis iustitiam, reisque dona veniam. “Ave, oh Cruz, esperanza única. En este tiempo de pasión aumenta la justicia de los santos y a los culpables dales el perdón”. Los Santos Padres de los primeros siglos, como San Agustín y San Juan Damasceno, hablan del rito de la adoración de la cruz como algo ya consolidado en la Iglesia.

En el siglo IV Santa Elena, la madre del emperador Constantino, impulsada por esta devoción a la cruz de Cristo, se empeña en buscarla y la encuentra. Sin duda que este hallazgo de la "vera cruz" habrá estimulado muchísimo la devoción a ella.

lunes, 10 de agosto de 2015

EL CRUCIFIJO DE LOS BESOS


El Crucifijo de los besos
Que Cristo vaya recibiendo las muestras de tu cariño y cuando llegue el momento de la muerte sea la llave que te abra las puertas del cielo


Por: Historias de sacerdotes | Fuente: Catholic.net 




En el maletín de los Santos Óleos, el que utilizo cuando administro el sacramento de la Unción de enfermos en “mi hospital”, tengo un pequeño crucifijo que doy a besar a todos los que reciben esos auxilios espirituales en los momentos de enfermedad, pero sobre todo cuando se encuentran a las puertas de la muerte.

Poco a poco he sido consciente del valor de ese crucifijo, en él están acumulándose los besos, quizá los últimos besos de muchos buenos hombres y mujeres que mueren en cristiano. Las últimas miradas de amor a un Jesús que ha dado la vida por nosotros y desde la cruz nos ofrece la eternidad. Las últimas jaculatorias nacidas del corazón y de una fe profunda que ha movido sus vidas. El último esfuerzo por querer ser todo del Señor.

Puedo aseguraros que es emocionante ver con que cariño besan, miran e incluso aprietan entre sus manos ese pequeño crucifijo, el “crucifijo de los besos”. Estoy convencido, como el buen ladrón, con ese pequeño gesto, muchos han robado el Corazón de Cristo.

Quiero que el crucifijo me acompañe durante mi vida, pero quiero también, si Dios me lo permite, poder tenerlo entre mis manos en la hora de mi muerte, no sólo para unir mis besos, mis miradas, mis jaculatorias a la de tantos hermanos, sino también para aprovecharme de sus méritos y de su intercesión desde el cielo, confiando se acuerden de este sacerdote que les hizo presente al Salvador en el momento final de la existencia terrenal.

Te animo, hermano, hermana, a que tu también tengas tu “Cristo de los besos”, que lo lleves contigo, que lo pongas en tu mesa de trabajo o en tu mesita de noche, para que muchas veces al día y también de la noche puedas mirarlo y sentirte animado a corresponder a tanto amor. Que ese Cristo vaya recibiendo las muestras de tu cariño y cuando llegue el momento de la muerte será la llave que te abra las puertas del cielo. Ese cielo donde la Resurrección de Jesús alcanza toda su dimensión, la dimensión de la Vida Eterna para ti y para mi.

jueves, 9 de julio de 2015

LLEVAR LA CRUZ


LLEVAR LA CRUZ



No existe únicamente la cruz de Cristo, existe también nuestra cruz. 

Y, entonces, ¿cuál es esta cruz? Amigo, quiero decirte dos palabras, a este propósito, con mucha claridad, como se hace entre verdaderos amigos. 

Tenlo presente. La cruz que no te va bien es precisamente la tuya. 

La cruz no es un vestido, ni un par de zapatos que te deben venir a la medida. La cruz jamás va a la medida de tu gusto y de tus exigencias particulares. Desgarra, magulla, araña, arranca la piel, aplasta, doblega... 

Y, sin embargo, no hay duda. Para que sea de verdad tuya, la cruz no debe irte bien. Por cualquier lado que la mires, la cruz nunca va bien. 

Tampoco a Cristo le iba bien su cruz. No le fue bien la traición de Judas, el sueño de los apóstoles, la conjura de sus enemigos, la fuga de sus amigos, las negociaciones de Pedro, las burlas de los soldados, el grito feroz del pueblo. 

La cruz, para que lo sea, no debe irte bien. 

Esa cruz que te viene encima en el momento menos oportuno -una enfermedad que te pilla mientras tienes muchas cosas que hacer y que te echa por tierra un montón de proyectos -es la "tuya". 

Esa cruz que nunca hubieras esperado -aquel golpe cobarde que te ha venido de un amigo, aquella frase que tenía el chasquido de un latigazo, aquella calumnia que te ha dejado sin respiración- es "tu" cruz. 

Esa cruz que tú no habrías elegido nunca entre otras mil -"una cosa así no debía sucederme a mí"- no hay duda: es "tu" cruz. 

Esa cruz que te parece excesiva, disparatada, desproporcionada a tus débiles fuerzas -"es demasiado, no puedo más"- no pertenece a los otros: es la "tuya". 

No te hagas ilusiones. No existe una cruz a la medida. 

Para ser cruz tiene que estar fuera de medidas. 

Intenta buscar. Registra por todas partes. Examina todo bien. 

Valóralo con atención. Y, si encuentras al final la cruz que te va bien, tírala. Esa, ciertamente, no es la tuya. 

Las señales para reconocer si una cruz es tuya son desconcertantes: imprevisión, repugnancia, malestar, imposibilidad, inoportunidad, sentido de debilidad. 

Si una cruz se te presenta como antipática, desagradable, excesiva, demasiado ruda, insoportable, no dudes en cargar con ella. Te pertenece. 

Por otra parte, no importa que no sea "tuya" en el momento de partir. Llegará a serlo durante el camino, a través de una cierta familiaridad que se establecerá entre tú y ella. 

Al principio se te presentará como si te fuera extraña. 

Después descubrirás que es verdaderamente tuya. 

Sólo llevándola te darás cuenta de que esa cruz es "tuya". 

Esto no quiere decir, entiéndase bien, que las relaciones entre tú y la cruz se hagan idílicas, que todo marche bien. Con la cruz no hay nada que marche bien. La cruz marca surcos profundos en las espaldas y en el corazón. 

Pero, a pesar de todo, se establecerá una familiaridad. Una familiaridad sufrida, pero justificada por el sentido que se descubre poco a poco, caminando. Y aun cuando el significado no aparezca claro, siempre está la fe que te invita a dejarte conducir de la mano de alguien que sabe. 

No eres tú quien tiene que saber. 

¿Qué es la fe?: Fe, quiere decir simplemente, saber que él sabe, aun cuando tú estés a oscuras. 

Adelante, pues, con esa cruz que no te va bien. Con la cruz que no está hecha a medida. 

Lo que cuenta no es que la cruz esté hecha a tu medida. 

Lo esencial es que tú seas a la medida de Cristo.

miércoles, 20 de mayo de 2015

SANTIGUARSE DE MANERA CORTA Y DE MANERA FORMAL


Santiguarse de manera corta y de manera formal
Al hacer el signo de la Cruz, con nuestros dedos, de nuestra mano, invocamos la acción Redentora y Salvadora de Dios
Por: Margarita González | Fuente: Catholic.net




Al hacer el signo de la Cruz, con nuestros dedos, de nuestra mano, invocamos la acción Redentora y Salvadora de Dios.

Este gesto nos pone delante de la acción misericordiosa de Dios, que vela por sus hijos, y les quiere participar su Amor y Su Bendición.

Hacemos la señal de la Cruz de forma corta, para llamar la atención de Dios a nuestra persona, que se encuentra en un momento de acción, sea esta de inicio del día, de alguna labor, de un ministerio, de algún apostolado, de una misión, pidiéndole Su Compañía, Su Presencia, su Apoyo, Su Bendición.

La forma larga comprende el rito de santiguarse, primero en la frente, como inicio de un afán, de un inicio más perfecto, de una invocación más formal, pidiendo a Dios purifique nuestros pensamientos, para que sean los suyos los que nos enriquezcan, y nos apoyen, y proyectemos la Luz de Dios en nuestros esfuerzos  por no ensuciar nuestra Conciencia Superior.

La Señal de la Cruz en nuestros labios, nos invita a expresar con Pureza, lo que nuestra conciencia y corazón desean transmitir, siendo palabras que transmitan Paz y alegría, comunión de Amor y Bienestar hacia los demás, así como lo experimentamos hacia nosotros mismos.  Bien hablar.

La Señal de la Cruz en nuestro pecho, nos invita a reflexionar sobre lo bondadoso que es Dios, al que albergamos en nuestro corazón, y le pedimos nos fortalezca para no dar cabida a sentimientos ajenos a la Acción de Dios, como son ira, violencia, deshonor,  sentimientos que nos perjudican a nosotros mismos y a los demás.  Y así, reine en nosotros mismos y en nuestro entorno, la Paz, la alegría, la Bondad.

Así, con estas tres señales, confirmamos nuestra Fe en Dios Uno y Trino, generoso y amoroso, que completamos en la señal final, que abarca todo nuestro cuerpo y espíritu, pidiendo a Dios su Luz, su compañía, su bendición, su Paz.  Caminar por la vida con la seguridad de que amamos y somos amados por Dios, y lo experimentamos hacia los demás.  Sentimientos nobles y generosos que nos dan dignidad y hora.  Paz en nuestras familias y en la sociedad.

martes, 5 de mayo de 2015

PARA HACER BIEN LA SEÑAL DE LA CRUZ


Para hacer bien la Señal de la Cruz
Cuando nos marcamos con la señal de la cruz estamos diciendo: Yo soy seguidor de Jesucristo, creo en Él, le pertenezco.
Por: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oracion.com




La señal de la cruz es la oración básica del cristiano, lo primero que un niño o un converso aprende en la catequesis. En esta oración tan breve y tan simple se resume todo el credo y para muchos hombres y mujeres profundamente contemplativos ha sido su oración preferida.

¿Qué significa la señal de la cruz?

La cruz es la señal de los cristianos: significa el triunfo de Jesús sobre el pecado; es el símbolo de la redención que Jesucristo obtuvo para nosotros con su sangre. Su pasión de amor por el hombre le llevó a dar la vida para que tuviéramos vida en abundancia: "Nadie me la quita, soy yo quien la doy por mí mismo" (Jn 10,18) Como manso cordero llevado al matadero, Jesús soportó en la cruz el extremo del dolor físico y moral para abrirnos las puertas del cielo.

Cuando nos marcamos con la señal de la cruz estamos diciendo: Yo soy seguidor de Jesucristo, creo en Él, le pertenezco. Así como los seguidores del Anticristo tendrán su marca (cfr. Ap 14,9), así el bautizado lleva un sello indeleble en su alma y lo muestra exteriormente con la cruz.

Deja que la Virgen María tome tu mano y te guíe al santiguarte

Después de lo que vivió María en el Calvario, Ella será la mejor maestra para todo cristiano que quiera santiguarse con todos los cinco sentidos. A mí me ha ayudado contemplar la pasión de Cristo desde el corazón de la Virgen María, pidiéndole que al hacer la señal de la cruz tome Ella mi mano y me enseñe a revivir con ese gesto sencillo el momento supremo de nuestra redención.

Este texto de Santa Brígida puede servir de inspiración mientras contemplamos a Cristo Crucificado de la mano de la Virgen María:

"Déseos toda honra, Señora mía Virgen María, que con dolor visteis a vuestro Hijo hablaros desde la cruz, y con vuestros benditos oídos afligidamente lo oisteis clamar al Padre en la agonía de la muerte, y entregar en sus manos el alma. Alabada seáis, Señora mía Virgen María, que con amargo dolor visteis a vuestro Hijo pendiente en la cruz, lívido desde el extremo de la cabeza hasta la planta de los pies, rubricado con su propia sangre y tan cruelmente muerto; y con suma amargura mirasteis traspasados sus pies y manos, y su glorioso costado, y todo su cuerpo destrozado sin ninguna misericordia.

"Bendita seáis Vos, Señora mía Virgen María, que con vuestros ojos bañados en lágrimas visteis bajar de la cruz a vuestro Hijo, envolverlo en el sudario, ponerlo en el sepulcro y ser allí custodiado por los soldados. Bendita seáis Vos, Señora mía Virgen María, quetraspasado vuestro corazón con un profundo y amarguísimo dolor, fuisteis apartada del sepulcro de vuestro Hijo, y llena de pesar conducida por vuestros amigos a casa de Juan, donde al punto sentisteis alivio a vuestro gran dolor, porque sabiais positivamente que pronto había de resucitar vuestro Hijo." (Sta. Brígida de Suecia, "Revelaciones", Libro 12, Oración)

En el nombre...

Al hacer la señal de la cruz sobre nuestro cuerpo, diciendo: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén" nos estamos comprometiendo a obrar en el nombre de Dios. Dios reveló su nombre a Moisés; el nombre de Dios es "Yo soy el que soy" (Éxodo 3,13). Y le dijo: "Yo soy el Dios de tus padres" (Éxodo 3,6) y "Yo estaré contigo" (Éxodo 3,12) De estas tres expresiones concluimos que Dios abarca nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Quien actúa en el nombre de Dios está afirmando que tiene la certeza de que Dios le conoce, le acompaña, le sostiene y permanecerá siempre a su lado.

Cuando en la oración pedimos algo en el nombre de Jesús, nos estamos uniendo a la oración de Cristo, con la seguridad de que el Padre escucha a su Hijo. "Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré." (Juan 14, 13-14) Y si lo que pedimos es conforme a su voluntad, podemos confiar en que nuestra súplica será escuchada: "En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha.Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que hayamos pedido.."(1 Juan 5,14-15) Y a veces nos concede no sólo lo que le pedimos sino incluso lo que deseamos, que Él conoce bien. Esta fue la experiencia de san Pedro aquella mañana en el lago tras una noche de pesca, cuando Jesús le mostró dónde encontrarlos. Pedro le dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu Nombre, echaré las redes. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse».

miércoles, 4 de marzo de 2015

EL HALLAZGO DE LA CRUZ DE CRISTO


El hallazgo de la Cruz de Cristo
La historia narra el hallazgo de tres cruces en una antigua cisterna, junto con los clavos...


Por: Varios | Fuente: santosepulcro.custodia.org



En el 327 la emperatriz, madre de Constantino, fue peregrina en Jerusalén y quiso buscar la Santa Cruz.

La historia narra el hallazgo de tres cruces en una antigua cisterna, junto con los clavos (de los que uno está montado en la Corona férrea en Monza, un segundo está en la Catedral de Milán y el tercero en Roma) y del titulus, el cartucho –querido por Pilato- que contenía la condena en tres idiomas (un fragmento se encuentra en Roma, en la iglesia de la santa Cruz). Un milagro permitió identificar la cruz de Cristo.

Cuenta la leyenda que hacia el año 326 la emperatriz Elena de Constantinopla (madre del emperador Constantino I el Grande) hizo demoler el templo de Venus que se encontraba en el monte Calvario, en Jerusalén, y excavar allí hasta que le llegaron noticias de que se había hallado la Vera Cruz. El viaje se había realizado con objeto de encontrar el Santo Sepulcro, que se hallaba perdido. Se inició la búsqueda debido al culto de la cruz, desde la muerte de Jesucristo.

Según la Leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, cuando la emperatriz —que entonces tenía ochenta años— llegó a Jerusalén, hizo someter a interrogatorio a los judíos más sabios del país para que confesaran cuanto supieran del lugar en el que Cristo había sido crucificado. Después de conseguir esta información, la llevaron hasta el supuesto Monte de la calavera (el Gólgota), donde el emperador Adriano, 200 años antes, había mandado erigir un templo dedicado a la diosa Venus. Se cree que en realidad el Gólgota era una antigua cantera abandonada con un macizo rocoso, poco útil para la construcción, que quedó sin utilizar y constituyó posteriormente el patíbulo donde colocaban las cruces los romanos. Esta cantera estaba fuera de la muralla, pero cercana a ella.

Santa Elena ordenó derribar el templo y excavar en aquel lugar, en donde según la leyenda encontró tres cruces: la de Jesús y la de los dos ladrones. Como era imposible saber cuál de las tres cruces era la de Jesús, la leyenda cuenta que Elena hizo traer un hombre muerto, el cual, al entrar en contacto con la cruz de Jesucristo, la Vera Cruz, resucitó. El hallazgo de la reliquia se conmemoraba antiguamente en el mes de mayo con el nombre de fiesta de la Invención de la santa Cruz.

La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un fastuoso templo, la llamada Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardaron la reliquia. Mucho después, en el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y, tras la victoria, se llevó la Vera Cruz y la puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión de los cristianos.

Tras quince años de luchas, el emperador bizantino Heraclio lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el 14 de septiembre de ese año, la Vera Cruz regresó a Jerusalén, llevada en persona por el emperador a través de la ciudad procesionalmente. Dice la leyenda que cuando el emperador, vestido con gran magnificencia, quiso cargar con la reliquia, fue incapaz de hacerlo, no siéndole posible hasta que no se despojó de todas las galas a imitación de la pobreza y la humildad de Cristo. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz.


La Capilla de Santa Helena

Es una iglesia armenia del siglo XII en el nivel inferior de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. En el sureste de la capilla hay una silla que tenía fama de ser un asiento que era usado por Santa Elena, madre del emperador Constantino, cuando fue en busca de la Vera Cruz. Hay dos ábsides en la iglesia, dedicados uno a Santa Elena y el otro a Dimas, el ladrón arrepentido en la cruz. La capilla está adornada con modestia en la memoria de la simplicidad de Santa Helena.

Desde el deambulatorio, una escalera baja hasta la capilla dedicada a Santa Elena. Las paredes de la escalera están recubiertas por cruces, incisas en los siglos pasados por los peregrinos Armenios para testimoniar la devoción por la Cruz de este pueblo.

La capilla de tres naves, con 4 columnas que sostienen la cúpula es de propiedad de los Armenios y es del siglo XII. Fuentes y excavaciones arqueológicas confirman que ya en el proyecto constantino el aula se utilizaba de alguna manera. De las paredes cuelgan muchas lámparas según el estilo armenio.

Desde la Capilla armenia de santa Elena se accede a la inferior del “Inventio Crucis”, en la que se celebra cada año, el 7 de mayo, la memoria del hallazgo de la Santa Cruz y donde el padre Custodio franciscano lleva en procesión la reliquia de madera de la Cruz de Cristo al punto en el que tradicionalmente se encontró.

domingo, 1 de febrero de 2015

EL CRUCIFIJO DE ALTAR


El crucifijo de altar
El crucifijo se debe colocar sobre el altar durante la Santa Misa. Hay dos excepciones a esta regla...
Por: Redacción | Fuente: www.enciclopediacatólica.com




El crucifijo es el elemento principal del altar. Se coloca en el altar para recordar al celebrante y a los feligreses que la víctima que se ofrece sobre el altar es la misma que se ofreció en la Cruz. Por esta razón el crucifijo se debe colocar sobre el altar siempre que se celebra la Misa. La rúbrica del Misal Romano (XX) establece que debe ser colocado en el centro del altar entre los candeleros, y que debe ser lo suficientemente grande como para ser visto convenientemente por el celebrante y los feligreses.

Como ya señalamos, el crucifijo se debe colocar sobre el altar durante la Santa Misa. Hay dos excepciones a esta regla:

(1) Cuando la crucifixión es la parte principal del retablo o del cuadro detrás del altar. Decimos deliberadamente la parte principal del retablo o del cuadro, porque si el cuadro representa a un santo, por ejemplo, San Francisco Javier con un crucifijo en la mano, o Santo Tomás arrodillado ante la Cruz, incluso si ésta es grande, tal cuadro no es suficiente para tomar el lugar del crucifijo de altar.

(2) Cuando se expone el Santísimo Sacramento.

sábado, 25 de octubre de 2014

¿CÓMO SE HACE LA SEÑAL DE LA CRUZ?



¿Cómo se hace la señal de la cruz?
Cómo se debe hacer la señal de la cruz correctamente y cómo darle un sentido especial en cada momento


Por: P. Evaristo Sada LC | Fuente: laoracion.com


Habiendo explicado el sentido de la señal de la cruz, para qué hacerla y cuándo hacerla, explico ahora cómo hacerla.



La señal de la cruz se hace...

- Con plena conciencia: dándole todo el sentido que tiene como explicamos en el artículo anterior. Como todo gesto religioso, debe hacerse con fe y convicción para que sea un acto de oración. Por ejemplo, al entrar en una iglesia y santiguarse con agua bendita, puede ser toda una renovación de las promesas bautismales.
- Con calma y reverencia; con sencillez y a la vez con cierta solemnidad. Cuando no se hace así, es comprensible que nos resulte ridículo el garabato que algunas personas hacen con vergüenza al iniciar un viaje en avión, por ejemplo.
- Puedes hacerla también con la intención de ganar indulgencia parcial. El Manual de Indulgencias de 1986 de la Penitenciaría Apostólica dice en el número 55: "Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que haga la señal de la cruz diciendo las palabras de costumbre: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén."

Dependiendo del momento en que hagas la señal de la cruz, puedes  darle un sentido especial  a cada momento del gesto. Por ejemplo:

- Si es al inicio de la oración: Al tocar la frente dile al Padre: ocupa mis pensamientos, que más te conozca para que más te ame, muéstrame tu rostro. Al tocar el pecho mira a Cristo crucificado y dile: Te amo con todo mi corazón, gracias por estar dentro de mí desde la última vez que comulgué, déjame recostarme en tu pecho como Juan en la última cena y tú recuéstate en el mío. Al tocar los hombros dile al Espíritu Santo: cúbreme con tu sombra, imprégname con tu gracia, abrázame, por la acción transformante de tu gracia quiero identificarme con Cristo.
- Si es para alabar o agradecer a Dios, puedes considerar especialmente a cada persona de la Trinidad: Al tocar la frente bendice y agradece a Dios Padre, Dios Creador, Dios Rico en Misericordia. Al tocar el pecho bendice y agradece a Dios Hijo Redentor, que murió y resucitó para salvarnos, que hoy nos acompaña y nos alimenta en la Eucaristía. Y al tocar tus hombros bendice y agradece a Dios Espíritu Santificador, Consolador, Dulce Huésped del alma.


- Si es para pedir protección a la Santísima Trinidad, pídesela primero al Padre; Él es el mejor de los Padres que durante toda la historia de la salvación ha mostrado su fidelidad haciendo todo lo necesario para protegernos bajo su mirada misericordiosa. Pídesela al Hijo, el Buen Pastor, que con su propia sangre nos rescató de las manos del enemigo. Y al Espíritu Santo que nos guía por el buen camino, nos defiende con su gracia de las asechanzas del maligno y nos cura con su santa unción de todas nuestras heridas y enfermedades.


- Si es antes de leer la Sagrada Escritura o escuchar una predicación puedes darle este significado: al tocar la frente pedirle a Dios que te conceda acoger y comprender su Palabra con la mente, al llevar la mano al pecho suplicarle que te permita conservarla en tu corazón, y al llevar la mano a los hombros hacer el propósito de ponerla en práctica a lo largo del camino de la vida.
- Si es para dar testimonio de tu fe o para bendecir a otro: traza la cruz sobre el cuerpo con toda calma, como quien quiere dejar impresa la marca de su pertenencia a Cristo.


A la luz de todo lo dicho, prueba ahora a hacer la señal de la cruz.
¿Es diferente verdad?

martes, 9 de septiembre de 2014

¿PARA QUÉ HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ?


Autor: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oracion.com 
¿Para qué hacer la señal de la cruz?
Cuando hacemos la señal de la cruz, estamos diciendo: que Dios Padre Creador esté conmigo.



La señal de la cruz sirve para:

Hacer un acto de oración, contemplando por unos segundos a Cristo Redentor y así avivar nuestra fe en Jesucristo, como quien alimenta la hoguera echando leña al fuego: "Mirarán al que traspasaron" (Jn 19,37) "Cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí" (Jn 12,32)

Recordar que Cristo murió por nosotros, hacer memoria del gran amor que Dios nos ha tenido y que lo llevó al extremo con su muerte en la cruz (Jn 13,1) "Pues la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros". (Rom 5, 8) "Cristo nos amó y se entregó por nosotros" (Ef 5,2) "Se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2,8)

Hacer un acto de conversión interior y decirle a Jesús: soy tu discípulo, quiero vivir como a ti te agrada, quiero cargar con mi propia cruz: "Si alguno quiere venir en pos de mí. niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame." (Mt 16,24)

Dar testimonio de nuestra fe, declarar que somos cristianos, miembros de su cuerpo místico, seguidores del que dio su vida por nosotros en una cruz y resucitó de entre los muertos. "En cuanto a mí, no quiero sentirme orgulloso más que de la cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor. Por él el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo." Gál 6,14.

Predicar que Cristo es Salvador y que hay que morir para tener vida.

Alabar al Hijo de Dios: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2, 11)

Pedir la protección de Cristo en medio de las tentaciones, los retos, los peligros, las dificultades y las asechanzas del demonio. Jesucristo venció el pecado con su muerte en la cruz.

Tomar fuerza: "Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo." (Hebreos 12,2-3) "Poned los ojos en el Crucificado y se os hará todo poco" (Santa Teresa de Jesús).

Ofrecer a Dios nuestro ser, nuestras pertenencias y nuestras actividades, como Cristo ofreció su vida al Padre por nuestra salvación. Hacer la señal de la cruz es decirle: Jesús, quiero hacer esto contigo y por amor a ti.

Ofrecer nuestros sufrimientos y renuncias a Jesucristo, abrazar nuestra cruz con amor: "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt 10,38) "La cruz abrazada es la menos pesada" (Santa Teresa)

Agradecer las bendiciones de Dios y las abundantes y continuas muestras de su amor.

Celebrar la victoria del perdón y la misericordia, como quien alza un estandarte como signo de victoria: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna" (Juan 3, 14-15)

Bendecir: cuando hacemos sobre otro la señal de la cruz le estamos diciendo: que Dios Padre Creador esté contigo, que Dios Hijo Redentor te salve, que Dios Espíritu Santo Consolador te santifique.


¿Cuándo hacer la señal de la cruz?

Tertuliano (160 a 220 d.C.) escribió: "En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz."

Cualquier momento es buen momento para hacer la señal de la cruz.

Los sacramentos y los actos de oración comienzan y terminan con la señal de la cruz. También es buena costumbre persignarse antes de escuchar la Sagrada Escritura. Esto es lo que hacemos durante la liturgia de la santa misa, antes de la proclamación del Evangelio, cuando mientras trazamos la señal de la cruz sobre nuestra frente, labios y pecho repetimos en silencio dentro de nuestro corazón: "Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro".

Al ofrecer el día al levantarte o cualquier actividad: una reunión, un proyecto, un partido.

Al agradecer a Dios un beneficio, la jornada que comienza, los alimentos, la primera venta del día, el salario, la cosecha, la conquista de la cumbre, una entrevista exitosa, un examen con buenos resultados, un diagnóstico favorable.

Al encomendarse y ponerse en manos de Dios: cuando emprendes un viaje, cuando comienzas un partido de fútbol o un baño en el mar, cuando recibes una noticia difícil de digerir, antes de una empresa compleja, de una cita importante, de entrar a una cirugía o de pronunciar unas palabras en público.

Al bendecir a Dios y reconocer su presencia en un templo, en un acontecimiento, en una persona o un hermoso espectáculo de la naturaleza

Al pedir la protección de la Trinidad ante el peligro, las tentaciones y las dificultades.
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