Páginas

domingo, 12 de abril de 2026

SEIS PISTAS PARA LLEGAR A DIOS



 Seis pistas para llegar a Dios


Yves Chupin, el Hermano Jean-Claude (foto), cofundador de la Comunidad del Cordero, fallecido el Domingo de Pascua de 2026 en Francia, deja seis pistas para llegar a Dios.

 

1- Paciencia

“No hay prisas. Solo el amor de Dios nos apremia, y el amor de Dios es paciente, dulce y benevolente”.

Esta indicación la recibió Jean-Claude de sus hermanos franciscanos en su periodo de formación, y la recordaba décadas después.

Acoger cómo es en realidad el Padre, que siempre espera a sus hijos, anima a decidirse por Él a pesar de las dificultades, y a perseverar.

 

2- Evangelio

“Por encima de todo, debemos sumergirnos en los Evangelios para ser modelados personalmente por Cristo”, invitaba.

Jean-Claude vistió siempre el hábito franciscano, y trató de seguir la invitación del Concilio Vaticano II de volver al espíritu de los fundadores.

Mientras servía como párroco en 13 pueblos de los alrededores de la ciudad francesa de Vézelay, se encontró con un grupo de dominicas enviadas para vivir en su propia congregación una experiencia de mayor oración y pobreza.

Con ellas se vinculó profundamente hasta el punto de que sus hermanos franciscanos lo alentaron a atender espiritualmente a aquellas mujeres con las que iniciaría la Comunidad del Cordero.

En su acompañamiento, siempre animó a centrarse en lo esencial. “No tengas más cultura que Jesús y su Evangelio”, escribió a un Hermanito.

Jean-Claude pasaba horas en oración memorizando, repitiendo y profundizando en el Evangelio.

 

3- Pobreza

“Postrarse ante el Pobre y no postrarse ante un pobre es una contradicción que hay que intentar por todos los medios extirpar de nuestra vida”, animaba.

Así como un leproso ayudó a san Francisco a abrazar a Dios, a Jean-Claude le ayudaron las personas sin techo.

Él sintió una persistente llamada a vivir como ellas y pidió con perseverancia a sus superiores poder responder.

Finalmente, cuando tenía 50 años, el año 1982, fue enviado en misión a vivir con esos pobres día y noche, acompañado por dos franciscanos.

“Cuando lo vimos salir a la calle, no era una hazaña: era un sí al Señor”, relata una Hermanita.

Vivió entre los sin techo durante 11 años, sin actividades precisas más allá de escucharles y celebrar misa, tratando de abajarse y dejándose configurar con Cristo pobre y crucificado.

 

4- Confianza

Es “Jesús el autor de toda evangelización”, escribió el Hermanito Jean-Claude a una Hermanita del Cordero.

Confiar en Cristo aparece ahora como una de las mayores riquezas que el franciscano compartió con la Comunidad del Cordero, a la que acompañaba en sus capítulos trimestrales.

En sus homilías, compartía su pasión por el Evangelio y animaba a acercarse cada vez más a Jesús el Pobre.

“¡Cuánto me gustaría morir pobre en medio de los pobres!”, confesó una noche Jean-Claude.

Y lo logró, porque, tras pasar sus últimos años en una ermita de Saint-Pierre, falleció rodeado de los Hermanitos y Hermanitas del Cordero, la Iglesia pobre para los pobres que soñó el Papa Francisco, tan amigo de esta Comunidad.

 

5- Amistad

“La humildad es la clave de la amistad”, afirmaba. Y también lo vivía, cultivando y disfrutando de la vinculación con amigos de toda edad, origen y condición.

Jean-Claude “respiraba y vivía la felicidad de Dios”, destaca una Hermanita convencida de que su alegría provenía de amar como Jesús.

Cuando le acogían en una casa y le ofrecían algún servicio, él guardaba el contacto y más tarde escribía o telefoneaba.

Su dulzura contribuía a compartir la propia historia con confianza y libertad y a establecer relaciones auténticas.

Muchos pudieron apreciar su capacidad de asombro y su “corazón universal”, expresados en sencillas expresiones como “gracias”, “maravilloso” y “cuenten con mi oración”.

 

6- Entrega

“La alabanza perfecta es la ofrenda de sí mismo”: lo predicó y lo vivió, donándose en la juventud y en la vejez, incluso en la debilidad más extrema.

“También yo quiero dar mi vida por mis hermanos”, repetía, invitando a entrar por la puerta estrecha del Evangelio viviendo el perdón y la caridad fraterna.

Su cuerpo sin vida fue enterrado ayer jueves 9 de abril en el enclave francés de Saint Pierre, cerca de Prulla, el histórico monasterio donde nació la orden de predicadores.


(Texto de Patricia Navas / Aleteia)

VIVIR DE SU PRESENCIA-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 12 DE ABRIL DE 2026



 Vivir de su presencia


El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelante. Solo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.

 

La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen en un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada que una experiencia vivida.

 

Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus primeros discípulos y discípulas.

 

Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente habitada por esa presencia invisible, pero real y operante, de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.

 

Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?

 

Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.

(Padre José Antonio Pagola)


HOY SE CELEBRA EL DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA



 Hoy se celebra el Domingo de la Divina Misericordia

ACI Prensa



Hoy, 12 de abril, la Iglesia celebra universalmente el Domingo de la Divina Misericordia, establecido por la Congregación (hoy Dicasterio) para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el 23 de mayo del año 2000, a petición del Papa San Juan Pablo II. Desde aquel año, el domingo siguiente al Domingo de Resurrección (II Domingo del Tiempo Pascual) está destinado a la celebración de la Divina Misericordia, festividad con la que concluye la Octava de Pascua. 


"Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores", le dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska.


"Las almas mueren a pesar de mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de mi Misericordia. Si no adoran mi misericordia morirán para siempre", insistió Cristo a Faustina en otra ocasión. En consecuencia, cada creyente tiene la responsabilidad de abrir su corazón al Corazón luminoso de Jesús. Dios nos espera siempre con los brazos abiertos.


Durante la fiesta de la Divina Misericordia los fieles pueden obtener indulgencias plenarias y la Iglesia recomienda el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia.


San Juan Pablo II y Santa Faustina Kowalska fueron llamados ‘Apóstoles de la Divina Misericordia’ por el Papa Francisco. Ambos santos fueron polacos, y aunque no se conocieron entre ellos, los dos, en el tiempo y contexto en el que les tocó vivir, fueron testimonios de un Dios que acoge y perdona a su creatura con amor. Ambos mostraron el rostro divino siempre abierto al perdón.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 12 DE ABRIL DE 2026-DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

 


Domingo 2 de Pascua

Domingo 12 de abril de 2026



1ª Lectura (Hch 4,32-35): En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.



Salmo responsorial: 117

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.


La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.


Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

2ª Lectura (1Jn 5,1-6): Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Versículo antes del Evangelio (Jn 20,29): Aleluya. Porque me has visto, Tomás, has creído, dice el Señor; bienaventurados los que sin haber visto han creído. Aleluya.

Texto del Evangelio (Jn 20,19-31): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.










«A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados»

Rev. D. Fernando VÁZQUEZ-DODERO Romero

(Terrassa, Barcelona, España)


Hoy, la Iglesia nos invita a celebrar la misericordia del Señor, ese amor inmenso y delicado de Dios, que nos ama a pesar de ser nosotros tan poca cosa. Durante toda la Semana Santa hemos contemplado hasta qué punto puede llegar nuestra miseria y, sobre todo, cuán grande y misericordioso es el amor de Dios.


En el Evangelio de hoy encontramos una nueva muestra de que su amor quiere alcanzar incluso los rincones más oscuros de nuestro corazón. Contemplamos cómo Jesucristo quiere perdonar los pecados a través de sus discípulos: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,23). Dios nos ama hasta tal punto que desea perdonarnos siempre. Quiere hacerse presente en toda nuestra vida y en nuestra historia; quiere descender hasta la profundidad de nuestro pecado para amarnos y transformarnos por completo, en todo lo que afecta a nuestra persona.


El papa León XIV, contemplando el Sábado Santo, decía: «Es el día en el que el cielo visita la tierra en lo más profundo. Es el tiempo en el que cada rincón de la historia humana es tocado por la luz de la Pascua. Y si Cristo ha podido descender hasta allí, nada puede quedar excluido de su redención. Ni siquiera nuestras noches, ni siquiera nuestros pecados más antiguos, ni siquiera nuestros vínculos rotos. No hay pasado tan arruinado, no hay historia tan herida que no pueda ser tocada por su misericordia».


Así es el amor de Dios: un amor como no hay otro, que abraza nuestra miseria y quiere perdonarnos para devolvernos siempre a la luz. Y quiere hacerlo de un modo aún más sorprendente: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20,21). Es decir, quiere hacerlo a través de la Iglesia, por medio de otros hombres —los sacerdotes—, también pecadores, como quien se confiesa, pero llamados a ser testigos e instrumentos de su misericordia.

FELIZ DOMINGO!!!!!





 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...