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domingo, 28 de junio de 2026

ASPECTOS ESENCIALES DEL DISCIPULADO-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 28 DE JUNIO DE 2026



 Aspectos esenciales del discipulado


La liturgia nos presenta las últimas frases del discurso misionero del capítulo 10 del Evangelio de Mateo (10, 37), con el cual Jesús instruye a los doce apóstoles en el momento en el que, por primera vez les envía en misión a las aldeas de Galilea y Judea. En esta parte final Jesús subraya dos aspectos esenciales para la vida del discípulo misionero: el primero, que su vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo; el segundo, que el misionero no se lleva a sí mismo, sino a Jesús, y mediante él, el amor del Padre celestial. Estos dos aspectos están conectados, porque cuanto más está Jesús en el centro del corazón y de la vida del discípulo, más «transparente» es este discípulo ante su presencia. Van juntos, los dos.

 

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí...» (v. 37), dice Jesús. El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos y hermanas, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, es más, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro. Cualquier discípulo, ya sea un laico, una laica, un sacerdote, un obispo: la relación prioritaria. Quizás la primera pregunta que debemos hacer a un cristiano es: «¿Pero tú te encuentras con Jesús? ¿Tú rezas a Jesús?». Se podría casi parafrasear el Libro del Génesis: Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a Jesucristo, y se hacen una sola cosa (Génesis 2, 24). 

 

Quien se deja atraer por este vínculo de amor y de vida con el Señor Jesús, se convierte en su representante, en su «embajador», sobre todo con el modo de ser, de vivir. Hasta el punto en que Jesús mismo, enviando a sus discípulos en misión, les dice: «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado» (Mateo 10, 40). Es necesario que la gente pueda percibir que para ese discípulo Jesús es verdaderamente «el Señor», es verdaderamente el centro de su vida, el todo de la vida. No importa si luego, como toda persona humana, tiene sus límites y también sus errores —con tal de que tenga la humildad de reconocerlos—; lo importante es que no tenga el corazón doble, y esto es peligroso. Yo soy cristiano, soy discípulo de Jesús, soy sacerdote, soy obispo, pero tengo el corazón doble. No, esto no va.

 

No debe tener el corazón doble, sino el corazón simple, unido; que no tenga el pie en dos zapatos, sino que sea honesto consigo mismo y con los demás. La doblez no es cristiana. Por esto Jesús reza al Padre para que los discípulos no caigan en el espíritu del mundo. O estás con Jesús, con el espíritu de Jesús, o estás con el espíritu del mundo. Y aquí nuestra experiencia de sacerdotes nos enseña una cosa muy bonita, una cosa muy importante: es precisamente esta acogida del santo pueblo fiel de Dios, es precisamente ese «vaso de agua fresca» (v. 42) del cual habla el Señor hoy en el Evangelio, dado con fe afectuosa, ¡que te ayuda a ser un buen sacerdote!

 

Hay una reciprocidad también en la misión: si tú dejas todo por Jesús, la gente reconoce en ti al Señor; pero al mismo tiempo te ayuda a convertirte cada día a Él, a renovarte y purificarte de los compromisos y a superar las tentaciones. Cuanto más cerca esté un sacerdote del pueblo de Dios, más se sentirá próximo a Jesús, y un sacerdote cuanto más cercano sea a Jesús, más próximo se sentirá al pueblo de Dios.

 

La Virgen María experimentó en primera persona qué significa amar a Jesús separándose de sí misma, dando un nuevo sentido a los vínculos familiares, a partir de la fe en Él. Con su materna intercesión, nos ayude a ser libres y felices misioneros del Evangelio.


Papa Francisco

¿CÓMO AYUDAR A VENEZUELA DESDE CASA? LA IGLESIA CATÓLICA ABRE CANALES DE APOYO



 ¿Cómo ayudar a Venezuela desde casa? La Iglesia Católica abre canales de apoyo

Por Diego López Colín


La Iglesia Católica ha activado una red de apoyo para atender a los miles de personas afectadas por los terremotos que sacudieron Venezuela. Desde donativos económicos hasta el envío de alimentos y medicinas, estas son algunas formas en las que los fieles pueden sumarse a la ayuda. 

Los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio dejaron a miles de personas en situación de vulnerabilidad, por lo que diversas instituciones de la Iglesia Católica han puesto en marcha campañas de ayuda humanitaria para atender a las comunidades afectadas. 


La primera respuesta ha sido encabezada por Cáritas Venezuela, que hizo un llamado a la población para donar productos básicos que permitan atender las necesidades más urgentes de las familias afectadas. 


Entre los artículos solicitados se encuentran: 

Agua potable. 

Alimentos no perecederos, como aceite, enlatados y granos. 

Productos de higiene personal. 

Pañales para niños y adultos. 

Toallas sanitarias. 

Medicamentos para el malestar y el resfriado. 

Insumos médicos y botiquines de primeros auxilios. 

Velas, linternas y baterías. 

Artículos de limpieza, como cloro, escobas y desinfectantes. 

Colchonetas, hamacas, mantas, sábanas y cobijas. 


Las donaciones se reciben en la sede de la Conferencia Episcopal Venezolana, en Montalbán, en un horario de 8:30 am (hora local) a 4:30 pm. Además, se informó que las Cáritas diocesanas de todo el país han comenzado a habilitar centros de acopio en coordinación con empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil. 

La institución también abrió una cuenta para recibir donativos económicos destinados a la atención de la emergencia. También hacerse por internet con el siguiente enlace.

https://caritasvenezuela.org/donaciones/

La campaña de solidaridad ha trascendido las fronteras venezolanas. Cáritas de distintos países, entre ellos México, han habilitado mecanismos para recibir aportaciones económicas que serán canalizadas a través de la red internacional de Cáritas para apoyar las labores de asistencia. 


Catholic Relief Services  

La agencia humanitaria Catholic Relief Services (CRS), organismo oficial de ayuda internacional de la Iglesia Católica en Estados Unidos, informó que trabaja junto con Cáritas Venezuela y la Iglesia local para distribuir refugios temporales, alimentos, agua potable, atención médica y otros insumos esenciales. 

CRS también habilitó en su sitio web un sistema para recibir donaciones económicas destinadas a la emergencia en Venezuela. 


Ayuda a la Iglesia Necesitada  

Por su parte, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) expresó su cercanía con la Iglesia venezolana y anunció la apertura inmediata de sus canales de ayuda. 

La organización aseguró que mantiene contacto permanente con los obispos del país para identificar las necesidades más urgentes y coordinar la asistencia a las víctimas, a los familiares de los fallecidos y a las comunidades afectadas. 

Como primera medida, ACN aprobó un fondo de emergencia de alrededor de 113. 000 dólares para apoyar la respuesta de la Iglesia en Venezuela. 

A través de su  sitio web  es posible hacerle una donación a su fundación. 

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 28 DE JUNIO DE 2026


 

Domingo 13 (A) del tiempo ordinario

Domingo 28 de junio de 2026



1ª Lectura (2Re 4,8-11.14-16a): Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí».


Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó. Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?». Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo». Eliseo dijo: «Llámala». La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo».



Salmo responsorial: 88

R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad».


Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: camina, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.


Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey.

2ª Lectura (Rom 6,3-4.8-11): Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Versículo antes del Evangelio (1Pe 2,9): Aleluya. Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, para que proclaméis las obras maravillosas de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 10,37-42): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

»Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».




«El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí»

P. Benedito CAPITANGO

(Luanda, Angola)


Hoy, el Evangelio nos coloca ante una verdad decisiva: Cristo no quiere ocupar un lugar en nuestra vida; quiere ser el centro de nuestra vida. Por eso dice: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí» (Mt 10,37). Jesús no vino para convertirse en un interés más entre muchos otros, ni para ser una referencia ocasional en determinados momentos de la existencia.


Igualmente, no acepta ser un complemento de nuestra vida porque Él es su fundamento, su sentido y su destino. Así, el discípulo auténtico no organiza a Cristo alrededor de su vida; organiza su vida alrededor de Cristo. Y en otro lugar añade: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?» (Mt 16,26).


La cruz que cada discípulo debe tomar (cf. Mt 10,38) representa el camino mismo de Cristo. Llevar la cruz no es buscar el sufrimiento, sino permanecer fieles al Señor cuando el Evangelio tiene un precio. Quien sigue a Cristo camina ya por la senda que conduce a la resurrección. Con esto, Jesús nos enseña que el amor auténtico tiene un orden: no se trata de amar menos a la familia, sino de amar a todos desde Dios y en Dios. Decía San Agustín de Hipona: “Ama y haz lo que quieras”. Cuando Dios ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su justa medida. Además, Cristo no nos manda abandonar a los nuestros, sino preferir la verdad de Dios cuando los afectos humanos pretenden apartarnos de ella.


El Señor concluye con una promesa: «Quien dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños no quedará sin recompensa» (Mt 10,42). Nada de lo que hacemos por Cristo quedará olvidado. En el juicio final no contará quién acumuló más bienes, sino quién amó más. Por eso resuena con fuerza la enseñanza del Papa León XIV en el inicio de su pontificado: «Esta es la hora del amor. El corazón del Evangelio es el amor de Dios que nos hace hermanos y hermanas». Que el Señor nos conceda un corazón libre para amarle sobre todas las cosas. Amén.

FELIZ DOMINGO!!!!

 





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