En la corona de la Virgen de Fátima hay un detalle que conmueve al mundo entero: la bala que hirió gravemente a san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981.
Tras el atentado en la Plaza de San Pedro, los médicos quedaron sorprendidos porque el proyectil siguió una trayectoria inexplicable, evitando órganos vitales. El propio Papa polaco siempre afirmó que fue la mano maternal de María quien lo protegió de la muerte.
Años después, como gesto de gratitud y entrega total a la Virgen, san Juan Pablo II ofreció aquella bala al Santuario de Fátima. Hoy permanece incrustada en la corona de Nuestra Señora, recordando que incluso en medio del dolor y la violencia, Dios puede escribir una historia de esperanza.
“No fue una casualidad… fue la Virgen quien guió la bala”.

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