jueves, 19 de mayo de 2011

CULTO A LA EUCARISTÍA

Culto a la Eucaristía
"Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y veréis lo que son los milagros" -San Juan Bosco


Quién reconoce que Jesucristo es Dios, fuente de todo bien, debe adorarlo .
Jesucristo está verdaderamente y en su totalidad presente en el Santísimo Sacramento. Se deduce que el creyente debe adorar a Cristo en la Eucaristía. La forma varía según la cultura y los ritos.

La legislación postconciliar para el Rito Latino determina que al Santísimo Sacramento, ya sea en el tabernáculo o expuesto en el altar, se le debe de venerar haciendo una genuflexión con una rodilla.

Su Presencia permanece en las especies sacramentales hasta que se pierda la apariencia de pan. Se deduce que a Cristo Eucarístico se le debe adoración y ésta se extiende a las Sagradas Hostias reservadas en el tabernáculo después de la Santa Misa. Estas últimas son co-objeto de adoración, pues están unidas con Cristo en unidad de sacramento.

Conforme a la costumbre recibida en la Iglesia Católica, todos los fieles de Cristo deben tributarle el culto de latría que se debe al verdadero Dios (Can. 6). El Sacramento fue instituido por Cristo Señor para ser recibido (Mt. 26,26); Los Magos, "postrándose le adoraron" (Mt. 2,11); la Escritura atestigua (Mt. 28,17) que le adoraron los Apóstoles en Galilea. San Pablo escribe: "Y adórenle todos los ángeles de Dios" (Hebr. 1,6)

La Santa Misa

La Santa misa es el Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre los altares bajo las especies de pan y vino en memoria del sacrificio de la Cruz. Es sustancialmente el mismo sacrificio. El mismo Jesucristo que se ofreció en la Cruz es el que se ofrece por mano de los sacerdotes, sus ministros, sobre nuestros altares; mas, en cuanto al modo en que se ofrece, el sacrificio de la Misa difiere porque en la Cruz Jesucristo se ofreció derramando su sangre y mereciendo la Salvación por nosotros, mientras que en nuestros altares se sacrifica Él mismo sin derramamiento de sangre y nos aplica los frutos de su Pasión y Muerte.

Los principales efectos que produce la Santísima Eucaristía en quien dignamente la recibe son:

- Conserva y aumenta la vida del alma, que es la gracia, como el alimento material mantiene y aumenta la vida del cuerpo;

- Perdona los pecados veniales y preserva de los mortales.
- Trae consigo espiritual consolación.
- Debilita nuestras pasiones, y en especial, amortigua las llamas de la concupiscencia.
- Acrecienta el fervor de la caridad con Dios y con el prójimo y nos ayuda a obrar conforme a los deseos de Jesucristo.
- Nos da una prenda de la futura gloria y de la resurrección de nuestro cuerpo.

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