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domingo, 11 de enero de 2026
EL SILENCIO DEL SEÑOR
El silencio del Señor
Cuenta una antigua leyenda noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien siempre miraba un imagen de Cristo crucificado. Esta cruz era muy antigua y a ella acudía la gente a orar con mucha devoción. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.
Un día Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso, se arrodilló ante la cruz y dijo:
Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.
Y se quedó fijo con la mirada puesta en ella, como esperando la respuesta.
El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:
Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.
"Cual, Señor?", preguntó con acento suplicante Haakon. "¿Es una condición difícil? Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor", respondió el viejo.
"Escucha... suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar silencio siempre".
Haakon contestó:
"¡Os lo prometo, Señor!" Y se efectuó el cambio.
Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció a Haakon, colgado de los clavos en la cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste, durante largo tiempo, cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.
Pero un día llegó un rico y, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vió y calló.
Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.
Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado.
El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:
- "¡Dame la bolsa que me has robado!"
El joven sorprendido, replicó:
- "¡No he robado ninguna bolsa!"
- "¡No mientas, devuélvemela enseguida!"
- "¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!", afirmaba el muchacho.
Y el rico arremetió, furioso contra el joven. Sonó entonces una voz fuerte:
- "¡Detente!"
El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba.
Haakon que no pudo permanecer en silencio, gritó defendiendo al joven, e increpando al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje.
Cuando la Cruz quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo:
"Baja de la cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.
Pero Señor... -dijo Haakon- ¿cómo iba a permitir esa injusticia?
Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz.
El Señor, siguió hablando:
- Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo...
En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado... Sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal.
Ahora, hace unos minutos, acaba de zozobrar el barco en el que ha perdido la vida.
Tu no sabías nada. Yo sí. Por eso callo". Y el Señor nuevamente guardó silencio.
Muchas veces nos preguntamos: ¿por qué razón el Señor no nos contesta... por qué razón se queda callado el Señor? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír, pero, Jesús no es así. ¡El Señor nos responde aún con el silencio!
Debemos aprender a escucharlo. Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que Él sabe lo que hace.
Una de las cosas que más nos intrigan es el constatar que ante algunas circunstancias difíciles de la vida, da la impresión de que para Jesús pasa desapercibido nuestro dolor, angustia y necesidad. En otras palabras, parecería que efectivamente guarda silencio. Lo que sucede es que nosotros no podemos ver más allá de la inmediatez del momento y no nos damos cuenta de que detrás de lo que nos sucede y del aparente silencio de Jesús, se esconde un gran propósito. La próxima vez, no te preguntes el por qué de lo que te sucede, pregunta el para qué, y qué es lo que el Señor quiere de mí en esta situación.
EL BAUTISMO DEL SEÑOR - MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 11 DE ENERO DE 2026
El Bautismo del Señor
Terminadas litúrgicamente las fiestas navideñas, donde hemos contemplado serenamente el nacimiento y la infancia de Jesús, hoy, guardando como María en nuestro corazón aquel misterio, para contemplarlo siempre que nos apetezca, damos un largo paso y nos trasladamos a la celebración del Bautismo de Jesús, con el que tuvo lugar la inauguración de su vida pública. Aquel acontecimiento se nos presenta en el Evangelio como la consagración al ministerio y la pública presentación de su mesianismo. En lenguaje vulgar vendría a ser como el espaldarazo del Padre a la misión de Jesús.
Con admirable visión profética, Isaías, en nombre de Dios y como eco de la palabra del Padre, había anunciado mucho antes aquella proclamación: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones”. Jesús nos ha sido dado. Es nuestro. Para nuestro bien, para nuestra salvación. Es en verdad lo mejor que Dios nos podía dar: Mi elegido, a quien prefiero.
Isaías prevé, del mismo modo, cómo habrá de ser su ministerio: recibirá el encargo de promover fielmente el derecho. Y lo hará con inmenso amor que resultará evidente en el respeto a las personas, en la comprensión por los que están a punto de hundirse, en su preferencia por los débiles y en la visión clara de su objetivo: Hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas (…) Para que abras los ojos de los ciegos, saques los cautivos de su prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.
Profecía que se cumple en la escena del Bautismo: Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Este es mi hijo, el amado, el predilecto».
El libro de los Hechos, después de la resurrección, constata que todo se ha cumplido: Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
¡Qué gran gozo para nosotros el saber que Jesús es de este modo, y que nos ha sido dado! Lejos de nosotros toda visión negativa de nuestra relación con él. Lejos de nosotros todo temor que no sea el de alejarnos de su influencia y compañía. Lejos de nosotros toda espiritualidad turbada y pesimista. Lejos de nosotros la congoja de sabernos una caña cascada o un pabilo vacilante, porque se nos ha dicho que él ni apagará el pabilo vacilante, ni quebrará la caña cascada.
Estos pensamientos -asimilados con afecto y confianza- pueden transformar nuestra espiritualidad y potenciar nuestro crecimiento, dentro de un clima positivo y gozoso en el Reino del Señor.
Mons. Enric Prat (Diócesis de Urgel, Tarragona, España)
HOMILÍA DEL PAPA LEÓN XIV EN LA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - 11 DE ENERO DE 2026
TEXTO COMPLETO: Homilía del Papa León XIV en la fiesta del Bautismo del Señor
El Papa bautizó este domingo algunos niños en la Capilla Sixitna | Crédito: Vatican Media
11 de enero de 2026
Este 11 de enero, en la fiesta del Bautismo del Señor, el Papa León XIV impartió el primero de los sacramentos de iniciación cristiana a 20 niños, hijos de empleados vaticanos, felicitando a los padres por darles a los pequeños el don más grande que es la fe. Lea aquí la homilía que pronunció el Santo Padre.
Queridos hermanos y hermanas:
Cuando el Señor entra en la historia, sale al encuentro de la vida de cada uno con el corazón abierto y humilde. Él busca nuestra mirada con la suya, llena de amor, y dialoga con nosotros revelándonos al Verbo de la salvación. Hecho hombre, el Hijo de Dios abre para todos una posibilidad sorprendente, que inaugura un tiempo nuevo e inesperado incluso para los profetas. Juan el Bautista se da cuenta enseguida y le dice a Jesús: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!» (Mt 3,14).
Como luz en las tinieblas, el Señor se deja encontrar allí donde no lo esperamos: es el Santo entre los pecadores, que quiere habitar en medio de nosotros sin mantener distancias, sino asumiendo plenamente todo lo que es humano.
«Ahora déjame hacer esto», responde Jesús a Juan, «porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo» (v. 15). ¿A qué justicia se refiere? A la de Dios, que en el bautismo de Jesús obra nuestra justificación: en su infinita misericordia, el Padre nos hace justos por medio de su Cristo, el único Salvador de todos.
¿Cómo sucede esto? Aquel que es bautizado por Juan en el Jordán hace de este gesto un signo nuevo de muerte y resurrección, de perdón y de comunión. Este es el sacramento que celebramos hoy para estos niños; que Dios los ama, y se convierten en cristianos, en nuestros hermanos y hermanas.
Los hijos que ahora tienen en brazos se convierten en criaturas nuevas. Así como de ustedes, sus padres, han recibido la vida, ahora reciben también el sentido para vivirla: la fe. Cuando sabemos que un bien es esencial, enseguida lo buscamos para aquellos a quienes amamos. ¿Quién de nosotros, en efecto, dejaría a los recién nacidos sin ropa o sin alimento, esperando que de mayores elijan cómo vestirse y qué comer? Queridos hermanos, si el alimento y el vestido son necesarios para vivir, la fe es más que necesaria, porque con Dios la vida encuentra la salvación.
El amor providente de Dios se manifiesta en la tierra a través de ustedes, mamás y papás, que piden la fe para sus hijos. Ciertamente, llegará el día en que serán pesados para llevarles en brazos; y llegará también el día en que serán ellos quienes los sostengan a ustedes. El Bautismo, que nos une en la única familia de la Iglesia, santifique en todo momento a todas sus familias, otorgando fuerza y constancia al afecto que los une.
Los gestos que dentro de poco realizaremos son bellísimos testimonios de ello: el agua de la fuente es el baño en el Espíritu, que purifica de todo pecado; la vestidura blanca es el traje nuevo que Dios Padre nos concede para la fiesta eterna de su Reino; la vela encendida del cirio pascual es la luz de Cristo resucitado, que ilumina nuestro camino. Les deseo que continúen ese camino, con alegría, a lo largo del año que acaba de comenzar y durante toda la vida, seguros de que el Señor siempre acompañará sus pasos.
EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 11 DE ENERO DE 2026 - EL BAUTISMO DEL SEÑOR
El Bautismo del Señor (A)
Domingo 11 de enero de 2026
1ª Lectura (Is 42,1-4.6-7): Esto dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
»Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».
Salmo responsorial: 28
R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.
El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!». El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno.
2ª Lectura (Hch 10,34-38): En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
»Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mc 1,11): Aleluya. Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: ‘Éste es mi Hijo amado; escuchadlo’. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 3,13-17): En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».
«Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
Hoy contemplamos al Mesías —el Ungido— en el Jordán «para ser bautizado» (Mt 3,13) por Juan. Y vemos a Jesucristo como señalado por la presencia en forma visible del Espíritu Santo y, en forma audible, del Padre, el cual declara de Jesús: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). He aquí un motivo maravilloso y, a la vez, motivador para vivir una vida: ser sujeto y objeto de la complacencia del Padre celestial. ¡Complacer al Padre!
De alguna manera ya lo pedimos en la oración colecta de la misa de hoy: «Dios todopoderoso y eterno (...), concede a tus hijos adoptivos, nacidos del agua y del Espíritu Santo, llevar siempre una vida que te sea grata». Dios, que es Padre infinitamente bueno, siempre nos “quiere bien”. Pero, ¿ya se lo permitimos?; ¿somos dignos de esta benevolencia divina?; ¿correspondemos a esta benevolencia?
Para ser dignos de la benevolencia y complacencia divina, Cristo ha otorgado a las aguas fuerza regeneradora y purificadora, de tal manera que cuando somos bautizados empezamos a ser verdaderamente hijos de Dios. «Quizá habrá alguien que pregunte: ‘¿Por qué quiso bautizarse, si era santo?’. ¡Escúchame! Cristo se bautiza no para que las aguas lo santifiquen, sino para santificarlas Él» (San Máximo de Turín).
Todo esto —inmerecidamente— nos sitúa como en un plano de connaturalidad con la divinidad. Pero no nos basta a nosotros con esta primera regeneración: necesitamos revivir de alguna manera el Bautismo por medio de una especie de continuo “segundo bautismo”, que es la conversión. Paralelamente al primer Misterio de la Luz del Rosario —el Bautismo del Señor en el Jordán— nos conviene contemplar el ejemplo de María en el cuarto de los Misterios de Gozo: la Purificación. Ella, Inmaculada, virgen pura, no tiene inconveniente en someterse al proceso de purificación. Nosotros le imploramos la sencillez, la sinceridad y la humildad que nos permitirán vivir de manera constante nuestra purificación a modo de “segundo bautismo”.
lunes, 5 de enero de 2026
UNA VEZ VI A LOS REYES MAGOS
UNA VEZ VI A LOS REYES MAGOS.
No eran tres, eran dos y eran los mejores Magos que vi en mi vida. Se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos... lo mínimo, lo que fuera, pero para mi lo era todo!!!
El tercero nunca lo vi, pero seguro que lo dejaban cuidando a los camellos. Nunca, nunca olvidaré a los dos Reyes Magos que vi.
Seguro que tú también los viste y sabes quiénes son y sabes que son más magos que reyes.
Si dejaron de creer, si esta noche no ponen los zapatos, ni el pasto, ni el agua, acerquénse a sus Reyes, dénles un beso en la frente (ustedes saben que los tienen cerca) y los que no los tienen con ustedes, sepan que desde un cielo hermoso siguen viajando para seguir entregando ilusiones y sonrisas...
Agradézcanles la herencia porque ahora muchos de ustedes se han convertido en Reyes y en Magos.
Y lo mejor que pueden dejarles a sus hijos es esa magia que los convertiran en Reyes y en Magos... y tal vez, dentro de unos años, ustedes recibirán el beso en la frente y así será hasta el fin de los tiempos...
Feliz noche para los Reyes de hoy, para los de ayer y los Reyes del futuro, porque no hay mejor reino que el mágico ni mejores Reyes que ustedes.
domingo, 4 de enero de 2026
A -50 GRADOS EN LA ANTÁRTIDA, ASÍ SE VIVE LA FE EN ESTA CAPILLA TALLADA EN HIELO
A -50 grados en la Antártida: así se vive la fe en esta capilla tallada en hielo
En la Antártida existe una capilla tallada en hielo donde se celebra la Misa; está dedicada a la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves Antárticas.
Autor: Carlos Zapata
Existe una capilla tallada en hielo en la Antártida en la que se celebra Misa. Está ubicada sobre el Nunatak Bertrab, en la bahía de Vahsel sobre la costa Confín en la Tierra de Cotas que hace parte de la Base Belgrano II, del gobierno de Argentina.
Se ubica a unos 1 300 kilómetros del Polo Sur y el lugar presenta condiciones particulares: registra cuatro meses de noche polar y cuatro meses de día continuo. Debido a ello, en esta región es posible observar auroras polares durante la noche.
La capilla está dedicada a la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves Antárticas. No es la única, pero forma parte de un grupo muy reducido de templos ubicados en esta región del mundo.
Capilla dedicada a Nuestra Señora de las Nieves Antárticas, tallada en hielo, ubicada en la Antártica. Foto: Especial
Este es el templo católica más Austral del mundo. Foto: Especial
Es también “el templo católico más Austral del planeta”, según se afirma en las curiosas crónicas del padre Pablo Daniel Caballero Karanik, entonces capellán castrense en la Armada Argentina (Bitácora de un Capellán, Obispado Castrense, 2019).
En ellas, detalla que la capilla se encuentra en las inmediaciones de la citada Base Antártica administrada por el ejército argentino, y menciona que durante cada verano es asistida y reabastecida por personal militar.
Llegar al lugar requiere trasladarse en un rompehielos, que avanza entre el hielo del mar de Weddell y va abriendo un canal en el campo congelado, hasta aproximarse a unos 27 kilómetros de la base.
Adoración eucarística en el hielo
También menciona que varias décadas antes, otro sacerdote, el padre Emilio Rezzonico, se convirtió en el primero en celebrar Misa en esa región austral.
Otros pioneros marcarían el inicio de la adoración eucarística en el hielo, como el jesuita Felipe Lérida, quien celebró misa en la Antártida en 1946. El sitio elegido en aquella ocasión fue el observatorio de las Orcadas del Sur.
Ese era el nombre original de la Base Orcadas, la primera base antártica argentina, fundada en 1904 en la isla Laurie, en las islas Orcadas del Sur. Su establecimiento marcó el inicio de la presencia continua de Argentina en la Antártida.
En la Base Belgrano se registran antecedentes relevantes vinculados a la celebración de la Eucaristía. El presbítero documenta que el 10 de enero de 1956 el padre Rezzonico celebró la santa misa en las inmediaciones de la Base Belgrano I —antecesora de la actual Base Belgrano II y hoy cubierta por el hielo—. La Eucaristía se celebró a la intemperie, sobre el hielo y la nieve, con una temperatura de 12 grados bajo cero.
Treinta y siete años después, también un 10 de enero, el padre Caballero repetiría la celebración, esta vez en la capilla ubicada en una gruta polar. Al referirse al episodio ocurrido en 2019, el sacerdote expresó: “Estar allí, en el corazón del hielo, provoca una fruición del corazón”.
En su testimonio añadió: “El sol jamás nos abandona en aquel lugar. Al ingresar los rayos solares estivales, destellan entre los cristales de hielo y nieve, generando un efecto lumínico singular. La capilla queda iluminada con tonalidades azules, creando un ambiente que invita al recogimiento, la devoción y la fe”.
Este sitio presenta otra particularidad: cuenta con un Sagrario destinado a la eventual reserva del Santísimo. El presbítero señaló en su momento que dejó hostias consagradas en lo que consideró el Sagrario más austral del mundo y precisó que el trabajo pastoral en la base se ha mantenido de manera continua.
La pastoral del hielo
Desde 1995 el obispado castrense de Argentina cuenta con un programa específico para la Pastoral en la Antártica. Por medio de este se asiste al personas de las bases, los barcos y el personal antártico, lo que implica la movilización de sacerdotes para campañas antárticas.
De hecho, hay bases que cuentan con sagrario, hostias consagradas y también la asignación de ministros extraordinarios de la Eucaristía. Un reporte relata la designación del obispado castrense, quien haciendo uso del Decreto OCA 158/19 y respondiendo a la solicitud de un capellán castrense (José D´Andrea), respondía al peculiar pedido de apoyar una misión pastoral en la Campaña Antártica 2019/2020.
En ese marco, monseñor Santiago Olivera nombra a seis hermanos de las Fuerzas para cumplir con el servicio “por el tiempo que dure la operación en el continente blanco”.
La Iglesia Católica argentina lo narra de la siguiente manera: “Compartimos esta Eucaristía acompañando a seis hermanos nuestros, que son elegidos por la Iglesia, por Jesús para llevar este pan a los hermanos”.
“En esta celebración, en nombre de la Santa Iglesia, son enviados a nuestra Antártida para llevar la Comunión a los hermanos, allá en nuestras tierras lejanas, llevando la presencia de Jesús y de la Iglesia Castrense. Damos gracias por ser tan generosos, los acompañamos y deseamos que este encuentro con Jesús a través de la Eucaristía los ayude a renovarse en la fe, valorando lo que significa este misterio del pan de la vida”. (Obispado Castrense, Ministros Extraordinarios de la Comunión para el Continente Antártico, 2019).
Arden en el frío para adorar a Dios
La capilla más austral del planeta rinde homenaje a Dios pajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Nieves, en medio de temperaturas que pueden llegar por debajo de los -50 grados centígrados.
Un crucifijo corona el recinto sacro, el cual incluye representaciones del Vía Crucis y una imagen de la patrona de Argentina, la Virgen de Luján. Un sitio helado excepcional que cobra vida al calor de la oración; y arde en presencia de la eucaristía, donde ciencia y fe se funden para adorar al Creador.
¿Cuál es la base militar argentina en la Antártida?
La base alberga el Laboratorio Belgrano (LABEL), dependiente del Instituto Antártico Argentino, así como una estación meteorológica, donde se desarrollan diversas líneas de investigación científica.
En este entorno se realizan estudios sobre la capa de ozono, el anhídrido carbónico y la radiación ultravioleta, además de investigaciones relacionadas con las auroras polares y las variaciones del campo magnético. También se analiza el comportamiento de la ionosfera, los ruidos cósmicos y los llamados silbidos atmosféricos, en parte gracias a un convenio de cooperación entre Argentina e Italia.
EXPLICACIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Solemnidad de la Epifanía del Señor
Reyes MagosEl Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos.
Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:
Su Epifanía ante los Magos de Oriente: Se trata de una manifestación a los paganos, para poner de relieve que el Niño Dios que nace, viene para salvarnos a todos, independientemente de nuestra raza.
Su Epifanía del Bautismo del Señor: Manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista.
Su Epifanía de las Bodas de Caná: Manifestación a Sus discípulos y comienzo de Su vida pública por intercesión de su Madre María.
Los obsequios
Melchor, que representa a los europeos, ofreció al Niño Dios un presente de oro que atestigua su realeza. Gaspar, representante de los semitas de Asia, cuyo bien más preciado es el incienso, lo ofreció al Niño como símbolo de su divinidad. Y por último, Baltasar, negro y con barba, se identifica con los hijos de Cam, los africanos, que entregan la mirra, en alusión a su futura pasión y resurrección.
La adoración de los Reyes Magos
(según las visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich).
"Vi la caravana de los tres Reyes llegando a una puerta situada hacia el Sur. Un grupo de hombres los siguió hasta un arroyo que hay delante de la ciudad, volviéndose luego. Cuando hubieron pasado el arroyo, se detuvieron un momento para buscar la estrella en el cielo. Habiéndola divisado dieron un grito de alegría y continuaron su marcha cantando. La estrella no los conducía en línea recta, sino por un camino que se desviaba un poco al Oeste.
La gran estrella
"La estrella, que brillaba durante la noche como un globo de fuego, se parecía ahora a la luna vista durante el día; no era perfectamente redonda, sino como recortada; a menudo la vi oculta por las nubes (...) El camino que seguían los Reyes era solitario, y Dios los llevaba sin duda por allí para que pudieran llegar a Belén durante la noche, sin llamar demasiado la atención.
Los vi ponerse en camino cuando ya el sol se hallaba muy bajo. Iban en el mismo orden, en que habían venido ; Ménsor, el más joven, iba delante; luego venía Saír, el cetrino, y por fin Teóceno, el blanco, que era también el de más edad.
"Les hablaron del valle de los pastores como de un buen lugar para levantar sus carpas. Ellos se quedaron durante largo rato indecisos. Yo no les oí preguntar nada acerca del rey de los judíos recién nacido. Sabían que Belén era el sitio designado por la profecía; pero, a causa de lo que Herodes les había dicho, temían llamar la atención.
"Pronto vieron brillar en el cielo, sobre un lado de Belén, un meteoro semejante a la luna cuando aparece; montaron entonces nuevamente en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos muros ruinosos, dieron la vuelta a Belén, por el Sur, y se dirigieron al Oriente hacia la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la llanura donde los ángeles se habían aparecido a los pastores (...) "El campamento se hallaba en parte arreglado, cuando los Reyes vieron aparecer la estrella, clara y brillante, sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia ella perpendicularmente sus rayos de luz. La estrella pareció crecer mucho y derramó una cantidad extraordinaria de luz (...)
Un gran júbilo
"De pronto sintieron un gran júbilo, pues vieron en medio de la luz, la figura resplandeciente de un niño. Todos se destocaron para demostrar su respeto; luego los tres Reyes fueron hacia la colina y encontraron la puerta de la gruta. Ménsor la abrió, viéndola llena de una luz celeste, y al fondo, a la Virgen, sentada, sosteniendo al Niño, tal como él y sus compañeros la habían visto en sus visiones.
Volvió sobre sus pasos para contar a los otros lo que acababa de ver (...) Los vi ponerse unos grandes mantos blancos, con una cola que tocaba el suelo. Tenían un reflejo brillante, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban ligeramente a su alrededor. Eran éstas las vestiduras ordinarias para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban unas bolsas y unas cajas de oro colgadas de cadenas, cubriendo todo esto con sus amplios mantos. Cada uno de los Reyes venía seguido por cuatro personas de su familia, además de algunos servidores de Ménsor que llevaban una mesa pequeña, un tapete con flecos y otros objetos.
"Los Reyes siguieron a San José, y al llegar bajo el alero que estaba delante de la gruta, cubrieron la mesa con el tapete y cada uno de ellos puso encima las cajas de oro y los vasos que desprendieron de su cintura : eran los presentes que ofrecían entre todos.
En el pesebre
"Ménsor y los demás se quitaron las sandalias, y José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Ménsor iban delante de él; tendieron una tela sobre el piso de la gruta, retirándose luego hacia atrás; otros dos los siguieron con la mesa sobre la que estaban los presentes.
Una vez llegado delante de la Santísima Virgen, Ménsor los tomó, y poniendo una rodilla en tierra, los depositó respetuosamente a sus plantas. Detrás de Ménsor se hallaban los cuatro hombres de su familia que se inclinaban con humildad. Saír y Teóceno, con sus acompañantes, se habían quedado atrás, cerca de la entrada.
"María, apoyada sobre un brazo, se hallaba más bien recostada que sentada sobre una especie de alfombra, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado en el lugar en que había nacido; pero en el momento en que ellos entraron, la Santísima Virgen se sentó, se cubrió con su velo y tomó entre sus brazos al Niño Jesús, cubierto también por su amplio velo.
Entre tanto, María había desnudado el busto del Niño, el cual miraba con semblante amable desde el centro del velo en que se hallaba envuelto; su madre sostenía su cabecita con uno de sus brazos y lo rodeaba con el otro.
Tenía sus manitas juntas sobre el pecho, y a menudo las tendía graciosamente a su alrededor (...) Vi entonces a Ménsor que sacaba de una bolsa, colgada de su cintura, un puñado de pequeñas barras compactas, pesadas, del largo de un dedo, afiladas en la extremidad y brillantes como el oro; era su regalo, que colocó humildemente sobre las rodillas de la Santísima Virgen al lado del Niño Jesús (...) Después se retiró, retrocediendo con sus cuatro acompañantes, y Saír, el Rey cetrino, se adelantó con los suyos y se arrodilló con una profunda humildad, ofreciendo su presente con palabras conmovedoras. Era un vaso de oro para poner el incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verdoso; lo puso sobre la mesa delante del Niño Jesús.
Luego vino Teóceno, el mayor de los tres. Tenía mucha edad; sus miembros estaban endurecidos, no siéndole posible arrodillarse; pero se puso de pie, profundamente inclinado, y colocó sobre la mesa un vaso de oro con una hermosa planta verde. Era un precioso arbusto de tallo recto, con pequeños ramos crespos coronados por lindas flores blancas: era la mirra (...) Las palabras de los Reyes y de todos sus acompañantes eran llenas de simplicidad y siempre muy conmovedoras. En el momento de prosternarse y al ofrecer sus presentes, se expresaban más o menos en estos términos: «Hemos visto su estrella; sabemos que Él es el Rey de todos los reyes; venimos a adorarlo y a ofrecerle nuestro homenaje y nuestros presentes». Y así sucesivamente (...)
Dulce y amable gratitud
La madre de Dios aceptó todo con humilde acción de gracias; al principio no dijo nada, pero un simple movimiento bajo su velo expresaba su piadosa emoción. El cuerpecito del Niño se mostraba brillante entre los pliegues de su manto.
Por fin, Ella dijo a cada uno algunas palabras humildes y llenas de gracia, y echó un poco su velo hacia atrás. Allí pude recibir una nueva lección.
Pensé: «con qué dulce y amable gratitud recibe cada presente! Ella, que no tiene necesidad de nada, que posee a Jesús, acoge con humildad todos los dones de la caridad. Yo también, en lo futuro, recibiré humildemente y con agradecimiento todas las dádivas caritativas» ¡Cuánta bondad en María y en José! No guardaban casi nada para ellos, y distribuían todo entre los pobres (...)
Los honores solemnes rendidos al Niño Jesús, a quien ellos se veían obligados a alojar tan pobremente, y cuya dignidad suprema quedaba escondida en sus corazones, los consolaba infinitamente. Veían que la Providencia todopoderosa de Dios, a pesar de la ceguera de los hombres, había preparado para el Niño de la Promesa, y le había enviado desde las regiones más lejanas, lo que ellos por sí no podían darle: la adoración debida a su dignidad, y ofrecida por los poderosos de la tierra con una santa magnificencia. Adoraban a Jesús con los santos Reyes. Los homenajes ofrecidos los hacían muy felices (...)
Agasajo
"Entre tanto, José, con la ayuda de dos viejos pastores, había preparado una comida frugal en la tienda de los tres Reyes. Trajeron pan, frutas, panales de miel, algunas hierbas y frascos de bálsamo, poniéndolo todo sobre una mesa baja, cubierta con un tapete. José había conseguido estas cosas desde la mañana para recibir a los Reyes, cuya venida le había sido anunciada de antemano por la Santísima Virgen (...) En Jerusalén vi hoy, durante el día, a Herodes leyendo todavía unos rollos en compañía de unos escribas, y hablando de lo que habían dicho los tres Reyes. Después todo entró nuevamente en calma, como si se hubiera querido acallar este asunto.
"Hoy por la mañana temprano vi a los Reyes y a algunas personas de su séquito, visitando sucesivamente a la Sagrada Familia. Los vi también, durante el día, cerca de su campamento y de sus bestias de carga, ocupados en hacer diversas distribuciones. Estaban llenos de júbilo y de felicidad, y repartían muchos regalos. Vi que entonces, se solía siempre hacer esto, en ocasión de acontecimientos felices.
"Por la noche, fueron al Pesebre para despedirse. Primero fue sólo Ménsor. María le puso al Niño Jesús en los brazos; él lloraba y resplandecía de alegría.
Luego vinieron los otros dos, y derramaron lágrimas al despedirse. Trajeron todavía muchos presentes; piezas de tejidos diversos, entre los cuales algunos que parecían de seda sin teñir, y otros de color rojo o floreados; también trajeron muy hermosas colchas. Quisieron además dejar sus grandes mantos de color amarillo pálido, que parecían hechos con una lana extremadamente fina; eran muy livianos y el menor soplo de aire los agitaba.
Traían también varias copas, puestas las unas sobre las otras, cajas llenas de granos, y en una cesta, unos tiestos donde había hermosos ramos de una planta verde con lindas flores blancas. Aquellos tiestos se hallaban colocados unos encima de otros dentro de la canasta. Era mirra. Dieron igualmente a José unos jaulones llenos de pájaros, que habían traído en gran cantidad sobre sus dromedarios para alimentarse con ellos.
La despedida
"Cuando se separaron de María y del Niño, todos derramaron muchas lágrimas.
Vi a la Santísima Virgen de pie junto a ellos en el momento de despedirse. Llevaba sobre su brazo al Niño Jesús envuelto en su velo, y dio algunos pasos para acompañar a los Reyes hasta la puerta de la gruta; allí se detuvo en silencio, y para dar un recuerdo a aquellos hombres excelentes, desprendió de su cabeza el gran velo transparente de tejido amarillo que la envolvía, así como al Niño Jesús, y lo puso en las manos de Ménsor. Los Reyes recibieron aquel presente inclinándose profundamente, y un júbilo lleno de respeto hizo palpitar sus corazones, cuando vieron ante ellos a la Santísima Virgen sin velo, teniendo al pequeño Jesús. ¡Cuántas dulces lágrimas derramaron al abandonar la gruta! El velo fue para ellos desde entonces la más santa de las reliquias que poseían.
"Hacia la medianoche, tuve de pronto una visión. Vi a los Reyes descansando en su carpa sobre unas colchas tendidas en el suelo, y cerca de ellos percibí a un hombre joven y resplandeciente. Era un ángel que los despertaba y les decía que debían partir de inmediato, sin volver por Jerusalén, sino a través del desierto, siguiendo las orillas del Mar Muerto.
"Los Reyes se levantaron enseguida de sus lechos, y todo su séquito pronto estuvo en pie. Mientras los Reyes se despedían en forma conmovedora de san José una vez más delante de la gruta del Pesebre, su séquito partía en destacamentos separados para tomar la delantera, y se dirigía hacia el Sur con el fin de costear el Mar Muerto atravesando el desierto de Engaddi.
"Los Reyes instaron a la Sagrada Familia a que partiera con ellos, porque sin duda alguna un gran peligro la amenazaba; luego aconsejaron a María que se ocultara con el pequeño Jesús, para no ser molestada a causa de ellos.
Lloraron entonces como niños, y abrazaron a san José diciéndole palabras conmovedoras; luego montaron sus dromedarios, ligeramente cargados, y se alejaron a través del desierto. Vi al ángel cerca de ellos, en la llanura, señalarles el camino. Pronto desaparecieron. Seguían rutas separadas, a un cuarto de legua unos de otros, dirigiéndose durante una legua hacia el Oriente, y enseguida hacia el Sur, en el desierto.
Javier López
Web católico de Javier
EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 4 DE ENERO DE 2026 - LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
La Epifanía del Señor
Domingo 4 de enero de 2026
1ª Lectura (Is 60,1-6): ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos. Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.
Salmo responsorial: 71
R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; postraos ante él todos los reyes, y servidle todos los pueblos.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.
2ª Lectura (Ef 3,2-3a.5-6): Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Versículo antes del Evangelio (Mt 2,2): Aleluya. Vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorar al Señor. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».
Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.
«El rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. (…) Vieron al Niño con María su madre»
Fr. Bill SHAUGHNESSY
(Miami, Florida, Estados Unidos)
Hoy vemos en tres “misteriosos gentiles” lo que no vio la inquieta Jerusalén: la manifestación del amor misericordioso de Dios por toda la humanidad. Hoy, la cultura, la astronomía y los dones persas acaparan la mayor parte de nuestra atención; pero Benedicto XVI también señala un enigma: en la narración de la llegada real de los Magos en Mateo (cf. Mt 2,11), la mención de José está “sorprendentemente ausente”. El Papa admitía: «Todavía no he encontrado una explicación completamente convincente».
Sin embargo, ¿por qué la sorpresa? José necesitaba mantener a su familia en Belén, durante los meses previos a la llegada de los Magos. Lejos del taller de Nazaret, José viajó a donde se encontraban las obras: cercas y corrales dañados, o nuevas construcciones. No era extraño que José estuviera en otro lugar cuando llegaron los Magos; incluso es posible que nunca los conociera. El trabajo de san José es tan crucial para la narración de la infancia de Jesús como su presencia en casa con María y el Niño.
El Papa León XIV lo señaló, refiriéndose al herrero, los posaderos, las lavanderas, etc., en la escena del pesebre del Vaticano: «Parecen ajenos al acontecimiento central, pero no es así: en realidad, cada uno participa tal como es, permaneciendo en su lugar y haciendo lo que tiene que hacer, su trabajo (…). Esto también puede ser cierto para nosotros en nuestras jornadas laborables: cada uno lleva a cabo su tarea, y alabamos a Dios precisamente realizándola bien, con compromiso».
Decidámonos este año a ofrecerle al Niño Jesús el don de nuestro trabajo. Agradezcamos el sacrificio de quienes, por su trabajo, deben dejar a sus familias para servirnos en días festivos. Y, si José falta en un pesebre, sepamos dónde encontrarlo: entre los jornaleros modernos que se congregan en los lugares de siempre con la incierta misión de obtener el pan de cada día para sus familias. Esperan nuestro aprecio y compasión, no el miedo de Jerusalén ni la virulencia de Herodes.
EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 4 DE ENERO DE 2026
Domingo 2 después de Navidad
Domingo 4 de enero de 2026
1ª Lectura (Eclo 24,1-2.8-12): La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo. En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso. «El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: ‘Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel’. Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir. Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión. En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder. Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».
Salmo responsorial: 147
R/. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Glorifica al Señor Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
2ª Lectura (Ef 1,3-6.15-18): Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.
Versículo antes del Evangelio (Cf. 1Tim 3,16): Aleluya. Gloria a Ti, oh Cristo, que has sido predicado a los gentiles; gloria a Ti, oh Cristo, que has sido creído en el mundo. Aleluya.
Texto del Evangelio (Jn 1,1-18): En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.
«Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria»
Rev. D. Ferran BLASI i Birbe
(Barcelona, España)
Hoy, el Evangelio de Juan se nos presenta en una forma poética y parece ofrecernos, no solamente una introducción, sino también como una síntesis de todos los elementos presentes en este libro. Tiene un ritmo que lo hace solemne, con paralelismos, similitudes y repeticiones buscadas, y las grandes ideas trazan como diversos grandes círculos. El punto culminante de la exposición se encuentra justo en medio, con una afirmación que encaja perfectamente en este tiempo de Navidad: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14).
El autor nos dice que Dios asumió la condición humana y se instaló entre nosotros. Y en estos días lo encontramos en el seno de una familia: ahora en Belén, y más adelante con ellos en el exilio de Egipto, y después en Nazaret.
Dios ha querido que su Hijo comparta nuestra vida, y —por eso— que transcurra por todas las etapas de la existencia: en el seno de la Madre, en el nacimiento y en su constante crecimiento (recién nacido, niño, adolescente y, por siempre, Jesús, el Salvador).
Y continúa: «Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Ibidem). También en estos primeros momentos, lo han cantado los ángeles: «Gloria a Dios en el cielo», «y paz en la tierra» (cf. Lc 2,14). Y, ahora, en el hecho de estar arropado por sus padres: en los pañales preparados por la Madre, en el amoroso ingenio de su padre —bueno y mañoso— que le ha preparado un lugar tan acogedor como ha podido, y en las manifestaciones de afecto de los pastores que van a adorarlo, y le hacen carantoñas y le llevan regalos.
He aquí cómo este fragmento del Evangelio nos ofrece la Palabra de Dios —que es toda su Sabiduría—. De la cual nos hace participar, nos proporciona la Vida en Dios, en un crecimiento sin límite, y también la Luz que nos hace ver todas las cosas del mundo en su verdadero valor, desde el punto de vista de Dios, con “visión sobrenatural”, con afectuosa gratitud hacia quien se ha dado enteramente a los hombres y mujeres del mundo, desde que apareció en este mundo como un Niño.











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