sábado, 7 de mayo de 2016

LOS ÁNGELES DEL CIELO


Los ángeles del cielo




¿Qué son los ángeles? Espíritus que contemplan a Dios y que viven en medio del misterio. Espíritus que participan de la alegría divina y colaboran en sus planes sobre los hombres débiles y necesitados de ayuda y protección.

Por eso los ángeles sufrirán, de algún modo que no podemos imaginar, al ver que hay corazones que se cierran al amor o pierden la esperanza. O se alegrarán profundamente cuando vean que otros corazones lloran por sus pecados e inician el camino del regreso al Amor de Dios.

El Evangelio nos habla de fiestas y gozo entre los ángeles por cada pecador convertido. Cada vida es importante para Dios, es observada por los ángeles, es bendecida de mil formas por compañeros celestes que nos invitan a soñar en el cielo que nos espera.

Dios desea que algunos ángeles intervengan en nuestras vidas. Por eso en la Biblia encontramos la narración de presencias angélicas. Especialmente bella resulta la salida de san Pedro de la cárcel, guiado por un ángel. Ya en la calle exclama fuera de sí: "Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos" (Hch 12,11).

Es muy conmovedora la historia de Tobit y de su hijo Tobías, a los que Dios envió el arcángel Rafael. Sólo al final, cuando Tobías ha podido contraer matrimonio con Sarra, y cuando Tobit ha recuperado la vista, los dos descubren que habían sido ayudados por un ángel.

El mismo Rafael les explica cómo había intervenido en sus vidas:

"Cuando tú y Sarra hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones. Y lo mismo hacía cuando enterrabas a los muertos. Cuando te levantabas de la mesa sin tardanza, dejando la comida, para esconder un cadáver, era yo enviado para someterte a prueba. También ahora me ha enviado Dios para curarte a ti y a tu nuera Sarra. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor" (Tb 12,12-15).

Rafael añade inmediatamente, para tranquilizar a sus amigos, estas palabras llenas de afecto: "No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecid a Dios por siempre. Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacia vosotros, sino por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar. Os ha parecido que yo comía, pero sólo era apariencia. Y ahora bendecid al Señor sobre la tierra y confesad a Dios" (Tb 12,17-20).

Servidores de Dios y amigos de los hombres: así son los ángeles. Las palabras de Rafael nos llenan de alegría y esperanza. Con la ayuda angélica podemos descubrir el amor de Dios y recibir una fuerza concreta, oportuna, en tantas pruebas de la vida.

Por eso hemos de sentirnos invitados a dar gracias a Dios, porque no deja sin recompensa ningún gesto de amor que podamos ofrecer a los hermanos nuestros más necesitados. Porque nos envía, en ocasiones totalmente inesperadas, un ángel que rompa nuestras cadenas y nos lleve a descubrir lo inmensamente bello que es el Amor del Padre de los cielos.


Autor: P. Fernando Pascual LC 

MADURANDO


Madurando…



Madurar es responsabilizarse de los propios actos. Es no disfrazar un sí o un no. Es saber decir sí cuando tengo deseos de hacerlo y decir no cuando mis ganas quieren decir no. Ser maduro es hacer lo más adecuado. Es poner límites porque el límite también es amor. Ser maduro no es sólo crecer en edad, sino sobre todo en experiencia y sabiduría.

De la vehemencia y el entusiasmo deben surgir la paz y la serenidad. Del optimismo, la esperanza. De la risa fácil y de la alegría ruidosa, el apacible y agudo sentido del humor. De la capacidad de asimilación ha de nacer la riqueza interior. El ímpetu y el vigor deben producir la paciencia y la dulzura. La búsqueda inquieta de la felicidad ha de concluir en el aprecio y la armonía con todo lo que nos rodea. De la fe en los demás hemos de llegar a la indulgencia y la comprensión de todos. De la alegría de vivir hay que sacar el gozo de haber vivido. De la necesidad de amar y ser amado tiene que surgir la derrota de todos los egoísmos y un amor, al fin, plenamente desprendido.  -José Martín Descalzo-.

Un signo de madurez es aceptar la realidad  y poseer suficiente solidez y equilibrio para vivirla. La persona madura es objetiva: sabe valorarse a sí mismo sin dejar de valorar a los demás. Es capaz de tomar una decisión y sostenerla. Madurez es el arte de vivir en paz con lo que no se puede cambiar. Ejercítate en la sabiduría de “poner los pies sobre la tierra”.


Enviado por el P. Natalio

EL TRABAJO ES SALUD


El trabajo es salud



“Saluda con gozo y agradecimiento el don inapreciable de este nuevo día. Trata con ternura cada hora porque no retornará jamás. Elude con empeño todo aquello que mata el tiempo. No escuches a labios ociosos, ni te quedes donde hay manos inactivas” (Mandino). Valiosos consejos para evitar la pereza que frustra tus propósitos y aleja tus mejores metas. Una visión de santa Faustina Kowalska te puede motivar más.

En cierta ocasión vi a Satanás que tenía prisa y estaba buscando a alguien entre las hermanas, pero no la encontraba. Sentí en el alma la inspiración de ordenarle en nombre de Dios que me dijera a quién buscaba entre las hermanas. Y confesó, aunque de mala gana: "Busco las almas perezosas". Cuando volví a ordenarle en nombre de Dios que me dijera a qué almas del convento tenía el acceso más fácil, me confesó otra vez de mala gana que: "A las almas perezosas y ociosas". Que se alegren las almas fatigadas y abrumadas por el trabajo.

El trabajo honrado y responsable nos libera del aburrimiento, de entregarnos a los vicios, y nos proporciona lo necesario para vivir. Es una bendición de Dios. Trabaja con gusto y acabarás sintiendo gusto por el trabajo. “El que no quiera trabajar, que no coma”, escribió san Pablo a los de Tesalónica. Que tengas un día de mucha acción.


* Enviado por el P. Natalio

MAYO, MES DE MARÍA - DÍA 7 - SANTA MARÍA


MAYO, MES DE MARÍA
Séptimo día: Explicación de las letanías


Sancta Trinitas, unus Deus

Trinidad santa, un solo Dios. El misterio de la adorable Trinidad es el sumario de nuestra fe, el fundamento de nuestra religión, y la fuente de todas las misericordias divinas; esto es tan cierto que San Agustín asegura que en la religión cristianas no hay gracias, virtudes, méritos, justificación ni salvación que esperar que en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: la Iglesia, después de dirigirse a las tres personas de la Santísima Trinidad separadamente, las invoca juntas, exclamando: ¡Trinidad Santa, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros!

Sancta Maria

Santa María. Este augusto nombre es tan amable y consolador para los verdaderos servidores de María, cuanto terrible para sus adversarios; y se regocija al cielo hace temblar al infierno; porque si queremos poner en fugar al demonio, pronunciemos afectuosamente el nombre de María, y ese santo nombre, como un latigazo, tirará por tierra al implacable enemigo del género humano. Y como David combatió a Goliat con los cinco guijarros que había elegido, combatamos de la misma manera al Goliat infernal pronunciando las cinco letras del nombre de María, con la confianza y la intrépida seguridad que nos debe inspirar.

Ejemplo

En 1834, en Angulema, un viejo curtidor, careciendo de valor para soportar ciertas penas, se envenenó, pero presa de remordimientos, se fue a confesar. Con su autorización, el confesor llevó a curtidor al hospicio, pide un antídoto, pero mientras se lo preparan, se toma el pulso al enfermo y no se le encuentra, se muestra lívido, con los ojos velados. Todo anunciaba una muerte cercana. Ante este cuadro, con el corazón traspasado por el dolor, pero lleno de confianza en la divina misericordia, el ferviente ministro del Señor se pone de rodillas y recita las Letanías de la Santísima Virgen. A la primera invocación, siente volver el pulso del moribundo y, poco después, le escucha decir algunas palabras: “Padre, dijo con una  voz muy débil: rece, rece más”.  Suspiró y dijo también: “Santa María ruega por mí”, y súbitamente le volvió completamente la conciencia. No sólo el peligro de muerte había pasado, sino  que la salud se había enteramente restablecido sin que se hubiese empleado medicina. Se le preguntó al anciano si conservaba alguna práctica piadosa. “No Padre, desde hace mucho tiempo no digo ninguna oración”. Pero después de haber reflexionado un instante, descubre su pecho y muestra su escapulario diciendo: “¡Este es el único signo de piedad que he conservado!” Llegó el médico y aseguró que solo un poder superior había podido prolongar su vida más de dos horas después de la ingestión del veneno, uno de los mas activos que se conoce, y cinco horas habían transcurrido desde ese fatal momento.

Llevemos con devoción el escapulario de la Santísima virgen


Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

LOS CINCO MINUTOS DE DIOS, SÁBADO 7 DE MAYO


LOS CINCO MINUTOS DE DIOS
Mayo 7


No me cabe ninguna duda de que tú quieres ser sabio y quieres ser santo: inteligente y bueno.

Para ser inteligente y sabio, deberás estar mucho tiempo solo, estudiando, leyendo, meditando, profundizando en tus conocimientos; para ser santo y bueno, deberás estar con los demás, a fin de moldear tu carácter y de brindarles cuanto eres y cuanto tienes; y, al mismo tiempo, necesitarás ciertos momentos de soledad para penetrar en tu interior, al fin de irte perfeccionando.
Y tanto para ser sabio e inteligente como para llegar a ser bueno y santo, necesitarás estar siempre con Dios, que es la verdadera inteligencia y la santidad por esencia.

Y si llegas a ser sabio y santo, ¿me puedes decir qué más puedes anhelar en tu vida? Ya has cumplido tu misión, ya te has realizado ante tu conciencia, ante tus prójimos, y ante Dios.
No pienses ser bueno, si no te entregas a Dios incondicionalmente; no pienses ser bueno solo porque no hagas el mal; todavía te queda mucho por hacer.

“Yo soy el Señor, su Dios; y ustedes tienen que santificarse y ser santos, porque yo soy santo” (Lv 11,44). Tres veces repetimos: “Santo, Santo, Santo”, es decir: santísimo es nuestro Dios; sus hijos no podemos menos de asemejarnos al Padre, pues tenemos su misma naturaleza, que es la gracia, es decir, la santidad.


* P. Alfonso Milagro

DÍA DE LA MADRE: DIEZ MAMÁS CATÓLICAS QUE ALCANZARON LA SANTIDAD


Día de la madre: 10 mamás católicas que alcanzaron la santidad
Por María Ximena Rondón


 (ACI).- Con motivo de la celebración del Día de la Madre, ACI Prensa presenta una lista de diez madres que llegaron a la santidad. Mujeres que son ejemplo para las madres católicas de hoy, que muestran que en la vida cotidiana del matrimonio y la familia se puede alcanzar la gloria del cielo.


1. Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962)

Esta santa italiana enfermó de cáncer y decidió continuar con el embarazo de su cuarto hijo, en vez someterse a un aborto, como le sugerían los médicos para salvar su vida.

Gianna estudió medicina y se especializó en pediatría. Su trabajo con los enfermos se resumía en la siguiente frase: “Como el sacerdote toca a Jesús, así nosotros los médicos tocamos a Jesús en los cuerpos de nuestros pacientes.”

Se casó con Pietro Molla, con quien tuvo cuatro hijos. Durante toda su vida consiguió equilibrar su trabajo con su misión de madre de familia.

Gianna murió el 28 de abril de 1962, con 39 años de edad, una semana después de haber dado a luz. Fue canonizada el 16 de mayo del año 2004 por el Papa San Juan Pablo II, quien la convirtió en la patrona de la defensa de la vida.




2. Santa Mónica (332-387)

La madre de San Agustín nació en Tagaste (África) en el año 332. Sus padres la casaron con un hombre llamado Patricio. Aunque era muy trabajador, su esposo era violento, mujeriego, jugador y despreciaba la religión.

Durante 30 años, Santa Mónica sufrió los ataques de ira de su marido. Ella oraba y ofrecía sacrificios constantemente por la conversión de su esposo. En el año 371 Dios le concedió este deseo y Patricio se bautizó. Quedó viuda un año después cuando Agustín tenía 17 años.

Durante 15 años rezó y ofreció sacrificios por la conversión de su hijo, quien llevaba una vida libertina. En el año 386, San Agustín le anunció su conversión al catolicismo y su deseo de permanecer célibe hasta la muerte.

Murió santamente en el año 387 a los 55 años de edad. Muchas madres y esposas se encomiendan a San Mónica por la conversión de sus hijos y maridos.




3. Santa Rita de Casia (1381-1457)


Aunque desde niña quiso ser religiosa, sus padres la casaron con Paolo Ferdinando.

Su marido pertenecía a una familia de mercenarios y a pesar de que era bebedor, mujeriego y violento, Santa Rita le fue fiel durante todo su matrimonio. La pareja tuvo dos gemelos del mismo temperamento que su padre. La Santa encontró fortaleza en Jesús, a quien ofrecía su dolor.

Tras 20 años de oración, Paolo se convirtió y empezó un camino de santidad junto a Rita. Sin embargo, fue asesinado por sus enemigos. Sus hijos juraron vengar la muerte de su padre y ella pidió al Señor que les concediera la muerte antes que verlos cometer un pecado mortal. Antes de morir, los gemelos perdonaron a los asesinos de su padre.

En el año 1417 ingresó como religiosa al convento de las monjas agustinas. Allí meditó y profundizó la Pasión de Cristo. En el año 1443, recibió los estigmas. Tras una grave enfermedad falleció en 1457. Su cuerpo está incorrupto hasta ahora. Se le conoce como la “Santa de los Imposibles”.




4. Santa María de la Cabeza (¿?- 1175)


María Toribia nació en España, cerca de Madrid. Fue la esposa de San Isidro Labrador. Realizaba sus labores con humildad, paciencia, devoción y austeridad. Además, siempre fue atenta y servicial con su marido. La pareja solo tuvo un hijo.

Debido a que San Isidro y Santa María querían tener una vida totalmente entregada a Dios, decidieron separarse. Su esposo se quedó en Madrid, y ella partió hacia una ermita. Allí se entregó a profundas meditaciones y hacía obras de caridad.

Cuando Santa María de la Cabeza murió, fue enterrada en la ermita que con tanto amor visitaba. Sus restos fueron trasladados a Madrid y se le atribuyen milagros de curación a los males de la cabeza.



5. Santa Ana, Madre de la Virgen María


Joaquín y Ana eran un rico y piadoso matrimonio que residía en Nazaret. Como la pareja no tenía hijos, él sufría humillaciones en el Templo. Un día, el santo no volvió a su casa, sino que fue a las montañas para entregar a Dios su dolor. Cuando Ana se enteró del motivo de la ausencia de su marido, pidió al Señor que le quitara la esterilidad y le prometió ofrecer a sus hijos para su servicio.

Dios escuchó sus oraciones y envió a un ángel que le dijo: "Ana, el Señor ha mirado tus lágrimas; concebirás y darás a luz y el fruto de tu vientre será bendecido por todo el mundo". Este ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió donde su esposa. Ana dio a luz una hija a quien llamó Miriam (María) y que fue la Madre de Jesucristo.



6. Beata Ángela de Foligno (1249-1309)


Ángela vivió apegada a las riquezas desde su juventud hasta su vida de casada. Además, tuvo una vida libertina.

En 1285 sufrió una crisis existencial. Debido a que vivía cerca de Asís, se sintió tocada y retada por el ejemplo de San Francisco. Un día estaba tan atormentada por el remordimiento que pidió al Santo que la librase. Entonces fue a la Iglesia de San Feliciano donde hizo una confesión de vida.

Allí hizo una promesa de castidad perpetua y empezó a llevar una vida de penitencia, regalando sus mejores vestidos y haciendo estrictos ayunos. Después de su conversión, perdió sucesivamente a su madre, su marido y a sus ocho hijos. Murió en 1309.



7. Santa Isabel de Portugal (1274-1336)


A los 14 años se convirtió en esposa de Dionís, rey de Portugal. Desde que llegó al país se ganó la simpatía del pueblo por su carácter piadoso y devoto. Aunque su marido era mujeriego y tenía hijos con varias mujeres, Santa Isabel los acogió en la corte y les dio un trato cristiano.

Cuando el príncipe Alfonso advirtió que su derecho al trono estaba en peligro, decidió rebelarse y el rey respondió violentamente. Esta pelea entre padre e hijo causó mucho dolor a Santa Isabel, quien intervino muchas veces en las batallas entre Dionís y Alfonso. Un día, la reina se interpuso entre ambos ejércitos para evitar el derramamiento de sangre.

Luego de la muerte del rey en 1325, ella se retiró a Coimbra. En 1336 estalló un nuevo conflicto entre Alfonso IV y el rey de Castilla, Alfonso XI, que era nieto de Isabel.

La reina fue hasta el campamento de los ejércitos, donde fue recibida y cayó enferma. Antes de morir, su hijo le prometió que no invadiría Castilla.



8. Santa Clotilde (474-545)


Gracias a ella, el fundador de la nación francesa se convirtió al catolicismo y Francia fue un país católico. La reina convenció a su marido de convertirse al cristianismo si él ganaba la batalla de Tolbiac, contra los alemanes.

El rey Clodoveo logró la victoria y fue bautizado en la navidad de 496 por el Obispo San Remigio. Esa misma noche recibieron el sacramento la hermana del rey y tres mil de sus hombres. Desde ese momento, Clotilde fue llamada en Francia: “Hija primogénita de la Iglesia”.

Clotilde era amada por todos a causa de su gran generosidad con los pobres, su pureza y devoción. Sus súbditos solían decir que parecía más una monja que una reina.

Después de la muerte de Clodoveo, hubo guerra porque sus dos hijos querían el trono. Durante 36 años, Clotilde rezó por la reconciliación de ambos. Un día, cuando los dos ejércitos estaban listos para el combate, estalló una fuerte tormenta que impidió la batalla. Gracias a la oración de la reina, los hermanos se reconciliaron.



9. Santa Elena (270-329)


En medio de la pobreza conoció al general romano Constancio Cloro. Se enamoraron y se casaron. El hijo de la pareja fue el emperador Constantino. Fue repudiada por su esposo, por ambición al poder. Santa Elena pasó 14 años de sufrimiento y se convirtió al cristianismo.

En 306, Constantino fue proclamado emperador romano aunque continuó siendo pagano. Sin embargo, se convirtió cuando vio una Cruz, antes de la batalla de Saxa Rubra, con una leyenda que decía: “Con este signo vencerás”.

Tras la victoria, Constantino decretó la libre profesión de la religión católica y expandió el cristianismo por todo el imperio. El emperador autorizó a su madre para que utilice el dinero del gobierno para realizar buenas obras. La Iglesia atribuye a Santa Elena el descubrimiento de la Cruz de Cristo. Murió santamente en el año 329.



10. Santa Celia Guerin, Madre de Santa Teresa de Lisieux 
(1831-1877)


Aunque durante su juventud también quiso ser monja, la abadesa le negó la entrada al convento. Por ello decidió abrir un negocio de encaje. La buena calidad de su trabajo hizo famoso a su taller. Siempre tuvo un buen trato para con sus trabajadores.

En 1858 Celia se cruza en la calle con el joven relojero Luis Martin. En poco tiempo ambos se enamoraron y se casaron tres meses después.

Celia siempre quiso tener muchos hijos y que todos fueran educados para el cielo. Eso fue exactamente lo que hizo porque sus cinco hijas Paulina, Leonia, María, Celina y Teresa fueron religiosas. La última es santa y doctora de la Iglesia.

El amor que Celia sentía por Luis era profundo y elevado. Para ella, su mayor alegría era estar junto a su esposo y compartir con él una vida santa.

En 1865 el cáncer al seno provocaría mucho sufrimiento a Celia. Sin embargo, supo asumir su enfermedad y estaba dispuesta a aceptar la voluntad de Dios. Murió en 1877. Fue beatificada junto con su esposo por el Papa Benedicto XVI en el año 2008 y canonizada este año en octubre de este año por el Papa Francisco.

FELIZ FIN DE SEMANA!!



viernes, 6 de mayo de 2016

EL EVANGELIO DE HOY VIERNES 6 DE MAYO DEL 2016 - MEDITACIÓN


Día litúrgico: Viernes VI de Pascua
Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a):


 En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».



«Vuestra tristeza se convertirá en gozo»
Rev. D. Joaquim FONT i Gassol 
(Igualada, Barcelona, España)


Hoy comenzamos el Decenario del Espíritu Santo. Reviviendo el Cenáculo, vemos a la Madre de Jesús, Madre del Buen Consejo, conversando con los Apóstoles. ¡Qué conversación tan cordial y llena! El repaso de todas las alegrías que habían tenido al lado del Maestro. Los días pascuales, la Ascensión y las promesas de Jesús. Los sufrimientos de los días de la Pasión se han tornado alegrías. ¡Qué ambiente tan bonito en el Cenáculo! Y el que se está preparando, como Jesús les ha dicho.

Nosotros sabemos que María, Reina de los Apóstoles, Esposa del Espíritu Santo, Madre de la Iglesia naciente, nos guía para recibir los dones y los frutos del Espíritu Santo. Los dones son como la vela de una embarcación cuando está desplegada y el viento —que representa la gracia— le va a favor: ¡qué rapidez y facilidad en el camino!

El Señor nos promete también en nuestra ruta convertir las fatigas en alegría: «Vuestra alegría nadie os la podrá quitar» (Jn 16,23) y «vuestra alegría será completa» (Jn 16,24). Y en el Salmo 126,6: «Al ir, va llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando trayendo sus gavillas».

Durante toda esta semana, la Liturgia nos habla de rejuvenecer, de exultar (saltar de alegría), de la felicidad segura y eterna. Todo nos lleva a vivir de oración. Como nos dice san Josemaría: «Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte integrante de tu camino. —Pide esa misma alegría sobrenatural para todos».

El ser humano necesita reír para la salud física y espiritual. El humor sano enseña a vivir. San Pablo nos dirá: «Sabemos que todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios» (Rom 8,28). ¡He aquí una buena jaculatoria!: «¡Todo es para bien!»; «Omnia in bonum!».


Fuente:
http://evangeli.net/evangelio

ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES


ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN
DE LOS SACERDOTES
(S.S. PAPA PÍO XII)



Oh Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que por singular generosidad de tu dulcísimo Corazón nos has dado nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que tu gracia inspira en nuestras almas; te suplicamos: ven y ayúdalos con tu asistencia misericordiosa.

Sé en ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que tu palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de tu vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.

Concédeles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen tu mayor gloria. Concédeles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en tus manos la tarea bien cumplida, dales, Jesús, Tú que fuiste su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos. Amén.

LA LIBERTAD INTERIOR


Libertad interior



Con frecuencia Dios, por sus profetas, invitó a Israel a revisar su estilo de vida para hacer los necesarios reajustes que exigía la alianza solemnemente pactada. La Palabra de Dios sigue invitándonos a cambiar para bien, y nos motiva con sabiduría a dar pasos de superación espiritual. Aquí tienes una oración del P. Víctor Fernández para crecer en libertad interior.

“Mira Señor ese dolor inútil que a veces se apodera de mí. Sufro por el amor que no me dan, por las desilusiones, por las agresiones ajenas, porque a veces no me comprenden, porque no pude lograr cosas que mi corazón deseaba. Toca esas necesidades y deseos insatisfechos con tu amor, Dios mío, y enséñame a gozar serenamente de tu divina ternura, del fuego de tu amor que nunca me falta. Regálame, Señor, la libertad interior, no dejes que me haga esclavo de mis sensaciones y sentimientos que me enferman y me abruman. Y enséñame a reconocer tu amor en las cosas simples de cada día. Porque siempre tengo el pan de tu ternura. Amén.”

Mediante la fe es posible descubrir cada día, en las cosas simples que te suceden, gestos del amor de Dios para contigo. Esta constatación motivará la acción de gracias que debe llenar toda tu vida, como nos exhorta el apóstol Pablo: “Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 5, 20).



* Enviado por el P. Natalio

LOS CINCO MINUTOS DE DIOS, VIERNES 6 DE MAYO


LOS CINCO MINUTOS DE DIOS 
Mayo 6



Te quejas de que tienes que hacer muchas cosas; te debes prodigar hasta el desgaste; llevas adelante no pocas responsabilidades; tú mismo te enfrascas en no sé cuántas cosas.

No te digo que esto esté mal; si eres un alma grande, si eres una persona generosa, nunca pondrás límite a tu acción en pro de los demás y cuando se trata de hacer algún bien, no está mal; puede estar incluso muy pero muy bien; al fin eso puede llegar a ser darse y darse sin retaceos.

Pero deseo hacerte reflexionar que en ocasiones ese hacer sin medida y sin control puede resultar contraproducente con relación a la calidad de tu acción.

¿No crees que sería mejor hacer muy bien una sola cosa que hacer muchas imperfectamente?

Quizá sea preferible dedicarse a menos cosas, pero realizarlas con mayor perfección; no abarcar tanto, pero ser más responsable en las cosas que uno toma como obligación.

“Te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria” (Lc 10,41-42). Piensa si a lo mejor estás preocupándote mucho por ciertas cosas, y quizá estás descuidando lo principal, que es la fidelidad al amor del Señor.



* P. Alfonso Milagro

MAYO, MES DE MARÍA - DÍA 6 - EXPLICACIÓN DE LAS LETANÍAS


MAYO, MES DE MARÍA
Sexto día: Explicación de las letanías



Pater de coelis Deus

Dios Padre, que estas en el cielo. Aunque Dios, por su inmensidad esta en todo lugar y lo colma todo, sin embargo, nos hace mirar particularmente al cielo como el trono de sus gracias y de su gloria. Por eso, la Iglesia, invocando la misericordia divina comienza por pedir a Dios Padre que la haga descender de los alto de los cielos donde habita, donde oye nuestras plegarias y donde las otorga, según la promesa que hizo al rey Salomón, en el capítulo VII del Libro de los Paralipómenos.

Filii, Redemptor mundi, Deus

Dios Hijo Redentor del mundo, Dios. La Iglesia, considerando la caridad admirable con la cual el Hijo de Dios se ofrece por nosotros al Padre, como una oblación y víctima de olor agradable, se ha convertido en la propiciación del mundo; sobre el madero sagrado de la cruz implora su misericordia; porque sabe que ese Dios infinitamente bueno, después de haber dado su vida por nosotros, y después de haber muerto por nuestros pecados, no puede rehusarnos nada cuando le rezamos con amor y confianza; y que su justicia cede siempre a su clemencia, a favor de aquellos que buscan, en sus sagradas llagas, los derechos que les dan en sus misericordias.

Spiritus Sancte Deus

Espíritu Santo que eres Dios. Aunque las tres adorables personas de la Santísima Trinidad concurren unánimemente a la santificación de nuestras almas, se atribuye, sin embargo, especialmente al Espíritu Santo, nuestra regeneración espiritual y todas las gracias que recibimos del cielo, porque esos favores, siendo un efecto del amor de Dios hacia nosotros, se reconocen que tienen por autor a Aquél que es el Amor del Padre y del Hijo. Por eso, la Iglesia invoca también al Espíritu Santo con el Padre y el Hijo y le ruega que tenga piedad de nosotros

Ejemplo

San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús, dando a su Orden por divisa: Ad Majorem Dei Gloriam, no  encontró mejor modo de asegurar la práctica de esta importante máxima, que ponerla bajo la protección de María. También, eligió para echar los primeros fundamentos de su obra, la Iglesia de Montmartre, que está dedicada a la Santísima Virgen María, y el día de su Asunción gloriosa; y quiso que su culto fuese una de las devociones más queridas a la Compañía. Él mismo, desde los comienzos de su conversión, experimentó los efectos sensibles de la gracia; y no se puede dudar que el éxito prodigioso que significaron el nacimiento de su admirable instituto, que el tiempo no hizo sino afirmarlo y multiplicarlo, no se deban en gran parte, a la profesión que se hizo siempre de una devoción muy especial a la Santísima Virgen.

Pidamos a María el deseo de trabajar siempre para la mayor gloria de Dios y no por el egoísmo.


Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

SANTO DOMINGO SAVIO, PATRONO DE LAS EMBARAZADAS


Hoy 6 de Mayo la Iglesia celebra a Santo Domingo Savio, Patrono de las embarazadas
Por Abel Camasca


 (ACI).- “¡Quiero ser santo!”, solía decir Santo Domingo Savio, patrono de los niños cantores y también de las embarazadas por haber cumplido en su vida una misión de la Virgen María, mientras era guiado por San Juan Bosco.

Domingo Savio nació Italia en 1842. Desde muy pequeño deseó ser sacerdote y al conocer a Don Bosco le pide ingresar al Oratorio de San Francisco de Sales en Turín.

Allí organizó la Compañía de María Inmaculada y con sus compañeros frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres y cuidaba a los niños difíciles. Además tenía un espíritu muy alegre, le gustaba jugar y estudiar.

San Juan Bosco escribió una biografía del joven santo y lloraba cada vez que la leía. En ella contaba que varias ocasiones vio a Domingo como arrobado después de recibir la Comunión hasta que cierto día, Don Bosco lo encontró en el coro del templo.


“Voy a ver –cuenta Don Bosco– y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: ‘Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofendemos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar’”.

Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”.


Durante el proceso de investigación para llevar a Domingo Savio a los altares, su hermana Teresa narró que cierta vez el Santo se presentó ante Don Bosco y le pidió permiso para ir a casa. Su formador le preguntó el motivo y el joven le contestó: “mi madre está muy delicada y la Virgen la quiere curar”.

Don Bosco le preguntó de quién había recibido noticias y Domingo contestó que de nadie, pero que él lo sabía. El sacerdote, que ya conocía de sus dones, le dio dinero para el viaje.

La mamá de Domingo estaba embarazada, pero sufriendo con fuertes dolores. Cuando el muchacho llegó a verla, la abrazó fuertemente, la besó y luego obedeció a su madre, quien le había pedido que fuera con unos vecinos.

Cuando llegó el doctor vio que la señora estaba repuesta de salud y mientras los vecinos la atendían, le vieron al cuello una cinta verde que estaba unida a una seda doblada y cosida como un escapulario. La sorprendente visita de Domingo a su madre se dio el 12 de septiembre de 1856, fecha del nacimiento de su hermana Catalina.

Tiempo después Domingo le dijo a su madre que conserve y preste aquel escapulario a las mujeres que lo necesiten. Así se hizo y muchas afirmaban después haber obtenido gracias de Dios con la ayuda del escapulario de la Virgen.

Domingo Savio retornó al oratorio salesiano, pero no por mucho tiempo. Su salud se resquebrajó más y a sugerencia de los médicos tuvo que despedirse de Don Bosco y sus compañeros para volver a su casa. Antes de morir, dijo: “¡Qué cosa tan hermosa veo!”. Partió a la Casa del Padre un 9 de marzo de 1857 con catorce años edad. Su fiesta se celebra cada 6 de mayo.

PRIMER VIERNES DE MAYO 2016, DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - ORACIONES



PRIMER VIERNES DE MAYO
DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS




BREVE CONSIDERACIÓN.- Jesús a su discípula Margarita María de Alacoque: "Si me amas, recibe, hija mía, la Cruz que te mando; llévala en tu corazón, viviendo crucificada a todo; abrázate con ella, porque  Yo la amo, y Yo, que te amo también a ti, te la he obsequiado como prueba, la más segura; del amor infinito que te profesa mi Sagrado Corazón... Recuerda que el lecho de mis esposas más queridas es la Cruz, de la cual hice mis delicias por tu amor".




ORACIÓN
Aspiraciones al Sagrado Corazón de Jesús

Salve, Corazón de Jesús; sálvame.
Salve, Corazón de mi Creador; perfeccióname.
Salve, Corazón de mi Juez; perdóname.
Salve, Corazón de mi Salvador; rescátame.
Salve, Corazón de mi Padre; gobiérname.
Salve, Corazón de mi Esposo; ámame.
Salve, Corazón de mi Maestro; enséñame.
Salve, Corazón de mi Rey; coróname.
Salve, Corazón de mi Bienhechor; enriquéceme.
Salve, Corazón de mi Pastor; guárdame.
Salve, Corazón de mi Hermano; acompáñame.
Salve, Corazón todo caridad; abrásame.

¡Oh Jesús, mi soberano bien!, yo te amo, no por el galardón prometido, sino puramente por amor de Ti; yo te amo sobre todo cuanto hay de amable, y más que a mi mismo. A la faz del cielo y de la tierra protesto que, aunque para vivir amándote tenga que ser perseguido y deba arrastrar la muerte, ayudado por tu gracia repetiré siempre con San Pablo: no hay criatura alguna que sea capaz de apartarme de la caridad del Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, a quien amo y quiero amar eternamente. Así sea.

(De Santa Margarita María de Alacoque)




QUINTA PROMESA:
"Bendeciré con superabundancia de gracias todas sus empresas".

(Recitemos las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús en gratitud a la promesa y para que se cumpla en nosotros...)

(Recitemos las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús en gratitud a la promesa y para que se cumpla en nosotros...)



LETANÍAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

V: Señor, ten piedad de nosotros.
R: Señor, ten piedad de nosotros.
V: Cristo, ten piedad de nosotros.
R: Cristo, ten piedad de nosotros.
V: Señor, ten piedad de nosotros.
R: Señor, ten piedad de nosotros.
V: Cristo, óyenos.
R: Cristo, óyenos.
V: Cristo, escúchanos.
R: Cristo, escúchanos.

V: Dios, Padre celestial,
R: ten piedad de nosotros.
V: Dios Hijo, Redentor del mundo,
R: ten piedad de nosotros.
V: Dios Espíritu Santo,
R: ten piedad de nosotros.
V: Trinidad Santa, un solo Dios,

R: ten piedad de nosotros.

V: Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre.
R: Ten piedad de nosotros.
V: Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el
seno de la Virgen María, R/.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al
Verbo de Dios, R/.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, R/.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, R/.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, R/.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, R/.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor, R/.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, R/.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, R/.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, R/.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, R/.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, R/.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, R/.
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros
de la sabiduría y la ciencia, R/.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud
de la divinidad, R/.
Corazón de Jesús, en quién el Padre halló sus
complacencias, R/.
Corazón de Jesús, en cuya plenitud todos hemos recibido, R/.
Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, R/.
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia, R/.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, R/.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, R/.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, R/.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, R/.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, R/.
Corazón de Jesús, traspasado por una lanza, R/.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, R/.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, R/.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, R/.
Corazón de Jesús, salvación de los que en Ti esperan, R/.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
y esperan, R/.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, R/.

V: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R: perdónanos, Señor.

V: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R: óyenos, Señor.
V: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R: ten piedad y misericordia de nosotros.
V: Jesús, manso y humilde de corazón,
R: haz nuestro corazón semejante al Tuyo.
V: Sagrado Corazón de Jesús,
R: en Vos confío.

V: Sagrado Corazón de María,
R: salvad el alma mía.

V: Jesús y María os quiero con toda mi alma,
R: salvad almas y salvad el alma mía.



UNA PALABRA DE MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE A SUS HERMANOS ASOCIADOS: "Cuando te encuentres en un abismo de sequedad espiritual y de impotencia par amar..., cuando te halles en un abismo de pobreza en virtud y de gran debilidad..., cuando te sientas en un abismo de orgullo y de amor propio, entra entonces en el Sagrado Corazón  y pierdete en ese abismo de caridad, de riqueza inagotable y de humildad profunda."

Un PadreNuestro y AveMaría por los agonizantes y pecadores.



ACTO DE CONSAGRACIÓN
SE SOR MARÍA DEL DIVINO CORAZÓN

Amabilísimo Jesús, yo me consagro de nuevo y sin reserva a tu Divino Corazón. Te consagro mi cuerpo con todos sus sentidos, mi alma con todas sus potencias y mi ser todo entero. Te consagro mis pensamientos, palabras, obras, todos mis sufrimientos y trabajos, todas mis esperanzas, consuelos y alegrías. Especialmente te consagro mi pobre corazón para que no ame sino a Ti y se consuma como víctima en las llamas de tu amor. Acepta, !oh Corazón divino!, el deseo que tengo de consolarte y de pertenecerte para simpre. Toma de tal manera posesión de mí, que yo no tenga otra libertad que la de amarte, ni otra vida que sufrir y morir por Ti. Pongo en Ti toda mi confianza, una confianza sin límites, y espero de tu misericordia infinita perdón de todos mis pecados. Deposito en tus manos todos mis intereses, principalmente el de mi salvación eterna.

Prometo amarte y honrarte hasta el último momento de mi vida, y ayudado de tu divina gracia, prometo propagar con celo ardiente el culto de tu Sacratísimo Corazón. !Oh divino Corazón de Jesús!, dispón de mí como te agrade, no quiero más recompensa que tu mayor gloria y tu santo amor. Concédeme la gracia de hacer mi morada en tu Sacratísimo Corazón; allí es donde quiero pasar los días de mi vida y exhalar mi último suspiro.

Haz también de mi  corazón tu morada y el lugar de tu reposo, para quedarnos así íntimamente unidos, hasta que un día pueda yo alabarte, amarte y poseerte por toda la eternidad y cantar para siempre las misericordias de tu dulcísimo Corazón. Amén




Corazón Divino de Jesús, ten misericordia de nosotros (Tres veces)

Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros.

San José, Ruega por nosotros.

Santa Margarita María de Alacoque, ruega por nosotros.

BUENOS DÍAS!!!


jueves, 5 de mayo de 2016

MEDITACIÓN Y EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 5 DE MAYO 2016


Día litúrgico: Jueves VI de Pascua
Texto del Evangelio (Jn 16,16-20): 


En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».


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«Vuestra tristeza se convertirá en gozo»
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu 
(Sant Feliu de Llobregat, España)


Hoy contemplamos de nuevo la Palabra de Dios con la ayuda del evangelista Juan. En estos últimos días de Pascua sentimos una inquietud especial por hacer nuestra esta Palabra y entenderla. La misma inquietud de los primeros discípulos, que se expresa profundamente en las palabras de Jesús —«Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver» (Jn 16,16)— concentra la tensión de nuestras inquietudes de fe, de búsqueda de Dios en nuestra vida cotidiana.

Los cristianos de hoy sentimos la misma urgencia que los cristianos del primer siglo. Queremos ver a Jesús, necesitamos experimentar su presencia en medio de nosotros, para reforzar nuestra fe, esperanza y caridad. Por esto, nos provoca tristeza pensar que Él no esté entre nosotros, que no podamos sentir y tocar su presencia, sentir y escuchar su palabra. Pero esta tristeza se transforma en alegría profunda cuando experimentamos su presencia segura entre nosotros.

Esta presencia, así nos lo recordaba Juan Pablo II en su última Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia, se concreta —específicamente— en la Eucaristía: «La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: ‘He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28,20). (...) La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, “misterio de luz”. Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: 'Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron' (Lc 24,31)».

Pidamos a Dios una fe profunda, una inquietud constante que se sacie en la fuente eucarística, escuchando y entendiendo la Palabra de Dios; comiendo y saciando nuestra hambre en el Cuerpo de Cristo. Que el Espíritu Santo llene de luz nuestra búsqueda de Dios.

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