viernes, 3 de junio de 2011

PRIMER VIERNES DEL MES DE JUNIO

Primer Viernes del Mes de Junio 
 Sagrado Corazòn de Jesùs


Yo te prometo, en el exceso de la misericordia de mi corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos los que comulguen los primeros viernes de mes, durante nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final, y que no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, asegurándoles mi asistencia en la hora postrera.

¡Oh buen Jesús, que prometisteis asistir en vida, y especialmente en la hora de la muerte, a quien invoque con confianza vuestro Divino Corazón! Os ofrezco la comunión del presente día, a fin de obtener por intercesión de María Santísima, vuestra Madre, la gracia de poder hacer este año los nueve primeros viernes que deben ayudarme a merecer el cielo y alcanzar una santa muerte. Amén.

Tú estuviste allí, Madre, no podías faltar

Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Tú estuviste allí, Madre, no podías faltar
El Domingo recordaremos la Ascención de tu Hijo, Madre, donde Jesús te entregó una nueva misión: la Iglesia naciente.
 
Tú estuviste allí, Madre, no podías faltar


Tú estuviste allí, no podías faltar. Con los apóstoles: tus nuevos hijos, la Iglesia naciente que Jesús dejó a tu cuidado.

Lo viste subir, triunfar para siempre. Subía y regresaba al cielo como triunfador. Derrotados quedaban sus enemigos: la muerte, el demonio, el mundo.

Era tu triunfo también. Si los éxitos del hijo son también de su madre, la ascensión de Jesús tú la vivías como propia; era el anticipo de tu asunción.


Aquel Hijo tuyo, nacido en Belén, que había venido a la tierra a través de tu carne, ahora se iba a la patria definitiva. Aquel hijo, perdido durante la eternidad de tres días en el templo, ahora no sabías cuantos años estarías sin verlo. ¡Qué dolor, dolor nuevo, que hacía casi intolerable, insufrible, la separación del Hijo amado!


A partir de entonces tu corazón estaría más en el cielo que en la tierra. Allí estaba José, tu esposo, el compañero maravilloso de la infancia y juventud de Jesús. ¡Qué ratos tan inefables, tan difíciles también, en su compañía! Él se te había adelantado. Él vería llegar a Jesús al cielo, y recibiría de Él las más sentidas gracias por haber cumplido tan perfectamente su misión de padre. Allí estaría desde ese momento Jesús. Pero Tú te quedabas en la tierra sola, muy sola. Porque tu amor se iba, y te dejaba sola en la tierra.


Sólo quien ha estado locamente enamorado y pierde a la persona amada sabe de este dolor. Tú eras la enamorada por excelencia de Jesús. Por eso, tu dolor no tenía límites ni comparación.


Pero tu voluntad no se sumergía en la tristeza, porque Jesús te había entregado una nueva misión: la Iglesia naciente. Con cuánto amor repetiste tu oración favorita: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”.


Con tu oración, tu amor, tus consejos y tu prudencia, la Iglesia niña crecía incontenible. Crecía en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres, como en otro tiempo tu Jesús. ¡OH Madre de la Iglesia, que acunaste nuevamente en tus brazos aquella criatura que Jesús te entregó!


Se mezclaban la nostalgia –la fuerza que te lanzaba hacia el cielo- y el amor a la Iglesia que necesitaba tu cariño, tu presencia, tu oración. La nostalgia era desgarradora, la esperanza larguísima. Tú veías en la Iglesia la continuación de Jesús en la historia como ningún teólogo lo ha visto. Toda la Iglesia estaba llena de la presencia de Jesús.


Tus nuevos hijos eran más débiles que Jesús. Los lobos acechaban. Satanás, que había devorado a Judas, seguía esperando matar a toda la grey, cuando aún era débil e indefensa. Pero contaba con tu defensa irresistible. Nostalgia, espera y certeza de llegar al cielo para ti y tus hijos. Él ya, faltamos nosotros...


Ahora Tú también estás en el cielo. Faltamos nosotros...Acuérdate de nosotros.


Nueva etapa de fe: Volviste a encender la lámpara que había alumbrado tu caminar por la vida, con aceite nuevo, con nuevo vigor. Era el comienzo fresco y pujante del cristianismo. Tú eras la primera cristiana, la que debías vivir y contagiar a todos la alegría recién estrenada del hombre y mujer nuevos, del nuevo estilo de vida, la religión del amor.



Oh Madre, se nos ha olvidado muy pronto que la religión fundada por tu Hijo es la religión del amor, la religión de las bienaventuranzas. Nos hemos quedado con unas pocas ideas rancias y con un aburrimiento vital. Resucita en nosotros la alegría del “mirad cómo se aman” que avasalló a los primeros.


¿Qué hemos hecho de la religión del amor? Los cristianos hemos vaciado la religión del amor para quedarnos con los mandamientos mal cumplidos. Y nos resulta aburrida, pesada, inaguantable.


La misma religión que a los primeros los entusiasmó hasta el extremo, los arrastró hasta el martirio sin pestañear, a nosotros nos resulta sosa y aburrida. ¿No será que hemos perdido la savia vital? Y ¿qué somos, que queda de nosotros si nos falta el amor? Nada. Pura fachada.


Tú comulgabas con más fe que ninguno, llegando a sentir a Jesús en tus entrañas como cuando crecía en tu seno. Te absorbías, te elevabas de la tierra, te ibas...Vivías de la comunión anterior y vivías para la siguiente, como la enamorada que no puede separarse del Amado.


Enséñanos a comulgar con el fervor con que Tú lo hacías en los años de tu soledad. Los cristianos observaban con respeto y emoción tu actitud. Y seguro que, como a Jesús, te pedían: “Enséñanos a comulgar con el fervor con que Tú lo haces”.En la forma de recibir a Jesús se confirma el amor o la indiferencia de los cristianos de hoy.


Quiero imaginar las palabras que dirigías a los apóstoles: El primer evangelio pasado por la mente y el corazón de su Madre. Y así entendían de manera entrañable las enseñanzas de Jesús: Tú les abrías el sentido, pero, sobre todo, encendías sus corazones. Cuantas veces Pedro, Juan y los demás debían comentar como los discípulos de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba María los misterios de la vida de Jesús?"


Cuanto necesitamos, María, que nos vuelvas a explicar los misterios y la enseñanza de Jesús, sobre todo el amor que nos tiene, para que nuestro corazón arda de amor por Él y por Ti. ¡Cómo motivarías a Pedro, cada vez que el pesimismo y las dificultades de guiar a la Iglesia querían doblarlo! ¡Qué firme y gentil pastora guiaba al primer Papa, lo mismo que al actual Benedicto XVI! ¡Cómo les hablarías del cielo, repitiéndoles con apasionado acento las palabras de Jesús: ”Alegraos de que vuestros nombres están escritos en el cielo”! Hay que merecerlo, hay que ganarlo. Ahí estaremos juntos para siempre...


  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Mariano de Blas LC

    jueves, 2 de junio de 2011

    PENSAMIENTO DE SANTA MARGARITA MARÍA


    Mi Oración

    Mi Oraciòn...

     Mi oración, Señor, es llana y sencilla.
    En mi oración, Señor, te traigo mis inquietudes y mis problemas.
    En mi oración, Señor, confío en ti y te hablo. En mi oración, Señor, te doy gracias.
    Voy cansado, Señor; alégrame. Estoy triste, Señor; alégrame.
    Me disgusto, Señor, a veces sin motivo; alégrame.
    Tengo miedo, Señor. Alégrate de todo corazón porque el Señor está a tu lado.
    Alégrate de todo corazón porque Dios se fía de ti.
    Alégrate de todo corazón porque el Señor te valora como eres.
    Alégrate de todo corazón porque Dios te escucha y te quiere.
    Cuida mi corazón, mi Dios. Lee mis pensamientos, Señor.
    Y alégrate siempre en lo sencillo, Y que mi alegría la conozca siempre todo el mundo.
    Amén

    LA INDISCRECIÓN


    La Indiscreción




    La indiscreción es dañina y puede aportarte datos confidenciales a que no tienes derecho.

    El que ansía conocer intimidades ajenas, nunca se satisface de ver, escuchar y averiguar; pero, los datos que obtiene, sólo le sirven para estimular su enfermiza manía de penetrar el secreto del otro, con el fin regularmente, de desacreditarlo ante la opinión pública.
    El indiscreto es imprudente y el resultado de sus actitudes es casi siempre su propia desgracia.

    TE ADORO ESCONDIDO EN LA HOSTIA, JESÚS EUCARISTÍA


    Autor: SS Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net
    ¡Te adoro escondido en la Hostia!
    Mientras te adoramos, ¿cómo es posible no pensar en todo lo que tenemos que hacer para darte gloria?


    ¡Te adoro escondido en la Hostia!


    Elevemos juntos la mirada a Jesús Eucaristía; contemplémosle y repitámosle juntos estas palabras de santo Tomás de Aquino, que manifiestan toda nuestra fe y todo nuestro amor: Jesús, ¡te adoro escondido en la Hostia!

    En una época marcada por odios, por egoísmos, por deseos de falsas felicidades, por la decadencia de costumbres, la ausencia de figuras paternas y maternas, la instabilidad en tantas jóvenes familias y por tantas fragilidades y dificultades que sufren los jóvenes, nosotros te miramos a ti, Jesús Eucaristía, con renovada esperanza. A pesar de nuestros pecados, confiamos en tu divina misericordia. Te repetimos junto a los discípulos de Emaús «Mane nobiscum Domine!» , «¡Quédate con nosotros, Señor!».

    En la Eucaristía, tú restituyes al Padre todo lo que proviene de él y se realiza así un profundo misterio de justicia de la criatura hacia el creador. El Padre celeste nos ha creado a su imagen y semejanza, de él hemos recibido el don de la vida, que cuanto más reconocemos como preciosa desde el momento de su inicio hasta la muerte, más es amenazada y manipulada.

    Te adoramos, Jesús, y te damos gracias porque en la Eucaristía se hace actual el misterio de esa única ofrenda al Padre que tú realizaste hace dos mil años con el sacrificio de la Cruz, sacrificio que redimió a la humanidad entera y a toda la creación.

    «Adoro Te devote, latens Deitas!»
    ¡Te adoramos, Jesús Eucaristía! Adoramos tu cuerpo y tu sangre, entregados por nosotros, por todos, en remisión de los pecados: ¡Sacramento de la nueva y eterna Alianza!

    Mientras te adoramos, ¿cómo es posible no pensar en todo lo que tenemos que hacer para darte gloria? Al mismo tiempo, sin embargo, reconocemos que san Juan de la Cruz tenía razón cuando decía: «Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración».

    Ayúdanos, Jesús, a comprender que para «hacer» algo en tu Iglesia, incluso en el campo tan urgente de la nueva evangelización, es necesario ante todo «ser», es decir, estar contigo en adoración, en tu dulce compañía. Sólo de una íntima comunión contigo surge la auténtica, eficaz y verdadera acción apostólica.

    A una gran santa, que entró en el Carmelo de Colonia, santa Benedicta Teresa de la Cruz, Edith Stein, le gustaba repetir: «Miembros del Cuerpo de Cristo, animados por su Espíritu, nosotros nos ofrecemos como víctimas con él, en él, y nos unimos a la eterna acción de gracias».

    «Adoro Te devote, latens Deitas!». Jesús, te pedimos que cada uno desee unirse a ti en una eterna acción de gracias y se comprometa en el mundo de hoy y de mañana para ser constructor de la civilización del amor.

    Que te ponga en el centro de su vida, que te adore y te celebre. Que crezca en su familiaridad contigo, ¡Jesús Eucaristía! Que te reciba participando con asiduidad en la santa misa dominical y, si es posible, cada día. Que de estos intensos y frecuentes nazcan compromisos de entrega libre de la vida a ti, que eres libertad plena y verdadera. Que surjan santas vocaciones al sacerdocio: sin el sacerdocio no hay Eucaristía, fuente y culmen de la vida de la Iglesia. Que crezcan en gran número las vocaciones a la vida religiosa. Que broten con generosidad vocaciones a la santidad, que es la elevada medida de la vida cristiana ordinaria, en especial, en las familias. La Iglesia y la sociedad tienen necesidad de esto hoy más que nunca.

    Jesús Eucaristía, te confío a los jóvenes de todo el mundo: sus sentimientos, sus afectos, sus proyectos. Te los presento poniéndolos en manos de María, madre tuya y madre nuestra.

    Jesús, que te entregaste al Padre, ¡ámales!
    Jesús, que te entregaste al Padre, ¡sana las heridas de su espíritu!
    Jesús, que te entregaste al Padre, ¡ayúdales a adorarte en la verdad y bendíceles! Ahora y siempre. ¡Amén!

    A todos imparto mi bendición con afecto.


    SS Juan Pablo II Homilía a los jóvenes. Vaticano, 15 de marzo 2005

    miércoles, 1 de junio de 2011

    YO SIGO A MI REY


     Yo sigo a mi Rey
    Autor:  Padre Justo López Melús




    La lealtad es una de las cualidades más nobles del alma humana. Es algo de lo que no puede prescindir quien se considera un digno caballero. San Ignacio afirmaba que «los que más se quieran afectar y señalar en todo servicio de su rey... harán oblaciones de mayor estima y mayor momento... Y si alguno no aceptase la petición de tal rey, cuánto sería digno de ser vituperado por todo el mundo y tenido por perverso caballero».

    La caravana del sultán transportaba por el desierto una gran carga de oro y piedras preciosas. Un camello se cayó y se desparramaron joyas y brillantes. El sultán no podía con todo e invitó a sus criados a que se quedaran con lo que pudieran. Mientras, el príncipe siguió su camino y oyó que alguien caminaba a sus espaldas. Se volvió y dijo: «Y tú, ¿no te quedas a recoger nada?». El joven respondió: «Yo sigo a mi rey. Lo demás, en comparación, no vale nada para mí».

    CORAZÓN QUE ARDE


     Corazón que arde
     Autor: Madre Teresa de Calcuta

      
          
    Un corazón lleno de alegría es resultado de un corazón que arde de amor. La alegría no es solo cuestión de temperamento, siempre resulta difícil conservar la alegría--- motivo mayor para tratar de adquirirla y de hacerla crecer en nuestros corazones. La alegría es oración; la alegría es fuerza; la alegría es amor. Da más quien da con alegría.

    A los niños y a los pobres, a todos los que sufren y están solos, bríndales siempre una sonrisa alegre; no solo les brindes tus cuidados sino también tu corazón. Tal vez no podamos dar mucho, pero siempre podemos brindar la alegría que brota de un corazón lleno de amor.

    Si tienes dificultades en tu trabajo y si las aceptas con alegría, con una gran sonrisa, en este caso, como en muchas otras cosas, verás que tu bien si funciona. Además, la mejor manera de mostrar tu gratitud está en aceptar todo con alegría.

    Si tienes alegría, esta brillara en tus ojos y en tu aspecto, en tu conversación y en tu contento. No podrás ocultarla por que la alegría se desborda. La alegría es muy contagiosa. Trata, por tanto, de estar siempre desbordando de alegría donde quiera que vayas.

     La alegría, ha sido dada al hombre para que se regocije en Dios por la esperanza del bien eterno y de todos los beneficios que recibe de Dios. Por tanto, sabrá como regocijarse ante la prosperidad de su vecino, como sentirse descontento ante las cosas huecas.

    La alegría debe ser uno de los pivotes de nuestra existencia. es el distintivo de una personalidad generosa. en ocasiones, también es el manto que cubre una vida de sacrificio y entrega propia. La persona que tiene este don muchas veces alcanza cimas elevadas. El o ella es como el sol en una comunidad.

    Deberíamos preguntarnos: "¿En verdad he experimentado la alegría de amar?" el amor verdadero es un amor que nos produce dolor, que lastima y, sin embargo, nos produce alegría. Por ello debemos orar y pedir valor para amar.

    Quien Dios te devuelva en amor todo el amor que hayas dado y toda la alegría y la paz que hayas sembrado a tu alrededor, en todo el mundo.

    JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


    JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

    La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida. Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

    La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días. Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.

    Origen de la devoción:

    Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella. Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

    Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

    El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

    Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

    Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

    1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado(a), soltero(a), viudo(a) o consagrado(a) a Dios).

    2. Pondré paz en sus familias.

    3. Los consolaré en todas las aflicciones.

    4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.

    5. Bendeciré abundantemente sus empresas.

    6. Los pecadores hallarán misericordia.

    7. Los tibios se harán fervorosos.

    8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.

    9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.

    10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.

    11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.

    12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

    Las condiciones para ganar esta gracia son tres:

    1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.

    2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

    3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

    Fuente: Catholic.net

    QUÉ VES QUE NO VEO?


    ¿Qué ves que no veo?
    ¿Cuál es la trayectoria que lleva a la dureza de corazón? ¿Qué escamas cubren mis ojos o tapan mis oídos?
    Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net 





    El corazón puede endurecerse. Los ojos, entonces, pierden la capacidad de ver lejos, de mirar adentro. El alma llega a vestirse con una costra de dureza, de indiferencia, de apatía, de desamor, de críticas enfermizas.

    ¿Por qué ocurre esto? ¿Cuál es la trayectoria que lleva a la dureza de corazón? ¿Qué escamas cubren mis ojos o tapan mis oídos?

    Los golpes de la vida, las ambiciones, los rencores, las envidias, los deseos de placer y de comodidad, las perezas, los orgullos, endurecen el alma hasta extremos insospechados.

    Frente al mal que nos rodea, frente a las pasiones que surgen desde dentro, necesitamos aire puro, ideales nobles, enseñanzas llenas de dulzura y de amor auténtico, para romper corazas de indiferencia, para abrir horizontes de ternura, para aprender a ver “con los ojos de Cristo” (cf. Benedicto XVI, encíclica “Deus caritas est”, n. 18).

    Es entonces cuando veo que necesito acercarme a Ti, Dios mío, para preguntarte: ¿qué ves que yo no veo?

    Sólo Tú puedes sacarme del abismo del pecado. Sólo Tú puedes quitar las escamas de mis ojos. Sólo Tú puedes enseñarme a vivir como los niños, para entrar un poco, ya en esta vida, en el Reino de los cielos (cf. Mt 18,2-4).

    En este día, con sus prisas, con sus pausas, con sus momentos exaltantes y con sus angustias, necesito escuchar tus palabras, abrirme a tu luz, dejarme curar.

    Entonces seré capaz de ver de modo diferente, de mirar como Tú a los hombres, al mundo, a mí mismo. Sentiré que la misericordia es la palabra que más ayuda. Me dejaré transformar según tu Corazón, manso y humilde. Descubriré horizontes de belleza y de esperanza, porque empezaré a verlo todo, un poquito, como Tú.

    martes, 31 de mayo de 2011

    PUEDE UN SACERDOTE REVELAR ALGÚN SECRETO DE CONFESIÓN?


    Autor: Fe y Familia | Fuente: www.feyfamilia.com
    ¿Puede un sacerdote revelar algún secreto de confesión?
    El sigilo sacramental es inviolable. El confesor que viola el secreto de confesión incurre en excomunión automática


    La Iglesia Católica declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas. Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes.

    El Código de Derecho Canónico, canon 983,1 dice: «El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo».


    ¿No hay excepciones?

    El secreto de confesión no admite excepción. Se llama "sigilo sacramental" y consiste en que todo lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda "sellado" por el sacramento.

    Un sacerdote no puede hablar a nadie sobre lo que se le dice en confesión. Aun cuando él supiera la identidad del penitente y posteriormente se encontrara con él no puede comentarle nada de lo que le dijo en confesión, a menos que sea el mismo penitente quien primero lo comente. Entonces y sólo entonces, puede discutirlo sólo con él. De lo contrario debe permanecer en silencio.

    ¿Cómo se asegura este secreto?

    Bajo ninguna circunstancia puede quebrantarse el “sigilo” de la confesión. De acuerdo a la ley canónica, la penalización para un sacerdote que viole este sigilo sería la excomunión automática (Derecho Canónico 983, 1388).

    El sigilo obliga por derecho natural (en virtud del cuasi contrato establecido entre el penitente y el confesor), por derecho divino (en el juicio de la confesión, establecido por Cristo, el penitente es el reo, acusador y único testigo; lo cual supone implícitamente la obligación estricta de guardar secreto) y por derecho eclesiástico (Código de Derecho Canónico, c. 983).

    ¿Y si revelando una confesión se pudiera evitar un mal?

    El sigilo sacramental es inviolable; por tanto, es un crimen para un confesor el traicionar a un penitente ya sea de palabra o de cualquier otra forma o por cualquier motivo.

    No hay excepciones a esta ley, sin importar quién sea el penitente. Esto se aplica a todos los fieles —obispos, sacerdotes, religiosos y seglares—. El sigilo sacramental es protección de la confianza sagrada entre la persona que confiesa su pecado y Dios, y nada ni nadie puede romperlo.

    ¿Qué puede hacer entonces un sacerdote si alguien le confiesa un crimen?

    Si bien el sacerdote no puede romper el sello de la confesión al revelar lo que se le ha dicho ni usar esta información en forma alguna, sí está en la posición —dentro del confesionario— de ayudar al penitente a enfrentar su propio pecado, llevándolo así a una verdadera contrición y esta contrición debería conducirlo a desear hacer lo correcto.

    ¿Las autoridades judiciales podrían obligar a un sacerdote a revelar un secreto de confesión?

    En el Derecho de la Iglesia la cuestión está clara: el sigilo sacramental es inviolable. El confesor que viola el secreto de confesión incurre en excomunión automática.

    Esta rigurosa protección del sigilo sacramental implica también para el confesor la exención de la obligación de responder en juicio «respecto a todo lo que conoce por razón de su ministerio», y la incapacidad de ser testigo en relación con lo que conoce por confesión sacramental, aunque el penitente le releve del secreto «y le pida que lo manifieste», (cánones 1548 y 1550).

    ¿Aunque contando el secreto el sacerdote pudiera obtener algo bueno para alguien?

    El sigilo sacramental no puede quebrantarse jamás bajo ningún pretexto, cualquiera que sea el daño privado o público que con ello se pudiera evitar o el bien que se pudiera promover.

    Obliga incluso a soportar el martirio antes que quebrantarlo, como fue el caso de San Juan Nepomuceno. Aquí debe tenerse firme lo que afirmaba Santo Tomás: «lo que se sabe bajo confesión es como no sabido, porque no se sabe en cuanto hombre, sino en cuanto Dios», (In IV Sent., 21,3,1).

    ¿Y si otra persona oye o graba la confesión y la revela?

    La Iglesia ha precisado que incurre también en excomunión quien capta mediante cualquier instrumento técnico, o divulga las palabras del confesor o del penitente, ya sea la confesión verdadera o fingida, propia o de un tercero.

    ¿Y en el caso de que el sacerdote no haya dado la absolución?

    El sigilo obliga a guardar secreto absoluto de todo lo dicho en el sacramento de la confesión, aunque no se obtenga la absolución de los pecados o la confesión resulte inválida.

    (Este especial se ha realizado tomando como referencia el Catecismo de la Iglesia Católica y las respuestas que sobre el tema dio Grace MacKinnon, especializada en Doctrina Católica)

    GRACIAS A MI ENEMIGO


    Gracias a mi enemigo



    Doy gracias a mi enemigo,que colabora en la forja de mi alma ,en el viaje de mi destino...El amor impere en los corazones, y olvidemos para criticas las razones,porque hay paz si hay comprensión, porque hay amor si hay perdón,porque hay perdón si hay olvido,ya que el único motivo es la unión,y cada cual hace su función en su experimentación...

    Nos bendiga a todos la luz imperturbable,la armonía inquebrantable,el amor eterno de nuestro padre celestial,que vive y reina por los siglos de los siglos, dentro de cada uno de nosotros,aun a pesar de que aun estemos ciegos y sordos,y no seamos del todo conscientes de ello...

    Si la grandeza esta dentro de nosotros,y he de mostrarla aun amando a mi enemigo,pues te digo un abrazo enemigo mío, y que por fin veas la senda, de tu luz despertándose en tu sino ,ya que hasta entonces estabas andando sin atino,con venda en tus ojos en un corazón sin cariño...,rescata al niño que llevas dentro,encarcelado y sin respiro,hemos venido a este mundo,no a criticar maliciosamente y darnos un piro,sino a comprender que somos amor,y quien ve la paja en ojo ajeno,vea la viga en el suyo primero...nadie hay perfecto ,todos tenemos defectos,no juguemos a ser justicieros,vivamos y dejemos vivir,que es corto el existir humano,como para perder el tiempo,condenando a nuestros hermanos...porque la ignorancia nos ciega,el saber que con la misma vara de medir,seremos un día juzgados ante el ETERNO...,Y deberé decir Padre perdónalo es mi hermano,no sabia lo que hacia,y aun así me ayudó a ser mas fuerte en mi camino...

    MI ORACIÓN A TI

     Mi oración a Ti
    Autor: Rabindranath Tagore

     Dame la fuerza que necesito para mis alegrías y mis preocupaciones.

            Dame la fuerza que haga fructífero mi amor en el servicio.

            Dame la fuerza de no negar nunca a los pobres.

            Dame la fuerza necesaria para no doblar mi rodilla ante poderes extraños.
    Dame la fuerza que necesito para elevarme sobre las trivialidades cotidianas.

    Dame la fuerza que necesita mi fuerza para someterse a tu voluntad.

    Dos mujeres excepcionales

    Autor: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net
    Dos mujeres excepcionales
    ¡Gracias María, porque visitas nuestras almas! ¡Gracias porque nos traes a Jesús, como se lo llevaste a Isabel!
     
    Dos mujeres excepcionales
    La fiesta de La Visitación está llena de encantos, de un idilio, de una ternura inigualables. Dos mujeres encinta que se encuentran, que se saludan, que se llenan de Dios y de alegría. Las dos primas, María e Isabel, convertidas en mamás las dos milagrosamente, se nos llevan también a nosotros todos los cariños.

    Sólo María, después de la Ascensión del Señor en la Iglesia primitiva, pudo ser la fuente de esta información que hoy no sería capaz de presentar el reportero más avispado. Sin grabadoras ni cámaras de televisión, Lucas recogió los datos suministrados anteriormente por María, y en la visitación de María a Isabel nos ofrece una de las escenas más sublimes de toda la Biblia.

    - ¡Isabel! ¡Isabel! ¿Cómo estás, cómo te encuentro?...

    - Pero, María, ¿cómo vienes hasta aquí?...


    María se ha enterado del estado de Isabel por el Angel:

    - Tu pariente Isabel, en su ancianidad, ha concebido un hijo, y ya está en su sexto mes la que siempre ha sido estéril, porque para Dios no hay nada imposible.

    Más de ciento veinte kilómetros separan Nazaret de Ain Karim. Pero María, audaz, valiente, sin complejos ni miedos ¡qué muchachita ésta, y vaya mujer liberada!, emprende el camino desde Galilea hasta la montaña de Judea.

    Isabel, nada más oír el saludo de su jovencita prima y antes de que ésta le comunique nada, se da cuenta de la maternidad de María, por iluminación del Espíritu Santo:

    - ¿Pero, cómo es esto? ¿Llevas en tu seno a mi Señor, y vienes hasta mí? ¡Si noto que hasta el niño que se encierra en mis entrañas está dando saltos de gozo con solo oír tu voz!

    María recibe la primera bienaventuranza del Evangelio:

    - ¡Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá en ti todo lo que te ha dicho el Señor!

    ¡Hay que ver qué encuentro el de estas dos mujeres madres! La Liturgia de la Iglesia nos lo presenta hoy para que veamos lo que nos espera a nosotros en la próxima Navidad, que ya la tocamos con la mano.

    María nos trae al Hijo de Dios, hecho hombre en su seno bendito.

    Jesús se encuentra con nosotros para llenarnos de su Espíritu Santo, como a Isabel, como a Juan.

    El Espíritu Santo nos llena de su alegría y de sus dones, porque donde entra el Espíritu de Dios no hay más que gozo, paz y vida divina y eterna.

    Si nos ponemos a analizar este hecho de la visitación de María a Isabel, no sabemos por dónde empezar ni por donde acabar de tantas cosas como podemos decir, ya que se trata de una escena de riquezas inmensas. Igual nos habla de las dos naturalezas de Jesús, divina y humana, que de la mediación de María. Como nos dice también de la diligencia del apóstol, dispuesto a dar siempre ese Jesús que lleva dentro.

    ¿Quién es el Jesús que María lleva en su seno? Dios, ciertamente. Isabel lo reconoce: - ¿Cómo viene a visitarme la madre de mi Señor?... Y El Señor, para un judío, era solamente Dios.

    ¿Quién es el Jesús, hijo de María? Es hombre perfecto. Nacido de mujer, dirá San Pablo. Un Jesús hombre que tomará el pecho de la mamá como cualquier bebé.

    Un Jesús que jugará y enredará y será educado como cualquier otro niño. Un Jesús que se desarrollará joven bello y de prendas singulares, como nos dice el Evangelio, e irá creciendo en estatura, en conocimientos y en gracia y atractivos ante los hombres lo mismo que ante Dios. Un Jesús que amará como nosotros; que trabajará y se cansará y padecerá hambre y sed; que gozará y sufrirá como sus hermanos los hombres, y que llegará a morir verdaderamente como cualquiera de nosotros.

    ¿Por medio de quién viene a nosotros este Jesús? Es la cosa tan evidente, que no necesita comentarios. Dios ha querido servirse de María, que ha dado su consentimiento consciente, libre y amorosamente al plan de Dios.

    Y María sigue realizando hoy su misión de darnos a Jesús lo mismo que hizo con Isabel y el Bautista o lo veremos pronto con los Magos.

    No va a ninguna parte María sin su Jesús. No se mete María con su amor y devoción en ningún alma sin meter bien dentro de ella al mismo Jesús. Venir a nosotros María o ir nosotros a María y no encontrarse con Jesús resulta un imposible. María, como Madre, es una Medianera natural entre Jesucristo y nosotros. De María aprendemos también una lección importante para nuestra vida cristiana.

    ¿Podemos quedarnos para nosotros ese Jesús que llevamos dentro? ¿No tenemos obligación de darlo a los demás?...

    Por la fe de Abraham empezó la Historia de la Salvación. Por la fe de María –¡Sí, que se cumpla en mí tu palabra!– se realizó definitivamente el plan de salvación trazado y prometido por Dios. María nos enseña a ser creyentes, a aceptar la Palabra, a decir siempre SÍ a Dios.

    ¡María! ¡Gracias por tu fe! ¡Gracias, porque tu generosidad arrancó del seno de Dios a Nuestro Salvador el Señor Jesucristo! ¡Gracias, porque visitas nuestras almas! ¡Gracias porque nos traes a Jesús, como se lo llevaste a Isabel! ¡Gracias, porque con tu Jesús vives también en nuestros corazones!....

    lunes, 30 de mayo de 2011

    PENSAMIENTO DE SAN JOSÉ MARELLO


    SAN JOSÉ MARELLO, 30 DE MAYO

     San José Marello, OSJ
    Mayo 30


    Apóstol de los jóvenes y Fundador de los Oblatos de San José



    Nuestro Padre Fundador nació el 26 de diciembre de 1844 en Turín (Italia). Tuvo una niñez bastante común con una vida arraigada en la fe sencilla, humilde y de mucho servicio al prójimo tal como lo aprendió de sus padres. A los 10 años fue acólito en su Parroquia y a los 12 años, en 1856, el 31 de octubre, pide ingresar al Seminario Menor de Asti con la intención de hacerse sacerdote.

    De joven seminarista, despliega gran sensibilidad ante las necesidades de su entorno social, pastoral y espiritual de su tiempo. Se prepara con el entusiasmo y empeño más atento para lograr ser otro Cristo en el ejercicio de la caridad.
    Se ordena Sacerdote a los 24 años, el 19 de setiembre de 1868 en la Catedral de Asti por la imposición de manos de Mons. Carlos Savio quien lo elige su secretario el 21 de octubre del mismo año.

    Participa, como secretario de su Obispo en el Concilio Vaticano I, desde el 21 de noviembre de 1869 hasta el verano de 1870. Funda la Compañía de San José el 14 de marzo de 1878. El 4 de noviembre de 1884, traslada a sus primeros hijos espirituales de la Obra Michelerio al hospicio de Santa Clara, que se convirtió en la Casa Madre de la Congregación.

    Es nombrado Obispo de Acqui el 23 de noviembre de 1888. Al año siguiente, es consagrado Obispo, el 17 de febrero, en la ciudad de Roma; y tomó posesión canónica de su diócesis el 16 de junio. Desempeñó una labor apostólica inmensa en bien de sus feligreses. Muere santamente el 30 de mayo de 1895, en la ciudad de Savona. Tras su deceso es llamado "Mártir de de los pobres", "perla de Obispo", "Pastor insigne", "Apóstol de los jóvenes". Es canonizado el 30 de mayo de 2001.

    ALGUNOS ASPECTOS DE SU VIDA
    Retorno al Seminario


    En diciembre de 1863 se enfermó gravemente de tifus. Le dijo a su padre: “Papá, yo hubiera querido continuar con los estudios para hacerme sacerdote. Tú no has querido y yo te he obedecido. Pero la Virgen viendo los peligros en los que me encuentro, ha escuchado mi oración y está por liberarme. Si tú consientes que yo siga mi camino, me curaré rápidamente, de otro modo, la Virgen me llamará a sí”.


    Sacerdote, nuestro modelo de vida

    Al inicio de 1864, completamente restablecido, reinició los estudios en el Seminario y el 19 de setiembre de 1868 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Asti. Por su inteligencia y por sus grandes capacidades prácticas, el obispo Monseñor Carlos Savio lo escogió como su secretario. Con él tuvo la oportunidad de conocer el gobierno de la Diócesis, acompañándolo en todas sus visitas a las parroquias de la Diócesis y en todos sus viajes.

    Confesor en el seminario

    En Asti, su preocupación particular era el Seminario, donde daba lecciones de catecismo. Durante dos años, entre 1881 y 1883, recibe el encargo de director espiritual y confesor de los seminaristas. De 1881 a 1889 fue también director espiritual en el Instituto Michelerio. Ya nombrado canónigo en 1881 frecuentó asiduamente la catedral para el oficio litúrgico del coro y para las confesiones.

    Concilio Vaticano I

    A fines de noviembre de 1869, Monseñor Carlos Savio fue a Roma para participar en el Concilio Vaticano I y llevó consigo a su secretario. Se alojó en el palacio del Quirinale, por entonces residencia de los papas, y conoció al cardenal Gioacchino Pecci, futuro Papa León XIII. Monseñor Savio y el Padre Marello tuvieron un encuentro con el Papa Pío IX en audiencia privada la noche de navidad del mismo año.

    Fundador

    El 14 de marzo de 1878 nació la Congregación en los locales del Instituto Michelerio donde el Padre José Marello había intentado construir la primera Compañía de San José. Los primeros cuatro jóvenes iniciaron la vida común. La espiritualidad de la nueva institución se inspira en San José, en su amor a Jesús, en el ocultamiento y en la laboriosidad: «Cartujos en casa y apóstoles fuera de casa».


    La Congregación

    La nueva familia religiosa se desarrolló, humilde y desapercibida, primero en un orfanatorio y luego en un hospicio. Su labor apostólica fue la actividad pastoral en las parroquias, en las escuelas, colegios y orfanatos, en la enseñanza de la religión, en el servicioProcesion en Lima
    a los párrocos, en el cuidado de la juventud, en la dedicación a los más humildes.

    Obispo

    Su nombramiento como obispo llegó improvisadamente el 23 de noviembre de 1888. Tenía apenas 44 años. El ingreso a su Diócesis tuvo lugar el 16 de junio de 1889. Su servicio episcopal en Acqui duró seis años, la muerte llegó también repentinamente el 30 de mayo de 1895, en Savona. Durante su gobierno pastoral visitó todas las parroquias. El contacto directo con la población era para él su primer deber. Por donde pasara suscitaba sentimientos de entusiasmo y de fe. En todos lados se repetía: “¡Es un santo!”.

    LA GLORIA

    Las virtudes heroicas
    «Mons. Marello aparece como un pastor celoso, un modelo de virtudes practicadas con heroicidad, en la simplicidad y humildad de todos los días. Amaba la vida desapercibida, aunque no podía evitar ser admirado por su carácter dulce. Hombre de grandes virtudes y de un gran amor a Dios, estaba abierto a todas las iniciativas de caridad» (juicio de los consultores de la Congregación para la Causa de los Santos).

    Beatificación

    Manteniéndose después de su muerte la fama de su santidad, testimoniada con numerosas gracias obtenidas, se iniciaron los procesos informativos. El 28 de mayo de 1948 se introdujo la Causa de Beatificación y el 12 de junio de 1978, en presencia del Papa Pablo VI, se leyó el decreto sobre la heroicidad de sus virtudes. Juan Pablo II lo proclamó Beato en Asti Capilla de Ranquish
    el 26 de septiembre de 1993, presentándolo a los Pastores del Pueblo de Dios, a sus Oblatos y a los fieles, como ejemplo y modelo de caridad hacia todos, y de incansable y silenciosa labor en favor de los jóvenes y de los marginados.

    Canonización
    Ocho años más tarde, con un decreto solemne del 18 de diciembre del 2000, el Santo Padre Juan Pablo II declaró que "ha sido probado el milagro obrado por Dios por la intercesión del Beato José Marello, Obispo de Acqui, Fundador de la Congregación de los Oblatos de San José: es decir, la curación improvisa, completa y duradera de los niños Alfredo e Isila Chávez León, sanados ambos simultáneamente de broncopulmonía con fiebre alta, disnea y cianosis en pacientes con desnutrición crónica". Por tanto, el 25 de noviembre de 2001, al día siguiente del Sínodo de los Obispos, fue canonizado por el Papa Juan Pablp II quien recordó que el lema de vida del nuevo santo era « Proteger los intereses de Jesús ».

    Gracia...

     Gracia
      Autor: SS. Juan Pablo II

    La Iglesia sabe y enseña que todo "el influjo salvífico de la Santísima Virgen" sobre los hombres dimana del divino beneplácito y de la "superabundacia de los méritos de Cristo"; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta. Este saludable influjo está mantenido por el Espíritu Santo, quien, igual que cubrió con su sombra a la Virgen María comenzando en ella la maternidad divina, mantiene así continuamente su solicitud hacia los hermanos de su Hijo.

    María con razón es honrada con especial culto por la Iglesia; ya desde los tiempos más antiguos es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas. Este culto es del todo particular: contiene en sí y expresa aquel profundo vínculo existente entre la Madre de Cristo y la Iglesia. Como virgen y madre, María es para la Iglesia un modelo perenne. El Misterio de la Iglesia consiste también en el hecho de engendrar a los hombres a una vida nueva e inmortal: es su maternidad en el Espíritu Santo. Y aquí María no sólo es modelo y figura de la Iglesia, sino mucho más: con materno amor coopera a la generación y educación de los hijos e hijas de la madre Iglesia.Esta maternidad suya ha sido comprendida y vivida particularmente por el pueblo cristiano en el sagrado Banquete, en el cual Cristo, su verdadero cuerpo nacido de María Virgen, se hace presente. Con razón la piedad del pueblo cristiano ha visto siempre un profundo vínculo entre la devoción a la Santísima Virgen y el culto a la Eucaristía. María guía a los fieles a la Eucaristía.De la encíclica Redemptoris Mater

    EL ESPÍRITU SANTO



    EL ESPÍRTU SANTO

    “Ven Espíritu Creador, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego…”. (De un himno al Espíritu Santo).

    Es el Espíritu Santo quien cuida para que nuestra “fe no tropiece” y, al mismo tiempo, es el “consuelo” en nuestras caídas y dificultades. No nos tiene que resultar extraña una relación personal con el Espíritu Santo, pues es la tercera persona de Santísima Trinidad. Es Él quien nos lleva a dar un verdadero testimonio de nuestra fe, pues Él nos muestra a Cristo (“Él dará testimonio de mí”) y nos lleva a testimoniarlo a todos los que están a nuestro alrededor (“y ustedes también darán testimonio”).

    Si, el reír rejuvenece... ¡Y qué poco reímos!

    Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net
    Si, el reír rejuvenece... ¡Y qué poco reímos!
    ¡Qué afortunados quienes tienen un ser amado en cuyo rostro aparece con frecuencia el fulgor maravilloso de la sonrisa!
     
    Si, el reír rejuvenece... ¡Y qué poco reímos!


    ¿La risa, la sonrisa? algo que muchos considerarán intrascendente, pero sin embargo es de gran importancia y valor.

    Valioso e importante para nuestro caminar por la vida, para nuestro trato con los demás, para nuestro beneficio y hasta para nuestra salud.

    La risa y la sonrisa. Según una terapeuta que realizó estudios en los Estados Unidos relativos a los beneficios de la risa para la mente y el cuerpo humano, así como las terapias adicionales a la misma, tales como la respiración consciente, la expresión corporal, el canto y la conversación eran factores importantísimos, aparte de un signo externo de alegría, para prevenir las enfermedades cardiovasculares, calmar los dolores físicos, regular el sistema nervioso y aliviar el stres.

    No sabemos que es lo que pensarán los médicos al respecto pero lo que si sabemos todos es que reír es algo que nos deja el alma aligerada, que es una sensación extraordinaria de bienestar y gozo que como algo mágico nos transporta un poco a nuestros tiempos infantiles y por eso el reír rejuvenece. Si, el reír rejuvenece... ¡Y qué poco reímos!

    Al sentirnos adultos nos revestimos de una gran austeridad y de una propiedad tan seria y formal que vamos olvidando poco a poco lo que es el reír y podemos decir que pasan días y días sin que la risa vigorice nuestra personalidad y alegre nuestra existencia y la de los demás. Ceño fruncido, mirada torva y reconcentrada, gesto adusto, labios apretados... eso hace daño al corazón y al espíritu.

    La Madre Teresa de Calcuta solía decir: "Familia que reza unida, permanece unida" y estamos de completo acuerdo pero también nos atrevemos a decir que : "Familia que ríe unida, permanece unida"

    Y reírnos un poco de nosotros mismos es el mejor antídoto para sobrellevar con buen ánimo todos nuestros errores y fallas que como seres humanos tenemos.

    Es cierto que no siempre hay motivos para reír, pero de lo que no podemos prescindir es de la sonrisa. La sonrisa no es carcajada, es algo más sutil, es como dice de ella Martín Descalzo: "Si yo tuviera que pedirle a Dios un DON, le pediría que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de la expresión humana. Debe ser, por ello, muy fácil enamorarse de personas que poseen una buena sonrisa. Y ¡qué afortunados quienes tienen un ser amado en cuyo rostro aparece con frecuencia ese fulgor maravilloso!".

    Cuando alguien nos sonríe nos está mandando un mensaje de paz, de equilibrio interior, de dulzura y de amor. Quién sabe amar sonríe fácilmente Las personas amargadas, egoístas, envidiosas, no saben sonreír y mucho menos si son orgullosas.

    Reír es bueno para la salud porque la alegría es cosa sana y provechosa. Sonreír es ir derramando un haz luminoso de calor y ternura para los demás, es como un destello del mismo Dios que brota como agua fresca para las almas sedientas que se nos acercan.


    Que nuestra sonrisa no sea un gesto forzado, sino algo espontáneo y natural que dará a nuestra personalidad un relieve maravillosamente profundo y humano.

    PADRE, ME PONGO EN TUS MANOS


     Padre, me pongo en tus manos
    Autor: José Luis Martín Descalzo.


    Cuando Él dijo "Padre"..., el mundo se preguntó por qué aquel día amanecía dos veces... La palabra estalló en el aire como una bengala..., y todos los árboles quisieron ser frutales y los pájaros decidieron enamorarse antes de que llegara la noche...

    Hacía siglos que el mundo no había estado tan de fiesta: los lirios empezaron a parecerse a las trompetas y aquella palabra comenzó a circular de mano en mano, bella como una muchacha enamorada...

    Los hombres husmeaban un universo recién descubierto y a todos les parecía imposible pero pensaban que, aun como sueño, era ya suficientemente hermoso...

    Hasta entonces los hombres se habían inventado dioses tan aburridos como ellos..., serios y solemnes faraones..., atrapamoscas con sus tridentes de opereta...; dioses que enarbolan el relámpago cuando los hombres encendían una cerilla en sábado..., o que reñían como colegiales por un quítame allá ese incienso...; dioses egoístas que imponían mandamientos de amar sin molestarse en cumplirlos... Vanidosos como cantantes de ópera..., pavos reales de su propia gloria a quienes había que engatusar con becerros bien cebados...

    Y he aquí que, de pronto, el fabricante de tormentas bajaba (¿bajaba?) a ser Padre..., se unía al carro del amor..., y se sentaba sobre la pradera a comer con nosotros el pan... Era un nuevo Dios bastante poco excelentísimo..., que no desentonaba en las tabernas..., y ante quien sólo era necesario descalzar el alma...

    Aquel día los hombres empezaron a ser felices porque dejaron de buscar la felicidad como quien excava una mina... No eran felices porque fueran felices..., sino porque amaban y eran amados..., porque su corazón tenía una casa..., y su Dios, las manos calientes...

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