jueves, 23 de marzo de 2017

LA SINCERIDAD DEL SABIO


La sinceridad del sabio



Vivir con sinceridad es decidirte a hablar con la verdad en la mano aunque a veces te cueste; a no valerte de una mentira para salir de una dificultad o librarte de una responsabilidad; a no mentir para que los demás piensen algo bueno de ti; a reconocer con honestidad cuando te has equivocado sin tratar de justificarte. He aquí un camino exigente de grandeza moral.

Una antigua leyenda china cuenta que un emperador tenía entre sus consejeros a un sabio, por quien sentía una gran estima. Vivía en el palacio a expensas del soberano. Por lo demás era un hombre muy humilde y, cuando le presentaban un tema que ignoraba, aclaraba con sencillez que no sabía nada sobre el asunto. Una vez un cortesano a quien le desagradaba esa sinceridad, le preguntó severamente: —Pero, ¿acaso no te paga el emperador por lo que sabes? Es verdad, —respondió el sabio con serenidad— porque si me pagara por lo que no sé… ¡Ni las riquezas del imperio, ni las del mundo entero bastarían!

Ser una persona que ama la verdad, aun cuando ésta te perjudique, te reviste de gran honor. Y el honor es mejor que los honores. Urge educar al niño a descubrir la alegría que da hablar y actuar con la verdad, comprendiendo que no debe avergonzarse de dar testimonio sincero de ella. Ojalá  padres y maestros asuman esta tarea básica.

* Enviado por el P. Natalio

QUIÉN ES CATÓLICO?


¿Quién es católico?
Para que una persona se pueda llamar católica, es necesario que cumpla todas estas condiciones, ya que son características esenciales del católico


Por: Los Tres Mosqueteros | Fuente: Religión en Libertad 




Mucha gente a la que se le pregunta quién es católico responde que católico es el que cree en Cristo; el que va a la Iglesia; el que hace caridades; el que es buena persona; el que cree en el Papa, en los curas… y otra mucha gente no sabe qué decir. En este caso último caso está el teólogo católico (al menos de nombre) que decía en su libro: "Si me preguntan si creo en Cristo, no sabría qué responder. Ni siquiera sé si es de las preguntas que tienen contestación". Me pregunto qué hubiera respondido este teólogo a Cristo caso de haber vivido en Palestina en tiempos del Señor. Porque, Jesús, cuando formulaba preguntas (cosa que hacía con frecuencia) exigía respuestas rotundas y sinceras, como es obvio.

Volviendo al tema. Supuesto el bautismo, es católico:

1.- El que cree el Credo y todos los Dogmas.

2.- El que cree que la Biblia es Palabra revelada por Dios, y según la enseñanza de la Iglesia, no como a cada uno se le antoje.

3.- El que admite al Papa (unido al Colegio Episcopal) como jefe infalible de la Iglesia. (En esto hay que saber que el Colegio Episcopal sin el Papa no es infalible).
Para que una persona se pueda llamar católica, es necesario que cumpla todas estas condiciones, ya que son características esenciales del católico, de tal manera que si le falta alguna dejará de serlo. (No vale decir "Yo creo el Credo" y a continuación decir "Yo no creo en el infierno, en la Iglesia…").

Recuerdo a un buen católico que al escuchar esto exclamó: "¡Pues con este filtro vamos a quedar muy pocos!". A lo que yo pensé: "Pues entonces hay mucho que hacer…".

ESCUCHEN MI VOZ


"Escuchen mi voz"
Ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




Jesucristo nuestro Señor no quiere dejarnos solos. Quiere ser Él el que nos acompañe, quiere ser Él el que camina junto a nosotros: "Escuchen mi voz y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré para que les vaya bien". Éstas son las palabras con las que nuestro Señor exhorta al pueblo, a través del profeta, a escuchar y a seguir el camino de Dios

Cristo, en el Evangelio, nos narra la parábola del hombre fuerte que tiene sus tesoros custodiados, hasta que llega alguien más fuerte que él y lo vence. Quién sabe si nuestra alma es así: como un hombre fuerte bien armado, dispuesto a defenderse, dispuesto a no permitir que nadie toque ciertos tesoros. Sin embargo, Dios nuestro Señor —más fuerte sin duda—, quizá logre entrar en el castillo y logre arrebatarnos aquello que nosotros le tenemos todavía prohibido, le tenemos todavía vedado. Cristo es más fuerte que nosotros. Y no es más fuerte porque nos violente, sino que es más fuerte porque nos ama más.

Es el amor de Jesucristo el que llega a nuestra alma y el que viene a arrebatar en nuestro interior. Es al amor de Jesucristo el que no se conforma con un compromiso mediocre, con una vida cristiana tibia, con una vida espiritual vacía. Y Cristo quiere todo, según nuestro estado de vida: quiere todo en nuestra vida conyugal, quiere todo en nuestra vida familiar, quiere todo en nuestra vida social.
“Escuchen mi voz". Estas palabras tienen que resonar constantemente en nosotros a lo largo del tiempo cuaresmal. Si Dios nuestro Señor ha inquietado nuestra alma, si Dios nuestro Señor no ha dejado tranquilo nuestro corazón, si nos ha buscado, si nos ha asediado, si nos ha tomado, si nos ha conquistado, no es ahora para dejarnos solitarios por la vida, sino porque el primero que se compromete a llevar adelante nuestra vocación cristiana es Él, y va a estar con nosotros. La pregunta que nosotros tenemos que hacernos es: ¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo o estamos dispuestos a abandonarlo?

Al final de la lectura del profeta Jeremías, aparece una frase muy triste: "De este pueblo dirá: Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, ni aceptó la corrección; ya no existe fidelidad en Israel; ha desaparecido de su misma boca".

Está en nuestras manos dar fruto. Está en nuestras manos perseverar. Está en nuestras manos el continuar adelante con nuestro compromiso de cristianos en la sociedad. De nosotros depende y a nosotros nos toca que Jesucristo pueda seguir caminando con nosotros, yendo a nuestro lado. El Señor vuelve a buscarnos hoy, el Señor vuelve a estar con nosotros, ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿Cuál va a ser nuestro comportamiento si nuestro Señor viene a nuestro corazón?

Jesús, al final del Evangelio, nos lanza un reto: "El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama". Un reto que es una responsabilidad: o estamos con Él y recogemos con Él; o estamos contra Él, desparramando. No nos deja alternativas. O tomamos nuestra vida y la ponemos junto con Él, la recogemos con Él, la hacemos fructificar, la hacemos vivir, la hacemos llenarse, la hacemos ser testigos cristianos de los hombres, o simplemente nos vamos a desparramar.

¿Quién de nosotros aceptaría ver su vida desparramada? ¿Quién de nosotros toleraría que su existencia simplemente corriese? ¿No nos interesa tenerla verdaderamente rica, no nos interesa tenerla verdaderamente comprometida junto a Jesucristo nuestro Señor? Esto no se puede quedar en palabras, tenemos necesidad de llevarlo a los demás. Esto es obra de todos los días, es un compromiso cotidiano que está en nuestras manos.

Vamos a pedirle a Jesucristo que nos guíe para comprometernos con nuestra fe, para comprometernos con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La Iglesia que se nos ha entregado, viniendo desde muchas generaciones. La Iglesia de los mártires, la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los confesores. La Iglesia que ha llegado a nosotros a través de dos mil años por medio de la sangre de muchos que creyeron en lo mismo que creemos nosotros. La Iglesia que es para nosotros el camino de santificación, y que es la Iglesia que nosotros tenemos que transmitir a las siguientes generaciones con la misma fidelidad, con la misma ilusión, con el mismo vigor con que a nosotros llegó.

Pidámosle al Señor que la podamos transmitir íntegra a las generaciones que vienen detrás y la podamos extender a las generaciones que conviven con nosotros y que todavía no conocen a Cristo.

Este compromiso no es un compromiso hacia dentro, sino que es un compromiso hacia afuera. Un compromiso que nace de un corazón decidido, pero que tiene que transformarse en acción eficaz, en evangelización para el bien de los hombres.

Vamos a pedirle a Jesucristo que nos conceda la gracia de recoger con Él, la gracia de estar siempre a favor de Él, de escuchar su voz y de caminar por el camino que Él nos muestra, para ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación, una respuesta a los interrogantes que hay en tantos corazones, y que sólo nuestro Señor Jesucristo puede llegar a responder.

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA, 23 DE MARZO 2017


Los cinco minutos de María
Marzo 23



María fue buscando a Jesús durante tres días y lo encontró en el Templo con los doctores de la Ley. Como lo hubiera hecho cualquier madre, le reprobó a Nuestro Señor que se hubiera quedado conversando sin avisarle, sin pedir autorización.

María no comprendió la conducta de Jesús. Como nosotros tantas veces no alcanzamos a comprender los planes de Dios. En esas situaciones que no podemos comprender deberá aflorar nuestra fe, porque la fe no es tanto comprensión cuanto aceptación de lo que no se comprende.

Son muchas las cosas que ignoramos y que Dios nos dará a conocer cuando nos lleva a su cielo. Mientras llega ese momento, es preciso vivir la oscuridad de la fe con amor y en el amor.
Madre, libéranos de una caridad sin justicia, de una justicia sin verdad, de una lucha sin perdón.


* P. Alfonso Milagro

PAPA FRANCISCO: EL CATÓLICO QUE OLVIDA LA PALABRA DE DIOS SE VUELVE UN CATÓLICO ATEO


El católico que olvida la Palabra de Dios se vuelve un católico ateo, advierte el Papa
Por Miguel Pérez Pichel
 Foto: L'Osservatore Romano




VATICANO, 23 Mar. 17 / 06:03 am (ACI).- En la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta el jueves, el Papa Francisco advirtió del peligro que corren los católicos que dan la espalda a la Palabra de Dios. “Pueden perder el sentido de la fidelidad y convertirse en católicos paganos, en católicos ateos”.

“Cuando no nos paramos a escuchar la voz del Señor terminamos por alejarnos, nos alejamos de Él, le damos la espalda. Y si no escuchamos la voz del Señor, escuchamos otras voces”. “Nos volvemos sordos, sordos a la Palabra de Dios”, explicó.


Por ello, el Santo Padre invitó a “detenemos un poco y mirar hacia nuestro corazón. Veremos cuántas veces tenemos cerrados los oídos y cuántas veces nos volvemos sordos”.

El Pontífice subrayó la importancia de identificar ese problema en el alma de cada uno, para evitar terminar dando la espalda a Dios y caer en la idolatría. “Cuando un pueblo, una comunidad, también una comunidad cristiana, una parroquia, una diócesis, cierra los oídos y se vuelve sorda a la Palabra del Señor, busca otras voces, otros señores y va a terminar con los ídolos, los ídolos del mundo, de la mundanidad, que la sociedad ofrece. Se aleja del Dios vivo”.

En definitiva, “el corazón se vuelve más duro, más cerrado en sí mismo. Duro e incapaz de recibir nada”.

“Estas dos cosas, no escuchar la Palabra de Dios y tener el corazón endurecido y cerrado en sí mismo, nos hacen cerrarnos a la fidelidad. Se pierde el sentido de la fidelidad”.

Como consecuencia, “nos convertimos en católicos infieles, en católicos paganos o, todavía peor, en católicos ateos, porque no tenemos como referencia de amor al Dios viviente. No escuchar y dar la espalda a Dios nos lleva por el camino de la infidelidad”.

“Esa infidelidad, ¿cómo se llena? Se llena de una forma de confusión, no se sabe dónde está Dios o dónde no está, se confunde a Dios con el diablo”. Puso como ejemplo de ello el pasaje del Evangelio en el que “a Jesús, que hace milagros, que hace tantas cosas por la salvación de las personas, le dicen: ‘Y esto lo hace porque es un hijo del diablo. Lo hace por el poder de Belzebú”.

“Esa es la blasfemia –continuó Francisco–. La blasfemia es la palabra final de ese proceso que comienza con no escuchar, que endurece el corazón, que lleva a la confusión, que te hace olvidar la fidelidad y, finalmente, lleva a la blasfemia”.

Por ello, el Papa invitó a coger una Biblia y preguntarse: “¿Me está hablando a mí? ¿Mi corazón se ha endurecido? ¿Me he alejado del Señor? ¿He perdido la fidelidad al Señor y vivo con los ídolos que me ofrece la mundanidad de cada día?”.

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 23 DE MARZO DEL 2017


Dios del amor y la misericordia
San Lucas 11,14-23. III Jueves de Cuaresma.



Por: H. Cristian Gutiérrez, L.C. | Fuente: missionkits.org 





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor Jesús, por esta nueva ocasión para estar a solas contigo. Gracias por la vida, la salud, el alimento, el vestido. Gracias por el afecto y los dones que no dejo de recibir de Ti y de los demás. Gracias por el don de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ayúdame a serte fiel siempre y concédeme la gracia de jamás abandonarte. Inflama mi corazón de celo por la extensión de tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Lucas 11,14-23
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”.
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.”
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En este Evangelio puedo descubrir en Ti una actitud característica tuya. Te muestras como un Dios paciente que sabe comprender y esperar, explicar y corregir. Era bastante difícil entender cómo era que el pueblo se resistía a creer en Ti, a pesar de ver las obras portentosas que hacías. ¡Expulsaste un demonio y recuperaste el habla a un mudo! Esto no era que se viera todos los días en Israel. Pero ellos no te reconocían.
Tu actitud ante esta negativa no fue la del desánimo, la de la frustración. Tampoco la del enojo y la venganza. Eres un Dios que, con calma, respeta los tiempos de cada uno, respeta la libertad y espera. Espera una respuesta libre, consciente y llena de amor. Tú esperas mi respuesta. ¿Cuál es mi respuesta a tu invitación de amor? No eres el dios que anda detrás amenazándome para que lo escoja, no eres el dios falso que se impone a mi inteligencia y voluntad para que le siga. Eres el Dios de la invitación, de la misericordia, de la paciencia. Pero sobre todo, eres el Dios del amor.
Puede ser que estés obrando cosas grandes en el mundo de hoy y las perciba, pero no crea, no acepte, y no te reconozca. No por ello me aniquilas, me castigas, me envías reprimendas. Eres misericordia. Tu misericordia implica comprensión, paciencia, ternura. Misericordia que implica decir la verdad, corregir al que está equivocado y mostrar el camino. Eso es lo que Tú haces en este pasaje.
Dame la gracia. Señor de crecer en la fe. Aumenta mi fe, para que sepa reconocer tu acción en mi vida. Para que pueda creer en Ti con más fuerza y te reconozca como mi Dios y mi Señor.
Jesús dice "quien no está conmigo está contra mí". Pero, ¿no habrá un camino en medio, un poco de aquí un poco de allá? No. O tú estás en el camino del amor, o en el de la hipocresía. O tú te dejas amar por la misericordia de Dios, o haces lo que quieres, según tu corazón, que se endurece más, cada vez, en este camino. O eres santo o vas por el otro camino. Quien no recoge conmigo, deja las cosas… No, es peor: dispersa, arruina. Es un corruptor. Es un corrupto que corrompe.

(Homilía de S.S. Francisco, 12 de marzo de 2015, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Agradeceré a Dios el don de mi fe católica rezando un Credo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

FELIZ JUEVES!!

miércoles, 22 de marzo de 2017

EL TERRENO BALDÍO


El terreno baldío



Aprecia la virtud de la laboriosidad. Laboriosa es la persona que ama el trabajo y trata de hacerlo bien. La laboriosidad lleva consigo la decisión de aprovechar el tiempo, de concentrarte en el trabajo y de no abandonar actividades a medio hacer. Haz hoy tu trabajo con entusiasmo, de buena gana, con empeño, y así crecerás en esta bella virtud con traje de faena. 

Mi hermano era muy haragán. Mi padre, que había tratado inútilmente de corregirlo, le ordenó un día que fuera a un terreno baldío cercano a nuestra casa y tomara nota de lo que hubiera allí. Si no lo hacía, perdería el almuerzo de ese día. Al regreso, mi hermano había anotado: "Clavos, papeles, latas, tapones, vidrios, alambres, botones, botellas, etc..." —¿Sirven para algo esas cosas? —le preguntó mi padre. —No, –respondió mi hermano–  son cosas inútiles, sucias y rotas. —¿Y en los otros terrenos del barrio, qué hay? —Casas y jardines. —¿Por qué se han acumulado en ese terreno tantas cosas inútiles? –insistió mi padre. —Porque está vacío – explicó mi hermano. A lo cual agregó en el acto mi padre: —Porque no se aprovecha para nada, se ha convertido en un depósito de basura.

La vida de ese joven era igual a ese terreno. No la aprovechaba para nada y se estaba llenando de cosas inservibles. Una vida ociosa, como un terreno baldío, recoge todo lo malo. En el hombre trabajador no hay lugar para los vicios y las tonterías. Ese joven desde entonces fue laborioso y aprovechó bien el tiempo. Ojalá que esta lección aproveche a muchos.


* Enviado por el P. Natalio

PAPA FRANCISCO: CRISTO ES EL HERMANO FUERTE QUE SE PREOCUPA POR NOSOTROS


Papa Francisco: Cristo es el hermano fuerte que se preocupa por nosotros
Por Miguel Pérez Pichel
 Foto: Lucía Ballester





VATICANO, 22 Mar. 17 / 05:25 am (ACI).- El Papa Francisco afirmó que los fuertes deben proteger a los débiles siguiendo el ejemplo de Cristo, que es “el hermano fuerte que se preocupa por cada uno de nosotros”.

En la catequesis de la Audiencia General del miércoles, el Santo Padre continuó desgranando las cartas de San Pablo en las cuales el Apóstol explica en qué consiste la esperanza cristiana.

Francisco reflexionó sobre las palabras del Apóstol cuando dice que “nosotros, que somos fuertes, tenemos el deber de llevar la enfermedad de los débiles, sin preocuparnos por nosotros mismos”.

“Esta expresión, ‘nosotros que somos fuertes’ –explicó el Pontífice–, puede parecer presuntuosa, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así. Es justo lo contrario, porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor”.

“Quien experimenta en la propia vida el amor fiel de Dios y su consuelo, está más bien obligado a permanecer cerca de los hermanos más débiles y a hacerse cargo de su fragilidad. Y debe hacerlo sin satisfacción de sí mismo, más bien sintiéndose simplemente como un canal que transmite el don del Señor; y así se convierte en un sembrador de esperanza”.

Francisco señaló que “si permanecemos cercanos al Señor tendremos la necesaria fortaleza para permanecer cercanos a los más débiles, a los más necesitados, y consolarles y darles fuerza. Y con esa fuerza, Dios nos pide ser sembradores de esperanza”.

Sin embargo, el Obispo de Roma negó que San Pablo esté hablando de “cristianos de primera” y “cristianos de segunda”.

“El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la que algunos sean de ‘serie A’, esto es, los fuertes, y otros de ‘serie B’, es decir, los débiles”. De hecho, Francisco recordó que, “también el ‘fuerte’ se encontrará, antes o después, en una situación de fragilidad, y necesitará el consuelo de los otros; y viceversa, en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano tendida al hermano en dificultad”.

“Todo esto es posible si se pone en el centro a Cristo y su Palabra. Porque Él es el fuerte, Él es el que te da la fortaleza, la paciencia, la esperanza, el consuelo. Él es el hermano fuerte que se preocupa por cada uno de nosotros”.

“Perseverancia” y “consuelo” son los dos puntos centrales del fragmento de la Carta de San Pablo a los Romanos. “¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? ¿Y en qué modo alumbran la realidad de la esperanza?”, se preguntó.

“Podemos definir la perseverancia como la paciencia: es la capacidad de soportar, de permanecer fieles, incluso cuando el peso que debemos soportar parece demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos”.

“El consuelo, por otro lado, es la gracia de saber tomar y mostrar en cada situación, incluso en aquellas más marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios”.

En este sentido, “San Pablo nos recuerda que la perseverancia y el consuelo se nos transmiten de forma especial en la Escritura, en la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a querer la mirada de Jesús, a conocer mejor a Jesús y a recibirle, a parecernos siempre más a Él”.

“En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad ‘el Dios de la perseverancia y del consuelo’, que permanece siempre fiel a su amor por nosotros y que se preocupa por nosotros, recubriendo nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia”.

“Dios no se cansa de amarnos. Es perseverante. Siempre nos ama. Nos consuela. No se cansa de consolarlos”, concluyó.

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA, 22 DE MARZO



Los cinco minutos de María
Marzo 22



Madre mía, gracias por la fe de que gozamos, por la luz de la esperanza que en la vida nos alienta, por saber que tú eres buena, que eres tierna, que eres Madre, que nos amas y proteges y nos das consolación.

Madre mía, gracias porque has puesto en nuestra alma el amor a Dios y al hombre, el amor a los que me aman, el amor a los que me odian, pues comprendo que en mi vida todo cobra su sentido por la fuerza del amor.

Madre, apártanos de un cristianismo sin Cristo, de un humanismo sin Dios, de un Dios sin el hombre.


* P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 22 DE MARZO DEL 2017

Por un ideal grande
San Mateo 5,17-19. III Miércoles de Cuaresma.



Por: H. Balam Loza, L.C. | Fuente: missionkits.org 





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
"Nada tan suave para ser cantado, nada tan grato para ser oído, nada tan dulce para ser pensado como Jesús, el Hijo del Altísimo. Tú que eres esperanza del que sufre, Tú que eres tierno con el que te ruega, Tú que eres bueno con el que te busca: ¿Qué no serás con el que al fin te encuentra? (…)" (San Bernardo) Me acerco a tu presencia y contemplo el gran misterio, Señor. Gracias por permitirme estar estos minutos contigo. Llena mi corazón con tu amor, pues sólo Tú eres capaz de llenarlo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Mateo 5,17-19
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Quién es la plenitud de la ley? ¿Qué es lo que le da sentido a nuestro cumplimiento de los mandamientos? Jesús mismo es quien da el sentido a nuestras vidas. Él es que da sentido a nuestro cumplimiento. Podemos acostumbrarnos a escuchar frases como "Jesús derramó su sangre, Él lo dio todo por amor…", pero si por un momento lo tomásemos en serio, creo que tocaría profundamente nuestras vidas. Pensemos, por ejemplo, en alguna persona que haya marcado profundamente nuestras vidas. Si nos pidiese algo, lo que fuese, aunque fuera lo más difícil, creo que nos esforzaríamos por hacerlo del mejor modo posible.
Y he ahí el ideal. Cristo da la vida por cada persona. Da la vida por cada uno de nosotros y nos mira y nos dice: "Al menos tú". Cristo es el que da la plenitud a la ley porque pone el amor, porque pone el sentido. No tenemos un Dios distante que nos hace cargar con grandes cargas y mandamientos difíciles. Es un Dios que va a nuestro lado, que toma nuestro yugo, que cruza la puerta estrecha con nosotros, en fin, que nos hace la carga ligera. Es un Dios que nos hace ver que vale la pena amar aunque duela, pues Él mismo dio su vida por cada uno de nosotros.
Pensemos en lo que tiene que pasar una madre de familia. Las desveladas, los días de trabajo intenso, las idas y venidas… y todo por uno de sus hijos. Si le faltase el amor creo que no aguantaría mucho, pero el amor hace a las madres ir hasta el extremo del amor. Y es verdad que la vida del cristiano no es fácil, es verdad que hay que entrar por la puerta estrecha, es verdad que hay que negarnos a nosotros, que hay que tomar la cruz… en fin, todo eso es verdad. Pero también es verdad que el amor todo lo puede. Y es verdad que al final del camino no nos arrepentiremos.
Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a plenitud, declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión; declarando que Dios no se complace en la observancia del Sábado que desprecia al hombre y lo condena; o cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés.

(Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, Jesús, no me voy a quejar por nada ni de nadie. Si me viene cualquier pensamiento negativo haré una pequeña oración y daré una sencilla sonrisa.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

FELIZ MIÉRCOLES

martes, 21 de marzo de 2017

DAME DE BEBER


Dame de beber



Nos encontramos viviendo la Cuaresma. Preparando nuestro corazón para que pueda irradiar la luz de Cristo Resucitado en la Pascua. Esa luz que recibimos el día del Bautismo y que en la Confirmación  prometimos no ocultarla jamás.

Uno de los signos de la Cuaresma es el desierto. Ese lugar inhóspito, deshabitado, silencioso, sin plantas, caracterizado por la falta de agua. Es el lugar de la soledad, del sufrimiento, del cansancio, de la oración…Dios habla en el silencio. Dios habita en la profundidad del corazón. Dios le habla a cada uno de manera tal que lo pueda comprender. Como un padre o una madre les hablan a sus hijos pequeños.

“Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en cualquier parte”. “Dame de beber”. “Tengo sed de esta agua”. Estas son palabras del Principito al aviador, cuando luego de una larga caminata a través del desierto, encuentran un pozo de agua. Y es a causa de este pedido que el aviador comprende qué era lo que el Principito deseaba. “Esa agua era más que un simple alimento. Había nacido de la caminata bajo las estrellas, del canto de la polea, del esfuerzo de sus brazos. Era buena para el corazón”. Al libro de Saint Exupéry siempre se le puede encontrar algo nuevo, por más que se haya leído y releído muchas veces.

Es duro soportar la sed. Sentir la necesidad de beber y no poder hacerlo por falta de agua. Jesús sintió sed más de una vez. Tenía las necesidades humanas porque es hombre. Es hombre y es Dios. San Juan nos habla en el Evangelio de la sed de Jesús, cuando un mediodía, cansado luego de una larga caminata rumbo a Galilea,  se sentó junto al pozo de Jacob, en Samaría, (Juan 4,5-26) a esperar a una mujer samaritana. Porque, sin duda,  no es casualidad el encuentro del Señor con esa mujer sino obra de la Providencia Divina. Ella va a buscar agua a ese pozo profundo y Jesús le dice: “Dame de beber”. La samaritana reacciona extrañada. No entiende cómo un judío habla con una mujer, samaritana para colmo, ya que la enemistad entre ambos pueblos existía desde mucho tiempo atrás. ¿Quién este hombre que le pide agua con humildad y que, paradójicamente, le asegura que él posee un agua viva capaz de apagar la sed para siempre? Y compara esa agua viva con un manantial interior que mana hasta la vida eterna. ¡Jesús es esa agua viva!

La mujer confunde las palabras del Señor y ve en ellas la posibilidad de no tener que volver al pozo a buscar agua. ¡Qué alivio! Ante el giro que va tomando la conversación, el Divino Maestro, toca ese lugar del corazón, ese desierto, esa profundidad, donde la mujer guarda su secreto, su historia personal, y le habla de su pasado y de su presente. Hay en ella asombro, silencio, sacudón de la conciencia.

¿Por qué esta mujer había tenido cinco maridos? ¿Había quedado cinco veces viuda? ¡Era alguien de mala fama? ¿La habían abandonado esos hombres? No lo sabemos. La samaritana desvía el tema  hacia lo formal religioso, pregunta dónde se debe adorar a Dios, si donde lo hacen los samaritanos o en Jerusalén, como los judíos. Jesús le responde que el Padre quiere adoradores verdaderos. Dios es espíritu y por eso quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. Lo importante no es el lugar.

¡Qué transformación profunda produce en el alma de esta mujer el encuentro con Jesús, que deja todo, se olvida el cántaro y corre a contarles a sus vecinos lo sucedido!  ¡Se convierte en apóstol! ¡Una mujer! ¡Una samaritana! Y ellos le creen. No es la misma mujer que iba todos los días al pozo. ¡Es una nueva mujer! Una mujer valiente. Que tiene el coraje, la fuerza para volver a empezar, a pesar de todo. Tiene esperanza.

Jesús tenía sed, pero fue más importante para él sacar a la mujer del pozo, de la oscuridad en que se encontraba, que saciar su sed. Volvieron los apóstoles con alimentos, que tampoco probó porque Él vino para hacer la voluntad del Padre. Ese es su manjar más delicioso. Y la voluntad del Padre es que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2,4). Para eso vino Jesús. Eso es lo urgente. Él, ayer a la samaritana, y hoy a cada uno de nosotros, le habla al corazón. Porque como le explicó el zorro al Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve bien con el corazón”.


© Ana María Casal

NUNCA EN LA OTRA ORILLA


Nunca en la otra orilla



Vivir feliz es un arte. Y nada contribuye tanto a la paz del corazón como valorar todo lo bueno, agradable y valioso de la propia situación. Serás optimista y lleno de esperanza cuando te acostumbres a detectar cada día todo lo que te da satisfacción y contento, todo lo que te gratifica. Y sencillamente lo agradeces a Dios, sin compararte con los demás.

¿Por qué miras siempre hacia el otro lado? ¿Por qué piensas siempre que los otros, amigos, conocidos y vecinos, son más dichosos, y dices con ligereza: “A los otros les va mucho mejor, y yo que doy lo mejor de mí, no llego a nada?” La otra orilla siempre es más bella. Yace muy lejos. Como petrificado, miras fijamente hacia la bella claridad. Jamás tuviste en cuenta que también los de la otra orilla te observan y piensan que posees mucha más felicidad, pues ellos solo ven tu parte agradable. Tus pequeñas y grandes preocupaciones no las conocen. Vivir feliz es un arte. Para ello conviene sentirse satisfecho. La felicidad no está en la otra orilla. ¡Está en tu forma de ver tu orilla!  Aprecia la orilla donde Dios te puso, y no creas que la otra es la mejor, pues Dios te puso donde debes estar.

Enumera los dones y talentos recibidos del Señor, y agradécelos; incluso valora lo que encierra dolor y fracaso, porque hay también la escondida sabiduría de convertir un menos en más, un fracaso en victoria y una cruz en resurrección y vida. Que el Espíritu Santo te dé serenidad y prudencia.


* Enviado por el P. Natalio

EL EVANGELIO DE HOY MARTES 21 DE MARZO DEL 2017


Un corazón perdonado que perdona
San Mateo 18, 21-35. III Martes de Cuaresma



Por: H. Rubén Tornero, LC | Fuente: www.missionkits.org 





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, vengo a Ti en este día. Quiero ser consciente de tu grandeza, de tu poder y de tu amor. Creo en Ti, Señor. Sólo Tú conoces las luchas, las victorias y las derrotas que tengo cada día. Te necesito Jesús. Soy débil y pequeño. Te necesito para no desfallecer, para encontrar lo que mi corazón a cada segundo anhela: un amor que nunca termine, un amor que nunca falle, un amor eterno… un amor que sea el tuyo, Jesús.
Regálame la gracia de que en este momento de oración pueda experimentar un poco más tu amor por mí.


Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?". Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".
Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo". El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: "Págame lo que me debes". El compañero se le arrodilló y le rogaba: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo". Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús, al mirar la actitud del siervo duro, me siento indignado. ¿Cómo puede ser posible que justo después de haber sido perdonado este siervo haya sido capaz de una acción tan vil?, ¿qué clase de bellaco era? Y sin embargo, Jesús, aquí, donde podemos hablar de Corazón a corazón, sin necesidad de frases hechas, sin tapujos, tengo que reconocer que yo he sido peor que ese siervo inmisericorde.
Él estaba reclamando lo que legítimamente era suyo. Lo había ganado con el sudor de su frente. Es cierto que estrangular a su compañero no era el mejor método para reclamar lo que le correspondía, pero de ningún modo cometía una fechoría al pedir lo que había prestado… ¿y yo? ¡Ay Jesús! yo muchas veces he reclamado lo que no era mío: mis cualidades, mi tiempo, mis triunfos... no me he dado cuenta que todo esto lo he recibido de Ti y que nada de esto me pertenece. Además, he reclamado, no a un simple compañero, sino a mi hermano, pues todos somos tus hijos, Jesús, aunque yo no siempre trate a los otros como mis hermanos.
El siervo ahorcaba a su compañero. Yo, con mis malos pensamientos y comentarios contra los demás, he matado su buena fama...
Al siervo le perdonaste la deuda... a mí, no sólo me perdonas mis faltas, sino que, además, me regalas tu gracia, tu presencia constante en mi corazón y en la Eucaristía, ¿qué más puedo pedir?
Jesús, perdóname por todas las veces que he sido un infame. Te suplico que me des la gracia de enmendarme. Soy débil y te necesito. Regálame la gracia de que en esta cuaresma pueda hacer la experiencia profunda y personal de tu perdón y tu misericordia, de modo que yo mismo pueda ser para mis hermanos un mensajero de tu amor y de tu misericordia.
Hemos escuchado la parábola con la que Jesús nos enseña a perdonar (cf. Mt 18,21-35). ¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente más. No hay ninguno entre nosotros, que no ha sido perdonado. Piense cada uno… pensemos en silencio las cosas malas que hemos hecho y como el Señor nos ha perdonado. La parábola nos dice justamente esto: como Dios nos perdona, así también nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal. Es la caricia del perdón. El corazón que perdona. El corazón que perdona acaricia. Tal lejos de aquel gesto: «me lo pagaras. El perdón es otra cosa.

(Homilía de S.S. Francisco, 4 de agosto de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a perdonar y ser paciente con quien tengo a mi lado.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...