martes, 7 de junio de 2011

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO


 Dones del Espíritu Santo
Los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma para recibir y secundar con facilidad las mociones del propio Espíritu Santo al modo divino o sobrehumano.

Los dones son infundidos por Dios. El alma no podría adquirir los dones por sus propias fuerzas ya que transcienden infinitamente todo el orden puramente natural. Los dones los poseen en algún grado todas las almas en gracia. Es incompatible con el pecado mortal.

El Espíritu Santo actúa los dones directa e inmediatamente como causa motora y principal, a diferencia de las virtudes infusas que son movidas o actuadas por el mismo hombre como causa motora y principal, aunque siempre bajo la previa moción de una gracia actual.

Los dones perfeccionan el acto sobrenatural de las las virtudes infusas.

Por la moción divina de los dones, el Espíritu Santo, inhabitante en el alma, rige y gobierna inmediatamente nuestra vida sobrenatural. Ya no es la razón humana la que manda y gobierna; es el Espíritu Santo mismo, que actúa como regla, motor y causa principal única de nuestros actos virtuosos, poniendo en movimiento todo el organismo de nuestra vida sobrenatural hasta llevarlo a su pleno desarrollo.

El Catecismo nos habla escuetamente, simplemente los enumera y dice:

1º  DON DE SABIDURíA:  No es para que sepamos muchísimo de muchas cosas; sino para perfeccionar en nosotros ni más ni menos que el amor, la caridad. Las almas privilegiadas que de manera habitual han recibido ese don han amado a Dios como no tenemos ni idea; han aparecido ante el mundo como unos loquitos que eran capaces de hacer por Dios y por la gente gestos heroicos. Díganme si un misionero no necesita de este don del Espíritu Santo, cuando las exigencias de la Misión casi siempre, de manera habitual, han de ser heroicas. 

2º  DON DE ENTENDIMIENTO: Potencia y cómo que dispara la virtud de la fe. Con él se entienden de manera admirable lo más profundos misterios; se comprende por ejemplo la santidad de la Virgen María; la grandeza de la Santa Misa, y su valor infinito... por medio de ese admirable don se ilumina nuestro entendimiento y nos confiere una fuerza y una eficacia santificadora, tal como la necesita el evangelizador, el que se entrega a la causa estupenda de dar a conocer al mundo a Cristo el Señor, su Vida y su Evangelio; al que deja su vida en los campos de las Misiones. 

3º  DON DE CIENCIA: Se trata de la ciencia verdadera, de la que viene y va a Dios en directo. Por supuesto que también perfecciona la fe que debemos transmitir a los demás, como el mejor servicio que se le puede prestar a los hombres, de acuerdo con Juan Pablo II. Esta ciencia nos enseña “a juzgar rectamente de las cosas creadas”. El “hermano sol y la hermana luna” se las inventó el corazón de San Francisco de Asís con esta ciencia, que merece la vida entera por conocerla y gustarla. El misionero vive en pleno contacto con la naturaleza y sus maravillas; y todo le ayuda para entender mejor el amor de Dios y explicárselo con fuego a quienes nunca supieron que tenían en los cielos un Padre bondadoso que es puro Amor. 

4º  DON DE CONSEJO: Gracias, en buena parte, a este regalo del Espíritu los misioneros fueron a parar a territorios que ni sabían dónde quedaban en la geografía de los continentes o países. Allí fueron a dar con sus huesos y con su enorme carga de fe y de amor, guiados, quizá sin saberlo, por el consejo sutil y cierto del Espíritu Santo. Ayuda mucho, pero mucho, a esa virtud tan rara y muy pocas veces tomada en cuenta que es la prudencia, virtud casi desconocida y raras veces empleada en nuestro vivir y en nuestro actuar. Nuestras grandes determinaciones en la vida están o deben estar signadas por el don de Consejo,  si es que no queremos fracasar con nuestras propias loqueras o nuestros criterios personales. 

5º  DON DE PIEDAD: No es expresamente para formar monaguillos piadosos –que tampoco debe ser cosa fácil- sino que con este don, el Espíritu nos hace descubrir a Dios como Padre y quererle con todas nuestras fuerzas; de paso nos estimula a querer a nuestros hermanos, como Teresa de Calcuta quería a los leprosos. Es la vida ordinaria del misionero. Gentes que no conocen de nada ni la entienden en su cultura, ni saben de su idioma, y se fajan, sin embargo, a conocer, amar y ayudar en cuerpo y alma, a pequeños  Cristos que se le han cruzado en el camino de su vocación misionera. El don de piedad actúa como un auténtico milagro en el corazón del misionero. (Cuando se habla del misionero, se entiende por igual de la misionera, de la persona consagrada o del laico comprometido. Los dones no tienen género. Son del Espíritu Santo y basta). 

6º  DON DE FORTALEZA: Se trata de una fuerza del Espíritu Santo que resiste y acomete según la necesidad del momento.  Es bueno recordar que la fortaleza es una de las virtudes cardinales ¿Se acuerda usted por dónde anda eso en el catecismo que estudió? Pues aunque no se acuerde nadie, ni lo tome demasiado en serio, el Espíritu Santo, sí; él concede una fuerza y un valor increíble a quienes asiste en los trances más difíciles de la vida. Necesitamos todos urgentemente y casi en cada momento, de esta fuerza única que resiste el mal; el que sacude al mundo y a sus gentes como un huracán y tiende a destruirlo y borrarlo del mapa de la vida.

Resistir el mal y hacer siempre el bien, sin cansarnos como nos enseña San Pablo. Las causas de Dios son empinadas, costosas; exigen muchas veces la vida misma. Por algo la Iglesia creció con la sangre de sus mártires. Pura fortaleza de Dios; don bellísimo y absolutamente necesario en nuestros tiempos. 

7º  DON DE TEMOR A DIOS: También el temor es necesario; pero es un temor pleno de amor; es un susto justificado de perder la amistad de nuestro Padre Dios y de nuestro Hermano Jesús. Un enamorado tiembla sólo con pensar en que puede perder a su amor; a la persona que es razón de su vida. Se trata de un temor filial, el temor de Dios. Por supuesto que, si al perder al Dios se pierde el cielo donde él habita con sus santos, se puede uno imaginar lo terrible que tiene que ocurrir en el corazón de un misionero, si después de una entrega heroica y sin límites se queda del lado de afuera. San Pablo lo sintió y debió temblar como la hoja en el árbol. Temía que predicando a los demás, él mismo pudiera ser borrado del  libro de la vida. El don de temor es sano, muy digno de que lo tomemos en cuenta y de pedírselo al Espíritu Santo junto con los demás dones y regalos que él nos hace.

Es bueno que  hablemos del Espíritu Santo; descubramos su  presencia en nuestros corazones y agradezcamos el milagro amoroso de revivir dentro de nosotros, con esa suavidad y fortaleza, solo perceptible cuando nos entregamos a El como Abogado nuestro ante el Padre, que no cesa de interceder por nosotros “con gemidos inefables”.

¡VEN ESPIRITU SANTO Y LLENA NUESTROS CORAZONES CON EL FUEGO DE TU AMOR!

Ofensas enterradas...

 Ofensas enterradas
Autor: Carol Parrott

Un buen día yo enterré una ofensa que dolía. Creí que podría olvidarla si la dejaba escondida. El agravio iba creciendo. Cada día lo tapaba. No logré dejarlo atrás.

Mucho, mucho me costaba.La alegría me abandonó, no conocí sino penas. Incapaz era de amar, tenía el alma en cadenas. A la vera de aquel hoyo clamé con el alma a Dios: «Sana esta herida profunda,  Tú que eres el Dios de amor».

Sentí entonces Su presencia; en Sus brazos me sentí.
Enjugó mis agrias lágrimas, hizo azul el cielo gris. Sincerándome con Él, le expliqué mi gran afrenta.
Me prestó Su atento oído mientras yo le daba cuenta. Cavé, ahondé y arranqué la afrenta que me oprimía, y entregándola el Maestro libre al fin quedé aquel día.

Así fue como Él quitó la negrura de mi alma  y algo hermoso fue a nacer;  donde había estado la llaga. Cuando vi en qué convirtió mi tormento y mi pesar, aprendí a dárselo a Él y no enterrarlo jamás.

lunes, 6 de junio de 2011

¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?

 ¿Quién es el Espíritu Santo?

Pregunta: "¿Quién o qué es el Espíritu Santo? He visto este nombre en vuestra web y en unos cuantos sitios mas"

Nuestra respuesta: El Espíritu Santo es una persona real que vino a vivir dentro de los verdaderos seguidores de Jesucristo después de que Jesús resucitara de la muerte y subió a los cielos (Hechos 2). Jesús dijo a sus discípulos...

"Y yo pediré al Padre que os envíe otro Defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con vosotros. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero vosotros lo conocéis, porque él está con vosotros y permanecerá siempre en vosotros. No voy a dejaros abandonados: volveré para estar con vosotros." (Juan 14:16-18)

El Espíritu Santo no es superficial ni una sombra celestial, tampoco una fuerza impersonal. Es una persona igual del mismo modo que Dios el Padre y Dios el Hijo. Es considerado el tercer miembro de la trinidad. Jesús dijo a sus apóstoles...

"Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo; bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estaré todos los días, hasta el fin del mundo." (Mateo 28: 18-20)

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y todas las cualidades divinas atribuidas al Padre y al Hijo, son igualmente atribuidas al Espíritu Santo. Cuando una persona nace de nuevo por creer y recibir a Jesús (Juan 1:12-13; Juan 3:3-21), Dios habita en esa persona a través del Espíritu Santo (1ª Corintios 3:16). El Espíritu Santo tiene intelecto (1ª Corintios 2:11), emoción (Romanos 15:30), y voluntad propia (1ª Corintios 12:11)

La función principal del Espíritu Santo es ser el testigo de Jesús (Juan 15:26; 16:14). Él habla a los corazones de la gente la verdad de Jesús. El Espíritu Santo además actúa como maestro de los cristianos (1ª Corintios 2: 9-14). Les revela la voluntad de Dios y la verdad de Dios. Jesús dijo a sus discípulos...

"Pero el Espíritu Santo, el Defensor que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho." (Juan 14:26)

"Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oye y os hará saber las cosas que van a suceder." (Juan 16:13)

El Espíritu Santo ha sido dado para vivir dentro de quienes creen en Jesús, con la función de reflejar el carácter de Dios en la vida de un creyente. De forma que no podamos hacerlo a nuestra manera, el Espíritu Santo impartirá en nuestras vidas amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Por encima de intentar ser amado, paciente, amable, Dios nos pide que dependamos en Él para que reflejemos estas cualidades en nuestras vidas. De esta manera, los Cristianos lo llaman vivir en el Espíritu (Gálatas 5:25) y ser llenados con el Espíritu Santo (Efesios 5:18). Y el Espíritu Santo da las fuerzas a los cristianos para cumplir los tareas o misiones ministeriales que dan lugar al crecimiento espiritual en los Cristianos (Romanos 12; 1ª Corintios 12; Efesios 4)

El Espíritu Santo además hace una función para los no son cristianos. Él los convence hablando directamente a los corazones de la gente de la verdad de Dios respecto a que son pecadores -y que necesitan el perdón de Dios; la honradez de Jesús - Él murió en nuestro lugar, por nuestros pecados; y que Dios juzgará al mundo y aquellos que no le conocen (Juan 16: 8-11). El Espíritu Santo habla directamente a los corazones y mentes, pidiéndonos que nos arrepintamos y nos volvamos a Dios para que nos perdone y nos dé nueva vida.

UN CORAZÓN QUE ESCUCHE...

Un corazón que escuche

Un médico psicólogo atendía una consulta en un hospital... sus pacientes eran adolescentes... Cierto día le derivaron un joven de 14 años que desde hacía un año no pronunciaba palabra y estaba internado en un orfanato...

Cuando era muy pequeño, su padre murió... vivió con su madre y abuelo hasta hacía un año... a los 13 muere su abuelo, y tres meses después su madre en  un accidente... Sólo llegaba al consultorio y se sentaba mirando las paredes, sin hablar. Estaba pálido y nervioso...

Este médico no podía hacerlo hablar. Comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse, y él, por más que le dijera algo,  tampoco serviría de mucho.

Optó por sentarse y observarlo en silencio, acompañando su dolor.... Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se retiraba, el doctor le puso una mano en el hombro: "Ven la semana próxima si gustas... duele ¿verdad?..." El muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada... sólo lo miró y se fue...

Cuando volvió a la semana siguiente... el doctor lo esperaba con un juego de ajedrez... así pasaron varios meses... sin hablar... pero él notaba que David ya no parecía nervioso... y su palidez había desaparecido... Un día mientras el doctor miraba la cabeza del muchacho mientras él estudiaba agachado en el tablero... pensaba en lo poco que sabemos del misterio del proceso de curación... De pronto... David alzó la vista y lo miró: "Le toca" - le dijo.

Ese día empezó a hablar, hizo de amigos en la escuela, ingresó a un equipo de ciclismo y comenzó una nueva vida ... su vida. Posiblemente el médico le dio algo... pero también aprendió mucho de él... Aprendió que el tiempo hace posible lo que parece dolorosamente insuperable... a estar presente cuando alguien lo necesita... a comunicarnos sin palabras.Basta un abrazo, un hombro para llorar, una caricia... un corazón que escuche.

INSTRUMENTOS EN LAS MANOS DE DIOS

Instrumentos en las manos de Dios
Autor: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD  


I. Bergman, en su película Jueves de verano nos hace ver una escena macabra. María acaba de perder a su novio en un accidente estúpido. Ella reacciona con violencia. Blasfema: “Si Dios no se interesa por mí, yo tampoco me intereso por Él: le escupo a la cara”. Y el gesto acompañó a la palabra.

“Nadie puede explicarnos el dolor, su ilimitado alcance ni sus profundidades enigmáticas. Nadie nos puede describir ese vacío que nada lo llena” (Ruth Coughlin). El dolor es un misterio. Las preguntas se agolpan y no hay una respuesta a todo el dolor que sufre el ser humano. Uno de tantos ejemplos de sufrimiento fue el de Job, hombre bueno, pero al que le llovieron desdichas de toda clase. Él siempre respondía con gran paciencia y fe: “Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Dios me lo dio, Dios me lo quitó. Sea bendito el nombre de Yahvé” (Job 1,2ss).

Asegura san Pablo: “Sabemos que para los que aman a Dios todo sucede para su bien” (Rm 8,28). Así lo experimentó él y así lo han vivido todos los que se han adentrado en el misterio de la fe. “Amar y sufrir es, a la larga, la única forma de vivir con dignidad” (G. Marañón). La fe y el amor llenan de sentido cualquier sufrimiento.

En 1998 el cardenal de Milán publicó un libro con este título En qué creen los que no creen. En el lugar del simposio se leía en letras grandes esta verdad proclamada por un obispo español: “Los seres humanos pueden dejar de creer en Dios, Dios no deja de creer en los seres humanos”.

Es necesario desterrar las falsas imágenes de Dios, para que, en los momentos más difíciles podamos encontrar luz en la fe y consuelo en la esperanza. “El Dios en quien creo no nos manda el problema, sino que nos manda la fuerza para sobrellevar el problema” (H. S. Kushner). Y Dios consuela, da fuerzas, renueva la esperanza, es “el Padre siempre misericordioso, el Dios del que viene todo consuelo, el que conforta en toda tribulación” (2 Co 1,3-4). Los que esperan en Yahvé sentirán que se les renuevan sus fuerzas y que les crecen alas como de águilas (Is 40,31).

“Amemos nuestras cruces. Son todas de oro, si se ven con los ojos del amor”, decía Isabel de la Trinidad. En medio del dolor, la gente que lo acepta, descubre su valor y mira el futuro con esperanza.

 El cardenal de Chicago, Joseph Bernardin, dos semanas antes de fallecer de cáncer escribió en su libro El regalo de la Paz: “Lo que quisiera dejarles es una simple oración: que todos encuentren lo que yo he encontrado, ese regalo especial que Dios nos da a todos, el regalo de la paz. Cuando estamos en paz, nos sentimos libres para ser más plenamente quienes somos, aún en los peores momentos. Nos vaciamos y así Dios puede trabajar dentro de nosotros más profundamente. Nos convertimos en instrumentos en las manos de Dios”.

¿Después de la Ascensión, qué?

Autor: Karime Alle | Fuente: Catholic.net
¿Después de la Ascensión, qué?
¡No podemos quedarnos mirando al Cielo! Ahora nos toca a nosotros ser la voz de Jesús para alentar y consolar.
 
¿Después de la Ascensión,  qué?

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que anuncie la Buena Nueva. Ahora nos toca a nosotros, sus discípulos, hacerlo. Los Sacerdotes predicando(sobre todo)con la palabra, los laicos predicando(sobre todo) con el ejemplo, los padres de familia predicando con la palabra y el ejemplo.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que compadezca a los pobres y lo enfermos. Ahora nos toca a nosotros.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que multiplique los panes y los pescados para alimentar a las multitudes. Esa es ahora nuestra tarea, multiplicando nuestros esfuerzos para dar de comer sino a las multitudes, por lo menos a los pobres que podamos.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que cuide a sus ovejas. Ahora nosotros tenemos que velar por ellas, especialmente por aquellas (el cónyuge, los hijos, los hermanos, los trabajadores) que Dios nos ha encomendado a cada uno.

Después de la Ascensión a nosotros nos toca ser la voz de Jesús para alentar y consolar. Sus manos para tenderlas a todo el que necesite ayuda. Sus pies para llevarlo a donde no lo conocen.

Después de la Ascensión:
¡No podemos quedarnos mirando al Cielo!

domingo, 5 de junio de 2011

La Ascensión del Señor

Autor: Tomas Hill
La Ascensión del Señor
Jesús Ascendió al Cielo con su Padre, después de haber cumplido su misión en la tierra. 5 de junio 2011
 
La Ascensión del Señor
La Ascensión del Señor

¡Es el momento en el que Jesús regresó al Cielo con su Padre, después de haber cumplido su misión en la tierra¡

En el Evangelio de San Lucas 24, 50-53 se narra como, después de dar las últimas instrucciones a los Apóstoles, los llevó cerca de Betania y mientras los bendecía, alzando las manos, subió al Cielo. Los Apóstoles lo vieron alejarse hasta que desapareció en una nube.

Con su Ascensión al Cielo, Jesús nos abre las puertas para que podamos seguirle. La Ascensión es para todos los cristianos un símbolo de esperanza, pues sabemos que Cristo está sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros y que un día podremos llegar con Él a gozar de la felicidad eterna. Por esto, celebramos la fiesta con una Misa solemne. Durante la celebración de la Misa, puede haber una procesión solemne, con incienso. El crucifijo se adorna de blanco, se llevan luces y flores.

¿Qué nos enseña la Ascensión?

Debemos luchar por ser perfectos y buenos para poder ir al Cielo con Jesús. Él vivió como todos nosotros su proyecto y lo fue perfeccionando día a día. Su proyecto no terminó con la Muerte, sino que siguió con su Resurrección y su Ascensión.

Con la Ascensión, Jesús alcanza la meta final y es exaltado; se hace Señor y primogénito de sus hermanos. La plenitud sólo se alcanza al final y es un don de Dios.

Jesús ha ascendido al Cielo y nos espera en la meta. Nosotros debemos trabajar para cumplir con nuestra misión en la tierra. Hay que vivir como Él, amar como Él, buscar el Reino de Dios.

Debemos anunciar el Evangelio con la palabra y con la vida.

Paciencia y Esperanza..

 Paciencia y Esperanza...

Un pastor tenía dos ovejas y estaba contento porque las dos habían parido y tenían unos hermosos y juguetones corderitos.

Durante la noche el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa.  Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día las soltaba para que fueran a pastar por los cerros.  Y aquel día las soltó, como siempre y dejó a los corderitos en el corral.  Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río caminando sobre su firme lecho de piedras.  Las aguas del río serrano eran poco profundas y ellas lo cruzaban a diario.  Pero al poco tiempo se desató un temporal muy fuerte y la lluvia fue repentina y torrencial.  Las aguas descendieron de los cerros, se volcaron torrentosas en los pequeños arroyos y llegar turbias al cauce del río y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían, para amamantar a sus críos y pasar la noche en el corral y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar paciente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse: "Esta agua no descenderá y mis hijitos se morirán de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y nos moriremos".  La compañera trató de calmarla: "No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave y mañana amamantaremos a nuestros hijos".

De nada valieron sus reflexiones, la oveja se arrojó al agua.  El pastor la
miraba impotente desde la orilla opuesta.  La pobre oveja avanzó un par de metros, pero las aguas la vencieron y la arrastraron río abajo, el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra todas las rocas salientes.

Al anochecer las aguas ya habían descendido bastante,  pastor y oveja se miraban desde las dos orillas, el pastor que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que los dos huerfanitos mamaran de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

"Sin esperanza es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes.  La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana."

Mirar un poco más hacia el cielo

 Mirar un poco más hacia el cielo

Hoy celebramos la glorificación de Jesús. Dios había venido del cielo haciéndose hombre para salvarnos, muriendo en la cruz. Ese Dios hecho hombre, que es Jesús, había resucitado y debía volver glorificado al cielo. Es lo que llamamos Ascensión. Para ello no necesitaba de hechos externos ni visuales, porque su cuerpo ya no estaba en nuestra esfera material y visible. Por eso podemos decir que desde el momento de su resurrección, ya subió o estaba en el cielo. Pero los apóstoles sí necesitaban algo externo, algo sensible, que les iluminara la mente y les diera impulso en su ánimo. De ahí que Jesús, durante cierto tiempo, les siguió adoctrinando, hasta que tuvieron esa experiencia de que Jesús ya no iba a estar más con ellos, sino que ellos eran los que debían ir por el mundo a enseñar los mensajes de Jesús y hacer discípulos.

Hoy encontramos en la primera lectura de los “Hechos” la descripción que san Lucas hace detallada del suceso. Se lee todos los años en esta fiesta. Es posible que en parte o quizá la mayoría sea como una parábola para indicarnos grandes enseñanzas. San Lucas es el evangelista más instruido y que escribe mejor literariamente. Por eso termina su libro del evangelio y comienza el de los “Hechos” con la exaltación del gran personaje, que es Jesús.

Nos recuerda un poco las grandes exaltaciones que en la literatura se hace de grandes personajes, que desaparecen de modo sobrenatural, como en el Antiguo Testamento, cuando Elías es arrebatado al cielo. Siempre lo hacen después de unas solemnes palabras. También Jesús da su gran mensaje, como hoy vemos al final del evangelio de san Mateo. El mensaje es que vayan por el mundo a predicar el Evangelio, al mismo tiempo que les trasmite el poder que Él ha recibido de su Padre y la promesa de que nunca les abandonará.

Nosotros en este día debemos impulsar nuestra esperanza en cuanto a nuestro final y para el presente. Si Jesús, que es nuestra cabeza, subió y está en el cielo, nosotros, que somos miembros de su cuerpo, esperamos seguirle. Es lo que pedimos hoy en la principal oración de la Misa. Y por eso debemos mirar un poco más hacia el cielo. Ciertamente que los ángeles les dijeron a los apóstoles que no tanto miraran al cielo, sino que pensasen en la tierra, en lo que debían hacer aquí. Pero la realidad es que la mayoría de las personas están tan atadas a las realidades mundanas, que no se les ocurre mirar hacia el cielo, donde está Jesús, donde está la Virgen María con todos los santos, esperándonos con Dios en la absoluta perfección, en el amor, la luz, la gloria, la plena felicidad. Ese es nuestro destino: la glorificación con Cristo.

Pero mientras llegamos allí, debemos trabajar aquí en la tierra. Debemos ser testigos, como los apóstoles, de las enseñanzas de Jesús. Sabemos que la principal enseñanza es el amor. Por eso, aunque pensamos en la ciudad futura, en el cielo, no podemos descuidar el mejoramiento de todo lo relacionado con nuestra tierra. Y por eso buscamos el bien del prójimo.

Jesús, aunque subió al cielo, no nos abandona. En primer lugar les dijo a los apóstoles que esperasen la efusión del Espíritu, como así fue el día de Pentecostés. El Espíritu Santo está en nuestra alma para ayudarnos a que seamos testigos con nuestras palabras y con el ejemplo de la vida. Pero Jesús mismo está y estará siempre “hasta la consumación de los siglos”. Está sobre todo en la Eucaristía.

Jesús, al terminar su enseñanza en la tierra, proclama ante los apóstoles su señorío recibido del Padre. Este poder lo trasmite a la Iglesia para convocar nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Y promete su permanencia espiritual. Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado, que es todo el mundo, para la actuación de la salvación.

El triunfo de Jesús es diferente de los humanos. Cuando aquí se triunfa es porque otros pierden. Cuando triunfa Jesús, todos salimos ganando.

Enviado por Silverio Velasco (España)

La Fiesta de la Ascención del Señor


Autor: Alberto Ramirez Mozqueda | Fuente: Catholic.net
La Fiesta de la Ascención del Señor
Cristo tuvo mucho cuidado en darles poder a sus Apóstoles para hacerlo presente en el mundo y afirmó, que él estaría con ellos siempre, hasta el fin de los tiempos.
 
La Fiesta de la Ascención del Señor

Los niños de hoy están acostumbrados a oír de los viajes espaciales, a naves que viajan a velocidades que escapan a la imaginación y que tocan países insospechados con otras costumbres y otras formas de vida. Por eso podrían quedarse con la impresión de que Cristo en su Ascensión a los cielos, se hubiera adelantado al tiempo, subiendo en su propia nave hasta desplazarse hasta el mismísimo cielo.

Tenemos que decir entonces de entrada que el cielo y el espacio de las estrellas, los astros, los asteroides y los cometas, un mundo vastísimo, es otro totalmente distinto del que nos presentan los evangelistas que afirman que Cristo subió al cielo, donde “Dios habita en una luz inaccesible” (1 Tim 6.16), lo cual quiere decir que nosotros mismos estaremos invitados a subir con Cristo pero no precisamente a un espacio o a un lugar sino a una situación nueva si vivimos en el amor y en la gracia de Dios.

La fiesta de la Ascensión del Señor es entonces la fiesta de la Verdadera esperanza para los cristianos y en general para todos los hombres, pues cuando Cristo envía a sus apóstoles al mundo, quiere hacer que su mensaje llegue precisamente a todos los hombres, rotas ya las barreras y todas las fronteras, hasta hacer de la humanidad una sola familia salvada por la Sangre de Cristo. Cristo no sube solo, somos parte suya, y por lo tanto, algo nuestro ya está en la casa el Padre, esperando la vuelta de todos para sentarnos con Cristo a ese banquete que se ofrece a todos los que fueron dignos de entrar al Reino de los cielos.

La fiesta en cuestión comenzó a celebrarse hasta el siglo VI pues los siglos anteriores se consideraba como una sola festividad tanto la Resurrección de Cristo como su misma Ascensión, pero se pensó en celebrar ésta última como la plena glorificación de Cristo, su exaltación a los cielos, el sentarse a la diestra de Dios Padre, su constitución como Juez y Señor de vivos y muertos y por lo tanto con poder para enviar a su Iglesia al mundo a hacerlo presente en sus sacramentos, en su Eucaristía, descubriéndole en los pobres y los marginados del mundo, comprometiéndose seriamente con ellos como él lo hizo con cada uno de los actos de su vida, pero sobre todo con su muerte en lo alto de la cruz.

La Ascensión tiene lugar en Galilea, donde Jesús comenzó su ministerio público pero no fue tanto un dato meramente geográfico, sino para hacerles entender a sus apóstoles que Jerusalén ya no era el centro de religiosidad y de culto, sino que desde ahora él se constituía en Aquél por el que se podía tener libre acceso al Padre. Galilea sería como un símbolo de una humanidad que vive una nueva esperanza y una nueva acogida por el Buen Padre Dios, invitándonos a romper toda esclavitud, pues él ya no quiere más sirvientes sino hijos.

Cristo tuvo mucho cuidado antes de su subida de darles poder a sus Apóstoles para hacerlo presente en el mundo, pero también afirmó, y con un verbo en presente que él estaría con ellos siempre, hasta el fin de los tiempos. Esa es la gran alegría de los cristianos, poder unirse desde ahora al Salvador sin tener que esperar hasta el momento final, y hacerlo como discípulos del único Maestro, que quiere a la humanidad unida en su Amor.




  • Preguntas o comentarios al autor
  • Padre Alberto Ramírez Mozqueda

    sábado, 4 de junio de 2011

    Los cinco Primeros Sábados de mes .Devoción a la Virgen María

     Los cinco Primeros Sábados de mes.
    Devoción a la Virgen María


    Esta devoción fue revelada por la Virgen María a la Hermana Lucía (visionaria de Fátima) en Diciembre 10 de 1925 mientras ella estaba arrodillada en la capilla del Convento.
     
    Los   Cinco Primeros Sábados

    El Niño Jesús le habló estas palabras: "Ten compasión del corazón de tu Santísima Madre. Este está cubierto con espinas, con las cuales hombres ingratos lo hieren en cada momento y no hay nadie que las remueva con un acto de reparación."

    La Virgen estaba sosteniendo un corazón rodeado con espinas agudas y le dijo a la Hermana Lucia:

        "Mira mi corazón rodeado con las espinas que hombres ingratos punzan en cada momento con sus blasfemias e ingratitud.

        Tu por lo menos tratas de consolarme. Anuncia en mi nombre que Yo prometo ayudar a la hora de la muerte, con las gracias necesitadas para la salvación, a cualquiera que en el Primer Sábado de cinco meses consecutivos haga esto:

        1 Confesarse y recibir la Sagrada Comunión;
        2 Recitar cinco décadas del Rosario;
        3 y mantenerme compañía por quince minutos mientras meditan en los quince misterios de El Rosario , con la intención de hacerme reparación.

    ¿Porqué Cinco Sábados?

    Los Cristianos siempre han honrado a la Virgen María los Sábados por causa de su constante fe en Jesús en ese Primer Sábado Santo antes de la Resurrección.

    Cinco primeros sábados de reparación fueron pedidos para hacer reparación por las cinco formas en que la gente ofende el Inmaculado Corazón de María:

    1. Ataques sobre la Inmaculada Concepción de María.
    2. Ataques en contra de su Perpetua Virginidad.
    3. Ataques sobre su Divina Maternidad y el rechazo de aceptarla como la Madre de toda la humanidad.
    4. Por aquellos que tratan públicamente de implantar en los niños indiferencia, desprecio y aun odio por esta Madre Inmaculada.
    5. Por aquellos que la insultan directamente en sus imágenes sagradas.

    ÉCHALE GANAS A LA VIDA

     Échale ganas a la vida


    La vida es más grande o más pequeña según las ganas que le eches y el amor que le pongas. Tiene una forma u otra , según la limes, la moldees y la vayas amasando.
    Los frutos no son los mismos para todos: cada uno nace con la semilla que debe desarrollar…. cultivarla bien lleva al éxito. 

    No envidies la de nadie, porque en todas se puede dar anchura, espacio y plenitud. En todos los campos hay malas hierbas, sequías, tramos pedregosos, arenosos, inseguros, pero en ninguna falta un rocío diario, un sol que caliente y una lluvia que nutra.
    Dios te saca del apuro…¡solo necesitas echarle ganas!

    Cuando uno hace lo que le gusta, sólo cuenta el avance, no las horas que le dedica; sólo cuenta que su objetivo va cuajando , no el esfuerzo y el tiempo que entero en él; sólo cuenta la semilla que lleva dentro para desarrollar, no la clase de árbol que se le ha destinado.

    Cuando te gusta lo que haces, no percibes el tránsito del tiempo, que siempre te parece corto, ni el vuelo de las horas, que siempre parecen bien empleadas . Casi siempre soñamos ser lo que no llegaremos a ser nunca, pero en medio está el motor de la esperanza que nos impulsa y el aliciente que nos aguijonea la vida.

    Debes saber penetrar con ojo de águila en la realidad que te rodea y a la vez saber volar sobre ella y mirar desde arriba dónde debes posarte.
    Échale ganas a la vida, aunque algunos miren más la huella de tus fracasos que la excelencia de tus logros.

    Te encontrarás que la vida se cansa de presentar los mismos hombres y los mismos acontecimientos... pero nosotros nunca acabamos de entender. Parece que sólo se aprende en la derrota, se adquiere sabiduría en las guerras perdidas y habilidad en la realidad y los escollos.

    Échale ganas a la vida aunque no sea fácil, y a veces parezca que nada puedes conseguir y nada vale la pena. Vive tus sentimientos, expresa tu verdad, despójate de prejuicios, asimila los hechos y adórnalo todo con la imaginación. Ordena tu ideas, aléjate del pensamiento que te tortura y de los lastres que te hunden, desecha todo eso que le roba belleza a la vida. Mírate como en el fondo de un estanque y líbrate de tu propia basura.

    El alma se limpia con amor, la vida se endereza rectificando y uno se hace hombre tocando el alma de las cosas.No le busques a la vida metas definitivas, porque todo es evolutivo, transformable, susceptible de mejoría.

    Échale ganas a la vida, y corre sobre ella como si llevaras la fuerza en los estribos, la acción en las manos, la convicción en la frente y el fuego en el corazón.
    ¡Pon a calentar tu vida, pero echándole ganas!

    (Desconozco Autor)



    LA DIFERENCIA ENTRE UN ÁNGEL Y UN AMIGO


    LA DIFERENCIA ENTRE 

    UN ÁNGEL Y UN AMIGO


     
    Un ángel no nos escoge, Dios nos lo asigna. Un amigo nos toma de la mano y nos acerca a Dios. 

     Un ángel tiene la obligación de cuidarnos. Un amigo, nos cuida por amor.

     Un ángel, te ayuda evitando que tengas problemas. Un amigo te ayuda a resolverlos. 

     Un ángel, te ve sufrir sin poderte abrazar.Un amigo te abraza, porque no quiere verte sufrir.

    Un ángel, te ve sonreír y observa tus alegrías. Un amigo, te hace sonreír y te hace parte de sus alegrías.

    Un ángel, sabe cuando necesitas que alguien te escuche. Un amigo te escucha, sin decirle que lo necesitas.

    Un ángel, en realidad, es parte de tus sueños. Un amigo, comparte y lucha porque tus sueños, sean una realidad.

    Un ángel, siempre esta contigo ahí, no sabe extrañarnos. Un amigo, cuando no esta contigo, no solo te extraña sino que también, piensa en ti.

    Un ángel, vela tu sueño. Un amigo, sueña contigo.

    Un ángel, aplaude tus triunfos. Un amigo, te ayuda a que triunfes.

    Un ángel, se preocupa cuando estás mal. Un amigo, se desvive porque estés bien.

    Un ángel, recibe una oración tuya. Un amigo, hace una oración por tí.

    Un ángel, te ayuda a sobrevivir. Un amigo, vive por tí.

    Para un ángel, eres una misión que cumplir. Para un amigo, eres un tesoro que defender.

    Un ángel, es algo celestial. Un amigo, es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida.

    Un ángel, quisiera ser tu amigo.
    Un amigo, sin proponérselo, ¡TAMBIÉN ES TU ÁNGEL! 









    EL SACO DE PLUMAS


     El Saco de Plumas.



    Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.
    Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
    "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
    a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".
    El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
    Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado",
    a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.
    Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.

    Sal a la calle y búscalas".
    El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.
    Al volver, el hombre sabio le dijo:
    "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".
    "Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón".

    viernes, 3 de junio de 2011

    ACTITUD POSITIVA

     Actitud positiva...


    Normalmente encontramos dos clases de personas en la vida:

    1. Las que siempre esperan lo peor en cualquier situación.
    2. Las que imaginan lo mejor y esperan lo positivo.

    ¿En cuál grupo estás? Con los pesimistas o con los optimistas. Ojalá seas de aquellos que cuando se propone algo bueno comienzan a generar ideas para ver como se puede hacer.

    En efecto, es desesperante tratar a los que buscan razones y sinrazones para mostrar que algo no se puede hacer.

    Ojalá un día lluvioso sea para ti un dia diferente y no un día terrible, ojalá veas en cada obstáculo un desafío y no un problema.

    Está demostrado que atraemos lo que pensamos. De ahí que sí esperas lo peor vas a encontralo. Elige concentrarte en lo positivo.

    Pobre de ti si en cada heridita ves ya una hinchazón, en cada resfriado una pulmonía y en cada llovizna una tempestad.

    Ten presente que el optimista siempre gana ya que suponiendo que las cosas se agraven el no anticipar su dolor ni su angustia. Elige contemplar la cara risueña de la existencia.

    ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS PARA UNA GRAVE NECESIDAD

    ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN
    DE JESÚS PARA UNA GRAVE NECESIDAD

     

    Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor:

    (Se ora en silencio pidiendo el favor)
     
    ¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios?

    A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas.

    Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.

    Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males.

    Sin embargo... dejo en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe.

    Cualquiera que sea tu decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh buen Jesús.
    Acepta este acto mío de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso. Amén.

    Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre.

    Sacratísimo Corazón de Jesús, en Vos confío. (3 veces).

    PENSAMIENTO DE SANTA MARGARITA MARIA


    Que el Sagrado Corazón logre en ti todos sus designios y que Él sea tu fortaleza, para que tu puedas con valentía cargar el peso de tus responsabilidades. 

    ¿Qué tenéis vosotros que temer, si este Sagrado Corazón os rodea con su poder, como con un muro inexpugnable a los asaltos del enemigo?  

    Santa Margarita Maria de Alacoque


    SABIDURÍA DE LA VIDA

     Sabiduría de vida



    No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer. No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar. No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.

    No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas. No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
     
     No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú. Deja que el amor te toque y no te defiendas de él. Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
     
    Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo. No sufras por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su propio afán" (Mt. 6,34)
     
    Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella. No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella. Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus fuerzas. Si algún día te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que sólo Jesús es el Mesías. Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su Espíritu.
     
    Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a responder en lugar de reaccionar. Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio. Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a Dios y confía en su poder y en su amor por tí.

    Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en tí como en algo precioso; eres un hijo de Dios! Piensa que Él está más interesado que tú en que te conviertas en esa creación que Él pensó desde toda la eternidad."

    PRIMER VIERNES DEL MES DE JUNIO

    Primer Viernes del Mes de Junio 
     Sagrado Corazòn de Jesùs


    Yo te prometo, en el exceso de la misericordia de mi corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos los que comulguen los primeros viernes de mes, durante nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final, y que no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, asegurándoles mi asistencia en la hora postrera.

    ¡Oh buen Jesús, que prometisteis asistir en vida, y especialmente en la hora de la muerte, a quien invoque con confianza vuestro Divino Corazón! Os ofrezco la comunión del presente día, a fin de obtener por intercesión de María Santísima, vuestra Madre, la gracia de poder hacer este año los nueve primeros viernes que deben ayudarme a merecer el cielo y alcanzar una santa muerte. Amén.

    Tú estuviste allí, Madre, no podías faltar

    Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
    Tú estuviste allí, Madre, no podías faltar
    El Domingo recordaremos la Ascención de tu Hijo, Madre, donde Jesús te entregó una nueva misión: la Iglesia naciente.
     
    Tú estuviste allí, Madre, no podías faltar


    Tú estuviste allí, no podías faltar. Con los apóstoles: tus nuevos hijos, la Iglesia naciente que Jesús dejó a tu cuidado.

    Lo viste subir, triunfar para siempre. Subía y regresaba al cielo como triunfador. Derrotados quedaban sus enemigos: la muerte, el demonio, el mundo.

    Era tu triunfo también. Si los éxitos del hijo son también de su madre, la ascensión de Jesús tú la vivías como propia; era el anticipo de tu asunción.


    Aquel Hijo tuyo, nacido en Belén, que había venido a la tierra a través de tu carne, ahora se iba a la patria definitiva. Aquel hijo, perdido durante la eternidad de tres días en el templo, ahora no sabías cuantos años estarías sin verlo. ¡Qué dolor, dolor nuevo, que hacía casi intolerable, insufrible, la separación del Hijo amado!


    A partir de entonces tu corazón estaría más en el cielo que en la tierra. Allí estaba José, tu esposo, el compañero maravilloso de la infancia y juventud de Jesús. ¡Qué ratos tan inefables, tan difíciles también, en su compañía! Él se te había adelantado. Él vería llegar a Jesús al cielo, y recibiría de Él las más sentidas gracias por haber cumplido tan perfectamente su misión de padre. Allí estaría desde ese momento Jesús. Pero Tú te quedabas en la tierra sola, muy sola. Porque tu amor se iba, y te dejaba sola en la tierra.


    Sólo quien ha estado locamente enamorado y pierde a la persona amada sabe de este dolor. Tú eras la enamorada por excelencia de Jesús. Por eso, tu dolor no tenía límites ni comparación.


    Pero tu voluntad no se sumergía en la tristeza, porque Jesús te había entregado una nueva misión: la Iglesia naciente. Con cuánto amor repetiste tu oración favorita: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”.


    Con tu oración, tu amor, tus consejos y tu prudencia, la Iglesia niña crecía incontenible. Crecía en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres, como en otro tiempo tu Jesús. ¡OH Madre de la Iglesia, que acunaste nuevamente en tus brazos aquella criatura que Jesús te entregó!


    Se mezclaban la nostalgia –la fuerza que te lanzaba hacia el cielo- y el amor a la Iglesia que necesitaba tu cariño, tu presencia, tu oración. La nostalgia era desgarradora, la esperanza larguísima. Tú veías en la Iglesia la continuación de Jesús en la historia como ningún teólogo lo ha visto. Toda la Iglesia estaba llena de la presencia de Jesús.


    Tus nuevos hijos eran más débiles que Jesús. Los lobos acechaban. Satanás, que había devorado a Judas, seguía esperando matar a toda la grey, cuando aún era débil e indefensa. Pero contaba con tu defensa irresistible. Nostalgia, espera y certeza de llegar al cielo para ti y tus hijos. Él ya, faltamos nosotros...


    Ahora Tú también estás en el cielo. Faltamos nosotros...Acuérdate de nosotros.


    Nueva etapa de fe: Volviste a encender la lámpara que había alumbrado tu caminar por la vida, con aceite nuevo, con nuevo vigor. Era el comienzo fresco y pujante del cristianismo. Tú eras la primera cristiana, la que debías vivir y contagiar a todos la alegría recién estrenada del hombre y mujer nuevos, del nuevo estilo de vida, la religión del amor.



    Oh Madre, se nos ha olvidado muy pronto que la religión fundada por tu Hijo es la religión del amor, la religión de las bienaventuranzas. Nos hemos quedado con unas pocas ideas rancias y con un aburrimiento vital. Resucita en nosotros la alegría del “mirad cómo se aman” que avasalló a los primeros.


    ¿Qué hemos hecho de la religión del amor? Los cristianos hemos vaciado la religión del amor para quedarnos con los mandamientos mal cumplidos. Y nos resulta aburrida, pesada, inaguantable.


    La misma religión que a los primeros los entusiasmó hasta el extremo, los arrastró hasta el martirio sin pestañear, a nosotros nos resulta sosa y aburrida. ¿No será que hemos perdido la savia vital? Y ¿qué somos, que queda de nosotros si nos falta el amor? Nada. Pura fachada.


    Tú comulgabas con más fe que ninguno, llegando a sentir a Jesús en tus entrañas como cuando crecía en tu seno. Te absorbías, te elevabas de la tierra, te ibas...Vivías de la comunión anterior y vivías para la siguiente, como la enamorada que no puede separarse del Amado.


    Enséñanos a comulgar con el fervor con que Tú lo hacías en los años de tu soledad. Los cristianos observaban con respeto y emoción tu actitud. Y seguro que, como a Jesús, te pedían: “Enséñanos a comulgar con el fervor con que Tú lo haces”.En la forma de recibir a Jesús se confirma el amor o la indiferencia de los cristianos de hoy.


    Quiero imaginar las palabras que dirigías a los apóstoles: El primer evangelio pasado por la mente y el corazón de su Madre. Y así entendían de manera entrañable las enseñanzas de Jesús: Tú les abrías el sentido, pero, sobre todo, encendías sus corazones. Cuantas veces Pedro, Juan y los demás debían comentar como los discípulos de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba María los misterios de la vida de Jesús?"


    Cuanto necesitamos, María, que nos vuelvas a explicar los misterios y la enseñanza de Jesús, sobre todo el amor que nos tiene, para que nuestro corazón arda de amor por Él y por Ti. ¡Cómo motivarías a Pedro, cada vez que el pesimismo y las dificultades de guiar a la Iglesia querían doblarlo! ¡Qué firme y gentil pastora guiaba al primer Papa, lo mismo que al actual Benedicto XVI! ¡Cómo les hablarías del cielo, repitiéndoles con apasionado acento las palabras de Jesús: ”Alegraos de que vuestros nombres están escritos en el cielo”! Hay que merecerlo, hay que ganarlo. Ahí estaremos juntos para siempre...


  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Mariano de Blas LC
    Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...