lunes, 23 de marzo de 2020

INSTRUCCIONES PARA EL ALMA


Instrucciones para el alma



En estos tiempos de pandemia, en que muchos nos vemos confinados a permanecer en nuestros hogares por la cuarentena impuesta para frenar la expansión del virus, estas son valiosas instrucciones para tener en cuenta y hacer más llevaderos los días...

Transforma tu casa en el mejor lugar del mundo. No tendrás otro lugar mejor en estos días.

No te desesperes. No entres en pánico. No tengas miedo. Todo pasará.

No te abandones. Báñate. Perfúmate. Ponte lindo y linda para verte vos y para que te miren los que conviven con vos.

Mira el cielo cada mañana y cuántas veces puedas, con sol o con estrellas.

Lee mucho. La poesía es útil para la emergencia y una buena novela te acaricia el alma.

Escucha música siempre y no te avergüences de poner varias veces esa canción que tanto te gusta.

Sal a tu patio, tu balcón o tu terraza. Abre las ventanas y respira hondo: estás vivo. 

Disfruta de una buena película en tu televisor.

Recuerda que la radio es una fiel compañía y no te pide mucho.

Anímate a dibujar y pintar, bailar y estudiar como siempre quisiste y no tuviste tiempo.

Anímate a cocinar inventando un plato que lleve tu marca y tu gusto.

Mira al otro y a la otra con la que convives y hazle todos los gustos que te sean posibles, procura que se sienta bien, que sonría al menos cinco veces al día, serás actor, payaso, filósofo; ser compañero en las malas, es ser el mejor compañero, la mejor compañera.

No recibas visitas de nadie, aunque te duela.

Tu casa es tu refugio y el mío y el nuestro. No te sientas solo. ¡Estamos igual!

¡Un abrazo a la distancia!

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS CURAS?


¿Para qué sirven los curas?



Los curas sirven para servir.
Lo decía el padre a su hijo seminarista: como una escoba, hijo mío, como una escoba, siempre dispuesta a ser utilizada, pero sin esperar recompensa alguna; gastándose una vez y otra, pero sin esperar que la coloquen en una vitrina. Los curas han aprendido bien las palabras del Maestro: “Yo no he venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10,44). Un cura que no sirve, no sirve.

Los curas sirven para perdonar.
Antes que maestros y liturgos son testigos de la misericordia divina. En un mundo violento y dividido, ellos son portadores del diálogo y del perdón. Están siempre ahí, como casa de acogida. Abren sus puertas cada día para escuchar confidencias, para quitar cargas, para devolver la alegría y la esperanza.

Los curas sirven para iluminar.
Son portadores de la Palabra de Dios, que tratan de explicar y de vivir. Cuando nos cegamos con los espejismos y seducciones del mundo, ellos nos recuerdan las Bienaventuranzas. Cuando nos movemos a ras de la tierra, ellos nos señalan el cielo.  Cuando nos quedamos en la superficie de las cosas, ellos nos descubren la presencia de Dios en todo.

Los curas sirven para interceder.
El sacerdote prolonga la mediación de Jesucristo. Por eso es llamado pontífice, constructor de puentes entre el cielo y la tierra. Habla a Dios de los hombres y habla a los hombres de Dios. Decía San Juan de Ávila: “Relicarios somos de Dios, casa de Dios, y, a modo de decir, criadores de Dios... Esto, padres, es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviera enojado con su pueblo, que tengan experiencia de que Dios oye sus oraciones y tengan tanta familiaridad con ÉL”

Los curas sirven para amar.
Reservan su corazón para amar del todo a todos. Quieren ser para todos, amigos, padres y hermanos. Un amor liberado y agrandado. Un amor gratuito y oblativo, como antorcha que se va gastando poco a poco.

Los curas sirven para hacer presente a Jesucristo.
Todo sacerdote está llamado a ser otro Cristo. El sacerdote está para repetir las palabras y los gestos de Jesús, para continuar sus pasos y desvelar su presencia, para prolongar y actualizar su amor generoso. Y esto a dos niveles: el sacramental y el de la vida.

Los curas sirven para ser al alma del mundo.
En un mundo sin espíritu, ellos son el alma, la luz, la sal y el perfume. Sin el sacerdote todo sería un poco más feo y oscuro. “Sacerdote no es el que se limita a hacer cosas, sino a hacer santos” (G. Rovirosa). Es verdad que, en cierta medida, a todo cristiano se le puede aplicar cuanto llevamos dicho, pero el sacerdote tiene vivencias y urgencias especiales. Gracias hermanos sacerdotes, por vuestra “inútil” luminosidad. Manda Señor, sacerdotes, esos hombres tan raros que sólo sirven para servir.



*Fr. Nelson M. OP

EL PAPA FRANCISCO SEÑALA LOS 3 ELEMENTOS QUE DEBE TENER UNA ORACIÓN VERDADERA


El Papa señala los 3 elementos que debe tener una oración verdadera
Redacción ACI Prensa
 Foto: Vatican Media




El Papa Francisco explicó, durante la Misa celebrada este lunes 23 de marzo en Casa Santa Marta, cuáles son los tres elementos que debe tener una oración para que sea efectiva: fe, perseverancia y valentía.

En primer lugar, la fe. El Santo Padre explicó que muchas veces la oración se limita a la repetición mecánica de unas palabras, pero esa oración “no viene de la fe, del corazón. O es una fe débil”.

“La fe en la oración. Rezar con fe, tanto cuando rezamos fuera, como cuando venimos aquí (a la capilla), y el Señor está ahí (en el Sagrario). ¿Tengo fe o es sólo un hábito? Estemos atentos en la oración, caer en la costumbre sin la conciencia de que está el Señor, que estoy hablando con el Señor, y que Él es capaz de resolver el problema. La primera condición para una oración verdadera es la fe”.

La segunda condición es la perseverancia. “Algunos piden y luego, como no viene la gracia… No tienen esa perseverancia, porque, en el fondo, no tienen necesidad, o no tienen fe. Y Jesús mismo nos enseña la parábola de aquel señor que va junto al vecino a pedir pan por la noche. La perseverancia al llamar a la puerta. O la viuda con el juez injusto: insiste, insiste, insiste. Perseverancia”.

El Papa explicó que “fe y perseverancia van juntos. Porque si tienes fe, tú estás seguro de que el Señor te dará aquello que pides. Y si el Señor te hace esperar: llama, llama, llama. Al final el Señor da la gracia. Pero esto el Señor no lo hace para hacerse el interesante o porque diga que mejor esperemos. No. Lo hace por nuestro bien, para que nos tomemos las cosas en serio. Tomarnos en serio la oración. No como papagayos: bla, bla, bla y nada más”.

“El mismo Jesús nos reprende: ‘No seáis como los paganos que creen en la eficacia de la oración y en las palabras, en muchas palabras’. No. La perseverancia y la fe”.

La tercera cosa que Dios quiere en la oración es la valentía. “Alguno puede pensar: pero, ¿hace falta valentía para rezar? Para estar delante del Señor, hace falta. La valentía de estar ahí, pidiendo, y avanzando, incluso casi, casi, no quiero decir una herejía, como amenazando al Señor”.

Esa es la misma valentía que mostró Moisés “cuando Dios quería destruir el pueblo y a él hacerlo jefe de otro pueblo. No: ‘Yo con el pueblo’. Valentía. La valentía de Abraham, cuando negocia la salvación de Sodoma. Y si fuesen 30, si fuesen 25, si fuesen 20… Ahí, valentía”.

“Esta virtud de la valentía es muy necesaria”, subrayó el Pontífice. “No sólo para las acciones apostólicas, también para la oración”.


“Fe, perseverancia y valentía. En estos días que es necesario rezar cada vez más, pensemos si nosotros rezamos así: con fe de que el Señor puede intervenir, con perseverancia y con valentía. El Señor no decepciona, nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no decepciona. Fe, perseverancia y valentía”, concluyó el Papa Francisco.

A continuación, el Evangelio comentado por el Papa Francisco:

Juan 4:43-54
43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea.
44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir.
48 Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis.»
49 Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.»
50 Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía.
52 El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.»
53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.
54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

LECTURAS BÍBLICAS DE HOY LUNES 23 DE MARZO DE 2020


Lecturas de hoy Lunes de la 4ª semana de Cuaresma
Hoy, lunes, 23 de marzo de 2020




Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (65,17-21):

ESTO dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo
y una nueva tierra:
de las cosas pasadas
ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
Regocijaos, alegraos por siempre
por lo que voy a crear:
yo creo a Jerusalén “alegría”,
y a su pueblo, “júbilo”.
Me alegraré por Jerusalén
y me regocijaré con mi pueblo,
ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
ya no habrá allí niño
que dure pocos días,
ni adulto que no colme sus años,
pues será joven quien muera a los cien años,
y quien no los alcance se tendrá por maldito.
Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán los frutos».

Palabra de Dios


Salmo
Sal 29,2.4.5-6.11-12a.13b

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

V/. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):

EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy lunes, 23 de marzo de 2020
José Luis Latorre, cmf



Queridos amigos.

La Cuaresma es el camino que hacemos hacia la Pascua, la fiesta de la luz, de la vida y de la alegría. Pero este año un tanto doloroso para todos por el coronavirus. Y en medio de este caminar difícil el Profeta Isaías nos anuncia con fuerza que Dios va a “crear un nuevo cielo y una nueva tierra”, que se va a producir una transformación y un cambio profundos y que el pueblo lo va a ver y experimentar. Que Dios no nos abandona y que toda esta pandemia va a dar frutos buenos en cada uno y en toda la sociedad. La voz del Profeta es una llamada a los cristianos a no perder la esperanza y la confianza en medio de la prueba y a no olvidarnos que “Dios escribe recto con renglones torcidos”.

Sabemos que este anuncio del Profeta tuvo pleno cumplimiento en Jesús: su Palabra realizó –y realiza hoy- prodigios y maravillas. Pero hay que creer en Él con una fe que no está contaminada por el propio interés o el sentido mágico, sino llena de confianza pues estamos seguros que Jesús actúa siempre o liberándonos de una enfermedad, una pandemia, una situación difícil… o fortaleciéndonos interiormente en la esperanza y el amor, o afianzándonos en nuestras convicciones y valores. La Palabra siempre se cumple.

Juan nos narra la escena del funcionario real que acude a Jesús para pedirle la curación de su hijo gravemente enfermo. A la petición del funcionario Jesús le dice: “Vete, tu hijo vive”. El funcionario creyó en la palabra del Señor y se volvió a su casa. Creyó y obedeció; escuchó a Jesús y puso en práctica lo que le dijo; superó sus temores y dudas y bajó hacia su casa. En este camino de vuelta a su casa le acompañó únicamente la Palabra de Jesús, y esta Palabra también sostuvo cada uno de sus pasos de regreso a casa. Y desde casa los criados le salen al encuentro con la grata certeza y con las mismas palabras que le había dicho Jesús: “tu hijo vive”. La fe que ha caminado en la oscuridad y la incertidumbre encuentra la luz y se convierte en pleno asentimiento: “Y creyó él y todos los suyos”. Los temores y las dudas se disiparon y las certezas de la luz brillaron en su corazón y en de los suyos. Una vez más lo que el funcionario había oído de Jesús se realizaba en su hijo, en él y en los suyos.

Este relato –como todos los que nos cuentan los Evangelios- se cumple también hoy, pues la Palabra de Jesús es viva, eficaz y eterna. Es una Palabra que actúa cuando hay una fe profunda y sincera. En la noche de la prueba y del sufrimiento la Palabra de Jesús es lámpara para nuestros pasos y es oración confiada que encuentra su confirmación luminosa. Cuando todo va bien es como el agua que fecunda nuestro corazón y le hace dar frutos buenos y abundantes. Repite hoy con alegría y convicción: “Tu Palabra me da vida, confío en Ti, Señor; tu Palabra es eterna, en ella esperaré”.


José Luis Latorre

Misionero Claretiano

EL PAPA FRANCISCO REZA POR LAS PERSONAS QUE SUFREN PROBLEMAS ECONÓMICOS POR EL CORONAVIRUS


El Papa reza por las personas que sufren problemas económicos por el coronavirus
Redacción ACI Prensa
 Foto: Vatican Media




El Papa Francisco comenzó la Misa celebrada este lunes 23 de marzo en su residencia de Casa Santa Marta pidiendo rezar por todas las personas que, por causa del confinamiento decretado en muchos países para atajar la pandemia de coronavirus COVID 19, están sufriendo graves consecuencias económicas al no poder trabajar.

“Rezamos hoy por las personas que, por la pandemia están comenzando a sentir problemas económicos, porque no pueden trabajar y todo ello recae sobre la familia. Rezamos por la gente que tiene este problema”, fueron las palabras del Pontífice.

El Santo Padre ha mostrado en varias ocasiones su preocupación por las consecuencias que esta crisis sanitaria puede tener para las familias.

Ayer domingo 22 de marzo ofreció la Misa por aquellos que fallecen por causa del coronavirus, “que mueren solos sin poder despedirse de sus seres queridos”, y por sus familiares, que “no pueden acompañar a sus seres queridos en su fallecimiento” debido a las medidas de confinamiento de la población.

El sábado 21 de marzo pidió rezar por “las familias que no pueden salir de casa”, “para que sepan encontrar el modo de comunicarse bien, de construir relaciones de amor en la familia, para que sepan vencer las angustias de este tiempo, juntos, en familia”.

El lunes 16 de marzo también ofreció la Misa por “las familias encerradas”. “Que el Señor los ayude a descubrir nuevos modos, nuevas expresiones de amor, de convivencia en esta situación de prueba”.

El Papa Francisco también ofreció la Misa por los ancianos que sufren solos la pandemia, por los médicos que luchan contra el coronavirus hasta dar la vida, por los encarcelados y por todos los fallecidos.

¡QUÉDATE EN CASA!




domingo, 22 de marzo de 2020

OJOS NUEVOS - MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 22 DE MARZO 2020


OJOS NUEVOS


El relato del ciego de Siloé está estructurado desde la clave de un fuerte contraste. Los fariseos creen saberlo todo. No dudan de nada. Imponen su verdad. Llegan incluso a expulsar de la sinagoga al pobre ciego: «Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios». «Sabemos que ese hombre que te ha curado no guarda el sábado». «Sabemos que es pecador».

Por el contrario, el mendigo curado por Jesús no sabe nada. Solo cuenta su experiencia a quien le quiera escuchar: «Solo sé que yo era ciego y ahora veo». «Ese hombre me trabajó los ojos y empecé a ver». El relato concluye con esta advertencia final de Jesús: «Yo he venido para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».

A Jesús le da miedo una religión defendida por escribas seguros y arrogantes, que manejan autoritariamente la Palabra de Dios para imponerla, utilizarla como arma o incluso excomulgar a quienes sienten de manera diferente. Teme a los doctores de la ley, más preocupados por «guardar el sábado» que por «curar» a mendigos enfermos. Le parece una tragedia una religión con «guías ciegos» y lo dice abiertamente: «Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán al hoyo».

Teólogos, predicadores, catequistas y educadores, que pretendemos «guiar» a otros sin tal vez habernos dejado iluminar nosotros mismos por Jesús, ¿no hemos de escuchar su interpelación? ¿Vamos a seguir repitiendo incansablemente nuestras doctrinas sin vivir una experiencia personal de encuentro con Jesús que nos abra los ojos y el corazón?

Nuestra Iglesia no necesita hoy predicadores que llenen las iglesias de palabras, sino testigos que contagien, aunque sea de manera humilde, su pequeña experiencia del evangelio. No necesitamos fanáticos que defiendan «verdades» de manera autoritaria y con lenguaje vacío, tejido de tópicos y frases hechas. Necesitamos creyentes de verdad, atentos a la vida y sensibles a los problemas de la gente, buscadores de Dios capaces de escuchar y acompañar con respeto a tantos hombres y mujeres que sufren, buscan y no aciertan a vivir de manera más humana ni más creyente.


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (9,1-41)

¡VE A LAVARTE A LA PISCINA DE SILOÉ!


“Ve a lavarte a la piscina de Siloé”



Cada vez que realiza su obra con poder de curación, el Mesías ejerce y revela su misión de restablecer la humanidad en su dignidad primera. Se inclina hoy ante el limo de la tierra de donde salimos (Génesis 2, 7). Rehace el gesto inicial del Creador añadiendo un remedio de la época: las heridas curaban mejor, según la costumbre popular, si se le aplicaba saliva.

Hace pues barro con saliva, se lo a los ojos del ciego y lo envía a una fuente de agua viva: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé.” El ciego reconoce su necesidad de curación, se lava en la fuente como se prescribe y recobra la vista como en los primeros días de la creación.

La historia que sigue se parece a una obra de teatro de tal manera que aparecen los juicios de los hombres tenebrosos y con contradicciones aparentes. Es una narración llena de ironía y falta de lógica de quienes se oponen al buen sentido y a la fe en Cristo. El ciego ha encontrado sin embargo en Jesús la única fuente de luz.

El discurso de los pretendidos sabios es tan incoherente que el hombre estaría tentado de decir a todo el mundo: “Iros y dejadme en paz.” Pero san Juan se queda mirando a su personaje en escena: lo que se desarrolla ilustra demasiado bien el rechazo de Jesús y de sus discípulos. La acción refleja en particular las dificultades de los primeros cristianos, que fueron expulsados de la sinagoga a causa de su fe, hacia los años 80, a raíz de la asamblea de los fariseos celebrada en Jamnia.

Como muchos cristianos del tiempo, los padres del ciego se defienden: se unen a los ciegos voluntarios por miedo a ser excluidos como los que está unidos a Cristo. Por su parte, las autoridades que pretendían conocer todo de la Palabra de Dios y establecidos en la verdad, se tapan los ojos y los oídos. Rechazan la evidencia mientras que el ciego curado prosigue solo su paso para conocer a Jesús. Puede preguntarse siempre dónde está el problema sino en la mente de sus oponentes.

Proseguimos la subida a Pascua. El ciego que se une a los discípulos subraya nuestras necesidades de curación. ¿Sabremos reconocerlas? ¿Qué parte de nosotros expondríamos para que la curara Jesús?



* Padre Felipe Santos SDB

EL PAPA FRANCISCO IMPARTIRÁ UNA BENDICIÓN URBI ET ORBI EXTRAORDINARIA


Coronavirus: El Papa Francisco impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria
POR MERCEDES DE LA TORRE | ACI Prensa
 Foto: Vatican Media




Tras dirigir el rezo del Ángelus este domingo 22 de marzo, el Papa Francisco anunció que impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria con la plaza San Pedro vacía. Esta decisión ha sido tomada debido a la actual pandemia de coronavirus COVID-19 para permitir que puedan recibir la indulgencia plenaria quienes la seguirán a través de los medios de comunicación. 

En concreto, el próximo viernes 27 de marzo a las 6:00 p.m. (hora local) el Santo Padre dirigirá un momento de oración en la Basílica de San Pedro, tras el rezo con la Palabra de Dios, Adoración al Santísimo Sacramento, el Papa impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria. Esta especial Bendición suelen impartirla los Pontífices solamente dos veces al año, el 1 de enero y el domingo de Pascua. 


“Presidiré un momento de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro. Con la plaza vacía. Desde ahora invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el cual al término daré la Bendición Urbi et Orbi y a la cual se añadirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”, indicó el Papa.

En esta línea, el Pontífice explicó: “queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, la compasión, la ternura. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas más solas y a quienes más sufren”.

Asimismo, Francisco expresó su cercanía a “los médicos, a los trabajadores sanitarios, enfermeros y enfermeras, voluntarios” y a las autoridades que “deben tomar medidas duras, pero para nuestro bien. Nuestra cercanía a los policías, a los soldados que en la calle intentan mantener siempre el orden para que se cumplan las cosas que el gobierno pide que hagamos por el bien de todos. Cercanía a todos”.

“En estos días de prueba, mientras la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, quisiera proponer a todos los cristianos de las diferentes confesiones que unan sus voces hacia el cielo”, exhortó el Papa.


Recitar la oración del Padre Nuestro

En este sentido, el Santo Padre convocó también “a todos los jefes de las iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, junto a todos los cristianos de las diversas confesiones, a invocar al Altísimo, Dios omnipotente, rezando contemporáneamente la oración que Jesús Nuestro Señor nos ha enseñado”.

Por ello, el Papa invitó a todos a rezar el Padre Nuestro “varias veces al día, pero, todos juntos” y especialmente “a rezar el Padre Nuestro miércoles próximo 25 de marzo al mediodía (hora local), todos juntos”.

“Que en el día en que muchos cristianos recordamos el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo, pueda el Señor escuchar nuestra oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo Resucitado”, pidió el Papa.

LECTURAS BÍBLICAS DE HOY DOMINGO 4° DE CUARESMA, 22 DE MARZO DE 2020


Lecturas de hoy Domingo 4º de Cuaresma - Ciclo A
Hoy, domingo, 22 de marzo de 2020




Primera lectura
Lectura del primer libro de Samuel (16,1b.6-7.10-13a):

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.


Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,8-14):

En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz –toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz–, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

Palabra de Dios


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.


Palabra del Señor





Comentario al Evangelio de hoy domingo, 22 de marzo de 2020
Fernando Torres cmf


De la confusión a la luz

      El evangelio de hoy cuenta una historia larga y preciosa. Da para hablar y comentar mucho: las actitudes de los diversos personajes, identificarnos con unos y con otros, etc. Pero nos vamos a centrar en la relación entre el ciego y Jesús. Si dejamos de lado todas las discusiones y diálogos posteriores al milagro, el relato del milagro en cuanto tal es brevísimo. Jesús se acerca al ciego –no se dice que el ciego haya solicitado su curación, simplemente estaba allí y Jesús lo vio–, escupe en tierra, hace barro con la saliva, se lo unta en los ojos y le dice que se vaya a lavar. El ciego obedece y recobra la vista. Luego viene toda la discusión entre los conocidos, la familia, los fariseos y el ciego. Jesús prácticamente desaparece del relato. Hasta que al final se encuentra de nuevo con el ciego, expulsado de la sinagoga simplemente por contar lo que le había sucedido, y le invita a creer en él.

      Atención al método de curación. Jesús unta barro en los ojos del ciego. Es como si Jesús llevase al ciego a una mayor confusión todavía. En realidad el ciego vivía tranquilo y contento en su situación. No pide a Jesús que le cure. Simplemente está allí cuando Jesús pasa. Podemos pensar que si era ciego de nacimiento, no sentiría ninguna necesidad de ver. ¿Para qué? Su mundo había sido siempre oscuro. No conocía la luz. No sentía necesidad de ella. Quizá ni siquiera tenía conciencia de tener ojos. 

      Jesús le hace tomar conciencia de su realidad. El barro en los ojos le tuvo que doler al ciego. Le hizo sentir que tenía ojos. ¿No es verdad que el dolor en una parte del cuerpo nos hace sentir esa parte de una forma especial? Algo así le pasó al ciego. Luego vino la instrucción. “Vete a lavarte”. “Lavarme, ¿qué?”, pensaría el ciego. Pero fue y, al lavarse, descubrió por primera vez lo que era la vista. Descubrió el mundo. Se descubrió a sí mismo. 

      Su existencia tranquila se complicó muchísimo. De repente entró en conflicto con sus conocidos, con su mundo. Los fariseos le terminaron expulsando de la sinagoga y sus mismos familiares no querían saber mucho de él. Al final, se encuentra con Jesús y, con su vista recién ganada, reconoce al salvador. “Creo, Señor”. Y se postró ante él.

      A mitad de la Cuaresma, el Evangelio nos dice que Jesús es la luz del mundo. Es nuestra luz. Nos hace ver la realidad de nuestra vida. Nos saca de la oscuridad en la que nos sentimos cómodos. Nos descubre lo que nos gustaría dejar oculto. Nos hace enfrentarnos con nuestra realidad. A la vez y sobre todo, nos muestra la luz, nos enseña que más allá de la oscuridad hay un mundo mejor y más bello, hecho de fraternidad y reino. Y nos desafía a dar una respuesta. ¿Quién se anima a abrir así los ojos?



Para la reflexión

      ¿Cuáles son las partes de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestras relaciones, de nuestra sociedad, que preferimos dejar en la oscuridad y no mirarlas? ¿Queremos de verdad que Jesús nos abra los ojos? ¿En qué tendríamos que cambiar si nos decidimos a abrir los ojos? ¿Qué papel juega Jesús en nuestra vida? ¿Es de verdad nuestra luz?

CURAR LAS CEGUERAS DEL ALMA


Curar las cegueras del alma
Son muchas las cegueras del alma. Desde perezas, cobardías, orgullos y egoísmos y los ojos dejan de ver la luz.


Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net




A base de pequeñas traiciones a la conciencia, el corazón puede endurecerse. Poco a poco inicia una ceguera que dificulta ver el bien, la verdad, la justicia. Entonces alma queda encarcelada entre caprichos y pecados que destruyen y que ahogan.

Son muchas las cegueras del alma. Desde perezas y cobardías, desde ambiciones y envidias, desde lujurias y odios, desde orgullos y egoísmos, los ojos dejan de ver la luz y quedan prisioneros de las tinieblas.

Como enseña san Juan, “quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos” (1Jn 2,11). San Pablo ofrece un análisis más detallado del camino que lleva a la oscuridad y al pecado:

“Porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos. (...) Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados” (Rm 1,21?31).

¿Cómo salir de ese estado de ceguera? ¿Cómo recuperar nuevamente la vista? Si nos dejamos curar por Cristo, si le permitimos tocar nuestros párpados y humedecer nuestras pupilas, volveremos a ver la luz (cf. Jn 9; Ap 3,18).


“Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo” (Ef 5,14b). Con el Maestro podemos salir de las cegueras del alma. Entonces todo quedará iluminado de una manera distinta, y nuestros ojos percibirán, gracias a la misericordia que cura, un horizonte maravilloso de bondad y de belleza. Seremos así capaces de vivir la plenitud de la Ley: amaremos a Dios y a los hermanos (cf. Mt 22,36-39).

PAPA FRANCISCO: RECEMOS POR LOS DIFUNTOS Y LAS FAMILIAS QUE NO PUEDEN ACOMPAÑAR A SUS SERES QUERIDOS


Papa: Recemos por los difuntos y las familias que no pueden acompañar a sus seres queridos
POR MERCEDES DE LA TORRE | ACI Prensa
Foto: Vatican Media





El Papa Francisco pidió rezar por los muchos difuntos “que mueren solos sin poder despedirse de sus seres queridos” y por los familiares que “no pueden acompañar a sus seres queridos en su fallecimiento” debido a la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19.

Así lo indicó el Santo Padre antes de celebrar la Misa este domingo 22 de marzo celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta en la mañana de este cuarto Domingo de Cuaresma.

“En estos días, escuchamos las noticias de muchos difuntos, hombres y mujeres que mueren solos, sin poder despedirse de sus seres queridos. Pensemos en ellos y recemos por ellos. Pero también por las familias, que no pueden acompañar a sus seres queridos en su fallecimiento. Nuestra oración especial es para los difuntos y sus familias”, pidió el Papa.

Durante su homilía, el Pontífice reflexionó en el pasaje del Evangelio de San Juan que relata la curación de Jesús al ciego de nacimiento (Juan 9:1-41) y animó a “no tener miedo a que Jesús pase por nuestras vidas”.

En esta línea, el Papa Francisco citó la frase de San Agustín: “tengo miedo de Cristo cuando pasa” y preguntó: “¿por qué tienes miedo?”

“Tengo miedo de no darme cuenta de que es el Cristo y dejarlo pasar. Y una cosa es clara, a la presencia de Jesús florecen los verdaderos sentimientos del corazón, salen las verdaderas actitudes, es una gracia, y por eso Agustín tenía miedo de dejarlo pasar sin darse cuenta de que estaba pasando. Es claro, pasa, cura a un ciego, y se desata el escándalo, y después, sale lo mejor de las personas y lo peor de las personas”, advirtió.

Finalmente, el Santo Padre aconsejó a todos tomar el Evangelio de San Juan y leer el capítulo 9. “Leerlo en casa tranquilos, una o más veces, y entender bien qué sucede cuando pasa Jesús, permitir que salgan los sentimientos” para entender bien lo que San Agustín nos dice “tengo miedo del Señor cuando pasa, que yo no me dé cuenta y no lo reconozca, y no me convierta”.

HOY 22 DE MARZO ES EL CUARTO DOMINGO DE CUARESMA


Hoy es el cuarto domingo de Cuaresma
Redacción ACI Prensa





Este 22 de marzo la Iglesia celebra el cuarto domingo de Cuaresma. El Evangelio del día corresponde a la lectura de Juan 9:1-41.

A continuación puede leer el Evangelio y la homilía del Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile), Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez:

Evangelio del día Juan 9:1-41

1 Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»
3 Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.
4 Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
5 Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.»
6 Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego
7 y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.
8 Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?»
9 Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.»
10 Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?»
11 El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi.»
12 Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.»
13 Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego.
14 Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
15 Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
16 Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos.
17 Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.»
18 No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista
19 y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?»
20 Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.
21 Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.»
22 Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga.
23 Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»
24 Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
25 Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.»
26 Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?»
27 El replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?»
28 Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés.
29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.»
30 El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos.
31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha.
32 Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
33 Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
34 Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera.
35 Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?»
36 El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
37 Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.»
38 El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
39 Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.»
40 Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?»
41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece.»


Homilía de Mons. Bacarreza:

Dos domingos atrás la liturgia nos proponía el episodio de la Transfiguración de Jesús. En esa ocasión los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron favorecidos con la visión de Jesús revestido de gloria: "Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz" (Mt 17,2). Más tarde el apóstol San Pedro afirmaba: "Nosotros hemos visto con nuestros propios ojos su majestad" (2Ped 1,16). Pero cuando la visión cesó, "alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo" (Mt 17,8); se entiende, en su forma humana, despojada de su gloria.


"Creo, Señor". Y se postró ante él 
Semana IV del Tiempo de Cuaresma - 22 de marzo de 2020

Dos domingos atrás la liturgia nos proponía el episodio de la Transfiguración de Jesús. En esa ocasión los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron favorecidos con la visión de Jesús revestido de gloria: "Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz" (Mt 17,2). Más tarde el apóstol San Pedro afirmaba: "Nosotros hemos visto con nuestros propios ojos su majestad" (2Ped 1,16). Pero cuando la visión cesó, "alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo" (Mt 17,8); se entiende, en su forma humana, despojada de su gloria.

La liturgia de este IV Domingo de Cuaresma nos presenta a un ciego de nacimiento, que después de recobrar la vista vio a Jesús solo y lo adoró como a su Señor. Podemos decir que cuando se trata de Jesús hay tres grados de visión: no ver nada, verlo como un mero hombre, verlo como nuestro Dios y Señor. El punto culminante lo formuló Jesús cuando afirmó: "El que me ve a mí ve al Padre" (Jn 14,9). Es obvio que no todos llegan a este último grado de visión. En el tiempo de Jesús muchos lo vieron y lo rechazaron: lo vio Pilato y lo entregó a la muerte, lo vio Herodes y se burló de él, lo vieron los Sumos Sacerdotes y pidieron que fuera crucificado. Pero lo vio el que había sido ciego y lo reconoce como su Señor postrándose ante él.

El ciego tiene un progreso en su visión de Jesús. Primero lo describe como un simple hombre al cual ha visto con la vista recobrada: "Ese hombre que se llama Jesús"; en un segundo momento, cuando le piden definirlo, dice: "Es un profeta". Israel había conocido muchos profetas, pero nadie se había postrado ante ellos. En el momento culminante Jesús se le presenta y le pregunta: "¿Tú crees en el Hijo del hombre?". Cuando el hombre indaga: "¿Quién es el Hijo del hombre?", Jesús le responde: "Lo estás viendo; el que está hablando contigo, ése es". Estaba viendo al mismo Jesús que ya había visto, pero ahora reacciona diciendo: "Creo, Señor". Y para expresar qué es lo que cree, "se postró ante él", es decir, hace un gesto de adoración que se reserva sólo a Dios. Ve a Jesús y confiesa a Dios. Este es el acto de fe supremo. Esta es la fe que salva: "Todo el que ve al Hijo y cree en él, tiene vida eterna" (Jn 6,40). Se trata de creer que él es el Hijo de Dios, Dios verdadero, hecho hombre.

Entre dos personas que tienen el sentido de la vista, ¿qué es lo que discrimina entre ver y no ver? La luz. Usando esta metáfora Jesús se define como luz: "Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas" (Jn 12,46; cf. 8,12). El que no cree en Jesús, aunque tenga la vista de este mundo y toda la ciencia de este mundo, está en las tinieblas respecto de las verdades que salvan al hombre: está ciego. En cambio, el que cree en Jesús "no camina en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida" (Jn 8,12), de la vida eterna, que es la que da sentido al hombre. A esto se refiere la sentencia final de Jesús: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos".

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)
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