jueves, 22 de noviembre de 2018

YO SOY EL PAN VIVO


Yo soy el Pan vivo
La presencia real de Cristo es uno de los dog­mas más impor­tantes de nues­tra fe.


Por: Cristina Danel | Fuente: Escuela de la Fe 




Estando en Cafarnaúm, Cristo pronuncia unas palabras misteriosas para sus discípulos: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne, vida del mundo. El que come mi carne y bebe mí sangre permanece en mi y yo en él" (Jn 6, 51.56).

Estas palabras tan misteriosas alcanzaron su significado pleno para los discípulos la víspera de su Pasión, cuando terminada la cena tomó el pan y después de dar gracias, lo partió y dijo: este es mi Cuerpo... y después tomó el cáliz y dijo: "esta es mi Sangre... Hacedlo en memoria mía".

Estas son las mismas palabras que el sacerdote dice en el momento de la consagración, y en virtud del Espíritu Santo, Jesús pronuncia también en todas las celebraciones eucarísticas. Si Él fue quien lo proclamó, nadie se puede atrever a dudar. Por eso siempre debemos recibir la Eucaristía plenamente convenci­dos de que son el Cuerpo y la Sangre de Cris­to.

La presencia real de Cristo es uno de los dog­mas más impor­tantes de nues­tra fe. Como cualquier otro dogma, la razón no lo llega a entender. Esta es una de las razones por la cual han ha­bido muchas herejías sobre la presen­cia real de Cristo bajo las especies del pan y el vino. Los gnósticos y los maniqueos decían que Cristo sólo tuvo un cuerpo aparente, por lo tanto, no podía haber presencia real.

Entre los protestantes, algunos lo niegan, otros lo aceptan, pero con erro­res. Que si sólo es una figura de Cris­to, que si su presencia no es substan­cial, otros que si Cristo está presente por la fe. Pero, es un hecho la presen­cia real y substancial de Cristo en la Eucaristía, pues Él mismo lo reveló en Cafarnaúm. No existe otro dogma más manifestado y explicado claramente que éste en la Biblia. Sabemos que lo prometió en Cafarnaúm, que lo realizó en la Última Cena, sólo tenemos que leer los relatos de los evangelistas para cerciorarnos.

Su mandato de "Haced esto en memoria mía" fue tan contundente, que desde un principio los cristianos se reunían para celebrar lo que ellos llamaban, "la fracción del pan". Y esto pasó a ser parte, junto con el Bautismo, del rito propio de los cristianos. Los primeros cristianos nunca dudaron.

Al pronunciar el sacerdote las palabras de la consagración, su fuerza es tal, que Cristo se hace presente tal cual, bajo las substancias del pan y del vino. Es decir, Cristo vivo, real y substancialmente presente. En Cuer­po, Sangre, Alma y Divinidad. Donde está su Cuerpo, está su Sangre, su Alma y su Divinidad. Él está presente en todas las hostias consagradas del mundo y aún en la partícula más pe­queña que podamos encontrar. De ahí la necesidad de tratar con tanto respe­to los vasos sagrados. Cristo se en­cuentra presente en todos los sagrarios del mundo, mientras el signo sensible, el pan, no se corrompa.

Ahí en el Sagrario esta Cristo presente, esperándonos. Sería bueno pensar en cuántas veces lo hemos dejado solo. ¡Cuántas veces su invitación ha sido rechazada! ¡No nos damos cuenta que ahí en el Sagrario nos espera Aquél que nos ama como nadie, el que dio la vida por nosotros!

Conocer la grandeza de la Eucaristía, reservada día y noche en todas las Iglesias, es una invitación a los creyentes a volver ante el Señor, aún fuera de la Misa, para prolongar la actitud de oración que anima la celebración eucarística. Esa oración silenciosa de agradecimiento y de súplica aumenta nuestra fe, ayudando a vivir en la esperan­za y en la caridad.

La exposición del Santísimo, las horas de Adoración, las pro­cesiones eucarísticas nos llevan a concen­trarnos en Aquél que es el pan de vida, es decir la vida misma y nos recuerda que no sólo de pan vive el hombre.

Esta presencia real y substancial nos ha sido revelada por el mismo Cris­to, pero sigue siendo incomprensible. Con el fin de explicarnos un poco este dogma, la Iglesia nos dice: "por el sa­cramento de la Eucaristía se produce una maravillosa conversión de toda la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo, y de toda la substancia del vino en la Sangre", conversión que la Igle­sia llama "Transubstanciación". (Catic. n. 1376).

Este     dogma de la Transubstanciación significa el cambio que sucede al pronunciar el sacerdote las palabras de la consagración en la Misa, por las cuales, en virtud del Es­píritu Santo, el pan y el vino se con­vierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, quedando sólo la apariencia de pan y vino. La substancia es lo que cambia, los accidentes, es decir, el pan y el vino, no cambian. No podemos ver la presencia real de Cristo, sólo vemos los accidentes. Únicamente, a través de la fe podemos estar seguros de esta realidad. Esto que sucede en el mo­mento de la con­sagración, lo cual es posible por una intervención especialísima de Dios.

La gracia que se nos da en la Eucaristía actúa ex opere operato, lo que significa que actúa en vir­tud de la acción sacramental realiza­da, por los méritos alcanzados en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cris­to. El ministro legítimo de este sacra­mento es el sacerdote ordenado, que solamente es el instrumento del cual se vale, Nuestro Señor, para llevar a cabo la conversión de las especies. Cristo le dio el mandato a los Apósto­les, no se lo dio a todos sus discípu­los, de ahí que únicamente los sacer­dotes pueden consagrar, esto fue declarado en el Concilio de Letrán y rei­terado por el Concilio de Trento al con­denar la doctrina protestante de que no había ninguna diferencia entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio de los fieles.

Como vemos, el amor de Dios ha­cia nosotros lo ha llevado a una entre­ga maravillosa. Como respuesta los bautizados debemos de acercarnos a la Eucaristía siempre en estado de gracia, habiéndonos preparado debidamente, con una recta intención, que no es otra cosa que el deseo de unirse íntimamente con Cristo, jamás debemos de comulgar por rutina, vanidad, o compromiso, siempre debemos hacerlo con la intención de agradar a Dios.

Cuando vamos a recibir invitados en nuestra casa tratamos que todo este limpio, preparamos hasta el último detalle, deseamos que todo se encuentre lo mejor posible. Con mucha razón, si es a Cristo a quien vamos a recibir, debemos de tener la delicadeza de estar lo más limpios posibles. Aunque los pecados veniales no son un impedimentos para recibir la Eucaristía, debemos tomar conciencia de ellos y arrepentirnos.

Desgraciadamente, es posible recibir indignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Como el acoger a Cristo en nuestros corazones exige dejar que Él viva en nosotros, que continuemos su misión, gastar nuestra vida por los demás, sin excluir a nadie, el que ha faltado gravemente contra uno de los mandamientos de Dios, antes de acercarse a recibir la comunión eucarística, debe purificarse del pecado por medio del sacramento de la Reconciliación.

Cuando se recibe indignamente este sacramento, el pecado es gravísimo. ¿Cómo se va a recibir a Jesucristo, el Hijo de Dios, que murió por todos, justos y pecadores, con tanta ligereza, con tanta ligereza, con tanta falta de respeto, con tan poco agradecimiento? Si lo vamos a recibir debe ser tal como lo merece Aquél que dio la vida por sus amigos.

Teniendo en cuenta que la gracia comunicada por Cristo en el sacramento es eficaz dependiendo de las disposiciones de quien la va a recibir, es necesaria la adecuada preparación y la acción de gracias después de haberla recibido. ¡Cuán orgullosos debemos de estar después de comulgar! ¡Como el centurión, debemos decir "Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa"!

Por el Bautismo quedamos injertados en Cristo, como los sarmientos en la vid. (Jn 15, 5). Si queremos permanecer a Él, debemos de participar en la celebración eucarística los más posible, de preferencia diariamente. La Iglesia, teniendo esto en mente, nos manda acudir a este sacramento cuando menos una vez al año. Es en esta celebración donde encontraremos la paz, la alegría del cristiano. No desperdiciemos la oportunidad de entrar en comunión con Cristo y hagamos una costumbre de visitarlo en el Sagrario con frecuencia.

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN LA JMJ DE PANAMÁ 2019


Mensaje del Papa Francisco a los participantes en la JMJ de Panamá 2019 [VIDEO]
Redacción ACI Prensa




El Papa Francisco animó a los jóvenes a participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se celebrará en Panamá en enero de 2019 con un mensaje de video que difundió la Santa Sede este miércoles 21 de noviembre.

A continuación, el texto completo del mensaje de video del Papa Francisco:

Queridos jóvenes:


Nos aproximamos a la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Panamá el próximo mes de enero y tiene como lema la respuesta de la Virgen María a la llamada de Dios: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

Sus palabras son un “sí” valiente y generoso. El sí de quien ha comprendido el secreto de la vocación: salir de uno mismo y ponerse al servicio de los demás. Nuestra vida solo encuentra significado en el servicio a Dios y a los demás.

Hay muchos jóvenes, creyentes o no, que al final de una etapa de estudios muestran su deseo de ayudar a otros, de hacer algo por los que sufren. Esta es la fuerza de los jóvenes, la fuerza de todos ustedes, la que puede cambiar el mundo; esta es la revolución que puede desbaratar los grandes poderes de este mundo: la “revolución” del servicio.

Ponerse al servicio de los demás no significa solamente estar listos para la acción, sino que también hay que ponerse en diálogo con Dios, en actitud de escucha, como lo hizo María. Ella escuchó lo que el ángel le decía y después respondió. De ese trato con Dios en el silencio del corazón, se descubre la propia identidad y la vocación a la que el Señor llama; esta puede expresarse en diferentes formas: en el matrimonio, en la vida consagrada, en el sacerdocio… Todas ellas son modos para seguir a Jesús. Lo importante es descubrir lo que el Señor espera de nosotros y ser valientes para decir “sí”.

María fue una mujer feliz, porque fue generosa ante Dios y se abrió al plan que tenía para ella. Las propuestas de Dios para nosotros, como la que le hizo a María, no son para apagar sueños, sino para encender deseos; para hacer que nuestra vida fructifique y haga brotar muchas sonrisas y alegre muchos corazones. Dar una respuesta afirmativa a Dios, es el primer paso para ser feliz y hacer felices a muchas personas.

Queridos jóvenes: Anímense a entrar cada uno en su interior y decirle a Dios: ¿Qué es lo que quieres de mí? Dejen que el Señor les hable; ya verán vuestra vida transformada y colmada de alegría.

Ante la inminente Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, los invito a que se preparen, siguiendo y participando en todas las iniciativas que se llevan a cabo. Les ayudarán a ir caminando hacia esta meta. Que la Virgen María los acompañe en este peregrinaje y que su ejemplo los anime a ser valientes y generosos en su respuesta.

¡Buen camino hacia Panamá! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Hasta pronto.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL DÉCIMO MANDAMIENTO DEL DECÁLOGO


Catequesis del Papa Francisco sobre el Décimo Mandamiento del Decálogo
Redacción ACI Prensa
Foto: Marina Testino / ACI Prensa




El Papa Francisco reflexionó, durante la Audiencia General de este miércoles 21 de noviembre, sobre el Décimo Mandamiento del Decálogo: “No codiciarás los bienes ajenos”.

En su catequesis, el Santo Padre señaló que este Mandamiento, el último del Decálogo, recoge el sentido general de los 10 Mandamientos. “Por medio de este último Mandamiento se subraya el hecho de que todas las transgresiones nacen de una raíz interior común: los malos deseos”.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nuestros encuentros sobre el Decálogo nos llevan hoy al último mandamiento. Lo escuchamos al principio. Estas no son solo las últimas palabras del texto, sino mucho más: son el cumplimiento del viaje a través del Decálogo, que llegan al fondo de todo lo que encierra. En efecto, a simple vista, no agregan un nuevo contenido: las palabras «no codiciarás la mujer de tu prójimo [...], ni los bienes de tu prójimo» están al menos latentes en los mandamientos sobre el adulterio y el robo. ¿Cuál es entonces la función de estas palabras? ¿Es un resumen? ¿Es algo más?


Tengamos muy en cuenta que todos los mandamientos tienen la tarea de indicar el límite de la vida, el límite más allá del cual el hombre se destruye y destruye a su prójimo, estropeando su relación con Dios. Si vas más allá, te destruyes, también destruyes la relación con Dios y la relación con los demás. Los mandamientos señalan esto.

Con esta última palabra, se destaca el hecho de que todas las transgresiones surgen de una raíz interna común: los deseos malvados. Todos los pecados nacen de un deseo malvado. Todos. Allí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Pero no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que hiere a uno mismo y a los demás.

En el Evangelio, el Señor Jesús dice explícitamente: "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”."(Mc 7,21-23).

Entendemos así que todo el itinerario del Decálogo no tendría ninguna utilidad si no llegase a tocar este nivel, el corazón del hombre. ¿De dónde nacen todas estas cosas feas? El Decálogo se muestra lúcido y profundo en este aspecto: el punto de llegada –el último mandamiento- de este viaje es el corazón, y si éste, si el corazón, no se libera, el resto sirve de poco.

Este es el reto: liberar el corazón de todas estas cosas malvadas y feas. Los preceptos de Dios pueden reducirse a ser solo la hermosa fachada de una vida que sigue siendo una existencia de esclavos y no de hijos. A menudo, detrás de la máscara farisaica de la sofocante corrección, se esconde algo feo y sin resolver.

En cambio, debemos dejarnos desenmascarar por estos mandatos sobre el deseo, porque nos muestran nuestra pobreza, para llevarnos a una santa humillación. Cada uno de nosotros puede preguntarse: Pero ¿qué deseos feos siento a menudo? ¿La envidia, la codicia, el chismorreo? Todas estas cosas vienen desde dentro. Cada uno puede preguntárselo y le sentará bien. El hombre necesita esta bendita humillación, esa por la que descubre que no puede liberarse por sí mismo, esa por la que clama a Dios para que lo salve. San Pablo lo explica de una manera insuperable, refiriéndose al mandamiento de no desear (cf. Rom 7: 7-24).

Es vano pensar en poder corregirse sin el don del Espíritu Santo. Es vano pensar en purificar nuestro corazón solo con un esfuerzo titánico de nuestra voluntad: eso no es posible. Debemos abrirnos a la relación con Dios, en verdad y en libertad: solo de esta manera nuestras fatigas pueden dar frutos, porque es el Espíritu Santo el que nos lleva adelante.

La tarea de la Ley Bíblica no es la engañar al hombre con que una obediencia literal lo lleve a una salvación amañada y, además, inalcanzable. La tarea de la Ley es llevar al hombre a su verdad, es decir, a su pobreza, que se convierte en apertura auténtica, en apertura personal a la misericordia de Dios, que nos transforma y nos renueva.


Dios es el único capaz de renovar nuestro corazón, a condición de que le abramos el corazón: es la única condición; Él lo hace todo; pero tenemos que abrirle el corazón.

Las últimas palabras del Decálogo educan a todos a reconocerse como mendigos; nos ayudan a enfrentar el desorden de nuestro corazón, para dejar de vivir egoístamente y volvernos pobres de espíritu, auténticos ante la presencia del Padre, dejándonos redimir por el Hijo y enseñar por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el maestro que nos enseña. Somos mendigos, pidamos esta gracia.

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5, 3). Sí, benditos aquellos que dejan de engañarse creyendo que pueden salvarse de su debilidad sin la misericordia de Dios, que es la sola que puede sanar el corazón. Solo la misericordia del Señor sana el corazón.

Bienaventurados los que reconocen sus malos deseos y con un corazón arrepentido y humilde, no se presentan ante Dios y ante los hombres como justos, sino como pecadores. Es hermoso lo que Pedro le dijo al Señor: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”. Hermosa oración ésta: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”.

Estos son los que saben tener compasión, los que saben tener misericordia de los demás, porque la experimentan en ellos mismos.

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 22 DE NOVIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
22 de Noviembre




Indudablemente, el programa que traza Jesucristo a sus seguidores es difícil y doloroso: "Renunciar a sí mismo es superar las inclinaciones desordenadas y afrontar pacientemente las contrariedades de cada jornada. La negación de sí mismo supone posponer los propios intereses y la propia comodidad, estar preparado a renunciar a todas las cosas antes que perder la gracia de Dios.

Y todavía implica algo más radical, que llega a las profundidades del Yo: es sacrificar el propio querer y la tendencia a la afirmación de sí mismo, para aceptar solamente la voluntad de Dios.



P. Alfonso Milagro

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 21 DE NOVIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
21 de Noviembre



Si examinas la experiencia de tu vida, constatarás que siempre que te apartaste del Señor, sentiste la inseguridad bajo tus pies.

También para ti permitirá el Señor algunos días  o noches, o al menos momentos de tormenta, combates de tentación, luchando sin descanso para vencer. En esas circunstancias no pienses que Jesús te abandonará, sino piensa más bien que está a tu lado; no tardes en tomar la mano de Jesús, que se alarga hacia ti; Jesús pone el gesto salvador de su parte; no hagas tú que ese gesto resulte ineficaz.


P. Alfonso Milagro

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 20 DE NOVIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
20 de Noviembre




El hecho de que Jesús se apartara, este buscar la soledad para entregarse a la oración, lo vemos repetidas veces en distintos pasajes del Evangelio, y esto es no poco aleccionador para el apostolado.

No pienses que tanto más apostolado realizarás cuanto más te muevas o más hables o más te preocupes; el verdadero apostolado es fruto, no de un temperamento inquieto o dinámico, sino de una fuerza interior comunicada por el Espíritu Santo.

Trabaja mucho en tu apostolado, preocúpate por los demás, pero reza mucho más al Padre de todas las luces, para que tu apostolado sea eficiente.




P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 22 DE NOVIEMBRE DEL 2018


Lecturas de hoy Jueves de la 33ª semana del Tiempo Ordinario
 Hoy, jueves, 22 de noviembre de 2018



Primera lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (5,1-10):

Yo, Juan, vi en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso, que pregonaba en alta voz:
«¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?».
Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirarlo. Yo lloraba mucho, porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro y de mirarlo. Pero uno de los ancianos me dijo:
«Deja de llorar; pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David, y es capaz de abrir el libro y sus siete sellos».
Y vi en medio del trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, a un Cordero de pie, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Se acercó para recibir el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono.
Cuando recibió el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo:
«Eres digno de recibir el libro
y de abrir sus sellos,
porque fuiste degollado, y con tu sangre
has adquirido para Dios
hombres de toda tribu,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinarán sobre la tierra».

Palabra de Dios


Salmo
Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/.
R/ Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.


O bien: 

Aleluya

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

V/. Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

V/. Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44):

En aquel tiempo, aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor



Comentario al Evangelio de hoy jueves, 22 de noviembre de 2018
 CR


Si al menos comprendieras lo que conduce a la paz...

Una inquietud del corazón de muchas personas es la paz. ¡Hay tanta violencia, conflictos y guerras que se dan en nuestro pequeño planeta azul! Para unos es un tema electoral; para otros, ocasión de poder y para muchos, preocupación honda mezclada con cierto sentimiento de impotencia. Si supiéramos lo que conduce a la paz…

Un viejo proverbio africano dice: los tambores de guerra son tambores de hambre.

Cuántos nos vamos acostumbrado a ver con naturalidad imágenes de hambre! Realmente es dramático contemplar la inhumana vida de tantas personas que sufren hambre. Clama desde lo el centro de la tierra lo injusto de su vida y de su muerte.

El camino que conduce a la paz ¿no habría de pasar necesariamente por poner nuestra creatividad, inteligencia y esfuerzo en encontrar caminos de justicia y de reconciliación?

Muchos son los que en su lamento se preguntan ¿quién podrá abrir y desvelar este misterio de muerte y transformarlo en vida y salvación?

Como enviados de Jesús no podemos permitir que nuestra torpeza para perdonar edifique trincheras para con nuestros enemigos, que nuestra forma de vida sea cómplice de tantas muertes….

Estamos llamados a continuar el camino del cordero degollado y decirle a los abatidos una palabra de aliento. Estamos llamados a construir de verdad el Reino.

“Paz a los hombres de buena voluntad 

Para construir esta paz es inútil 
tomar las armas. 
Aprendamos a amar al otro 
con todo nuestro corazón. 

Para amar al otro, 
aprendamos a comprenderlo 

Para comprender al otro, 
aprendamos a conocerle 

Conocer, comprender y amar al otro 
son las únicas armas a utilizar 

Para conducirnos a la paz, 
una paz como esta, 
no tiene más que un solo precio: 
El equilibrio del mundo”


(Poema de una congolesa)

LA PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, 21 DE NOVIEMBRE


La Presentación de la Santísima Virgen María
21 de Noviembre



Hoy, celebramos junto con toda la Iglesia, la Presentación en el Templo de la niña Santa María.

Es en una antigua y piadosa tradición que encontramos los orígenes de esta fiesta mariana que surge en el escrito apócrifo llamado "Protoevangelio de Santiago". Este relato cuenta que cuando la Virgen María era muy niña sus padres San Joaquín y Santa Ana la llevaron al templo de Jerusalén y allá la dejaron por un tiempo, junto con otro grupo de niñas, para ser instruida muy cuidadosamente respecto a la religión y a todos los deberes para con Dios.

Históricamente, el inicio de esta celebración fue la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva en Jerusalén en el año 543. Estas fiestas se vienen conmemorando en Oriente desde el siglo VI, inclusive el emperador Miguel Comeno cuenta sobre esto en una Constitución de 1166.

Más adelante, en 1372, el canciller en la corte del Rey de Chipre, habiendo sido enviado a Aviñón, en calidad de embajador ante el Papa Gregorio XI, le contó la magnificencia con que en Grecia celebraban esta fiesta el 21 de noviembre. El Papa entonces la introdujo en Aviñón, y Sixto V la impuso a toda la Iglesia.

BUENOS DÍAS





lunes, 19 de noviembre de 2018

VEN ESPÍRITU SANTO!



VEN ESPÍRITU SANTO....

“Ven Espíritu Santo, sácame del encierro donde me he clausurado, y abre mi vida a los demás.

Derriba las paredes de mi pequeño yo.

Regálame, Espíritu Santo, el don de la disponibilidad.

Hazme disponible para servir.

Hazme disponible para escuchar.

Hazme disponible para compartir.

Hazme disponible para ayudar.

Hazme disponible para acompañar.

Hazme disponible para consolar.

Hazme disponible para alentar.

Hazme disponible para celebrar.

Ven Espíritu Santo, abre mi corazón cerrado, para que no esté siempre pensando sólo en mis necesidades y proyectos, para que aprenda a caminar con los demás, como un verdadero hermano de todos.

Ven Espíritu Santo. Amén.”


* Mons. Víctor Manuel Fernández

SI YO CAMBIARA


Si yo cambiara




Crecer es dejar atrás algo a lo cual estuvimos apegados y de lo cual nos cuesta desprendernos; es atrevernos una vez más y estar dispuestos a ser diferentes de lo que fuimos ayer; es desarrollarnos y evolucionar desde adentro. Cuando decidimos cambiar una actitud negativa, estamos creciendo. Cuando decidimos corregir un error, estamos evolucionando.

Si yo cambiara mi manera de pensar hacia otros, me sentiría más sereno. Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás, los haría felices. Si yo aceptara a todos como  son, sufriría menos. Si yo me aceptara tal cual soy, quitándome mis defectos, ¡cuánto mejoraría mi hogar y todo mi medio ambiente! Si yo criticara menos y amara más, si yo cambiara... ¡cambiaría el mundo!

Resultado de los cambios positivos es la madurez. Serás maduro cuando tengas la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción. Otro signo de madurez  es la voluntad de posponer el placer inmediato en favor de un beneficio a largo plazo. Acepta el desafío de cambiar un poco cada día y crecer en valores, sin pausa y sin prisa.



* Enviado por el P. Natalio

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 19 NOVIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
19 de Noviembre



Jesús levantó sus ojos al cielo.

Era este gesto un acto oracional de Jesús repetidas veces constatado en el Evangelio. En esto Jesús se apartaba de la costumbre rabínica que decía: "La regla es que el que ora ha de tener los ojos bajos y el corazón elevado al cielo."

Para Jesús la elevación de los ojos, de la mirada al cielo, es una expresión visible, que no solamente supone, sino que también produce y ayuda a levantar el corazón al Padre celestial.

Todo esto te está diciendo que debes caminar en la vida con los pies en el suelo, pero el corazón en el cielo y para que pongas tu corazón en el cielo te ayudará no poco el levantar también los ojos; has de saber mirar en todo su origen: todo viene de Dios, y si todo viene de Dios, todo te debe llevar a Dios; no te detengas en esta tierra, que es lugar de tránsito y no de permanencia definitiva y final.


P. Alfonso Milagro

LA VERGÜENZA INVENCIBLE AL CONFESARSE


La vergüenza invencible al confesarse
El Padre Fortea ofrece una solución


Por: P. Antonio Fortea | Fuente: BlogDelPadreFortea.blogspot.com 




El P. José Antonio Fortea, famoso teólogo español, propuso una práctica solución para quienes tienen una “vergüenza invencible”, que les impide recurrir normalmente al sacramento de la Reconciliación, y que “preferirían hacer una peregrinación de cien kilómetros antes que tener que confesar cara a cara determinadas acciones que les humillan de un modo terrible y espantoso”.

A continuación, el texto completo del artículo publicado por el P. José Antonio Fortea bajo el título de “La vergüenza invencible al confesarse”:

Hay personas que, al tener que confesar pecados muy vergonzantes, sienten como si hubiera un muro que les impide hacerlo. Preferirían hacer una peregrinación de cien kilómetros antes que tener que confesar cara a cara determinadas acciones que les humillan de un modo terrible y espantoso.

Los pastores deben ser paternales con este tipo de personas que llevan estas cargas sobre sus conciencias. De manera que en cada ciudad, al menos, debe haber un confesionario donde en vez de rejilla haya una plancha con agujeros que haga totalmente imposible ver a la persona que se confiesa.

No solo eso, sino que la persona debe poder arrodillarse en el confesionario sin ser visto al acercarse, y sin ser visto al alejarse. En la ciudad de Alcalá de Henares donde resido este confesionario existe en tres iglesias.

Y en una de esas iglesias, ese confesionario cuenta con siete confesores fijos que se turnan cada día de la semana desde las 22:00 a las 23:00. El vidrio de la puerta del sacerdote no es transparente, de forma que no ve quien entra o sale del confesionario.

Con esta medida, la inmensa mayoría de los fieles pueden resolver el problema de la vergüenza. Aun así, hay casos más raros en los que la vergüenza puede convertirse en una obstáculo invencible.

Para esos casos, verdaderamente muy raros, lo mejor es llamar por teléfono, de forma anónima, a un sacerdote de la ciudad y comentarle este problema. En muchos casos la conversación telefónica bastará para que el penitente cobre confianza y pueda acercarse a un confesionario del tipo antes citado.

Pero si la vergüenza de decir los pecados continuara siendo algo insuperable, en estos casos, el penitente y el sacerdote pueden quedar un día en el confesionario para entregarle los pecados escritos de un modo claro y breve.

En el confesionario de Alcalá que he mencionado, es posible que el penitente corra la portezuela de la pantalla un poco, unos milímetros, para deslizar una hoja.

La confesión escrita, preferiblemente, no debería exceder más allá de una hoja como máximo. Mejor si se da impresa, para poder leerla con más claridad.

El sacerdote dará los consejos, la penitencia y la absolución sin necesidad de cruzar ninguna pregunta al penitente. En este caso hacer preguntas sería contraproducente.

Esa confesión es perfectamente posible en casos de vergüenza invencible, puesto que a los sordos y a los mudos siempre se les ha permitido hacer la confesión por escrito. Y un caso como el descrito se asemeja en todo al caso de imposibilidad por cuestiones físicas. La imposibilidad psicológica puede ser tan real como la física.

La norma general es que la confesión debe hacerse de forma oral, es decir hablando. Pero, ante una situación de extraordinaria tensión por parte del penitente, se puede hacer lícitamente del modo que he dicho.

Habiendo llamado previamente por teléfono a un sacerdote, éste le dirá en qué confesionario resulta posible deslizar una cuartilla de papel por la rejilla y cuando pueden quedar para ello.

Lo que sí que no es posible es confesarse por teléfono. Uno puede confesarse incluso con intérprete, si no desea esperar a tener un sacerdote de su lengua. Pero por teléfono no es posible.

EL CIEGO BARTIMEO - MAESTRO, HAZ QUE PUEDA VER


El ciego Bartimeo (confianza)
Maestro, haz que pueda ver


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer 




La frase central del Evangelio que relata en encuentro de Bartimeo con Jesús, es sin duda ésta: “Anda, tu fe te ha salvado”. Porque lo más admirable de aquel ciego es su fe, su confianza inmensa. Él no creerá porque es curado, sino que es curado porque cree.

Seguramente ha oído hablar de Jesús y se ha enterado que va a pasar por aquel camino. Mientras pide limosna a los peregrinos que suben a Jerusalén, este pobre ciego pone toda su confianza en el que ha de venir: el Mesías.

Y cuando se da cuenta de que se acerca Jesús, se pone a gritarle con todas sus fuerzas. Le llama Hijo de David, que era el título con el que el pueblo designaba al Mesías prometido. De este Mesías se esperaba, entre otras promesas, que curara a los ciegos: de ahí la gran confianza de Bartimeo.

Y no se deja desanimar por los demás que le quieren hacer callar, porque sabe que ésta es su gran y tal vez única oportunidad. Grita con más fuerza. Y entonces Jesús le oye y lo manda llamar. Bartimeo, aumentada su confianza, se pone de unos saltos delante del Señor.

La pregunta de Jesús le ofrece la ocasión de expresar claramente cuál es su deseo y cuánta su confianza: pide y espera nada menos que el milagro de su curación. Y el Señor no decepciona su confianza devolviéndole la vista. Entonces Bartimeo da el paso siguiente que exige la fe auténtica en Cristo: le sigue por el camino.

Dios da su gracia a los que tienen fe y confianza. Una verdadera fe es la condición que Jesús exige siempre antes de realizar un milagro. Muchas veces en el Evangelio, el Señor rehusa los milagros que le piden. Es algo que experimentamos también nosotros: cuantas veces nuestras oraciones parecen estériles.

Incluso la Sma. Virgen, en las bodas de Caná, obtiene al principio una negativa: “Mi hora aún no ha llegado”. Pero María no se desanima como nosotros. Se queda esperando, con una confianza absoluta: “Haced lo que Él les diga”.

Jesús acaba escuchando siempre a los que insisten con una fe profunda, con una confianza total. Y así pasa también en el Evangelio de hoy: “Anda, tu fe te ha salvado”.

También nosotros deberíamos llegar a ser héroes de la confianza. Sin esta confianza hoy es imposible permanecer firme y victorioso, es imposible vencer el temor, la inseguridad, el descobijamiento. “Quien tiene confianza, lo posee todo”, solía decir el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.

Debemos tener una confianza inquebrantable en el Padre Dios: en su poder de Padre, en su bondad de Padre, en su fidelidad de Padre.
Lo que el niño presupone de su papá, nosotros lo reconocemos en Dios, nuestro Padre. Todo cuanto Él prevé y realiza, es siempre expresión de su amor paternal. Por eso, si Dios está con nosotros, no podemos tener miedo. Es más fuerte siempre aquel que tiene a Dios por aliado.

Y entonces nos exhorta el Padre Kentenich: “Nuestra preocupación más grande debería ser, estar despreocupado en cada momento, no por negligencia, sino porque confiamos en Dios”.

Dios Padre también puede hacer duras exigencias a sus hijos. Pero siempre tenemos que estar convencidos de que Él nos ama, aún cuando no lo comprendemos. ¿Habrá un amor paternal mayor que aquel que asemeja a sus hijos con el Unigénito, pendiente en la cruz? Pero esto sólo lo hace con sus hijos predilectos.

Queridos hermanos, una confianza profunda en Dios, en todos los momentos de nuestra vida, no nos resultará fácil. Pero nuestra Madre en el cielo, la Sma. Virgen, nos guiará y nos ayudará en esto. En Ella confiamos filialmente.
Digámosle, por eso, todos juntos: “En tu poder y en tu bondad fundo mi vida; en ellos espero confiando como niño; Madre admirable, en Ti y en tu Hijo confío plenamente”.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

EL EVANGELIO DE HOY LUNES 19 NOVIEMBRE 2018


Lecturas de hoy Lunes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy, lunes, 19 de noviembre de 2018


Primera lectura
Comienzo del libro del Apocalipsis (1,1-4;2,1-5a):

Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, el cual fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca.
Juan a las siete iglesias de Asia:
«Gracia y paz a vosotros
de parte del que es, el que era y ha de venir;
de parte de los siete Espíritus que están ante su Trono».
Escuché al Señor que me decía:
Escribe al ángel de la Iglesia en Éfeso:
«Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras».

Palabra de Dios


Salmo
Sal 1,1-2.3.4.6

R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol,
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,35-43):

Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:
«Pasa Jesús el Nazareno».
Entonces empezó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
«Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó:
«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo:
«Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
«Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy lunes, 19 de noviembre de 2018
 CR


Dame, Señor, tu mirada

Qué molestos nos resultan los mendigos. Les solemos negar la mirada y en muchas ocasiones hasta cambiamos de cera, si nos es posible. Suscitan en nosotros desconfianza y cierto rechazo.

Nuestra mirada se ha especializado en detenerse en determinadas cosas y desechar otras. Hemos domesticado hasta nuestra forma de percibir. Hemos rutinizado nuestra forma de ver las personas y el mundo que nos rodea.

Cuando algo rompe el cliché que nos hemos fabricado, nos desorienta y tendemos a negarle nuestra atención.

Se necesita cierta dosis de osadía e ingenuidad, de búsqueda de lo nuevo para tener una actitud de permanente apertura a lo que la vida y las personas nos ofrecen diariamente.

Pareciera que hemos puesto a nuestro corazón anestesia, no sea que nos duela o inquiete la realidad o las personas que hemos situado al margen de nuestra vida.

Creo que Jesús y su Evangelio quieren, entre otras cosas, provocar esta actitud de estar atentos a los pequeños signos, huellas, mensajes que la realidad y las personas nos transmiten diariamente.

Sin embargo, ¿no es cierto que hasta la lectura del Evangelio, en ocasiones adquiere tonos de algo sabido, acostumbrado?

Leer el Evangelio desde una perspectiva abierta a la realidad, dejando que se cuele en los entresijos de nuestra vida nos cuesta.

A Jesús sin embargo, lo solemos ver constantemente dejándose interpelar por las personas y los acontecimientos de cada día. Acogiendo con los cinco sentidos cuánto se cruza en su vida y releyéndolo desde su experiencia de Dios.

Se interesa por las historias, los nombres, las vidas de la gente, aunque como en este caso sea un mendigo. Rompe los clichés de su época y se acerca sin ningún rubor a los demás para hacerse su prójimo. Para tratarlo como sabe que a Dios le gustaría que lo tratara: como un ser humano, ni más ni menos. Una persona débil y necesitada pero un hijo de Dios al fin y al cabo.

Jesús, en verdad era un hombre-Dios apasionado por la vida, nadie le era indiferente, nada humano le era indiferente.

Es posible que en nuestro corazón alguna vez también brilló esa pasión honda por Jesús, por el Evangelio, por los demás y tal vez aún ahora siga existiendo ¿o no?

.Dejemos que Jesús se interese por nuestras necesidades y pidámosle que siga vivificando nuestro amor primero. Que transforme nuestra forma de mirar. Que hoy nuestro corazón rece como un susurro: “Dame, Señor; tu mirada”.

BUENOS DÍAS





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