lunes, 19 de noviembre de 2018

LA VERGÜENZA INVENCIBLE AL CONFESARSE


La vergüenza invencible al confesarse
El Padre Fortea ofrece una solución


Por: P. Antonio Fortea | Fuente: BlogDelPadreFortea.blogspot.com 




El P. José Antonio Fortea, famoso teólogo español, propuso una práctica solución para quienes tienen una “vergüenza invencible”, que les impide recurrir normalmente al sacramento de la Reconciliación, y que “preferirían hacer una peregrinación de cien kilómetros antes que tener que confesar cara a cara determinadas acciones que les humillan de un modo terrible y espantoso”.

A continuación, el texto completo del artículo publicado por el P. José Antonio Fortea bajo el título de “La vergüenza invencible al confesarse”:

Hay personas que, al tener que confesar pecados muy vergonzantes, sienten como si hubiera un muro que les impide hacerlo. Preferirían hacer una peregrinación de cien kilómetros antes que tener que confesar cara a cara determinadas acciones que les humillan de un modo terrible y espantoso.

Los pastores deben ser paternales con este tipo de personas que llevan estas cargas sobre sus conciencias. De manera que en cada ciudad, al menos, debe haber un confesionario donde en vez de rejilla haya una plancha con agujeros que haga totalmente imposible ver a la persona que se confiesa.

No solo eso, sino que la persona debe poder arrodillarse en el confesionario sin ser visto al acercarse, y sin ser visto al alejarse. En la ciudad de Alcalá de Henares donde resido este confesionario existe en tres iglesias.

Y en una de esas iglesias, ese confesionario cuenta con siete confesores fijos que se turnan cada día de la semana desde las 22:00 a las 23:00. El vidrio de la puerta del sacerdote no es transparente, de forma que no ve quien entra o sale del confesionario.

Con esta medida, la inmensa mayoría de los fieles pueden resolver el problema de la vergüenza. Aun así, hay casos más raros en los que la vergüenza puede convertirse en una obstáculo invencible.

Para esos casos, verdaderamente muy raros, lo mejor es llamar por teléfono, de forma anónima, a un sacerdote de la ciudad y comentarle este problema. En muchos casos la conversación telefónica bastará para que el penitente cobre confianza y pueda acercarse a un confesionario del tipo antes citado.

Pero si la vergüenza de decir los pecados continuara siendo algo insuperable, en estos casos, el penitente y el sacerdote pueden quedar un día en el confesionario para entregarle los pecados escritos de un modo claro y breve.

En el confesionario de Alcalá que he mencionado, es posible que el penitente corra la portezuela de la pantalla un poco, unos milímetros, para deslizar una hoja.

La confesión escrita, preferiblemente, no debería exceder más allá de una hoja como máximo. Mejor si se da impresa, para poder leerla con más claridad.

El sacerdote dará los consejos, la penitencia y la absolución sin necesidad de cruzar ninguna pregunta al penitente. En este caso hacer preguntas sería contraproducente.

Esa confesión es perfectamente posible en casos de vergüenza invencible, puesto que a los sordos y a los mudos siempre se les ha permitido hacer la confesión por escrito. Y un caso como el descrito se asemeja en todo al caso de imposibilidad por cuestiones físicas. La imposibilidad psicológica puede ser tan real como la física.

La norma general es que la confesión debe hacerse de forma oral, es decir hablando. Pero, ante una situación de extraordinaria tensión por parte del penitente, se puede hacer lícitamente del modo que he dicho.

Habiendo llamado previamente por teléfono a un sacerdote, éste le dirá en qué confesionario resulta posible deslizar una cuartilla de papel por la rejilla y cuando pueden quedar para ello.

Lo que sí que no es posible es confesarse por teléfono. Uno puede confesarse incluso con intérprete, si no desea esperar a tener un sacerdote de su lengua. Pero por teléfono no es posible.

EL CIEGO BARTIMEO - MAESTRO, HAZ QUE PUEDA VER


El ciego Bartimeo (confianza)
Maestro, haz que pueda ver


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer 




La frase central del Evangelio que relata en encuentro de Bartimeo con Jesús, es sin duda ésta: “Anda, tu fe te ha salvado”. Porque lo más admirable de aquel ciego es su fe, su confianza inmensa. Él no creerá porque es curado, sino que es curado porque cree.

Seguramente ha oído hablar de Jesús y se ha enterado que va a pasar por aquel camino. Mientras pide limosna a los peregrinos que suben a Jerusalén, este pobre ciego pone toda su confianza en el que ha de venir: el Mesías.

Y cuando se da cuenta de que se acerca Jesús, se pone a gritarle con todas sus fuerzas. Le llama Hijo de David, que era el título con el que el pueblo designaba al Mesías prometido. De este Mesías se esperaba, entre otras promesas, que curara a los ciegos: de ahí la gran confianza de Bartimeo.

Y no se deja desanimar por los demás que le quieren hacer callar, porque sabe que ésta es su gran y tal vez única oportunidad. Grita con más fuerza. Y entonces Jesús le oye y lo manda llamar. Bartimeo, aumentada su confianza, se pone de unos saltos delante del Señor.

La pregunta de Jesús le ofrece la ocasión de expresar claramente cuál es su deseo y cuánta su confianza: pide y espera nada menos que el milagro de su curación. Y el Señor no decepciona su confianza devolviéndole la vista. Entonces Bartimeo da el paso siguiente que exige la fe auténtica en Cristo: le sigue por el camino.

Dios da su gracia a los que tienen fe y confianza. Una verdadera fe es la condición que Jesús exige siempre antes de realizar un milagro. Muchas veces en el Evangelio, el Señor rehusa los milagros que le piden. Es algo que experimentamos también nosotros: cuantas veces nuestras oraciones parecen estériles.

Incluso la Sma. Virgen, en las bodas de Caná, obtiene al principio una negativa: “Mi hora aún no ha llegado”. Pero María no se desanima como nosotros. Se queda esperando, con una confianza absoluta: “Haced lo que Él les diga”.

Jesús acaba escuchando siempre a los que insisten con una fe profunda, con una confianza total. Y así pasa también en el Evangelio de hoy: “Anda, tu fe te ha salvado”.

También nosotros deberíamos llegar a ser héroes de la confianza. Sin esta confianza hoy es imposible permanecer firme y victorioso, es imposible vencer el temor, la inseguridad, el descobijamiento. “Quien tiene confianza, lo posee todo”, solía decir el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.

Debemos tener una confianza inquebrantable en el Padre Dios: en su poder de Padre, en su bondad de Padre, en su fidelidad de Padre.
Lo que el niño presupone de su papá, nosotros lo reconocemos en Dios, nuestro Padre. Todo cuanto Él prevé y realiza, es siempre expresión de su amor paternal. Por eso, si Dios está con nosotros, no podemos tener miedo. Es más fuerte siempre aquel que tiene a Dios por aliado.

Y entonces nos exhorta el Padre Kentenich: “Nuestra preocupación más grande debería ser, estar despreocupado en cada momento, no por negligencia, sino porque confiamos en Dios”.

Dios Padre también puede hacer duras exigencias a sus hijos. Pero siempre tenemos que estar convencidos de que Él nos ama, aún cuando no lo comprendemos. ¿Habrá un amor paternal mayor que aquel que asemeja a sus hijos con el Unigénito, pendiente en la cruz? Pero esto sólo lo hace con sus hijos predilectos.

Queridos hermanos, una confianza profunda en Dios, en todos los momentos de nuestra vida, no nos resultará fácil. Pero nuestra Madre en el cielo, la Sma. Virgen, nos guiará y nos ayudará en esto. En Ella confiamos filialmente.
Digámosle, por eso, todos juntos: “En tu poder y en tu bondad fundo mi vida; en ellos espero confiando como niño; Madre admirable, en Ti y en tu Hijo confío plenamente”.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

EL EVANGELIO DE HOY LUNES 19 NOVIEMBRE 2018


Lecturas de hoy Lunes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy, lunes, 19 de noviembre de 2018


Primera lectura
Comienzo del libro del Apocalipsis (1,1-4;2,1-5a):

Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, el cual fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca.
Juan a las siete iglesias de Asia:
«Gracia y paz a vosotros
de parte del que es, el que era y ha de venir;
de parte de los siete Espíritus que están ante su Trono».
Escuché al Señor que me decía:
Escribe al ángel de la Iglesia en Éfeso:
«Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras».

Palabra de Dios


Salmo
Sal 1,1-2.3.4.6

R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol,
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,35-43):

Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:
«Pasa Jesús el Nazareno».
Entonces empezó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
«Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó:
«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo:
«Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
«Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy lunes, 19 de noviembre de 2018
 CR


Dame, Señor, tu mirada

Qué molestos nos resultan los mendigos. Les solemos negar la mirada y en muchas ocasiones hasta cambiamos de cera, si nos es posible. Suscitan en nosotros desconfianza y cierto rechazo.

Nuestra mirada se ha especializado en detenerse en determinadas cosas y desechar otras. Hemos domesticado hasta nuestra forma de percibir. Hemos rutinizado nuestra forma de ver las personas y el mundo que nos rodea.

Cuando algo rompe el cliché que nos hemos fabricado, nos desorienta y tendemos a negarle nuestra atención.

Se necesita cierta dosis de osadía e ingenuidad, de búsqueda de lo nuevo para tener una actitud de permanente apertura a lo que la vida y las personas nos ofrecen diariamente.

Pareciera que hemos puesto a nuestro corazón anestesia, no sea que nos duela o inquiete la realidad o las personas que hemos situado al margen de nuestra vida.

Creo que Jesús y su Evangelio quieren, entre otras cosas, provocar esta actitud de estar atentos a los pequeños signos, huellas, mensajes que la realidad y las personas nos transmiten diariamente.

Sin embargo, ¿no es cierto que hasta la lectura del Evangelio, en ocasiones adquiere tonos de algo sabido, acostumbrado?

Leer el Evangelio desde una perspectiva abierta a la realidad, dejando que se cuele en los entresijos de nuestra vida nos cuesta.

A Jesús sin embargo, lo solemos ver constantemente dejándose interpelar por las personas y los acontecimientos de cada día. Acogiendo con los cinco sentidos cuánto se cruza en su vida y releyéndolo desde su experiencia de Dios.

Se interesa por las historias, los nombres, las vidas de la gente, aunque como en este caso sea un mendigo. Rompe los clichés de su época y se acerca sin ningún rubor a los demás para hacerse su prójimo. Para tratarlo como sabe que a Dios le gustaría que lo tratara: como un ser humano, ni más ni menos. Una persona débil y necesitada pero un hijo de Dios al fin y al cabo.

Jesús, en verdad era un hombre-Dios apasionado por la vida, nadie le era indiferente, nada humano le era indiferente.

Es posible que en nuestro corazón alguna vez también brilló esa pasión honda por Jesús, por el Evangelio, por los demás y tal vez aún ahora siga existiendo ¿o no?

.Dejemos que Jesús se interese por nuestras necesidades y pidámosle que siga vivificando nuestro amor primero. Que transforme nuestra forma de mirar. Que hoy nuestro corazón rece como un susurro: “Dame, Señor; tu mirada”.

BUENOS DÍAS





domingo, 18 de noviembre de 2018

FRENTE AL SEMÁFORO: ANÉCDOTAS Y VIDA DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO 23


Semáforo 23
FRENTE AL SEMÁFORO
Semáforo 23
VERDADEROS FRENOS “DE PODER”



“Seamos mansos de corazón, practiquemos la mansedumbre, la humildad, la dulzura: se gana más con la dulzura que con la rudeza. Aprendamos de nuestro Divino Maestro que era toda dulzura y suavidad.”. (San José Marello)




También esta vez es don Cadario quien nos habla. Esto pasó en el comedor del seminario de Asti.
Aquel día me tocaba a mi leer durante el almuerzo, como se acostumbraba hacer en los seminarios y los internos en aquel tiempo durante la comida…
Todo seguía normal hasta un cierto momento. Después no sé qué me vino en mente. En lugar de leer del libro que yo tenía en manos, empecé con bastante malicia a inventar “historias” muy extrañas… entre otras cosas saqué la historia de un rey de África que hacía tonterías y media; en fin, yo estaba diciendo fanfarronadas de tal magnitud que todos se pusieron a reír. Yo mismo e sentía arrastrado por las carcajadas de los seminaristas y no podía seguir adelante.
El Can. Marello que controlaba la discplina se me acerco con la cara encendida.
En verdad yo esperaba, todos esperaban, un cocacho o una bofetada, un gesto violento que yo me había merecido.
Nada. Me miró largamente, yo leía en sus ojos un disgusto tan grande… me quede muy mal, peor que si me hubiera castigado. Me hizo volver a mi asiento.
Ya no pude comer: el silencio se apodero de todos hasta terminar el almuerzo.
Yo sentía que había hecho una muy mala fugada y algunos de mis compañeros me lo hicieron notar.
Después del almuerzo fui a buscar al canónigo:
- Señor Canónigo, grite llorando, no volveré a hacerlo.
- Por supuesto, -respondió sonriendo-. No debes hacerlo nunca jamás. No le gustaría al Señor.

Pero paso tiempo antes que dejara de llorar amargamente. Esta forma de autocontrol de Marello creo que salvo al muchacho de una posible mala reacción. Al fin, había si o solo una broma.
Es cosa buena dejar que pase la cólera antes de castigar.



PERSEGUIDOS


Perseguidos



Siguen viniendo.  Siete mil personas –hombres, mujeres, y niños– están en marcha.  Por la mayor parte son hondureños.  Pero hay guatemaltecos, y probablemente salvadoreños y mexicanos también.  Están atravesando México a la frontera con el EEUU.  Allá van a declararse como refugiados.  ¿Quién puede negar que han experimentado amenazas y quizás asesinos en sus pueblos? Son personas perseguidas aunque no es cierto que puedan convencer a los jueces americanos de sus casos.  De todos modos son como las gentes en las tres lecturas de la misa hoy.

En la primera lectura el “tiempo de angustia” refiere a la persecución de los judíos en el segundo siglo antes de Cristo.  Entonces los griegos regían a Israel.  Trataron a convertir a los judíos al paganismo por fuerza.  Se presume que los dirigidos de la Carta a los Hebreos eran cristianos judíos.  A lo mejor no estaban perseguidos por una fuerza exterior sino por las dificultades de vivir la fe en el mundo.  No obstante, el autor identifica estas pruebas como hombres cuando dice que Cristo está aguardando “a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies”.

El evangelio narra la predicción de Jesús sobre la persecución de sus discípulos en el tiempo venidero.  Cuando dice que será “gran tribulación”, los cristianos del primer siglo tendrán en cuenta varios crímenes del imperio romano.  Cuando el emperador acusó falsamente a los cristianos de poner fuego a Roma, creó una reacción atroz entre la gente.  San Pedro y San Pablo entre muchos otros cristianos fueron martirizados.  También, las turbas ahuyentaron a muchas cristianos de la ciudad.

Las persecuciones contra la Iglesia no han cesado hasta el día hoy.  Hace unos años el Estado Islámico publicó en el Internet un video de la ejecución de trientes cristianos.  Ahora los radicales en Pakistán están insistiendo que una cristiana sea ejecutada por supuestamente blasfemando al profeta Mohamed aunque la corte suprema allá le ha declarado inocente.  Sí es la verdad que la mayoría de los cristianos en el mundo no tienen que preocuparse de la pérdida de vida.  Sin embargo, a menudo enfrentan la persecución de modos más sutiles.

Algunos políticos no pueden votar con su consciencia sobre el aborto por miedo de perder el apoyo de su partido.  El aborto se ha vuelto en la cuestión más controvertida en la política norteamericana de modo que un partido prácticamente haya prohibido a sus representantes a tomar una posición en pro de vida.

Muchos jóvenes entran en guerra contra sus conciencias por miedo de perder una experiencia considerada buena.  Se les hacen sentir como desvalidos si no tienen relaciones antes de casarse o si no prueban drogas.  Es difícil decir “no” a la tentación cuando los medios masivos glorifican el sexo y promueven la legalización de marihuana.

No es raro que nos sintamos perseguidos en el trabajo.  Puede ser por un jefe que siempre nos corrige aun cuando hacemos todo bien.  Puede ser por las palabrotas de compañeros que nos quitan la paz.  Puede ser por el pago insuficiente para cubrir las necesidades de la casa.  No sabemos qué hacer cuando no se oyen nuestras quejas y no es factible buscar otro empleo.

En el evangelio el Señor Jesús promete a sus discípulos que vendrá cuando la situación parezca no aguantable.  Rescatará a su pueblo de la persecución y terminará sus dolores.  Tan cierto como la higuera echa hojas en el verano, Jesús premiará a sus fieles con la salvación.

Hasta entonces es de nosotros a seguir luchando.  Pero no deberíamos pensar que estemos en la guerra solos.  Pues tenemos el apoyo de Jesús mismo.  Él forma a otros fieles mujeres y hombres para aliviarnos.  Él despacha al Espíritu Santo para iluminarnos a discernir entre lo bueno y lo malo.  Sobre todo él nos viene en el sacramento que ya estamos para recibir.  Su Cuerpo nos dará sustancia para resistir las tentaciones.  Su Sangre nos levantará el ánimo para mantener el gozo a pesar de las dificultades.  En el Día de Acción de Gracias qué no olvidemos a agradecer a Dios por el acompañamiento de Jesús.



Padre Carmelo Mele O. P.

NADIE SABE EL DÍA - MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 18 NOVIEMBRE 2018


NADIE SABE EL DÍA
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc (13,24-32)



El mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.

Un día, la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones?

Jesús habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. «Nadie sabe el día o la hora…, solo el Padre». Nada de psicosis ante el final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre.

Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada haya ocurrido?

Jesús recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy iluminan la tierra y hacen posible la vida se apagarán. El mundo quedará a oscuras. ¿Se apagará también la historia de la humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?

Según la versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al «Hijo del hombre», es decir, a Cristo resucitado, que vendrá «con gran poder y gloria». Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.

Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán así? Con una sencillez sorprendente invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.

Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos Dios. Nuestra historia apasionante llegará a su plenitud.

POR QUÉ SE TOCAN LAS CAMPANITAS DURANTE LA MISA?


¿Por qué se tocan las campanitas durante la Misa?
Este signo es muy característico, pero, ¿qué significa?


Por: Daniel Alberto Robles Macías | Fuente: ConMasGracia.org 




En cada celebración eucarística, cuando el sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino, el acólito hace sonar la campanita y todos en la audiencia nos ponemos de rodillas. Asimismo, en cada elevación del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se vuelven a escuchar las campanitas. Este signo es muy característico y, en lo personal, me gusta. Pero, ¿qué significa?

Antes del Concilio Vaticano II, la Misa se celebraba “mirando al oriente”, es decir, los fieles miraban al sacerdote de espaldas, quien en voz baja y en el idioma latín, dirigía la celebración. Esto ocasionaba que muchos asistentes se distrajeran y, por lo tanto, no comprendían lo que pasaba en cada momento de la celebración. De modo que las campanitas eran de mucha utilidad en el momento culmen de la consagración.

Cuando las campanitas se tocaban, era la señal para que cada quien tomara consciencia y prestara atención al milagro que estaba por suceder, Cristo mismo se hace presente en Cuerpo, Alma y Divinidad. Las campanitas, también se hacían oír durante la elevación de los dones y en las genuflexiones que el sacerdote realizaba.

Después del Concilio, el rito tridentino de la misa se modificó para quedar como lo conocemos ahora, denominado forma extraordinaria. Hoy, la eucaristía se celebra en la lengua de la región, con el sacerdote de cara a los fieles y en voz alta.

Que se hagan sonar las campanitas en el momento de la consagración, no es obligatorio y se deja a voluntad del ministro celebrante. La Instrucción General del Misal Romano en su numeral 150 refiere: “Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree conveniente, advierte a los fieles con un toque de campanilla. Puede también, según las costumbres de cada lugar, tocar la campanilla en cada elevación”.

Pero yo considero que su uso sigue siendo de mucha utilidad, puesto que, en la actualidad, la Misa resulta ser entendible y permite la participación activa, no falta aquella persona que en algunos momentos de la celebración se distraiga en otros pensamientos y pierda conciencia de los momentos importantes. Por lo que, en el momento de la plegaria eucarística, el sonido de las campanitas lo hará volver hacia el acontecimiento que se está celebrando en el altar.

Además, gracias a los signos visibles que contemplamos en la Misa, tales como los colores en las vestiduras de los sacerdotes, las imágenes, cantos, flores, velas, incienso o campanitas, es que podemos adentrarnos en la celebración de la que todos formamos parte y, de esa manera, ser conscientes de la importancia y el sentido de cada momento de la Eucaristía.

En consecuencia,  el uso de las campanitas en la liturgia nos ayuda a recordar lo que estamos por vivir. Junto con todo el cielo y la Iglesia universal adoramos con gozo y piedad el sacrificio de aquel que se hace alimento para nosotros. Junto con el sonido de las campanitas elevamos nuestra alabanza al Señor, al Santo de los Santos.

DESCUBREN ROSTRO DE JESÚS EN ISRAEL, LO CONSIDERAN EL MÁS ANTIGUO DE LA HISTORIA


Descubren rostro de Jesús en Israel, lo consideran el más antiguo de la historia
Redacción ACI Prensa
 Foto: Ester Inbar (Wikipedia)



Una de las pinturas más antiguas de Jesús, con aproximadamente 1.500 años de antigüedad, fue hallada en la pared de una iglesia abandonada en de Israel.

La iglesia fue encontrada en las ruinas de Shivta, un antiguo pueblo agrícola en el corazón del desierto de Negev, a unos 40 kilómetros al suroeste de Be’er Sheva. El pueblo fue fundado en el siglo II y sobrevivió más de seiscientos años antes de ser abandonado durante el inicio del período islámico temprano.

El retrato fue descubierto por la historiadora de Arte, Emma Maayan-Fanar, y mostraría el contorno facial de un joven Jesús con cabello corto.

“En contraste con la imagen occidental de Jesús como alguien con cabello largo y suelto y, a veces, barba, la pintura de Shivta lo muestra en estilo oriental con pelo corto y rizado, cara larga y nariz alargada”, dijo Maayan-Fanar.


La especialista dijo que el hallazgo "fue realmente una cuestión de suerte y experiencia. Estudiamos el sitio, y yo estaba mirando de cerca el ábside esperando ver algunas manchas de color. Luego levanté la cabeza y vi los ojos. Era el rostro de Jesús en su bautismo, mirándonos".

"Dror Maayan, mi esposo y fotógrafo profesional, apuntó su cámara hacia la dirección en la que pensé que veía la imagen, y allí estaba, el rostro de Jesús", indicó.

La imagen se remontaría al siglo VI y fue vista en las ruinas de una iglesia bizantina en el desierto de Negev en Israel. Aunque la Tierra Santa dio origen al cristianismo, muy poco arte religioso ha sobrevivido allí desde su historia temprana.

"La representación más antigua conocida de Cristo hasta ese momento, era del siglo III en Dura Europos, en la actual Siria”, dijo Mayaan-Fanar.

La pintura fue primero descubierta en 1920 y ahora ha sido nuevamente analizada usando técnicas modernas. De acuerdo a los expertos, su importancia se encontraría en que precede a la iconografía religiosa utilizada en la Iglesia Cristiana Ortodoxa.


"Pertenece al esquema iconográfico de un Cristo de pelo corto, que estaba especialmente extendido en Egipto y en Siro-Palestina, pero que pasó del arte bizantino posterior", señalaron los investigadores.

A pesar de que solo se aprecian fragmentos de la obra, la experta de la Universidad de Haifa distingue la cara que representa a un joven Jesús junto a otro rostro de mayores proporciones a su izquierda, muy probablemente de Juan el Bautista. Ambas figuras debieron de formar parte de una escena más amplia que fue pintada sobre la pila bautismal del templo.

"Hasta ahora, es la única escena de bautismo de Cristo in situ hasta la fecha con confianza en la Tierra Santa pre-iconoclasta", escriben los autores del estudio en su artículo. Por lo tanto, puede iluminar la comunidad cristiana de Bizantina Shivta y el arte cristiano primitivo en toda la región".

El hallazgo ha sido publicado en la revista arqueológica Antiquity junto a los arqueólogos Ravit Linn, Yotam Tepper y el profesor Guy Baz-Oz, del Instituto de Arqueología Zinman de la Universidad de Haifa. Los autores de este estudio aseguran que “el rostro de Cristo en esta pintura es un descubrimiento importante en sí mismo”.





PAPA FRANCISCO: EL GRITO DE LOS POBRES ES CADA VEZ MÁS FUERTE PERO MENOS ESCUCHADO


Papa Francisco: El grito de los pobres es cada vez más fuerte pero menos escuchado
POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa





El Papa Francisco celebró este domingo 18 de noviembre una Misa por la Jornada Mundial de los Pobres en la que afirmó que el grito de estos hermanos es cada vez más fuerte y, lamentablemente, cada vez menos escuchado.

Ante unos 6.000 pobres presentes en la Basílica de San Pedro, acompañados por numerosos voluntarios y miembros de asociaciones de caridad que los asisten cotidianamente, el Pontífice resaltó que “la injusticia es la raíz perversa de la pobreza. El grito de los pobres se hace cada día más fuerte, y cada día menos escuchado”. Termina siendo “dominado por el ruido de pocos ricos, que son siempre menos y siempre más ricos”.

El Santo Padre refirió asimismo que “vivir la fe en contacto con los necesitados es importante para todos nosotros. No es una opción sociológica, no es la moda de un pontificado, es una exigencia teológica. Es reconocerse mendicantes de salvación, hermanos y hermanas de todos, pero especialmente de los pobres, los predilectos del Señor”.

En este día, continuó el Papa, “pidamos la gracia de escuchar el grito de quien vive en aguas borrascosas. El grito de los pobres: es el grito ahogado de los niños que no pueden ver la luz, de los pequeños que sufren hambre, de los chicos habituados al fragor de las bombas en lugar de los gritos alegres de los juegos. Es el grito de los ancianos descartados y dejados solos. Es el grito de quien enfrenta la tempestad de la vida sin una presencia amiga. Es el grito de quien debe huir, dejando la casa y la tierra sin la certeza de un lugar adonde llegar. Es el grito de poblaciones enteras privadas de los ingentes recursos naturales de los que disponen. Es el grito de tantos Lázaros que lloran, mientras pocos epulones banquetean con lo que, por justicia, pertenece a todos”.

“Ante la dignidad humana pisoteada con frecuencia permanecemos con los brazos cruzados o se abren los brazos, impotentes ante la oscura fuerza del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, o con los brazos abiertos y fatalista, no. El creyente tiende la mano, como hace Jesús con Él”.

El Pontífice resaltó asimismo que “ante Dios el grito de los pobres es escuchado. Pregunto: ¿y en nosotros? ¿Tenemos ojos para oír, oídos para oír, manos tendidas para ayudar, o repetimos ese ‘vuelve mañana’? ‘Cristo mismo, en la persona de los pobres, reclama en voz alta la caridad de sus discípulos’. Nos pide reconocerlo en quien tiene hambre y sed, es forastero y despojados de dignidad, enfermo y encarcelado”.

“El Señor tiende la mano: es un gesto gratuito, no exigido. Y así es que se hace. No estamos llamados a hacer el bien solo a quien se quiere. Volver es normal pero Jesús pide ir más allá: pide dar a quien no va a devolver, es decir amar gratuitamente”.

El Papa Francisco explicó luego que, como el Señor Jesús en el Evangelio, al cristiano le toca salir al encuentro. “¿Para ir dónde? Hacia Dios, rezando, y hacia quien tiene necesidad, amando. Son los verdaderos tesoros de la vida: Dios y el prójimo. Ir hacia Dios y bajar a los hermanos, esta es la ruta indicada por Jesús. Él nos sacude de estar cómodos en las llanuras de la vida, de vivir ociosamente entre las pequeñas satisfacciones cotidianas. Los discípulos de Jesús no están hechos para la previsible tranquilidad de una vida normal”.

“Como el Señor Jesús viven su camino, ligeros, listos para dejar las glorias del momento, atentos a no apegarse a los bienes que pasan. El cristiano sabe que su patria está más allá, sabe que ya es (…) conciudadano de los santos y familiar de Dios”.

Francisco recordó que al creyente le toca buscar siempre a Cristo, con la certeza de que “Jesús, solo Él, vence a nuestros grandes enemigos: el diablo, el pecado, la muerte, el miedo y la mundanidad”.

Ante las tempestades de la vida, continuó el Santo Padre, “el secreto de navegar bien es invitar a Jesús a bordo. El timón de la vida se le da a Él para que sea Él quien defina la ruta. Solo Él da vida en la muerte y esperanza en el dolor. Solo Él cura el corazón con el perdón y libera del miedo con la confianza. Invitemos a Jesús a la barca de la vida”. “¡Con Él a bordo nunca hay naufragio!”, exclamó.

“Miremos nuestros días: Entre las muchas cosas, ¿hacemos algo gratuito, algo para quien no tiene como dar algo a cambio? Esa será nuestra mano tendida, nuestra verdadera riqueza en el cielo. Tiende la mano a nosotros Señor y aférranos”.

Para concluir, el Papa Francisco pidió a Jesús que “nos ayudes a amar como amas Tú. Enséñanos a dejar lo que pasa, a animar a quien tenemos al lado, a dar gratuitamente a quien tiene necesidad. Amén”.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 18 NOVIEMBRE 2018


Lecturas de hoy Domingo 33º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
 Hoy, domingo, 18 de noviembre de 2018



Primera lectura
Lectura de la profecía de Daniel (12,1-3):

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 15,5.8.9-10.11

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

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Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (10,11-14.18):

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a lo que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Palabra de Dios

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Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos (13,24-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy domingo, 
18 de noviembre de 2018
 Fernando Torres cmf


Entre el temor y la esperanza

      Estamos casi al final del año litúrgico y el Evangelio de hoy nos trae unas palabras un tanto extrañas de Jesús a sus discípulos. Jesús anuncia, parece ser, unos acontecimientos terribles. Si lo que dice Jesús se cumpliera, tendríamos que decir que es el fin de este mundo que conocemos y en el que vivimos. Y con el fin del mundo vendría el final también de esta vida nuestra. No se puede interpretar de otra forma la afirmación de que el sol no dará más luz y de que las estrellas caerán del cielo sobre la tierra. Es el anuncio del desastre final. Más de una película se ha hecho en los últimos años describiendo ese final horrible del mundo y de la vida que contiene. 

      Pero no conviene leer sólo el Evangelio. El Evangelio hay que leerlo siempre en conexión con las otras lecturas que la Iglesia ofrece a nuestra reflexión cada domingo. Así en la primera lectura, tomada del libro del profeta Daniel, se anuncian también “tiempos difíciles”. Pero a renglón seguido se dice que van a ser tiempos de salvación para el pueblo. Ese desastre final no va a ser desastre para todos. Unos, los inscritos en el libro, se salvarán para la vida eterna. Otros para el castigo eterno. Aquí ya parece que ese final terrible no es igual de terrible para todos. Es más, para el pueblo en cuanto tal va a suponer la salvación definitiva.

      La segunda lectura ofrece la clave para interpretar lo leído. La carta a los hebreos hace una comparación entre los sacrificios de los sacerdotes de otras religiones y el ofrecido por Cristo, es decir, su propia vida. Dice que los sacerdotes de esas religiones tienen que ofrecer muchos sacrificios porque, como no pueden alcanzar el perdón de los pecados, continuamente se ven obligados a tratar de aplacar a Dios por las ofensas causadas por los pecados de los hombres. Pero Cristo, el sumo sacerdote de la nueva alianza, ofreció un único sacrificio, su vida, por nuestra salvación. Con él nos consiguió el perdón de los pecados. Termina la lectura afirmando que “donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados”. Atención a esa frase. Deja claro que en la nueva alianza que Jesús ha sellado con su sangre, se nos ha otorgado el perdón. Hemos vuelto a ser acogidos como hijos por Dios Padre. Lo que nunca habíamos dejado de ser. Aquel Dios vengador y justiciero de que hablaba el Antiguo Testamento no es real. Cuando nos ha mostrado su rostro en Jesús, hemos visto que es el de un padre que perdona y acoge. 

      Este mundo pasa. Nuestra vida tiene un final. Eso es así y no lo vamos a cambiar. El fin del mundo y el fin de mi vida llegarán algún día. Probablemente antes lo segundo que lo primero. Lo importante es saber que acogidos al perdón de Dios que se nos ofrece en Cristo, podemos acceder a la nueva vida, estamos salvados. Esa es nuestra fe. No hay, pues razón para temer. 



Para la reflexión

      ¿Me atemoriza pensar en mi propia muerte? ¿Estoy comportándome de una manera digna de quien ha sido perdonado, salvado y acogido por Dios como hijo suyo? ¿Qué tendría que cambiar en mi vida diaria para vivir como hijo de Dios? ¿Comunico a los demás esperanza con mi vida? 

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 18 DE NOVIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
18 de Noviembre



El primer sembrador es Jesús; vino a nosotros para sembrar en nuestros corazones la semilla de la Palabra del Padre.

Pero también nosotros tenemos que ser sembradores, encargados de ir llevando esa semilla evangélica por todo lo ancho del mundo.  Sembradores de la palabra de Dios, roturadores del campo de los espíritus a fin de capacitarlos para que reciban la Palabra.  Distribuidores generosos de la semilla, no guardándola en nuestras personales alforjas, sino lanzándola al viento del espíritu, que podrá llevarla a regiones insospechadas.


P. Alfonso Milagro

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 17 DE NOVIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
17 de Noviembre



Los judíos pedían a Jesús "una señal"... como si les hubiera dado pocas... como si las que les había dado no hubieran sido suficientemente convincentes.

También el hombre de hoy se siente insatisfecho con lo que se le da y pide más y pide otra cosa. Y eso puede ser porque está totalmente desenfocado en lo que pretende, pero también puede ser porque lo que hasta el presente se le ha dado, hoy no le resulta ya convincente, porque no responde a la problemática del mundo y del hombre de hoy.

No se pedirán milagros raros y llamativos, pero si que se pedirá el milagro de la vida testimonial, de una fe comprometida con el hombre y con el mundo.

En efecto, a los antiguos judíos Jesús nos les quiso dar otra prueba que su propia resurrección.

Tampoco al mundo de hoy Jesús le quiere dar otra prueba, sino la prueba de que él resucitó y que, en consecuencia, ahora está viviente y vivificante en cada uno de sus cristianos. De ahí que sea el mismo Jesús el que inste de continuo a sus cristianos a que den al mundo no creyente la prueba de que él ha resucitado y de que vive en ellos y por ellos.


P. Alfonso Milagro

FELIZ DOMINGO




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