jueves, 15 de marzo de 2018

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 15 MARZO 2018


Lecturas de hoy Jueves de la 4ª semana de Cuaresma
, jueves, 15 de marzo de 2018



Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo (32,7-14):

EN aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
«Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”».
Y el Señor añadió a Moisés:
«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».
Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
«¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».
Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 105,19-20.21-22.23

R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

V/. En Horeb se hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen
de un toro que come hierba. R/.

V/. Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam,
portentos junto al mar Rojo. R/.

V/. Dios hablaba ya de aniquilarlos;
pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha frente a él,
para apartar su cólera del exterminio. R/.

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Lectura del santo evangelio según san Juan (5,31-47):

EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy jueves, 15 de marzo de 2018
Eguione Nogueira, cmf


¡Hermanas y hermanos! ¡Paz y bien!

En la primera lectura de hoy aparece el tema de infidelidad del hombre y la misericordia de Dios: dado que Moisés había desaparecido y Dios parecía encerrado en su silencio, Aarón decidió adoptar una medida “pastoral”, es decir, empleó los medios más adaptados a la mentalidad del pueblo que acababa de huir de Egipto con el fin de mantener su experiencia religiosa a través del culto al becerro de oro (Ex 32). En otras palabras, el pueblo recurrió a la idolatría, a un hecho extraño a la Alianza y destituyó al Dios que les había sacado de Egipto de su puesto. La fe verdadera no admite rebajas, tampoco adaptaciones que causan ilusiones y satisfacen nuestros deseos inmediatos, pero sin más. Dios, que se desborda de amor por nosotros nos quiere totalmente para Él.

Por eso, ante el desvío del pueblo hebreo en sus andanzas por el desierto hacia la tierra prometida, sobresale la misericordia de Dios que oye la petición de Moisés y se compadece de su pueblo, aunque sea un pueblo de dura cerviz. Él sabe de nuestras infidelidades, de nuestras debilidades, de nuestras incoherencias, pero no desiste de nosotros. En la travesía por el desierto, el pueblo sintió carencias, incluso religiosas. En este momento, cuando Moisés está ausente y Dios en aparente silencio, es que la tentación en buscar otros dioses, ídolos que pudieran responder a las necesidades inmediatas, aparecen con más fuerza.

Esto también puede pasar con nosotros: ¿Cuántos hermanos se desvían del camino de la fe y pasan a adorar otros dioses simplemente porque en sus oraciones no fueron satisfechas sus necesidades o porque consideraron que Dios no quiso hacer su voluntad? Pero esto también puede pasar con nosotros. En cierta medida, todos llevamos en nosotros, aunque escondido, nuestros “becerros de oro”. El becerro de oro puede ser cualquier cosa o persona que nos hace prescindir de Dios, nos aleja de Él y nos impide de ser agraciados por su misericordia: el poder, el honor, la riqueza, el consumo... Ídolo es todo lo que esclaviza en nombre de la libertad y nos aleja de Dios.

El camino cuaresmal es propicio para que volvamos nuestra mirada detenida en nuestra vida y reconozcamos los “becerros de oro” que hemos construido en nuestra vida a lo largo del último año. Reconocerlos y destruirlos es una actitud difícil, pero necesaria para que volvamos nuestros ojos al único que puede darnos la libertad y la vida: Jesucristo.

Vuestro hermano en la fe,
Eguione Nogueira, cmf
eguionecmf@gmail.com

STEPHEN HAWKING Y LA IGLESIA CATÓLICA: 5 COSAS QUE NO SABÍAS


Stephen Hawking y la Iglesia Católica: 5 cosas que no sabías
Redacción ACI Prensa





El famoso astrofísico Stephen Hawking falleció el 14 de marzo a la edad de 76 años. En medio de su declarado ateísmo y pese a que negó la existencia de Dios, presentamos ahora algunos aspectos que lo relacionaron con la fe católica.

1.- La fe de su ex esposa en Dios salvó su vida

“¡Por favor, Señor, que Stephen esté vivo!”, fue la plegaria que Jane Wilde hizo en 1985, cuando le dijeron por teléfono que su entonces esposo, el famoso científico Stephen Hawking, debía ser desconectado del respirador tras quedar en coma por una neumonía.

Jane recuerda este episodio en su libro “Hacia el infinito”, donde cuenta que se aferró a Dios como tantas otras veces “para resistir y mantener la esperanza” frente al ateísmo ferviente de su esposo que despreciaba y se burlaba de sus “supersticiones religiosas”, porque “la única diosa de Stephen Hawking es y siempre fue la Física”.

Wilde recordó que los médicos suizos le dieron a entender que no había nada que hacer, y que si ella lo autorizaba desconectarían el respirador artificial para dejarlo morir con el mínimo dolor posible.

“Desconectar el respirador era impensable. ¡Qué final más ignominioso para una lucha tan heroica por la vida! ¡Qué negación de todo por lo que también yo había luchado! Mi respuesta fue rápida: Stephen debe vivir”, afirmó.

Los médicos realizaron una traqueotomía que salvó la vida del científico pero también lo dejó sin habla, obligándolo a comunicarse con la voz robótica de su sintetizador.


2.- Era miembro de la Pontificia Academia para las Ciencias

A finales de noviembre de 2016, Hawking llegó al Vaticano para dar una conferencia sobre el origen del universo, motivando varios cuestionamientos a la presencia del declarado ateo en el corazón de la Iglesia Católica.

El hecho no fue nada extraordinario, ya que desde hacía algún tiempo el astrofísico era miembro de la Pontificia Academia para las Ciencias, en la que participan 80 de los científicos más brillantes del mundo, y estaba en el Vaticano para su encuentro anual.

La religión no es un criterio de membresía en la Pontificia Academia de las Ciencias. El presidente de la institución, Werner Arber, Premio Nobel de Medicina de 1978, es protestante. También figuran entre sus miembros creyentes de otras religiones.

Esta política de membresía abierta existe porque la Pontificia Academia de las Ciencias está concebida como un lugar donde la ciencia y la fe puedan encontrarse y discutir. No es un foro confesional, sino un lugar donde es posible tener una discusión abierta y examinar los futuros avances científicos.

3.- ¿Su ateísmo estaba basado en la ciencia?

El canciller de la Pontificia Academia para las Ciencias, Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, recordó que le preguntó a Hawking si había llegado a la conclusión que Dios no existe como científico o sobre la base de su experiencia de vida.

A la pregunta, explicó el Prelado, “Hawking tuvo que reconocer que su afirmación no tenía nada que ver con la ciencia”.

Mons. Sánchez Sorondo dijo además que “el científico descubre cosas que no había puesto ahí. Cuestionarse quién puso esas cosas ahí es un asunto teológico. El científico solo las descubre, el creyente ve en ellas la presencia de Dios”.

4.- Reconoció que un sacerdote es el padre de la teoría del Big Bang

Durante su conferencia en el Vaticano en noviembre de 2016, Stephen Hawking rindió homenaje al P. Georges Lemaitre, Presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias entre 1960 y 1966.

Hawking dijo que el sacerdote belga era el verdadero padre de la “Teoría del Big Bang” y no el físico George Gamow.

“Georges Lemaitre fue el primero que propuso un modelo según el cual el universo tenía un principio muy denso. Él, y no George Gamow, es el padre del Big Bang”, dijo.

5.- Se encontró con cuatro Papas

En el marco de su visita al Vaticano en 2016, Stephen Hawking fue recibido por el Papa Francisco, años atrás se encontró también con el Papa Emérito Benedicto XVI.

El astrofísico tuvo ocasión de conocer a San Juan Pablo y al Beato Pablo VI.

TODOS VALEN PARA CATEQUISTAS?


¿Todos valen para catequistas?
Nunca debemos olvidar que el/la catequista es una persona vocacionada, es decir, llamada por Dios


Por: P. Francisco Javier Domínguez | Fuente: adelantelafe.com 




LA CATEQUESIS TIENE QUE SER UN CAMINO HACIA LA SANTIDAD

Requisitos imprescindibles para poder ser catequista: Estar confirmado, asistir a la Santa Misa Dominical, Confesión frecuente, ir a la formación de catequistas y vida de intimidad con Dios y su Sagrada Escritura.

Nunca debemos olvidar que el/la catequista es una persona vocacionada, es decir, llamada por Dios para una misión concreta y muy importante dentro de la Iglesia, en la que ponemos mucha  carne en el asador. Nadie piense, que ser catequista es un hobbie, una distracción… La vocación es algo muy serio, donde está en juego nuestra felicidad y la de los demás. Y sobre todo el que las almas redescubran a Dios en su corazón.

Es muy importante que el/la catequista antes de comenzar la catequesis tenga un ratito de oración, donde en  la presencia de Dios le pida fuerzas al Espíritu Santo para que sea Él el que realmente actúe en nosotros.

Cuando se comienza la catequesis todos juntos nos ponemos en la presencia de Dios: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es recomendable que se recuerde que allí donde dos o más se reúnen en nombre de Dios allí está Él en medio de ellos. El tener un Crucifijo, una vela encendida  y la fotografía de Jesucristo y la Virgen María ayuda muchísimo a estar en la presencia de Dios.
La catequesis debe estar preparada por el/la catequista con antelación, no llegar a lo que surja. La catequesis hay que trabajarla y prepararla.

La catequesis no es solo tener un tema actual que debatir, ni tampoco es un gabinete psicológico de deshago, ni puede ser solo un  rato de juego con los niños. La tarea del/de la catequista es dar a conocer a Jesucristo, a la Iglesia y sus grupos e instituciones, la Sagrada Escritura, los sacramentos, los santos, la piedad… Todo esto si se prepara bien hace que las personas que  reciban la catequesis vayan amando a Dios con más intensidad, reconocen a la Iglesia como una madre…Una catequesis tiene que tener como centro a Jesucristo.

En las catequesis las personas deben ir amando cada vez más la Eucaristía, la confesión, la oración, la intimidad con Dios… Pero para poder dar a conocer esto, el/la catequista debe vivirlo. Nadie da de lo que no tiene. Si un/una catequista no tiene su corazón en Dios, en los sacramentos, en la Iglesia ¿Qué le está dando a los demás? Muchas cosas, pero no a Dios.

Toda catequesis debe comenzar o terminar en el Sagrario, allí donde está nuestro Señor Jesucristo. La presencia viva de Jesús va transformando a las almas que se acercan a El. Por eso, si pretendemos que Jesucristo sea amado por todos, tenemos que llevarlos a Él. Y allí en el Sagrario rezar alguna oración  vocal, hacer peticiones, hablar con en el Señor, un ratito de silencio..

En cada catequesis se debe leer el Evangelio del día correspondiente o el del Domingo siguiente al día de la catequesis. Leerlo con profundidad y extraer una palabra que nos ilumine, que nos de fuerza, que nos recuerde todo el Evangelio. ¿Señor que me pides, que necesitas de mi?

El/La catequista tiene que ser con su vida testimonio de Jesucristo, ya que es referente para las personas a las que regala su tiempo para dar a conocer a Jesucristo. La mejor catequesis, nunca lo olvidemos, es nuestra propia vida cuando transparenta a Cristo. Nuestra vida tiene que ser luz y sal para los demás, un nuevo sabor en medio de este mundo.

En las catequesis se deben aprender las oraciones que la tradición cristiana nos ha ido transmitiendo: Padre Nuestro, Ave María, Gloria, Yo Confieso, Credo… Así como inculcar una devoción fuerte al Ángel de la Guarda, el Santo Rosario, Via-Crucis… El fervor en el corazón es muy importante para vivir una verdadera vida cristiana.

Es muy importante que el/la catequista rece por los componentes de su grupo y sus familiares, para que el Señor los vaya iluminando en la búsqueda de Dios.

Siempre, siempre misericordia unos con otros, mucho respeto y dispuestos a acoger  los distintos dones que Dios ha puesto en cada uno. Se trata de aceptar esos dones, valorarlos, acogerlos… Confiar en las personas, porque en cada una hay una pequeña ventana por donde Dios entra y es capaz de transformarlo todo en Verdadero Amor.

MARÍA DE BETANIA SIGUIÓ A CRISTO POR AMOR


María de Betania siguió a Cristo por amor
Jueves cuarta semana de Cuaresma. Jesús, cuando ve un alma generosa no la deja en buenos deseos sino que la une a Él.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




Reflexionaremos en el gesto que tiene María de Betania con Jesucristo nuestro Señor cuando ella unge a Jesús, según narra San Juan. Este Evangelio, en el que María realiza la unción de Jesús, nos habla de una mujer que ha puesto totalmente, sin reticencias de ningún tipo y con mucha firmeza, su corazón en Jesucristo. Lo que la lleva a dar testimonio público de agradecimiento para nuestro Señor.

Esta mujer se presenta ante el mundo como fiel seguidora de Jesucristo. Es un gesto de amor, de gratitud, pero que en el fondo, es un gesto profundo de compromiso; porque la unción compromete a María a estar cada vez más cerca de Cristo.

¿Cuáles son los detalles que María de Betania muestra? Delante de todos, toma una libra de perfume de nardo puro, muy caro, unge los pies de Cristo y los seca con sus cabellos. No mide su gratitud con Aquél que es objeto de su amor. Es alguien que está convencida del bien que Cristo ha hecho en su vida, porque Cristo ha hecho un cambio profundo en ella. Detrás de todo está la sensibilidad profunda que la lleva a no medir su gratitud.

El gesto de la mujer, que es el gesto de una profunda gratitud, es el fruto de un corazón comprometido, que no sólo quiere recibir, sino dar agradecimiento. Esta dimensión cambia totalmente el gesto, porque hace de un gesto común, un detalle de amor, de donación personal, de compromiso.

Siendo Jesús un hombre discreto, que no gusta de honores, deja que María lo haga, porque Jesús ve en su corazón el compromiso personal que ella tiene con Él. Dice Jesús: “Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura”, la estoy uniendo al misterio más grande, que es mi donación personal por la salvación de los hombres. Jesús une ese darse de María de Betania al misterio de su cruz, al gesto de su don personal en la cruz; hace que esa mujer se asocie al don que Él va a dar en la cruz. Jesús llama de esta forma al amor a María de Betania: la llama a seguirlo con decisión hasta la sepultura; hasta compartir con Él el misterio de su pasión.

Así es Jesús. Jesús, cuando ve a un alma generosa no la deja en buenos deseos sino que la une a Él. Esto es lo que el Señor ve en todas las almas a las que llama a un mayor compromiso, a las que pide un paso más de entrega: ve un corazón como el de María de Betania.

“A Mí no siempre me tendréis”. Ésta es la segunda dimensión con la que Jesús mira a María de Betania. La dimensión de una mujer que ha captado que seguir a Cristo es un compromiso exigente, firme, sin remilgos. María quizá no había entendido quién era Cristo, pero había experimentado que seguirlo a Él no puede dejar indiferente su vida, que para seguirlo tiene que transformar hasta las fibras más íntimas de su corazón. Es un implícito acto de adoración a Cristo, de adoración a Alguien que la une a su misterio doloroso, a su misterio de don al hombre, a Alguien que se convierte para ella en una persona.

Cristo es una persona que me ha unido a su misión redentora y que además es mi Señor. Al ser llamados, no nos podemos quedar con el buen deseo de amarlo, tenemos que llegar a la dimensión de que Cristo es el Señor, el Creador Todopoderoso, y que, además, me ha querido unir a su don a la humanidad, al misterio de salvación que es su entrega por cada uno de los hombres.

Si es grande el misterio de su llamada, es más grande el misterio de la respuesta de María, que se entrega en ese momento, se pone a su disposición ante la llamada a hacer del amor a Cristo un amor personal, y hacer de la decisión por Cristo una opción y una decisión eficaz, sin otro límite que el del propio corazón. Esta opción nace de la conciencia profunda de haber hecho la experiencia profunda de Cristo en su alma.

El gesto de María no tendría sentido si no fuera fruto del conocimiento personal de su opción por Cristo. Los gestos debemos llenarlos de sentido. Nuestra opción por Cristo debe tener un sentido en todas partes: en casa, en el apostolado, en la sociedad, porque los mismos gestos tienen diferente contenido, porque es una opción ofrecida a Jesucristo nuestro Señor por amor a Él.

Cada uno de nosotros tiene que ser consciente de que, por el bautismo, es una persona más unida a Cristo, porque en cada gesto, en cada detalle que hace, hay una particular donación de su vida a Jesucristo.

En nuestras vidas hay los mismos gestos, pero el amor es diferente, porque amamos con más profundidad, porque hemos sido unidos más a la sepultura del Señor, a la redención de Cristo, al misterio de la salvación de la humanidad.

Cristo es dado a la humanidad. En cierto sentido, María de Betania, por su experiencia de Cristo, es también dada a Cristo. María es de Cristo porque ha tocado, ha descubierto la dimensión personal del Señor, y para ella ser cristiana no es pertenecer a una religión, sino enamorarse de una persona, tener arraigada en el corazón a una persona. Ser cristiano es seguir a Cristo, es amar a una persona, seguirla y vivir según esa persona. Es un compromiso distinto, sobre todo cuando vemos que el compromiso nace de dos dones: el don de Cristo a mi vida y el don de mi vida a Cristo para la salvación de la humanidad, en mi ambiente, en mi casa, con los míos.

Pidámosle a Jesucristo que la unción en Betania tenga sentido en nuestras vidas, porque de la opción personal por Cristo depende todo lo que hagamos. Debemos ver a María de Betania como la mujer que ve a su Señor, se une a Él, se acerca a Él y lo experimenta personalmente.

PAPA FRANCISCO: ESTAS SON LAS DOS CARACTERÍSTICAS DE LA ORACIÓN CRISTIANA


Estas son las dos características de la oración cristiana, según el Papa
Redacción ACI Prensa
 Foto: Vatican Media





El Papa Francisco afirmó, durante la Misa celebrada este jueves 15 de marzo en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, que las dos características principales de la oración cristiana son la valentía y la esperanza.

En su homilía, el Santo Padre destacó que también la libertad es otro rasgo importante de la oración de los hijos de Dios. Así lo indicó a partir de la primera lectura del día, del Libro del Éxodo, en la que se describe una conversación entre Moisés y Dios sobre la apostasía del pueblo de Israel.

Moisés trata de interceder ante Dios por su pueblo, que “abandonó la gloria del Dios vivo para adorar a un becerro de oro”. Moisés ora ante Dios “sin vender su conciencia. Y esto le gusta a Dios. Cuando Dios ve un alma, una persona que reza y reza y reza por cualquier cosa, Él se conmueve”.

La actitud de Moisés es de sinceridad, “nada de tangentes. Yo estoy con el pueblo. Y estoy contigo. Esta es la oración de intercesión: una oración que argumenta, que tiene la valentía de decir a la cara al Señor que es paciente”.

“En la oración de intercesión es necesaria la paciencia: nosotros no podemos prometer a alguien que rezaremos por él y luego terminar la cosa con un Padre Nuestro y un Avemaría y adelante. No. Si tú dices que vas a rezar por otro, debes avanzar por este camino. Se necesita paciencia”.

El Papa insistió: “Para la oración de intercesión se necesitan dos cosas: valentía y paciencia. Si yo quiero que el Señor escuche aquello que le pido, debo avanzar, avanzar y avanzar, llamar a la puerta, y llamar al corazón de Dios. ¡Pero porque mi corazón se encuentra comprometido con ello! Si mi corazón no se compromete con esa necesidad, con aquella persona por la que debo rezar, no seré capaz ni de la valentía ni de la paciencia”.

El Santo Padre finalizó la homilía pidiendo “que el Señor nos conceda esta gracia. La gracia de rezar delante de Dios con libertad, como hijos. De rezar con insistencia, de rezar con paciencia. Pero, sobre todo, de rezar sabiendo que hablo con mi Padre, y mi Padre me escuchará”.

CAES EN EL VICIO DEL CHISME? DESCÚBRELO EN ESTE TEST


¿Caes en el vicio del chisme? Descúbrelo con este test
Redacción ACI Prensa





En una ocasión, el Papa Francisco dijo que ser chismoso es como “arrojar una bomba e irse. Y las habladurías destruyen, destruyen. Destruyen una familia, un barrio, una parroquia, destruyen todo. Pero sobre todo los chismes destruyen el corazón”.

El chisme en una falta grave y tal vez uno puede estar cayendo en ella sin darse cuenta. Por ello, presentamos un test elaborado por el National Catholic Register para que descubra si es una persona chismosa y pueda corregir esa falta.

Basta que haya realizado una de estas 10 afirmaciones para ser considerada una persona chismosa.

1.- Mientras sea verdad, está bien repetir el chisme.

2.- Necesitaba desahogarme.

3.- Solo se lo dije a una persona.

4.- Se lo dije a la gente solo para pedirles sus oraciones por esa pobre alma.

5.- Se me escapó por accidente así que no estaba chismeando intencionalmente.

6.- Pasé una semana sin decírselo a nadie, entonces tuvo que contárselo solo a una persona-

7.- Se lo dije a alguien en confidencia y le hice prometer que no lo repetirá.

8.- Necesitaba consejo sobre cómo manejar ese tema.

9.- Si él o ella actuará de esa forma, entonces se lo merece.

10.- Estoy rezando por él, así que todo está bien.



Traducido y adaptado por María Ximena Rondón. Publicado originalmente en el National Catholic Register.

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 15 MARZO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
15 de marzo



Dios siempre envía a sus profetas y emisarios, encargándoles una misión que cumplir; esa misión no suele ser siempre agradable o fácilmente aceptable; contra esa misión se suelen completar con no poca frecuencia las humanas pasiones y los intereses viles y así los hombres, que son los destinatarios de esa misión, la rechazan, no la reconocen, ni aceptan y aun se burlan de los emisarios de Dios, de los profetas de Cristo, que por ser fieles a su misión evangelizadora y profética deben arrastrar toda clase de persecuciones y humillaciones.


P. Alfonso Milagro

BIENVENIDOS!!!





miércoles, 14 de marzo de 2018

PAPA FRANCISCO: EL PADRE NUESTRO NO ES UNA ORACIÓN MÁS, ES LA ORACIÓN DEL HIJO DE DIOS


Papa Francisco: El Padre Nuestro no es una oración más, es la oración del Hijo de Dios
Redacción ACI Prensa
 Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa





El Papa Francisco afirmó, durante la catequesis pronunciada en la Audiencia General de este miércoles 14 de marzo, que el Padre Nuestro no es una simple oración más, y recordó su centralidad en la vida cristiana por ser la oración del Hijo de Dios.

El Santo Padre continuó con las catequesis sobre la Santa Misa y se centró, en esta ocasión, en el rezo del Padre Nuestro y en la fracción del Pan.

Sobre el Padre Nuestro, explicó que “esta no es una de tantas oraciones cristianas, sino que es la oración del Hijo de Dios. De hecho, entregado a nosotros en el día de nuestro Bautismo, el Padrenuestro hace resonar en nosotros los mismos sentimientos que pertenecieron a Jesucristo”.

“Cumpliendo su divina enseñanza, nos atrevemos a dirigirnos a Dios llamándole Padre, porque hemos renacido como sus hijos por medio del agua y del Espíritu Santo. Nadie, en verdad, podría llamarlo familiarmente ‘Abba’ sin haber sido engendrado por Dios, sin la inspiración del Espíritu Santo”.


Francisco explicó que la mejor forma de prepararse para recibir la Comunión es rezando el Padre Nuestro: “¿Qué oración mejor que la enseñada por Jesús para prepararse para la Comunión sacramental con Él?”.

“Además de en la Santa Misa, el Padre Nuestro se reza por la mañana y por la noche en las Laudes y en las Vísperas, de forma que la actitud filial hacia Dios y de fraternidad con el prójimo contribuyen a dar forma cristiana a nuestra jornada”.

A continuación, explicó el significado de esta oración. Así, señaló que “el pan de cada día” se refiere al Pan eucarístico, “del cual tenemos necesidad para vivir como hijos de Dios”.

Por otro lado, “también imploramos el perdón de nuestros pecados, y para ser dignos de recibir el perdón de Dios, nos comprometemos a perdonar a los que nos han ofendido. Así, al mismo tiempo que nos abre el corazón a Dios, el Padre Nuestro nos dispone también al amor fraterno”.

Por último, “pedimos al Señor que nos libre del mal que nos separa de Él y nos divide de nuestros hermanos”.

El Pontífice afirmó que “cuanto pedimos en el Padre Nuestro se extiende en la oración que el sacerdote, en nombre de todos, suplica: ‘Líbranos, Señor, de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días’”.

Después, esta petición “recibe un sello en el rito de la paz: en primer lugar, se pide a Cristo que el don de su paz haga crecer la Iglesia en la unidad y en la paz, según su voluntad”.


“En el Rito romano, el intercambio del signo de la paz, colocado desde la antigüedad antes de la Comunión, está en orden a la Comunión eucarística. Según la advertencia de San Pablo, no es posible comunicar al único Pan que nos hace un solo Cuerpo en Cristo, sin reconocerse pacificados por el amor fraterno. La paz de Cristo no puede enraizarse en un corazón incapaz de vivir la fraternidad y de recomponerla después de haber herido”.

Tras el rito de la paz, viene la fracción del Pan. “La fracción del Pan eucarístico viene acompañada de la invocación del Cordero de Dios, figura con la cual Juan Bautista señaló a Jesús como ‘aquel que quita el pecado del mundo’. La imagen bíblica del cordero habla de la redención”.

El Papa Francisco finalizó: “En el Pan eucarístico, partido para la vida del mundo, la asamblea orante reconoce el verdadero Cordero de Dios, es decir, Cristo Redentor, y le suplica: ‘Ten piedad de nosotros…, danos la paz’”.

QUIÉN ES CRISTO PARA MI?


¿Quién es Cristo para mi?
Miércoles cuarta semana de Cuaresma. La conversión cristiana pasa primero por la experiencia de Cristo.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




La dimensión interior del hombre debe ser buscada insistentemente en nuestra vida. En esta reflexión veremos algunos de los efectos que debe tener esta dimensión interior en nosotros. No olvidemos que todo viene de un esfuerzo de conversión; todo nace de nuestro esfuerzo personal por convertir el alma a Dios, por dirigir la mente y el corazón a nuestro Señor.

¿Qué consecuencias tiene esta conversión en nosotros? En una catequesis el Papa hablaba de tres dimensiones que tiene que tener la conversión: la conversión a la verdad, la conversión a la santidad y la conversión a la reconciliación.

¿Qué significa convertirme a la verdad? Evidentemente que a la primera verdad a la que tengo que convertirme es a la verdad de mí mismo; es decir, ¿quién soy yo?, ¿para qué estoy en este mundo? Pero, al mismo tiempo, la conversión a la verdad es también una apertura a esa verdad que es Dios nuestro Señor, a la verdad de Cristo.

Convertirme a Cristo no es solamente convertirme a una ideología o a una doctrina; la conversión cristiana tiene que pasar primero por la experiencia de Cristo. A veces podemos hacer del cristianismo una teoría más o menos convincente de forma de vida, y entonces se escuchan expresiones como: “el concepto cristiano”, “la doctrina cristiana”, “el programa cristiano”, “la ideología cristiana”, como si eso fuese realmente lo más importante, y como si todo eso no estuviese al servicio de algo mucho más profundo, que es la experiencia que cada hombre y cada mujer tienen que hacer de Cristo.

Lo fundamental del cristianismo es la experiencia que el hombre y la mujer hacen de Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Qué experiencia tengo yo de Jesucristo? A lo mejor podría decir que ninguna, y qué tremendo sería que me supiese todo el catecismo pero que no tuviese experiencia de Jesucristo. Estrictamente hablando no existe una ideología cristiana, es como si dijésemos que existe una ideología de cada uno de nosotros. Existe la persona con sus ideas, pero no existe una ideología de una persona. Lo más que se puede hacer de cada uno de nosotros es una experiencia que, evidentemente como personas humanas, conlleva unas exigencias de tipo moral y humano que nacen de la experiencia. Si yo no parto de la reflexión sobre mi experiencia de una persona, es muy difícil que yo sea capaz de aplicar teorías sobre esa persona.

¿Es Cristo para mí una doctrina o es alguien vivo? ¿Es alguien vivo que me exige, o es simplemente una serie de preguntas de catecismo? La importancia que tiene para el hombre y la mujer la persona de Cristo no tiene límites. Cuando uno tuvo una experiencia con una persona, se da cuenta, de que constantemente se abren nuevos campos, nuevos terrenos que antes nadie había pisado, y cuando llega la muerte y dejamos de tener la experiencia cotidiana con esa persona, nos damos cuenta de que su presencia era lo que más llenaba mi vida.

Convertirme a Cristo significa hacer a Cristo alguien presente en mi existencia. Esa experiencia es algo muy importante, y tenemos que preguntarnos: ¿Está Cristo realmente presente en toda mi vida? ¿O Cristo está simplemente en algunas partes de mi vida? Cuando esto sucede, qué importante es que nos demos cuenta de que quizá yo no estoy siendo todo lo cristiano que debería ser. Convertirme a la verdad, convertirme a Cristo significa llevarle y hacerle presente en cada minuto.

Hay una segunda dimensión de esta conversión: la conversión a la santidad. Dice el Papa, “Toda la vida debe estar dedicada al perfeccionamiento espiritual. En Cuaresma, sin embargo, es más notable la exigencia de pasar de una situación de indiferencia y lejanía a una práctica religiosa más convencida; de una situación de mediocridad y tibieza a un fervor más sentido y profundo; de una manifestación tímida de la fe al testimonio abierto y valiente del propio credo.” ¡Qué interesante descripción del Santo Padre! En la primera frase habla a todos los cristianos, no a monjes ni a sacerdotes. ¿Soy realmente una persona que tiende hacia la perfección espiritual? ¿Cuál es mi intención hacia la visión cristiana de la virtud de la humildad, de la caridad, de la sencillez de corazón, o en la lucha contra la pereza y vanidad?

El Papa pinta unos trazos de lo que es un santo, dice: “El santo no es ni el indiferente, ni el lejano, ni el mediocre, ni el tibio, ni el tímido”. Si no eres lejano, mediocre, tímido, tibio, entonces tienes que ser santo. Elige: o eres esos adjetivos, o eres santo. Y no olvidemos que el santo es el hombre completo, la mujer completa; el hombre o la mujer que es convencido, profundo, abierto y valiente.

Evidentemente la dimensión fundamental es poner mi vida delante de Dios para ser convencido delante de Dios, para ser profundo delante de Dios, para ser abierto y valiente delante de Dios.

Podría ser que en mi vida este esfuerzo por la santidad no fuese un esfuerzo real, y esto sucede cuando queremos ser veleidosamente santos. Una persona veleidosa es aquella que tiene un grandísimo defecto de voluntad. El veleidoso es aquella persona que, queriendo el bien y viéndolo, no pone los medios. Veo el bien y me digo: ¡qué hermoso es ser santo!, pero como para ser santo hay que ser convencido, profundo, abierto y valiente, pues nos quedamos con los sueños, y como los sueños..., sueños son.

¿Realmente quiero ser santo, y por eso mi vida cristiana es una vida convencida, y por lo mismo procuro formarme para convencerme en mi formación cristiana a nivel moral, a nivel doctrinal? ¡Cuántas veces nuestra formación cristiana es una formación ciega, no formada, no convencida! ¿Nos damos cuenta de que muchos de los problemas que tenemos son por ignorancia? ¿Es mi cristianismo profundo, abierto y valiente en el testimonio?

Hay una tercera dimensión de esta conversión: la dimensión de la reconciliación. De aquí brota y se empapa la tercera conversión a la que nos invita la Cuaresma. El Papa dice que todos somos conscientes de la urgencia de esta invitación a considerar los acontecimientos dolorosos que está sufriendo la humanidad: “Reconciliarse con Dios es un compromiso que se impone a todos, porque constituye la condición necesaria para recuperar la serenidad personal, el gozo interior, el entendimiento fraterno con los demás y por consiguiente, la paz en la familia, en la sociedad y en el mundo. Queremos la paz, reconciliémonos con Dios”.

La primera injusticia que se comete no es la injusticia del hombre para con el hombre, sino la injusticia del hombre para con Dios. ¿Cuál es la primera injusticia que aparece en la Biblia? El pecado original. ¿Y del pecado de Adán y Eva qué pecado nace? El segundo pecado, el pecado de Caín contra Abel. Del pecado del hombre contra Dios nace el pecado del hombre contra el hombre. No existe ningún pecado del hombre contra el hombre que no provenga del pecado primero del hombre contra Dios. No hay ningún pecado de un hombre contra otro que no nazca de un corazón del cual Dios ya se ha ido hace tiempo. Si queremos transformar la sociedad, lo primero que tenemos que hacer es reconciliar nuestro corazón con Dios. Si queremos recristianizar al mundo, cambiar a la humanidad, lo primero que tenemos que hacer es transformar y recristianizar nuestro corazón. ¿Mis criterios son del Evangelio? ¿Mis comportamientos son del Evangelio? ¿Mi vida familiar, conyugal, social y apostólica se apega al Evangelio?
Ésta es la verdadera santidad, que sólo la consiguen las personas que realmente han hecho en su existencia la experiencia de Cristo. Personas que buscan y anhelan la experiencia de Cristo, y que no ponen excusas para no hacerla. No es excusa para no hacer la experiencia de Cristo el propio carácter, ni las propias obligaciones, ni la propia salud, porque si en estos aspectos de mi vida no sé hacer la experiencia de Cristo, no estoy siendo cristiano.

Cuaresma es convertirse a la verdad, a la santidad y a la reconciliación. En definitiva, Cuaresma es comprometerse. Convertirse es comprometerse con Cristo con mi santidad, con mi dimensión social de evangelización. ¿Tengo esto? ¿Lo quiero tener? ¿Pongo los medios para tenerlo? Si es así, estoy bien; si no es así, estoy mal. Porque una persona que se llame a sí misma cristiana y que no esté auténticamente comprometida con Cristo en su santidad para evangelizar, no es cristiana.

Reflexionen sobre esto, saquen compromisos y busquen ardientemente esa experiencia, esa santidad y ese compromiso apostólico; nunca digan no a Cristo en su vida, nunca se pongan a sí mismos por encima de lo que Cristo les pide, porque el día en que lo hagan, estarán siendo personas lejanas, indiferentes, tibias, mediocres, tímidas. En definitiva no estarán siendo seres humanos auténticos, porque no estarán siendo cristianos.

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 14 MARZO 2018


Lecturas de hoy Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma
Hoy, miércoles, 14 de marzo de 2018



Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (49,8-15):

ESTO dice el Señor:
«En tiempo de gracia te he respondido,
en día propicio te he auxiliado;
te he defendido y constituido alianza del pueblo,
para restaurar el país,
para repartir heredades desoladas,
para decir a los cautivos: “Salid”,
a los que están en tinieblas: “Venid a la luz”.
Aun por los caminos pastarán,
tendrán praderas en todas las dunas;
no pasarán hambre ni sed,
no les hará daño el bochorno ni el sol;
porque los conduce el compasivo
y los guía a manantiales de agua.
Convertiré mis montes en caminos,
y mis senderos se nivelarán.
Miradlos venir de lejos;
miradlos, del Norte y del Poniente,
y los otros de la tierra de Sin.
Exulta, cielo; alégrate, tierra;
romped a cantar, montañas,
porque el Señor consuela a su pueblo
y se compadece de los desamparados».
Sion decía: «Me ha abandonado el Señor,
mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
no tener compasión del hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 144,8-9.13cd-14.17-18

R/. El Señor es clemente y misericordioso

V/. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

V/. El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.



Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 14 de marzo de 2018
Eguione Nogueira, cmf



¡Hermanas y hermanos! ¡Paz y bien!

Jesús ha venido a despertar en nosotros un recuerdo en los sótanos de nuestra consciencia adormecida: Dios es Padre y desea que en su Hijo todos seamos partícipes de su comunión de amor. Ese es el gran misterio que la entrega de Jesús en la cruz pone de manifiesto al mundo: el misterio del amor divino hacia nosotros.

Por eso, en cada paso que damos hacia la Pascua vamos descubriendo las razones por las que Jesús fue condenado y crucificado y, al mismo tiempo, el rostro misericordioso del Padre que “ama al Hijo” y, en él, desborda de amor hacia nosotros. Por eso, es comprensible que el proyecto de Jesús sea una grandiosidad que excede las capacidades humanas. Eso se nota en la reacción de los judíos que le enfrentan.

El secreto de Jesús, de sus actitudes, de sus palabras y gestos, como la curación de un hombre en sábado (cf. Jn 5,1-16), está en su estrecha unidad o intimidad con el Padre. A Jesús no le importan las acusaciones de aquellos que absolutizan la ley, pues sabe que su fuente es el Padre, no razonamientos humanos o estructuras religiosas incapaces de conducir el hombre a la libertad. Donde Jesús manifestaba en sus acciones la continuación de la obra de Dios, sus contemporáneos veían solamente blasfemia.

Y Jesús va más lejos al cambiar el nombre de Dios, a quien llama “Padre”, un nombre pronunciable, un nombre que encierra una relación, no como mera invocación religiosa, sino como verdadera experiencia vital. Como un hijo aprende el oficio de su padre, él aprendió el oficio de amar sin cálculos, sin barreras, sin miedo. Pero también podemos contemplar al Señor que se revela con la ternura de una madre; y aún más, pues, aunque una madre pudiera olvidar al niño de pecho, Él jamás se olvidaría de nosotros (cf. Is 49,15).

Con eso, Jesús nos enseña lo que significa la verdadera fidelidad, su fidelidad al Padre y hacia nosotros. Nuestra respuesta, cuando verdaderamente hacemos la experiencia de ser envueltos por sus entrañas de misericordia, no puede ser otra que responder fielmente a su Palabra y, en esta comunión de vida, saber que él nos conduce, por su muerte y resurrección, a la vida eterna.

Vuestro hermano en la fe,
Eguione Nogueira, cmf
eguionecmf@gmail.com

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 14 DE MARZO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
14 de marzo



La gran preocupación del hombre es cómo hacer para sacarse la cruz de los hombros.

Son inmensos los esfuerzos que está haciendo el hombre para evitar la carga de la cruz, del sufrimiento; se quiere tener una vida sin ninguna sombra de sufrimientos, sin dolores, sin problemas; pero en ese afán desmedido el hombre encuentra su penitencia.

El que pretende encontrar un Cristo sin cruz, encontrará una cruz sin Cristo; y una cruz sin Cristo resulta abrumadora, amarga, insoportable de llevar sobre los hombros, imposible de llevar en el corazón.


P. Alfonso Milagro

FELIZ MIÉRCOLES






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