jueves, 22 de marzo de 2018

IMÁGENES Y ORACIONES DE DOMINGO DE RAMOS















CONFIAR EN DIOS ES PONERNOS EN SUS MANOS


Confiar en Dios es ponernos en sus manos
Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net
La conversión del corazón, requiere que estemos dispuestos a soltarnos en Él.


 


Confiar en Dios es ponernos en sus manos

Confiar en Dios requiere, de cada uno de nosotros, que nos pongamos en sus manos. Esta confianza en Dios, base de la conversión del corazón, requiere que auténticamente estemos dispuestos a soltarnos en Él.

Cada uno de nosotros, cuando busca convertir su corazón a Dios nuestro Señor y busca acercarse a Él, tiene que pasar por una etapa de espera. Esto puede ser para nuestra alma particularmente difícil, porque aunque en teoría estamos de acuerdo en que la santidad es obra de la gracia, en que la santidad es obra del Espíritu Santo sobre nuestra alma, tendríamos que llegar a ver si efectivamente en la práctica, en lo más hondo de nuestro corazón lo tenemos arraigado, si estamos auténticamente listos interiormente para soltarnos en confianza plena para decir: "Yo estoy listo Señor, confío en Ti"

Desde mi punto de vista, el alma puede a veces perderse en un campo bastante complejo y enredarse en complicaciones interiores: de sentimientos y luchas interiores; o de circunstancias fuera de nosotros, que nos oprimen, que las sentimos particularmente difíciles en determinados momentos de nuestra vida. Son en estas situaciones en las que cada uno de nosotros, para convertir auténticamente el corazón a Dios, no tiene que hacer otra cosa más que confiar.

Qué curioso es que nosotros, a veces, en este camino de conversión del corazón, pensemos que es todo una obra de vivencia personal, de arrepentimiento personal, de virtudes personales.

Estamos en Cuaresma, vamos a Ejercicios y hacemos penitencia, pero ¿cuál es tu actitud interior? ¿Es la actitud de quien espera? ¿La actitud de quien verdaderamente confía en Dios nuestro Señor todos sus cuidados, todo su crecimiento, todo su desarrollo interior? ¿O nuestra actitud interior es más bien una actitud de ser yo el dueño de mi crecimiento espiritual?

Mientras yo no sea capaz de soltarme a Dios nuestro Señor, mi alma va a crecer, se va a desarrollar, pero siempre hasta un límite, en el cual de nuevo Dios se cruce en mi camino y me diga: "¡Qué bueno que has llegado aquí!, ahora tienes que confiar plenamente en mí". Entonces, mi alma puede sentir miedo y puede echarse para atrás; puede caminar por otra ruta y volver a llegar por otro camino, y de nuevo va a acabar encontrándose con Dios nuestro Señor que le dice: "Ahora suéltate a Mí"; una y otra vez, una y otra vez.

Éste es el camino de Dios sobre todas y cada una de nuestras almas. Y mientras nosotros no seamos capaces de dar ese brinco, mientras nosotros no sintamos que toda la conversión espiritual que hemos tenido no es en el fondo sino la preparación para ese soltarnos en Dios nuestro Señor, no estaremos realmente llegando a nada. El esfuerzo exterior sólo tiene fruto y éxito cuando el alma se ha soltado totalmente en Dios nuestro Señor, se ha dejado totalmente en Él. Sin embargo, todos somos conscientes de lo duro y difícil que es.

¿Qué tan lejos está nuestra alma en esta conversión del corazón? ¿Está detenida en ese límite que no nos hemos atrevido a pasar? Aquí está la esencia del crecimiento del alma, de la vuelta a Dios nuestro  Señor. Solamente así Dios puede llegar al alma: cuando el alma quiere llegar al Señor, cuando el alma se suelta auténticamente en Él.

Nuestro Señor nos enseña el camino a seguir. La Eucaristía es el don más absoluto de que Dios existe. De alguna forma, con su don, el Señor me enseña mi don a Él. La Eucaristía es el don más profundo de Dios en mi existencia. ¿De qué otra forma más profunda, más grande, más completa, puede dárseme Dios nuestro Señor?

Hagamos que la Eucaristía en nuestras almas dé fruto. Ese fruto de soltarnos a Él, de no permitir que cavilaciones, pensamientos, sentimientos, ilusiones, fantasías, circunstancias, estén siendo obstáculos para ponernos totalmente en Dios nuestro Señor. Porque si nosotros, siendo malos, podemos dar cosas buenas, ¿cómo el Padre que está en los Cielos, no les va a dar cosas buenas a los que se sueltan en Él, a los que esperan de Él?

Pidámosle a Jesucristo hacer de esta conversión del corazón, un soltar, un entregarnos plenamente en nuestro interior y en nuestras obras a Dios. Sigamos el ejemplo que Cristo nos da en la Eucaristía y transformemos nuestro corazón en un lugar en el cual Dios nuestro Señor se encuentra auténticamente como en su casa, se encuentra verdaderamente amado y se encuentra con el don total de cada uno de nosotros.

CALMA


Calma


Si usted está apunto de estallar mentalmente, silencie algunos instantes pensar.

Si el motivo es alguna molestia en su cuerpo, la intranquilidad la empeora.

Si la razón es la enfermedad en un ser querido, su descontrol es factor agravante.

Si usted sufrió perjuicios materiales, la actitud de reclamo es como bomba retardada.

Si perdió algún afecto, la queja hará de usted una persona menos simpática entre sus amigos.

Si perdió alguna oportunidad valiosa tiempo atrás,  la inquietud es desperdicio de tiempo.

Si aparecen contrariedades, el acto de irritarse apartará de usted la asistencia espontánea.

Si usted cometió un error, la desesperación es puerta abierta para fallas mayores.

Si usted no alcanzó lo que deseaba, la impaciencia hará más larga la distancia entre usted y el objetivo a alcanzar.

Sea cual fuere la dificultad, conserve la calma; porque en todo problema, la serenidad es el techo del alma pidiendo el servicio como solución.


JESÚS, ENSÉÑANOS A ORAR


        Jesús, Enséñanos a Orar
        Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


        Cristo tuvo una vida de oración intensa. En el Evangelio aparecen detalles lindos sobre la oración de Jesucristo. Por las noches se retiraba a orar largos ratos y durante el día cuando iban de pueblo en pueblo, Cristo alababa a su padre con sus apóstoles recitando o cantando los salmos.

        ¿Qué es oración? Oración es conversar con Dios, alabarlo y darle gracias, es entablar un diálogo profundo de amor con el Señor. Usted nunca será una persona feliz si no ora, ni tendrá paz si no mantiene una vida de contacto permanente con Dios. El que no ora no permite que la fuerza y el poder del espíritu realicen cosas grandes y maravillosas. Si usted no ora en definitiva su vida se va secando.

        Los discípulos oraban imitando al maestro, alabando al padre, pidiendo y dando gracias. Un día se le ocurrió a uno de ellos pedirle a Jesús que les enseñara a orar. Jesús les enseñó el Padre Nuestro, (Mt. 6,9) Veamos qué significa el Padre Nuestro.

        "Padre Nuestro que estás en el cielo": Es padre nuestro, padre de los buenos y de los malos, padre de los santos y de los pecadores, padre de los creyentes y de los no creyentes. Papá nuestro que significa que todos somos hermanos porque tenemos un padre en común.

        "Padre que estás en el cielo": La expresión "estás en el cielo" significa lugar de dominio, eres el soberano, y el Rey. El cristiano no puede ser idólatra. Sólo tenemos un Dios.

        "Santificado sea tu nombre": Significa que si yo soy hijo de Dios quiero por mis obras glorificar su nombre porque el hijo honra a su padre y a su madre, siendo una persona íntegra. Santificado sea tu nombre significa que nuestras obras siempre glorifiquen el nombre de Dios.

        "Venga tu reino": ¿Qué significa reino bíblicamente? Significa ambiente de fraternidad, de justicia, de paz; que a nadie le falte el pan de cada día, que todos seamos generosos. Reino de Dios ven ya a nuestro mundo, que nos amemos, que todos tengamos las mismas oportunidades. Nuestro reto es hacer que aquí en la tierra el reino de Dios se haga realidad, y para eso tenemos que pedir y actuar. La oración auténtica va acompañada de acción.

        "Que se haga tu voluntad así en la tierra como en el cielo": Tierra es todo lo temporal, es todo lo material y cielo significa divinidad, espiritualidad. Señor que se haga tu voluntad en las cosas que hago todos los días en mi oficina, en mi casa, en el parque, en el negocio como también quiero hacer tu voluntad cuando voy a misa y cuando rezo.

        "Danos hoy Señor Nuestro Pan de cada día": Esto es que no nos falte el pan material por supuesto, pero que nos nos falte el pan del amor, el pan de la presencia de Dios porque si buscamos cumplir las cosas del reino lo demás nos vendrá por añadidura. El hombre es hombre cuando actúa en la tierra pero siempre mirando el cielo, pidiéndole al señor y actuando en nombre de El, y transformando la historia para que el reino de Dios se haga realidad. ¡Qué hermoso es comer a Cristo en la Eucaristía"! Y dice Jesús "Quien me coma no tendrá hambre, quien me coma tendrá la vida eterna".

        También en este texto se puede aplicar la expresión hoy a algo muy sabio. Dice Jesús que tenemos que preocuparnos por el día de hoy. Pero hay gente preocupada por tener y almacenar fortuna como si fueran a vivir 10,000 años olvidándose del amor. El hoy en definitiva es lo único que tenemos.

        "Perdónanos nuestras ofensas": ¿Quién no ha ofendido a Dios hasta siete veces en un día?; aún el más santo. ¿Quién no tiene un mal pensamiento, un mal deseo o un arranque de ira o un acto de egoísmo? ¿Quién no tiene algún pecado de omisión? Señor perdónanos nuestras ofensas. Dios te perdona si tu te arrepientes y si tu perdonas.

        "No nos dejes caer en la tentación". Hasta Jesús tuvo tentaciones. Los cristianos siempre seremos tentados. Lo que pedimos al Señor es que nos dé fuerza y poder en el espíritu para no caer en la tentación, pero si usted confía solamente en sus fuerzas se cae. Y la última parte: "Líbranos del maligno" o sea líbranos del diablo.

        Pues bien Jesús nos ama, Jesús nos quiere y ¡con EL SOMOS INVENCIBLES

CUÁNDO ES NULO UN MATRIMONIO?


¿Cuándo es nulo un matrimonio?
Es imposible aceptar la manipulación de la Palabra de Jesús


Por: n/a | Fuente: ConoZe.com 




Hace algún tiempo, el Papa Francisco dijo que la nulidad matrimonial sólo se da en casos excepcionales; en principio, hay una capacidad humana innata al matrimonio.

Don Rafael Higueras, juez del Tribunal Eclesiástico de Jaén, aclara algunos puntos centrales sobre este asunto:

"La palabra de Jesús podrá ser escuchada y cumplida, o podrá ser rechazada y atacada. Pero lo que es imposible aceptar es que sea manipulada o tergiversada. Lo que Dios unió que no lo separe el hombre"

La doctrina de la Iglesia sobre el sacramento del Matrimonio, en todas sus líneas fundamentales, no es otra doctrina que la del propio Señor Jesús.

Pero las propiedades esenciales del matrimonio están ya presentes en la ley natural, una ley incluso anterior a la misma ley revelada. Esas propiedades, según la doctrina de la Iglesia, son la unidad (de uno con una) y la indisolubilidad (para siempre).

"El Concilio habla del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente; y allí mismo expresan el consentimiento personal e irrevocable"

El consentimiento es un acto de personas humanas, dotadas de inteligencia y voluntad, que ha de ser necesariamente libre. Al indicar estas cualidades (inteligencia, voluntad, libertad), se está anotando ya que cualquier cosa que pueda herir o desfigurar el consentimiento matrimonial puede dar lugar a que no haya verdadero y legítimo matrimonio.

Por ejemplo, quien carece de suficiente uso de razón o quien tiene incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica no puede contraer matrimonio válido; y si se descubre tal situación (incluso años después de la celebración del aparente consentimiento) tal matrimonio será nulo.

Por supuesto hay que partir del principio que afirma que el consentimiento interno de la voluntad se presume que está conforme con las palabras o signos empleados para celebrar el matrimonio, como dice el Código de Derecho Canónico.

Es evidente tal norma; pues sería un caos si, por principio, se estableciera la duda o la ambigüedad para enjuiciar la realidad del consentimiento dado por los esposos.

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¿Para qué el matrimonio?
El Concilio Vaticano II dice del matrimonio cosas tan magníficas como lo siguiente:

"Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme (de los esposos), nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejaza de su unión con la Iglesia". Y un poco antes: "Por ser de índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole, con los que se ciñen como con su corona propia".

"El pensamiento cristiano no puede ignorar la ley natural."
La consecuencia que extrae el Código de Derecho Canónico, en cuanto al fin del matrimonio, es que, si alguno de los contrayentes, o ambos, excluye con un acto positivo de la voluntad, el matrimonio mismo, o un elemento o una propiedad esencial, contrae inválidamente.

Dicho en lenguaje menos académico, no vale contraer matrimonio pensando según el propio capricho en un dibujo o modelo del matrimonio, hecho al antojo del contrayente.

Los hijos en el matrimonio, su procreación y educación, son de tal importancia que rechazar esa conclusión extraída de la ley natural, haría que el matrimonio así contraído fuera una simulación que lleva a la invalidez.


Separación, divorcio y nulidad
Muchas veces se palpa confusión en los medios de comunicación acerca de los términos separación, divorcio y nulidad.

También es necesario anotar que el matrimonio por la Iglesia no es lo mismo que otra celebración ante el Juzgado, u otro organismo civil, donde no hay sacramento.

Disolver (divorcio) supone que antes había un lazo que después se desata.
Anular (nulidad) es declarar que no hubo lazo. No puede deshacerse, por la sencilla razón de que no existió antes.
Podría darse el caso de que unos novios que celebran su unión ante el magistrado civil pudieran solicitar, en ese mismo ámbito, la nulidad por tales motivos: incapacidad, falta de requisitos exigidos en el ámbito civil, etc. Y eso no sería tampoco divorcio.


El divorcio no existe en la Iglesia.
En la Iglesia y para la Iglesia, la unión de un hombre y una mujer, si fue verdadero matrimonio, fue matrimonio para siempre. Esto podría resumirse en estas palabras: unidad e indisolubilidad, que llevan dentro de sí la fidelidad.

En la doctrina de la Iglesia el matrimonio es la alianza de un varón y de una mujer, y para siempre.

La Iglesia hace procesos en los tribunales eclesiásticos a petición, generalmente de uno, o de ambos contrayentes, que tengan un matrimonio canónico. Lo que los tribunales eclesiásticos hacen es declarar que no existió tal matrimonio, no disolverlo, si es que ello se demuestra.

La Iglesia reconoce también que, en determinados casos en que no se puede declarar la nulidad, sin embargo, puede sentenciarse la separación, permaneciendo el vínculo.

Los trámites del proceso
Los trámites de una nulidad pasan, como mínimo, por dos sucesivos tribunales (primera y segunda instancia); cada uno de los dos tribunales está integrado por tres jueces; y la sentencia no es firme mientras no sean coincidentes ambos tribunales; y en caso de no serlo, cabe una tercera instancia que resuelve la discordancia anterior.

Dada la dificultad y especialización de estos procesos, cada diócesis tiene una asesoría previa donde orientan a los esposos antes de realizar los primeros trámites para evitar gastos y pérdidas de tiempo, y con la única finalidad de ayudar eficazmente.

Los diversos plazos de cada trámite procesal, desde que se presenta la demanda hasta que se resuelve con la sentencia, están minuciosamente marcados en el Derecho Canónico.

Una causa de nulidad del matrimonio, cualquier causa, ha de ser anterior al contraer. Algo que se diera sólo posteriormente, aunque fuera al día siguiente de la boda, no sería causa de nulidad.

Esto es necesario repetirlo y clarificarlo: no es lo mismo matrimonio fracasado que matrimonio nulo. El hecho de que un matrimonio no llegue a feliz puerto no quiere decir que ese matrimonio fue nulo el día que se contrajo.

Pero tampoco hay que confundir una causa de nulidad que se detecte después de contraer, pero que existía desde antes; esa causa sí puede dar origen a la nulidad.

SER VERDADERAMENTE HIJOS DE DIOS


Ser verdaderamente hijos de Dios
Jueves quinta semana de Cuaresma. Tenemos un Dios que nos persigue y busca llegar hasta el fondo de nosotros mismos.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




Gn 17, 3-9
Jn 8, 51-59

El tiempo cuaresmal es un camino de conversión que no es simplemente arrepentirnos de nuestros pecados o dejar de hacer obras malas. El camino de conversión no es otra cosa sino el esfuerzo constante, por parte nuestra, de volver a tener la imagen, la visión que Dios nuestro Señor tenía de nosotros desde el principio. El camino de conversión es un camino de reconstrucción de la imagen de Dios en nuestra alma.

La liturgia del día de hoy nos presenta dos actitudes muy diferentes ante lo que Dios propone al hombre. En la primera lectura, Dios le cambia el nombre a Abram. Y de llamarse Abram, le llama Abraham. Este cambio de nombre no es simplemente algo exterior o superficial. Esto requiere de Dios la disponibilidad a cambiar también el interior, a hacer de este hombre un hombre nuevo.
Pero, al mismo tiempo, requiere de Abraham la disponibilidad para acoger el nombre nuevo que Dios le quiere dar.

Por otro lado, en el Evangelio vemos cómo Jesús se enfrenta una vez más a los judíos, haciéndoles ver que aunque se llamen Hijos de Abraham, no saben quién es el Dios de Abraham.

Son las dos formas en las cuales nosotros podemos enfrentarnos con Dios: la forma exterior; totalmente superficial, que respeta y vive según una serie de ritos y costumbres; una forma que incluso nos cataloga como hijos de Abraham o hijos de Dios. Y por otro lado, el camino interior; es decir, ser verdaderamente hijos de Abraham, ser verdaderamente hijos de Dios.

Lo primero es muy fácil, porque basta con ponerse una etiqueta, realizar determinadas costumbres, seguir determinadas tradiciones. Y podríamos pensar que eso nos hace cristianos, que eso nos hace ser católicos; pero estaríamos muy equivocados. Porque todo el exterior es simplemente un nombre, y como un nombre, es algo que resuena, es una palabra que se escucha y el viento se lleva; es tan vacía como cualquier palabra puede ser. Es en el interior de nosotros donde tienen que producirse los auténticos cambios; de donde tiene que brotar hacia el exterior la verdadera transformación, la forma distinta de ser, el modo diferente de comportarse.

No son las formas exteriores las que configuran nuestra persona. Son importantes porque manifiestan nuestra persona, pero si las formas exteriores fuesen simplemente toda nuestra estructura, toda nuestra manera de ser, estaríamos huecos, vacíos. Entonces también Jesús a nosotros podría decirnos: “Sería tan mentiroso como ustedes”. También Jesús nos podría llamar mentirosos, es decir, los que vacían la verdad, los que manifiestan al exterior una forma como si fuese verdad, pero que realmente es mentira.

Qué difícil y exigente es este camino de conversión que Dios nos pide, porque va reclamando de nosotros no solamente una «partecita», sino que acaba reclamando todo lo que somos: toda nuestra vida, todo nuestro ser. El camino de conversión acaba exigiendo la transformación de nuestras más íntimas convicciones, de nuestras raíces más profundas para llegar a cristianizarlas.

Para los judíos solamente Dios estaba por encima de Abraham, por eso, cuando Cristo les dice: “Antes de que Abraham existiese, Yo soy”, ellos entendieron perfecta- mente que Cristo estaba yendo derecho a la raíz de su religión; les estaba diciendo que Él era Dios, el mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y es por eso que agarran piedras para intentar apedrearlo, por eso buscan matarlo.

No es simplemente una cuestión dialéctica; ellos han entendido que Cristo no se conforma con cambiar ciertos ritos del templo. Cristo llega al fondo de todas las cosas y al fondo de todas las personas, y mientras Él no llegue ahí, va a estar insistiendo, va a estar buscando, va a estar perseverando hasta conseguir llegar al fondo de nuestro corazón, hasta conseguir recristianizar lo más profundo de nosotros mismos.

El hecho de que Dios le cambie el nombre a Abram, además de significar el querer llegar al fondo, está también significando que solamente quien es dueño de otro le puede cambiar el nombre. (Según la mentalidad judía, solamente quien era patrón de otro podía cambiarle el nombre). Algo semejante a lo que hicieron con nosotros el día de nuestro Bautismo cuando el sacerdote, antes de derramar sobre nuestra cabeza el agua, nos impuso la marca del aceite que nos hacia propiedad de Dios.

¿Realmente somos conscientes de que somos propiedad de Dios? Dios es tan consciente de que somos propiedad suya, que no deja de reclamarnos, que no deja de buscarnos, que no deja de inquietarnos. Como a quien le han quitado algo que es suyo y cada vez que ve a quien se lo quitó, le dice: ¡Acuérdate de que lo que tú tienes es mío! Así es Dios con nosotros. Llega a nuestra alma y nos dice: Acuérdate de que tú eres mío, de que lo que tú tienes es mío: tu vida, tu tiempo, tu historia, tu familia, tus cualidades. Todo lo que tú tienes es mío; eres mi propiedad.

Esto que para nosotros pudiera ser una especie como de fardo pesadísimo, se convierte, gracias a Dios, en una gran certeza y una gran esperanza de que Dios jamás va a desistir de reclamar lo que es suyo. Así estemos muy alejados de Él, sumamente hundidos en la más tremenda de las obscuridades o estemos en el más triste de los pecados, Dios no va a dejar de reclamar lo que es suyo. Sabemos que, estemos donde estemos, Dios siempre va a ir a buscarnos; que hayamos caído donde hayamos caído, Dios nos va a encontrar, porque Él no va a dejar de reclamar lo que es suyo.

Éste es el Dios que nos busca, y lo único que requiere de nosotros es la capacidad y la apertura interior para que, cuando Él llegue, nosotros lo podamos reconocer. “El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”. No habrá nada que nos pueda encadenar, porque el que es fiel a las palabras de Cristo, será buscado por Él, que es la Resurrección y la Vida.

Ojalá que nosotros aprendamos que tenemos un Dios que nos persigue y que busca llegar hasta el fondo de nosotros mismos, y que nos va hacer bajar hasta el fondo de nosotros para que nos podamos, libremente, dar a Él.

¿De qué otra manera más grande puede Dios hacer esto, que a través de la Eucaristía? ¿Qué otro camino sigue Dios sino el de la misma presencia Eucarística? ¿Acaso alguien en la tierra puede bajar tan a lo hondo de nosotros mismos como Cristo Eucaristía? Cristo es el único que, amándonos, puede penetrar hasta el alma de nuestra alma, hasta el espíritu de nuestro espíritu, para decirnos que nos ama.

Permitamos que el Señor, en esta Semana Santa que se avecina, pueda llegar hasta nosotros. Permitámosle hacer la experiencia de estar con nosotros. Y nosotros, a la vez, busquemos la experiencia de estar con Él. Un Dios que no simplemente caminó por nuestra tierra, habló nuestras palabras y vio nuestros paisajes. Un Dios que no simplemente murió derramando hasta la última gota de sangre; un Dios que no solamente resucitó rompiendo las ataduras de la muerte. Un Dios que, además, ha querido hacerse Eucaristía para poder estar en lo más profundo de nuestras vidas y poder encontrarnos, si es necesario, en lo más profundo de nosotros mismos.

PAPA FRANCISCO: NO ES IR A LA TINTORERÍA, SINO RECIBIR EL ABRAZO DE AMOR DE DIOS


Confesarse no es ir a la tintorería, sino recibir el abrazo de amor de Dios, dice el Papa
Redacción ACI Prensa
Foto: Vatican Media





En la homilía de Misa matutina en Santa Marta, el Papa Francisco manifestó que Dios es incapaz de renegar de su pueblo, al que ama como una madre, y recordó que el sacramento de la penitencia no es como ir a la tintorería.

“Este es el amor de Dios, como el de una madre. Dios no se olvida de nosotros. Nunca. No puede, es fiel a su alianza. Esto nos da seguridad. De nosotros podemos decir: ‘Pero mi vida no es tan buena. Estoy con esta dificultad, soy pecador, una pecadora’. Él no se olvida de ti, porque tiene este amor visceral, es padre y madre”.

Francisco también dijo que “El Dios fiel no puede renegar de sí mismo, no puede renegar de nosotros, no puede renegar de su amor, no puede renegar de su pueblo, no puede renegar porque nos ama”.

“Esta es la fidelidad de Dios”, añadió. “Cuando acudimos al Sacramento de la Penitencia, no pensemos por favor que vamos a la tintorería y quitarnos la porquería. No. Vamos a recibir el abrazo de amor de este Dios fiel, que nos espera siempre. Siempre”.

El Obispo de Roma subrayó una vez más que “Él es fiel, él me conoce, él me ama”, “Nunca me dejará solo. Me lleva de la mano. ¿Qué puedo desear?, ¿qué más?, ¿qué tengo que hacer? Exulta en la esperanza porque el Señor te ama como padre y como madre”.

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 22 MARZO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
22 marzo



Examina si tu oración es humilde, si te presentas en la presencia de Dios con el pleno y real convencimiento de tu nulidad, y por otra parte de que es Dios el que puede remediar tus necesidades y suplir tu pobreza de medios en orden a tu salvación y santificación.

Por otra parte no te olvides de que la humildad debe hacerte reconocer y agradecer los beneficios recibidos del Señor, a semejanza de la humildísima Virgen María, que alabó al Todopoderoso por las grandes maravillas que Dios obró en ella.

Si tú te mantienes humilde, Dios te enriquecerá con los beneficios de su gracia y de su amor.


P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 22 MARZO 2018


Lecturas de hoy Jueves de la 5ª semana de Cuaresma
Hoy, jueves, 22 de marzo de 2018



Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

V/. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

V/. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

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Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy jueves, 22 de marzo de 2018
 Jaime Aceña Cuadrado, cmf

Queridos hermanos:

La controversia con los judíos sube de tono; Jesús les da a conocer la Nueva Alianza mostrándoles su identidad más profunda: "os aseguro, quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre" (Evangelio) ahora le devuelven a Jesús la acusación que Él acaba de hacerles: " vemos claro que estás endemoniado".

Jesús aduce a su favor el testimonio del Padre y del mismo Abraham que se alegró de su venida como pleno cumplimiento de la promesa que Dios le hizo (1ª lectura). Jesús manifiesta abiertamente su condición divina con la misma expresión con la que Dios se reveló a su pueblo en el Sinaí: "yo soy". Los judíos no sólo no quieren ser discípulos de Jesús sino que se disponen a matarlo. "Jesús se escondió y salió del Templo".

Jesús es el Hijo   de Dios que existe desde siempre; en este momento del camino hacia la Pascua es bueno que nos preguntemos qué lugar ocupa  en nuestra vida...¿es el Señor al que sigo?; ¿es el Maestro a quien escucho y del que aprendo el sentido de la historia personal y ´del conjunto de las personas?...¿o le considero un personaje del pasado?.

Conocerle es posible si hablo con Él, si le dejo decirme su Palabra en el sosiego de la oración "porque necesito guardar tu Palabra para no saber lo que es morir para siempre. Necesito, Señor, que seas mi confidente, mi amigo, mi compañero de camino; cuando medito tu Palabra me ofreces tu Verdad que me hace libre porque iluminas mis encrucijadas y mi destino; gracias porque me alimentas con tu Palabra y con tu Pan de Vida.

Es cierto que vivo aturdido y acelerado muchos días; pero cuando bajo a la verdad honda de mí mismo, ahí te encuentro. Te confío el pasado, contigo vivo lo que merece la pena en el presente y de Ti, Señor, recibo la Luz que ilumina mi futuro. Tu experiencia Pascual ahuyenta mi angustia por el paso del tiempo y por la certeza de la muerte, en día y hora desconocidos. Si vivo contigo, moriré y resucitaré contigo; es la Misión que te ha encomendado el Padre para que salves a todos los que nos alegramos de tu venida, como Abraham. Ayúdanos a vivir cada día con tus motivaciones...que mi oración personal concuerde con la oración comunitaria que Tú has iniciado: venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, amén".

Fraternalmente:

Jaime Aceña Cuadrado cmf 
(jacenacu@yahoo.es).

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miércoles, 21 de marzo de 2018

CIERRO SUAVEMENTE LAS PUERTAS


Cierro suavemente las puertas... 



Cierro suavemente la puerta a todas las distracciones exteriores y me encuentro con Dios en el silencio de mi ser.

En el silencio se renueva mi conciencia de Dios y de los dones que Él me ha brindado.

En silencio, recibo el don de paz y lo acepto ahora en mi vida. La paz es la copa que presento para que sea colmada con todas las bendiciones que estoy dispuesto a recibir.

En silencio recibo el don de la guía. Me  colma, me rodea e ilumina mi camino. Avanzo, viviendo y marchando bajo la maravillosa luz reveladora de Dios.

En silencio recibo el don de la curación. Ahora la curación brota desde lo más profundo de mí. Estoy sano, bien y fuerte.

En silencio reclamo los dones que me ha dado Dios y digo: "Te agradezco, Señor, la paz, la guía y la curación".

"Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto". Mateo 6, 6 

FALTAS TÚ


Faltas Tú...





Dios me pidió un poema sobre las bellezas de la creación, y yo me puse a hablar de las cosas que El creó.

Hablé del sol, y sentí sus manos calentándome.

Hablé de la luna, y sentí su brillo envolviéndome.

Hablé de la noche, y sentí sobre mí su manto de estrellas.

Hablé de todo lo verde del planeta, y sentí su soplo de esperanza.

Hablé de las aguas, y sentí su inmersión en el misterio de mi espíritu.

Hablé del cielo, y sentí que su azul me protegía.

Hablé del fuego, y sentí sus llamas quemando mis penas.

Hablé del aire, y sentí su soplo divino renovándome.

Hablé de todos los seres, y sentí su presencia en cada forma viviente.

Y a El le presente todo lo que escribí: " Aquí está el poema que pediste, espero que apruebes todo lo que escribí "

Y oí su respuesta: " Prosigue, aún no has hablado de ti" 

NECESITAS REFLEXIONAR


Necesitas reflexionar 
Autor: Alfonso Aguiló | Fuente: Conoze.com 
Nuestra vida debe ser fruto de nuestras decisiones personales, todo lo contrastadas que se quieran 
  




Cuando una persona se encuentra agobiada por el peso de una preocupación, solemos decirle que necesita distraerse. Y le recomendamos que salga un poco de todo ese entramado de tensiones que le oprimen, y busque fuera de él un horizonte más luminoso y recomponedor. Y efectivamente, lo normal es que ese periodo de descanso en un ambiente gratificante produzca el cambio deseado.

Pero también se puede dar el caso de que lo que una persona necesite no sea distraerse sino reflexionar: volverse sobre sí misma para hacer de su vida objeto de sereno estudio, y encontrar así conclusiones válidas para eliminar errores y vivir con más acierto.

Reflexionar con sosiego puede tener resultados muy beneficiosos para quien esté convencido de su necesidad. Lo malo es que muchas veces es precisamente esto lo más difícil, convencernos de que necesitamos reflexionar. Porque no suele costarnos comprender que necesitamos distraernos, pero cuando la necesidad es de reflexión, nos cuesta más caer en la cuenta, no se sabe bien por qué.

Quizá se deba, en bastantes ocasiones, a que la reflexión va intrínsecamente unida a la conducta diaria, y quizá advertimos que hemos de cambiar algo en nuestra vida, y nos cuesta hacerlo, y rehuimos pensar en ello. Si esto nos sucede -continúo glosando ideas de Miguel Angel Martí-, debemos alertarnos. Cuando la vida va más aprisa que nuestro pensamiento y nos encontramos actuando sin habernos dado tiempo a hacer una elección razonada, precisamente entonces resulta urgente decirnos, o que alguien nos diga: «necesitas reflexionar». Porque de no hacerlo, nuestras reflexiones (cuando las haya) serán siempre a posteriori, a hechos consumados. Y la reflexión -que es el ejercicio de la razón aplicada a nuestra propia vida- debe estar al inicio de nuestro actuar, para así elegir lo mejor.

La huida hacia adelante -que suele justificarse luego con complicadas razones que intentan disculpar los comportamientos erróneos- es una grave equivocación, de la que siempre sale perjudicado quien la toma como norma de conducta. Esta fuga hacia adelante deja de lado a la razón, que queda obligada a aparecer sólo al final, como una pobre esclava que es reclamada en última instancia para intentar justificar una elección que comprendemos que fue errónea.

El hombre no puede prescindir de la razón. Y si en lugar de darle una misión de alumbrar la verdad y el bien, la convierte en una simple justificadora de conductas, cuya máxima norma suele ser «está bien porque lo he hecho yo (y todo lo que yo hago, para mí está bien)», entonces se produce una perversión del uso de la razón, y la que debía ser antorcha de la verdad, pasa a ser una simple venda que tapa las heridas de una conducta irreflexiva.

La reflexión no es una actividad exclusiva de los filósofos. A lo largo de su vida, el hombre sensato se pregunta con frecuencia por su propia identidad, se hace cuestión de sí mismo, se interesa por él, no sólo por su actividad, se vuelve a su mundo interior en busca de respuestas. Y caemos entonces en la cuenta de que nos equivocamos, y descubrimos la importancia de la verdad, experimentamos como angustiosa la duda y deseamos salir de ella, surge en nosotros la incertidumbre, a veces también el desconcierto. Y se nos hace necesario pensar, poner orden, relacionar datos, examinar experiencias pasadas, ver posibles consecuencias en caso de optar por una solución determinada.

Y luego podemos preguntar, y pedir consejo, pero al final nuestra vida debe ser fruto de nuestras decisiones personales, todo lo contrastadas que se quieran, pero la última palabra la debemos dar nosotros. Y esa última palabra debe ser pensada con la seriedad que se merece.

CRISTO EN LA CRUZ PONE TODO POR NOSOTROS


Cristo en la cruz pone todo por nosotros
Miércoles quinta semana de Cuaresma. La cruz de Cristo se convierte en punto de partida para nosotros.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




Durante toda la Cuaresma la Iglesia nos ha ido preparando para encontrarnos con el misterio de la Pascua, que es el juicio que Dios hace del mundo, el juicio con el cual Dios señala el bien y el mal del mundo. La Pascua no es solamente el final de la pasión; la Pascua es la proclamación de Cristo como juez del universo. Un juez que, por ser juez del universo, pone a sus pies a todos: sus amigos, que pueden ser los que le han servido; y a sus enemigos, que pueden ser los que no le han servido.

El juicio que Dios hace del hombre dependerá de cómo el hombre se ha comportado con Cristo. Ser conscientes de esto es, al mismo tiempo, dejar entrar en nuestro corazón la pregunta de cuál es la opción fundamental de nuestras vidas.

Escuchábamos en la narración del Libro de Daniel, que los tres jóvenes son salvados del horno del fuego ardiente por el ángel del Señor. Yo creo que lo fundamental de esta narración es la reflexión final: “Bendito sea el Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, que ha enviado a su ángel para librar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y expusieron su vida antes que servir y a adorar a un dios extraño”.

Éste es el punto más importante: el ser capaz de juzgar nuestra vida de tal forma que nuestros actos se vean discriminados según nuestra opción por Dios. O sea, Dios como criterio primero, y no al revés. Que nuestra forma de afrontar la vida, nuestra forma de pensar, de juzgar a las personas, de entender los acontecimientos, no se vean discriminadas por «lo que a mí me parecería» , es decir, por un criterio subjetivo.

Esta situación debe ser para todos nosotros punto de examen de conciencia, sobre todo de cara a la Pascua del Señor, para ver si efectivamente nuestra vida está decidida por Dios. La cruz se convierte así, para cada uno de nosotros, en el punto de juicio, el punto al cual todos tenemos que llegar para ver si mi vida está o no decidida por Cristo nuestro Señor.

Cristo en la cruz apuesta todo por nosotros. Cristo en la cruz pone todo por nosotros. Cristo en la cruz se entrega totalmente a nosotros. La cruz de Cristo se convierte en punto de juicio para nosotros: Si Él nos ha dado tanto, ¿nosotros qué damos? Si Él ha sido tanto para nosotros, ¿nosotros qué somos para Él? Si Él ha vivido de esa manera con nosotros y para nosotros, ¿nosotros cómo vivimos para Él?

Jesús, en el Evangelio, pide a los judíos que le escuchaban que examinen quién es su Padre. Ellos le dicen: “Nosotros tenemos por padre a Dios”. Pero Jesús les contesta que no es verdad, porque les dice: “Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado”.

Cuando nuestra vida choca con la cruz, cuando nuestra vida choca con los criterios cristianos, tenemos que preguntarnos: ¿Quién es mi padre?; no ¿cuál es mi título?; no ¿cuál es la etiqueta que yo traigo puesta en mi vida? ¿Cuál es el fruto que da en mi vida la opción por Cristo? ¿Qué es lo que realmente brota en mi vida de mi opción por Cristo? Porque ése es verdaderamente el origen de mi existencia.

Jesús dice a los de su época que ellos no son los hijos de Abraham; porque el fruto de Abraham sería una opción definitiva por Dios, hasta el punto de ser capaz de arriesgar el propio interior, el propio juicio para seguir a Dios. Recordemos que Abraham puso, incluso lo ilógico de la orden de Dios de matar a su propio hijo, para obedecer a Dios.

Cristo y su cruz se convierten en un reclamo para cada uno de nosotros: ¿quién eres Tú? El misterio Pascual es para todos nosotros una llamada. No me puedo quedar nada más en los ritos exteriores. ¿Cuál es la obra que me está diciendo a mí si opto por Cristo o no? Mi comportamiento cristiano, mi compromiso cristiano, mi opción definitiva por Jesucristo es donde puedo ver quién es verdaderamente mi Padre, allí es donde sé quién es auténticamente el Señor de mi vida.

Cuando los judíos le responden a Jesús: “Nosotros no somos hijos de prostitución, no tenemos más padre que Dios”, están tocando un tema muy típico de toda la Escritura: la relación con Dios. El pueblo de Dios como un pueblo amado, un pueblo fiel, un pueblo esposo de Dios. Por eso dicen: “no somos hijos de prostitución, no somos hijos de adulterio, somos hijos genuinos de Dios”.

Pero Cristo les responde: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí[...]”. Si realmente fuesen un pueblo esposo de Dios, me amarían a mí. Si realmente fuesen un pueblo fiel a Dios, un pueblo que nace del amor esponsal a Dios, amarían a Cristo.

Podría ser que en nuestra alma hubiese algunos campos en los que todavía Cristo nuestro Señor no es el vencedor victorioso, no es el esposo fiel. ¿No podría haber campos en nuestra vida, rasgos en nuestra alma, en los que por egoísmo, por falta de generosidad, por pereza, por frialdad, nuestra alma todavía no corriese al ritmo de Dios, no estuviese alimentándose de la vida de Dios, no estuviese nutriéndose de la opción fundamental, definitiva, única, exclusiva por Dios nuestro Señor?

La Semana Santa es un período de reflexión muy importante. Un período que nos va a mostrar a un Cristo que se ofrece a nosotros; un Cristo que se hace obediente por nosotros; un Cristo que es la garantía del amor esponsal de Dios por su pueblo. Un Cristo que reclama de cada uno de nosotros el amor fiel, el amor de don total del corazón hecho obras, manifestado en un comportamiento realmente cristiano. El misterio pascual es la raya que define si soy alguien que vive de Dios, o soy alguien que vive de sí mismo.

Jesucristo, en la Eucaristía, viene a redimirnos de esto. Jesucristo quiere darnos la Eucaristía para que de nuevo en esa unión íntima del Creador, del Señor, del Redentor con el alma cristiana, se produzca la opción fuerte, definitiva, amorosa por Dios.

Pidámosle que esta opción llegue a iluminar todos los campos de nuestra vida. Que ilumine nuestro interior, que ilumine nuestra alma, que ilumine también nuestra vida social, nuestra vida familiar, y, sobre todo, que ilumine nuestra libertad para que optemos definitivamente, sin ninguna cadena, por aquello que únicamente nos hace libres: el amor de Dios.

PAPA FRANCISCO SE PRONUNCIA EN DEFENSA DE LAS PERSONAS CON SÍNDROME DE DOWN


El Papa Francisco se pronuncia en defensa de las personas con síndrome de Down
Redacción ACI Prensa
 Foto: Vatican Media / ACI Prensa





En el Día Mundial del Síndrome de Down, el Papa Francisco se pronunció a través de su cuenta de Twitter para recordar que la dignidad humana de las personas con esta discapacidad y señalar que también son “un tesoro que Dios hace crecer a su manera”.

“Nadie puede ser descartado, porque todos somos vulnerables. Cada uno de nosotros es un tesoro que Dios hace crecer a su manera”, expresó Francisco por medio de su cuenta @Pontifex_es.


La celebración del Día Mundial del Síndrome de Down cada 21 de marzo fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2011 “para aumentar la conciencia pública sobre la cuestión y recordar la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades”.

Sin embargo, en varios países se usa el diagnóstico prenatal para abortar a los niños que tienen este síndrome, como en Estados Unidos, España, Islandia, entre otros.

El 21 de octubre del año pasado, Bridget Brown, una actriz estadounidense con síndrome de Down, tuvo la oportunidad de conocer al Papa Francisco en el Vaticano. Allí le entregó una carta en la que asegura tener “una vida plena y maravillosa”.

La joven de 31 años ha actuado en películas como LOL, protagonizada por la cantante Miley Cirus; en la comedia Wiener-Dog y en la serie Chicago Justice.

En su carta le dijo al Papa que “el mundo necesita saber que no ‘sufro’ de Síndrome de Down. Tengo una vida plena y maravillosa, y estoy llena de alegría por estar viva. Amo absolutamente mi vida”.

También escribió que le rompe el corazón pensar que puede ser parte de la última generación de personas con Síndrome de Down ya que con el aumento de las pruebas de detección prenatal en Europa y Estados Unidos han aumentado los abortos de estos bebés.

Sin embargo, expresó que mantiene la esperanza y reza por quienes piensan que las personas con discapacidad no tienen derecho a vivir. “Creo que todas las personas tienen una dignidad sagrada. Conozco mucha gente que tiene discapacidad y pueden tener vidas plenas y productivas, como yo”, expresó.
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