miércoles, 19 de agosto de 2015

EL PODER INFINITO DE LA FE



Poder infinito de la fe



Cuando el dolor, la desesperación, la enfermedad o la muerte, van 
invadiendo los rincones más vulnerables de nuestra alma, buscamos como niños huérfanos, abrazarnos al ser que nos sane las heridas más profundas, más dolorosas e inexplicables: entonces buscamos a Dios. 

Nos aferramos a la Fe, que a veces, se despierta dentro nuestro, tan débil y tan frágil, que pareciera que no nos puede llevar hasta Dios, y 
confundidos preguntamos el por qué de tanto dolor y tanto desamparo, sin encontrar la respuesta ni el consuelo. 

Pero de pronto, en el medio de la desesperación y de la pena, Jesús toca nuestros corazones, y la Fe se vuelve ciega e infinita, y nos hace conocer el éxtasis del amor, de la entrega, de la humildad. Nos hace valorar y amar tanto a Dios, que aceptamos sus designios, sus caminos, a veces demasiado tristes, pero siempre santos, y su mano sana nuestros corazones heridos, calma nuestros llantos desesperados, alivia nuestros dolores. 

Es verdad que los milagros aumentan nuestra Fe. Pero cuando oramos con Fe, y los milagros no se producen, no quiere decir que Dios no nos ama, sino sea tal vez, que su plan es más grande, y es más grande aún todavía, su abrazo tierno y glorioso hacia ese hijo amado que está sufriendo. Orar, a veces, no cambia las cosas que ocurren, pero cambia para bien nuestros corazones. 

PARA MI JESÚS ES...




Para mi Jesús es...



¡Él es el Primero y Último, el Principio y el Final!
¡Él es el guardián de la Creación y el Creador de todos!
Él es el Arquitecto del universo y
El Gerente de todos los tiempos.
Él siempre fue, Él siempre es, y Él siempre será...
¡Firme, Inalterable, Invicto, y nunca Derrotado!
¡Él fue golpeado y trajo la sanidad!
¡Él fue horadado y alivió el dolor!
¡Él fue perseguido y trajo la libertad!
¡Él estaba muerto y trajo la vida!
¡Él ha subido y ha traído el poder!
¡Él reina y trae Paz!
El mundo no puede entenderlo,
Los ejércitos no pueden derrotarlo,
Las escuelas no pueden explicarlo, y
Los líderes no pueden ignorarlo.
Herodes no podría matarlo,
Los Fariseos no podrían confundirlo, y
¡Las personas no podrían sostenerlo!
Neron no podría aplastarlo,
Hitler no podría imponerle silencio,
La Nueva Era no puede reemplazarlo, y
¡Donahue no puede explicarlo!
Él es luz, amor, longevidad, y Señor.
Él es Bondad, Apacibilidad, y Dios.
Él es Santo, Virtuoso, Majestuoso, poderoso, y puro.
Sus caminos son correctos,
Su palabra es eterna,
Su testamento es inmutable, y
Su mente está en mí.
Él es mi Redentor,
Él es mi Salvador,
Él es mi guía, y
¡Él es mi paz!
Él es mi Alegría,
Él es mi consuelo,
Él es mi Señor, y
¡Él gobierna mi vida!
Yo lo sirvo porque Su ligadura es el amor,
Su carga es ligera, y
Su meta para mí es la vida abundante.
Yo lo sigo porque Él es la sabiduría del sabio,
El poder del poderoso,
El anciano de días, el gobernante de gobernantes,
El líder de líderes, el inspector de los vencedores, y
El Señor soberano de todos que eran y son y serán.
Y si eso te parece impresionante, prueba esto (confiésalo):
¡Su meta es una relación contigo!
Él nunca te dejará,
Nunca te desamparará,
Nunca te desencaminará,
Nunca se olvidará de tí,
Nunca te pasará por alto, y
¡Nunca cancelará tu cita en Su libro de citas!
¡Cuando yo caigo, Él me alza!
¡Cuando yo fallo, Él me perdona!
¡Cuando yo soy débil, Él es fuerte!
¡Cuando yo estoy perdido, Él es el camino!
¡Cuando yo tengo miedo, Él es mi valor!
¡Cuando yo tropiezo, Él me sostiene!
¡Cuando yo me hiero, Él me sana!
¡Cuando yo estoy roto, Él me remienda!
¡Cuando yo soy ciego, Él me lleva!
¡Cuando yo tengo hambre, Él me alimenta!
¡Cuando yo enfrento las pruebas, Él está conmigo!
¡Cuando yo enfrento la persecución, Él me escuda!
¡Cuando yo enfrento los problemas, Él me conforta!
¡Cuando yo enfrento la pérdida, Él me mantiene!
¡Cuando yo enfrento la Muerte, Él me lleva a Casa!
Él es todo para todos, por todas partes,
Cada vez, y en cada manera.
Él es Dios, Él es fiel.
¡Yo soy Suyo, y Él es mío!
Mi Padre en el cielo al padre de este mundo puede fustigar.
Así, si  estás preguntándote que por qué yo me siento tan seguro,
entiende esto...
Él lo dijo y eso lo establece.
Dios está en el mando, yo estoy en Su lado, y
Eso significa que todo está bien con mi alma.
¡Todos los días es una bendición porque DIOS es real!

Sí, yo amo a Jesús.
Él es mi fuente de existencia y mi Salvador.
Él me guarda funcionando cada uno y todos los días.
Sin Él, yo no sería nada.
Sin Él, yo no soy nada;  más con Él yo puedo hacer todas las cosas.
Filipenses 4:13

EN EL HOGAR SE APRENDE A SER


En el hogar se aprende a ser
La generosidad se enseña con el ejemplo, la constancia, el esfuerzo, con delicadeza y amor, y sobre todo, todo hecho con naturalidad y alegría


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 




Es frecuente escuchar que los hijos aprenden de sus padres y padres que aprenden de sus hijos.
Existe un lenguaje no verbal, que sustituye o acompaña nuestras palabras. Es el clima que creamos a nuestro alrededor, ordinariamente a través de cosas muy pequeñas como, por ejemplo, una sonrisa cordial o una mirada de aprecio. (Julia Burggraf)

Esto sucede siempre que haya generosidad por el medio.

Un hogar donde sus integrantes son generosos, es tierra fértil para que todos eduquen a todos.
La virtud de la generosidad vivida, es de las virtudes humanas que más nos acercan a la felicidad.
Cuando uno la vive intensamente, más satisfecho se encuentra con los actos que realiza.

Siete pasos para la felicidad que van muy unidos al ser generoso:

Piensa menos, siente más.
Frunce menos, ríe más.
Habla menos, escucha más.
Juzga menos, acepta más.
Mira menos, haz más.
Quéjate menos, aprecia más.
Teme menos, ama más.

Y así como hay pasos que llevan a la felicidad, citemos también cinco errores que dificultad el ser feliz y generoso:

1)    Magnificar sucesos negativos.
2)    No perdonar nuestros propios errores.
3)    Ser incapaces de cerrar las heridas del pasado.
4)    No tener ilusiones.
5)    No proyectarnos hacia adelante.
En en nuestro clima familiar siempre debe haber  un nuevo amanecer

La generosidad es un acto desinteresado por el cual una persona se esfuerza en dar algo de sí misma con el fin de cubrir la necesidad de otro.
Se busca hacer feliz al otro, haciéndole un bien.

La generosidad se enseña con el ejemplo, la constancia, el esfuerzo, con delicadeza y amor, y sobre todo, todo hecho con naturalidad y alegría.

No sirve la generosidad practicada con cara larga.
Necesita ir unida a la sonrisa, a la alegría.
Es una virtud que se vive y uno ni sabe ni se da cuenta cuando la está enseñando.

Es bueno que nos hagamos algunas preguntas:

¿Soy generoso con mi tiempo?  

-Papá, se la pasa en la oficina la mayor parte del tiempo y a mí siempre me atiende a las corridas. Lapidaria reflexión de un chico.

¿Me olvido que si quiero ser padre educador, mis hijos necesitan parte de mi tiempo?

El tiempo es sin duda, el bien más preciado que administramos.
Si lo perdemos ya no lo podremos recuperar Los hijos crecen muy rápido como para vivir distraídos.
Lo que no hicimos cuando debíamos, ya no lo podremos hacer.

¿Enseñamos a compartir las cosas?

-Papá, siempre me dice que le tengo que prestar la bicicleta a Juan, pero cuando le pido prestado su raqueta pone mala cara.
Si queremos enseñar a compartir, la primera generosidad la tendrán que aprender de nosotros.

¿Soy generoso en las cosas de la casa? ¿Ayudo, para que los chicos ayuden?

-Papá siempre me hace sacar la basura, pero él nunca mueve un dedo.

Sin duda el hogar es la mejor escuela para educar en la generosidad.
Ayudar en las múltiples tareas que en la casa hay es una manera de formar en la responsabilidad y en la generosidad.
En la casa se aprende de las pequeñas colaboraciones como el dar algo mío para el bien de todos.
Y los padres no podemos excluirnos y debemos ser los primeros en dar el ejemplo.

Este tipo de detalles, y tantos más, se nos presentan a diario, y si los vivimos con naturalidad harán que en casa se viva un intenso ambiente familiar y nos vayamos educando unos a otros en esta gran virtud del ser generoso.

Una de las grandes alegrías de la vida es tener una familia unida. (Enrique Rojas).

En la familia es el mejor  ámbito para ser concebido, para nacer, para crecer, para envejecer y para morir con la dignidad propia de la persona humana.

Y en este nacer y morir la familia deberá ser testimonio de una característica cristiana de vida, característica fundamental en todo creyente, que es la alegría. La generosidad con alegría.
Que no es pasarse la vida riendo, sino saber enfrentar las circunstancias que tenemos que vivir con la serenidad que da la alegría cristiana, incluso cuando muerte y vida, tristeza y gozo, salud y dolor, se dan en nuestra vida.
A veces, muchas veces, muerte y vida, tristeza y gozo, salud y dolor se dan juntas. Se viven juntas. Sepamos asumirlas con alegría.
Sepamos ser generosos con alegría, pues generosidad sin alegría no vale la pena ser generoso.

Por último contaré una anécdota que leí tiempo atrás y que me hizo ver cómo un chico había entendido bien lo que significaba vivir la virtud del ser generoso.
Se refería a un chico de nueve años, de condición humilde, que trabajó un verano para poder darse algunos gustos porque sus padres no podían sostener sus vacaciones.
Realizaba trabajos manuales y recibía monedas de propina. Un buen día logró juntar cinco pesos y decidió ir a comer un helado.
Entró en una confitería. Se sentía muy importante gracias a que podía obtener, con su esfuerzo, lo que quería.
Entonces le preguntó a la chica que atendía:
-Señorita, ¿cuánto cuesta un helado bañado en chocolate?
-Cinco pesos, le contestó.
-¿Y si no está bañado en chocolate?
-Cuatro  pesos con cincuenta, fue la respuesta.

El niño le pidió uno y lo comió disfrutando mucho "su" helado.
Enorme fue la sorpresa que tuvo la chica, y mayor su emoción, cuando el chico se retiró y, al limpiar la mesa, encontró 50 centavos de propina.
Había renunciado a comer un helado bañado en chocolate, para poder ser generoso con quien lo había atendido.

Con padres generosos, los hijos serán generosos.

LA ACCIÓN DE JUAN PABLO II POR LA VOCACIONES AL SACERDOCIO


La acción de Juan Pablo II por las vocaciones al sacerdocio
La pastoral vocacional y la pastoral familiar se desarrollan al unísono
Por: Antonio Miralles | Fuente: Clerus.org 




La vocación al sacerdocio, don y misterio

El testimonio de san Juan Pablo II sobre su propia vocación, al cumplir 50 años de sacerdocio, publicado en el libro Dono e Mistero [Don y Misterio], nos brinda indicaciones inestimables, cargadas de matices personales, sobre su celo para con las vocaciones sacerdotales. "¡Cuántas veces -dice- un obispo vuelve con el pensamiento y el corazón al seminario! Es el primer objeto de sus preocupaciones. Suele decirse que el seminario es para un obispo la "niña del ojo" (...) De alguna manera, el obispo ve a su Iglesia a través del seminario, puesto que de las vocaciones sacerdotales depende una parte muy grande de la vida eclesial" (págs. 109-110). Una parte muy grande y también esencial, porque la presencia del sacerdocio ministerial asegura la Eucaristía y los demás sacramentos que los fieles necesitan, asimismo, garantiza la predicación del evangelio y la guía de la comunidad cristiana. De ello nos ha dado un testimonio personal el Santo Padre: "Fui consagrado obispo doce años después de mi Ordenación sacerdotal: gran parte de estos cincuenta años estuvo signada precisamente por la preocupación por las vocaciones" (pág. 110).

Ante esta preocupación el obispo no está solo: es un compromiso de todos los fieles, pero de manera especial, como afirma el Papa en la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis: "Todos los sacerdotes son solidarios y comparten con él [el obispo] la responsabilidad de la búsqueda y la promoción de las vocaciones presbiterales" (PDV 41/4). No se trata de un compromiso que podamos enfrentrar despreocupadamente, con la seguridad de que vayamos a encontrar un campo en el que la cosecha sea abundante. De hecho, en las últimas décadas ha habido una verdadera crisis. Sin embargo, Juan Pablo II, dirigiendo una mirada de fe sobre toda la Iglesia, halla motivos para optimismo: "Gracias a Dios, comienza a ser superada la crisis de las vocaciones sacerdotales en la Iglesia. Cada nuevo sacerdote trae consigo una bendición especial" (pág. 111). Con todo, a nadie se le escapa que la situación no es uniforme en la Iglesia y que en no pocos lugares la falta de un número suficiente de sacerdotes resulta verdaderamente dramática. Y es un motivo más para oír con mayor atención el testimonio del Papa.

Es bueno reflexionar sobre el don de la vocación sacerdotal. Se trata de "un misterio. Es el misterio de un "intercambio maravilloso" («admirabile commercium») entre Dios y el hombre. Éste entrega a Cristo su humanidad para que Él pueda servirse de ella como instrumento de salvación, casi haciendo de ese hombre otro sí mismo" (pág. 84). Es decir, el hombre percibe un llamado divino a brindarse a sí mismo, un llamado que se le presenta como un don inestimable que antecede a su respuesta. Por ello el Papa advierte: "Si no se percibe el misterio de este "intercambio", no se puede comprender cómo, al oír la palabra "¡Sígueme!", un joven pueda llegar a renunciar a todo por Cristo, con la certeza de que en ese camino su personalidad humana se realice plenamente" (p. 84).

La vocación sacerdotal, al igual que la vocación de todo cristiano, arraiga en el designio eterno de Dios Padre, que se realiza en la vocación bautismal, y adquiere así una mayor determinación hasta llegar a ser concreta en relación a cada bautizado. Es el plan proclamado por el himno inicial de la carta a los Efesios: "Nos ha elegido en él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad" (Ef 1,4-6). Es éste el fundamento de la radicalidad de la vocación cristiana: el designio de Dios no se conforma con una meta menor que la de ser santos e inmaculados en su presencia. Es un designio eterno, escondido en la intimidad de la vida trinitaria, que luego repercute en la vida personal del hombre y en lo íntimo de su corazón, cuando percibe que para él es un camino concreto que recorrer, en la identificación con Cristo y con la fuerza del Espíritu Santo, hasta la meta a que su Padre, Dios, lo llama.

El Santo Padre cuenta cómo ocurrió su percepción del llamado divino al sacerdocio: "Se mostraba a mi conciencia (...) cada vez más, una luz: el Señor quiere que yo sea sacerdote. Un día lo percibí con mucha claridad: era una suerte de iluminación interior, que llevaba consigo la alegría y la seguridad de otra vocación [se refiere a sus proyectos anteriores]. Y esta conciencia me llenó de una gran paz interior" (pág. 44).

La respuesta libre al llamado de Cristo y la fiel confirmación sucesiva, a lo largo del camino formativo de preparación al sacerdocio, van dando mayor firmeza, sea a la persuasión de haber sido llamados al sacerdocio, sea a la decisión de responder con el don decidido de sí mismos. Se llega así al momento de la Ordenación, en el cual la persuasión iluminada por la fe se vuelve certeza. A ese momento se refiere el Santo Padre, con evidente referencia a sí mismo: "Quien se dispone a recibir la Ordenación sagrada se postra con todo su cuerpo y apoya su frente en el suelo del templo, expresando así su disponibilidad completa a emprender el ministerio que se le confía. Ese rito ha marcado profundamente mi existencia sacerdotal" (pág. 53). No alcanza sólo la disponibilidad para desempeñar una serie de funciones que se podrían enumerar en un cuadro normativo, porque el sacerdote está llamado a servir a Cristo, Sacerdote eterno, con toda su existencia. Dice el Papa: "El sacerdocio de todos los presbíteros se inscribe en el misterio de la Redención. Esta verdad sobre la Redención y el Redentor se ha enraizado en el centro mismo de mi conciencia, me ha acompañado en todos estos años, ha impregnado mis experiencias pastorales, me ha revelado contenidos siempre nuevos" (pág. 92).

A pesar de haberles ofrecido sólo breves fragmentos, dada la brevedad del tiempo de que dispongo, este testimonio del Papa constituye un marco muy adecuado de experiencias y doctrina para comprender mejor su enseñanza, que aparece más sistemática y completa en «Pastores dabo vobis», como vengo a exponer en la segunda parte de mi intervención.


La vocación sacerdotal en la pastoral de la Iglesia

El Sínodo de los Obispos de 1990 y la exhortación apostólica posterior, «Pastores dabo vobis», sobre la formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales, constituyen un claro signo de la acción de Juan Pablo II por las vocaciones al sacerdocio, como puede verse en el capítulo 4° de la exhortación, que trata de la vocación sacerdotal en la pastoral de la Iglesia y el capítulo 5°, sobre la formación de los candidatos al sacerdocio. Concentraré mis observaciones en el capítulo 4°, para respetar el tiempo que me ha sido asignado.

De gran importancia es la afirmación central del primer número del capítulo: "La pastoral vocacional (...) no es un elemento secundario ni accesorio, tampoco un momento aislado o sectorial, como si fuera una parte, aunque muy importante, de la pastoral global de la Iglesia: es más bien (...) una actividad íntimamente insertada en la pastoral general de cada Iglesia, una atención que debe integrarse e identificarse plenamente con la "cura de almas" llamada ordinaria" (PDV 34/4). Esto es que, en ninguna Iglesia particular, los pastores y los demás fieles pueden considerarse dispensados del compromiso constante para que un número adecuado de jóvenes pueda acoger la gracia de la vocación al sacerdocio.

Para preparar mejor la acción pastoral en este campo, es necesario tener en cuenta plenamente los aspectos esenciales de la vocación sacerdotal mencionados en la primera parte; es necesario considerar que, entre estos aspectos, se encuentra también la dimensión eclesial: "[la vocación] no deriva sólo "de" la Iglesia y su mediación, y tampoco se da a conocer y se cumple sólo "en" la Iglesia, sino que se configura, en el servicio fundamental a Dios, necesariamente también como servicio "para" la Iglesia" (PDV 35/5). Por ello, "la Iglesia está realmente presente y activa también en la vocación de cada sacerdote" (PDV 38/1); y es así, de manera especial, en el llamado del obispo.

En el diálogo vocacional entre Dios y el hombre, la libertad de éste es insuprimible, pero es menester reconocer la prioridad de la intervención libre y gratuita de Dios que llama. "La vocación es un don de la gracia divina y nunca un derecho del hombre y, por eso no es posible considerar la vida sacerdotal como una promoción simplemente humana, ni tampoco la misión del ministro como un simple proyecto personal" (PDV 36/4). El Papa deduce de ello una consecuencia importante: "Aquellos que han llamados saben que se basan no en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad incondicional de Dios que llama" (PDV 36/4). La misma gracia de Dios anima y alienta la libertad humana para que responda a la vocación, "una libertad que en la respuesta positiva se expresa como adhesión personal profunda, como donación de amor o, mejor dicho, como nueva donación al Donante que es Dios que llama, como oblación" (PDV 36/7).

Reconocer el gran valor positivo de la respuesta libre al llamado divino no impide tener conciencia de los obstáculos que se le oponen. El Papa hace referencia explícita a los obstáculos identificados por los Padres sinodales al reconocer "que la crisis de las vocaciones al presbiterado tiene raíces profundas en el ambiente cultural, la mentalidad y la praxis de los cristianos" (PDV 37/5). Para contrastar esa crisis, subraya "la urgencia de que la pastoral vocacional de la Iglesia apunte prioritariamente y con decisión a la reconstrucción de la "mentalidad cristiana", tal como es engendrada y sostenida por la fe. Se hace más que nunca necesaria una evangelización que no cese de presentar el verdadero rostro de Dios, el Padre que en Jesucristo nos llama, uno a uno, y el sentido genuino de la libertad humana como principio y fuerza del don responsable de sí mismos" (PDV 37/6).

Come he dicho antes, la vocación sacerdotal tiene una dimensión eclesial esencial, que lleva a la siguiente consecuencia importante: "La Iglesia, como pueblo sacerdotal, profético y real, está comprometida en la promoción y el servicio del nacimiento y la maduración de las vocaciones sacerdotales por medio de la oración y la vida sacramental, a través del anuncio de la Palabra y la educación a la fe, con la guía y el testimonio de la caridad" (PDV 38/3). En esta breve síntesis, no es difícil divisar los puntos sobresalientes de un verdadero programa de pastoral vocacional: la oración, los sacramentos de la vida ordinaria (Eucaristía y Penitencia), la catequesis orgánica, la dirección espiritual y el testimonio de una vida cristiana auténtica. Ordenado todo ello para obtener de Dios gracias abundantes de hombres llamados al sacerdocio y de respuestas generosas por parte de los llamados. El espíritu con el que se ha de promover este programa está claramente descrito por las palabras del Papa: "Los educadores y, en particular, los sacerdotes, no deben vacilar en proponer, de manera explícita y vigorosa, la vocación al presbiterado como una posibilidad real para aquellos jóvenes que den muestra de poseer los dones y las dotes que le corresponden. No debe temerse que se los condicione o se limite su libertad; al contrario, una propuesta precisa, hecha en el momento justo, puede ser decisiva para provocar en los jóvenes una respuesta libre y auténtica" (PDV 39/2).

La pastoral vocacional es un deber de toda la Iglesia. Juan Pablo II es muy explícito: "Es por demás urgente, hoy en especial, que se difunda y eche raíces la convicción de que todos los miembros de la Iglesia, sin exclusión alguna, tienen la gracia y la responsabilidad de ocuparse de las vocaciones" (PDV 41/2). La primera responsabilidad corresponde al obispo, coadyuvado por los sacerdotes; pero también "ha sido confiada una responsabilidad muy especial a la familia cristiana" (PDV 41/5). La pastoral vocacional y la pastoral familiar se desarrollan al unísono.

(Intervención de Antonio Miralles, profesor de Teología en la Universidad de la Santa Cruz (Roma), en la videoconferencia mundial de teología organizada por la Congregación vaticana para el Clero el 28 de abril de 2004 sobre las vocaciones sacerdotales.)

UNA HORA SANTA DE ORACIÓN, LUZ DE VIDA


Una Hora Santa de oración, luz en la vida
Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.


Por: Rev. Martín Lucía | Fuente: Catholic.net 




Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".

El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña china de once años de edad.

Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los guardias penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al suelo, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.

Cuando los guardias se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vió todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró en la iglesia. Allí hizo una Hora Santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio.

Después de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).

La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su Hora Santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.

Este acto de martirio heróico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.

Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró en tal grado que prometió a Dios que haría una Hora Santa de oración frente a Jesús
Sacramentado todos los días, por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la Real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.

La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.

Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su Amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento.

Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.

JESÚS es el Santísimo Sacramento, la Luz del mundo.

EL EVANGELIO DE HOY: MIÉRCOLES 19 DE AGOSTO DEL 2015


Todos recibieron un denario cada uno
Parábolas


Mateo 20, 1-16. Tiempo Ordinario. Cristo necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio, para hacer algo por los demás. 


Por: P. Clementre González | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 20a. Semana del Tiempo Ordinario,  del domingo 16 al sábado 22 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Oración introductoria
Señor Jesús, Tú sabes que es lo que más me conviene. Cuenta conmigo, llámame, a la hora que quieras, para trabajar en tu viña. Tú eres fiel a tu Palabra y estás más interesado que yo en mi bien espiritual, por eso confío plenamente en Ti. Quiero escuchar tu voz. Habla, Señor, estoy a la escucha.

Petición
Señor, quiero trabajar por Ti, quiero desgastarme por Ti, quiero poner todo lo que soy a tu servicio. Ilumíname para saber cómo y dónde servirte.

Meditación del Papa Francisco
Había mucha necesidad en la viña y este señor pasó casi todo el tiempo yendo por las calles y las plazas del pueblo buscando trabajadores. Al respecto, ha invitado a pensar en los que buscó a última hora, nadie les había llamado, quién sabe cómo podían sentirse, porque al final del día no habrían llevado a casa nada para dar de comer a los hijos. Por esta razón, el Santo Padre ha dicho que esta parábola es un buen ejemplo para los responsables de la pastoral.
Otro aspecto profundizado por el Santo Padre ha sido a través de una advertencia: "no acudamos a la voz de las sirenas que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsa de iniciativas, sin conseguir recoger lo esencial del compromiso de la evangelización.
Francisco ha señalado que a veces parece que estamos más preocupados por multiplicar las actividades más que por ser atentos con las personas a su encuentro con Dios. "Una pastoral que no tiene esta atención -ha indicado- se hace estéril poco a poco". Asimismo ha querido recordar que una pastoral sin oración y contemplación no podrá nunca alcanzar el corazón de las personas. (Discurso de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2014).
Reflexión
¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.

Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. ¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.

¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.

Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.

Propósito
Renunciar a los sentimientos de descontento y saber agradecer diariamente a Dios, los talentos que me ha dado.

Diálogo con Cristo 
Señor, que diferente es tu justicia a la del mundo. Mezquinamente busco la recompensa de lo que hago por el bien de los demás, olvidando que eso que creo que es extraordinario, es simplemente mi obligación. Tú eres infinitamente misericordioso y me colmas con la gratuidad de tus dones. Dame lo único que necesito, la gracia de salir de esta oración decidido a darlo todo por tu causa; a vencer el miedo, la rutina y los cálculos egoístas.

HOY CELEBRAMOS A SAN EZEQUIEL MORENO, INTERCESOR DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER


Hoy celebramos a San Ezequiel Moreno intercesor de los enfermos de cáncer.
Por María Ximena Rondón



REDACCIÒN CENTRAL, 19 Ago. 15 / 12:15 am (ACI).- Su ardor misionero fue tan grande que no dudaba en cruzar ríos caudalosos y soportar las inclemencias del clima con tal de llevar almas a los pies de la Cruz. Tenía un espíritu fuerte que ninguna pena, crítica o enfermedad pudo quebrantar. Por su entrega apasionada a Dios y su labor se le considera como uno de los más grandes apóstoles de la Evangelización de América.

Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja España. Sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz, quienes a pesar de tener una condición humilde consideraban a la religión católica como su tesoro.

Esta devoción influyó en el corazón del Santo, que desde la infancia sintió el llamado a la vida religiosa. Era un niño inteligente, juguetón y dedicado a los estudios. Sin embargo, era capaz de sacrificarse por su prójimo porque en lugar de ir a las fiestas del pueblo se quedaba cuidando de los enfermos. También le gustaba cantar y tocar la guitarra.

Con sólo 16 años y siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, ingresó al convento de los agustinos recoletos en Monteagudo (Navarra) el 21 de setiembre de 1864. Un año después hizo su profesión religiosa y cuatro años más tarde fue enviado como misionero a Filipinas. Allí culminó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1871.

Tiempo después fue enviado, junto con su hermano Eustaquio, a evangelizar a los habitantes de la isla de Paragua. Ezequiel convirtió a muchas almas pero contrajo la malaria debido las pésimas condiciones de sanidad y tuvo que regresar a Manila.

En 1876 fue nombrado párroco de Lespiñase y cuatro años después predicador conventual de Manila. Entonces asumió las riendas de una finca de los agustinos recoletos en Imus. Fue un excelente administrador y también realizaba obras caridad con los pobres.

En 1888 regresó al convento Monteagudo como prior. Durante tres años imprimió en los jóvenes novicios el sello de la espiritualidad agustiniana y el amor hacia los pobres reduciendo sus raciones para dar de comer a los mendigos.

Tres años después volvió a embarcarse en la aventura como misionero. Vivió austeramente durante cinco años en Bogotá (Colombia) en el cargo de provincial de la orden. Se dedicó a predicar y atender a los enfermos. Junto a tres compañeros se introducía en la región de Casanare, que aún no era explorada, para evangelizar y administrar los sacramentos.

Debido a sus méritos al reactivar la labor misionera en Colombia fue nombrado Obispo titular de Pinara y Vicario Apostólico de Casanare. El 1 de mayo de 1894 lo nombraron Obispo de Pasto.

En su nuevo cargo destacó por su celo apostólico y su fidelidad a la Iglesia. Ejecutó su programa de trabajo denominado “Dios y Colombia”. Su posición como Obispo no lo detuvo en su labor misionera. Siguió atravesando ríos caudalosos, caminando en medio de tormentas y soportando las inclemencias del clima porque consideraba que “una sola alma vale más que toda mi vida”.

A la par de su intenso trabajo apostólico dedicaba varias horas a la oración, a la que consideraba como la fuente principal para obtener fuerzas.

En 1896 fue nombrado Obispo de Pasto. Sus prédicas contundentes y su sencillez provocaron la burla de sus enemigos, incluyendo algunos obispos, quienes también lo atacaban por medio de la prensa. Sin embargo, San Ezequiel trataba a sus atacantes con misericordia y pedía por ellos.

En 1905 le diagnosticaron cáncer y, ante las reiteradas súplicas de los fieles y de los religiosos de su Orden, volvió a España para operarse. Lamentablemente la intervención fue muy dolorosa y no tuvo éxito. Durante la operación el Santo exclamaba: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”.

Fue enviado a Monteagudo para recuperarse pero volvió a recaer. Los dolores nunca quebrantaron su espíritu y se mantuvo firme en su fe. Murió el 19 de agosto de 1906.

Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1975 y el 11 de octubre de 1992 fue canonizado por San Juan Pablo II y es considerado como el especial intercesor ante Dios por los enfermos del cáncer.

¡DISPARA AL CORAZÓN DE JESÚS!


¡Dispara al Corazón de Jesús!
Cuando no sabes qué es lo que Dios espera de ti, pon tu mirada en Su Mirada y elevando tus brazos al cielo.
Por: Óscar Schmidt 




Cuando le hablas a ese hombre que no conoce a Dios, que no sabe de Su Amor, mientras cavilas y temes no ser digno de semejante tarea, no dudes, tensa tu arco y con mano firme ¡dispara al corazón!

Cuando la vida te enfrenta a momentos de gran confusión, donde los caminos se abren frente a ti y se multiplican como en un salón de espejos, no temas, abre tu mirada a la distancia, mira a tu interior, y con sereno pulso ¡dispara al corazón!

Cuando los que más quieres te fallan, te hunden en tu silla como si fueras un ser imposibilitado de ver más allá de las puertas que se cierran frente a ti, no te pierdas en la desesperación y el abandono de ti mismo, levanta la mirada y ¡dispara al corazón!

Cuando el amor no llega a tu vida, cuando la luz del cariño se escurre por pasillos donde no la puedes buscar, torna tu mirada a las sombras y con gran decisión, ¡dispara al corazón!

Cuando quieras hablar con Jesús sobre tus más profundas necesidades, sobre aquello que vibra en tu pecho y clama por un instante de sosiego, haz un alto en tu vida, alza la voz y con grito firme ¡dispara al corazón!

Cuando no sabes qué es lo que Dios espera de ti, y El se esconde y hace de tu vida un barco sin rumbo, pon tu mirada en Su Mirada y elevando tus brazos al cielo, ¡dispara al corazón!

Porque cuando nuestro rostro se ilumina con una mirada de niño, nuestros labios derraman palabras de amor que alcanzan el Corazón de Jesús y lo hacen quebrarse de ternura, lo derrumban a pesar de Su Divinidad y Realeza.

Y es porque en el Corazón de Dios están todas las soluciones, las promesas, los consuelos y la esperanza. Allí se esconde un tesoro tan extraordinario que ni siquiera en nuestros sueños más profundos lo podríamos imaginar.

Nuestros gestos de amor son disparos al Corazón de Jesús, porque lo hacen detenerse y mirarnos como un Dios derrotado. Dulce derrota, donde El se refugia para admirar las maravillas de las que un corazón amante es capaz. Su derrota es el triunfo de la Criatura que El mismo imaginó, que vencedora en su propia naturaleza, se hace semejante a su Creador. Nuestro Dios, vencido por amor, se hace Niño y nos entrega aquello que guarda como un Preciado Tesoro, Su Corazón.

Si, dispara al Corazón de Jesús, y dispara al corazón de tus hermanos, hazlos caer vencidos por el amor que todo lo vence. Que tus palabras certeras se dirijan a aquel punto que nadie puede resistir, centro y motor de nuestra semejanza con Quien nos creó, el corazón del hombre.

TODO LO QUE SUCEDE, SUCEDE POR UNA RAZÓN


Todo lo que sucede, sucede por una razón.



Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.

Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo: y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto(a) mientras alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará en un sueño hecho realidad.

¡Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad!.

Y recuerda: todo lo que sucede, sucede por una razón.

OTRA PÁGINA EN TU VIDA


Otra página en tu vida



Has escrito ya muchas páginas en tu libro;
unas son tristes y otras son alegres;
unas son limpias y claras,
otras son borrosas y oscuras.

Pero aún te queda una página en blanco:
la que has de escribir este día.
Te falta por llenar la página de hoy.
Piensa y cree que ésta sea
la página más bella, la más sentida.

Cada mañana al despertar
recuerda que aún tienes que escribir
la mejor de tus páginas,
le dirás lo mejor que tú puedes dejar
en el libro que estás escribiendo con tu vida.

Piensa que siempre te falta por escribir
la página más bella.



Rabindranath Tagore

ESTAMPA CON ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA


ORAR CON SAN JUAN EUDES


ORAR CON SAN JUAN EUDES



Al interior de la Escuela Francesa de espiritualidad, que enfatiza el misterio de la Encarnación del Señor, san Juan Eudes, en el siglo XVll, invitaba a todos los cristianos, que habían olvidado los compromisos adquiridos por su bautismo, a reencontrar la riqueza de este compromiso bautismal.

En las misiones que predicaba, en los seminarios y en las casas de Nuestra Señora de la Caridad, el ofrece medios muy concretos para vivir cada día como un verdadero bautizado y así "hacer vivir y reinar a Jesús" en cada cristiano que para él es "otro Jesucristo en la tierra".


Un camino de oración

San Juan Eudes nos dejó su manera de orar en cuatro movimientos:

ADORAR: contemplar, maravillarse, admirar.
DAR GRACIAS: reconocer los dones del Señor, decir gracias...
VIVIR EL PERDÓN: tomar consciencia de la distancia que existe entre mi propia vida y las maravillas del Amor de Dios.
DARSE A JESÚS: darse para ser testigo, darse para la Misión...
Estos cuatro movimientos son cuatro actitudes interiores que tenemos que desarrollar y que suponen tomar el tiempo para acogerse a sí mismo, acoger al Otro, Dios, y recibirse de Dios.

Adoremos a Dios en el inmenso amor que tiene por todas sus criaturas, y por cada uno de nosotros en particular. Bendigámosle, amémosle.

Agradezcámosle los innumerables beneficios de su amor.

Pidámosle perdón de nuestras ingratitudes hacia Él y de nuestras faltas de amor para con el prójimo.

Démonos al amor de Dios, para que Él elimine todas nuestras resistencias y así Reina perfectamente en nosotros.

SAN JUAN EUDES, FUNDADOR, 19 DE AGOSTO


Juan Eudes, Santo
Fundador, 19 de agosto
Fuente: Corazones.org 




Presbítero y Fundador

Martirologio Romano: San Juan Eudes, presbítero, que durante muchos años se dedicó a la predicación en las parroquias y después fundó la Congregación de Jesús y María, para la formación de los sacerdotes en los seminarios, y otra de religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, para fortalecer en la vida cristiana a las mujeres arrepentidas. Fomentó de una manera especial la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, hasta que en Caen, de la región de Normandía, en Francia, descansó piadosamente en el Señor (1680).

Fecha de canonización: Fue canonizado en 1925 y su fiesta fue incluida en el calendario de la Iglesia de occidente en 1928.

Etimología Juan = Dios es misericordia. Viene de la lengua hebrea.

Breve Biografía
En la segunda mitad del siglo XVI, vivía en Ri, Normandía (Francia), un granjero llamado Isaac Eudes, casado con Marta Corbin. Como no tuviesen hijos al cabo de dos años de matrimonio, ambos esposos fueron en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora. Nueve meses después tuvieron un hijo, al que siguieron otros cinco. El mayor recibió el nombre de Juan y, desde niño, dio muestras de gran inclinación al amor de Dios. Se cuenta que, cuando tenía nueve años, un compañero de juegos le abofeteó; en vez de responder en la misma forma, Juan siguió el consejo evangélico y le presentó la otra mejilla.

A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia. Pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las órdenes menores en 1621 y estudió la teología en Caén con la intención de consagrarse a los ministerios parroquiales. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la congregación del oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el superior general en 1623. Juan había sido hasta entonces un joven ejemplar: su conducta en la congregación no lo fue menos, de suerte que el P. Bérulle le dio permiso de predicar, aunque sólo había recibido las órdenes menores. Al cabo de un año en París, Juan fue enviado a Aubervilliers a estudiar bajo la dirección del P. Carlos de Condren, el cual, según la expresión de Santa Juana Francisca de Chantal, "estaba hecho para educar ángeles". El fin de la congregación del oratorio consistía en promover la perfección sacerdotal y Juan Eudes tuvo la suerte de ser introducido en ella por dos hombres de la talla de Condren y Bérulle.

Al servicio de los enfermos

Dos años más tarde, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: "La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las órdenes sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida". El P. Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad, en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del convento.

Predicador ungido
Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, "el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros". Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre". San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.

Confesor: Las gentes decían de él: "En la predicación es un león, y en la confesión un cordero".

Las mujeres atrapadas en mala vida

Una de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado. Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen, que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al santo: "Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis, vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano".

Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671, una casa para las mujeres arrepentidas; en la que podían albergarse en tanto que encontraban un empleo decente. Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.

Formación del clero

San Juan Eudes se dio cuenta de que para que el pueblo sea ferviente y llevarlo a la santidad era necesario proveerlo de muy buenos y santos sacerdotes y que para formarlos se necesitaban seminarios donde los jóvenes recibieran muy esmerada preparación. Por eso se propuso fundar seminarios en los cuales los futuros sacerdotes fueran esmeradamente preparados para su sagrado ministerio.

Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la congregación del oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles y que la congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El P. Condren, que había sido nombrado superior general, estaba de acuerdo con el santo; pero su su-
cesor, el P. Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un seminario en Caén.

Entonces el P. Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un clero parroquial celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de "Congregación de Jesús y María". Sus miembros, como los del oratorio, eran sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. San Juan Eudes y sus cinco primeros
compañeros se consagraron a "la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la santidad del sacerdocio". El distintivo de la congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María; como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.

La congregación encontró gran oposición, sobre todo por parte de los jansenistas y de los padres del oratorio. En 1646, el P. Eudes envió a Roma al P. Manoury para que recabase la aprobación pontificia para la congregación, pero la oposición era tan fuerte, que la empresa fracasó.

En 1650, el obispo de Coutances pidió a San Juan que fundase un seminario en dicha ciudad. El año siguiente, M. Oliver, que consideraba al santo como "la maravilla de su época", Ie invitó a predicar una misión de diez semanas en la iglesia de, San Sulpicio de París. Mientras se hallaba en esa misión, el P. Eudes recibió la noticia de que el obispo de Bayeux acababa de aprobar la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caén. En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario, al que siguió otro en Rouen en 1659. ¡En seguida, el santo se dirigió a Roma a tratar de conseguir la aprobación pontificia para su congregación; pero los santos no siempre tienen éxito, y San Juan Eudes fracasó en Roma.

Un año después, una bula de Alejandro VII aprobó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Ese fue el coronamiento de la obra que el P. Eudes y Magdalena Larny habían emprendido treinta años antes en favor de las pecadoras arrepentidas. San Juan siguió predicando misiones con gran éxito; en 1666, fundó un seminario en Evreux y, en 1670, otro en Rennes.

Al afro siguiente, publicó un libro titulado "La Devoción al Adorable Corazón de Jesús". Ya antes, el santo había instituido en su congregación una fiesta del Santísimo Corazón de María. En su libro incluyó el propio de una misa y un oficio del Sagrado Corazón de Jesús. El 31 de agosto de 1670, se celebró por primera vez dicha fiesta en la capilla del seminario de Rennes y pronto se extendió a otras diócesis. Así pues, aunque San Juan Eudes no haya sido el primer apóstol de la devoción al Sagrado Corazón en su forma actual, fue sin embargo él "quien introdujo el culto del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María"´, como lo dijo León XIII en 1903. El decreto de beatificación añadía: "El fue el primero que, por divina inspiración les tributó un culto litúrgico."

Clemente X publicó seis breves por los que concedía indulgencias a las cofradías de los Sagrados Corazones de Jesús y María, instituidas en los seminarios de San Juan Eudes.

Durante los últimos años de su vida, el santo escribió su tratado sobre "el Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios"; trabajó en la obra mucho tiempo y la terminó un mes antes de morir. Su última misión fue la que predicó en Sain-Lö, en 1675, en plena plaza pública, con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud y a partir de entonces se retiró prácticamente de la vida activa.

Su muerte ocurrió el 19 de agosto de 1680.
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