domingo, 22 de febrero de 2015

EL EVANGELIO DE HOY: DOMINGO 22 DE FEBRERO DEL 2015


El desierto: un camino difícil, pero necesario
Cuaresma y Semana Santa

Marcos 1, 12-15. 1er. Domingo de Cuaresma. Nuestra vida cristiana tiene que pasar por el desierto, por el silencio, el desprendimiento, el sacrificio y la oración. 


Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15
En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.
Después de que arrestaron a Juan Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.


Oración introductoria 
Señor, el domingo es ese día central en que debo procurar tener un tiempo especial para Ti. Ilumíname, dame la luz y la fuerza de tu Espíritu Santo, para que sepa retirarme de toda distracción y hoy pueda tener un auténtico diálogo contigo, de corazón a corazón, en la oración.

Petición
Señor, concédeme saber escuchar tu Palabra y hacerla vida en mi vida.

Meditación del Papa Francisco
La vida de Jesús ha sido una lucha. Él ha venido a vencer el mal, a vencer al príncipe de este mundo, a vencer al demonio. Y la lucha contra el demonio la debe afrontar cada cristiano.
El demonio ha tentado a Jesús muchas veces y Jesús ha sentido en su vida las tentaciones como también las persecuciones. También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del Mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que nosotros seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación?
La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, intenta ser comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 11 de abril de 2014, en Santa Marta).

Reflexión
Cruzado el umbral del miércoles de Ceniza, nos encontramos ya en pleno período cuaresmal. El Evangelio de hoy es muy cortito, pero muy rico de significado. Vale la pena detenernos un momento en la primera frase: "El Espíritu empujó a Jesús al desierto, y se quedó en el desierto cuarenta días". ¡Esto es la Cuaresma: 40 días de desierto!

La palabra "cuaresma" deriva del latín: "quadragesima", que quiere decir precisamente "cuarenta". El pueblo cristiano desde siempre ha vivido con especial intensidad este período, que precede a la celebración anual de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Este tiempo evoca antiguos acontecimientos bíblicos de gran simbolismo espiritual: 40 fueron los años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto hacia la tierra prometida; 40 los días de permanencia de Moisés en el monte Sinaí, en pleno desierto, en donde Dios renovó la alianza con su pueblo y le entregó las Tablas de la Ley; los días que recorrió Elías por el desierto hasta llegar a encontrarse con el Señor en el monte Horeb, también fueron 40; y 40 los días que nuestro Señor Jesucristo transcurrió en el desierto orando y ayunando, antes de iniciar su vida pública, que culminaría en el Calvario, en donde llevaría a término nuestra redención.

La coincidencia numérica es interesante. Pero mucho más significativo aún es el marco geográfico en el que tienen lugar todos estos acontecimientos: el desierto. En la literatura bíblica aparece muy a menudo el tema del desierto, no sólo como un lugar físico, sino también como un simbolismo de carácter espiritual. Parecería que Dios tuviera una predilección especial por este escenario para llevar a cabo sus obras de salvación. Vayamos juntos al desierto y veámoslo.

Se trata de un lugar árido e inhóspito. No hay nada, ni lo más elemental. Allí se sufre todo tipo de incomodidades: la sed y el calor, las inclemencias del tiempo, los cambios bruscos de temperatura, las molestias de la arena, las privaciones y carencias materiales no ya de las cosas fútiles, sino también incluso de las más necesarias. El desierto es un paraje solitario y silencioso. Es lo opuesto al ruido y a la algarabía, al consumismo, a la molicie, a la vida fácil y placentera de nuestras ciudades modernas. Es para gente austera y templada.

Por eso, la realidad física del desierto puede ser como un símbolo de la vida espiritual: es el lugar del desprendimiento de todo lo superfluo; una invitación a la austeridad y al retorno a lo esencial. Es allí en donde el hombre experimenta su fragilidad y sus propias limitaciones; el lugar de la prueba y de la purificación. Pero también el escenario más apropiado para la búsqueda y el encuentro personal con Dios en la oración, en el silencio del alma y en la soledad de las creaturas.

El libro del profeta Oseas nos ofrece un pasaje muy hermoso a este propósito: Dios habla al pueblo de Israel como a su esposa del alma, que ha sido infiel a su promesa de amor; y la conduce al desierto para renovar con ella su pacto de amor y fidelidad: "Por eso, yo voy a seducirla y la llevaré al desierto -dice el Señor- y le hablaré al corazón... y allí cantará como cantaba en los días de su juventud" (Os 2, 16-17). El desierto se nos presenta como el lugar más apropiado para el encuentro con el Dios del amor y de la alianza. El ambiente exterior favorece el recogimiento e invita a la oración. Por eso, antiguamente, los monjes se retiraban al desierto para hablar y unirse con Dios; a los primeros eremitas y anacoretas se les llamó con el sugestivo nombre de "padres del desierto".

Pero el desierto no es poesía, y no hay que interpretarlo en una clave meramente intimista. Es arduo y difícil, pero necesario. Y nuestra vida cristiana tiene que pasar necesariamente por el desierto. Es decir, por la experiencia del silencio y de la soledad, del desprendimiento de las cosas materiales, del sacrificio y, sobre todo, de la oración y del encuentro íntimo y personal con Dios. Más aún, todo lo anterior es sólo como una preparación para que el alma se encuentre a sus anchas con su Creador. A muchos hombres y mujeres del siglo XXI estas palabras podrían tal vez resultar incómodas, y hasta incomprensibles. Y no es de extrañar. Pero es un camino por el que tenemos que entrar si queremos llegar a la Vida.

Sin embargo, todos los seres humanos -independientemente de nuestro credo, cultura, edad, sexo o condición social- absolutamente todos, tenemos nuestras horas arduas de aridez y de cansancio, de fatiga y de derrota; de soledad, de sufrimiento, de desolación y de ceguera interior. Y todo esto es también el desierto. Y estas horas amargas pueden ser sinónimo de fecundidad y de vida si sabemos vivirlas unidos a Dios. Entonces sí, el desierto será el camino que nos lleve hasta la tierra prometida, el lugar privilegiado para el encuentro con Dios y el escenario de nuestra redención al lado de Cristo. La experiencia del desierto nos conducirá al gozo pascual de la resurrección.

Propósito
Transmitir, a quienes me rodean, el gozo y la serenidad que se experimenta al confiar en la misericordia de Dios.

Diálogo con Cristo
Jesucristo, al contemplar las tentaciones con las que Dios Padre permitió que fueras tentado, confirmo que nunca debo aspirar a no tener tentaciones sino a saber superarlas con fe y confianza, preparándome permanentemente con la mejor arma: la oración; porque ante la tentación, nunca me faltará la gracia ni la fortaleza del Espíritu Santo. Padre mío, que sepa llevar este mensaje a los demás, especialmente aquellos que están deprimidos y angustiados por lo duro de esta vida.

LAS TENTACIONES DE JESÚS


MEDITACIÓN DEL EVANGELIO, HOY PRIMER DOMINGO DE CUARESMA: 22 DE FEBRERO DEL 2015


La tentación de los panes
Meditaciones para toda la Cuaresma
Primer Domingo de Cuaresma. La tentación de querer hacer las cosas sin preocuparme si le interesan o no a Dios.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net




La primera tentación de Cristo, tal cómo nos la narra el Evangelio es la tentación de los panes. Cristo ha ido a hacer ayuno, un ayuno que realmente le prepare para su misión. Cristo ha ido a ejercitarse, por así decir, al desierto, y el demonio le llega con la tentación de los panes, que no era otra cosa sino decirle: déjate de cosas raras, se más realista, baja un poquito a la vida cotidiana. Es decir, materialízate, no seas tan espiritual. Es una tentación, que nosotros podemos tener en nuestra vida cuando llegamos a perder toda dimensión sobrenatural de nuestro ser cristianos. Es la tentación del querer hacer las cosas sin preocuparme si le interesan o no a Dios. Tengo un problema, y me digo: lo arreglo porque lo arreglo, y a veces olvidamos de la dimensión sobrenatural que tienen las dificultades.

Cristo ayuna y siente hambre como nos dice el Evangelio, y Cristo tiene que transformar el hambre en una palanca espiritual, en un momento de crecimiento interior. Ahí Cristo es tentado para decirle: No busques eso, no hace falta ese tipo de cosas, mejor dedícate a comer, mejor dedícate a trabajar. Es la tentación de querer arreglar yo todos los problemas.

Hay situaciones en las que no queda otro remedio sino ofrecer al Señor la propia impotencia por el sacrificio personal; hay situaciones en las que no hay otra salida más que la de decir: aquí está la impotencia, podríamos decir la impotencia santificadora. Cuando en nuestro trabajo personal sentimos una lucha tremenda en el alma, un desgarrón interior por tratar de vivir con autenticidad la vida cristiana, en esos momentos en los que a veces el alma no puede hacer otra cosa sino simplemente sufrir y yo me quiero sacudir eso, y no acepto esa impotencia y no la quiero ver, y no quiero tener ese "sintió hambre" en la propia vida, es donde aparece la necesidad de acordarse de que Cristo dijo: No sólo de pan, no sólo de los éxitos, no sólo de los triunfos, no sólo de consuelos, no sólo de ayudas vive el hombre, sobre todo vive de la Palabra que sale de la boca de Dios.

Tenemos que aprender como lección básica de la vida a iluminar todas nuestras dificultades con la Palabra de Dios, sobre todo aquellas que no podemos resolver, porque a veces podríamos olvidar que Dios Nuestro Señor va a permitir muchas dificultades, muchas piedras en la vida precisamente para que recordemos que la Palabra de Dios es la fuente de nuestra vida espiritual. No los consuelos humanos, no los éxitos de los hombres. A veces Dios nos habla en la oscuridad, a veces en la luz, pero lo importante es la vida del Espíritu Santo en mi alma. En ocasiones puede venir la tentación de querer suplir con mi actividad la eficacia de la fe en Dios, y podríamos pensar que lo que hacemos es lo que Dios quiere, cuando en realidad lo que Dios quiere es que en esos momentos esta situación no vaya por donde tu estás pensando que debe de ir, Yo me pregunto: una dificultad, un problema ¿lo transformamos a base de fe en un reto que verdaderamente se convierta en eficacia para el reino de Cristo? No pretendamos arreglar los problemas por nosotros mismos, preguntemos a Dios. ¿Sé yo vencer con la Palabra de Dios? ¿O caigo en la tentación?

Después, dice el Evangelio, lo llevó a un monte alto donde se veía todos los reinos de la tierra. Cristo es tentado por segunda vez para que su misión se vea reconocida por los hombres para que obtenga un éxito humano y todos vean su poder. Sin embargo el poder que les es ofrecido no es el que tiene Dios sobre la Creación, sino es el poder que viene de haber vendido la propia conciencia y la propia vida al enemigo de Dios. "Todo esto lo tendrás si postrándote me adoras", no es el poder que nace de haber conquistado el reino de Cristo, es el poder que nace de haberse vendido. A veces este poder se puede meter sutilmente en el alma cuando pierdes tu conciencia en aras de un supuesto éxito. Es el poder que viene de haber puesto la propia vida en adoración a los que desvían de Dios el final total de las cosas, el uso de las criaturas para la propia gloria y no para la gloria de Dios. La tentación de querer usar las cosas para nuestra propia gloria y no para la gloria de Dios es sumamente peligrosa, porque además de que nuestro comportamiento puede ser incoherente son lo que Dios quiere para nosotros, lo primero que te desaparece es el sentido crítico ante las situaciones. ¿Por qué? Porque estas vendido a los criterios de la sensualidad, y quien está vendido no critica.

Cuando nuestra conciencia se vende, cuando nuestra inteligencia y nuestra voluntad se vende dejan de criticar y todo lo que les den les parece bueno. ¿A quién me estoy vendiendo? Cada uno recibe su vida, sus amistades, sus personas, su corazón, su conciencia. ¿Dónde me encuentro sin el suficiente sentido crítico, para salir de una situación cuando contradices mi identidad cristiana?, porque ahí me estoy vendiendo, ahí estoy postrándome a Satanás aunque sean cosas pequeñas. ¿Dónde me he encadenado? ¿Hay en mi vida alguna tentación que no sólo me despoja del necesario sentido crítico ante las situaciones para juzgarlas sólo y nada más según Dios, sino que acaban sometiendo mis criterios a los criterios del mundo y por lo tanto, acaba cuestionando los rasgos de mi identidad cristiana?

Cuántas veces cuando vienen las crisis a la fe son por esta tentación; cuando nos vienen los problemas de que si estaré bien donde estoy o estaría mejor en otra parte, es por venderse a una situación más cómoda, aun lugar que no te exija tanto, un lugar donde puedas adorarte a ti mismo. Es triste cuando uno lo descubre en su propia alma y es triste cuando uno lo descubre en el alma de los demás.

Muchas veces es imposible penetrar en el alma porque ha perdido toda brújula, ha perdido todo el sentido crítico, ha perdido la capacidad de romper con el dinamismo del egoísmo, de la soberbia, de la sensualidad. Cuántos cambios podríamos tener de los que pensamos que ya no tenemos vuelta.

Por último, el demonio lleva a Cristo. La tentación del templo es en la que Cristo desenmascara con la autenticidad de su vida, con la rectitud de intención, con la claridad de su conciencia la argucia del tentador. Esta tentación tiene un particular peligro. Los comentaristas que han siempre enfrentado esta tentación piensan: qué gracia tendría el de tirarse del pináculo del templo y que los ángeles te agarrasen. La idea central de esto es una exhibición milagrosa. Un señor se sube a la punta del templo y lo están viendo abajo, se tira y de pronto unos ángeles le cogen y lo depositaren el suelo. Todo mundo daría gloria a Dios, todos se convertirían inmediatamente. Es la tentación que tiene un particular delito porque ofrece la conciliación entre las pasiones humanas de mi yo con el servicio a Dios, con la gloria que se debe al Creador.

Esta tentación que podríamos llamar de orgullo militantes es quizá la más sutil de todas. Es también la tentación que Cristo desenmascara en los fariseos cuando les dice: "les gusta ser vistos y admirados de la gente y que la gente les llame maestros... cuando oren no lo hagan como los hipócritas que oran en medio de las plazas para ser vistos por la gente, cuando oren enciérrate que tu Padre que ve en lo secreto te recompensará". Con qué perspicacia Nuestro Señor conocía el corazón humano que se puede enredar perfectamente, incluso en medio de la vida de oración, con el propio orgullo y egoísmo. Revisemos bien nuestra conciencia para ver si esta tentación no se ha metido en nuestras vidas.

Recordemos que nuestra vida sólo tendrá un auténtico sentido cristiano en la medida en que aceptemos a Cristo vencedor de la tentación del pan, de los reinos y del templo.

¿QUÉ ES EL AMOR?


¿Qué es el amor?
Para realmente amar hay que conocer qué es el amor. En tanto descubramos su profundidad, creceremos más en la capacidad de amar
Por: C. Morales Fuentes 



Partimos de la importancia de la familia como célula vital de la sociedad. Y la familia es una comunidad de amor, pues es éste el motor vital de la misma. El amor, no en un sentido poético, sino en una función unitiva y dinámica entre seres humanos.

Si hay algo que pueda explicar las acciones del hombre, su unión con otras personas, y por consiguiente, todo el ciclo familiar que se inicia desde el matrimonio, ese algo es el amor.

El amor es el principio y fuente creadora, porque el hombre fue creado por amor y para el amor. Todas las manifestaciones del ser humano hacen patente esta tendencia: el amor es lo que identifica a la persona, la capacidad de amar es exclusiva del ser humano.
El vínculo entre las personas debe ser el amor, el principio interior, la fuerza permanente y la meta última para vivir, crecer y perfeccionarse.

Esta podría parecer una postura ideal o muy utópica en los convulsionados tiempos en los que vivimos; sin embargo es muy importante recordar también que aunque el amor es el motor que impulsa la unión del hombre y la mujer en el matrimonio, y por ende, el nacimiento de una familia, es la voluntad, el mutuo consentimiento del varón y mujer, sobre lo que se funda el matrimonio, estableciendo un vínculo.

Para realmente amar hay que conocer qué es el amor. En tanto descubramos su profundidad, creceremos más en la capacidad de amar.

EL AMOR ES LA DINÁMICA ESENCIAL DEL SER HUMANO.

Es dinámica, pues abarca diferentes etapas, se expresa en todos los ámbitos de la personalidad humana y a lo largo de toda nuestra vida.

Es esencial, pues constituye el principio, la idea por la cual el hombre fue creado y el fin para el cual existe. Esta será la actividad del hombre por toda la eternidad (“Ahora están presentes la fe y la esperanza, pero al final sólo existirá el amor”).

El amor es la única razón que justifica la existencia de todos y cada uno. El universo entero se creó por amor.
El amor es el acto supremo de la libertad, la actividad reciamente humana por la que una persona elige y realiza el bien del otro.

REQUISITOS PARA EL AMOR AUTENTICO:

1.Querer amar, como un acto de voluntad humana. No por conveniencia o porque me gusta, me apetece o me interesa.
2.Buscar el bien de la otra persona, lo que la hace feliz y la perfecciona. Buscar el bien del otro precisamente en cuanto al otro, no por mí, sino desde mí para el otro, tal cómo es.

ELEMENTOS QUE SE DAN EN EL AMOR:

a)Corrobar en el ser.
Es el principio de todo amor de amistad, del amor verdadero. El amor tiene la virtud de “hacer real” a la persona que amamos, no nos es indiferente, nos importa por encima de todas las cosas; es más, su realidad llega a ser nuestra propia realidad. (“Deseo con todas las fuerzas de mi alma que existas”. “¡Qué maravilla que hayas sido creado!”).

b)Deseo de plenitud.
El amor no sólo aspira a que el ser querido viva, sino que viva bien, que llegue a su plenitud, que alcance su perfección, lo cual corresponde exactamente a uno de los fines del amor conyugal.

 ¡Qué compromiso tan grande, como pareja, el lograrlo!
Únicamente el amor nos hace capaces de penetrar en una persona, admirar la grandeza y los matices que encierra, y potenciarlos por el amor. ¿No es esto lo que hacemos con ese bebé que se nos da en el hospital, incluso desde que sabemos que viene en camino? Qué bueno sería pensar lo mismo para nuestra pareja, anticipando un proyecto de perfeccionarnos para todo lo espléndido que podemos llegar a ser. (“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser, junto a ti, todo lo que soy “, es decir, “ te quiero por lo que eres y por lo que llegarás a ser”).

Esto incluye amarlo con sus defectos, poniendo los medios para que las imperfecciones vayan siendo superadas.

Amar significa admiración, crecimiento para no decepcionar las esperanzas que otro puso en mí, desde su amor. ¿Cómo? Saliendo de mi propio apego, sin absorber al otro, evitando dominar.

c)Entrega.
Es la culminación del amor; el que verdaderamente ama se da en la donación total de sí mismo con y desde nuestro propio ser. Esto implica superar nuestros propios instintos y conquistar así la propia plenitud como persona. El hombre es la única criatura que Dios ha amado por sí misma y no puede encontrar su propia plenitud sino en la entrega de sí mismo a los demás.

El egoísta es incapaz de amar. La madurez afectiva amplía la capacidad de amar, de salir del “vivir para mí” y alcanzar un “vivir para ti”.

Dicho de otra manera, “la primacía de ti, no para mí, sino en cuanto a ti”.

(“Cuando te conocí, se realizó un proceso intelectual de fuera, hacia dentro de mí. Hoy te amo y ese amor sale de dentro”).


LA RECIPROCIDAD EN EL AMOR 

Lo primero que siente quien ama que es la aprobación de sí mismo. Sabe que es alguien que tiene una misión insustituible y lo mismo pasa con el que se sabe querido, ya que comprueba que existe, que su existencia no es vana. (“Tu me haces ser, te necesito para ser yo”).

Requerimos de las personas para que refrenden nuestra existencia. Al sentirme amado, soy capaz de dar vida a mis capacidades. Empujado por el amor del que me quiere, lograré ser quien soy. (“Por esto te quiero y necesito ser amado”).

En este instante entra en juego la libertad para corresponder o no al amor, y aceptar las exigencias de sentirse querido.


NECESIDAD DE CORRESPONDENCIA

No está pues, en la condición del ser humano, amar sin desear ser amado. El amor es cosa de dos, sólo así se establece un equilibrio. El que ama merece la correspondencia del otro, porque generosamente se dona y porque al mismo tiempo, se vuelve necesitado del otro.

¿Cómo compaginar el amor desinteresado con la idea de ser correspondido?

Cuando buscamos que el otro nos ame, buscamos su plenitud, que desarrolle su capacidad de amar y, por lo tanto, su bien y su perfeccionamiento. Sólo se llega a la plenitud, cuando se da y se recibe en ambas direcciones. (“ Donde no hay amor, pon amor y recibirás amor”).



FUERZA UNITIVA DEL AMOR

El amor genuino lleva a la unidad con el ser querido, en todos los campos, físico afectivo y espiritual. Aún siendo completamente diferentes, somos complementarios. “Somos uno y busco tu bien como el mío; lo que te sucede me afecta, como si me hubiese ocurrido a mí”.
Dos se funden en uno, conservando su propia identidad.
“Este es el síntoma supremo del amor: estar al lado del otro, en un contacto y proximidad profundos”. (Ortega y Gasset)



ESTABILIDAD AFECTIVA Y EMOCIONAL
 DE LA PAREJA

El amor afecta toda nuestra dinámica física, psíquica y espiritual. Es decir, compromete todo nuestro ser, cuerpo y alma.
Analicemos, entonces dos puntos:
1.Cómo se constituye el amor en la pareja.
2.Qué fundamentos tenemos que trabajar.


1.Cómo se constituye el amor en la pareja. 
Dice Paul E. Charbonneau en su libro “Curso de Preparación para el Matrimonio” que inicialmente una pareja se atrae, existe cierto interés y que por supuesto un sentimiento inicial por el otro, parte del querer al otro. Pero que existen muchos factores que van a formar parte del cimiento sobre el que se contruya esta pareja, de su estructura interior, factores inherentes a nuestra propia existencia tales como:

A) Dos Psicologías. El matrimonio es la unión de estas dos psicologías. Hombres y mujeres tenemos dos maneras diferentes de sentir, de actuar, de reaccionar, pero además cada uno tiene su propio temperamento, su propio carácter. Armonizar las psicologías de ambos requiere de todo nuestro esfuerzo, nuestra atención para entender al otro, de nuestra empatía, pero además de una constante comunicación.

B)Dos Personalidades. Mi carácter se refuerza con el tiempo, con la educación que recibí y con las circunstancias por las que pasa. Normalmente no existe un proyecto consciente de educación en el dominio de sentimientos, uso de la inteligencia o ejercicio de nuestra voluntad.

C) Dos Egoísmos. Me caso para ser feliz o para hacerte feliz. Miremos un poco hacia atrás, los últimos cinco años antes de nuestro matrimonio en los que se da una progresiva independencia. Los hombres empiezan a trabajar, a no ser dependientes económicamente, a establecer sus propios horarios, rutinas, amistades y prioridades, y lo mismo pasa con las mujeres, su tiempo es menos restringido, sus horarios, sus amistades, ya no pide permiso, y en el mejor de los casos, avisa dónde estará; tiene cierta independencia económica, de gustos, elige su look personal, sin influencia de nadie. En resumen empieza a ser independiente.
Y qué sucede al casarnos: existe una restricción de horarios, de actividades, incluso de amistades o relaciones familiares. Es como un tráiler que va cuesta abajo a toda velocidad e intenta frenar, la inercia opone resistencia.

D) Dos Educaciones diferentes que conviven.
Si nuestra relación se basa exclusivamente en ese sentimiento inicial, de dos estructuras que coinciden, no va a resistir. ¿Por qué?

1.Puede empezar un proceso de enfrentamiento que nos lleva a tomar una distancia (Charbonneau, lo llama “el abismo disfrazado”); esta distancia nos lleva a una total divergencia, cada cual tiene su vida, sus gustos, sus propias actividades. Nos duele al principio, pero a todo nos acostumbramos, incluso le tomamos gusto.

2.La soledad compartida. Si las circunstancias de vida son divergentes, si de las 24 hrs. del día, pasamos de 12 a 15 horas solos, nos va a costar establecer una relación humana real con nuestra pareja. El hombre por un lado está acostumbrado a tratar relaciones mercantiles, transaccionales, proyectando una relación más de “función” con la pareja, sin llegar a la esencia de la persona. La mujer por su lado, vive en un mundo de niños, sus diálogos son en este sentido, con niños y en el mejor de los casos, con las amigas sobre niños y de algún otro tema poco trascendente. Su desarrollo mental en la etapa de crianza se encuentra en estado latente, frenado por sus propias circunstancias. Cuántas veces tenemos la necesidad de hablar con adultos de lo que pasa en el mundo sin que ello aporte en muchas ocasiones oportunidades para un verdadero desarrollo personal. Se vuelve una relación marcada por la superficialidad. No hay un diálogo real, o la televisión suple este estar y platicar contigo.

2.Qué fundamentos tenemos que trabajar.

Vimos que la estructura personal y vital es complicada. ¿Cómo salir de ello?

Nuestro compromiso debe ser real, libre, que genere esperanza, exigencia, sacrificio, alegría y finalmente paz y para ello hay que preguntarnos, ¿qué es entonces el amor?

El amor va más allá de un “me gustas, siento lindo a tu lado, me atraes, te deseo”.

En mí debe existir la decisión de poner mi vida en tu vida para ser una sola cosa, sacrificando lo necesario. El amor no necesariamente implica placer, que lo digan si no las mamás que despiertan 3 o 4 veces por la noche a dar de comer o cuidar a un hijo enfermo, no podemos hablar de que sea un gozo que nos produzca placer inmediato, sin embargo, lo hacemos por amor y a la larga este produce muchas satisfacciones.

Eso, aunado al tipo de “amor” que nos ofrecen lo medios, ya no digamos de felicidad cimentada en el placer, sino también en lo modelos físicos que se nos presentan, belleza física de él y ella que generan expectativas en el inconsciente, el músculo marcado, el pelo precioso, la figura perfecta, no son el amor.

Dónde esta entonces la base del amor, ¿qué significa el “te quiero”?

El amor es una decisión, es un acto de voluntad, lo que podemos llamar Ley de la Convergencia: para salvar el amor es necesario que la pareja se imponga por encima de las divergencias, que se vuelvan uno al otro, aceptar la unidad, rechazando el alejamiento.
Porque cada momento de nuestra vida es una decisión. Elegir es renunciar. Qué prefiero, clavarme en el trabajo o salir temprano para ver a mi familia. Salir con mis amigos o dedicarle esta noche a mi esposa. Llegar a ver la televisión o sentarnos a platicar.

El cómo estableces el amor, dónde y cómo lo manejas, éstas deberían ser las interrogantes que nos hiciéramos día a día y la respuesta se encuentra en nuestra propia esencia. El ser humano tiene tres dimensiones: física, psicológica y espiritual.
Una relación no puede cimentarse en lo físico, el físico se deteriora, esto es obvio, pero también lo psicológico empieza a fracturarse, disminuye la tolerancia hacia esos “ pequeños defectos” y hábitos. Los conflictos van dejando pequeños surcos en nuestra afectividad. Entonces podemos decir que la esencia radica en esa dimensión espiritual.

Para permanecer para siempre, el cimiento de nuestra familia se debe encontrar en esa estructura espiritual que se manifiesta en la afectividad, en nuestra sexualidad, en la formación de nuestros hijos

Es el cimiento, el espiritual, el que sostendrá el edificio que estamos construyendo hoy en nuestra familia. Una vez puesta la cimentación podremos construir habitaciones, decorarlas, planear ventanas que dejen entrar la luz y que nos dejen ver al exterior, puertas para recibir y para salir de nosotros a los demás.

PENSAMIENTO SOBRE LA CUARESMA DEL PAPA FRANCISCO


LA CÁTEDRA DEL APÓSTOL SAN PEDRO, FIESTA, 22 DE FEBRERO


La Cátedra del Apóstol San Pedro
Fiesta, 22 de febrero
Por: . | Fuente: ACIprensa.com




Fiesta

Martirologio Romano: Fiesta de la cátedra de san Pedro, apóstol, al que el Señor dijo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro de conserva en el campo Vaticano y ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia.

Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro.

La palabra "cátedra" significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa.

Hace no muchos años, antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que "la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ´ministerium petrinum´, ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial". "Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles".

La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666.

Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión.

Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro.

Fuente: VIS - Servicio Informativo Vaticano

sábado, 21 de febrero de 2015

EL EVANGELIO DE HOY: SÁBADO 21 DE FEBRERO DEL 2015


No he venido a llamar a justos, sino a pecadores

Cuaresma y Semana Santa


Lucas 5, 27-32. Cuaresma. Nada en la vida, ni placeres, ni riquezas, podrán compararse con el tesoro de encontrar a Dios. 



Por: José Noé Patiño | Fuente: Catholic.net




Del santo Evangelio según san Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo salió Jesús y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».

Oración introductoria 
Señor, no dejes de sorprenderme y hacer diferente cada uno de mis días. Concédeme iniciar esta oración con la completa disposición de escuchar tu voz y seguirte con el ánimo de desprenderme de mí mismo.

Petición
Dios mío, Tú me conoces y sabes qué fácilmente juzgo a los demás y cómo me cuesta perdonar, ayúdame a ser más misericordioso.

Meditación del Papa Francisco
Los fariseos critican al Señor porque come con los pecadores. Y los publicanos eran doblemente pecaminosos, porque estaban apegados al dinero e incluso eran traidores a la patria, al ser quienes recogían los impuestos de su pueblo para los romanos. Jesús, por lo tanto, ve a Mateo, el recaudador de impuestos, y le mira con misericordia:
Y a aquel hombre, sentado en el banco de impuestos, en un primer momento Jesús lo mira y este hombre siente algo diferente, algo que no sabía -la mirada de Jesús sobre él-, siente un estupor por dentro, escucha la invitación de Jesús: ‘¡Sígueme! ¡Sígueme!'. Y en ese momento, se vuelve un hombre lleno de alegría, pero también un poco dubitativo, porque está muy apegado al dinero. […]Es el momento de la misericordia recibida y aceptada: ‘¡Sí, voy contigo!’. Es el primer momento del encuentro, una experiencia espiritual profunda. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 5 de julio de 2013, en Santa Marta).
Reflexión
Seguramente muchos de los amigos de Leví, no cabrían en su asombro al saber de lo que estaba pasando. Leví, el publicano, ofrecía un banquete de despedida porque iba a dejar todo lo que tenía, para seguir a un rabí llamado Jesús y que no tenía dónde reposar la cabeza.

La decisión la había tomado en la mañana, cuando, quién sabe por qué, Jesús había pasado por la recaudación de impuestos y le había invitado a seguirle. “Ven y sígueme”, eso es todo lo que nos dice el evangelio. No sabemos si ya lo conocía, si le había oído en alguna ocasión... nada, tan sólo que dejándolo todo lo siguió.

Eran muchas las cosas que Leví debía dejar abandonadas en el baúl de los recuerdos para siempre. Pero Leví no puso cara de camello triste, quejándose y lamentándose, de por qué le había tocado a él. Al contrario de todas las expectativas, organiza una fiesta.

Cuánto tenemos que aprender de Leví. Él sí se dio cuenta de que nada en la vida, ni placeres, ni riquezas, ni nada de nada, podían compararse con el Tesoro que había encontrado. Y como buen recaudador supo venderlo todo para adquirir una ganancia infinitamente mayor. Que en esta Cuaresma también nos encontremos nosotros con Cristo y sepamos dejarlo todo para seguir al único por el que vale la pena dejarlo todo: un rabí llamado Jesús.

Propósito
Hacer una oración especial de agradecimiento a Dios por haberme llamado a su Iglesia.

Diálogo con Cristo
Señor, permite que nunca discrimine ni considere a nadie indigno, más bien, que busque construir puentes, principalmente con mis actitudes ante los demás, para acercar a todos a la experiencia de tu amor. No puedo conformarme con vivir para mí mismo y para mis cosas. Dame la generosidad para entregarme incansablemente y hacer todo el bien que esté a mi alcance.

IMÁGENES DEL TIEMPO DE CUARESMA














LA MURMURACIÓN, MAL NEGOCIO


La murmuración, mal negocio 
La murmuración, maledicencia, chisme o calumnia es un mal que corroe la buena fama de los demás. Se hace a sus espaldas, a causa de la mala voluntad, la envidia o el odio.


Por: Alejo Fernández Pérez | Fuente: Catholic.net




Algunos efectos de las murmuraciones, en cualquier tipo de actividad, son las divisiones personales y la pérdida de esfuerzos por luchas intestinales. Especialmente graves resultan en los terrenos religiosos y políticos, donde los efectos de las murmuraciones pueden adquirir serios daños sociales de enorme amplitud.

Afortunadamente, por muy temprano que sea, siempre tenemos algo de que hablar: O del tiempo para quejarnos, o de alguna persona conocida para despellejarla. Existen casos extremos de personas que, si no están hablando mal de algo o de alguien, dan la sensación de ser mudos o estar muertos

Por murmuración entenderemos aquí la conversación un poco denigrante, en voz baja , en ausencia del sujeto denigrado y con un tanto de regodeo o recochineo sobre el ausente . Se corroe la buena fama de personas o cosas, sin razones y con cierta mala voluntad sobre ellas. La murmuración tiene muchos nombres: maledicencia , trapisonda, enredos, chismes, calumnias, despellejar, poner como hoja de perejil,… todas ellas son primas entre si y de la mentira y el engaño.

Generalmente, la murmuración no produce graves daños; pero en ocasiones puede causar verdaderas tragedias. Extender las ideas de que : “Me han dicho que tal empresa está arruinada… Me acabo de enterar que la mujer de X se entiende con Y… Se de buena tinta que Z le está robando a su empresa,…” y otras análogas, sin pruebas de ningún tipo, pueden causar por desprestigio la ruina de esa empresa, que X se separe de su esposa o que Z sea expulsado de su empresa sin que los afectados sepan ni por qué.

¿Por qué se murmura? Por envidia, por odio, por intereses, por vanidad,…Es muy corriente que cuando varias personas empiezan a hablar mal de alguien, este alguien no importe a ninguno ni un comino. Solo les importa el propio YO a cada uno. Si decimos que Fulano es feo, torpe, necio, pobre,…en el fondo estamos dando a entender que nosotros somos guapos, ágiles, inteligentes y ricos. Algo que nos alegra y llena de satisfacción. Con frecuencia, la causa es un complejo de inferioridad, adobado con la cobardía de quien es incapaz de dar la cara.

En la costumbre de murmurar interviene en buena medida la aquiescencia de quienes les escuchan y jalean con agrado por miedo a ir contracorriente. A Jesús le condenaron los mismos que unas horas antes le aclamaban. Bastó que una mayoría pidiese la muerte de Cristo para que, incapaces de oponerse, gritaran como “todos” : ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

De vez en cuando surge una de esas personas a quienes desagrada el trapicheo y termina encarándose con el chismoso. Resultado: se expone a perder las amistades con él o , si no lo hace, se convertirá en un cómplice. Mal embrollo moral “tío”. Todas las cosas se pueden decir sin empeorar las situaciones, pero cuando hay algo que decir, ¡ se dice claramente y sin pamplinas!. Y si hay que perder a ciertos amigos, no perderíamos gran cosa. Hay una forma de quedar siempre mal ante los demás : andar con subterfugios y medias tintas.

Cuando iniciamos ciertos comentarios, sin importancia aparente ¿Sabemos el daño y los perjuicios que podemos ocasionar? La mentira tiene muchas facetas: reticencia, cabildeo, murmuración... Pero es siempre arma de cobardes. Son los mismo que tras despellejar a Don Fulano corren a decirle: Oye se dice por ahí que tu…Te lo digo para que estés sobre aviso. Al final todo termina sabiéndose, pero ¿y mientras tanto? Pues ese final puede tardar años y los perjuicios familiares, sociales y económicos pueden ser irreversibles

¿Y que puede hacer el ofendido? Más bien poco, pues suele ser el último que se entera de lo que se dice y de quien lo dice. Y si se entera, carecerá de pruebas para ir a juicio. Si además es un alma noble, de prestigio y con autoridad habrá encontrado una dura cruz que sobrellevar. Es el momento de recurrir a Cristo, el único amigo que nunca falla.

¡Ay, esos medios de comunicación! Vendidos al poder político, empresarial o social a los que sirven contra sus rivales a base de susurraciones, murmuraciones, trapisondas, enredos, chismes, cuentos, insidias, calumnias,…, envileciéndose hasta grados animalescos. No hay que preocuparse, como son muy listos : Todo lo justificarán muy bien y en todos los casos.

¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA PAPA?


¿Qué significa la palabra Papa?
En el principio a los sucesores de San Pedro se los llamaba simplemente Obispo de Roma. El título de Papa comezó a ser usado muchos siglos después 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net



Un error muy difundido en internet acerca de por qué al Sumo Pontífice se le dice "Papa" es el que se basa en las iniciales de 4 palabras latinas: P etrí - A postoli - P otestatem - A ccipiens, y se traducen así: "El que recibe la Potestad del Apóstol Pedro". El segundo error en la interpretación del significado es el que se atribuye a la unión de las dos primeras sílabas de estas palabras latinas: PA ter y PA stor, que se traducen como "padre y pastor".

El origen de la palabra PAPA es muy distinto. El término “Papa” procede del griego “Pappas” o “Papas” y significa “papá” o “padre”. Se encuentra testimoniado en Aristófanes (Pax 120), Menandro (Mis 213). P. Levillain observa que en Homero significa “sacerdote”. Como quiera que sea, el término se hizo común en oriente como signo de afecto y respeto para con obispos y sacerdotes.

En Occidente hace su aparición a inicios del S. III, progresivamente se fue aplicando a los obispos [Cipriano, Ep 8,8.23,30; 31,36]. Aplicado al obispo de Roma como signo de afecto y respeto se encuentra por vez primera en una inscripción del diácono Severo a san Calixto: "Jussu Papae sui Marcellini" (por orden del Papa Marcelino). Se hizo específico para finales del S. IV y en el V al título se precisa la expresión “Papa Urbis Romae" (Papa de la ciudad de Roma).

En el S. VI la cancillería de Constantinopla se dirigió al obispo de Roma con el título “Papa”. Para finales del S. VIII el título se emplea solamente para los romanos pontífices. Con Gregorio V (996-999) el Concilio de Pavía estipuló que el arzobispo Arnulfo de Milán no se designara así. Gregorio XI (1073-1085) prescribió de modo formal que el título se aplicara definitivamente a los sucesores de Pedro.

La expresión “Santísimo Padre” se remonta al S. XII y corresponde al significado histórico de “papa”, es decir, “reverendo padre” y con él se relaciona su definición de “pater patrum”, de uso común por parte de los obispos de la Iliria y del África que así se dirigían a los sucesores de Pedro en los primeros siglos VI-VII.

Nominalmente el Papa es el Obispo de la Diócesis de Roma. Según la tradición católica, desde que San Pedro se estableció para predicar el Evangelio en la ciudad y nombró su sucesor a uno de los Presbíteros de Roma, se ha establecido la ciudad como la sede de la Iglesia Universal.

En el principio a los sucesores de San Pedro se los llamaba simplemente Obispo de Roma. El título de "Papa", como hemos visto, comezó a ser usado muchos siglos después.

El título papa, que alguna vez fue utilizado con gran amplitud, actualmente se emplea exclusivamente para denotar al Obispo de Roma quien, en virtud en su posición como sucesor de san Pedro, es el supremo pastor de toda la Iglesia, el vicario de Cristo sobre la tierra. Además del obispado de la diócesis romana, el Papa detenta varias otras dignidades junto con la de pastor universal y supremo. Él es el arzobispo de la provincia romana, primado de Italia e islas adyacentes, y único patriarca de la Iglesia Occidental. La doctrina de la Iglesia acerca del Papa fue declarada por el Concilio Vaticano I en la Constitución Dogmática “Pastor Aeternus”, el 18 de julio de 1870. Los cuatro capítulos de esa constitución tratan respectivamente del oficio de cabeza suprema conferido a san Pedro, la perpetuidad de ese oficio en la persona del romano pontífice, la jurisdicción papal sobre todos los fieles y su autoridad suprema para definir cuestiones de fe y moral. (Enciclopedia Católica)

CUARESMA ES TIEMPO DE ARREPENTIMIENTO


Cuaresma es tiempo de arrepentimiento
Sábado después de Ceniza. Quitar de nuestro corazón todo aquello que lo aparte de Dios Nuestro Señor. 


Por: P. Cipriano Sanchez LC | Fuente: Catholic.net




La cuaresma es tiempo de arrepentimiento. Quizá a nosotros la llamada al arrepentimiento que es la Cuaresma, podría parecernos un poco extraña, un poco particular, porque podríamos pensar: ¿de qué tengo yo que arrepentirme?. Arrepentirse significa tener conciencia del propio pecado. La conversión del corazón es el tema que debería de recorrer nuestra Cuaresma, tener conciencia de que algo he hecho mal, y podría ser que en nuestras vidas hubiéramos dejado un poco de lado la conciencia de lo que es fallar. Fallar no solamente uno mismo o a alguien a quien queremos, también la conciencia de lo que es fallarme a mí.

Pudiera ser también que en nuestra vida hubiéramos perdido el sentido de lo que significa encontrarnos con Dios, y quizá por eso tenemos problemas para entender verdaderamente lo que es el pecado, porque tenemos problemas para entender quién es Dios. Solamente cuando tenemos un auténtico concepto de Dios, también podemos empezar a tener un auténtico concepto de lo que es el pecado, de lo que es el mal.

La cuaresma es todo un camino de cuarenta días hasta la Pascua, y en este camino, la Iglesia nos va a estar recordando constantemente la necesidad de purificarnos, la necesidad de limpiar nuestro corazón, la necesidad de quitar de nuestro corazón todo aquello que lo aparte de Dios N. S. La Cuaresma es un período que nos va a obligar a cuestionarnos para saber si en nuestro corazón hay algo que nos está apartando de Dios Nuestro Señor. Esto podría ser un problema muy serio para nosotros, porque es como quien tiene una enfermedad y no sabe que la tiene. Es malo tener una enfermedad, pero es peor no saber que la tenemos, sobre todo cuando puede ser curada, sobre todo cuando esta enfermedad puede ser quitada del alma.

Qué tremendo problema es estar conviviendo con una dificultad en el corazón y tenerla perfectamente tapada para no verla. Es una inquietud que sin embargo la Iglesia nos invita a considerar y lo hace a través de la Cuaresma. Durante estos cuarenta días, cuando leemos el Evangelio de cada día o cuando vayamos a Misa los domingos, nos daremos cuenta de cómo la Biblia está constantemente insistiendo sobre este tema: Purificar el corazón, examinar el alma, acercarse a Dios, estar más pegado a Él. Todo esto, en el fondo, es darse cuenta de quién es Dios y quién somos nosotros.

Por otro lado, el hecho de que el sacerdote nos ponga la ceniza, no es simplemente una especie de rito mágico para empezar la Cuaresma. La ceniza tiene un sentido: significa una vida que ya no existe, una vida muerta. También tiene un sentido penitencial, quizá en nuestra época mucho menos, pero en la antigüedad, cuando se quería indicar que alguien estaba haciendo penitencia, se cubría de ceniza para indicar una mayor tristeza, una mayor precariedad en la propia forma de existir.

Preguntémonos, si hay en nuestra alma algo que nos aparte de Dios. ¿Qué es lo que no nos permite estar cerca de Dios y que todavía no descubrimos? ¿Qué es lo que hay en nosotros que nos impide darnos totalmente a Dios Nuestro Señor, no solamente como una especie de interés purificatorio personal, sino sobre todo por la tremenda repercusión que nuestra cercanía a Dios tiene en todos los que nos rodean?. Solamente cuando nos damos cuenta de lo que significa estar cerca de Dios, empezaremos a pensar lo que significa estar cerca de Dios para los que están con nosotros, para los que viven con nosotros. ¿Cómo queremos hacer felices a los que más cerca tenemos si no nos acercamos a la fuente de al felicidad? ¿Cómo queremos hacer felices a aquellos que están más cerca de nuestro corazón si no los traemos y los ayudamos a encontrarse con lo que es la auténtica felicidad?.

Qué difícil es beber donde no hay agua, qué difícil es ver donde no hay luz. Si a mí, Dios me da la posibilidad de tener agua y tener luz, ¿solamente yo voy a beber? ¿Solamente yo voy a disfrutar de la luz?. Sería un tremendo egoísmo de mi parte. Por eso en este camino de Cuaresma vamos a empezar a preguntarnos: ¿Qué es lo que Dios quiere de mí? ¿Qué es lo qué Dios exige de mí? ¿Qué es lo que Dios quiere darme? ¿Cómo me quiere amar Dios?, para que en este camino nos convirtamos, para aquellas personas que nos rodean, en fuente de luz y también puedan llegar a encontrarse con Dios Nuestro Señor.

Ojalá que hagamos de esta Cuaresma una especie de viaje a nuestro corazón para irnos encontrando con nosotros mismos, para irnos descubriendo nosotros mismos, para ir depositando esa ceniza espiritual sobre nuestro corazón de manera que con ella vayamos nosotros cubriéndonos interiormente y podamos ver qué es lo que nos aparta de Dios.

La ceniza que nos habla de la caducidad, que nos habla de que todo se acaba, nos enseña a dar valor auténtico a las cosas. Cuando uno empieza a carecer de algunas cosas, empieza a valorar lo que son los amigos, lo que es la familia, lo que significa la cercanía de alguien que nos quiere. Así también tenemos que hacer nosotros, vamos a ir en ese viaje a nuestro corazón para que, valorando lo que tenemos dentro, nos demos cuenta de cuanto podemos dar a los que están con nosotros.

Este es el sentido de ponerse ceniza sobre nuestras cabezas: el inicio de un preguntarnos, a través de toda la Cuaresma, qué es lo que quiere Dios para nosotros; el inicio de un preguntarnos qué es lo que el Señor nos va a pedir y sobre todo, lo más importante, qué es lo que nosotros vamos a podré dar a los demás. De esta manera, vamos a encontrarnos verdaderamente con lo más maravilloso que una persona puede encontrar en su interior: la capacidad de darse.

Recorramos así el camino de nuestra Cuaresma, en nuestro ambiente, en nuestra familia, en nuestra sociedad, en nuestro trabajo, en nuestras conversaciones. Buscar el interior para que en todo momento podamos encontrarnos en el corazón, no con nosotros mismos, porque sería una especie de egoísmo personal, sino con Nuestro Padre Dios; con Aquél que nos ama en el corazón, en lo más intimo, en lo más profundo de nosotros.

Que el bajar al corazón en esta Cuaresma sea el inicio de un camino que todos nosotros hagamos, no solamente en este tiempo, sino todos los días de nuestra vida para irnos encontrando cada día con el Único que da explicación a todo. Que la Eucaristía sea para nosotros ayuda, fortaleza, luz, consuelo porque posiblemente cuando entremos en nuestro corazón, vamos a encontrar cosas que no nos gusten y podríamos desanimarnos. Hay que recordar que no estamos solos. Que no vamos solos en este viaje al corazón sino que Dios viene con nosotros. Más aún, Dios se ofrece por nosotros, en la Eucaristía, para nuestra salvación, para manifestarnos su amor y para darse en su Cuerpo y en su Sangre por todos nosotros.
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