martes, 24 de diciembre de 2013

EL NACIMIENTO DE CRISTO, ES MI NACIMIENTO




Autor: Pedro García, misionero Claretiano |
 Fuente: Catholic.net
Nacimiento de Cristo es mi nacimiento
El nacimiento de Jesucristo en Belén, es nuestro propio 
nacimiento a la vida celestial.


Nacimiento de Cristo es mi nacimiento
El chiquitín ha venido en medio de la noche callada. En un silencio total. En una soledad absoluta. Sólo su joven Madre y el bueno de José, a la luz de una lámpara de aceite, contemplan la carita celestial del recién nacido. En medio de tanta pobreza y humildad, están gozando como no ha disfrutado hasta ahora nadie en el mundo. -

¡Mi niño!, grita María mientras le estampa enajenada su primer beso... -¡Qué lindo, qué bello!, exclama extasiado José. Entre tanto --vamos a hablar así--, Dios no se aguanta más. Tiene prisa por anunciar a todos el nacimiento de su Hijo hecho hombre, y manda a sus ángeles que lo pregonen bien. Se avanza un ángel y desvela a los pastores, mientras les grita con alborozo:

- ¡Os anuncio una gran alegría! ¡Os ha nacido en Belén un salvador!

Se rasgan entonces los cielos, aparece todo un ejército de la milicia celestial, que van cantando por el firmamento estrellado:

- ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres amados de Dios!...

A este Jesús, le felicitamos de corazón: -¡Cumpleaños feliz! ¡Por muchos años! ¡Por años y por siglos eternos!...

Hasta aquí, todos de acuerdo, ¿no es así?
Pero, ¿es verdad que nos podemos felicitar también nosotros, y que nos felicitamos de hecho nuestro propio cumpleaños?... Dos antiguos Doctores de la Iglesia, y de los más grandes, como son Ambrosio y León Magno, lo expresaron de la manera más elocuente y precisa.

San Ambrosio exclama en su Liturgia de Navidad:
-¡Hoy celebramos el nacimiento de nuestra salvación! ¡Hoy hemos nacido todos los salvados!... Tiende su mirada más allá de la Iglesia, y felicita al mundo entero: -Hoy en Cristo, oh Dios, haces renacer a todo el mundo.

Y el Papa San León Magno, con su elegancia de siempre, dice también:
- ¿Sólo el nacimiento del Redentor? ¡También nuestro propio nacimiento! El nacimiento de Cristo es el nacimiento de todo el pueblo cristiano. Cada uno de los cristianos nace en este nacimiento de hoy.

Tiene razón la Iglesia al cantar en uno de los prefacios de Navidad: -De una humanidad vieja nace un pueblo nuevo y joven...
Porque el Hijo de Dios, al hacerse hombre, nos hace a todos los hombres hijos de Dios. El nacimiento de Jesucristo en Belén, es nuestro propio nacimiento a la vida celestial. Es nuestro cumpleaños también. ¡La enhorabuena a todos!...

Una felicitación de la que no es excluido nadie, desde el momento que todos somos llamados a la salvación. Ese mismo Papa de la antigüedad y Doctor de la Iglesia, San León Magno, felicita a todos con un párrafo que es célebre:
- ¡Felicitaciones, carísimos, porque ha nacido el Salvador! No cabe la tristeza cuando nace la vida. Si eres santo, ¡alégrate!, porque tienes encima tu premio. Si eres pecador, ¡alégrate!, porque se te ofrece el perdón. Si eres un pagano todavía, ¡alégrate!, porque eres llamado a la vida de Dios.

Una familia cristiana de Viena, a mitades del siglo dieciocho, celebró la Navidad de una manera singular. Aquel matrimonio tan bello recibía cada hijo como el mayor regalo de Dios. Apenas la esposa sentía los primeros síntomas, el esposo sacaba del armario los cirios de los niños anteriores y quedaban prendidos durante todo el rato que se prolongaba la función augusta del alumbramiento. Los cirios correspondían a los ángeles custodios de los hijos, que velaban este momento solemne. Cuando había llegado el bebé, se apagaban los cirios y se guardaban hasta que viniese otro vástago al hogar. En esta Navidad se prendieron nueve cirios. El primero se había hecho bastante corto, pues había alumbrado la estancia muchas veces anteriormente. El más alto, el prendido ahora por primera vez, correspondía a Clemente, el niño que venía entre las alegrías navideñas, bautizado a las pocas horas, y conocido hoy en la Iglesia como San Clemente María Hofbauer...

Este niño, que iba a ser un gran santo, es el símbolo de una realidad que se repite tantas veces en las familias cristianas. Con nuestra venida al mundo en el seno de la Iglesia, al recibir el Bautismo, repetimos todos el hecho de Belén. Cristo nace en un nuevo cristiano. Jesús y nosotros celebramos nuestro cumpleaños en el mismo día...

¡Felicidades a todos! ¡Felicidades!
Y que repitamos este cumpleaños, el de Jesús y nuestro, por muchas Navidades más.... 

EL EVANGELIO DE HOY: 24.12.2013

Autor: Juan Pablo López Castellanos, L.C. | Fuente: Catholic.net
Bendito sea el Señor porque ha redimido a su pueblo
Lucas 1, 67-79. Adviento. Hoy como hace más de dos mil años, Cristo viene a nacer a nuestro corazón. Cumple su promesa, mostrándonos su misericordia.
 
Bendito sea el Señor porque ha redimido a su pueblo
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 67-79

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza.
El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados. Y por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en las tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.


Oración introductoria

Gracias, Jesús, por venir a nacer entre nosotros. Este día, más que pedirte, quiero agradecerte por cumplir lo que habías prometido desde antiguo. Gracias por venir a quedarte con nosotros, gracias por mostrarnos tu misericordia. Ilumínanos y sácanos de las tinieblas en que vivimos, para que descubramos el camino de la paz. Y permítenos vivir sin temor, en santidad y justicia en tu presencia.

Petición

Señor, qué gran don nos has hecho con tu venida. Dispón nuestro corazón para recibirte como es debido y Tú que decidiste nacer en una cueva, acepta el cálido rincón de nuestro corazón.

Meditación del Papa Francisco

"Festejad... gozad... alegraos", dice el Profeta. Es una gran invitación a la alegría. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo de esta invitación a la alegría? Porque el Señor hará derivar hacia la santa Ciudad y sus habitantes un "torrente" de consolación, un torrente de consolación –así llenos de consolación-, un torrente de ternura materna: "Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán". Como la mamá pone al niño sobre sus rodillas y lo acaricia, así el Señor hará con nosotros y hace con nosotros. Éste es el torrente de ternura que nos da tanta consolación. "Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo".
Todo cristiano, y sobre todo nosotros, estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: la consolación de Dios, su ternura para con todos. Pero sólo podremos ser portadores si nosotros experimentamos antes la alegría de ser consolados por Él, de ser amados por Él. Esto es importante para que nuestra misión sea fecunda: sentir la consolación de Dios y transmitirla. (S.S. Francisco, 7 de julio de 2013).

Reflexión 

Hoy como hace más de dos mil años, Cristo viene a nacer a nuestro corazón. Él, como dice el evangelio, cumple su promesa, mostrándonos su misericordia, para sacarnos de las tinieblas en que vivimos y guiarnos por el camino de la paz. Él viene para ser luz y para dar paz. Él es la estrella que brilla en medio de la oscuridad de nuestro caminar por esta vida. Pero para encontrar esa luz, debemos apagar todo lo que nos impide ver la estrella de Belén que nos guía a Él. Y para encontrar esa paz, debemos salir del barullo y ruido de la ciudad, para encontrarlo en una cueva.

En la Navidad todo mundo sabe que hay alegría y fiesta, pero no todos saben el motivo. Muchas veces escuchamos y decimos: "¡Feliz Navidad!" a toda persona que nos encontramos; pero algunas veces nos olvidamos de felicitar al festejado. La Navidad es un tiempo de amor, gozo y paz. Pero no debemos perder de vista que la gran alegría, noticia y don, es que Dios se hizo hombre por nosotros. En esta Navidad, recordemos al Recién Nacido y con los pastores, ofrezcámosle lo mejor que tenemos.

Propósito

Me prepararé para recibir con un corazón limpio a Nuestro Señor y le agradeceré que venga a quedarse conmigo.

Diálogo con Cristo

Jesús, esta noche vamos a contemplar tu cuerpecito envuelto en pañales y buscando calor. Déjame esta Navidad, ofrecerte un corazón caliente, amoroso, que te proteja del frío de la noche. Gracias por hacerte uno como nosotros; permítenos esta noche a nosotros hacernos como Tú: niños, que aprendamos a ver en todo el amor de tu Padre, incluso en el frío y soledad de la noche, como tu primera noche hecho hombre. Esta noche, sí queremos estar junto a ti y deseamos que esta vez sí seas Tú el centro de la fiesta.


"Navidad es la gran fiesta de las familias. Jesús, al venir a la tierra para salvar a la sociedad humana y para de nuevo conducirla a sus altos destinos, se hizo presente con María su Madre, con José, su padre putativo, que está allí como la sombra del Padre Eterno. La gran restauración del mundo entero comenzó allí, en Belén; la familia no podrá lograr más influencia que volviendo a los nuevos tiempos de Belén" (Juan XXXIII, Alocución del 25 de diciembre de 1959)


  • Preguntas o comentarios al autor
  • Juan Pablo López Castellanos, L.C. 

    lunes, 23 de diciembre de 2013

    CARTA DE JESÚS ANTES DE LA NAVIDAD


    Carta de Jesús antes de la Navidad


    Queridos amigos:

    Les agradezco su carta, la hemos leído con José y María y la hemos comentado todos en el cielo.

    Me han escrito "No vale la pena que vuelvas....." Aquí se equivocan porque ya estoy entre ustedes y más aun, dentro de ustedes. Búsquenme y me encontrarán.

    Ahora ya en vísperas de 25 de Diciembre, quiero recordarles algunas maneras de celebrar la Navidad. Muchos cristianos, más de lo que imaginan, la celebran y muy bien.

    = Cada vez que piensan en los otros, entienden la NAVIDAD.
    = Cada vez que rezan y ayudan a rezar, descubren la NAVIDAD.
    = Cada vez que admiran y quieren la belleza, la vida, la justicia, la bondad, quieren y admiran la NAVIDAD.
    = Cada vez que se deciden a perdonar, consolar, comprender, crear alegría, anticipan la NAVIDAD.
    = Cada vez que descubren sus miserias y las aceptan y cuentan conmigo, desean la NAVIDAD.
    = Cada vez que se preparan o son ya un buen profesional honrado y capaz, aseguran una vida de NAVIDAD.
    = Cada vez que buscan a los pobres, a los que no tienen nombre, a los necesitados, celebran y hacen celebrar la NAVIDAD.
    = Cada vez que los mayores ven a los pequeños semejantes a mi: cada vez que los pequeños saben ver en los mayores a mi Padre, hacen venir la NAVIDAD.

    Estoy con ustedes y con cada uno de ustedes siempre.

    Jesús

    ORACIÓN PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIO


    ORACIÓN PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIO

    Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.

    A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!

    Ayudad a mis hermanos y parientes. 
    Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
    Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
    Ayudad a cuantos debo amor y oración. 
    Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
    Ayudad a los que han faltado contra mí. 
    Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
    Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
    Ayudad a los que os desean más ardientemente.
    Ayudad a los que sufren más.
    Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
    Ayudad a los que menos auxilio reciben. 
    Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
    Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
    Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
    Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
    Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
    Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
    Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
    Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
    Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
    Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado. 
    Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
    Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
    Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
    Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
    Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
    Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
    Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
    Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
    Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
    Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
    Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
    Ayudad a los defensores de la santa fe. 
    Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
    Ayudad a los sepultados en los mares.
    Ayudad a los muertos repentinamente.
    Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

    V. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
    R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
    V. Que en paz descansen. 
    R. Amén.

    NUNCA TE QUEJES


    Nunca te quejes
    Autor: Pablo Neruda


    Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tu has  hecho lo que querías en tu vida. 

    Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar 
    corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su  error. 

    Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y 
    acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y prueba que tu siempre has de ganar. 

    No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. 

    No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente. 

    Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin eliminarlos morirán. 

    Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino. 

    Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. 
    Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina,  decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es: el pretexto de los fracasados.

    NAVIDAD EN TU INTERIOR



    Navidad en tu interior

    Navidad significa nacimiento, y el símbolo de la Navidad es una estrella, una luz en la obscuridad que sirvió de guía para encontrar al salvador. No veamos más esta estrella fuera de nosotros, sino brillando en nuestro cielo interno y aceptémosla como símbolo de que ha llegado el tiempo del Cristo; el tiempo de reconocer nuestra verdadera identidad.

    Dentro de cada uno de nosotros existe un Salvador que conoce nuestra totalidad, nuestra esencia. Es una sabiduría innata que, si la utilizamos como una guía, nos conducirá siempre a experiencias de paz, armonía y amor. Es algo muy especial que está en todos y es para todos. Si no sacamos el mayor provecho de ella es sólo porque no la podemos entender y mucho menos aceptar.

    Esta esencia en nosotros es la que conoce nuestra totalidad o nuestra santidad. 

    Pero como un amigo fiel, no llegará a donde no se ha le ha invitado. Por lo tanto, vamos a comenzar nuestras fiestas navideñas abriéndole la puerta a este invitado tan especial. 

    No temamos abrirle la puerta y recibámosle sin expectativas. El sabrá orientarnos, sin equivocarse y nos traerá regalos que no podremos encontrar en ningún lugar del mundo.

    Tan pronto recibamos ese invitado tan especial, estaremos listos para preparar la gran fiesta. Pero, ¿cómo va a ser esta fiesta de Navidad?

    Nuestro amigo no pide nada. No exige sacrificios de ningún tipo. Por lo tanto, en esta Navidad, cerremos las puertas a todo sacrificio estéril, a la culpa, al miedo a la escasez y demos paso a lo único que tiene sentido en nuestras vidas, a ese regalo del cual derivan su existencia todas las cosas: el amor.

    Para muchas personas, las estampas de la Navidad traen sentimientos de gozo y alegría. Para otras, esta época puede ser difícil, solitaria, aumentando los sentimientos de culpa y depresión. Continuamente leemos artículos sobre cómo disfrutar las fiestas, sin embargo muchos no podemos imaginar cómo salir de ese estado de inmensa soledad en que algunos nos sumergimos. A veces podemos sentirnos atrapados entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer. Nos sentimos culpables porque deseamos quedarnos en casa en vez de salir a visitar familiares por compromiso.

    También podemos sentirnos perdidos porque no tenemos la familia que quisiéramos tener. Muchos de nosotros, año tras año esperamos que la mágica Navidad nos regale una persona que pueda llenar el vacío del solitario corazón, causando honda desesperación cuando no sucede. Recuerda que no estás solo(a). Que hay muchas personas compartiendo tus mismos sentimientos.

    SI TE SIENTES FELIZ EN NAVIDAD



    Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
    Si te sientes feliz en Navidad...
    La Navidad te invita a recuperar tu alma de niño, el niño inocente que fuiste alguna vez.



    Si te sientes feliz en Navidad, no te extrañes. 
    Tienes derecho y razón de ser feliz. 
    Si en Navidad sientes deseos de hacer las paces con todo el mundo, hazlo sin dudar. 

    Los ángeles te lo indican: 
    Paz a los hombres de buena voluntad. 
    Si tienes deseos 
    de hacer las paces con Dios en Navidad, 
    ¿por qué esperar? 

    Es el momento más adecuado. 
    No todos los días sientes los mismos deseos. 
    Es mejor pedir perdón a un Niño 
    que a un Hombre. 

    Mejor acudir al tribunal de la Misericordia 
    que al de la Justicia. 
    Si te sientes triste en Navidad, 
    no has entendido. 

    ¿Triste cuando Dios viene a tu encuentro 
    lleno de amor y ternura? 
    Si sigues odiando en Navidad, 
    no has comprendido. 
    Navidad es la fiesta del Amor, 
    del Perdón, de la Paz, 
    por si no lo sabías. 

    Si sigues siendo un pecador en este tiempo, 
    la Navidad no existe para ti. 
    La Navidad te invita a recuperar tu alma de niño, el niño inocente que fuiste alguna vez. 

    Al nacimiento de Jesús fueron invitados unos pastores, 
    gente sencilla y buena. 
    No fueron invitados los cortesanos de Herodes, 
    ni los fariseos, ni los miembros del Sanedrín. 

    No fueron los grandes de este mundo, 
    sino los pastores. 
    Por humildes y sencillos, 
    por ser dóciles al mensaje Divino. 

    Hoy siguen siendo invitados los humildes, 
    los que aceptan a Dios y sus mandamientos, 
    los sencillos, los pobres de espíritu. 

    Jesús es el patrón de los desamparados, 
    de los sin techo, de los emigrantes, 
    de todos los miserables, enfermos, hambrientos… 
    Cristo nace como un gitano. 

    Para el Creador del mundo un establo de animales. 
    No había lugar para Él en ninguna casa de Belén. 
    Para enseñarnos que las cosas materiales 
    no son la felicidad del hombre sino las celestiales. 
    ¡Qué contraste tan brutal con ese afán nuestro 
    de poseer más y más cosas! 

    Nunca estamos satisfechos con lo que tenemos. 
    "He encontrado a Cristo y por tanto la alegría de vivir"... 
    Ojalá que esta Navidad, 
    tú también puedas decir eso: 
    He encontrado a Cristo y por tanto la alegría de vivir... 

    Porque de lo contrario, 
    "aunque Cristo naciese mil veces en Belén, si no nace en ti, seguirás eternamente perdido". 

    EL EVANGELIO DE HOY: 23.12.2013

    Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net
    Nacimiento de Juan Bautista
    Lucas 1, 57-66. Adviento. Dios cura con su mano nuestras almas más a menudo que nuestros cuerpos.
     
    Nacimiento de Juan Bautista
    Del santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66

    Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

    Oración introductoria

    Mi Dios y Señor, en vísperas de la Noche Buena quiero encontrarme contigo en la oración. Mis debilidades y caídas me apartan de Ti, confío en tu piedad y en tu misericordia. Ven, Señor Jesús, e ilumina esta meditación para prepararme a recibirte en mi pobre y débil corazón.

    Petición

    Señor, acrecienta mi fe para saberte buscarte y escucharte en mi silencio de esta oración.

    Meditación del Papa Francisco

    Isabel y su hijo se regocija en el vientre al escuchar las palabras de María. Es todo alegría, la alegría que es fiesta. Los cristianos no estamos tan acostumbrados a hablar de la alegría, del gozo, creo que muchas veces nos gustan más las quejas.
    Él que nos da la alegría es el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que nos guía. Él es el autor de la alegría, el Creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu Santo, nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, nosotros los cristianos no podemos ser libres, nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas.
    El gran Pablo VI dijo que no se puede llevar adelante el evangelio con cristianos tristes, desesperanzados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿no? Muchas veces los cristianos tienen un rostro que es más bien para ir a una procesión fúnebre, que para ir a alabar a Dios, ¿no? Y de esta alegría viene la alabanza, esta alabanza de María, esta alabanza que dice Sofonías, la alabanza de Simeón, de Ana: ¡la alabanza de Dios!
    El corazón alaba a Dios ¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos, gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da. Usted que está aquí en la misa, ¿alaba a Dios, o solo le pide a Dios y le agradece? ¿Acaso alaba a Dios? Aquello es una cosa nueva, nueva en nuestra vida espiritual. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder el tiempo alabando. (cf S.S. Francisco, 31 de mayo de 2013).

    Reflexión

    Zacarías está mudo. El ángel lo ha dejado sin poder contar ni una palabra a Isabel de lo que le ha ocurrido. Nueve meses largos de espera en silencio es tiempo suficiente para recobrar la paz y la serenidad. Zacarías había aceptado con dolor este sufrimiento y había aprendido a ser humilde. Por eso su lengua se "desata" en el momento oportuno. Ni él ni nadie lo esperaba. Sucede de improviso, como de improviso llegó aquel día el ángel, pero esta vez el anciano sacerdote supo cómo responder. La gratitud y la alabanza a Dios son sus primeras palabras en un canto de júbilo emocionado.

    Isabel concibió a Juan en su seno, mientras Zacarías, en silencio, recobró la fe y confianza en Dios. En ambos se da el milagro. La vida espiritual se construye a base de pequeños o grandes milagros que se dan en esa esfera íntima del alma, que sólo Dios y cada uno conoce. Pero no por ello dejan de ser milagros. Dios toca con su mano nuestras almas más a menudo que nuestros cuerpos... "la mano del Señor estaba con él..." sí, y también con nosotros. Porque Dios quiere engendrar en cada uno de nosotros a un hombre nuevo. Mediante la humildad, el crecimiento de nuestra fe, y de nuestra confianza. Por medio de la donación y la entrega generosa. Porque sin amor no podemos hacer nada meritorio. El hombre nuevo que coopera a la acción de Dios es consciente de su pequeñez, pero aún más de que esa "mano" divina le sostiene.

    El anuncio de la Navidad, con su nuevo nacimiento tan cercano ya, nos debe estimular. Quien nace es también como en el caso de Zacarías un hombre nuevo, un hombre tocado por Dios. Salgamos al encuentro de Jesús, preparemos nuestro espíritu, no dejemos que todo se vaya en lo exterior, porque es un tiempo precioso para crecer, para engendrar a Jesús más y más en el corazón. La medida de nuestra felicidad, de nuestra gratitud y alegría, como la de Zacarías, dependerá de habernos dejado a nosotros mismos y haber aceptado el querer de Dios. La oración es el medio para fortalecer estas convicciones, la caridad el instrumento para hacerlas creíbles a los ojos de los demás.

    Propósito

    Prepararme para la Navidad pidiendo perdón por las veces en que no he sabido obedecer la voluntad de Dios que se manifiesta a través de su Iglesia.

    Diálogo con Cristo

    Zacarías pudo hablar sólo cuando dijo «sí» al plan de Dios y aceptar que el niño se llamará Juan. Yo también quiero decir «sí» a lo que Tú dispongas, confiando plenamente en que será para mi felicidad presente y futura. Ayúdame a caminar en la Iglesia, con valentía y fidelidad, el camino que me puede llevar a la santidad.

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    domingo, 22 de diciembre de 2013

    JESÚS NACE


    JESÚS NACE

    Jesús nace en un camino, precisamente quien ha venido a mostrarnos el camino. Quiere ser colocado en un pequeño pesebre. 
    Aquel que ha venido a prepararnos la grandeza del reino de los cielos. No quiere ser envuelto en paños dorados y de seda, sino en pobres pañales.

    Quien ha venido a restituirnos el vestido de la inmortalidad. Prefirió ser sometido a estar en un trono.

    Quien se ha apresurado a desatarnos manos y pies para que hagamos obras buenas.

    ¿Qué debemos decir entonces?
    Digamos con el salmista: ¿Qué daré al Señor, en cambio de todo lo que me ha dado?

    EL VERDADERO VALOR DE LAS COSAS


    El verdadero valor de las cosas


    Sólo faltaban cinco días para la Navidad. Aún no me había atrapado el espíritu de estas fiestas. Los estacionamientos llenos, y dentro de las tiendas el caos era mayor. No se podía ni caminar por los pasillos. ¿Por qué vine hoy? Me pregunté. Me dolían los pies lo mismo que mi cabeza. En mi lista estaban los nombres de personas que decían no querer nada, pero yo sabía que si no les compraba algo se resentirían.

    Llené rápidamente mi carrito con compras de último minuto y me dirigí a las colas de las cajas registradoras. Escogí la más corta, calculé que serían por lo menos 20 minutos de espera.

    Frente a mí había dos niños, un niño de 10 años y su hermana de 5 años. Él estaba mal vestido con un abrigo raído, zapatos deportivos muy grandes, a lo mejor 3 tallas más grande. Los jeans le quedaban cortos. Llevaba en sus sucias manos unos cuantos billetes arrugados. Su hermana lucía como él, sólo que su pelo estaba enredado. Ella llevaba un par de zapatos de mujer dorados y resplandecientes.

    Los villancicos navideños resonaban por toda la tienda y yo podía escuchar a la niñita tararearlos. Al llegar a la caja registradora, la niña le dio los zapatos cuidadosamente a la cajera, como si se tratara de un tesoro. La cajera les entregó el recibo y dijo: son $6.09. El niño le entregó sus billetes arrugados y empezó a rebuscarse los bolsillos. Finalmente contó $3.12 y dijo:

    - Bueno, pienso que tendremos que devolverlos, volveremos otro día y los compraremos.

    Ante esto la niña dibujó un puchero en su rostro y dijo:

    - "Pero a Jesús le hubieran encantado estos zapatos".

    - Volveremos a casa trabajaremos un poco más y regresaremos por ellos. No llores, vamos a volver.

    Sin tardar, yo le completé los tres pesos que faltaban a la cajera. Ellos habían estado esperando en la cola por largo tiempo y después de todo era Navidad. En eso un par de bracitos me rodearon con un tierno abrazo y una voz me dijo:

    - "Muchas gracias señora".

    Aproveché la oportunidad para preguntarle qué había querido decir cuando dijo que a Jesús le encantarían esos zapatos. Y la niña con sus grandes ojos redondos me respondió:

    - "Mi mamá está enferma y yéndose al cielo. Mi papá nos dijo que se iría antes de Navidad para estar con Jesús. Mi maestra dice que las calles del cielo son de oro reluciente, tal como estos zapatos. ¡Creo que mi mamá se verá hermosa caminando por esas calles con estos zapatos!"

    Mis ojos se inundaron al ver una lágrima bajar por su rostro radiante. Por supuesto que sí, le respondí. Y en silencio le di gracias a Dios por usar a estos niños para hacerme recordar el verdadero valor de las cosas.

    Desconozco su autor

    ¿SABÍAS QUÉ?


     ¿Sabías que...


    ¿Sabías que...
    a una semana de la Navidad comienza el Año Nuevo? Muchos acostumbran comer doce uvas a medianoche, una por cada campanada. Esta costumbre fue heredada de algunas zonas españolas.

    ¿Sabías que...
    en Gran Bretaña, en 1552, los puritanos británicos prohibieron la fiesta de la Navidad? La Navidad volvió a Inglaterra en 1660, bajo el reinado de Carlos II.

    ¿Sabías que...
    la Iglesia adoptó en sus rituales la costumbre de encender velas, especialmente el Cirio pascual, que simboliza el nacimiento de la luz, de la nueva vida con Cristo, representando en él la nueva vida y verdadera luz del mundo?

    ¿Sabías que...
    el día de Navidad fue oficialmente reconocido en el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Cristo?

    ¿Sabías que...
    las tarjetas de Navidad se comenzaron a utilizar a partir de 1846, año en que se imprimió la primera postal en Londres?

    ¿Sabías que...
    el árbol de Navidad, fue una costumbre originada en zonas germanas, que posteriormente se extendió por el resto de Europa y América?

    ¿Sabías que...
    se supone que en el año 200 d.C. ya se presentaba el uso de árboles en la celebración de la Navidad? Pero el árbol decorado, se cree que recién aparece en el Siglo XVII; en Alemania. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo. El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800; a Inglaterra en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841.

    ¿Sabías que...
    en la Edad Media le agregaron a las celebraciones navideñas la costumbre de cantar Villancicos?

    ¿Sabías que...
    la figura de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención estadounidense del siglo XX? Si bien se basó en la vida y la leyenda de San Nicolás, actualmente, se designa al mismo personaje en los distintos países, como Santa Claus, Papá Noel o San Nicolás. Aunque en ciertos lugares el día de San Nicolás se celebra el 6 de diciembre, en honor del buen Santo que ayudaba a los niños y les entregaba golosinas y alimentos.

    ¿Sabías que...
    la Misa de Gallo se celebra el 24 de Diciembre a las 12 de la noche y su celebración conmemora el nacimiento del Niño Dios? La costumbre proviene de los ritos de los templos de Jerusalén. Allí los católicos celebraban tres misas el día del nacimiento de Jesús: una en la noche en la cueva de la Natividad, santificando así la hora del nacimiento del Señor, otra al amanecer como signo de la resurrección y recordando el natalicio del Dios hecho hombre; y una tercera en el templo, siendo ésta el oficio solemne del día.

    ¿Sabías que...
    la tradición ha transformado la imagen de San Nicolás o Papá Noel en un anciano gordo que viaja desde el Polo Norte, donde reside, en un trineo tirado por seis renos y con plañideras campanitas de plata, repartiendo regalos por todo el mundo?

    EL EVANGELIO DE HOY: 22.12.2013

    Autor: P. Sergio Córdova LC | Fuente: Catholic.net
    ¡El prometido está a las puertas!
    Mateo 1, 18-24. Adviento. ¡Está ya para llegar nuestro Redentor, el Mesías prometido, nuestro Salvador!
     
    ¡El prometido está a las puertas!
    Del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24

    La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados." Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros." Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

    Oración preparatoria 

    Ven, Espíritu Santo, y dame tu luz y fortaleza para abrir mi mente y mi corazón a tus inspiraciones. Gustar estar contigo, contemplarte, alabarte y darte gracias, sin desear otra cosa que el reconocerte como mi Redentor, es lo que busco en esta oración.

    Petición 

    Dame la docilidad de María y de san José, para saberte escuchar y ser siempre fiel a tu voluntad.

    Meditación del Papa Francisco

    Y José es "custodio" porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.
    En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación. Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. (S.S. Francisco, 19 de marzo de 2013).

    Reflexión

    Nos encontramos ya a pocos días de la Navidad. ¡Está ya para llegar nuestro Redentor, el Mesías prometido, nuestro Salvador! Y tal vez todavía no le hemos preparado un lugar digno dentro de nuestro corazón para que nazca en él el día de su llegada.

    Angelus Silesius, conocido poeta alemán del siglo XVIII, escribía: "Si Jesús naciera mil veces en Belén, pero no nace en tu corazón, de nada te serviría".

    Alcide de Gasperi, estadista italiano de gran valor y clarividencia, salvó a su país de la amenaza comunista en los años de la posguerra. Fue el fundador de la "Democrazia Cristiana" y, además de buen político, era un hombre profundamente católico. Se cuenta que, cuando vivía en Roma, solía preparar con especial devoción, junto con su mujer y sus hijas, el nacimiento y la gruta de Belén. De entre las ovejitas escogían dos, a las cuales les ponían los nombres de las dos hijas, María Romana y Lucía. Cada día de la novena de Navidad, las niñas debían hacer ofrecer un especial sacrificio al Niño Jesús, al cual correspondía un progresivo avance de la respectiva ovejita a la cueva de Belén. Pero si se olvidaban de su ofrecimiento o faltaban en generosidad, las ovejitas venían alejadas cada vez más de la gruta. Era una gran lección de mortificación y de acercamiento al Señor: debían prepararse para el nacimiento de Jesús a través de la oración, el sacrificio y las buenas obras.

    También nosotros necesitamos prepararle un lugar digno en nuestro corazón para este 24 de diciembre. Pero fijémonos que Él no tiene grandes pretensiones. Si tuviéramos que conseguirle un palacio, podríamos excusarnos y decirle: "no puedo; no tengo los medios para hacerlo". Pero lo que Jesús necesita es solamente un pesebre. Y eso sí se lo podemos ofrecer. Todos, hasta el más pobre de nosotros. Jesús escogió una gruta para nacer. Y eso mismo es lo que escoge hoy. Él es enemigo de las pompas humanas, de los lujos y vanidades superfluas. Él se contenta con poco. Un pesebre le basta. ¡Qué tremenda enseñanza de humildad, de pobreza y de sencillez la que nos da, sin palabras ni discursos!

    Pero, aunque sea pobre nuestro pesebre, debe ser también muy limpio, ordenado y calentito. Y esto sólo lo da la pureza de alma y la de vida de gracia a través de la oración y de los sacramentos.

    Belén es también una lección inmensa de bondad y de amor porque Él, siendo el Dios infinito, eterno y todopoderoso, eligió este modo para salvarnos. Nadie hace algo así sólo por amor al arte o por "deporte".

    Y si eligió ese modo de nacer fue porque quiso compartir nuestra debilidad, nuestra pobreza y naturaleza humana tan desvalida. Porque quiso abajarse y hacerse uno como nosotros; es más, como el más débil y el más pequeño de nosotros. Él es nuestro Hermano, el protector de los pobres, de los débiles y de los desamparados. En Él todos podemos sentir su amor, experimentar su consuelo en la aflicción, su compañía en la tristeza y soledad.

    Y si Jesús Niño es así de bueno con nosotros, no debe haber cabida en nuestra alma para el egoísmo o los intereses particulares. Hay muchas personas a nuestro lado –niños y adultos, hombres y mujeres— que necesitan de nuestro amor y de nuestra ayuda. Ojalá que no pasemos ante sus necesidades con un corazón de piedra. Si así fuera, la Navidad no nos habrá servido de nada, nos dejaría iguales. Seguiría siendo invierno en nuestro interior.

    Propósito

    Ojalá, pues, que imitemos a Jesús en su amor a los hombres, viviendo esta Navidad y todos los días de nuestra vida, una gran caridad, comprensión y servicio generoso y desinteresado a nuestros semejantes, sobre todo hacia los más pobres y desvalidos.
    ¿Cómo estás preparándote para el nacimiento del Hijo de Dios, de Jesucristo Niño, que va a llegar dentro de pocos días?


  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Sergio Cordova LC 

    ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA POR EL DON DE LA MATERNIDAD


    sábado, 21 de diciembre de 2013

    EL EVANGELIO DE HOY: 21-12-2013

    Autor: José Damián Carvajal, L.C. | Fuente: Catholic.net
    Visita de la Virgen María a Isabel
    Lucas 1, 39-45. Adviento. El amor de María no midió la distancia que le apartaba de su prima, se olvidó de sí misma, para ser totalmente de los demás.
     
    Visita de la Virgen María a Isabel
    Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45

    En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

    Oración introductoria

    María, madre mía es impresionante contemplar la anchura de tu amor y lo que te llevó a ser por los mas necesitados, especialmente por tu prima. Al verte, me doy cuenta del poder que tiene una persona que lleva a Dios en su interior y que se manifiesta en el amor a los demás.
    Y por eso, Madre mía, como buen hijo tuyo, yo quiero responder y no quedarme ciego, sordo, mudo o paralítico cuando alguien me necesite, teniendo en cuenta que tu Hijo me ha llamado a ser luz del mundo (cf. Mt 5, 14), y no a ser cualquier chispita, sino una gran lucero que «brille delante de los hombres, para que vean mis buenas obras y glorifiquen al Padre celestial que está en el cielo» (cf. Mt 5, 16).

    Petición

    María, concédeme valor y decisión para compartir con los demás a tu Hijo Jesucristo. Ayúdame ver las necesidades de los demás, y a darme cuenta que, sólo con Cristo en mi corazón, puedo ayudarles de verdad.

    Meditación del Papa Francisco

    Acción. María salió de viaje y "fue sin demora". El domingo pasado subrayé este modo de hacer de María: a pesar de las dificultades, las críticas que habrá recibido por su decisión de partir, no se detuvo delante de nada. Y aquí parte "sin demora".
    En la oración, delante de Dios que habla, en reflexionar y meditar sobre los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja tomar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro qué cosa Dios le pide, lo que tiene que hacer, no tarda, no retarda, sino que va "sin demora". San Ambrosio comenta: "la gracia del Espíritu Santo no comporta lentitudes".
    El actuar de María es una consecuencia de su obediencia a las palabras del ángel, pero unida a la caridad: va a Isabel para hacerse útil; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: Jesús; lleva a su Hijo. A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. (S.S. Francisco, 1 de junio de 2013).

    Reflexión 

    El amor de María no midió la distancia que le apartaba de su prima, ni mucho menos le llevó a tomar en cuenta lo que iba a exigirle ese viaje, viajando sola por el desierto, o cuánto tiempo le iba a tomar llegar hasta allá o cuánta comida iba a requerir para realizar ese trayecto… Su donación le condujo a hacer una de las cosas más costosas para el ser humano: el olvidarse de sí misma, para ser totalmente de los demás.
    Nosotros, igualmente, podemos contemplar las necesidades de los que están cerca de nosotros; sobre todo, la sed de ayuda que llevan en su interior, con la esperanza de que alguien pueda satisfacerla y calmar su ansia. Por eso, detengámonos en el caminar de nuestra vida para ayudar a los demás.

    Propósito

    Haré dos actos de caridad el día de hoy: destacaré las cualidades de alguien y me ofreceré a ayudarle a alguien.

    Dialogo con Cristo

    Jesús mío, fuente de todo acto de amor, dame la gracia de llevarte siempre en mi corazón como lo hizo María, para que los demás puedan encontrar en mí tu rostro. Señor, yo quiero cumplir la gran misión que Tú me has dejado, la gran misión de extender tu Reino entre los que me rodean. Por eso, te pido que me concedas ver menos mis necesidades y más las de los demás, para poder dar toda mi persona a las almas que Tú pongas en mi camino. Jesús, que cada día crezcas más Tú en mí y que yo disminuya.



    "El que ama a Dios, ama también inevitablemente al prójimo" (San Máximo, Sobre la caridad, 1)




  • Preguntas o comentarios al autor
  • José Damián Carvajal, L.C. 

    viernes, 20 de diciembre de 2013

    HAY QUE SABER SEMBRAR PARA COSECHAR



    Hay que saber sembrar para cosechar


    Una mujer soñó que estaba en una tienda recién inaugurada y para su sorpresa, descubrió que Dios se encontraba tras el mostrador.

    - ¿Qué vendes aquí?, le preguntó.

    - Todo lo que tu corazón desee, respondió Dios.

    Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo, se decidió a pedir lo
    mejor que un ser humano podría desear.

    - Deseo Paz de Espíritu, Amor, Felicidad, Sabiduría y ausencia de
    todo temor....

    Tras un instante de vacilación, añadió:

    - No sólo para mí, sino para todo el mundo...... Dios se sonrió y le dijo:

    - Creo que no me has comprendido.

    - Aquí no vendemos frutos. únicamente vendemos semillas.

    - Para sembrar una planta hay necesidad de romper primero la capa
    endurecida de tierra y abrir los surcos; luego, desmenuzar y aflojar
    los trozos que aún permanecen apelmazados, para que la semilla pueda penetrar, regando abundantemente para conservar el suelo húmedo y entonces......!

    - Esperar con paciencia hasta que germinen y crezcan!. En la misma forma en que procedemos con la naturaleza hay que trabajar con el corazón humano, "roturando" la costra de la indiferencia que la rutina ha formado, removiendo los trozos de un egoísmo mal entendido, desmenuzándolos en pequeños trozos de gestos amables, palabras cálidas y generosas, hasta que con soltura, permitan acoger las semillas que diariamente podemos solicitar "Gratis" en el almacén de Dios, porque EL mantiene su supermercado en promoción. Son semillas que hay que cuidar con dedicación y esmero y regarlas con sudor, lágrimas y a veces hasta con sangre, como regó EL nuestra redención y !como tantos compatriotas han fecundado nuestro suelo!.

    - En un trabajo de Fe y Esperanza, de perseverante esfuerzo, mientras los frágiles retoños, se van transformando en plantas firmes capaces de dar los frutos anhelados...

    RISAS EN EL JARDÍN



    Risas en el jardín
    Autor: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD


      Un hombre era dueño de un hermoso jardín donde los niños se encontraban a sus anchas para correr y saltar. Pero éste era un hombre de corazón duro. Le dolía que los niños disfrutasen de la belleza de su jardín. Esto fue lo que hizo: lo rodeó de una pared muy alta para que los niños no pudiesen entrar. Pero sucedió que cuando las plantas dejaron de escuchar las risas de los niños dejaron también de florecer. Se secó el follaje de los árboles. El invierno se prolongó como nunca antes lo recordaba y parecía que la primavera no volvería jamás. El hombre se sentía muy triste, como si una gran pena anegase su corazón. Las noticias de lo sucedido llegaron a un hombre muy sabio de la comarca. Vino donde él y le dijo: Tengo un solo consejo que darte y si lo sigues tu jardín volverá a lucir como antes. El hombre repuso: Escucho tu consejo y lo seguiré de inmediato. Este fue el consejo: Derriba las paredes y deja que los niños jueguen.

    Miguel Limardo

    ****************

    Necesitamos de la risa, de la sonrisa, de la alegría para poder florecer, para poder dar fruto. Ortega y Gasset habla de esos hombres “que cuando pierden la alegría, el alma se retira a un rincón del cuerpo y allí hace su cubil”.

    Todo lo que va matando la inocencia: odios, egoísmos, envidias, va carcomiendo y endureciendo el corazón. Entonces muerte la ilusión, el deseo de vivir y se va adueñando del alma una gran pena que enturbia el cielo más despejado.

    Será necesario, pues derribar todas las paredes que se han levantado a nuestro derredor sin darnos cuenta o a sabiendas, pues toda muralla nos impide acercarnos al mundo.

    Necesitamos de la sonrisa de un niño, porque a través de ella se nos asoma la inocencia y el optimismo de Dios. Dios disipará el duro invierno y hará que reine la eterna primavera en aquellos que tienen la suerte de adobar cada día con una sonrisa.

    “Quitando el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas no cantarán ni se regocijarán” (Is. 16.10)

    PENSAMIENTO MARIANO 21


    PENSAMIENTO MARIANO

    Vive como María: sintiéndote débil pero, a la vez, fuerte por estar en manos de Dios. “Aquel que tiene fe nunca está sólo ni se encuentra derrotado”

     (T. Carlyle)

    NAVIDAD. SOBRIEDAD


    Autor: Guillermo Urbizu | Fuente: Catholicnet 
    Navidad. Sobriedad
    Seamos sobrios, amigos, y compartamos lo nuestro con los más necesitados. Sobrios sólo en los gastos, porque al tiempo debemos derrochar AMOR y ALEGRÍA



    Hace días que tengo ganas de escribir sobre la Navidad. Ya la tenemos aquí, a la vuelta de la esquina, y por las calles de nuestras ciudades brillan las luces y se adornan los escaparates. Eso está bien. La Navidad es una gran fiesta, especialmente para los cristianos. Pero confieso que hay algo que me produce auténtico rechazo: este derroche económico en forma de regalos y comidas sin sentido, compras sin fin, en una época de tanta necesidad.

    Los cristianos de todo el mundo celebramos el Nacimiento del Niño Dios, motivo de gozo y profunda alegría. Y yo me pregunto: ¿Por qué el Padre mandó a su Hijo a vivir entre nosotros? Lo sabemos todos, aunque con frecuencia lo olvidemos. Jesús se hizo hombre para decirnos que Dios Padre nos ama, a todos sin excepción y que hay un mandamiento supremo (amar a Dios sobre todas las cosas) y otro que le sigue muy de cerca (amar al prójimo como a ti mismo). En realidad, amar al prójimo es la mejor manera de amar a Dios, porque ya sabemos que Él se encuentra en cada uno de nosotros.

    Y ahora llega la Navidad. Y el mundo desborda… ¡en gastos, compras, comilonas y regalos! No sé a ustedes, a mí incluso llega a ofenderme. En realidad, estas fiestas deberían de ser para que pusiéramos en práctica ese Mandato de Amor. Amar a los demás, muy especialmente a los pobres, marginados, enfermos, a los que se sienten solos o han perdido la esperanza, o sufren por cualquier motivo. Y en muchos casos, nos limitamos a gastarnos lo que no tenemos en regalos, en comidas pantagruélicas que dan hasta vergüenza si se miran con sentido cristiano… y nos olvidamos de tanta gente que, ahora especialmente, sufre los efectos de esta crisis horrenda, y a duras penas llega a fin de mes, cuando no vive directamente de la caridad (amor) de sus familias y amigos. Nos olvidamos de quienes nos necesitan.

    ¡Gran celebración ésta de la Navidad, del Nacimiento de nuestro Niño Dios! Pues qué mejor regalo que llenar nuestros corazones de su Amor y desparramarlo por todas partes. Amar de verdad, con obras concretas. Pongamos en marcha las obras de caridad. ¿No podríamos contener el gasto, y destinar parte de él a los más necesitados? ¿Compartir lo que tenemos con los más pobres? Y si no conocemos a nadie en estado de necesidad, demos parte de nuestro dinero a quienes se ocupan de los pobres, a parroquias, asociaciones… Compartamos. Amemos. Demostremos nuestra Alegría regalándole al Señor nuestro Amor por los demás.

    Los que somos padres tenemos una especial responsabilidad. A veces incluso sufrimos porque no podemos comprar a nuestros hijos esa consola de última generación, esa bicicleta de moda o esa muñeca. ¡Pero qué es esto! ¿No sería mejor que enseñáramos con el ejemplo a nuestros hijos lo que de verdad es el espíritu navideño, que no es otra cosa que compartir? Recuerdo de pequeño ir con el colegio a alguna zona pobre de mi ciudad a repartir comida y juguetes entre los más pobres. No me parece mala idea. Pero hay mil formas de enseñar a nuestros niños. Y la SOBRIEDAD es una de ellas. Sobriedad en los regalos y en las comidas, que no por ser Navidad tenemos que comer lo que parece que no hemos comido en todo el año. Enseñémosles a preocuparse por los demás, por su abuelo que vive solo o está enfermo, por ese amigo triste que acaba de perder a su madre, visitando a enfermos en hospitales… ¡hay tantas maneras de dar!

    Seamos sobrios, amigos, y compartamos lo nuestro con los más necesitados. Sobrios sólo en los gastos, porque al tiempo debemos derrochar AMOR y ALEGRÍA. Porque motivos tenemos para estar alegres y contentos. ¡Celebramos el Nacimiento de nuestro Niño Dios! 

    EN ADVIENTO...


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