lunes, 20 de agosto de 2012

SEÑOR, TÚ ME CONOCES...



Señor...

        Tú me conoces mejor que nadie,
        a ti no puedo engañarte;
        a ti no puedo mentirte porque vives dentro de mí.

        Miras mi interior desde adentro,
        donde nunca nadie ha mirado;
        sin embargo, a veces te siento tan lejos;
        como si una fuerza superior a mis fuerzas
        quisiera apartarme de tu lado;
        de lo que significas en mi vida;
        de lo que fuiste en mi pasado.

        Y me siento en desamparo,
        mas sé que no me abandonas,
        pero no puedo evitar que este sentimiento
        tan amargo, tan doloroso, se apodere de mis ganas,
        de mi mente, de mi vida, de mi corazón.


        Y es que mis energías, ésas que me concedes día a día,
        ya no son las mismas de antes, han perdido sus colores;
        esos colores que has colocado con tanta delicadeza,
        similares a los de un arcoiris que ilumina nuestro cielo
        para recordarnos ésa, tu dulce y encantadora promesa;
        ésas energías, ya no rodean el comienzo de mis días
        sino que son el comienzo de mis tristezas.

        Mírame y date cuenta
        que, no soy ni la sombra de lo que antes era,
        ni siquiera me atrevo a nombrarte sin sentir verguenza;
        te he dado la espalda como lo hizo Judas
        en ese triste momento cuando un puñal clavó
        en tu alma, desgarrándote tu interior,
        llevándose consigo un calvario que pudo haber evitado
        y que más tarde, un arrepentimiento inútil le costó.

        ¿Vida...? mientras me hablas de vida
        y me la ofreces como un regalo precioso
        que no todos tienen la dicha de conservar,
        yo pienso en muerte ...y la veo
        como algo deseado y muy difícil de alcanzar.

        ¿Acaso crees que te reclamo por vivir la vida que vivo?

        No...no te reclamo a ti,
        pues tú sólo me has dado amor y un camino a seguir;
        me reclamo a mí, por no seguir ese camino y
        haber permitido que otras fuerzas me arrastraran
        a rutas equivocadas y donde comienzas a apreciar
        lo que antes fuiste y ya no eres; peor aun,
        lo que no quieres volver a ser porque conlleva sacrificios;
        esos mismos sacrificios que ahora no quieres hacer por temor
        a perder tus libertades...

        ¿libertades?
        ¿acaso es tener libertad el sentirse atado
        a tus propios pecados, a tu propio ego?

        ¿ acaso es tener libertad el vivir como los demás
        quieren que lo hagas, sin derecho a escoger?

        ¿acaso es tener libertad estar atrapado
        entre rejas invisibles que se ocultan a los ojos ajenos
        mas tú las ves, las sientes y no quieres librarte de ellas?


        Ay...pobre de mi alma que tan confundida se encuentra...
        mientras tú me ofreces esperanza, fe, amor y paz,
        yo busco felicidad sin cesar, errando en esa búsqueda...
        mientras tú me ofreces un mundo de bondad y libertad interior,
        yo...¿qué te ofrezco yo?

        Sí...lo sé...
        te ofrezco egoísmo, ambición, desesperación;
        los grandes enemigos del alma;
        te ofrezco rebeldía, rabia y rebelión...
        ...a la paz que me brindas, le ofrezco guerra;
        esa guerra interna que me recuerda a cada instante
        cuánto te he fallado y que por orgullo me niego a aceptar,
        pero: ¿qué orgullo puedo tener contigo?...
        si tú eres el dueño de cada partícula de mi cuerpo;
        eres el dueño de mi vida, de mis pensamientos, de mi ser...
        y si te diera la gana, en este mismo momento
        me arrancarías el alma sutilmente sin que me diera
        tiempo a recapacitar, a callar...a llorar...

        ¿Qué quieres de mí, Señor? ¿Qué quieres?

        Clava en mi alma el deseo de regresar a tu camino,
        te lo exijo, te lo pido, te lo imploro, te lo ruego...
        hunde en mí, ése tu puñal, ése que te da vida;
        que te permite ser y estar...y tu camino encontrar.

        Dame de esa agua que un día brotaba a manos llenas
        de tu manantial de amor, de tu manantial de paz
        y que calmaban mi sed, sin necesitar nada más...

        ¿Ya ves cuán egoísta soy...?
        ...te pido, te exijo, te ordeno, te reclamo
        sin ofrecerte nada a cambio.

        ¿Qué quieres de mí, Señor...?
        ¿No ves cómo vivo? No tengo nada que ofrecerte...
        sólo soy un corazón arrepentido, con deseos de amarte
        y de liberarme de mis propias cadenas;
        soy solamente un corazón que sufre
        y que despide fuego de su alma adolorida...

        ¿qué puedo ofrecerte yo sino mis pecados
        que me arrastran día a día y me hacen ser
        más insensible cada vez...?

        ¿Qué puedo ofrecerte yo a ti, Señor?
        ¡ si tú eres todo lo que yo tengo...!

SANTA MARÍA, RUEGA POR NOSOTROS


ORACIÓN DEL EDUCADOR


Oración del educador

        Muchas veces, Señor, en estos tiempos de sospecha, en medio de esta extraña incomprensión que nos rodea, originada por tantos intereses nada limpios, me he preguntado si es legítimo "ENSEÑAR", si está bien seguir así: entregando sin reserva, ofreciendo gratuitamente un proyecto humano de esperanza con sentido de justicia y confrontado con amor.

        Y me ha llegado la respuesta en el encuentro que Tú mismo nos preparas cada día, haciendo confluir la disponibilidad y urgencia que has puesto en mí para revelar y contagiar todo un mundo de valores y el ansia que lleva cada niño, cada joven, de ser, de vivir en plenitud.

        Sólo quiero acertar, Señor, porque acojo agradecido tu designio en esta vocación de servicio que me has dado. Deseo ser para mis estudiantes, libro abierto en el que puedan leer sus nombres y sientan la alegría al pronunciarlos, porque encajan con su vida. No intento que se parezcan a mí, sino que escuchen y secunden la voz de su interior; que sean, simplemente, ellos mismos.

        Cultiva, Señor, mi corazón en la renuncia para que no crezca en vanas ilusiones. Purifica y corrige todo asomo de egoísmo y dame la paciencia y constancia necesarias para estar creando siempre un espacio de bondad.

        Ser "MAESTRO" es algo grande: ya lo sé. Me basta recordar con qué estilo lo fue Jesús entre los hombres; por mi parte, sólo aspiro a evocar con mi presencia que seguimos siendo todos tus discípulos.

DE BUENA GANA....


De buena gana
Autor: Gonzalo Gallo González


"No hay cosa tan fácil que no parezca dificilísima cuando se hace de mala gana". Horacio. Pon el corazón en lo que haces y hasta el fardo más pesado se hará ligero y soportable. El amor y la fe permiten a muchos sobrellevar con calma terribles penas o dolencias.

Se cuenta que un periodista visitaba un hospital y se asombró al ver como una religiosa limpiaba con cariño las llagas purulentas de un enfermo. Con la nariz cubierta para soportar el hedor le dijo: "Hermana, yo no haría eso ni por diez mil dólares." La hermana sonrió y respondió con sencillez: "Yo tampoco. Lo hago por amor a Dios y al hermano."

Los seres orantes crecen en capacidad de aceptación y conservan la calma cuando otros reniegan. El amor a Dios y a los demás te impide hundirte en el tremedal del descontento cuando el dolor pesa.

FELIZ SEMANA


¿QUÉ QUIERE DIOS DE MI?

Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
¿Qué quiere Dios de mí?
Es difícil descubrir la voluntad de Dios. Si tenemos un corazón atento sabremos leer sus mensajes.
 
¿Qué quiere Dios de mí?

La pregunta surge en momentos clave de la propia vida: ¿qué quiere Dios de mí?

En ocasiones, esa pregunta encierra un error de fondo, pues uno llega a imaginar a Dios como un rey arbitrario que ordena y dispone según sus caprichos y sin interesarle el bien de sus "súbditos".

Pero Dios no actúa así: lo que busca es nuestro bien, aquello que nos permita alcanzar una vida plena, sana, justa, bella.

Si nos situamos en una correcta manera de ver a Dios, podemos empezar el camino que nos permita descubrir lo que Dios quiere de cada uno.

El punto de partida correcto es siempre el mismo: reconocer que Dios me ama. En otras palabras, lo primero que Dios quiere es mi propio bien, mi propia felicidad, mi propia existencia. Empezar a vivir es ya una respuesta, la más radical y profunda, a la pregunta sobre lo que Dios desea de mí. Esa es la primera voluntad de Dios para mí: que exista, que viva.
Desde esa primera respuesta, podemos avanzar en la búsqueda de algo más concreto: ¿hacia dónde dirigir mis pasos para recorrer el camino que Dios ha pensado para mí?

Tengo una voluntad libre. Con ella escojo el rumbo de mi vida. La nave humana avanza según las decisiones que cada uno toma cada día.
Aquí se hace más intensa la búsqueda: ¿qué voy a decidir hoy? ¿Cómo reconocer aquellos actos que están de acuerdo con lo que Dios espera de mí? Para responder, contamos con muchas señales. Dos tienen un valor especial y una visibilidad muy concreta.

La primera señal arranca de la misma historia personal, del pasado y de lo que ocurre en el presente. La voluntad de Dios para mí se manifiesta en hechos, en encuentros, en lecturas, en consejos buenos. Identifico así estrellas que iluminan el camino por el que debo avanzar.

Esas señales a veces son difíciles de entender. ¿Qué quiere Dios cuando empieza una enfermedad que me incapacita de golpe o poco a poco? ¿Qué me pide si a mi lado sufre un familiar que necesita continuamente ayuda? ¿Qué me ofrece tras una llamada telefónica que abre un interesante horizonte profesional? ¿Qué me diría ante la propuesta deshonesta de un "amigo" que me invita a colaborar con él en un negocio sucio?

Lo que ocurre cada día da pistas, pero no siempre son suficientes. Por eso necesitamos abrirnos a la segunda gran señal de Dios: su Evangelio. Quien lo toma entre sus manos como un libro vivo, como la enseñanza y el ejemplo de Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, descubrirá todo un mundo de indicaciones, exigentes y hermosas, que nos permiten avanzar, poco a poco, hacia la vida verdadera.

¿Es difícil descubrir la voluntad de Dios? Si tenemos un corazón atento sabremos leer sus mensajes. Si los comprendemos de modo adecuado, estaremos listos para la siguiente etapa, la que rezamos en el Padrenuestro: "hágase tu voluntad". Es decir, estaremos dispuestos a aceptar todo lo que Dios nos pida.

En ocasiones cuesta. Pero si reconocemos que Dios es un Padre bueno, aquello que nos propone será visto como lo que es: un camino para avanzar en el amor, una invitación a vivir un poco aquí en la tierra como viviremos, si actuamos como auténticos discípulos e hijos, eternamente en el cielo.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Fernando Pascual LC

    viernes, 17 de agosto de 2012

    Imagina lo mejor...lo más lindo...




    Imagina lo mejor...lo más lindo...
    Autor: Graciela Heger



            Trata de ser feliz, de disfrutar el día, aún cuando te parezca que no hay motivos mira a tu alrededor o hacia adentro, siempre hay un recuerdo, una mirada, un gesto que pueden cambiar tu día...

            Deja todo lo que te preocupa por un instante de lado, la vida es hoy...no sabemos si hay mañana...Por eso no te detengas...No te permitas sentirte solo...En algún lugar siempre hay alguien que está pensando en vos, o te está esperando, sólo observa...

            Vos podes...La vida siempre nos da motivos para ser felices, está en nosotros el saber descubrirlos...Está en nosotros sentirnos bien, dejar a un lado todo lo que nos inquieta o nos lastima para dar paso a todo aquello que nos enciende y nos motiva...

            Sólo por hoy...Sonríe...Sois importante, Ros único, no bajes los brazos, no sientas temor...La vida siempre nos da nuevas oportunidades para ser felices...Está en nosotros abrirnos a ellas, está en nosotros detener la marcha y abrir los brazos para recibir...

            Si nos encerramos, si nos detenemos en los problemas, si nos marginamos, si nos aislamos nada es posible.

            Imagina un día feliz...Una vida feliz...Está a tu alcance...Sólo es cuestión de poner toda la fuerza en nuestros pensamientos, en nuestros sueños...

            El secreto de los triunfadores, de aquellos que todo lo logran está en que sienten el éxito y se ven disfrutando de los logros antes de obtenerlos...

            Imagina lo mejor...lo más lindo...Cierra los ojos y siéntete un triunfador...El éxito de tu día y de tu vida dependen de vos.

    ENCIENDE UNA VELA A LA VIRGEN MARÍA




    OLVÍDALO...




    Olvídalo
    Autora: Zenaida Bacardí de Argamasilla



    Las resacas que dejaron las tormentas de este año...¡Olvídalas!

    Los pasos tambaleantes, los pasos retrasados, los pasos hacia atrás...¡Olvídalos!
    Las veces que pasaste ignorada, inadvertida, lastimada... ¡Olvídalas!

    Los sueños consumidos, las ilusiones
    hechas cenizas, los intentos hechos polvo y el amor hecho recuerdo... ¡Olvídalos!

    Las veces que latió tu corazón y nadie se dio cuenta, que quisiste hacer y no te dejaron, que
    abriste los ojos y te cerraron los párpados... ¡Olvídalas!

    Las estrelladas apagadas, los días opacos, el tiempo en blanco, la luna dividida y las horas de
    cerrazón... ¡Olvídalas!

    El manto de insignificancia, de masa, de anonimato... de rutina... ¡Olvídalo!

    Las espinas largas y hondas, los secretos angustiosos y tristes, las piedras altas e insalvables...  ¡Olvídalas!

    Las semillas que se te quedaron dormidas, los vuelos que se te quedaron a ras de tierra,
    las rosas que se secaron antes de tiempo...¡Olvídalas!

    La cáscara de la semilla, el lucimiento de la vanidad, la máscara del hombre y el ropaje de la
    verdad... ¡Olvídalo!

    No vivas hacia atrás. No comiences recargado de sombras. No des la espalda a la luz.
    No te reflejes en lo que pasaste. No te aferres al mismo punto de partida. Párate en la proa de tu
    barco, levanta de nuevo las velas, mira hacia lo largo y lo ancho del mar... cuando te convenzas
    de su inmensidad encontrarás otro camino, y cuando mires al cielo parecerás gaviota que
    apartándose de todo encuentra el camino, y va dar a Dios.

    Con el pasado aprendes, con el presente renaces y con el futuro sueñas.
    Vivir empezando, es la forma de llegar. Lo demás... ¡Olvídalo!

    BUSQUEDA Y ENCUENTRO


    Búsqueda y encuentro
    Autor: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD


    Hay encuentros planificados y los hay fortuitos. El encuentro de san Cristóbal con Jesús fue muy especial. Un niño le pidió que lo llevara al otro lado del río. Cristóbal aceptó con mucho gusto y lo colocó sobre su hombro. Al preguntarle por qué pesaba tanto, el niño le respondió: “Es que soy el Creador del mundo. Soy Jesús, que he tomado la forma de niño para que tuvieras el gusto de llevarme sobre tus hombros”.

                Jesús sale a nuestro encuentro y se “disfraza” de mil formas para enamorarnos, para que nos encontremos con él a gusto. Es entonces cuando se cumple lo que dice Jeremías: “Me buscaréis y me hallaréis, cuando me solicitéis de todo corazón” (Jr 29,13).

               Toda nuestra vida es búsqueda y encuentro. A veces buscamos y no encontramos; otras, las menos, encontramos sin buscar.

               La búsqueda nace del deseo, de querer algo que nos inquieta o interesa. Es el corazón el que mueve, empuja y dispone para el encuentro. Es en el corazón donde se producen todos los encuentros. Es el motor de la búsqueda y del encuentro. Quien busca de corazón, encuentra, porque pone alma y vida.

               Muchas veces buscamos a tientas, sin ser conscientes de lo que queremos. Deseamos sin desear, navegamos sin saber a dónde, andamos a gatas en la noche. Y claro, no encontramos. No encontraremos hasta que no nos dejemos motivar por Dios, hasta que no caigamos en la cuenta de que Él es el que nos busca desde toda la eternidad. Cuando nos encontramos con Él, nos encontramos con nosotros mismos y con los otros. Dejamos de huir, aunque seguimos heridos y llagados por el mismo encuentro.

               ¿Cómo sabemos que Dios nos busca? Dios nos busca cuando sentimos inquietud interior o una soledad que no podemos nombrar. También a través del diálogo, de la visita, de la oración, emergen preguntas y respuestas que van llenando la vida de sentido, de alegría y paz, de esperanza para seguir buscando en momentos de oscuridad.

               ¿Cómo sabemos que estamos buscando a Dios? Hay síntomas como reflexionar sobre lo que nos mueve por dentro, que nos permite enfrentarnos a toda clase de miedos, ansiedades y preocupaciones. Buscar a otros semejantes que desean lo mismo...

    La Escritura nos habla de esta búsqueda y encuentro, de personas buscadas y encontradas por Dios. Zaqueo, ansioso y curioso por conocer a Jesús, inicia esta búsqueda sin medir las consecuencias. De repente Jesús lo mira y le dice: “Zaqueo, date prisa y baja, porque hoy voy a tu casa” (Lc 19,1-10). Una mujer llevaba enferma viarios años. Buscaba el encuentro con Jesús. Un día se decidió, “vino por detrás y le tocó el manto” (Mc 5,27). Otra mujer lo buscaba sin darse cuenta. Buscaba la verdad, la alegría, la felicidad y la vida, pues nadie se las había dado. Cuando se encontró con Jesús, inmediatamente corrió a decir lo que le había ocurrido (Jn 4,1-42).

               El camino de búsqueda y encuentro es un viaje lento y complejo que exige mucha fe, paciencia y perseverancia.

    EL PENSAMIENTO DEL DÍA


    DAME UN POCO DE TU TIEMPO

    Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
    Dame un poco de tu tiempo
    Sufrir en soledad no es nada fácil. Sufrir con alguien nos permite sentir que en el dolor somos valiosos.
    Dame un poco de tu tiempo


    La enfermedad, el dolor, pueden ser aislantes. El que sufre siente la tentación de encerrarse en sí mismo, de guardar el dolor dentro de su alma, de no desvelar un secreto que le pertenece a él, que no puede ser comprendido del todo por los otros.

    Pero otras veces la enfermedad nos impulsa a pedir ayuda. Sufrir en soledad no es nada fácil. Sufrir con alguien nos permite sentir que en el dolor somos valiosos, que nuestra incapacidad, nuestra pequeñez, nuestra nulidad, no resultan un obstáculo para que otros nos cuiden, nos amen, nos apoyen.

    Las manos de muchos hombres y mujeres que sufren nos aprietan con firmeza. Nos piden una parte de nuestra vida. El enfermo necesita amor, cariño, cercanía, a veces tanto o más que una medicina, que una nueva dosis de calmante. El médico que sabe acariciar la frente de sus enfermos, que les conoce, que les da no sólo su ciencia y su técnica, sino su corazón, hace un bien incalculable. El enfermero o la enfermera que peina a una anciana, que le ayuda a refrescarse la boca, que le cuenta una historia del periódico o le pregunta por sus nietos, ofrece un bálsamo profundo, que llega al corazón. El familiar, el amigo, que pasa horas y horas junto al trabajador o al estudiante víctima de un accidente inesperado, hace un gesto de amor y de cariño que sólo los que han sufrido saben apreciar en toda su grandeza.

    Es cierto que vivimos en un mundo de prisas. Es cierto que tenemos mil cosas por hacer. Es cierto que desde muy temprano hemos de luchar contra el tráfico, en medio de mil tensiones y problemas. Pero también es cierto que somos más hombres cuando podemos darnos al que sufre, para que su dolor no sea vacío, para que su pena no lo hunda en la soledad, para que su angustia no lo lleve a la desesperación.

    Cuando algún enfermo nos apriete la mano y no nos deje ir, no tengamos miedo. Nos pide un poco de tiempo, pero sobre todo nos pide un poco de amor. Nos ofrece también, quizá sin saberlo, la oportunidad de ser un poco más buenos, de sentir lo hermoso que es ser hombre cuando el amor se convierte en lo más importante. Quizá incluso el enfermo sepa amarnos más de lo que nosotros le amemos. Entonces, de un modo misterioso, nuestro dar se convierte en recibir. Los dos somos así un reflejo de Dios, que supo amar sin buscar recompensa, que dio su sangre en una Cruz porque nos quiso, que ha iluminado cada lecho de hospital con un rayo de esperanza, con una lágrima de alegría. Lágrima de un enfermo y de un sano que supieron dejar algo de sí mismos para vivir, generosos, buenos, junto al que sigue allí, a nuestro lado.



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Fernando Pascual LC

    jueves, 16 de agosto de 2012

    NUNCA EN LA OTRA ORILLA...

    Nunca en la otra orilla
    Autor: Phil Bosmans


    ¿Porqué miras siempre hacia el otro lado?

    ¿Porqué piensas siempre que los otros, amigos, conocidos y vecinos, son mas dichosos?, y dices con ligereza:
    - "A los otros les va mucho mejor, y yo doy
    lo mejor de mi y no llego a nada"

    La otra orilla siempre es mas bella. Yace muy lejos.

    Como petrificado, miras fijamente hacia la bella claridad.

    Jamás tuviste en cuenta que también los de la otra orilla te observan y piensan que posees mucha mas felicidad, pues ellos solo ven tu parte agradable.

    Tus pequeñas y grandes preocupaciones no las conocen.

    Vivir feliz es un arte, para ello conviene sentirse satisfecho...

    "La felicidad no esta en la otra orilla, está en ti".

    NUESTRO LIBRO...


    Nuestro libro

    El día de tu nacimiento, cuando solo sabías llorar, recibiste mil besos y caricias, pero también un libro con las hojas en blanco, sin estrenar:

    ¡EL LIBRO DE TU VIDA! .

    Desde aquel instante comenzaste a escribir la historia de tu vida.
    Ya llevas varias páginas.

    ¿Que has escrito hasta ahora?.

    A veces escribimos y escribimos y nunca ojeamos las páginas escritas.
    Toma el libro de tu vida y repásalo durante unos minutos.

    Tal vez encuentres capítulos o páginas que te gustaría besar, algunas escenas te harán llorar, y al abrir alguna página amarilla o reciente, te entraran ganas de arrancarla.

    Se ve negra con salpicaduras de tinta.

    Pero Pilatos te diría: ¡Lo escrito, amigo, escrito esta!.

    Tú lo has escrito con tu puño y letra.

    No con la tinta de un "bolígrafo" o de una pluma, sino con la tinta de tu libertad.

    "Tu mismo has forjado tu propia aventura", decía el manco Lepanto.

    "Porque veo al final de mi duro camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino", sentencia Amado Nervo, quien prefiere la metáfora del arquitecto.

    No arranques esas páginas, pide perdón si cometiste un error, para que así se borren todos tus garabatos y así podrás continuar escribiendo tu historia mejor que ayer.

    ¿Por qué no almacenar el libro de tu vida entre los Best Seller del mundo?.

    Aprovecha tu tinta porque tarde o temprano se te va acabar, y ¡no se venden repuestos ni en los kioscos ni en las librerías!

    La vida es una y se vive una sola vez.

    La muerte cerrara tu libro.

    Y al final solo pedirán tu libro, y alguien lo leerá o lo pasara en video, como las aventuras.

    Todos somos arquitectos y novelistas, así que, amigo, borrón y cuenta nueva.

    Comienza cuanto antes Tu Best Seller.

    ORACIÓN DE UN ENFERMO


    EUCARISTIA Y GENEROSIDAD



    Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net
    Eucaristía y generosidad
    Es el sacramento de la máxima generosidad de Dios, que nos llama e invita a nuestra generosidad con Él y con el prójimo.


    Eucaristía y generosidad
    La generosidad es la virtud de las almas grandes, que encuentran la satisfacción y la alegría en el dar más que en el recibir. La persona generosa sabe dar ayuda material con cariño y comprensión, y no busca a cambio que la quieran, la comprendan y la ayuden. Da y se olvida que ha dado.


    El dar ensancha el corazón y lo hace más joven, con mayor capacidad de amar. Cuanto más damos, más nos enriquecemos interiormente.

    ¿Con quién tenemos que ser generosos? Con todos. Con Dios. Con los demás, sobre todo con los más necesitados.

    Manifestaciones de una persona generosa.



  • Sabe olvidar con prontitud los pequeños agravios.
  • Tiene comprensión y no juzga a los demás.
  • Se adelanta a los servicios menos agradables del trabajo y de la convivencia.
  • Perdona con prontitud todo y siempre.
  • Acepta a los demás como son.
  • Da, sin mirar a quién.
  • Da hasta que duela.
  • Da sin esperar.

    Hagamos ahora la relación eucaristía y generosidad.

    Generosidad, primero, por parte de Dios.

    Generoso es Dios que nos ofrece este banquete de la eucaristía y nos sirve, no cualquier alimento, sino el mejor alimento: su propio Hijo. Generoso es Dios porque no se reserva nada para Él.

    Generoso es Dios en su misericordia al inicio de la misa, que nos recibe a todos arrepentidos y con el alma necesitada. Generoso es Dios cuando nos ofrece su mensaje en la liturgia y lo va haciendo a lo largo del ciclo litúrgico.

    Generoso es Dios cuando considera fruto de nuestro trabajo lo que en realidad nos ha dado Él; pan, vino, productos de nuestro esfuerzo. Generoso es Dios cuando no mira la pequeñez y mezquindad de nuestro corazón al entregarle esa poca cosa, y Él la ennoblece y diviniza convirtiéndola en el cuerpo y la sangre de su querido Hijo.

    Generoso es Dios que nos manda el Espíritu Santo para que realice ese milagro portentoso. El Espíritu Santo es el don de los dones. Generoso es Dios cuando acoge y recibe todas nuestras intenciones, sin pedir pago ni recompensa. Generoso es Dios cuando nos ofrece su paz, sin nosotros merecerla.

    Generoso es Dios cuando se ofrece en la Comunión a los pobres y ricos, cultos e ignorantes, pequeños, jóvenes, adultos y ancianos. Y se ofrece a todos en el Sagrario como fuente de gracia.

    Generoso es Dios, que va al lecho de ese enfermo como viático o como Comunión, para consolarlo y fortalecerlo. Generoso es Dios que está día y noche en el Sagrario, velando, cuidándonos, sin importarle nuestra indiferencia, nuestras disposiciones, nuestra falta de amor.

    Generoso es Dios que se reparte y se comparte en esos trozos de Hostia y podemos partirlo para que alcance a cuántos vienen a comulgar. Es todo el símbolo de darse sin medida, sin cuenta, y en cada trozo está todo Él entero. Generoso es Dios que no se reserva nada en la eucaristía.

    Y en todas partes, latitudes, continentes, países, ciudades, pueblos, villas que se esté celebrando una misa, Él, omnipotente, se da a todos y todo Él. Y no por ser un pequeño pueblito escondido en las sierras deja de darse completamente. ¿Puede haber alguien más generoso que Dios?

    Segundo, generosidad por parte de nosotros.

    Aquí, a la Eucaristía, hemos venido trayendo también nuestra vida, con todo lo que tiene de luces y sombras, y se la queremos dar toda entera a Dios. Le hemos dado nuestro tiempo, nuestro cansancio, nuestro amor, nuestros cinco panes y dos pescados, como el niño del evangelio. Es poco, pero es lo que somos y tenemos.

    Hemos venido con espíritu generoso para dar, en el momento de las lecturas, toda nuestra atención, reverencia, docilidad, obediencia, respeto. En el momento del ofertorio hemos puesto en esa patena todas nuestras ilusiones, sueños, alegrías, problemas, tristezas. En el momento de la colecta se nos ofrece una oportunidad para ser generosos. En el momento de la paz se nos ofrece una oportunidad para saludar a quien tal vez está a nuestro lado y hace tiempo que no saludamos. Salimos con las manos llenas para repartir estos dones de la eucaristía.

    En fin, la Eucaristía es el sacramento de la máxima generosidad de Dios, que nos llama e invita a nuestra generosidad con Él y con el prójimo. Jesús eucaristía, abre nuestro corazón a la generosidad.


  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Antonio Rivero.

    miércoles, 15 de agosto de 2012


    ORACIONES A SAN TARCISIO, MÁRTIR









    TARSICIO, MARTIR - 15 DE AGOSTO


    Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid
    Tarsicio, Mártir
    Mártir, 15 de agosto.


    Tarsicio, Mártir
    Mártir




    Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, conmemoración de san Tarsicio, mártir, que por defender la santísima Eucaristía de Cristo, que una furiosa turba de gentiles intentaba profanar, prefirió ser inmolado, muriendo apedreado antes que entregar a los perros las cosas santas (c. 257).


    Murió mártir durante la persecución de Valeriano. Su figura de niño héroe cristiano ha servido de estímulo y ejemplo durante dieciocho siglos a las generaciones de bautizados desde que han ido despertando a la fe. Su generosidad en la ayuda al prójimo y su disposición al servicio, impregnado de un amor generoso a Jesucristo en la Eucaristía han ayudado a la fantasía de los creyentes posteriores a renovar su veneración al Santísimo Sacramento. También los mayores han aprendido de él a vivir con coherencia la fe eucarística y a vigorizar las actitudes de adoración y culto que secularmente han practicado los discípulos del Señor.

    El relato de los hechos con todos los rasgos de verosimilitud histórica es así:

    Los cristianos no podían vivir la fe con manifestaciones externas. No tenían derecho a expresar la jubilosa explosión de felicidad que tenían dentro por saberse hijos de Dios con un culto externo. Era preciso esconderse para alabar al único Dios verdadero como discípulos del Señor Jesucristo; por no disponer de locales amplios donde pudieran reunirse, lo hacían a la orilla del Tiber, en los cementerios. Galerías largas y muy entrecruzadas; de vez en cuando se ve una lámpara encendida donde recordaban que se encontraba el cadáver de un mártir, la lámpara era la señal. Ellos conocían bien los largos corredores y los múltiples vericuetos; allí, en un ensanchamiento han tenido el buen gusto de poner en la piedra alguna inscripción y la figura del Pastor cargando una oveja en sus hombros; más adelante, en otro lugar, puede verse en la roca algo que se parece a un cestillo lleno de panes y peces; son símbolos de una historia pasada que se hace viva cada domingo y da más vida, alegría y fuerza a los discípulos de Jesús. Ahora se ve una especie de sala espaciosa, agrandada por las galerías que en ella convergen, donde hay una mesa grande cubierta por manteles muy blancos, con unos cirios encendidos sobre unos candelabros de plata o al menos, así lo parece.

    Es un día especial. Sixto es el sacerdote; sí, lo nombraron como sucesor del pontífice Esteban al que habían matado los perseguidores. Todos cantan salmos, en medio de un gran silencio se leen algunos trozos del Evangelio y hace Sixto una sabia reflexión. El diácono Lorenzo pone pan y vino sobre la mesa y el anciano sacerdote comienza la fórmula de la consagración. Antes de comulgar todos se dan el ósculo de la paz.

    Poco antes de dispersarse hay un recuerdo para los encarcelados; son los confesores de la fe; no han querido renegar; aman a Jesús más que a sus vidas. Es conveniente rezar por ellos y ayudar a sus familiares en la tribulación. Es también preciso hacerles partícipes de los santos misterios para que le sirvan de fortaleza en la pasión y en los tormentos.

    ¿Quién puede y quiere afrontar el peligro? Hace falta un alma generosa. Todos quieren; lo piden con los ojos: ancianos, maduros, mujeres y muchachas jóvenes con el rostro cubierto con un velo. Delante  del nuevo papa Sixto un niño ha extendido la mano; hay cierta extrañeza en el sacerdote que parece no comprender tamaña decisión, a simple vista disparatada. "¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará con mis pocos años".

    Jesús eucaristizado es envuelto en un fino lienzo y depositado en las manos del niño Tarsicio que sólo tiene once años y es bien conocido en el grupo por su fe y su piedad; no se ha amilanado en la furia de la persecución por más que vió aquella noche cómo mataban al papa Esteban mientras hacía los misterios del Señor.

    Por entre las alamedas del Tiber va como portador de Cristo, se sabe un sagrario vivo, es una sensación extraña en él -entre el gozo y el orgullo- que nunca había experimentado. Pasa, sin saludar, embelesado con su tesoro. Unos amigos le invitan a participar en el juego; Tarsicio rehúsa; ellos se le acercan; Tarsicio oprime el envoltorio; le hacen un cerco y llega la temida pregunta: "¿Qué llevas ahí? Queremos verlo". Aterrado quiere echar a correr, pero es tarde. Lo agarran y fuerzan a soltar el atadijo que cada vez agarra con más tesón y fuerza, lo zarandean y lo tiran al suelo, le dan pescozones y puntapiés pero no quiere por nada del mundo dejar al descubierto al Señor; entre las injurias y amenazas acompañadas de empellones y puños, Tarsicio sigue diciendo "¡Jamás, jamás!". Uno de los que se ha acercado al grupo del alboroto se hace cargo de la situación y dice: "Es un cristiano que lleva sortilegios a los presos". Pequeños y mayores emplean ahora, bajo excusa de la curiosidad, con furia y saña, palos y piedras.

    Recogieron el cuerpo destrozado de Tarsicio y lo enterraron en la catacumba de Calixto.

    Cuando pasó la persecución, el papa Dámaso mandó poner sobre su tumba estos versos:

    "Queriendo a san Tarsicio almas brutales
    de Cristo el sacramento arrebatar,
    su tierna vida prefirió entregar
    antes que los misterios celestiales".
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