lunes, 21 de mayo de 2012

EL ABRAZO DE OSO...



El abrazo de oso


 
Este cuento se refiere a un hombre joven cuyo hijo había nacido recientemente y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papá.

A este personaje lo llamaremos Alberto y en su corazón reinaba la alegría y los sentimientos de amor que brotaban a  raudales dentro de su ser.
         
 Un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir  del nacimiento de su bebé todo lo veía hermoso y aun el ruido de una hoja al caer le sonaba a notas musicales.
        
        Así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros y disfrutar toda la belleza.
        Caminaba plácidamente respirando la humedad que hay en estos lugares,
        cuando de repente vio posada en una rama a un águila, el cual desde el primer instante lo sorprendió por la belleza de su plumaje.
        El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar  y formar a sus aguiluchos, era enfrentar los retos que la vida ofrece al cumplir con la misión encomendada; era su único objetivo.
        
        El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó:
        
        "¿A dónde te diriges buen hombre?, veo en tus ojos la alegría"; por lo
        que Alberto le contestó: "Es que ha nacido mi hijo y he venido al bosque a disfrutar, pero me siento un poco  confundido ".

        El águila insistió: Oye, ¿y qué piensas hacer con tu hijo?,
        Alberto le contestó: "Ah, pues ahora y desde ahora, siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Yo me encargaré  de que tenga todo lo que necesite, y día con día yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; lo defenderé de los enemigos que pueda tener y  nunca dejaré que pase situaciones difíciles".

        "No permitiré que mi hijo pase necesidades como yo las pasé, nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada", y para finalizar agregó: "Yo como su padre, seré fuerte como un oso, y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe".
        El águila no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba crédito a lo que había oído.
        Entonces, respirando muy hondo y sacudiendo su enorme plumaje, lo miró fijamente y dijo:
        
        Escúchame bien buen hombre. Cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar a mis  hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un  nido confortable, seguro, a buen resguardo de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas ¿y sabes por qué?, porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas, algún día, cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo este confort, y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligará a construir su propio nido.
         
Todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio esfuerzo y aspiración para conquistarlo, con todo y sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos.

Si yo los abrazara como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremisiblemente su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir. Tarde que temprano lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran
        vergüenza, pues tendría que cosechar la  impertinencia de mis actos, viendo a mi decencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas.
 
" Yo, amigo mío", dijo el águila, "podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de
        entender su juventud, pero no  participaré de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades, pero también sus defectos y nunca permitiré que
        abusen de mí en aras de este amor que les profeso".
        
 
El águila calló y Alberto no supo qué decir, pues seguía confundido, y mientras entraba en una profunda reflexión, ésta, con gran majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte.
         
Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco disperso  en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible error que iba a cometer al darle a su hijo el abrazo del oso.

Alberto, reconfortado, siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su bebé, pensando que abrazarlo sólo sería por segundos, ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos, sin que ningún oso protector se lo impidiera. A partir de ese día Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres.

RESERVADO PARA SUS AMIGOS..

Reservado para sus amigos
Autor: Santa Clara de Asís



"Coloca tus ojos ante el espejo de la eternidad,
coloca tu alma en el esplendor de la gloria,
coloca tu corazón en aquel que es figura de la sustancia divina
y transfórmate totalmente, por medio de la contemplación,
en la imagen de su divinidad.

Entonces también tú experimentarás
lo que está reservado únicamente a sus amigos,
y gustarás la dulzura secreta que Dios mismo ha reservado
desde el inicio a los que lo aman.

Sin conceder siquiera una mirada a las seducciones,
que en este mundo falaz y agitado
tienden lazos a los ciegos para atraer hacia ellas su corazón,
con todo tu ser ama a aquel que por tu amor se entregó"

¿DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN, QUÉ?

Autor: Karime Alle | Fuente: Catholic.net
¿Después de la Ascensión, qué?
¡No podemos quedarnos mirando al Cielo! Ahora nos toca a nosotros ser la voz de Jesús para alentar y consolar.
 
¿Después de la Ascensión,  qué?

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que anuncie la Buena Nueva. Ahora nos toca a nosotros, sus discípulos, hacerlo. Los Sacerdotes predicando(sobre todo)con la palabra, los laicos predicando(sobre todo) con el ejemplo, los padres de familia predicando con la palabra y el ejemplo.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que compadezca a los pobres y lo enfermos. Ahora nos toca a nosotros.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que multiplique los panes y los pescados para alimentar a las multitudes. Esa es ahora nuestra tarea, multiplicando nuestros esfuerzos para dar de comer sino a las multitudes, por lo menos a los pobres que podamos.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que cuide a sus ovejas. Ahora nosotros tenemos que velar por ellas, especialmente por aquellas (el cónyuge, los hijos, los hermanos, los trabajadores) que Dios nos ha encomendado a cada uno.

Después de la Ascensión a nosotros nos toca ser la voz de Jesús para alentar y consolar. Sus manos para tenderlas a todo el que necesite ayuda. Sus pies para llevarlo a donde no lo conocen.

Después de la Ascensión:

¡No podemos quedarnos mirando al Cielo!

viernes, 18 de mayo de 2012

EL QUE AMA A MARIA, REZA DEVOTAMENTE EL AVE MARÍA



El que ama a María, reza devotamente el Ave María
Padre Pablo José María Frassinetti



El Ave María es la oración más hermosa con que podemos alabar a María y conseguir de Ella las gracias necesarias; es la oración más frecuente en los labios de los cristianos. Sin embargo, justamente porque se reza tan frecuentemente,
se reza con enorme distracción; se reza más con los labios que con el corazón;
a veces se reza precipitadamente y omitiendo palabras. Los que aman a María no deben proceder así. Ellos considerando que el Ave María es la más bella y graciosa oración con que se honra a la Madre de Dios, deben rezarla con la mayor devoción que les sea posible; deben conocer su sentido y acompañarlo con el sentimiento
de su corazón.

-“Dios te salve María” es la mejor manera de saludar a la Virgen Santísima.
-“Llena eres de gracia” llena para Ella y para nosotros aún más llena, para alcanzarnos la abundancia de gracia.
-“El Señor es contigo” de manera más especial de lo que acontece con los
demás santos.
-“Bendita tú eres entre todas las mujeres” ya que tuvo el honor único e incomparable de la virginidad y de la maternidad divina.

Esas palabras son del Ángel Gabriel a María en la Anunciación. Bendita entre las mujeres la saludó asimismo Santa Isabel al recibir su visita, agregando:

-“y bendito es el fruto de tu vientre (Jesús)”; ya que a Jesús se dirigen todas
las bendiciones de cielo y tierra, y Jesús es fuente de toda bendición que proviene de Arriba.

La Iglesia agregó las demás palabras “Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. Son palabras que no necesitan explicación.

Recemos pues siempre con mucha devoción tan hermosa oración, y de vez en cuando hagámoslo más despacio y con mayor atención, diciéndole antes:

“María, para saludarte menos indignamente quisiera ahora rezar esta oración con el respeto y la veneración con que te saludó el Ángel Gabriel, con el cariño y la admiración con que te saludó Santa Isabel, y con la devoción y confianza con que te saludaron los santos y santas en todos los siglos con el Ave María”.

Padre Jose Frassinetti, "Amemos a María"

¿QUÉ SIGNIFICA EL AMOR?


¿Que significa el amor?



        Un grupo de profesionales le propuso a varios niños, con edades de 4 a 8 años, la pregunta ¿qué significa amor?, y las respuestas obtenidas fueron más amplias y profundas de lo que cualquiera pudo imaginar:

        "Amor es el primer sentimiento que hay antes de que todas las cosas malas aparezcan".

        "Cuando mi abuelita empezó a padecer artritis no podía pintarse las uñas de los pies; así que mi abuelito se las pintaba todo el tiempo aún cuando empezó a padecer artritis en sus manos, eso es amor."

        "Cuando alguien te ama, la forma en que esa persona dice tu nombre es diferente. Sabes que tu nombre está seguro en su boca"

        "Amor es cuando una muchacha se pone perfume y un muchacho se pone colonia, salen juntos y se huelen mutuamente."

        "El amor es cuando sales con alguien a comer y le das la mayoría de tus papitas a la francesa sin hacer que esa otra persona te dé de las suyas."

        "Amor es cuando alguien te hace daño, te enojas mucho, pero no le gritas porque sabes que eso herirá sus sentimientos."

        "Una vez mi hermana mayor enfermó, se le lleno todo su cuerpo de ronchitas, y su novio venía todos los días a verla y no le daba miedo enfermarse, él la acariciaba en las noches en su cama hasta que se dormía y luego se iba, eso es amor."

        "Amor es lo que te hace sonreír cuando estás cansado."

        "Amor es cuando mi mamá hace café para mi papá y ella prueba un poquito primero antes de dárselo, para estar segura de que sabe bien."

        "Amor es cuando besas todo el tiempo, luego te cansas de besar, pero aún quieres estar junto a esa persona y entonces se hablan más."

        "Amor es lo que hay en el cuarto contigo en Navidad si dejas de abrir regalos y escuchas."

        "Cuando le dices a alguien algo malo acerca de ti mismo y tienes miedo de que no te quieran más; pero te sorprendes de que no sólo aún te aman, sino que te aman aun más."

        "Amor es cuando le dices a un muchacho que te gusta su camisa y él la usa todos los días."

        "Amor es como una viejita y un viejito que aún son amigos aún después de conocerse muy, pero muy bien."

        "Durante mi primer recital, yo estaba en el escenario muy asustada, miré a toda la gente que me estaba viendo y vi a mi papá saludándome y sonriéndome; él era el único haciendo eso y entonces ya no sentí miedo."

        "Mi mamá me ama más que nadie, nunca verás a nadie más besarme por las noches antes de irme a dormir."

        "Amor es cuando mami le da a papi el pedazo de pollo más grande."

        "Amor es cuando mami ve a papi sudoroso y oloroso y aún así dice que es más guapo que Robert Redford."

        "Amor es cuando tu perrito te chupa la cara aún cuando lo has dejado todo el día solo."

        "Yo sé que mi hermana mayor me ama porque ella me da toda su ropa que no usa y después ella tiene que ir a comprar otra."

        "Uno no debería decir "Te amo" cuando en realidad no es así... pero si realmente amas a alguien deberías decírselo, puede ser que a esa persona se le haya olvidado."

DAME TUS PECADOS


Dame tus pecados


        Una vez oí una historia respecto a un misionero que fue echado en la prisión por los oficiales comunistas rusos, por predicar el evangelio en lo que era la Unión Soviética. No le permitieron a este gran siervo de Dios ver a ningún otro ser humano, y le alimentaban pasándole la comida por debajo de la puerta. Años y años pasaron. Y un día el Señor se le apareció en la prisión.

        El hombre estaba tan agradecido con el Señor por haber venido a verle.

        - ¿Hay algo que pudiera darte para agradecerte? - le pregunto.

        - No, todo es Mío - respondió el Señor - . No hay nada que pudieras darme.

        - Pero, Señor, debe haber algo que pudiera darte para expresar mi gratitud.

        - No hay nada que puedas darme - repitió el Señor -. Hasta tu mismo cuerpo me pertenece. Tu misma vida es Mía.

        - Oh, por favor, debe haber alguna cosa que pudiera darte - el hombre volvió a preguntar.

        - La hay. Dame tus pecados. Eso es todo lo que quiero - dijo el Señor.

ORACIÓN A JUAN PABLO II

ORACIÓN  A JUAN PABLO II

Oh Trinidad Santa,  te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.  Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.




Con aprobación eclesiástica

miércoles, 16 de mayo de 2012

UNA VELA CONTRA EL CANCER


CARTA A LA VIRGEN MARÍA

Carta a la Virgen María
Padre Marcelino de Andrés, L.C.


Muy querida Virgen María: 
No sé si Jesús me haya guardado un secreto que le comuniqué hace poco con relación a ti. Siendo como es, me imagino que sí. Le prometí que yo mismo te lo haría saber dándote la sorpresa. Así que, aquí me tienes para contártelo.  

Quería decirte que he escrito este libro sobre ti. Supuse que por tu profunda humildad, seguramente te hubieras opuesto a la idea. Por eso se lo conté antes a Jesús y le pedí que no te dijese nada al respecto. Ahora ya está hecho. Espero que te guste, o al menos que no tengas nada en contra.  

Sé que no te agradan mucho los piropos, pero tú misma predijiste que te llamarían dichosa todas las generaciones. Yo te he llamado, además de dichosa, algunas otras cosas bonitas que sin duda te mereces. No era mi deseo sacarte los colores...  

Te confieso que, repasando ahora lo que he descrito de ti, me doy cuenta de que me he quedado muy corto. A lo mejor tú dirás que no. Pero sé que es cierto. Y te pido perdón por ello. De verdad, siento mucho no haber podido expresarme mejor de ti. Te merecías mucho más. 

Sabe al menos que mi intención era buena. Quería demostrarte la admiración, el aprecio y cariño inmenso que guardo hacia ti; y deseaba además lograr que otros muchos también te admiren y te amen. Espero haber logrado, al menos un poco, ambas cosas. ¡Qué dichoso me sentiría de saber que así ha sido!  

Bueno, Virgen María, ya me despido. Soy muy feliz de tenerte como Madre y de saberme bajo tu mirada y continua protección. 
Dale de mi parte un fuerte abrazo a Jesús.

EL AGUA QUE QUERÍA SER FUEGO


El agua que quería ser fuego.



“Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa. Y encender entusiasmos. Y hacer arder el corazón de los enamorados y ser roja y cálida. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama.”

Así pensaba en septiembre el agua de un río de montaña.
Y, como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios y pedir que cambiara su identidad.

“Querido Dios: Tú me hiciste agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente.
Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. ¿Puede ser?
Tú mismo, Señor, te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego en la tierra. No recuerdo que te compararas con el agua.
Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal...”

El agua salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios.
Una tarde pasó una lancha muy blanca y dejó caer al agua un sobre muy rojo. El agua lo abrió y lo leyó:

“Querida hija: me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua, yo lo siento mucho porque no eres un agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tu preparas el camino del fuego. Mi espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua siempre es primero que el fuego.”

Mientras el agua estaba embebida leyendo la carta, Dios bajó a su lado y la contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella.

Y Dios seguía sonriendo, esperando una respuesta.

Ella comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios, solo lo tiene el agua limpia...

Suspiró y dijo: “Sí Señor, seguiré siendo agua, seguiré siendo tu espejo. Gracias.

¿QUÉ ES DIÁLOGO?


¿Qué es diálogo?


* Diálogo es la capacidad de estar con los otros (esposo, esposa, hijos, familia...) de modo que se den cuenta de nuestro interés por ellos.

* Diálogo es hacer sentir al otro que es aceptado, querido, valorado por mí, aunque no esté de acuerdo con su opinión.

* Diálogo es acercarme al otro cuando está triste, preocupado, enfadado... y tener gestos que expresen que estoy con él: una palmadita, una mirada acogedora, un beso...

* Diálogo es expresar al otro con palabras o con gestos lo bueno que ha hecho, animándole, y cuando hace algo mal, hablar con él con muchos respeto y  amor, sin reprocharle, mostrando siempre CONFIANZA en él, pero invitándole a la reflexión, al cambio.

* Diálogo es ponerme siempre en el lugar del otro, haciéndole sentir que todo lo de él me interesa, sin haciéndole sentir que todo lo de él me interesa, sin dejarme llevar de mi buen o mal humor.

* Diálogo es expresar mis sentimientos y pensamientos y dejar que el otro los exprese e invitarle a que lo haga, con respeto a su intimidad.

* Diálogo es MIRAR, ESCUCHAR, dejar que el otro se exprese sin cortarle cuando está hablando.

* Diálogo es reconoce que me he equivocado y pedir disculpa, siendo  PACIENTE ante las dificultades de la vida diaria.


DIALOGA quien dedica:

– Tiempo a estar junto a su esposa, esposo e hijos.

– Tiempo para preguntarles e invitarles a contar sus preocupaciones, alegrías..., con mucho amor e interés.

– Tiempo para jugar con ellos, hijos, esposo, esposa, familia...

– Tiempo para MIRARLOS y contar las propias preocupaciones, alegrías, inquietudes...

– Tiempo para ESCUCHAR...

martes, 15 de mayo de 2012

PARA SER UNA PEQUEÑA MARIA


Para ser una pequeña María
Chiara Lubich




Deseo comunicar una experiencia mía, pequeña, personal, pero que ha incidido en mi alma y quizás puede ser útil a otros.
Tomé en mis manos, en estos días, un libro que me regalaron. Se titula: El secreto de Madre Teresa de Calcuta, obviamente. Lo abro en la mitad, allí donde habla de “mística de la caridad”. Leo este capítulo y otros. Me sumerjo con gran interés en esas páginas. Todo lo que se refiere a esta próxima santa, me interesa personalmente: fue, por años, mi preciosísima amiga.
Se me pone en evidencia lampante, la extrema radicalidad de su vida, de su vocación totalitaria, que impresiona, y casi asusta, pero, sobre todo, me empuja a imitarla en el típico compromiso, radical y totalitario, que Dios me pide a mí. De hecho, cada carisma es una maravillosa flor, única, irrepetible, distinta de las demás, como, por otra parte, pensaba Madre Teresa. Cuando teníamos ocasión de encontrarnos me repetía: “Lo que yo hago, tú no lo puedes hacer. Lo que tú haces, yo no lo puedo hacer”.

Movida por esta convicción, tomo en mis manos el Estatuto del Movimiento, convencida de que allí habría encontrado la medida y el tipo de radicalidad de vida que el Señor me pide a mí. Abro, y enseguida, en la primera página, recibo un pequeño shock espiritual, como por un descubrimiento del momento. ¡Y son casi 60 años que lo conozco! Se trata de la “norma de las normas, premisa de toda regla” de la mía y de nuestra vida: generar –así se expresaba el Papa Pablo VI- y mantener, primero y ante todo, también en las grandes empresas, también en los compromisos extraordinarios, también en los triunfos por el Reino, a Jesús entre nosotros con el amor recíproco.
Porque, entiendo enseguida, esta es la mía y nuestra tarea más importante, especialmente hoy: ser en la Iglesia una pequeña María, “una presencia suya en la tierra, casi su continuación” sola y con todo el movimiento; ser otra María que ofrece a Jesús al mundo.

Pero es necesario ese amor ultrafino que no mide, que sabe hacerse espiritualmente nada delante de quien tiene al lado. En nuestra vida, no siempre todo es perfecto: alguna palabra de más, mía o de otros, algún silencio demasiado largo, algún juicio hecho sin razonar, algún pequeño apego, algún sufrimiento mal soportado, ofuscan la presencia de Jesús entre nosotros, si no llegan a impedirla.
Comprendo que debo ser yo, en primera persona, quien debo darLe espacio, aplanando todo, colmando todo, condimentando todo con la máxima caridad; soportando todo, en quien me está a mí alrededor. Soportar -una palabra que por lo general nosotros no usamos, pero que recomienda el Apóstol Pablo- no es cualquier caridad. Es una caridad especial, la quinta esencia de la caridad.
Empiezo. Y no va mal, ¡todo lo contrario!
Siento el deber de hacer primero toda mi parte y tiene efecto. Además me llena el corazón de felicidad, quizás porque, de este modo, vuelve a aparecer la presencia de Jesús entre nosotros y permanece.

Y es el colmo de mi alegría cuando me llegan las palabras de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt. 9, 13). ¡Misericordia! He aquí la caridad ultrafina que se nos pide y que vale más del sacrificio, porque el mejor sacrificio es este amor que también sabe soportar, que sabe, si es necesario, perdonar y olvidar.

Para ser pequeñas María, para asegurar a Jesús al mundo, es necesario vivir la “premisa de toda regla”, en esa mutua y continua caridad que florece como misericordia.

Es ésta la radicalidad, es ésta la totalitariedad que se le pide a nuestra vida.

Fuente: Movimiento Focolare

QUIEN ME AMA, TIENE FUERZA...

Quien me ama, tiene Mi fuerza

        Del Cielo envío a todas las criaturas Mis riquezas y cada una las recibe en la medida necesaria a la manifestación de la belleza y bondad de Mi Padre, del Espíritu Divino y Mía, porque así queremos manifestar la Gloria de la cual tenemos vida común. La criatura recibe tanto, cuando Yo quiero darle y se sacia en el disfrute contínuo de los dones a ella reservados.

        Pero ocurre que, al faltar las disposiciones apropiadas para este disfrute, el Amor Divino debe detener su flujo y así el alma, ya no fiel, se siente descontenta, se agita y cree que no puede alcanzar aquello que sentía deber poseer.

        Esto vale para la luz que es de la inteligencia y también para el amor que es de la voluntad. A esto pongo remedio con sucesivos hechos de Gracia, y no Me canso porque quiero que Mi criatura acepte Mis efusiones de Belleza, Bondad y Amor.

        Quién podrá desconocer la tarea que He confiado a la que más amé en la tierra y que ahora es Reina de todos los ángeles y santos?

        Sepan, hijitos que, a Ella ha sido encomendada la protección de Mis fieles y de guiarlos por los caminos de la virtud en las actuales pruebas.

        Ella será escuchada, pero desgraciadamente no por todos y quien haga lo que Yo Hice en Nazaret, en consideración a ellos será confirmado en Gracia. Hoy no se distingue pero, pronto se verá en el mundo que son Mis hijos.

        El poder que tuve, en cuanto Hombre, lo doy a Mis seguidores a fin de que vengan en la lucha y venciendo, den testimonio de Mí. No con palabras, sino con hechos, es hora de demostrar que cree verdaderamente sólo quien sabe dar incluso la propia vida por Mí. Quien cree en Mí Me ama y quien Me ama tiene Mi fuerza.

        Jesús

lunes, 14 de mayo de 2012

ORACIÓN A SANTA GEMA GALGANI


BIENAVENTURANZAS DE LA AMISTAD


Bienaventuranzas de la amistad



1.  Felices los amigos que son pobres de espíritu y siempre están abiertos a dar y recibir.

2. Felices los amigos que aún en el dolor se dan con alegría.

3. Felices los amigos que esperan con paciencia el crecimiento del amigo.

4. Felices los amigos que juntos fomentan y viven la justicia y el amor.

5. Felices los amigos que son compasivos y misericordiosos.

6. Felices los amigos que promueven la paz y defienden la vida.

7. Felices los amigos que temen la persecución por defender la verdad, la justicia y el amor.

8. Felices los amigos que cantan su fe y la manifiestan con valor y esperanza.

EL ERROR

  

El error...



"El error más grande lo cometes cuando,
por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar
en el viaje hacia tus objetivos.

No se equivoca el río cuando, al encontrar
una montaña en su camino,
retrocede para seguir avanzando hacia el mar;
se equivoca el agua que por temor a equivocarse,
se estanca y se pudre en la laguna.

No se equivoca la semilla cuando
muere en el surco para hacerse planta;
se equivoca la que por no morir bajo la tierra,
renuncia a la vida.

No se equivoca el hombre que ensaya distintos
caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor
a equivocarse no acciona.

No se equivoca el pájaro que ensayando
el primer vuelo cae al suelo,
se equivoca aquel que por temor a caerse
renuncia a volar permaneciendo en el nido.

Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan
que ser hombre es buscarse así mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente.

Creo que al final del camino no te premiarán
por lo que encuentres, sino por aquello que hayas buscado honestamente."

María, madre del silencio


  
María, madre del silencio
J. M. Márquez


Madre de nuestro silencio,
tesoro de calma y serenidad,
te amamos por tu rostro lleno de luz,
por tu mirada llena de ternura,
por lo profundo de tus palabras silenciosas,
por tu transparente disponibilidad.

Que en nuestras tareas cotidianas
nos abras a lo profundo de las cosas que no se ven,
nos ilumines con tu luz transparente,
nos ensanches el corazón con el amor
y la verdad de lo que es importante,
nos contagies tu disponibilidad
ante las sorpresas de Dios.

Madre del silencio,
enséñanos a callar...
enséñanos a contemplar...

CRISTO NOS INVITA... DESDE LA MONTAÑA

Autor: P. José Luis Richard | Fuente: Catholic.net
Cristo nos invita... desde la montaña.
Si quieres ser feliz, siembra hoy para cosechar mañana; lucha hoy, para triunfar en el futuro; sacrifícate ahora para recibir los frutos después.
 
Cristo nos invita... desde la montaña.

En el Sermón de la Montaña, Cristo desborda su corazón, revela los misterios del Reino. Nos da a conocer la sabiduría de Dios y la clave de la felicidad: sembrar con paciencia para recoger los frutos llegado el tiempo, pagar el precio justo.

Es impresionante cómo ha ido cambiando nuestro mundo y con qué rapidez. Para los hombres de hace medio siglo, sería una verdadera fantasía el pensar en la informática, tan avanzada y al alcance de todos. Nuestros bisabuelos nunca se imaginaron los nuevos artefactos de guerra tan sofisticados, tan precisos. Jamás soñaron con nuestros medios de transporte tan seguros y veloces...

Los hombres de hace cincuenta o sesenta años sabían que si alguien quería una buena cosecha, tendría que trabajar muy duro durante todo el otoño y pasarse la primavera escardando sus campos. El alfarero, el zapatero, el herrero, todos ellos tenían muy bien sabido que si querían producir más, les hacían falta más horas de trabajo, más mano de obra...

Nosotros, con nuestra tecnología, nos hemos acostumbrado a lo automático, a lo fácil, lo cómodo. A encender la televisión desde la cama con un botón, a abrir la puerta de casa desde el coche, a viajar cómodamente con la visa... pagando después.

A la gente de nuestra época se le atrae así. Si quieren vendernos algo, que sea rápidamente y sin complicaciones.

Si algo ha de producirnos comodidad, alegría, felicidad, placer, tiene que ser al instante, sin tardar. Si se oprime el botón, es para que el trabajo quede listo en un momento. No queremos trabajos sin frutos inmediatos. Queremos la mayor cantidad de bienes con el menor esfuerzo. Es la moda.

Y sin embargo, Cristo, desde la montaña, usa un vocabulario completamente opuesto: Si quieres ser feliz, siembra hoy para cosechar mañana; lucha hoy, para triunfar en el futuro; sacrifícate ahora para recibir los frutos después.

Cristo nos propone abandonarnos a nosotros mismos para seguir su Evangelio. No consentir a las pasiones. No ser tan delicados. Aguantar y ser firmes ante el sufrimiento. Ser generosos y aceptar el dolor por amor a Él, como un medio seguro para conseguir la ansiada felicidad. El Reino de los cielos no se consigue con palancas y botones sino con sacrificio y amor a Cristo.

Nuestra misma sociedad puede explicarnos muy bien lo que Cristo nos invita a hacer desde la montaña. La vida actualmente es muy cara, muy difícil. Hay que pagar por todo. Nada se regala. También nuestra felicidad tiene un precio: pisar las mismas huellas de Cristo. Aunque más de una vez nuestros pies sangren.

Señor, quiero desde hoy trabajar con paciencia y generosidad, sembrar sin prisas, para alcanzar con mi sacrificio la verdadera felicidad.


jueves, 10 de mayo de 2012

MARÍA, MADRE DE DIOS

    Las Virtudes de María
Fe de María
San Alfonso María de Ligorio



Así como la santísima Virgen es madre del amor y de la esperanza, así también es madre de la fe. "Yo soy la madre del amor hermoso y del temor, del conocimiento y de la santa esperanza" (Ecclo 24,17). Y con razón, dice san Ireneo, porque el daño que hizo Eva con su incredulidad, María lo reparó con su fe. Eva, afirma Tertuliano, por creer a la serpiente contra lo que Dios le había dicho, trajo la muerte; pero nuestra reina, creyendo a la palabra del ángel al anunciarle que ella, permaneciendo virgen, se convertiría en madre del Señor, trajo al mundo la salvación. Mientras que María, dice san Agustín, dando su consentimiento a la encarnación del Verbo, por medio de su fe abrió a los hombres el paraíso. Ricardo, acerca de las palabras de san Pablo: "El varón infiel es santificado por la mujer fiel" (1Co 7,14), escribe: Esta es la mujer fiel por cuya fe se ha salvado Adán, el varón infiel, y toda su posteridad. Por esta fe, dijo Isabel a la Virgen: "Bienaventurada tú porque has creído, pues se cumplirán todas las cosas que te ha dicho el Señor" (Lc 1,45). Y añade san Agustín: Más bienaventurada es María recibiendo por la fe a Cristo, que concibiendo la carne de Cristo.

Dice el P. Suárez que la Virgen tuvo más fe que todos los hombres y todos los ángeles juntos. Veía a su hijo en el establo de Belén y lo creía creador del mundo. Lo veía huyendo de Herodes y no dejaba de creer que era el rey de reyes; lo vio nacer y lo creyó eterno; lo vio pobre, necesitado de alimentos, y lo creyó señor del universo. Puesto sobre el heno, lo creyó omnipotente. Observó que no hablaba y creyó que era la sabiduría infinita; lo sentía llorar y creía que era el gozo del paraíso. Lo vio finalmente morir en la cruz, vilipendiado, y aunque vacilara la fe de los demás, María estuvo siempre firme en creer que era Dios. "Estaba junto a la cruz de Jesús su madre" (Jn 19,25). San Antonino comenta estas palabras: Estaba María sustentada por la fe, que conservó inquebrantable sobre la divinidad de Cristo; que por eso, dice el santo, en el oficio de las tinieblas se deja una sola vela encendida. San León a este propósito aplica a la Virgen aquella sentencia: "No se apaga por la noche su lámpara" (Pr 31,18). Y acerca de las palabras de Isaías: "Yo solo pisé el lagar. De mi pueblo ninguno hubo conmigo" (Is 63,3), escribe santo Tomás: Dice "ninguno" para excluir a la Virgen, en la que nunca desfalleció la fe. En ese trance, dice san Alberto Magno, María ejercitó una fe del todo excelente: Tuvo la fe en grado elevadísimo, sin fisura alguna, aun cuando dudaban los discípulos.

Por eso María mereció por su gran fe ser hecha la iluminadora de todos los fieles, como la llama san Metodio. Y san Cirilo Alejandrino la aclama la reina de la verdadera fe: "Cetro de la fe auténtica". La misma santa Iglesia, por el mérito de su fe atribuye a la Virgen el poder ser la destructora de todas las herejías: Alégrate, virgen María, porque tú sola destruiste todas las herejías en el universo mundo. Santo Tomás de Villanueva, explicando las palabras del Espíritu Santo: "Me robaste el corazón, hermana mía, novia; me robaste el corazón con una mirada tuya" (Ct 4,9), dice que estos ojos fueron la fe de María por la que ella tanto agradó a Dios.

San Ildefonso nos exhorta: Imitad la señal de la fe de María. Pero ¿cómo hemos de imitar esta fe de María? La fe es a la vez don y virtud. Es don de Dios en cuanto es una luz que Dios infunde en el alma, y es virtud en cuanto al ejercicio que de ella hace el alma. Por lo que la fe no sólo ha de servir como norma de lo que hay que creer, sino también como norma de lo que hay que hacer. Por eso dice san Gregorio: Verdaderamente cree quien ejercita con las obras lo que cree. Y san Agustín afirma: Dices creo. Haz lo que dices, y eso es la fe. Esto es, tener una fe viva, vivir como se cree. "Mi justo vive de la fe" (Hb 10,38). Así vivió la santísima Virgen a diferencia de los que no viven conforme a lo que creen, cuya fe está muerta como dice Santiago: "La fe sin obras está muerta" (St 2,26).

Diógenes andaba buscando por la tierra un hombre. Dios, entre tantos fieles como hay, parece como si fuera buscando un cristiano. Son pocos los que tienen obras de cristianos, porque muchos sólo conservan de cristianos el nombre. A éstos debiera decirse lo que Alejandro a un soldado cobarde que también se llamaba Alejandro: O cambias de nombre o cambias de conducta. Más aún: a estos infieles se les debiera encerrar como a locos en un manicomio, según dice san Juan de Ávila, pues creyendo que hay preparada una eternidad feliz para los que viven santamente y una eternidad desgraciada para los que viven mal, viven como si nada de eso creyeran. Por eso san Agustín nos exhorta a que lo veamos todo con ojos cristianos, es decir, con los ojos de la fe. Tened ojos cristianos. Porque, decía santa Teresa, de la falta de fe nacen todos los pecados. Por eso, roguemos a la santísima Virgen que por el mérito de su fe nos otorgue una fe viva. Señora, auméntanos la fe.

OLVIDA EL AYER

Olvida el ayer
Autor:C. Torres Pastorino


        "Recordar los malos ratos del pasado no aporta nada positivo al presente.

        ¿Por qué detenerse en el pasado si lo que importa es el futuro? El espejo retrovisor del automóvil te muestra el camino recorrido y sirve únicamente de aviso para ver los vehículos que te piden el paso y que podrían poner en peligro tu propio viaje.

        El pasado sirve de base al presente como los muros del primer piso que hoy sostienen la azotea de mañana.

        Quien está en el primer piso quiere sencillamente subir a la terraza y no detenerse escarbando en los cimientos de la casa porque encontraría sólo alacranes.

        Sube y contempla las estrellas que te muestran los caminos del futuro y deja que la animalidad se pierda entre los terrenos del suelo húmedo y frío.

        No vuelvas al pasado que se ha ido y no regresará jamás. Si regresara sería un gran impedimento para tu progreso.

        Lo que pasó, pasó. La vida pasada te dejó experiencias y conocimientos que tendrías que aprovechar.

        El estudiante experimenta en el laboratorio con instrumentos de química. Al salir del aula se lleva los conocimientos y deja las probetas y elementos porque ya no le sirven.

        ¿Qué ganamos con recordar errores, cuyas consecuencias nos hacen sufrir, si ya es imposible corregirlos y su recuerdo constante puede arruinar nuestro camino? Por eso, no vuelvas al pasado y mira hacia el porvenir.

        No remuevas la tierra con la azada y planta frutales que mañana te abriguen y alimenten.

        Olvida el ayer y orienta el corazón hacia mañana.

        Cuando el hoy despuntó con la aurora del nuevo día, el ayer había concluido.

        Táchalo en la hoja de tu vida.

        Prepara tus lecciones para el examen de mañana porque en el examen de ayer fuiste aprobado con notas demasiados bajas.

        Levántate y camina hacia lo alto y hacia adelante, dejando que los muertos en espíritu entierren a sus muertos (Mateo 8,22).

CALMA...


Calma...


        En la época del fax, los chips, el internet, el jet, el microondas y el control remoto, es difícil aceptar procesos con paciencia.

        Queremos que todo en la vida funcione tan rápido como las comunicaciones o las computadoras. Nos dejamos presionar por un inmediatismo estresante.

        Y está bien que exijamos rápidez a los lentos y los mediocres, pero no hasta el punto de querer en todo una velocidad de transbordador espacial.

        Por querer volar quemamos valiosas iniciativas, no le damos espacio a los procesos de maduración y olvidamos lo importante agobiados por lo urgente.

        La impaciencia nos hace tanto daño como el que sufren los niños cuyos papás quieren estos milagros: Que el pequeño a los 5 años hable tres idiomas, toque violín, sea estrella en un deporte, estudiante Uno. A. y experto karateca.

        Ojalá pongamos en nuestro espejo, en el closet y en la oficina un post-it con las letras PP de paciencia y procesos.

        Así tendremos ante los ojos por un buen tiempo un memorial de lo valioso que es actuar con calma y dejar tanto acelere. ¡Ojo, vísteme despacio que estoy de prisa!

martes, 8 de mayo de 2012

PENSAMIENTO MARIANO 15

Pensamiento Mariano


María nos asegura que si somos devotos suyos, nos tendrá como hijos suyos, nos cubrirá con su manto, nos colmará de bendiciones en este mundo para obtenernos después el Paraíso. 



San Juan Bosco

JESÚS PARA EL HOMBRE DE HOY

Autor: P. José Luis Richard | Fuente: Catholic.net
Jesús para el hombre de hoy
¡Cristo está vivo! No lo dejemos en el sepulcro de nuestra vida.
 
Jesús para el hombre de hoy

La memoria del hombre no es infalible. Existe la famosa curva del olvido: después de aprender algo, poco a poco el tiempo lo oscurece y confunde y quizá hasta lo borra.

Algo así parece que ha pasado con la imagen de Cristo. Ha sufrido esa misma curva del olvido. Muchos hombres aún distinguen una imagen más o menos clara de Cristo aunque algo desfigurada. Otros la ven ya un poco borrosa. Algunos la han perdido. Hoy Cristo nos pregunta la opinión que de Él tiene el mundo como aquel día preguntó a sus discípulos en Cesarea de Filipo: ¿Quién dice la muchedumbre que soy yo?

También nosotros tendríamos que responderle: "los hombres dicen que eres Elías o uno de los antiguos profetas". Hablan de Cristo como si se tratara de un monumento histórico o de un personaje legendario. Para muchos hombres Cristo ha perdido su actualidad. No ejerce atractivo en el mundo. Su doctrina ha pasado de moda. No tiene nada que enseñar a los hombres tan avanzados de hoy.

Otros comparan a Cristo con Juan el Bautista. Lo creen demasiado sobrio y difícil, demasiado austero. Les parece demasiado exigente y su doctrina muy pesada para los hombres de hoy. O quizá ellos son demasiado cómodos y buscan llegar a la cima sin moverse ni sudar. Ciertamente reconocen la validez de su doctrina pero no se animan a hacerla propia.

Preferirían alcanzar a Cristo más fácilmente. Ser virtuosos, pero sin esfuerzo. Desearían que Cristo no hubiera hablado de cruz, que se hubiera limitado a contarles esas cosas tan bonitas del cielo, del banquete, de los lirios del campo...

En cambio, Pedro exclama, jubiloso, su experiencia de Cristo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

No sabe bien todavía cómo ha llegado a esa conclusión pero su corazón asiente a lo que acaba de decir. Al inicio él había seguido a Cristo atraído por su liderazgo, su personalidad. El rostro de Cristo irradiaba alegría y atractivo. Nadie como Él de íntegro: buscaban prenderlo pero no encontraban falta alguna en él. Ninguno tan recio y varonil y, al mismo tiempo, tan cariñoso con los niños y bondadoso con los enfermos y pecadores. Sabía apreciar mejor que nadie la belleza de una flor, del lago, del cielo...

Después Jesús había confirmado su fe incipiente con imponentes milagros, le había enseñado, orientado... incluso le había corregido varias veces. También le había puesto a prueba alguna vez, pero su amistad se había mantenido firme: "Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 68).

Y ahora que Jesús se enfrenta con la hostilidad y el rechazo y ha tenido que abandonar Jerusalén, él le vuelve a reiterar su fe y su adhesión. Pero en esta ocasión, sus palabras denotan ya mayor profundidad y emoción: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Tres experiencias de Cristo. Tres fotos. Pero válida sólo la que sacó Pedro. Los otros se la sacaron a un fantasma, no al Cristo auténtico.

Cristo está vivo. No luchamos por una figura histórica solamente. Como hace veinte siglos, Él es motivo de amor y de odio. Contra Él chocan las olas de la humanidad y en Él se dividen las vidas de los hombres.

OPCIONES


Opciones
Autor: Diego Vergara Garzon



Mi mamá me decía con frecuencia que yo iba salir adelante no por inteligente, sino por bruto.
Esta afirmación que entonces me ofendía, con el tiempo me ha llegado a parecer sabia y útil.

Ahora me doy cuenta de lo importante que es saber hacerse el bruto.

Por ejemplo:

- Si un pariente cercano me dice un "indirectazo" para ofenderme, me hago el bruto que no entiende y así no le doy el gusto de amargarme la vida.

- Si quiero aprender algo que me cuesta trabajo, me hago el bruto, no sucumbo a la impaciencia de los demás y sigo intentando hasta lograrlo.

- Si mi compañero de trabajo o mi superior permanecen irritados la mayor parte del tiempo, no pienso que es conmigo o por mí, sino que me hago el bruto y me digo: "Debe ser que le duele una muela" y de esa manera me hago inmune al contagio de ese dolor.

- Cuando dicen "no" a mi objetivo, me hago el bruto y entiendo "todavía no" y así me permito seguir buscando formas de conseguirlo.

- Si algo que intento cien veces no me resulta como quiero, no me tildo de bruto por no haberlo logrado, sino que pienso en lo bruto que sería si desistiera después de tanto esfuerzo.

- Cuando estoy hablando por teléfono con alguien de quien necesito un servicio o información y la persona sube el tono de voz más de lo necesario y vocaliza cada palabra exageradamente, tal como si dijera: "No sea bruto, ¿acaso no entiende lo que le estoy diciendo?" Decido entonces respirar profundamente, contestarle pausadamente y con calidez, dándole las gracias por su paciencia con mi falta de entendimiento...

Esto funciona como magia la mayoría de las veces para cambiar las mareas a mi favor.

LAS VIRTUDES DE MARIA


Las Virtudes de María
Amor de María al Prójimo


San Alfonso María de Ligorio


El amor a Dios y al prójimo se contienen en el mismo precepto. "Este mandato hemos recibido del Señor: que quien ame a Dios ame también a su hermano" (1Jn 4,21). La razón es, como dice santo Tomás, porque quien ama a Dios ama todas las cosas que son amadas por Dios. Santa Catalina de Siena le decía un día a Dios: Señor, tu quieres que yo ame al prójimo, y yo no sé amarte más que a ti. Y Dios al punto le respondió: El que me ama, ama todas las cosas amadas por mí. Mas como no hubo ni habrá quien haya amado a Dios como María, así no ha existido ni existirá quien ame al prójimo más que María. El P. Cornelio a Lápide, comentando el pasaje que dice: "Se ha hecho el rey Salomón un palanquín de madera en el Líbano" (Ct 3,9), dice que éste fue el seno de María, en el que habitando el Verbo encarnado llenó a la Madre de caridad para que ayudase a quien a ella acude.

María, viviendo en la tierra, estuvo tan llena de caridad que socorría las necesidades sin que se lo pidiesen, como hizo precisamente en las bodas de Caná cuando pidió al Hijo el milagro del vino exponiéndole la aflicción de aquella familia. "No tienen vino" (Jn 2,3). ¡Qué prisa se daba cuando se trataba de socorrer al prójimo! Cuando fue para cumplir oficios de caridad a casa de Isabel, "se dirigió a la montaña rápidamente" (Lc 1,39). No pudo demostrar de forma más grandiosa su caridad que ofreciendo a su Hijo por nuestra salvación. Así dice san Buenaventura: De tal manera amó María al mundo que le entregó a su Hijo unigénito. Le dice san Anselmo: ¡Oh bendita entre las mujeres que vences a los ángeles en pureza y superas a los santos en compasión! Y ahora que está en el cielo, dice san Buenaventura, este amor de María no nos falta de ninguna manera, sino que se ha acrecentado porque ahora ve mejor las miserias de los hombres. Por lo que escribe el santo: Muy grande fue la misericordia de María hacia los necesitados cuando estaba en el mundo, pero mucho mayor es ahora que reina en el cielo. Dijo el ángel a santa Brígida que no hay quien pida gracias y no las reciba por la caridad de la Virgen. ¡Pobres si María no rogara por nosotros! Dijo Jesús a esa santa: Si no intervinieran las preces de mi Madre, no habría esperanza de misericordia.

"Bienaventurado el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada" (Pr 8,34). Bienaventurado, dice María, el que escucha mis enseñanzas y observa mi caridad para usarla después con los otros por imitarme. Dice san Gregorio Nacianceno que no hay nada mejor para conquistar el afecto de María que el tener caridad con nuestro prójimo. Por lo cual, como exhorta Dios: "Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso" (Lc 4,36), así ahora pareciera que María dice a todos sus hijos: "Sed misericordiosos como vuestra Madre es misericordiosa". Y ciertamente que conforme a la caridad que tengamos con nuestro prójimo, Dios y María la tendrán con nosotros. "Dad y se os dará. Con la misma medida que midáis, se os medirá a vosotros" (Lc 6,36). Decía san Metodio: "Dale al pobre y recibe el paraíso". Porque, escribe el apóstol, la caridad con el prójimo nos hace felices en esta vida y en la otra: "La piedad es provechosa para todo, pues tiene la promesa de la vida para la presente y de la futura" (1Tm 4,8). San Juan Crisóstomo, comentando aquellas palabras: "Quien se compadece del pobre da prestado al Señor" (Pr 19,17), dice que quien socorre a los necesitados hace que Dios se le convierta en deudor: Si has prestado a Dios lo has convertido en tu deudor.

Madre de misericordia, tú que estás llena de caridad para con todos, no te olvides de mis miserias. Tú ya lo sabes. Encomiéndame al Dios que nada te niega. Obtenme la gracia de poderte imitar en el santo amor, tanto para con Dios como para con el prójimo. Amén.

MARÍA EN EL DESIGNIO DE SALVACIÓN



María en el designio de salvación
Padre Armando Bander O.P



En tiempos pasados se intentaba explicar la asociación de María a Cristo partiendo de María misma, es decir, del amor con que vivió siempre estrechamente unida a su Hijo en todos los pasos que éste dio para salvar al mundo, desde la Encarnación hasta la Resurrección-ascensión, sin interrumpir tampoco esa unión, antes bien consumándola, en la gloria celeste.


Pero, manteniendo la realidad de esta unión, la teología actual, de acuerdo con lo dicho hace un instante, considera el tema de la asociación de María a Cristo desde Dios mismo. No se trata sólo de que María, por iniciativa propia y a impulso de su inminente caridad, se haya unido al Hijo, sino de que un especial designio divino la unió indisolublemente con este Hijo: con su persona y con su obra. Por lo cual sí María no hace acto de presencia, es imposible comprender en su integridad el misterio de la persona y de la obra del Hijo.

Es decir, detrás de la llamada “cuestión mariana” está un problema cristológico, así como, análogamente, detrás de lo cristológico está lo teologal o la comprensión del misterio de Dios en sí. Y esto es precisamente, lo que da a María un puesto absolutamente singular. Detrás de María está Cristo y detrás de Cristo está el Padre. Esta conexión de los misterios hace que la mariología sea, en el fondo, una parte de la cristología, algo así como la cristología es una parte de la “teología” o del tratado de Dios en sí.

Jesús es Hijo del Padre eterno, pero también de la Madre terrena y realiza la redención precisamente a través de los misterios que se cumplen en la humanidad recibida de la Madre. La redención es obra del Hijo que el Padre envió en la plenitud de los tiempos, haciéndolo nacer de mujer para que, así, nos comunicase la gracia de la filiación adoptiva (Gal 4, 4-5).

Esta presencia de la mujer –de María- en el designio de salvación, no es solo una condición previa, sino un perenne punto de referencia de toda la obra de Cristo. Cristo actúa siempre como Hijo del Padre y como Hijo de la Madre, y esta “filialidad” es un elemento integrante de la redención la cual, por tanto, quedaría mutilada, si se prescindiese de la presencia de María.



Sin referencia a María, no se puede comprender el contenido del reino que Cristo vino a establecer, ni la redención que nos trajo para entrar en este reino…

Esta Madre no se introduce ella misma en el designio salvífico –esto supera las posibilidades de toda creatura- sino que es introducida por Dios; y esto precisamente da a su presencia el sumo valor, porque es Dios quien la coloca en todos sus caminos. Seria una contradicción buscar a Dios y luego no aceptar los caminos concretos e históricos que El mismo señaló para que los hombres puedan encontrarlo en plenitud.

La presencia de María se ordena siempre a algo superior a Ella; tiene la finalidad concreta de hacernos comprender el valor salvífico de todos los misterios de Cristo, empezando por la encarnación. Y esto es bien importante, porque muchas de las modernas cristologías reducen la obra de la redención casi únicamente a los acontecimientos que tuvieron lugar en la última semana de la vida de Jesús, añadiendo como mucho su misterio de predicador o de profeta. Supuesto que Jesús realiza la obra de la redención en cuanto Hijo, el hecho mismo de nacer de Mujer tiene una importancia decisiva en orden a comprender el contenido de la salvación que El trajo.

lunes, 7 de mayo de 2012

EL PENSAMIENTO DEL DÍA

Así como el clamor del océano se compone del ruido de cada una de las olas, así la santidad de vuestro apostolado se compone de las virtudes personales de cada uno de vosotros. 

Josemaría Escrivá de Balaguer

jueves, 3 de mayo de 2012

UN SECRETO...


 UN SECRETO...

 secreto indispensable para enriquecer nuestra existencia y mejorar nuestra calidad de vida, es el de desarrollar, cultivar y fortalecer nuestra vida interior.

Dedique cada día unos valiosos e importantes minutos para meditar relajadamente sobre lo que está haciendo con su vida, hágase preguntas y busque calmadamente las respuestas en su interior, hágalo en silencio y en paz. Poco a poco empezarán a surgir las respuestas.

Cultive hoy, de manera especial, su energía amorosa, sea amable, cordial, gentil, cariñoso, paciente y tolerante con las personas que le rodean; hoy, de manera especial, sea comprensivo con los demás, y ante todo hoy procure perdonar aquel detalle, aquella actitud, aquel evento que aún afecta su alma y perturba su paz interior. Perdone ya, de una vez, perdone y olvide.

Valore a todas las personas que conviven con usted como un preciado regalo del Cielo. Acepte sus desavenencias, pues cada uno tenemos nuestros sentimientos, nuestros particulares puntos de vista, y "métase en la piel del otro"; le será fácil si hay amor verdadero.
Esta actitud servirá además para crear un ambiente más positivo que, lógicamente, rebotará en usted.
"El que siembra, recoge..."; sea paciente en recoger sus frutos.


Autor desconocido

SUPERAR EL EGOISMO...


Superar el egoísmo

Vivir de forma egoísta es como vivir en un calabozo. Oímos sólo nuestra propia voz, hablamos sólo de nosotros mismos, sólo escuchamos los lamentos de nuestro propio dolor, únicamente captamos la gloria de nuestra propia victoria personal. Cualquier otro interés está mediatizado por el interés propio.

— No te pongas así. Es lógico que la gente mire un poco por su propio interés...

Pero se puede velar por el propio interés sin ser egoísta. El problema es que el egoísta vive en una permanente búsqueda de la propia satisfacción. Una búsqueda que acaba por ser angustiosa, porque el egoísta a cada paso se sorprende con que ha vuelto a perder el rastro y no consigue disfrutar un poco de tiempo con casi nada.

Son afanes oscuros y confusos que hacen desgraciadas a las personas. Por eso es tan importante que los padres logren que sus hijos descubran la satisfacción que la generosidad encierra, y reflexionen sobre el regusto de tristeza que a todos queda cuando nos comportamos de forma desconsiderada, implacable y egoísta con los demás.

— ¿Y a qué edad suelen tener más tendencia al egoísmo?

Cuanto más pequeño es el niño, tanto más vive bajo el poder de los sentidos, y es por eso mismo más fácil que ceda al egoísmo si no hay una educación adecuada. Una criatura de pocos años parece que todo lo ansía para sí, acumula los juguetes, quizá no repara en que a otros nada les llegue. Pasa por un etapa de acusado egocentrismo infantil en la que gusta considerarse el centro de todo, que se hable de él, llamar la atención...; como Currita Albornoz en aquella novela de Coloma: si asiste a una boda, quiere ser la novia; si a un bautizo, el recién nacido; si a un entierro, el muerto.

Por eso, desde muy temprano hay que ir sacando brillo a sus sentimientos de generosidad, para que ahoguen a esos otros de egoísmo. De lo contrario, podemos encontrarnos con un reverdecer del egoísmo en los años de la adolescencia.

Las manifestaciones son evidentes. Precisamente en esos tiempos en los que quizá siente más orgullo por su talento, su desarrollo físico o su agudeza intelectual. Y quizá resulta que a lo mejor:

*se hace amigos interesadamente para que le expliquen las matemáticas o le dejen copiar un trabajo de clase;

*se muestra indiferente ante un motivo de tristeza de otros;

*habla con orgullo a su compañero o compañera de clase, de posición menos acomodada, de los grandes viajes que hace en vacaciones, de la moto que le han regalado, o de los lujos de que él disfruta y que el otro no tiene;

*manifiesta un sorprendente sentido práctico con el que pasa por encima de todos los demás para lograr su propio interés; etc.

— ¿Y cuál crees que es la razón de todo eso?

Quizá arranca desde la niñez, con cosas insignificantes consentidas por quienes convivían con él, y nadie entonces le hizo considerar lo poco noble de esos detalles. A lo mejor escogía siempre el mejor sitio, la mejor fruta, o la tarea más cómoda, y nadie le decía nada, o se acostumbró a oír los reproches como quien oye llover.

Y se acostumbró a no ceder el sitio, a no reparar en las necesidades de los demás, a no sujetar la puerta hasta que pasara quien venía detrás. A lo mejor salían de excursión y pasaban entre unos matojos, y él iba soltando las ramas, que herían en la cara a los que marchaban detrás; sólo importaba una cosa: él ya había pasado.

Por el contrario... Por el contrario, el niño que comparte hoy sus juguetes o sus juegos –señala Bernabé Tierno–, o que se atreve a defender a un compañero maltratado, es el hombre del mañana en cuyo proyecto de vida tendrán lugar los demás.

Si quien está a tu lado tiene algún pesar, consuélale con unas palabras de las que brotan del corazón. Si se alegra, alégrate con él, porque es propio de los egoístas entristecerse de envidia ante la alegría ajena. Comparte, ayuda, agáchate a recoger el paquete que se le ha caído al suelo a ése que pasa a tu lado, trata a la gente con corrección, y especialmente a quienes tienen que servirte.

Cada uno debe examinarse sobre si hay en su vida planteamientos egoístas de fondo. Hablo de esos padres posesivos de sus hijos, y de esos hijos que dominan a sus padres. De esos matrimonios que son una pareja de vidas solitarias, y de ésos que son cadenas el uno para el otro.

Para toda persona, erradicar un poco cada día el egoísmo, será erradicar una fuente de tristeza.

Alfonso Aguiló

María, eres mi madre y mi maestra

Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
María, eres mi madre y mi maestra

Meditaciones mes de Mayo. Es María Santísima quien me abre la puerta del Corazón de Jesús, quien me enseña a amarlo. 
 
¡Oh, María, no sólo eres mi madre, sino también mi maestra, y quiero ser una obra maestra en tus manos! Alfarera divina, estoy ante ti como un cantarillo roto, pero con mi mismo barro puedes hacer otro a tu gusto. ¡Hazlo! Toma mi barro, el barro de mis dificultades, de mis problemas, de mis defectos, de mis pecados. Toma ese barro, ese barro que se ha deshecho tantas veces por obra de Satanás, del mundo, de las tentaciones, de la carne, y construye otro cantarillo nuevo, mejor que el del principio. Quiero ser santo en tu escuela, María; quiero ser un gran sacerdote en tu escuela, quiero ser un gran apóstol en tu escuela, María de Nazaret.

Quiero, en la escuela de María de Nazaret, aprender el arte de vivir. Maestra, sobre todo, del amor a Jesús. Si en algo ella ha sido maestra, ha sido en el amor. Por eso, si es el amor el que nos va a salvar, el único que nos va a salvar, nos importa ir a esa escuela donde hay una maestra sublime, excelsa, en el arte, precisamente, de amar. Ninguna criatura ha amado tanto, y tan bien como María, a Dios. Ninguna criatura ha amado y ama a los hombres como Ella, porque es su Madre. Por tanto, Ella es la persona que mejor nos puede enseñar a nosotros a amar.

Se es fiel, sólo por amor. Se es auténticamente feliz, sólo en el amor. Se es idéntico, sólo amando. Si esto es verdad, la gran fuerza, la única fuerza, capaz de arrancarnos de nuestro egoísmo y lanzarnos hacia Dios y hacia nuestros hermanos, es el amor. Pues bien, María de Nazaret tiene una escuela de amor. Es una maestra insigne, y a nosotros, sus hijos predilectos, nadie mejor que Ella nos puede enseñar el amor.

María, se ha dicho, es el camino más corto y más hermoso para llegar a Jesús. El camino más fácil para conocer al Hijo es el corazón de su Madre. Yo tendré un santo orgullo en decir que fue María Santísima quien me abrió la puerta del Corazón de Jesús. Quien me enseñó a amarlo.

Decía San Pablo, también, "¿Quién me arrancará del amor a Cristo?" Yo quiero decir lo mismo, pero añadir también estas palabras: “¿Quién me arrancará del amor a mi Madre?.” Un santo decía:” "Creo en mi nada unida a Cristo". Yo también quiero decirlo: “Creo en mi nada unida a Cristo.” Pero también quiero decir: "creo en mi nada unida a María Santísima".

¡No quites el crucifijo!


¡No quites el crucifijo!

Una escena imaginada. El funcionario llega, entre aburrido y molesto, a cumplir órdenes.

Entra en un aula. Sube encima de una silla. Retira el crucifijo. Lo mete en un saco de correos. Luego, al aula siguiente, a repetir la misma maniobra.

En una de las clases hay una niña de 10 años. Se pone en la puerta y mira a los ojos al funcionario, con aire entre suplicante y retador.

“Señor, no lo haga, se lo suplico”.

“¿Por qué, mocosa?”

“Porque es mi Amigo, porque es mi esperanza, porque Jesús murió en una cruz por usted y por mí. ¡No quites el crucifijo!”.

“Tengo que cumplir órdenes. Venga, apártate y ve a jugar con los demás niños”.

La niña queda a un lado. El funcionario entra, sube a la silla, toma el crucifijo y lo mete en la bolsa.

Siente que unos ojos le observan, le taladran. Por unos momentos, ha recordado que él, de niño, aprendió a rezar con las manos juntas ante una cruz que tenía junto a la cama.

Casi empieza a sentir vergüenza de su gesto. Pero se repone y baja de la silla.

Camina hacia la puerta. La niña sigue allí. Sus ojos están rojos. Las lágrimas han dejado manchadas las mejillas.

El funcionario nota que un escalofrío baja por su espalda. Se acerca a la niña. Con un pañuelo de papel, le seca las lágrimas.

“Mira, hija, en la vida todos tenemos que cumplir órdenes. A mí me ha tocado este trabajo. A ti te toca estudiar. Además, ¿verdad que para vosotros esa cruz ya no decía nada? ¿No tienes entre tus amigos niños musulmanes o de otras religiones? Es que el mundo cambia...”

La niña murmura, con voz entrecortada, lo que tiene en su corazón: “Jesús me ama, le ama a usted, ama a los musulmanes, ama a los ateos. Es bueno, tan bueno que muere en la cruz. ¿No podría volver a poner el crucifijo en la pared, por favor? ¿No nota lo triste y vacía que queda la clase sin tener la cruz?”

Los gritos aumentan por el pasillo. Pronto el pequeño ejército de niños ocupará los asientos de la clase. Casi todos notarán un nuevo y extraño vacío en la pared que está junto a la pizarra.

Una niña estará en clase entre lágrimas, mientras un funcionario lleva hacia el coche, con un respeto al que hacía tiempo no estaba acostumbrado, un saco lleno de cruces.

Esas cruces esconden una larga historia. Porque durante años y años, en España y en tantos rincones del planeta, millones de niños podían mirar en el aula hacia una cruz. Recordaban así que hubo un Hombre muy bueno que murió por los pecadores. Se llamaba Jesús, el Hijo del Padre y el Hijo de María.


Autor: P. Fernando Pascual
Fuente: Catholic.net

lunes, 30 de abril de 2012

A LA SOMBRA DE TU IDEAL...


A la sombra de tu ideal


        Un día Diógenes, el cínico , fue al mercado y puso un puesto, y encima, un letrero que decía :
        " AQUÍ SE VENDE SABIDURÍA ".
        Un Griego que leyó el letrero se echó a reír y dándole a su criado tres sestercios de sabiduría( sesenta centavos ), le dijo :
        - Anda y dile a Diógenes que te venda tres sestercios de sabiduría,
        Diógenes tomó el dinero y dijo al criado:
        -Di a tu amo, que en todo lo que haga mire si no contradice a su ideal.

        Agradó tanto la sentencia al amo, que la hizo esculpir en la puerta de su casa...
        Yo te la he escrito estas líneas. Si la quieres no necesitas dinero.
        Tómala y grábala en tu espíritu, y sea entonces tu vida, un eco de tu ideal.
        Cuida que tus acciones no sean un a contradicción con tu manera de pensar.
        Pon a la sombra de tu ideal toda la variada actividad de tu vida.
        Esto es ser consciente con tus principios.
        Esta es la verdadera sabiduría práctica.
        Esto es vivir en el mundo de las conquistas espirituales y no en los campos fantásticos de las quimeras.
        Sólo así llegarás a la altura de los triunfos. No lo olvides, sólo así...
        Si sabes ser consecuente con tu ideal

EL AMOR Y LOS DETALLES...

El amor y los detalles
Autor:  Padre Justo López Melús


        El amor se manifiesta sobre todo en los pequeños detalles. Y es que cuando hay amor hay detalles, y cuando no hay detalles es que no hay amor. Un corazón sensible no admite extravagancias ni faltas de respeto. Un caballero, por ejemplo, no permite que se burlen de su madre, y no tiene reparos humanos en mostrarle cariño.

        Cuenta el cardenal Suenens que en una ocasión acompañaba al rey Balduino por una carretera secundaria. Conducía el rey, él era el único pasajero. De repente dio un brusco frenazo. Al pasar cerca de un pueblo vio una imagen de la Virgen sobre un pedestal, pero alguien había tenido el mal gusto de profanarla poniéndole en la cabeza un casco militar. El rey se bajó del coche, quitó el casco y lo tiró a una zanja. Luego cogió el volante y arrancó sin comentarios, como la cosa más natural del mundo.

HABLAN...


Hablan
Autora: Zenaida Bacardí de Argamasilla



Hablan de repetir... pero poniendo sus bienes a salvo.

Hablan de fraternidad humana... pero cerrando su puerta a los males ajenos.

Hablan de amor... pero sin luchar por él, ni saber vivirlo.

Hablan de fe... y lo que tienen es miedo.

Hablan de fuerza... y por dentro son debilidad.

Hablan de despreciar el dinero... pero en el fondo le rinden pleitesía.

Hablan de justicia... pero inclinando de su lado la balanza.
    
Hablan de amistad... pero con el aguijón en la flor más conveniente.

Hablan de oración... pero rogando el remedio para sus problemas y sus males.

Hablan de Dios... pero siempre tras el muro  que los saque de su luz.

Hablan de despreciar el mundo... pero metidos en el foco de su notoriedad.

Hablan de la vida... pero creyendo que todo  lo merecen.

Hablan de éxito ajeno... pero siempre colocado debajo del suyo.

Hablan de apostolado... pero escabullan al momento de comprometerse.

Hablan de ayudar... pero sin dar consuelo, ni ser parte activa en la dificultad.

Hablan de siembra... pero transitan sin semilla, caminan sin huella.

Hablan de cambio... pero con materia,  ganancia y poder.

Hablan de perdón... pero nunca cicatrizan.

Hablan de ideales... pero nunca suben.
 
Hablan de promesas... pero nunca cumplen.

Hablan, pero a la hora de actuar, de sentir,  y de entregarse, están mudos, están ocultos, ¡están muertos!

DESDE EL NO HACIA EL SÍ...

Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
Desde el no hacia el sí
Necesito romper con esas negativas que me aprisionan a lo fácil, a lo cómodo, al egoísmo, que me encadenan al respeto humano y al miedo.

Desde el no hacia el sí

Dije no porque quería evitarme problemas y mantener la tranquilidad que hasta ahora me envolvía.

Dije no porque prefería salir de paseo en vez de ponerme en serio ayudar a quien lo necesitaba.

Dije no porque temía un fracaso, para no quedar nuevamente en ridículo ante esa persona conocida por sus críticas envenenadas.

Dije no porque la pereza fue más fuerte en mi jornada que el cariño que debería ofrecer a un familiar o un amigo.

Dije no incluso a Dios, porque la tentación se me hizo muy fácil y porque pensé que la gracia no me ayudaría.

Pero necesito romper con esas negativas que me aprisionan a lo fácil, a lo cómodo, al egoísmo, al pecado; que me encadenan al respeto humano, al miedo, al recuerdo de tantos fracasos del pasado.

Necesito, sobre todo, abrirme al horizonte del amor, de la fe, de la esperanza. Porque con Cristo hasta un criminal puede empezar a ser santo, un borracho puede superar su dependencia casi enfermiza, un cobarde puede revestirse de valor, un soberbio puede agachar la cabeza como un manso cordero ante el Hijo del Hombre que supo morir mansamente en el Calvario.

Hoy tengo entre mis manos unas horas en las que decido mi destino. Si me abro a Dios, si me dejo guiar por su gracia, si confío, seré capaz de dar un sí, y otro, y otro, para ayudar, para perdonar, para acompañar, para cuidar, para servir, para amar.

Aprenderé, entonces, a vivir como el Señor, que supo siempre dar un sí lleno de Amor al Padre y a los hombres. "Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús (...) no fue sí y no; en él no hubo más que sí" (2Co 1,19).


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