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martes, 1 de septiembre de 2020

INICIAMOS EL MES DE SEPTIEMBRE, MES DE LA BIBLIA


Septiembre, Mes de la Biblia
La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios


Por: catholic.net | Fuente: Catholic.net




Durante todo el mes de Septiembre, la Iglesia celebra el mes de la Biblia. La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios.

Propuestas para escuchar la Palabra

- La lectura diaria de los textos bíblicos litúrgicos es una excelente ayuda para profundizar en la Palabra de Dios. De esta manera nos unimos a toda la Iglesia que ora al Padre meditando los mismos textos. También nos acostumbramos a una lectura continuada de la Biblia, donde los textos están relacionados y lo que leemos hoy se continua con lo de mañana. La lectura diaria de los textos (para lo cual Liturgia Cotidiana es una excelente herramienta) constituye una "puerta segura" para escuchar a Dios que nos habla en la Biblia.

- ¿Has leído alguna vez un evangelio entero "de corrido"? Es muy interesante descubrir la trama de la vida de Jesús escrita por cada evangelista. Muchos detalles y relaciones entre los textos que cada evangelista utiliza quedan al descubierto cuando uno hace una lectura continuada. Este mes es propicio para ofrecerle a Dios este esfuerzo. Te recomendamos la lectura del evangelio de Marcos. No es muy largo, en unas horas se puede leer. Al ser el primero de los sinópticos, los otros (Mateo y Lucas) lo siguen en el esquema general. Por lo tanto es una muy buena "puerta de entrada" al mensaje de Jesús.

- Otra posibilidad para poner en práctica este mes (y tal vez iniciar un hábito necesario y constructivo) es la oración con los salmos. Los mismos recogen la oración del pueblo de dios a lo largo de casi mil años de caminata del pueblo de Israel. Nos acercan la voz del pueblo que ora con fe, y la palabra de Dios, que nos señala esta manera de orar para acercarnos y escuchar sus enseñanzas. En los salmos podemos encontrar una inmensa fuente de inspiración para la oración. Hay salmos que nos hablan de la alegría, de las dificultades y conflictos, de la esperanza, del abatimiento, del dolor, de la liberación y la justicia, de la creación, de la misma Palabra de Dios (salmo 118, el más largo de todos). Aprender a rezar con los Salmos es una "puerta siempre abierta" para el encuentro con el Dios de la Vida.

- La lectura orante de la Palabra, realizada en comunidad, nos pone en sintonía con la voluntad de Dios. Es un ejercicio clave para el crecimiento en la fe. La fuerza de la comunidad nos alienta para encontrar en los textos la fuerza del Espíritu. Todos aprendemos juntos y nos enriquecemos con el aporte de cada uno. Existen muchos métodos de lectura orante. Simplificando al máximo podemos decir que los siguientes cuatro pasos son los más comunes:

Lectura
Meditación
Oración
Compromiso

La lectura orante siempre desemboca en un desafío para vivir. La Palabra de Dios nos desafía a seguir los pasos de Jesús y cambiar nuestra vida.

La lectura orante, practicada en comunidad, es una "puerta-espejo" que nos interpela y nos ayuda a discernir cómo vivir y practicar su Palabra en nuestros días.

¿Por qué celebramos en Septiembre el Mes de la Biblia?

Porque en un día 26 de Septiembre de 1569, se termina de imprimir totalmente la Biblia en español llamada “Biblia del Oso”. Fue traducida por Casiodoro de Reina. En esa oportunidad salieron 260 ejemplares en Basilea, Suiza. De ese acontecimiento hace ya 434 años. La tapa esta Biblia tiene un oso comiendo miel desde un panal, por esa razón se le llama “Biblia del oso”.

De la la Encíclica Fides et ratio
Capítulo V. N´55 (parcial)

"Tampoco faltan rebrotes peligrosos de fideísmo, que no acepta la importancia del conocimiento racional y de la reflexión filosófica para la inteligencia de la fe y, más aún, para la posibilidad misma de creer en Dios. Una expresión de esta tendencia fideísta difundida hoy es el « biblicismo », que tiende a hacer de la lectura de la Sagrada Escritura o de su exégesis el único punto de referencia para la verdad. Sucede así que se identifica la palabra de Dios solamente con la Sagrada Escritura, vaciando así de sentido la doctrina de la Iglesia confirmada expresamente por el Concilio Ecuménico Vaticano II.

La Constitución Dei Verbum, después de recordar que la palabra de Dios está presente tanto en los textos sagrados como en la Tradición, afirma claramente: « La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica ». La Sagrada Escritura, por tanto, no es solamente punto de referencia para la Iglesia. En efecto, la « suprema norma de su fe » proviene de la unidad que el Espíritu ha puesto entre la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad tal que los tres no pueden subsistir de forma independiente.

No hay que infravalorar, además, el peligro de la aplicación de una sola metodología para llegar a la verdad de la Sagrada Escritura, olvidando la necesidad de una exégesis más amplia que permita comprender, junto con toda la Iglesia, el sentido pleno de los textos. Cuantos se dedican al estudio de las Sagradas Escrituras deben tener siempre presente que las diversas metodologías hermenéuticas se apoyan en una determinada concepción filosófica. Por ello, es preciso analizarla con discernimiento antes de aplicarla a los textos sagrados."

Juan Pablo II
Fides et ratio
14 de Setiembre de 1998

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NOTA de Xavier Villalta

Casi nadie sabe que las dos primeras ediciones, de Casiodoro de Reina (1569), llamada la Biblia del Oso, y de Cipriano de Valera (1602), llamada la Biblia del Cántaro, contenían todos los textos propios de la Biblia Vulgata latina de Jerónimo de Estridón, que es el texto oficial de la Biblia para toda la iglesia católica romana.
Y luego indicando que en la actualidad existen versiones más adecuadas para la lectura católica como la Biblia de Jerusalén o la Biblia de Navarra.
La Biblia políglota complutense fue publicada en 1520, los textos estaban escritos en griego, latín y hebreo, por lo que no cuenta como la primera Biblia impresa en idioma Castellano, la primera Biblia impresa completamente en nuestro idioma fue la de Casiodoro de Reina, pero como dije antes, esta Biblia contenía TODOS los textos de la Biblia Vulgata.

domingo, 29 de septiembre de 2019

LA BIBLIA


La Biblia




La Biblia te ofrece la palabra sagrada, escrita por autores inspirados por Dios. Sabía él muy bien en medio de qué tinieblas viviríamos sus hijos en los siglos venideros, y por amor a nosotros asistió con sus dones a los escritores del libro santo, para que consignaran todo y solo lo que él les inspiraba. Son cartas de amor de Dios para ti. Debes leerlas pues con fe y amor.

En una de sus cartas, San Jerónimo, el máximo doctor de la Sagrada Escritura, cuenta que era muy aficionado a leer autores profanos; le encantaban los libros de Cicerón, Virgilio y Plauto. Pero un buen día recibió una gracia singular: mientras dormía se vio transportado al tribunal de Dios, que le preguntó con gran severidad quién era. "Soy cristiano", respondió Jerónimo. Mientes —le replicó el soberano Juez—. Tú eres ciceroniano, porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Y dio orden que lo azotaran. "Comprendí muy bien, al despertar —continúa el santo—, que aquello había sido más que un sueño, pues aún llevaba marcados en mis espaldas los golpes del látigo que había recibido. Desde entonces comencé a leer la Biblia con más entusiasmo que el que había puesto en la lectura de los autores profanos”.

Al leer la Palabra de Dios, no lo hagas como si leyeras un libro más. Empieza con la invocación del Espíritu Santo para que su don de sabiduría disponga tu mente a recibir el mensaje que Dios ha preparado especialmente para ti ese día. La presencia de Dios en su Palabra es una realidad que hay que captar en la fe. Que el Espíritu te guíe e ilumine.



* Enviado por el P. Natalio

martes, 17 de septiembre de 2019

LOS CATÓLICOS Y LA BIBLIA


Los católicos y la Biblia
Cuando es realmente importante decidir entre dos interpretaciones, los católicos contamos con el Magisterio de la Iglesia


Por: Pato Acevedo | Fuente: Infocatolica.com




Una de las querellas clásicas del protestantismo es que, mientras pudo hacerlo, el clero católico ocultó la Biblia a los fieles cristianos porque, se dice, si la hubieran leído por sí mismos se habrían dado cuenta que las doctrinas de la Iglesia contradecían la Palabra de Dios. Se supone que con esto controlaba a las masas y acumulaba más poder. Así, se afirma que la Iglesia habría impuesto penas de excomunión y prisión a quien tradujera la Biblia, que solo se permitían versiones en griego y latín para que la masa de los creyentes permaneciese ajena a los textos bíblicos, y que Lutero habría arriesgado su libertad al traducir el Nuevo Testamento al alemán.

Lo que subyace a este tipo de afirmaciones infundadas, pues no se puede hablar de argumentos, es una forma de pensar notablemente anacrónica. Se superponen dos datos correctos pero que provienen de dos épocas diferentes, por ejemplo que en esa época la Biblia circulaba escrita en latín y que hoy en día muy poca gente conoce esa lengua, para llegar a conclusiones groseramente erradas e injustas.

Revisemos algunos de estos errores:

Griego y latín no eran lenguajes desconocidos para “la masa de los creyentes”, como en la actualidad. El griego era el idioma de las élites culturales de la antigüedad desde tiempos de Alejandro Magno; y el latín, el de la administración del imperio que controlaba el mediterráneo. Ambos servían de lengua internacional, como el inglés hoy en día.
Cuando la Iglesia tradujo La Biblia al latín, contribuyó de forma importante a su difusión. Hasta ese momento, la Biblia se conservaba en parte en hebreo, una lengua que hasta los judíos habían abandonado, y en griego. Gracias a la edición el latín, lengua común para los pueblos de la antigüedad, el universo de lectores aumentó explosivamente.
En el siglo IV, el Papa Dámaso I encargo a San Jerónimo [1], traducir los textos originales al latín de uso común o vulgar, precisamente para contar con una nueva traducción que pudieran entender los fieles. De ahí que esta “versión oficial” se conociera como vulgata editio, es decir, edición para el pueblo o edición divulgada.
Durante la Edad Media, la masa de los creyentes no sabían leer, así que poco habrían ganado con una traducción de la Biblia. Por su parte, los que sabían leer, aprendían usando textos en griego y latín, así que tampoco necesitaban más para conocer las Escrituras.
En esos años, cuando ni siquiera los reyes sabían leer, fueron los monjes católicos quienes copiaron los libros sagrados, una y otra vez, a mano, en una labor incansable. En 1450, cuando Johannes Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles, uno de los primeros libros en ser impreso fue una Biblia católica
Es falso que hubiera castigos canónicos por traducir la Biblia. Si hubo algunas ediciones prohibidas por la autoridad civil, fue por temor de que contuvieran un texto gravemente manipulado. Eso era percibido como un peligro por toda la comunidad, tal como hoy en día se sanciona la falsificación de dinero [2].
En respaldo a esta leyenda negra, se suele mencionar el Concilio de Toulouse, que en 1229 efectivamente ordenó que se prohibiera a los fieles mantener en su poder copias en idioma común de secciones de las Escrituras. Sin embargo,esa nunca fue una resolución general de la Iglesia, ni se pensó que se aplicara a todos los fieles. Fue la decisión de un grupo de obispos, hoy en día hablaríamos de un sínodo local o conferencia episcopal, para enfrentar el grave conflicto político religioso que esa región de Francia estaba atravesando. Estas mentiras se suelen sazonar además con afirmaciones claramente absurdas, como que este concilio de 1229 puso a la Biblia en el índice de libros prohibidos, peros es índice no existió sino hasta muchos siglos más tarde.

Igualmente transparente es la mentira de que Lutero fuera excomulgado por traducir la Biblia, o que arriesgara pena de muerte por hacerlo. Para descartar lo primero, basta notar que el Papa León X emitió la bula de excomunión, Decet Romanum Pontificem, en enero de 1521; y que Lutero público su traducción del Nuevo Testamento en 1522, y la del Antiguo Testamento, en colaboración, en 1534, es decir 13 años después. El texto de la bula, disponible en la red, en nada se refiere a una traducción de la Biblia, y no podría hacerlo, pues todavía no existía.

Respecto a lo segundo, que alguna vez se estableciera la pena de muerte por traducir la Biblia, es una de esas acusaciones que se repiten al pasar en medio de muchas otras, pero sin nunca entregar una referencia concreta. A lo largo de la historia, la Iglesia ha producido una cantidad enorme de documentos, de todo tipo, pastoral, jurídicos, doctrinarios y místicos, y de existir un canon o decreto en ese sentido, lo esperable sería que se pudiera demostrara con facilidad. No es así, sin embargo, pero se difunden sin fundamento estas mentiras.


¿Solo el Papa puede interpretar la Biblia?

Al hablar del supuesto temor que tendría la Iglesia a que los fieles leyeran y conocieran las escrituras, se dice que incluso en la actualidad a los católicos se les prohíbe interpretar la Biblia, y que solamente el Papa y los obispos podrían hacerlo. En este sentido, se cita el Catecismo de la Iglesia Católica, donde señala que “El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, al Papa y a los obispos en comunión con él” [3]. Con esto, se concluye que, según Roma, solo el Papa y los obispos tendrían la habilidad de interpretar la Palabra de Dios.

Uno podría entender la confusión que provocan las palabras del Catecismo, porque su verdadero sentido radica en una sutileza, incluso podríamos hablar de un tecnicismo. La clave para entender lo que se nos quiere aquí, radica en distinguir entre la interpretación que podamos hacer cada uno de nosotros, y el llamado “oficio de interpretar auténticamente”.

Es claro que cualquiera de nosotros puede tomar la Biblia, leerla, reflexionar sobre lo que lee y, con la ayuda del Espíritu Santo, comprender lo que nos dice y de qué forma se aplica en nuestra vida. Eso hacían los israelitas primero, y luego los cristianos, y ha dado lugar a incontables obras de fieles y santos cristianos, que no eran obispos ni Papas, pero que tenían una estrecha familiaridad y conocimiento de la Palabra de Dios escrita, que han escudriñado y profundizado en sus sentido. De esta capacidad también dependen los numerosos libros de teología que se publican cada año, las investigaciones teológicas y las carreras de muchos académicos.

Cualquiera de nosotros puede tomar la Biblia e interpretarla, como decíamos, pero ¿qué ocurre si los cristianos comprenden un mismo texto de forma diferente? Por sí solos, ninguno de ellos puede decir que el otro está errado y que su opinión es más verdadera, y casi siempre se admite que ambas interpretaciones son posibilidades que admite un mismo texto. Con esto se reconoce que la Biblia, por haber sido inspirada por Dios, puede tener varios sentidos para resultar relevante para personas de diferentes lugares y épocas.


Sin embargo, hay veces en que no es posible decir eso, en que una interpretación es incompatible con otras, en un asunto de gran importancia. La historia es testigo de numerosas disputas entre cristianos, por motivos de diferencias en cuestiones de doctrina, donde ambas facciones decían sostener su opinión en el sentido claro de la Biblia ¿Qué hacer en ese caso? Una posibilidad sería dividir la Iglesia, y que cada cristiano decidiera cuál interpretación es la correcta, pero a lo largo del tiempo eso terminaría por reducir la cristiandad a un conjunto de grupitos en constante debate. Otra opción sería declarar que a fin de cuentas el asunto no era tan importante, pero incluso esa declaración tendría que hacerla un tercero imparcial a ambas interpretaciones.

La Iglesia plantea una tercera alternativa: el oficio de interpretar auténticamente, que ejerce el Magisterio a través del Papa y de los obispo en comunión con él. Esto significa que, donde hay interpretaciones incompatibles sobre un asunto de importancia, el Magisterio puede decirnos cuál es la opción correcta, en razón de que Jesús confió a esta Iglesia la Palabra de Dios, que se expresan en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura [4]. Por eso, porque es una función que implica interpretar con la autoridad recibida del Maestro, se habla del “oficio de interpretar auténticamente”, que solo tienen el Papa y los obispos en comunión con él, y que no tenemos el resto de los católicos.

En resumen, no es que los católicos no podamos leer o interpretar la Biblia, de hecho lo hacemos diariamente, incluso dando lugar a opiniones que se alejan de una lectura tradicional, lo que puede ser legítimo hasta cierto punto. Aquí el Catecismo está hablando de algo diferente y es que, “cuando la sangre llega al río”, cuando es realmente importante decidir entre dos interpretaciones, los católicos tenemos una herramienta para determinar cuál es la verdadera: el Magisterio del Papa y los obispos, y su oficio de interpretar auténticamente [5].

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NOTAS:
[1] San Jerónimo de Estridón (340-420) es uno de los padres de la Iglesia, y el mayor experto de su tiempo en griego, latín y hebreo.

[2] Sin ir más lejos, el propio Martín Lutero al traducir la Biblia al alemán se arrogó la potestad de agregar la palabra “solo” a Rm 3,28 (“Porque nosotros estimamos que le hombre es justificado [solo] por la fe, sin las obras de la Ley”) pues correspondía mejor a su doctrina. También decía que la Epístola de Santiago debía ser quitada de la Biblia, por enseñar que las obras eran importantes para la salvación.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 100.

[4] Cf. Constitución Dogmática Dei Verbum, Concilio Vaticano II, 1965.

[5] En las disciplinas jurídicas se ha conservado esta forma de hablar. El diccionario de la Real Academia Española todavía define “interpretación auténtica” como “la que de una ley hace el mismo legislador”.

martes, 3 de septiembre de 2019

POR QUÉ SEPTIEMBRE ES EL MES DEDICADO A LA SANTA BIBLIA?


¿Por qué septiembre es el mes dedicado a la Santa Biblia?
En este mes, la Iglesia Católica llama a la población a reavivar su compromiso con la Palabra de Dios.


Por: n/a | Fuente: PildorasdeFe.net 




Durante todo el mes de septiembre, la Iglesia celebra el mes de la Santa Biblia y presta especial atención a la Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras.

La primera exhortación apostólica del Papa Francisco: "La alegría del Evangelio" contiene material valioso para celebrar encuentro de oración alrededor de la Palabra de Dios.

¿Por qué celebramos la Biblia en septiembre?
Para nosotros, los Cristianos Católicos, septiembre es el mes de la Biblia porque el día 30 de septiembre es el día de San Jerónimo, el hombre que dedicó su vida al estudio y a la traducción de la Biblia al latín.

San Jerónico nació en Dalmacia, cerca del año 340 y murió en Belén el 30 de septiembre de 420. San Jerónimo tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín.

La traducción al latín de la Bibliahecha por San Jerónimo, llamada la Vulgata (de vulgata editio, "edición para el pueblo"), ha sido hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.

En este mes, la Iglesia Católica llama a la población a reavivar su compromiso con la Palabra de Dios.

La Nueva Evangelización nos exige este conocimiento de la Palabra para afrontar los nuevos desafíos. En una realidad que cambia constantemente y es necesario sembrar en ella la semilla del Evangelio, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una interpretación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del hombre y de la mujer de hoy

La intención, es que, durante este mes, en todas las comunidades cristianas o grupos familiares, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios

La palabra de Dios se configura como alimento espiritual para la vida de todo Cristiano. Los mensajes, parábolas y vivencias contenidas en la Biblia nos permiten entender y comprender la gran obra de salvación de Jesucristo.

¿Qué dijo el Papa Francisco sobre la Biblia?
"Nosotros los cristianos tenemos que tener un único objetivo en nuestra vida de fe y es poner la Biblia en el centro de nuestra vida cristiana para que ella sea una brújula, pero también para que ella sea como la primavera de nuestra vida espiritual, para que ella sea la que nos indique el camino a seguir, pero sobre todo porque como decía San Jerónimo: quien desconoce la escritura desconoce la persona de Jesús".


¿Qué dice el Catecismo?
La Biblia es alimento de la vida espiritual, y todos los cristianos deben tener un fácil acceso a la Sagrada Escritura (Cat. 131). Es el alma de la teología, la predicación y la catequesis (Cat. 132)

La Iglesia recomienda la lectura “asidua” (frecuente, cotidiana) de la Sagrada Escritura. Desconocerla, es desconocer a Jesús. En cambio, quienes la disfrutan, adquieren la mente de Cristo (Cat. 133. Comp. 24)

Esperemos que el Espíritu Santo haga que algunos de estos elementos nos toquen la mente y el corazón, y nos ayuden a acercarnos al libro más leído en la historia de la humanidad, en el cual el Padre Celestial sale a dialogar con sus hijos (Cat. 103), y del que se conservan los manuscritos más cercanos al original. Y a través de él conocer, amar y seguir a Jesús, que es lo propio del cristiano.

San Juan Pablo II, nos dejó además unas palabras hermosas sobre esta celebración de la Biblia en Septiembre:

"Los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a impulsar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos con mayor énfasis, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia."

Métodos para leer la Biblia y sacarle el mejor provecho
Lectio Divina

Es una celebración de la Palabra que se remonta a tiempos antiquísimos y su método se atribuye al monje Orígenes. Se puede celebrar en comunidad, en familia o de modo individual.

La Lectio Divina o lectura orante de la Biblia consiste en el estudio de la Palabra en un dialogo íntimo con Dios.

Lectura del texto Bíblico

Relectura, búsqueda de términos complicados y reconstrucción imaginaria de los hechos tal y como son descritos letra a letra.

Meditación

Consiste en el análisis del mensaje de Salvación que el texto ofrece y la enseñanza para la vida que contiene.

Oración

Es la respuesta que das a Dios después de haber escuchado su Palabra, el ofrecimiento de tu vida y la solicitud de su misericordia siempre en sintonía con el mensaje leído

Contemplación

Es la cuestión de interiorizar el mensaje, es preguntarse que quiere Dios de mi con este mensaje de Salvación, ¿a qué voy a comprometerme?.

Si la Lectio Divina se hace en casa, se recomienda estar libre de distracciones y crear un clima de santidad; realizarlo frente a un crucifijo, con una vela encendida y comenzando con un acto penitencial y la invocación al Espíritu Santo.

Recomendaciones para leer la Biblia

Orar al Espíritu Santo para recibir su luz y entendimiento.
Leer con humildad, no pretendiendo tenerlo ya todo entendido.
Interpretar según la Iglesia. La humildad exige que se pregunte y estudie.
Leer la Biblia con frecuencia para beber mas de la fuente.
Leer con el fin de amar y obedecer mas a Dios y amar mas al prójimo
No buscar en la Biblia ciencia natural sino un mensaje espiritual.
Pregunta en tu parroquia que actividades se desarrollarán durante este mes e intégrate a las celebraciones, retiros espirituales, sesiones de estudio, etc. que te ofrezcan, no desperdicies nada de la riqueza que puedes llegar a poseer en el estudio de la Biblia en el seno de la Iglesia que la escribió.

Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual.
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