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domingo, 14 de junio de 2026

LOS 10 MOMENTOS MÁS IMPACTANTES DEL VIAJE DEL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA


 

Los 10 momentos más impactantes del viaje del Papa León XIV a España

Crédito: Vatican News.

Francesca Pollio Fenton



Desde plazas abarrotadas y emotivos encuentros con los fieles, hasta enérgicos llamados a la paz, la unidad y la evangelización: la reciente visita del Papa León XIV a España no dejó indiferente a nadie y estuvo repleta de momentos memorables. El Santo Padre visitó Madrid, Barcelona, Canarias y Tenerife, del 6 al 12 de junio.


A lo largo de su viaje, el Papa conectó con los católicos de todo el país, al tiempo que destacó el rico patrimonio espiritual de España y alentó a los creyentes a renovar su fe en un mundo cada vez más secularizado.


A continuación, repasamos 10 de los momentos más impactantes de la visita del Papa León a España:


1. Más de un millón de católicos se unen al Papa León en la procesión del Corpus Christi en Madrid

Uno de los momentos más impresionantes tuvo lugar durante la procesión eucarística en la solemnidad del Corpus Christi, cuando 1.5 millones de personas se congregaron en la célebre Plaza de Cibeles de Madrid para participar en la celebración de la misa, la procesión y la bendición eucarística del Papa.

En Madrid, el Papa León afirmó que el Corpus Christi es "más que una celebración más en el calendario litúrgico... Es una forma de volver al corazón de la fe para renovar nuestro amor y fidelidad a Dios".


2. El Papa León se reúne con víctimas de abusos

En el tercer día de su viaje apostólico a España, el Papa León se reunió con seis víctimas de abusos cometidos "por miembros del clero y de la Iglesia" en el país.


Las víctimas, según informó el Vaticano, estuvieron "acompañadas por personal de la Iglesia dedicado al apoyo y acompañamiento de las víctimas".


Durante la reunión, que duró una hora, las víctimas compartieron sus "dolorosas experiencias personales" con el Santo Padre, y cada una de ellas le presentó "propuestas para hacer más eficaz la respuesta de la Iglesia ante estos casos tan trágicos".


Poco antes de reunirse con las víctimas, el Santo Padre instó a los obispos españoles a responder a la "lacra" de los abusos en la Iglesia "con escucha, verdad, justicia, reparación y un compromiso cada vez más decidido con la prevención y la cultura del cuidado".


"Cada persona herida debe poder encontrar una escucha sincera, acogida, protección y caminos reales hacia la sanación", señaló el Santo Padre.


El Papa León XIV se convirtió en el primer Pontífice de la historia en intervenir ante el Parlamento español al dirigir un discurso a los legisladores, el lunes 8 de junio, en el tercer día de su viaje apostólico.

Aunque es el tercer Papa que visita España —después de San Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI—, ninguno de los predecesores de León había hablado ante el órgano legislativo que representa al pueblo español.

El Papa recibió casi siete minutos de aplausos al final de su discurso, en el cual instó a los parlamentarios a proteger la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.


4. El Papa honra a Nuestra Señora de la Almudena con la Rosa de Oro

Una de las mayores devociones entre los católicos españoles es la de Nuestra Señora de la Almudena, patrona de Madrid.


Según la tradición, cuando las fuerzas moras invadieron la región en el año 712 d.C., los ciudadanos de Madrid escondieron en secreto su querida estatua de la Virgen María dentro de los gruesos muros de piedra de la fortaleza de la ciudad, dejando dos velas encendidas a su lado. 


En 1085, tras la reconquista de Madrid por el rey Alfonso VI, los cristianos buscaron la imagen. Mientras procesionaban alrededor de las murallas de la ciudad, un tramo de la pared se derrumbó milagrosamente, revelando la estatua perfectamente conservada con las velas aún encendidas después de siglos.


El 8 de junio, esa devoción inquebrantable recibió uno de los más altos reconocimientos de la Iglesia cuando el Papa León XIV otorgó una Rosa de Oro a la histórica estatua.


"Como símbolo del amor filial del Papa a la Virgen María, colocaré una Rosa de Oro a sus pies", expresó León durante una ceremonia en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid.


Esta distinción papal —uno de los máximos honores que un pontífice puede conceder a una imagen o santuario mariano— reconoce la profunda devoción que generaciones de católicos españoles han profesado a la Santísima Virgen bajo la advocación de la Almudena.


Se desconoce el origen exacto de la entrega de la Rosa de Oro, aunque se considera una de las tradiciones papales más antiguas. El registro histórico más fiable se remonta a 1096, cuando el Papa Urbano II envió una a Fulco IV de Anjou.


5. El Papa León encomienda su pontificado a Nuestra Señora de Montserrat

Durante su estancia en Montserrat, el Santo Padre visitó la Abadía de Montserrat, enclavada entre imponentes formaciones rocosas que se asemejan a figuras esculpidas de animales u objetos.


A los pies de Montserrat, tras rezar el Rosario, el Papa elevó su oración: "Pidámosle que nos ayude a revestirnos únicamente con la armadura de Dios".


Y añadió: "Consideremos también cómo la Virgen sostiene el globo terráqueo en su mano derecha, signo de su cuidado maternal, pues el mundo entero encuentra un lugar en su corazón. Ella nos invita a reconocernos como hermanos y hermanas, de modo que nadie quede excluido y la comunión sea más fuerte que cualquier división".


La imagen de María que se venera actualmente es una talla románica de madera del siglo XII, de algo más de 90 centímetros de altura, que representa a la Santísima Virgen María con el Niño Jesús. A excepción de los rostros y las manos, la estatua está cubierta de oro, mientras que la tez oscura de la Virgen le ha valido el popular sobrenombre de "La Moreneta".


"Me alegra venir a los pies de La Moreneta para encomendarle, con plena confianza en su intercesión materna, mi ministerio petrino y la misión de la Iglesia en un mundo que clama por la justicia y la paz", afirmó el Papa.


6. El Papa León reza con el Rosario de un joven... y luego se lo devuelve

Durante su estancia en Barcelona, se volvió viral un encuentro entre el Papa y un joven llamado Sergi.


Durante la visita del pontífice al Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, Sergi le entregó su Rosario a León. El Papa se lo guardó en el bolsillo antes de utilizarlo minutos más tarde para rezar durante el acto.


"Yo solo quería que me lo bendijera, eso era todo, pero me preguntó: '¿Es para mí?'. Y no le iba a decir que no, así que claro, le dije que sí y se lo quedó", relató el joven a EWTN News.


Pero la historia no terminó ahí. De forma inesperada, tras el evento, Sergi consiguió recuperar su preciado sacramental, con el que el Papa acababa de rezar.


7. El Papa León visita la tumba del venerable Antoni Gaudí

Antes de celebrar la Misa en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, el Papa León se tomó un tiempo para visitar la cripta, rezar ante el Santísimo Sacramento y encender una vela ante la tumba del Venerable Antoni Gaudí, quien diseñó la emblemática basílica hace más de un siglo.


Gaudí, conocido como el "arquitecto de Dios", falleció en 1926 y está enterrado en la cripta de la basílica. Era conocido por su intensa fe personal y su devoción a la construcción de la Sagrada Familia.


El Vaticano anunció el 14 de abril de 2025 que el Papa Francisco había reconocido formalmente las "virtudes heroicas" de Gaudí, un paso clave en el proceso de canonización. Ahora se requieren dos milagros atribuidos a la intercesión de Gaudí para su santificación.


8. El Papa León celebra la misa en la emblemática Basílica de la Sagrada Familia

Uno de los hitos históricos de la visita del Papa León a España fue la oportunidad de hacer realidad el sueño de Antoni Gaudí: la inauguración y bendición de la Torre de Jesucristo, coincidiendo exactamente con el centenario de la muerte del gran arquitecto.


La espectacular aguja central está coronada por una cruz blanca que convierte a la basílica en la más alta del mundo, y estará abierta a los visitantes a partir de 2028.


Tras la Misa, León XIV salió al exterior para bendecir e inaugurar la Torre de Jesucristo —antes de un impresionante espectáculo de luces y música sacra—, un acto en el que el Papa, más que limitarse a sellar una obra terminada, trazó un rumbo para los cristianos.


"La Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones terrenales, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina por esta tierra de Cataluña, con la cruz iluminando el camino como una lámpara encendida a la espera del regreso del Esposo", afirmó.


"Toda la ciudad de Barcelona y toda Cataluña se congregan en este templo —que es en sí mismo un signo de unidad y concordia para toda España— y elevan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo", añadió el Papa.


9. El Papa León bendice una cruz hecha con madera de pateras de migrantes

En el Puerto de Arguineguín, en Gran Canaria —un lugar que se convirtió en símbolo de la crisis migratoria en las Islas Canarias—, el Papa León ofreció un poderoso testimonio de la dignidad de cada persona humana. 


De pie en un muelle marcado por el sufrimiento y la pérdida de quienes llegaron tras peligrosas travesías por el Atlántico, rezó por los migrantes, denunció la trata de personas y llamó al mundo a un profundo examen de conciencia.


La visita concluyó junto a la imagen de Nuestra Señora del Carmen, patrona de los marineros, donde el Santo Padre bendijo una cruz conmemorativa fabricada con la madera de los barcos de los migrantes, erigida en honor a quienes perdieron la vida en el mar. 


Al encomendar a los migrantes y a todos los que emprenden viajes peligrosos al cuidado materno de la Virgen, transformó un lugar que antes evocaba la tragedia en un signo de esperanza y memoria.


10. El Papa León envía un contundente mensaje a los traficantes de personas

Durante el último día de su viaje papal, León alzó la voz con una fuerza inusual.

En Tenerife, se pronunció en contra de los traficantes de personas: tanto de aquellos que cobran sumas astronómicas para permitir que los migrantes crucen el océano, como de quienes los esclavizan sin piedad.


"Por cada vida perdida, por cada familia engañada, por cada cuerpo sometido, por cada mujer amenazada, por cada trabajador explotado, tendrán que comparecer ante la justicia divina", sentenció el Papa.


"Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen en cautiverio", añadió. "Devuelvan lo robado y reparen el daño en la medida de lo posible", dijo.


León declaró con firmeza: "Deténganse. Arrepiéntanse".


Para aquellos que lucran con el sufrimiento ajeno, el Santo Padre dejó abierta la puerta del regreso a Dios.


"Arrepiéntanse mientras todavía haya tiempo", exhortó, "porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero solo se entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión".


Publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES 2026




 Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de los Pobres 2026

 Crédito: Vatican Media.

14 de junio de 2026




“El Señor es el refugio del pobre”, tomado del Salmo 14,6, es el título elegido por el Papa León XIV para su mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 15 de noviembre de 2026. En el documento, publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede este domingo 14 de junio, el Santo Padre denuncia una “injusticia social que brota de la corrupción arrogante”, advierte que el “ambiente digital” aumenta la indiferencia hacia los pobres y llama a los cristianos a convertirse ellos mismos en refugio para quienes más sufren.


El Señor es el refugio del pobre (cf. Sal 14,6)

1. El Señor es el refugio del pobre (cf. Sal 14,6). Las palabras del Salmista sugieren el camino que estamos llamados a recorrer con vistas a la X Jornada Mundial de los Pobres. Una vez más es necesario volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia. La expresión del salmo se convierte en criterio de juicio para la existencia cristiana porque revela el rostro de Dios y reconoce la pobreza humana. En efecto, en un momento histórico dramático, como fue la destrucción del templo de Jerusalén, el pueblo se sintió privado de la presencia de Dios y experimentó una miseria material y moral sin precedentes.


Esta Palabra se le presenta a cada generación en toda su actualidad. Desde el principio muestra la contradicción en la que a menudo se cae todavía hoy. La primera constatación es esta: «Dice el necio para sí: “No hay Dios”. Se han corrompido cometiendo execraciones, no hay quien obre bien» (Sal 14,1). Esto pone de relieve el contraste entre quienes se comportan con sabiduría y quienes, en cambio, arrastran su vida como si no hubiera nada por encima de ellos. Se observa, lamentablemente, cuán difundida está también en nuestros días una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria. La pérdida del sentido de la trascendencia en la vida cotidiana ya no es tanto una negación teórica de la existencia de Dios; más bien se manifiesta en la falta de consideración de su bondad y misericordia para la construcción de la justicia personal y social.


Los primeros en sufrir sus consecuencias son los pobres, que no por casualidad aumentan en muchas sociedades. La ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento. Así se exhibe una lógica desacralizadora de prevaricación y de descarte que margina y humilla. En esta condición se encuentran no sólo personas individuales, sino pueblos enteros. Las palabras del salmo resuenan todavía llenas de verdad: «Devoran a mi pueblo como pan» (Sal 14,4).



2. El grito de justicia de los pobres hoy es acallado mediante múltiples técnicas, cada vez más sutiles, hasta dejar sin voz todo esfuerzo suyo por hacer oír sus peticiones. El ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas. Al pobre no le queda más que gritar hacia Dios (cf. Sal 34,7) y hacer llegar a Él su lamento, con la certeza de ser escuchado porque Dios es fiel y rico en misericordia. 


Quienes están oprimidos, humillados e indefensos crecen también hoy en la certeza de tener que abandonarse a Dios, cargados de confianza y de espera. En este abandono total, vuelve a florecer el sentido de la propia dignidad, se reconocen hermanas y hermanos con quienes organizar sus sueños, y la esperanza se convierte silenciosamente en realidad. Refugiarse en Dios equivale a encontrar la protección verdadera y segura, aquella que los poderosos no pueden garantizar y prefieren negar.


El pobre, sin embargo, sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial. Más semejante a Cristo que todos, reconoce a Dios como su propio refugio incluso cuando las circunstancias parecen desmentirlo, y está colmado de esperanza por su justicia, que no tarda en manifestarse. En la noche del abandono y de la soledad, el pobre “habita al amparo del Altísimo” (cf. Sal 91,1). Quienes están afligidos, quienes sufren injusticia y son ofendidos, quienes padecen sufrimiento y dolor, quienes están solos y privados del sentido de la vida pueden encontrar consuelo y nueva motivación junto al Señor.


3. Ser refugio no es sólo una promesa, sino que se convierte en realidad en la persona de Jesucristo. Dios pone su morada entre nosotros con la encarnación del Hijo, que hace concreto y visible el refugio esperado. Jesucristo es realmente el refugio de Dios para los pobres. Por su obediencia al Padre, desciende hasta el punto más bajo, donde se encuentran los últimos. Sale al encuentro de todos y a cada uno ofrece refugio seguro: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré» (Mt 11,28). En Jesús, Dios no sólo protege, sino que comparte la pobreza humana hasta la cruz.


Los pobres de nuestros días son los olvidados y los marginados: despojados de una palabra y de un rostro, además del pan. Que ellos puedan encontrar al Hijo de Dios, que se hace prójimo de todos sin descuidar a nadie. Que lo encuentren, ante todo, en quienes se dicen cristianos. En la Iglesia, su Cuerpo, es Jesús quien ofrece pan y amistad; trae luz y un horizonte de esperanza; pronuncia el nombre de cada uno y devuelve a todos la dignidad. Jesús de Nazaret es el don de Dios para los pobres. En Él todas las promesas se hacen realidad. Para quienes carecen de una casa, de un trabajo, de educación, de alimento, de salud, se abre un nuevo camino: el compartir como expresión del Reino de Dios (cf. Mt 5,3). A la obsesión de quienes acumulan riquezas sólo para sí se opone la obstinación de Dios que, en el testimonio de personas de carne y hueso, abre el corazón y acoge en su amor.


4. En Cristo estamos llamados, por tanto, también nosotros a hacernos pobres y a convertirnos en refugio para el pobre. La comunidad cristiana no puede permanecer insensible ante tantos que hoy están a la puerta y siguen siendo invisibles para quienes permanecen encerrados entre sus propios muros. La Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres. No olvidemos el comentario de san Agustín a la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro: «Calló el nombre del rico e indicó el del mendigo. Dios calló el nombre tan pregonado del primero; sin embargo, dio a conocer el del segundo […] ¿Qué elegirías: ser pobre como el uno o ser como el rico? No te dejes engañar: escucha cuál fue el final de ambos y advierte cuál es la elección equivocada» (Sermón 33A, 4).


Como recordé en la Exhortación apostólica Dilexi te, «Dios muestra predilección hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación del Señor y, por eso, aun en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado. Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado» (n. 21).


Surgen inevitablemente algunas preguntas, que en esta X Jornada Mundial de los Pobres tenemos la urgencia de hacer resonar en nuestra mente y en nuestro corazón. ¿Somos signo de un Dios que es refugio para los pobres? ¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta? ¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura divina? ¿Nuestra caridad reactiva y sostiene en ellos el deseo de justicia y de rescate? Estas y muchas otras preguntas obligan a un serio examen de conciencia, para verificar cuánto estamos todavía llamados a llegar a ser en favor de los pobres y de su liberación. Entonces veremos que los pobres se convierten ellos mismos en refugio para otros. La experiencia de la pobreza vuelve particularmente sensibles a una solidaridad renovada ante los desafíos.


El amor de Cristo nos hace, en efecto, partícipes de la vida de amor de Dios. En este sentido, los cristianos están llamados no sólo a buscar refugio en Dios, sino también a hacerse, en Él, refugio para los demás, sin «distinguir entre el que asiste y el que es asistido, entre el que parece dar y el que parece recibir, entre el que se presenta pobre y el que siente la necesidad de ofrecer tiempo, capacidades y ayuda. Somos la Iglesia del Señor, una Iglesia de pobres, todos preciosos, todos partícipes, cada uno portador de una Palabra única de Dios. Cada uno es un don para los demás» (Homilía, 17 agosto 2025).


5. El octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís nos impulsa a recordar cómo, llegado a Roma como peregrino a la tumba del apóstol Pedro, fue conmovido por la compasión hacia los mendigos. Para comprender y experimentar su sufrimiento, se quitó sus propias vestiduras y las cambió por los vestidos andrajosos de uno de ellos, sentándose a pedir limosna y pasando todo el día entre los pobres con alegría de espíritu (cf. Fuentes Franciscanas, 1405-1406). Queremos testimoniar que es posible, también hoy, experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos. Quien tiene a Dios por refugio es libre de tomar decisiones proféticas, que testimonian cómo todo puede ser repensado desde abajo, en la humildad y en la fraternidad que, sólo ellas, reparan un mundo herido por la prepotencia.


Confío en que esta X Jornada Mundial de los Pobres pueda constituir una etapa significativa para redescubrir el rostro de tantos hermanos y hermanas que buscan refugio en Dios y desean sentirse en casa en nuestras comunidades. Mantengamos viva la obediencia a la Palabra de Dios, que suscita la conversión del corazón. Que la Virgen María, que en la carne crucificada del Hijo contempló el amor de Dios que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías (cf. Lc 1,53), interceda por nosotros.


Vaticano, 13 de junio de 2026, memoria de san Antonio de Padua.


LEÓN PP. XIV

FELIZ DOMINGO!!!!








 

sábado, 13 de junio de 2026

HOY CELEBRAMOS A SAN ANTONIO DE PADUA, 13 DE JUNIO



 


Texto del Evangelio (Lc 10,1-9): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde Él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’».




«Decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’»

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)



Hoy, día de san Antonio, vemos en el Evangelio cómo Jesús envía a 72 discípulos a predicar, de una manera simple y evangélica. En primer lugar, esta predicación ha de ser pacífica y pacificadora: «Paz a esta casa» (Lc 10,5). Y, en segundo lugar, el tema de la prédica ha de ser el anuncio del Reino: «El Reino de Dios está cerca de vosotros» (Lc 10,9). Ésta es la manera como Jesús predicaba con su palabra, con sus parábolas y con toda su vida.


Antonio fue un gran predicador y anunció el Reino de esta forma evangélica; y lo hacía desde un conocimiento profundo, meditado y vivido del Evangelio. San Francisco le escribió una carta dándole el encargo de enseñar la teología a los frailes jóvenes, instruyéndoles también sobre cómo había de ser su predicación cuando iban por el mundo. Les decía: «La predicación se ha de hacer con las palabras que da el Espíritu Santo y no sacarlas de la propia cosecha. La palabra es viva cuando hablan las obras. Menos palabras, os lo suplico, y que hablen las obras».


El papa Francisco daba unos consejos parecidos a unos sacerdotes noveles, el día de su ordenación, y les recomendaba esto: «Leed y meditad asiduamente la palabra de Dios, para creer lo que habéis leído, para enseñar lo que habéis aprendido, ¡y para vivir lo que habéis enseñado». ¡No se puede decir más en tan pocas palabras!


Nosotros, los cristianos, somos enviados por Jesús, como lo fueron esos 72 discípulos, con la misión de predicar la paz y anunciar el Reino: hagámoslo, como nos dice san Antonio, con un buen bagaje del Evangelio, con palabras del Espíritu Santo, y sobre todo con las obras. Y tal como nos dice el Papa: leamos y meditemos el Evangelio y enseñemos viviendo lo que hemos meditado y leído. Y no olvidemos que el Evangelio que meditamos, predicamos y vivimos con las obras, es la misma persona de Jesús.

EL EVANGELIO DE HOY SÁBADO 13 DE JUNIO DE 2026-INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



 El Corazón Inmaculado de María

Sábado 13 de junio de 2026



1ª Lectura (Is 61,9-11): La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.



Salmo responsorial: 1Sam 2

R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.

Mi corazón se regocija por el señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.


Se rompen los arcos de tus valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía.


El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.


Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria.

Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 2,19): Aleluya. Bienaventurada la Virgen María, que conservaba la palabra de Dios considerándola en su corazón. Aleluya.

Texto del Evangelio (Lc 2,41-51): Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.


Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.




«Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón»

Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells

(Salt, Girona, España)


Hoy celebramos la memoria del Corazón Inmaculado de María. Un corazón sin mancha, lleno de Dios, abierto totalmente a obedecerle y escucharle. El corazón, en el lenguaje de la Biblia, se refiere a lo más profundo de la persona, de donde emanan todos sus pensamientos, palabras y obras. ¿Qué emana del corazón de María? Fe, obediencia, ternura, disponibilidad, espíritu de servicio, fortaleza, humildad, sencillez, agradecimiento, y toda una estela inacabable de virtudes.


¿Por qué? La respuesta la encontramos en las palabras de Jesús: «Donde está tu tesoro allí estará tu corazón» (Mt 6,21). El tesoro de María es su Hijo, y en Él tiene puesto todo su corazón; los pensamientos, palabras y obras de María tienen como origen y como fin contemplar y agradar al Señor.


El Evangelio de hoy nos da una buena muestra de ello. Después de narrarnos la escena del niño Jesús perdido y hallado en el templo, nos dice que «su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2,51). San Gregorio de Nisa comenta: «Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado». ¿Qué guarda María en su corazón? Desde la Encarnación hasta la Ascensión de Jesús al cielo, pasando por las horas amargas del Calvario, son tantos y tantos recuerdos meditados y profundizados: la alegría de la visita del ángel Gabriel manifestándole el designio de Dios para Ella, el primer beso y el primer abrazo a Jesús recién nacido, los primeros pasos de su Hijo en la tierra, ver cómo iba creciendo en sabiduría y en gracia, su “complicidad” en las bodas de Caná, las enseñanzas de Jesús en su predicación, el dolor salvador de la Cruz, la esperanza en el triunfo de la Resurrección...


Pidámosle a Dios tener el gozo de amarle cada día de un modo más perfecto, con todo el corazón, como buenos hijos de la Virgen.

IMÁGENES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA














 

IMÁGENES DE LAS PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE



 

domingo, 7 de junio de 2026

12 PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESUS A SUS DEVOTOS





 Promesas del Sagrado Corazón de Jesús a sus devotos



1. A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado.


2. Daré paz a sus familias.


3. Las consolaré en todas sus aflicciones.


4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida y principalmente en la hora de la muerte.


5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.


6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.


7. Las almas tibias se harán fervorosas.


8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.


9. Bendeciré las casas y sitios en que esté expuesta y sea honrada la imagen de mi Sagrado Corazón.


10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más endurecidos.


11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón, y jamás será borrado de Él.


12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

EL PAN VIVO DEL CIELO-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 7 DE JUNIO DE 2026



 El pan vivo del cielo


La linda fiesta que celebramos hoy es una prueba del amor de Jesús para nosotros. Jesús entiende nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestro miedo de quedarnos solos. Antes de su pasión y muerte, se reunió con sus discípulos para dejarles un tesoro, un regalo que les iba a servir como fuerza por toda su vida. Es el tesoro de la Eucaristía, de su Cuerpo y Sangre que hasta hoy es la fuente de nuestra fe.

 

Todos nosotros necesitamos comida buena para resistir las enfermedades. La comida que compartimos en familia y entre amigos sirve no solamente para fortificar el cuerpo, sino para animar el alma y el corazón. Una cena entre familia y amigos es un símbolo de alegría y de compartir. La persona que nos invita a su mesa nos invita también a su corazón.

 

Parece que Jesús entendió bien todo eso. En dejarnos la Eucaristía, la Santa Comunión, Él nos invita a su mesa, y a su corazón. Nos invita como familia, no como individuos. Reunimos en la misa como comunidad de fe y de esperanza. Es un tiempo de compartir. Venimos con nuestras ilusiones y nuestras penas. No tenemos que estar fuertes y perfectos. Solo tenemos que reunir con confianza y con humildad. Venimos no porque somos dignos. Venimos porque Jesús mismo nos busca y quiere que estemos en la mesa.  

 

Hoy la Iglesia nos invita a celebrar este gran misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo. No tenemos que entender ni cómo ni porqué. Solo tenemos que agradecer este regalo generoso de un Dios de bondad. En algunas Iglesias, tendrán procesiones por las calles. En otras, quedaran en adoración durante una Hora Santa. Es nuestra manera de demostrar nuestra gratitud por la presencia Eucarística de Jesús.  

 

Pero lo que es más importante es acercarnos al sacramento, recibiendo el Cuerpo y Sangre de Jesús. La Comunión es el cariño de Jesús hecho visible. La Comunión es la caricia que Jesús nos extiende. La Comunión es la consolación que Dios nos ofrece. La Comunión es la fuerza que Dios nos da para seguir adelante. La Comunión es el desafío que recibimos para convertirnos en una presencia de amor para los demás.

 

Cuando Jesús caminaba entre la gente, sus palabras tuvieron el poder de cambiar el corazón del pecador; de curar al enfermo; y de animar a los débiles. Ahora, tenemos el sacramento de su Cuerpo y Sangre para cambiarnos en su misma presencia. Acerquémonos con confianza. Es la caricia de Dios para nosotros.


Hna. Kathleen Maire OSF

IMÁGENES DEL PAPA LEÓN XIV A LOS JÓVENES DE ESPAÑA 2026


 





HOMILÍA DEL PAPA LEÓN XIV EN LA MISA POR LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI 2026 EN ESPAÑA



 Homilía del Papa León XIV en la Misa por la Solemnidad del Corpus Christi en España

7 de junio de 2026



En el segundo día de su viaje apostólico a España, el Papa León XIV presidió una Misa por la Solemnidad de Corpus Christi en la plaza de Cibeles. Tras la comunión, se dio paso a una procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Madrid.


Aquí presentamos el texto completo de la homilía:

Estamos reunidos en torno a la Eucaristía, el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte.


Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios.


Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos.


No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros.


Así, si en la Celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la Solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad.


No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo.


Por eso, la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro. En esta perspectiva debe comprenderse la invitación a “recordar” que hemos escuchado en la primera lectura:


«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto»; acuérdate de cómo, cuando tenías hambre, te alimentó con el maná. Se trata de “recordar” precisamente para no olvidar quién es el Señor, para no caer en la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia.


Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.


Hermanos y hermanas, deseo recordar aquí a San Manuel González, el “Obispo de los Sagrarios Abandonados”. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día.


Quisiera recordar también los versos poéticos de San Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe).


En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular (cf. ibíd.).


Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría.


Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos.


Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 7 DE JUNIO DE 2026-SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI



 Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (A)

Domingo 7 de junio de 2026




1ª Lectura (Dt 8,2-3.14b-16a): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».



Salmo responsorial: 147

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.


Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.


Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

2ª Lectura (1Cor 10,16-17): El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Versículo antes del Evangelio (Jn 6,51): Aleluya. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Texto del Evangelio (Jn 6,51-58): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».


Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».




«Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida»

P. Esteban SALAZAR González

(Puerto Vallarta, México)



Hoy, la celebración del Corpus Christi nos da la oportunidad, por una parte, de valorar y agradecer el gran regalo que se nos ofrece en el Sacramento de la Eucaristía. En ella se realiza la promesa del Señor: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Presencia sacramental que se inicia en la Última Cena, cuando Jesús “parte y reparte” su Cuerpo y su Sangre, regalo que habría de continuarse gracias a que también en esa misma Cena les comparte el poder de seguir haciéndolo presente: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).


San Juan, en su Evangelio, nos dice que cada uno de los signos que Jesús realizaba era con la finalidad de despertar y fortalecer la fe en Él (cf. Jn 20,31). San Pablo, por su parte, subraya la gran importancia de la Resurrección: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1Co 15,17). Pero esa fe tiene que ser alimentada, y la mejor manera de lograrlo es comiendo el Cuerpo mismo del Señor: «Mi carne es verdadera comida» (Jn 6,55). Por ello, esta festividad nos recuerda también la responsabilidad que tenemos, no sólo de estar bien preparados para recibirlo, sino también de “comerlo de verdad”.


En efecto, su Cuerpo nos dará vida en la medida en que lo asimilemos. Así como sucede con cualquier alimento que le demos a nuestro cuerpo —para que nos sea de utilidad— tiene que ser asimilado, así también el Cuerpo del Señor será fuente de fortaleza y vida tanto cuanto le permitamos ser parte de nosotros mismos. Por eso, según León XIV, «la participación en la liturgia no termina en el templo, sino que transforma la vida cotidiana».


Dicho de otra manera, nuestra Comunión con el Señor, la Sagrada Eucaristía, el Corpus Christi será realmente eficaz en nosotros tanto como nuestra vida sea verdadero signo para que los demás crean. El mismo Señor nos lo sugirió con estas palabras: «Que vuestra luz brille delante de los hombres, para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16).

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