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domingo, 16 de febrero de 2025

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DEL MES DE MARZO, MES DE SAN JOSÉ



Una reflexión para cada día del mes de marzo, mes de San José

La Iglesia dedica el mes de marzo a San José. A continuación, podrán leer una reflexión para cada día de dicho mes.



Día 1º- Padre de Jesús. Escogido por el Eterno Padre, con amor previsor, para ser un padre para Jesús, tú, oh san José, has sido uno de los principales interlocutores en el plan de la salvación, según las promesas de Dios a su pueblo.

Ayúdame, san José, a leer hoy, el proyecto de Dios sobre mi vida, conforme a su plan de salvación.


Día 2º- Hombre de los proyectos divinos. Durante tu vida, tú, san José, no te has preocupado por hacer cosas grandes, sino por cumplir bien la voluntad de Dios, inclusive en las cosas más sencillas y humildes, con mucho empeño y amor.

Enséñame, san José, la prontitud en buscar y realizar la voluntad de Dios.


Día 3º- Esposo de la Madre de Dios. Después de la perturbación inicial, oh san José, tu ‘sí’ a la voluntad de Dios fue claro y preciso, aceptando a María como tu esposa. Fue por tu ‘sí’ que Jesús formó parte, a pleno derecho, de la estirpe de David ante la ley y ante la sociedad.

Te confiamos, oh san José, a todos los padres, para que, siguiendo tu ejemplo, acepten en los hijos el don inestimable de la vida humana.


Día 4º- Hombre del silencio. Junto a Jesús y a María, san José, fuiste hombre del silencio. Tu casa fue un templo. ¡Un templo donde lo primero fue el amor!

Enséñame, oh san José, a dominar mi locuacidad y a cultivar el espíritu de recogimiento.


Día 5º- Hombre de fe. Aún más que Abraham, a ti, san José, te tocó creer en lo que es humanamente impensable: la maternidad de una virgen, la encarnación del Hijo de Dios.

Fortalece, oh san José, a quien se desanima y abre los corazones para confiar en la Providencia de Dios.


Día 6º- Hombre de la esperanza. Oh San José, tú has vivido en una actitud de serena esperanza ante la persona de Jesús, de quien, durante tu vida, jamás pudiste vislumbrar algo que revelara su divinidad.

Aumenta, san José, mi capacidad de esperanza, alimentando el aceite para mis lámparas de espera.


Día 7º- Hombre del amor a Dios. Oh san José, tú diste pruebas de entrega plena y total a tus seres queridos, Jesús y María, y con ello dabas gloria a Dios.

Enséñame, oh san José, a amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas, y al prójimo como a mí mismo.


Día 8º- Hombre de la acogida. Oh san José, tu trabajo te llevaba a relacionarte a menudo con la gente, y en ello diste pruebas de atenta cortesía y de calurosa acogida.

Oh san José, ¡que yo sepa descubrir aquellos gestos que me hacen imagen viva de la disponibilidad con que Dios nos recibe tal como somos!


Día 9º- Hombre del discernimiento. No te fue tan fácil, oh san José, discernir entre las circunstancias de la vida lo que Dios quería de ti para tu misión y tu familia.

Ayúdame, oh san José, a intuir entre los acontecimientos del día el paso de Dios por mi vida.


Día 10º- Hombre de la docilidad. ¡Qué hermosa fue tu docilidad, oh querido santo, en actitud de constante atención a la Sagrada Escritura y a la voluntad de Dios!

    Aleja de mí, oh san José, la presunción, el apego tonto a mis opiniones, la obstinación de seguir sólo mis ideas.


Día 11º- Hombre de la entrega. Tú, oh san José, no perdías tiempo en cosas vanas e inútiles y no obrabas con disgusto o mala gana.

Ayúdame, oh san José, a no ser flojo en mis responsabilidades, sino a dedicarme a mis quehaceres con la máxima entrega.


Día 12º- Hombre de la sencillez. Ser persona sencilla como tú, oh san José, no es sólo una dimensión del carácter, sino una virtud adquirida con el esfuerzo diario de hacerse disponible a los demás.

Ayúdame, oh san José, a no ser persona complicada, retorcida, e inaccesible, sino amable, sencilla y transparente.


Día 13º- Hombre de la confianza. Tu seguridad, oh san José, se cimentaba en la atención y adhesión constante a la voluntad de Dios, tal como iba manifestándose día tras día.

Haz, oh san José, que yo tenga la seguridad de quien confía en Dios, sabiendo que en cualquier situación, aunque adversa, estoy en sus manos.


Día 14º- Hombre de la paz. Tú, oh san José, como padre has educado a Jesús adolescente hacia aquellos valores que luego Él predicó, proclamando felices a “los que trabajan por la paz”.

Oh san José, ayúdame a promover la paz en mi propia familia y en el ambiente donde vivo y trabajo.


Día 15º- Ejemplo de humildad. ¡Cómo te sentías pequeño a tus ojos, oh san José! ¡Cómo amabas tu pequeñez! Siempre en la sombra, mantuviste tu vida bien escondida para responder al proyecto de Dios.

Ayúdame, oh san José, a huir de la vanagloria. Haz que encuentre gusto en la humildad y en relativizar mis intereses personales.


Día 16º- Ejemplo de fortaleza. Sin duda, oh san José, tu fortaleza, como jefe de familia, fue fundamental en los momentos cruciales que los Evangelios nos dejan entrever. Pero seguramente se consolidó luego en el trabajo de cada día.

Ayúdame, oh san José, a no desfallecer frente a las tentaciones, fatigas y sufrimientos.


Día 17º- Ejemplo de obediencia. Fue admirable tu obediencia en lo poco que los Evangelios nos revelan. Obedecer, casi a ciegas, a lo que las circunstancias iban indicándote como querer de Dios.

Aleja de mí, oh san José, todas las excusas que mi egoísmo y flojera me presionan para no cumplir la voluntad de Dios.


Día 18º- Ejemplo de justicia. El evangelio te definió hombre justo, querido san José. Lo cual para nosotros ahora significa ser persona que actúa para con Dios y los hombres con rectitud y honestidad.

Alcánzame, oh san José, la ayuda para mantener actitudes sanas en mis relaciones con Dios y los hombres.


Día 19º- Ejemplo de prudencia. Tu prudencia, querido santo, se manifestó en la correcta valoración de las circunstancias para tomar en tu vida aquellas decisiones que mejor favorecían a tu propia familia.

Haz, oh san José, que yo no tome decisiones importantes sin antes valorar bien a quienes realmente puedan afectar.


Día 20º- Ejemplo de pobreza. La vida pobre y escondida en Nazaret, a lado de tus seres queridos, te llevó, querido santo, a ser un trabajador responsable y activo, sin escatimar sacrificio alguno.

Obtenme, oh san José, la gracia del espíritu de pobreza, siendo responsable en mis quehaceres.


Día 21º- Ejemplo de gratitud. Nadie después de tu esposa, querido san José, recibió, de la bondad de Dios, tanto como tú. Y después de María, nadie cultivó tanto un corazón agradecido por los dones recibidos.

Haz, oh san José, que yo sea consciente de los dones que Dios me otorga cada día.


Día 22º- Ejemplo para los obreros. Como cada uno de nosotros, también tú, oh san José, sentiste la fatiga y el cansancio del trabajo de cada día.

Ayúdame, oh san José, a valorar la dignidad de mi trabajo, sea cual sea, y a cumplirlo con entusiasmo y responsabilidad.


Día 23º- Ejemplo de la misión. Aunque con una vida escondida, tú, oh querido santo, has cumplido una misión específica, única e irrepetible en la historia.

Haz, oh san José, que yo pueda con la palabra y con el testimonio de vida, colaborar en la misión de la Iglesia para la construcción del reino de Dios.


Día 24º- Custodio de la virginidad. Como esposo de la Madre de Dios cuidaste con amor casto su virginidad respondiendo así al proyecto de Dios.

Haz, oh san José, que yo viva con responsabilidad mi vocación específica, educando y fomentando mi capacidad de amar.


Día 25º- Consuelo de los que sufren. Oh san José, tu vida no estuvo exenta de la sombra del dolor, que has asumido con mucha serenidad y paz del corazón.

Ayúdame, oh san José, a darme cuenta de que una vida de amor no puede estar exenta de la sombra del sufrimiento para que encuentre el camino hacia la verdadera felicidad.


Día 26º- Esperanza de los afligidos. En tu vida, oh san José, no todo fue claro y fácil de comprender. Sin embargo, supiste ubicarte siempre con la seguridad que te daba la esperanza de estar en las manos de Dios.

Te ruego, oh san José, de consolar hoy a todos los que están afligidos por cualquier causa. Llena sus días de personas amigas y desinteresadas.


Día 27º- Patrono de los moribundos. Tú, oh san José, tuviste la suerte de morir asistido por Jesús y tu esposa María. ¡Nadie podría desear algo mejor en el momento más decisivo de su vida!

Asísteme, oh querido santo, en el momento de mi muerte.


Día 28º- Amparo de las familias. Oh san José, la Escritura afirma que a lado tuyo y de María, Jesús “crecía en edad, sabiduría y gracia”.

Te ruego, oh san José, por los niños y los jóvenes para que encuentren en su familia y en la comunidad el ambiente ideal para crecer sanos y felices.


Día 29º- Modelo de vida doméstica. Oh san José, en la Familia de Nazaret asumiste plenamente tu responsabilidad, con espíritu de colaboración y de humildad.

Haz, oh san José, que los padres sepan unir todas las potencialidades del amor humano con una buena vida cristiana.


Día 30º- Terror de los demonios. Oh san José, fortificado por la Palabra de la Escritura, has podido vencer las tentaciones siempre.

Libera, oh san José, mi corazón y mi mente de toda tentación, para que sea un buen cristiano y un honrado ciudadano.


Día 31º- Patrono de la Iglesia Universal. Oh san José, por la misión que te fue confiada, asistes a la Iglesia de Cristo, haciendo que camine siempre en la verdad y en el amor, para ser luz del mundo.

Guía, querido santo, a la Iglesia de Cristo en el camino de la santidad, para que sea siempre más eficaz y alegre anunciadora del Evangelio.





domingo, 7 de abril de 2024

MEDITACIONES DIARIAS DE SAN JOSÉ - MES DE ABRIL



Abril 1

San José, el divino corazón de nuestro adorable redentor, tuvo que sufrir lo indecible hasta la muerte y muerte de cruz.

Y Tú, sabiendo muy bien todo esto, tuviste que acompañarlo en sus primeros años de vida, sabiendo que estaba destinado para el sacrificio supremo.

Danos también a nosotros ese cariño y ese amor hacia nuestro Señor. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 2

Glorioso patriarca, Dios Padre nos ha creado con su poder, Dios Hijo nos ha redimido con su sangre, Dios Espíritu Santo nos ha santificado con su amor y con su gracia; no permitas por tanto, que usemos mal de esa libertad; sino que coincidamos siempre con su divina voluntad. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 3

El Hijo de Dios se ofrece a su Padre para venir a la tierra, se encarna en la Santísima Virgen María y se hace hombre.

Y sufre como hombre y como Dios dándole a su sacrificio un valor infinito.

San José, concédenos la gracia de estar siempre unidos a Jesús como sarmiento a la vid. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 4

Glorioso patriarca, padre adoptivo de nuestro Redentor, y poderoso abogado nuestro en toda tribulación, en toda necesidad y en todo peligro; te elegimos por patrono y abogado para toda la vida y la muerte.

Te pedimos humildemente con toda el alma que nos recibas como perpetuos siervos y esclavos vuestros. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 5

San José con tu poderoso patrocinio alcánzanos la continua protección de tu esposa la Inmaculada Virgen María y las misericordias de Jesús. Asístenos siempre y bendice nuestras palabras, acciones, pensamientos y deseos para que en todo nos conformemos con la voluntad divina, para que sirviéndote constantemente logremos con tu protección, una feliz muerte. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 6

Le damos infinitas gracias a Dios por haberte elegido san José, entre tantos santos, para ser padre adoptivo de su unigénito hijo sobre la tierra y para guía segura del mismo y de su santa Madre. Sé Tú también nuestra guía segura hasta el fin de nuestras vidas. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 7

Tú que has sido el tutor del que es el Camino, la Verdad y la Vida, guíanos siempre en el venturoso viaje hacia la eternidad; y alcánzanos la gracia de purificar con frecuencia nuestra alma en el sacramento de la penitencia. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 8

Glorioso patriarca san José, Dios te concedió el favor de guardar de la persuasión de Herodes a Jesucristo verdadero pan de vida. Te suplicamos nos alcances la gracia de recibirle dignamente y con frecuencia. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 9

Patriarca san José concédenos la gracia de poder unirnos cada día más con nuestro redentor; Tú que tuviste la dicha de fortalecerte y santificarte con el frecuente contacto y trato íntimo con Él. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 10

San José te pedimos muy encarecidamente no nos dejes morir sin el auxilio espiritual de la santa Unción de los enfermos, que alivia la enfermedad corporal y alimenta el alma, preparándola para el eterno descanso. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 11

Danos también la gracia de imitar siempre tu prudencia en los juicios, Tú que viviste una fe sin titubeos, creyendo que era obra del Espíritu Santo el fruto de tu purísima esposa, y dejando a un lado todo juicio para Dios. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 12

Esta fe única que nos participas en el misterio divino de la encarnación del Verbo nos recuerda que debemos pedirte la perseverancia final para vivir y morir con la mayor firmeza en la fe de la Iglesia que nos acoge. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 13

Te suplicamos san José la gracia de poder imitarte sirviendo fiel y constantemente a Dios y a su divina Madre, Tú que fuiste elegido para fiel ministro de Jesús y María en la tierra. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 14

San José, el Señor te ha concedido la inmensa gracia de ser asistido en el último trance por Jesús y María. Por tu inefable felicidad te suplicamos que nos alcances la gracia de partir de este mundo verdaderamente abrazados por estos tres amores: Jesús, María y Jose. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 15

Por el privilegio que tuviste de resucitar con Jesús y subir en cuerpo y alma a la gloria eterna, te suplicamos, patrono de la buena muerte, nos alcances la gracia de encontrarnos bien dispuestos a la hora de nuestra muerte y merecer así el descanso eterno de los santos. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 16

Eterno padre, por medio del corazón de María y san José, nos ofrecemos al Sagrado Corazón de Jesús con todo su amor y sufrimiento; para expiar todos los pecados que hemos cometido, para purificar todo el bien que hemos hecho, para suplir todo el bien que hemos omitido. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 17

Quisiéramos que todas las vidas de los hombres se emplearan en el servicio de María y José; y tener todas las vidas de los santos y santas del cielo para amar a la Madre de Dios y a san José, con aquel amor con que ellos actualmente los aman. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 18

Deseamos con todo nuestro corazón que todos los países, provincias, ciudades, hombres, mujeres, niños y niñas que en ellos hay, conozcan, amen, sirvan y alaben a María y a san José, con aquel fervor con que lo hacen los cortesanos del cielo. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 19

San Antonio María Claret alcanzó la gracia de morir y ser acompañado por amor y reverencia de María, Virgen Madre de Dios, y de san José, tutor y guía de Jesús y María. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 20

Como San Antonio María Claret, deseamos que Jesús nos conceda la fortaleza y la gracia que necesitamos para atravesar todas las pruebas que se nos presentan a diario en el camino. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 21

Es el amar mi destino, el padecer mi consuelo y el gozar en este suelo que me parece desatino. San José que es mi patrono me recompensará a porfía, preparándome un trono junto al corazón de María.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 22

Alabado y glorificado sea el Hijo divino por haber elegido entre todos los santos al glorioso patriarca san José para ser su padre adoptivo y nutricio, muriendo en sus divinos brazos y en los de su santísima Madre. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 23

Alabado y glorificado sea el Hijo divino por haber elegido entre todos los santos al glorioso patriarca san José para ser su padre adoptivo y nutricio, muriendo en sus divinos brazos y en los de su santísima Madre. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 24

Dulcísima María, Madre de Jesús y nuestra, por intercesión de san José te pedimos nos alcances un amor tierno, grande y perfecto a Jesús; y a la perseverancia en Él hasta la muerte. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 25

Alabado y glorificado sea el Espíritu Santo por haber santificado tan admirablemente a san José para que fuese digno esposo de María y Padre de Jesús, concediéndole los dones de su gracia con más abundancia que a los demás santos y, ensalzándole en el cielo sobre todos ellos en un trono solo inferior al de María.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 26

Reina del cielo, por intercesión de san José ayúdanos poder obtener las inspiraciones de la gracia y, llegar así al grado de santidad al que Dios nos llama para alcanzar la vida eterna. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf


Abril 27

Santos esposos María y José, que después de haber vivido en la tierra compartiendo los trabajos de la vida, amando con ardiente caridad a Jesús, ahora que están en el cielo gozando junto a Él de una gloria incomprensible, rogamos nos hagan partícipes algún día de esa misma gloria. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 28

Desde el trono de la exaltación, María y José recuerden siempre a los humildes devotos que luchan todavía con los enemigos del alma, expuestos continuamente a ser vencidos por ellos. Lo pedimos por el amor que tienen a Jesús. Amén.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 29

Utiliza tu valimiento ante Jesús para que libres de pecado, y sufriendo con paciencia los trabajos de nuestra peregrinación, lleguemos finalmente a gozar de vuestra compañía en el cielo; a cuyo fin decimos con toda confianza: Jesús, José y María les doy el corazón y el alma mía. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf)


Abril 30

Jesús, nuestro modelo, nos enseñó a hacer el bien a todos, enseñando la Palabra y realizando milagros como prueba de su divinidad, ya que solo Dios puede hacer milagros; que te conozcan a ti Padre y a su enviado, decía; porque si le conocemos le amamos; y si le amamos le servimos eternamente con María y José. Así sea.

(P. Florentín Brusa, cmf) 




martes, 19 de marzo de 2024

CELEBRAMOS A SAN JOSÉ - 19 DE MARZO



 Celebramos a San José


Celebramos hoy a san José, el hombre que más cerca estuvo de Jesucristo, y de la Virgen María haciendo las veces de padre en la tierra del Hijo de Dios hecho hombre. Hoy nos habla el evangelio del anuncio que hace Dios a san José para que admita como esposa a María y se haga cargo de su hijo como si fuese hijo propio.

 

Tuvo que ser tremendo para san José el darse cuenta de que María iba a ser madre. Quizá fuese cuando María volvió de visitar a su prima Isabel. Quizá se enteró por las habladurías de la gente y hasta quizá fue cuando alguien le felicitó por ello.

 

Resulta que entre los judíos existían unas leyes, para nosotros extrañas, leyes casi sólo tenidas por la costumbre, sobre el momento del matrimonio: una cosa era el contrato y otra la cohabitación. Entre estos dos momentos solían pasar unos cuantos meses. Parece ser que José y María habían hecho el contrato. Por eso se dice en la Anunciación que María estaba desposada con José. Pero parece que aún no cohabitaban pues hoy al final del evangelio dice que “José se llevó a María a su casa”. También por ello pudo estar María tres meses con su prima Isabel.

 

El caso es que durante esos meses se llamaban esposos, pero era mal visto que pudieran ya esperar un hijo, aunque en realidad era aceptado. De tal manera que, si alguno tenía una relación carnal con otra persona, se consideraba ya un adulterio. San José sabía que él no había tenido parte en esa paternidad; pero también sabía de la santidad de María.

 

Por eso tuvo que ser grande su angustia. ¿Qué hacer? La podía acusar como adúltera; pero san José era “bueno”, como dice el evangelio. Algunas veces se traduce como “justo”; pero esta palabra puede tener dos sentidos. Si se trata de una justicia, como la señalada por las leyes de los judíos, debía acusarla; pero Jesús nos enseñó otra clase de justicia, que llamamos santidad. Por ella uno debe tender a hacer el bien. Por eso san José pensó sacrificarse él mismo y prefirió dejarla y marcharse lejos, abandonado en las manos de Dios.

 

Alguno pensará que por qué no hablaron y por qué María no explicó todo como le había dicho el ángel. Esto es muy difícil explicarlo y mucho más difícil creerlo, si no hay una intervención de Dios. Por eso Dios intervino y le anunció a José todo lo que había sucedido. El evangelio habla de un “sueño”. Es una forma bíblica para expresar que hubo una manifestación extraordinaria de Dios. De alguna manera fue un ángel o mensajero de Dios.

 

No sólo le explica lo que ha sucedido con María, sino que le da a José un encargo muy especial: el poner el nombre al niño. En lenguaje bíblico quería decir que fuese responsable del niño como si fuese su padre. Poner el nombre era aceptar que se responsabilizaba de la educación y crianza de aquel niño. El nombre que debía ponerle era “Jesús”, que significa salvador. Pero no salvador del poder de los enemigos externos, sino salvador de los pecados, para darnos su gracia.

 

Hoy san José nos da un ejemplo magnífico de entrega en las manos de Dios. Se fía de Dios. Y cuando uno se fía de Dios, pueden venir muchas dificultades, que serán purificadoras; pero al final brilla la luz. No fue todo fácil en la vida de san José para hacer de padre de Jesús: el tener que dejar su tranquilidad de Nazaret para el nacimiento de Jesús, la huida a Egipto, el volver a comenzar el trabajo, la oscuridad de la fe para comprender a Jesús al quedarse en el templo y en la vida ordinaria.

 

Pero san José es el hombre que más cerca ha estado de Jesús y eso le reportaría un sin fin de gracias. Hoy san José sigue estando junto a Jesús en el cielo y, como decía santa Teresa, no puede haber cosa que desee y que le niegue Jesús. Por eso debemos invocarle con mucha fe para nosotros mismos, para la unión en las familias, para el bien de la Iglesia y para que todos podamos tener, como él, una santa muerte en los brazos de Jesús y de María. 

 

Pongamos nuestros trabajos en las manos de Dios, como san José, y un día podremos gozar para siempre de su compañía en el cielo.

.

(P. Silverio Velasco)

EL EVANGELIO DE HOY MARTES 19 DE MARZO DE 2024 - SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA



19 de marzo: San José, esposo de la Virgen María

Martes 19 de marzo de 2024



1ª Lectura (2Sam 7,4-5a.12-14a.16): En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: ‘Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. El construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre’».}



Salmo responsorial: 88

R/. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad».


Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades».


El me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora». Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

2ª Lectura (Rom 4,13.16-18): Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos». Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia».

Versículo antes del Evangelio (Sal 83,5): Dichosos los que habitan en tu Casa, te alabarán por siempre.

Texto del Evangelio (Mt 1,16.18-21.24a): Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado.




«Su madre, María, estaba desposada con José»

Abbé Marc VAILLOT

(París, Francia)

Hoy, nos invita la Iglesia a contemplar la amable figura del santo Patriarca. Elegido por Dios y por María, José vivió como todos nosotros entre penas y alegrías. Hemos de mirar cualquiera de sus acciones con especial interés. Aprenderemos siempre de él. Nos conviene ponernos en su piel para imitarle, pues así lograremos responder, como él, al querer divino.

Todo en su vida —modesta, humilde, corriente— es luminoso. Por eso, célebres místicos (Teresa de Avila, Hildegarde de Bingen, Teresita de Lisieux), grandes Fundadores (Benito, Bruno, Francisco de Asís, Bernardo de Clairvaux, Josemaría Escrivá) y tantos santos de todos los tiempos nos animan a tratarle y amarle para seguir las huellas del que es Patrón de la Iglesia. Es el atajo para conseguir santificar la intimidad de nuestros hogares, metiéndonos en el corazón de la Sagrada Familia, para llevar una vida de oración y santificar también nuestro trabajo.

Gracias a su constante unión a Jesús y a María —¡ahí está la clave!— José puede vivir sencillamente lo extraordinario, cuando Dios se lo pide, como en la escena del Evangelio de la misa de hoy, pues realiza sobre todo habitualmente las tareas ordinarias, que nunca son irrelevantes pues aseguran una vida lograda y feliz, que conduce hasta la Beatitud celeste.

Todos podemos, escribe el papa Francisco, «encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad (...). José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca». 

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