Semáforo 37
¡Y FUE OBISPO POR OBEDIENCIA AL PAPA!
"Ensanchemos nuestro corazón y echémonos con eterna confianza en los brazos de María: ella no nos va a abandonar".
San José Marello
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El 23 de noviembre de 1888, Mons. Ronco, Obispo de Asti, le llevo al Can. José Marello el nombramiento oficial de Obispo de Acqui.
El se quedó azorado: una avalancha de problemas se desencadenaba con ese nombramiento.
También sus Oblatos quedaban afectados: unos se sentían contentos por el honor que le habían dado al Padre, otros se sintieron llenos de temor porque tendría que dejarlos.
Mons. Marello se preguntaba quién podría ayudarlo a entender bien las cosas, para decidir que hacer...
Le vino a la mente un gran personaje de aquel tiempo: el Arzobispo de Turín, el Card. Alimonda. Y así salió para Turín.
El Cardenal le escuchó con mucha benevolencia, le dejó que hablara todo lo que sentía. Al final le contesto:
- El Santo Padre siente mucha pena cuando ve que los que él escoge como Pastores porfían en negarse a aceptar. No le dé este disgusto al Papa; además, con dificultad aceptaría la negativa. Acepte, y deje a Dios sus dificultades.
¿Podría el Canónigo dar un disgusto al Papa? ¡No, de ninguna manera!
Le tocaba a la Virgen María venir en su ayuda en esta situación tan difícil. El Canónigo fue al Santuario de la Consolata, el más conocido en Turín; oró largamente. Poquito a poco sintió una gran paz, como si Ella le hubiera dicho:
-"No tengas miedo. Estaré contigo en cualquier parte".
Volvió a Asti teniendo en el corazón su respuesta: ¡Sí!.
Y José Marello se convirtió en Mons. Marello, Obispo de Acqui.
A Mons. Ronco que le preguntaba qué tenía que contestar al Papa, dijo:
- Conteste al Santo Padre que obedezco.

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