jueves, 10 de enero de 2019

EL CARRITO DEL SÚPER


El carrito del súper



Nuestros actos, aunque insignificantes, pueden influir positivamente en los demás. Veamos algo tan simple como volver a su lugar el carrito del súper que hemos usado. No parece una gran cosa, ¿verdad? Pero observemos algo que realmente ha sucedido.

Un hombre y su pequeño hijo fueron de compras y, cuando cargaban los comestibles en el auto, el padre le dijo al niño que volviera el carrito a su lugar. “Vamos, papá”, respondió el hijo. “Hay carros por todos lados, nadie los pone de vuelta en su lugar. Para eso tienen empleados que lo hacen”. El padre dudó un momento, pensando si valía la pena continuar la discusión. Pero luego vio que unas parejas de ancianos iban juntos llevando de vuelta el carrito que habían usado. Entonces le dijo al niño: “Hijo, hay dos clases de personas en el mundo: los que ponen los carritos de vuelta en su lugar, y los que no lo hacen. Nosotros somos del primer grupo”.

Seguramente la pareja de ancianos no se enteró de qué modo su buena acción había influido en la educación de un niño. El muchachito no se olvidará de esa lección. Esta anécdota nos recuerda que nuestros actos pueden influir en los demás. Albert Einstein escribió: “Dar ejemplo no es la forma principal de influir en los demás, sencillamente es la única forma”. Amigo/a, persiste en dar buenos ejemplos.



* Enviado por el P. Natalio

IMAGEN DE CALENDARIO 2019: MES DE ENERO


UNA VISITA A SANTA MARTA


Una visita a Santa Marta



La basílica de San Pedro, la capilla Sixtina e incluso la parroquia de Santa Ana son conocidas por visitantes y peregrinos en el Vaticano. Sin embargo, el pequeño Estado cuenta con otros lugares de oración, habitualmente cerrados al público. Hoy, descubrimos la capilla de la residencia de Santa Marta, donde el Papa celebra su misa diaria.

Entre las capillas menos conocidas del Vaticano hay una que recibe una atención casi diaria entre muchos fieles: la capilla del Espíritu Santo, también conocida como Santa Marta, por el nombre de la residencia que la alberga. En efecto, es aquí donde el papa Francisco celebra su misa diaria y cuyas homilías atraviesan las paredes de la capilla gracias a la publicación de extractos en el portal oficial Vatican News.

Desde el inicio de su pontificado, el papa Francisco no ha querido instalarse en los apartamentos pontificios del Palacio Apostólico, sino que escogió la residencia de Santa Marta. Este enorme inmueble fue construido en 1996 al sur de la basílica de San Pedro, inicialmente para servir de alojamiento a los huéspedes de paso y para los cardenales durante los cónclaves. Sus habitaciones, cómodas pero sin ostentaciones, están amuebladas con sobriedad.

Para el Soberano Pontífice argentino, la elección de esta residencia estuvo guiada ante todo por el deseo de escapar de la soledad inherente a su cargo de jefe de la Iglesia católica. Instalado en la habitación número 201 de Santa Marta, el ocupante papal puede tener hasta 130 vecinos, repartidos en las cuatro plantas que componen este hotel eclesiástico.

Prácticamente todas las mañanas, el obispo de Roma celebra misa a las 7 en la pequeña capilla de la planta baja de la Casa de Santa Marta, entre la residencia y la Muralla Leonina: la capilla del Espíritu Santo. A esta eucaristía pueden asistir diariamente unas cincuenta personas de entre los empleados del Vaticano. Los fieles “jubilares”, es decir, que celebran un aniversario importante de matrimonio o de ordenación, pueden solicitar asistir también.

Desde 2014, el sucesor de Pedro ha propuesto incluso que la misa esté abierta a los feligreses romanos, para que puedan rezar junto a su obispo. Son los curas de la capital italiana los encargados de pedir autorización para participar en la celebración con un grupo de fieles. Son unos 25 privilegiados los que reciben permiso para asistir cada día.

Dedicada a la tercera persona de la Trinidad, hay muchos elementos decorativos de la capilla que evocan al Espíritu Santo. Una paloma dorada, por ejemplo, domina uno de los ábsides. Sobre el altar se lee una inscripción en latín: “Ven Espíritu Santo a renovar el corazón de tus fieles”. Toda la capilla está compuesta por motivos triangulares, símbolo de la Trinidad. Es el caso del enlosado, por ejemplo, cuyos colores recuerdan la bandera del Vaticano. El mármol del altar, la techumbre o incluso los pilares a lo largo de la nave se componen también de motivos triangulares.

Además, la capilla está decorada en su lado derecho con un gran ventanal que da directamente a la muralla que forma la frontera del Estado más pequeño del mundo. En el lado izquierdo, una Santa Virgen en bronce vela a su Hijo en brazos. Tiene la cabeza girada hacia el ambón en mármol blanco, donde predica el Pontífice. Cabe destacar la presencia de un pequeño órgano, regalo al papa Juan Pablo II de parte de la organización benéfica estadounidense de los Caballeros de Colón en 1997.

Este pequeño remanso de paz moderno y silencioso recibe cada día las oraciones del Vicario de Cristo sobe la tierra. El Sucesor de Pedro no solo celebra misa y predica en este lugar, sino que también se recoge en silencio en ciertos momentos del día, en particular por la tarde, para un tiempo de meditación.



Fuente: Aleteia

UN RATITO CON SAN JOSÉ: TÍTULOS DE SAN JOSÉ


UN RATITO CON SAN JOSÉ
Títulos de San José




En la Iglesia, San José recibe varios títulos. Por mencionar algunos, San José es el patrono de la Iglesia universal, el patrono de los trabajadores, el patrono de los padres de familia, el patrono de los seminarios y el patrono de la buena muerte.

Y por si no lo saben, además, San José es patrono de algunos países como por ejemplo: Austria, Bélgica, Canadá, China, Corea, Croacia, Vietnam y Perú.

Por encima de todos estos títulos, San José estará muy contento con nosotros si nos esforzamos por tratar con cariño a Jesús y María Santísima. Forjar una sólida piedad eucarística y mariana es la mejor manera de honrar a este santo varón.

P. Carlos Rosell De Almeida

UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO: SEÑOR Y DADOR DE VIDA


UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO
Señor y dador de vida




Cierta vez, un señor se le acercó a un sacerdote para decirle: "Padrecito, rece mucho por mi negocio, pues ha bajado la clientela y tengo seis hijos que alimentar". Este sacerdote, conmovido, le señaló: "Hijo mío, me comprometo a rezar todos los días para que tu negocio no quiebre, más aún, rezaré para que se triplique tu clientela". Luego de tres meses se volvieron a encontrar. El señor, emocionado, abrazó al sacerdote y le dijo casi llorando: "Padrecito, mil gracias por sus oraciones, pues mi negocio no quebró, al contrario, la clientela se ha triplicado". El sacerdote, lleno de alegría, le dijo: "Me alegra mucho que mis oraciones hayan dado resultado. Por cierto, ¿cuál es tu negocio?. El señor rápidamente contestó: "Es una funeraria".

Este sacerdote, sin saberlo, estaba rezando para que muriera más gente. Ahora bien, todos nos vamos a morir; sin embargo, el alma no muere. Tras la muerte el alma sigue viviendo, porque es inmortal.

Además, el Espíritu Santo da la verdadera vida al alma, por eso, le llamamos "Señor y dador de vida". Le decimos "Señor", porque es Dios; y "Dador de vida", porque nos hace vivir con Cristo, verdadera vida del alma.


P. Carlos Rosell De Almeida

EL CONSUELO DIVINO


El consuelo divino
El dolor llega de muchas maneras a la propia vida. En esos momentos, sentimos necesidad del consuelo de un amigo.


Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net 




El dolor llega de muchas maneras a la propia vida. A veces por circunstancias y situaciones externas: una crisis económica, un terremoto, un accidente de tráfico, una epidemia. Otras veces, a través de personas concretas: un “amigo” que nos traiciona, un consejero que nos engaña, un prestamista que nos ahoga con su extorsión, un enemigo que consigue destruir nuestra fama...

También hay dolores que nacen desde uno mismo. Porque descubrimos nuestra miseria, porque fuimos infieles a una promesa, porque no supimos ayudar al amigo cuando lo necesitaba, porque cedimos a una tentación mezquina, porque nos encerramos en el egoísmo, porque no aprendimos a ser humildes, porque dejamos que el odio aprisionase el propio corazón...

En esos momentos, sentimos necesidad del consuelo de un amigo, de un familiar, de una persona honesta. Pero no será nunca suficiente. Porque ciertos males pueden ser curados sólo con una Mano capaz de llegar dentro, a lo más íntimo, a lo más profundo, a lo más misterioso de uno mismo.

Dios nos ofrece, en tantos modos, esa Mano amiga. En la confesión, cuando acoge nuestro gesto humilde y nos repite, como en tantas páginas del Evangelio, “Yo te perdono”. En la Eucaristía, cuando participamos dignamente del Sacrificio de la Pascua, cuando tocamos al Cordero que sigue en medio de su Pueblo. En los ratos de lectura del Evangelio, que nos traen ecos del Maestro, que nos susurran al oído enseñanzas de consuelo.

Dios permite que la vida nos hiera de mil modos. Pero siempre encontraremos en Su Amor un consuelo capaz de vendar la herida, de curar con su mano las penas del alma (cf. Jb 5,18 y Sal 147,3). Al mismo tiempo, ese Amor nos invitará a convertirnos, los unos para con los nosotros, en consuelo mutuo. “Y el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús” (Rm 15,5).

Sí: Dios es un Dios de consuelo, es un Dios cariñoso, es un Dios que conserva y que mima a cada uno de sus hijos. Quizá ahora no comprendemos el porqué de una prueba, de una enfermedad, de la muerte de un ser querido. Pero si acogemos Su misericordia, si vivimos confiados en su Amor, ya aquí gozaremos de la paz de Cristo. Y un día lo veremos, sin misterios, como Amor divino, como Consuelo eterno y verdadero.

SI NO AMAS A TU HERMANO, NO PUEDES AMAR A DIOS, ASEGURA EL PAPA FRANCISCO


Si no amas a tu hermano, no puedes amar a Dios, asegura el Papa Francisco
Redacción ACI Prensa
Foto: Vatican Media



Durante la Misa celebrada este jueves 10 de enero en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco advirtió que, si se afirma que se ama a Dios, pero no se ama al hermano, al prójimo, entonces se es un mentiroso, porque “si no amas a tu hermano no puedes amar a Dios”.


En su homilía, el Santo Padre contrapuso el “espíritu del mundo” al “espíritu de Dios”. “El espíritu del mundo es el espíritu de la vanidad, de las cosas que no tienen fuerza, que no tienen fundamento y que caerán”. El espíritu del mundo está “lleno de aire” y engaña porque “es hijo del padre de la mentira”.

Siguiendo las palabras del Apóstol San Juan en la primera lectura del día, cuando dice “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve”, Francisco planteó: “si tú no eres capaz de amar algo que ves, ¿cómo vas a amar los que no ves? Es una fantasía”, aseguró el Papa. Por el contrario, el camino del Espíritu de Dios “no sirve para las fantasías”.

“Si no eres capaz de amar a Dios en lo concreto, no es cierto que tú ames a Dios”, aseguró. “El espíritu del mundo es un espíritu de división, y cuando se introduce en la familia, en la comunidad, en la sociedad, siempre genera división: siempre”.

Una vez que se ha introducido esa división, explicó el Papa, “crecen las divisiones y surge el odio y la guerra. El Apóstol Juan dice: ‘Si uno dice que ama a Dios pero odia a su hermano, es un mentiroso’, es decir, un hijo del espíritu del mundo, que es pura mentira, pura apariencia”.

“Esta es algo sobre lo cual nos hará bien reflexionar: ¿yo amo a Dios? Pero vayamos a la clave de la cuestión y veamos cómo tú amas a tu hermano”.

En este sentido, el Pontífice citó tres señales que indican que una persona no ama a su hermano. “La primera señal requiere que nos preguntemos: ¿rezo por las personas? Por todas, de forma concreta, por aquellas que me son simpáticas y también aquellas que me son antipáticas, por aquellas de los que soy amigo y por aquellos que no soy amigo”.

“Segunda señal: cuando siento en mi interior sentimientos de celos, de envidia, y me viene la necesidad de desear el mal…, es una señal de que no amas. Párate ahí. No dejes creces esos sentimientos: son peligrosos. No los dejes crecer”.

Por último, “la señal más cotidiana de que no amo al prójimo y, por lo tanto, de que no puedo amar a Dios, es la habladuría. Metámoslo en el corazón y en la cabeza, claramente: si difundo habladurías, no amos a Dios, porque con las habladurías estoy destruyendo a esa persona”.

“Las habladurías son como los caramelos de miel: tomo uno, y otro, y otro, y luego el estómago se estropea con tantos caramelos… Porque es bello, es ‘dulce’ hablar de los demás, parece algo bueno, pero destruye. Y eso es señal de que no amas”.

Ese espíritu del mundo, aseguró el Papa Francisco, “se vence con el espíritu de la fe: creer que Dios está en mi hermano, en mi hermana. La victoria que ha vencido el mundo es nuestra fe. Únicamente con mucha fe se puede avanzar en este camino, no con pensamientos humanos de buen sentido…, no, no: no sirve. Ayudan, pero no sirven para esta lucha”.

“Únicamente la fe nos da la fuerza para no difundir habladurías, para rezar por todos, también por los enemigos, y no dejar crecer los sentimientos de celos y envidia. El Señor, con este fragmento de la Primera Carta de San Juan Apóstol, nos pide concreción en el amor”.

“Amar a Dios: pero si no amas a tu hermano, no puedes amar a Dios. Y si dices que amas a tu hermano, pero realmente no lo amas, sino que lo odias, entonces eres un mentiroso”, concluyó el Papa Francisco.

Lectura comentada por el Papa Francisco:

I Juan 4:19--5:4


19 quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos, porque él nos amó primero.

20 Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.

21 Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.

1 Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él.

2 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

3 Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados,

4 pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.

EL EVANGELIO DE HOY JUEVES 10 DE ENERO 2019


Lecturas de hoy 10 de Enero. Feria de Navidad
 Hoy, jueves, 10 de enero de 2019



Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,19–5,4):

Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él, En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no, son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 71,1-2.14.15bc.17

R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey, 
tu justicia al hijo de reyes, 
para que rija a tu pueblo con justicia, 
a tus humildes con rectitud. R/. 

Él rescatará sus vidas de la violencia, 
su sangre será preciosa a sus ojos. 
Que recen por él continuamente 
y lo bendigan todo el día. R/. 

Que su nombre sea eterno, 
y su fama dure como el sol; 
que él sea la bendición de todos los pueblos, 
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según San Lucas (4,14-22a):

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. 
Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Palabra del Señor


Comentario al Evangelio de hoy jueves, 10 de enero de 2019
Alejandro, C. M. F.

Queridos hermanos, paz y bien.

La escena del Evangelio de hoy es casi cinematográfica. Casi me puedo imaginar la cámara yendo del rostro de Jesús, mientras lee, al de los oyentes, al escuchar esas palabras de esperanza. No debía ser fácil vivir en tiempos de Jesús. Por lo menos, para la gente sencilla, sin mucho futuro, pensando solo en cómo llegar al día de mañana. Y, de repente, aparece Él, diciendo: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y no es una escritura cualquiera. Es una escritura que habla de liberación, de salud, de esperanza. Palabras útiles hace 2000 años, y palabras que nos pueden servir a nosotros hoy, también. Porque los tiempos cambian, pero las necesidades de la persona no tanto. Sentirse querido, respetado, libre. ¿Quién no quiere tener esas sensaciones?

El mundo en el que vivimos habla mucho de libertad, pero no siempre la entiende como debe. Habla mucho de paz y amor, pero generalmente son vivencias a corto plazo. Y, muchas veces, cargadas de utilitarismo. Estoy contigo mientras “yo” esté bien. Lo importante soy yo. Y mucha gente vive intentando ser libre, pero sintiéndose esclavizada.

Es Jesús el que nos anuncia el año de gracia del Señor. Y lo hace sin menoscabar la libertad de la persona. Propone, no impone, asombra, no avasalla, deja vivir, no obliga. Nosotros hemos aceptado ese mensaje, esa gracia que el Señor regala a los que se dejan interpelar. Y, con la gracias, comienza la misión. Porque “quién ama a Dios, ame a su hermano”.

Tenemos que hacer entender a los que no lo saben que Dios es la Libertad con mayúscula, la Salud, la Paz. El niño Jesús, a quien hace poco celebrábamos, es la muestra de que Dios está con nosotros, cuando anunciamos al mundo ese mensaje de liberación. Que seamos capaces de seguir anunciando a todos la Buena Nueva.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C. M. F.

BIENVENIDOS






miércoles, 9 de enero de 2019

UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO: EL AMOR ENTRE EL PADRE Y EL HIJO


UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO
El amor entre el Padre y el Hijo



En la vida íntima de Dios, el Espíritu Santo es quien une al Padre y al Hijo en el amor infinito. A este respecto, san Agustín (+430) enseñaba que el Espíritu Santo es el amor entre el Padre y el Hijo. Igualmente, San Juan Pablo II dijo que el Espíritu Santo es la "Persona Amor".

Es común relacionar al Espíritu Santo con el amor de Dios. Ello aparece en varios pasajes de la Sagrada Escritura. Así, por ejemplo, leemos: " El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rm 5,5).

Saquemos el firme propósito de pedirle todos los días al Espíritu Santo que nos llene del amor de Dios, para que de esa manera amemos de verdad a los demás.


P. Carlos Rosell De Almeida

CELEBREMOS EL TIEMPO ORDINARIO


Celebremos el Tiempo Ordinario
Este tiempo se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios


Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net 




Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.

Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.

Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!

El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”.

Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento.

Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?

Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.

PAPA FRANCISCO: NINGUNA ORACIÓN A DIOS QUEDA SIN SER ESCUCHADA


Papa Francisco: Ninguna oración a Dios queda sin ser escuchada
Redacción ACI Prensa
 Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa




Durante la Audiencia General celebrada este miércoles 9 de septiembre en el Aula Pablo VI el Papa Francisco destacó la “densa atmósfera de oración” que rodeaba a la figura de Cristo, e invitó a los cristianos a insistir en la oración “porque ninguna oración queda sin ser escuchada”.

En su catequesis, el Santo Padre continuó con la serie sobre el Padre Nuestro, para lo cual empleó el Evangelio de San Lucas.

El Pontífice destacó que “Jesús es, sobre todo, un orante”. Episodios evangélicos como el de la transfiguración o el bautismo en el río Jordán son ejemplos de cómo “cada paso de la vida de Jesús aparece impulsado por el soplo del Espíritu que lo guía en todas sus acciones”.

Jesús “dialoga con el Padre antes de tomar las decisiones más importantes, se retira con frecuencia en soledad”.


“Incluso la muerte del Mesías está inmersa en un clima de oración, tanto que las horas de la pasión aparecen marcadas por una calma sorprendente: Jesús consuela a las mujeres, reza por los que le crucifican, promete el paraíso al buen ladrón y expira diciendo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’”.

Es decir, “la oración de Jesús parece amortiguar las emociones más violentas, los deseos de venganza y de revancha, reconcilia al hombre con su enemiga más acérrima: la muerte”.

Francisco explicó que Jesús enseño a los discípulos a rezar dirigiéndose a Dios como “Padre”. Además, explicó que en el Evangelio de Lucas se incluye el posesivo “nuestro” y la especificación “que estás en el cielo”.

“En esta enseñanza que Jesús hace a sus discípulos es interesante insistir en algunas instrucciones que coronan el texto de la oración”. Esas instrucciones “insisten en las actitudes del creyente que reza”.

Está, por ejemplo, “la parábola del amigo inoportuno que va a molestar a una familia entera que duerme porque, de improviso, ha llegado una persona de un viaje y no tiene pan para ofrecerle: ‘Os digo –explica Jesús– que, si no se levanta para dárselo porque es su amigo, al menos por su insistencia se levantará a darle todo lo que necesita’”.

Otro ejemplo de Jesús es “el de un padre que tiene un hijo hambriento: ‘¿Qué padre entre vosotros, si el hijo pide un pescado, le dará una serpiente en vez del pescado?’”.


“Con estas parábolas, Jesús hace entender que Dios siempre responde, que ninguna oración queda sin ser escuchada, que Él es Padre y no se olvida de sus hijos que sufren”.

El Papa reconoció que estas afirmaciones “nos sitúan en una crisis, porque parece que muchas de nuestras oraciones no obtienen ningún resultado. ¿Cuántas veces hemos pedido y no hemos obtenido, llamado y encontrado una puerta cerrada?”.

En esos casos “Jesús recomienda insistir y no darse por vencidos. La oración transforma siempre la realidad: si no cambia las cosas que nos rodean, al menos nos cambia a nosotros. Jesús prometió el don del Espíritu Santo a cada uno que rece”.

“Podemos estar seguros de que Dios responderá. La única incerteza se debe a los tiempos, pero no tenemos dudas de que Él responderá. Tal vez sea necesario insistir durante toda la vida, pero Él responderá. Nos lo ha prometido”, concluyó el Papa Francisco.

UN RATITO CON SAN JOSÉ: EL NOMBRE DE JOSÉ


UN RATITO CON SAN JOSÉ
El Nombre de José




Existen algunos nombres que, combinados con ciertos apellidos, nos causan risa. Por ejemplo, una señora se llama "Zoila", su primer apellido es "Vaca" y su mamá se apellida "Del Campo". Por tanto, ella se presenta así: "Soy-la-vaca-del-campo". Otro caso. Un joven se llama "Armando", su papá se apellida "Guerra" y su mamá "Segura". Este joven tiene como nombre y apellidos: "Armando Guerra Segura". Y por último, un doctor se llama "Aquiles" y se apellida "Mata". Es el doctor: "Aquí-les-mata".

Hablando en serio, pensemos en San José. ¿Se han preguntado alguna vez qué significa su nombre? Quisiera compartir con ustedes lo que este nombre significa, así como los títulos que posee este santo varón.

El nombre "José" es hebreo y significa "el Señor añadirá". Y Dios añadió a la vida de José dos tesoros que fueron Jesús y María. Qué gracia de Dios que tuvo San José de poder compartir su vida con el Salvador del mundo y la Santísima Virgen María.

Dios, podemos afirmar, bendijo doblemente a San José. En efecto, Dios bendijo a San José con la compañía de Jesús y María. Y San José cumplió con fidelidad la misión que tuvo que cuidar tanto a Jesús como a María Santísima.



P. Carlos Rosell De Almeida

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 9 DE ENERO 2019

Lecturas de hoy 9 de Enero. Feria de Navidad
Hoy, miércoles, 9 de enero de 2019




Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,11-18):

Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 71,1-2.10-11.12-13

R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey, 
tu justicia al hijo de reyes, 
para que rija a tu pueblo con justicia, 
a tus humildes con rectitud. R/.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. 
Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; 
que se postren ante él todos los reyes, 
y que todos los pueblos le sirvan. R/. 

Él librará al pobre que clamaba, 
al afligido que no tenía protector; 
él se apiadará del pobre y del indigente, 
y salvará la vida de los pobres. R/.


Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según San Marcos (6,45-52):

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado. 
Pero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.» 
Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 9 de enero de 2019
Alejandro, CMF

Queridos amigos, paz y bien.

“No tengáis miedo”. Qué suerte tener un Dios que se preocupa tanto de nosotros. Que nos anima a confiar en Él. A seguirle. A entregarnos a Él.

Pero sigue habiendo muchas dudas. Seguimos teniendo miedo, o miedos. Es que a Dios no siempre se le ve. Hay muchas tormentas en nuestra vida. Algunas veces, de camino a Apatity (a 180 kilómetros de Múrmansk), para celebrar la Eucaristía con un grupito de fieles, nos envuelve la niebla, o la nieve. Se ve muy poco. Y hay que confiar y seguir hacia delante, para llevar a esa gente la Buena Nueva.

Otras veces está el miedo al “qué dirán”. Nos falta coraje para decir que somos creyentes, que intentamos vivir los conforme a los Mandamientos, porque quizá puedan pensar que somos “raros”. Y nos callamos cuando alguien ataca a la Iglesia, o hacemos cosas que sabemos que no tenemos que hacer.

Es que a Dios no lo ha visto nadie. Y es difícil fiarse de alguien a quien no ves. Aunque sea alguien que te ama tanto que envió a su Hijo a este mundo, para que pudiéramos ver su rostro. Por puro amor. Y hoy san Juan nos da otra clave para nuestra vida espiritual: “No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.”

Cuando hay amor, no hay miedo. Es la imagen del niño al que sus padres lanzan al aire, y sabe que le van a recoger. Por eso se ríe, y le gusta, y pide que lo repitan. Dios a veces también nos lanza a lo alto. Y con los ojos cerrados, aceptamos su voluntad, porque le amamos. Es la experiencia de la Virgen María. Es la experiencia de san José. Es lo que sintieron tantos y tantos fundadores a lo largo de la historia.

El mismo Jesús viene a nuestro encuentro, para que podamos seguir remando. Lo hace en su Palabra, en los sacramentos, en la oración personal, en la Lectio Divina comunitaria… Basta con abrir el corazón, para que Él lo ocupe. ¿Te atreves?

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C. M. F.

BUENOS DÍAS




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