miércoles, 19 de agosto de 2015

EL EVANGELIO DE HOY: JUEVES 20 DE AGOSTO DEL 2015



El banquete está preparado, pero los invitados...
Parábolas


Mateo 22, 1-14. Tiempo Ordinario. Todos estamos invitados a participar del gran banquete que celebrará en el cielo. 


Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14
Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda." Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda." Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

Oración introductoria
Dios mío, me invitas, me llamas incansablemente a tener un encuentro misterioso en el amor. Tu iniciativa me conmueve. Ayúdame a elevar mi corazón hacia Ti para saber corresponder a tanto amor, participando dignamente en este banquete de la oración.

Petición
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

Meditación del Papa Francisco
Jesús nos habla de la respuesta que se da a la invitación de Dios --representado por un rey-- a participar a un banquete nupcial. La invitación tiene tres características fundamentales: la gratuidad, la amplitud, la universalidad. Los invitados son muchos, pero sucede algo sorprendente: ninguno de los elegidos acepta ir a la fiesta, tienen otras cosas que hacer, más aún, algunos muestran indiferencia y hasta fastidio. Dios es bueno hacia nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece su alegría, la salvación, pero tantas veces no acogemos sus dones, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses.
Algunos invitados incluso maltratan y asesinan a los siervos que llevan la invitación. No obstante la falta de adhesión de los llamados, el proyecto de Dios no se interrumpe. Delante del rechazo de los primeros invitados, él no se desanima, no suspende la fiesta pero re propone la invitación, ampliándola hasta más allá de los límites razonables y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de las rutas para reunir a todos aquellos que encuentren.
Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, más aún, 'malos y buenos', incluso los malos son invitados, sin distinción. Y la sala se llena con los 'excluidos'. El Evangelio, rechazado por alguno, encuentra una acogida inesperada en tantos corazones.
La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por esto el banquete de los dones del Señor es universal, universal para todos. (S.S. Francisco, Ángelus 12 de octubre de 2014)
Reflexión
Podría sonar demasiado extraño este evangelio porque, ¿cómo es posible que alguien rechace la invitación a una boda donde habrá vino, música y buen ambiente? Al menos hoy día son pocos los que rechazarían esta oferta tan especial. Pero es claro que esta parábola Cristo nos la dibujó así para que comprendiésemos que todos estamos invitados a participar del gran banquete que celebrará en el cielo.

Sólo nos hace falta cumplir un requisito que el evangelio lo pone como algo externo pero que en realidad en las bodas se le da demasiada importancia y es el vestido. Es necesario e indispensable entrar con el ajuar apropiado al gran banquete que Cristo nos invitará, este ajuar es la vida de gracia. Por eso expulsaron de la boda al hombre que no llevaba el traje apropiado, porque no estaba en vida de gracia. Y la gracia, como la llama santo Tomás de Aquino, es "nitior animae" es decir, esplendor del alma, presencia de Dios en nuestra alma.

Es claro que Jesús no puede habitar en un lugar en donde no tiene amigos, y tampoco nosotros nos deberíamos atrever a presentarnos a la boda que Él organiza cuando no le tenemos por amigo. Esto es la vida de gracia, conservar su amistad y por tanto rechazar enérgicamente todo lo que pudiese ofenderle: revistas indecentes, películas deshonestas, compañías perjudiciales, ofensas a nuestros padres o hermanos, críticas etc.

Es difícil conservar esta amistad con Cristo, pero si realmente lo tenemos por amigo no nos atreveremos a ofenderle, sino que al contrario nos esforzaremos por ser cada día mejores amigos de Él.

Propósito
Ser sincero con todos y en todo, fortaleciendo esta actitud en el sacramento de la reconciliación.

Diálogo con Cristo 
Jesús, el vestido de bodas que necesito es el del amor. Cuántas veces doy más importancia a mi propia satisfacción en vez de centrar mi atención y esfuerzo en alcanzar la verdadera comunión contigo. Con la intercesión de María, ayúdame a valorar tu invitación a la santidad, optando siempre por la virtud en vez del pecado, amando desinteresadamente en vez de buscar mi propia conveniencia, siendo humilde en vez de orgulloso

SAN BERNARDO DE CLARAVAL, DOCTOR DE LA IGLESIA, 20 DE AGOSTO


Bernardo, Santo
Doctor de la Iglesia, 20 de agosto
Fuente: Centro de Espiritualidad Santa María 




Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: Memoria de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Cister, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux (Claraval), dirigiendo sabiamente a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor, con su vida, su doctrina y su ejemplo. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a la Iglesia con sus escritos y sabios consejos, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia (1153).

Etimológicamente: Bernardo = corazón de oro. Viene de la lengua alemana

Fecha de canonización: Fue canonizado el año 1170 por el papa Alejandro III, y posteriormente el papa Pío VIII lo proclamó Doctor de la Iglesia.

Breve Biografía
En orden cronológico, o sea en cuanto al tiempo, San Bernardo es el último de los llamados Padres de la Iglesia. Pero en importancia es uno de los que más han influido en el pensamiento católico en todo el mundo.

Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090. Sus padres tuvieron siete hijos y a todos los formaron estrictamente haciéndoles aprender el latín, la literatura y, muy bien aprendida, la religión.

La familia que se fue con Cristo

Esta familia ha sido un caso único en la historia. Cuando Bernardo se fue de religioso, se llevó consigo a sus 4 hermanos varones, y un tío, dejando a su hermana a que cuidará al papá (la mamá ya había muerto) y el hermanito menor para que administrara las posesiones que tenían. Dicen que cuando llamaron al menor para anuanciarle que ellos se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí unicamente en la tierra? Esto no lo puedo aceptar". Y un tiempo después, también él se fue de religioso. Y más tarde llegaron además al convento el papá y el esposo de la hermana (y ella también se fué de monja). Casos como este son más únicos que raros.

La personalidad de Bernardo

Pocos individuos han tenido una personalidad tan impactante y atrayente, como San Bernardo. El poseía todas las ventajas y cualidades que pueden hacer amable y simpático a un joven. Inteligencia viva y brillante. Temperamento bondadoso y alegre, se ganaba la simpatía de cuantos trataban con él. Esto y su físico lleno de vigor y lozanía era ocasión de graves peligros para su castidad y santidad. Por eso durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano y lo sensual. Pero todo esto lo llenaba de desilusiones. Las amistades mundanas por más atractivas y brillantes que fueran lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más y más desilusionado del mundo y de sus placeres.

A mal grave, remedio terrible

Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó entre el hielo hasta quedar casi congelado. Y el tremendo remedio le trajo mucha paz.

Una visión cambia su rumbo: una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía al Niñito Santo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado.

Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra

Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban, lo aceptó con gran alegría pues, en aquel convento, hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para irse a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera.

Pero aquí sí que apareció el poder tan sorprendente que este hombre tenía para convencer a los demás e influir en ellos y ganarse su voluntad. Empezó a hablar tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y casi a todos los jóvenes de los alrededores, y junto con 31 compañeros llegó al convento de los Cistercienses a pedir ser admitidos de religiosos. Pero antes en su finca los había preparado a todos por varias semanas, entrenándolos acerca del modo como debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos. En el año 1112, a la edad de 22 años, se fue de religioso al convento.

El papá, el hermano Nirvardo, el cuñado y la hermana, ya irán llegando uno por uno a pedir ser recibidos como religiosos.

Formidable poder de atracción. En toda la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a las comunidades religiosas, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo, porque lo mas probable era que se iría de religioso. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Císter demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio sumamente árido y lleno de bosques donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa valle muy claro, ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día.

Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros a los pocos años tenía 130 religiosos; de este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos.

La oratoria de santo. Después de San Juan Crisóstomo y de San Agustín, es difícil encontrar otro orador católico que haya obtenido tantos éxitos en su predicación como San Bernardo. Lo llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo) porque sus palabras en la predicación eran una verdadera golosina llena de sabrosura, para los que la escuchaban. Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Su amor a la Virgen Santísima.

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo, porque entre todos los predicadores católicos quizás ninguno ha hablado con más cariño y emoción acerca de la Virgen Santísima que este gran santo. Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María". Y repetía la bella oración que dice: "Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir".

El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante. "Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial". Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.

Viajero incansable. El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil. Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso, por imprudente, se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le daño la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo fuertemente las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos.

Exclamaba: A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas (ya en las noches pararía luego sus horas dedicado a la oración y a la meditación).

De carbonero a Pontífice. Un hombre muy bien preparado le pidió que lo recibiera en su monasterio de Claraval. Para probar su virtud lo dedicó las primeras semanas a transportar carbón, y el otro lo hizo de muy buena voluntad. Después llegó a ser un excelente monje, y más tarde fue nombrado Sumo Pontífice: Eugenio III. El santo le escribió un famoso libro llamado "De consideratione", en el cual propone una serie de consejos importantísimos para que los que están en puestos elevados no vayan a cometer el gravísimo error de dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación. Y llegó a decirle: "Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación".

Despedida gozosa. Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ej. Hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba: "Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca". Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a sus eternidad feliz el 20 de agosto del año 1153. Solamente tenía 63 años pero había trabajado como si tuviera más de cien. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia.

¡Felicidades quienes lleven este nombre!

EL PODER INFINITO DE LA FE



Poder infinito de la fe



Cuando el dolor, la desesperación, la enfermedad o la muerte, van 
invadiendo los rincones más vulnerables de nuestra alma, buscamos como niños huérfanos, abrazarnos al ser que nos sane las heridas más profundas, más dolorosas e inexplicables: entonces buscamos a Dios. 

Nos aferramos a la Fe, que a veces, se despierta dentro nuestro, tan débil y tan frágil, que pareciera que no nos puede llevar hasta Dios, y 
confundidos preguntamos el por qué de tanto dolor y tanto desamparo, sin encontrar la respuesta ni el consuelo. 

Pero de pronto, en el medio de la desesperación y de la pena, Jesús toca nuestros corazones, y la Fe se vuelve ciega e infinita, y nos hace conocer el éxtasis del amor, de la entrega, de la humildad. Nos hace valorar y amar tanto a Dios, que aceptamos sus designios, sus caminos, a veces demasiado tristes, pero siempre santos, y su mano sana nuestros corazones heridos, calma nuestros llantos desesperados, alivia nuestros dolores. 

Es verdad que los milagros aumentan nuestra Fe. Pero cuando oramos con Fe, y los milagros no se producen, no quiere decir que Dios no nos ama, sino sea tal vez, que su plan es más grande, y es más grande aún todavía, su abrazo tierno y glorioso hacia ese hijo amado que está sufriendo. Orar, a veces, no cambia las cosas que ocurren, pero cambia para bien nuestros corazones. 

PARA MI JESÚS ES...




Para mi Jesús es...



¡Él es el Primero y Último, el Principio y el Final!
¡Él es el guardián de la Creación y el Creador de todos!
Él es el Arquitecto del universo y
El Gerente de todos los tiempos.
Él siempre fue, Él siempre es, y Él siempre será...
¡Firme, Inalterable, Invicto, y nunca Derrotado!
¡Él fue golpeado y trajo la sanidad!
¡Él fue horadado y alivió el dolor!
¡Él fue perseguido y trajo la libertad!
¡Él estaba muerto y trajo la vida!
¡Él ha subido y ha traído el poder!
¡Él reina y trae Paz!
El mundo no puede entenderlo,
Los ejércitos no pueden derrotarlo,
Las escuelas no pueden explicarlo, y
Los líderes no pueden ignorarlo.
Herodes no podría matarlo,
Los Fariseos no podrían confundirlo, y
¡Las personas no podrían sostenerlo!
Neron no podría aplastarlo,
Hitler no podría imponerle silencio,
La Nueva Era no puede reemplazarlo, y
¡Donahue no puede explicarlo!
Él es luz, amor, longevidad, y Señor.
Él es Bondad, Apacibilidad, y Dios.
Él es Santo, Virtuoso, Majestuoso, poderoso, y puro.
Sus caminos son correctos,
Su palabra es eterna,
Su testamento es inmutable, y
Su mente está en mí.
Él es mi Redentor,
Él es mi Salvador,
Él es mi guía, y
¡Él es mi paz!
Él es mi Alegría,
Él es mi consuelo,
Él es mi Señor, y
¡Él gobierna mi vida!
Yo lo sirvo porque Su ligadura es el amor,
Su carga es ligera, y
Su meta para mí es la vida abundante.
Yo lo sigo porque Él es la sabiduría del sabio,
El poder del poderoso,
El anciano de días, el gobernante de gobernantes,
El líder de líderes, el inspector de los vencedores, y
El Señor soberano de todos que eran y son y serán.
Y si eso te parece impresionante, prueba esto (confiésalo):
¡Su meta es una relación contigo!
Él nunca te dejará,
Nunca te desamparará,
Nunca te desencaminará,
Nunca se olvidará de tí,
Nunca te pasará por alto, y
¡Nunca cancelará tu cita en Su libro de citas!
¡Cuando yo caigo, Él me alza!
¡Cuando yo fallo, Él me perdona!
¡Cuando yo soy débil, Él es fuerte!
¡Cuando yo estoy perdido, Él es el camino!
¡Cuando yo tengo miedo, Él es mi valor!
¡Cuando yo tropiezo, Él me sostiene!
¡Cuando yo me hiero, Él me sana!
¡Cuando yo estoy roto, Él me remienda!
¡Cuando yo soy ciego, Él me lleva!
¡Cuando yo tengo hambre, Él me alimenta!
¡Cuando yo enfrento las pruebas, Él está conmigo!
¡Cuando yo enfrento la persecución, Él me escuda!
¡Cuando yo enfrento los problemas, Él me conforta!
¡Cuando yo enfrento la pérdida, Él me mantiene!
¡Cuando yo enfrento la Muerte, Él me lleva a Casa!
Él es todo para todos, por todas partes,
Cada vez, y en cada manera.
Él es Dios, Él es fiel.
¡Yo soy Suyo, y Él es mío!
Mi Padre en el cielo al padre de este mundo puede fustigar.
Así, si  estás preguntándote que por qué yo me siento tan seguro,
entiende esto...
Él lo dijo y eso lo establece.
Dios está en el mando, yo estoy en Su lado, y
Eso significa que todo está bien con mi alma.
¡Todos los días es una bendición porque DIOS es real!

Sí, yo amo a Jesús.
Él es mi fuente de existencia y mi Salvador.
Él me guarda funcionando cada uno y todos los días.
Sin Él, yo no sería nada.
Sin Él, yo no soy nada;  más con Él yo puedo hacer todas las cosas.
Filipenses 4:13

EN EL HOGAR SE APRENDE A SER


En el hogar se aprende a ser
La generosidad se enseña con el ejemplo, la constancia, el esfuerzo, con delicadeza y amor, y sobre todo, todo hecho con naturalidad y alegría


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 




Es frecuente escuchar que los hijos aprenden de sus padres y padres que aprenden de sus hijos.
Existe un lenguaje no verbal, que sustituye o acompaña nuestras palabras. Es el clima que creamos a nuestro alrededor, ordinariamente a través de cosas muy pequeñas como, por ejemplo, una sonrisa cordial o una mirada de aprecio. (Julia Burggraf)

Esto sucede siempre que haya generosidad por el medio.

Un hogar donde sus integrantes son generosos, es tierra fértil para que todos eduquen a todos.
La virtud de la generosidad vivida, es de las virtudes humanas que más nos acercan a la felicidad.
Cuando uno la vive intensamente, más satisfecho se encuentra con los actos que realiza.

Siete pasos para la felicidad que van muy unidos al ser generoso:

Piensa menos, siente más.
Frunce menos, ríe más.
Habla menos, escucha más.
Juzga menos, acepta más.
Mira menos, haz más.
Quéjate menos, aprecia más.
Teme menos, ama más.

Y así como hay pasos que llevan a la felicidad, citemos también cinco errores que dificultad el ser feliz y generoso:

1)    Magnificar sucesos negativos.
2)    No perdonar nuestros propios errores.
3)    Ser incapaces de cerrar las heridas del pasado.
4)    No tener ilusiones.
5)    No proyectarnos hacia adelante.
En en nuestro clima familiar siempre debe haber  un nuevo amanecer

La generosidad es un acto desinteresado por el cual una persona se esfuerza en dar algo de sí misma con el fin de cubrir la necesidad de otro.
Se busca hacer feliz al otro, haciéndole un bien.

La generosidad se enseña con el ejemplo, la constancia, el esfuerzo, con delicadeza y amor, y sobre todo, todo hecho con naturalidad y alegría.

No sirve la generosidad practicada con cara larga.
Necesita ir unida a la sonrisa, a la alegría.
Es una virtud que se vive y uno ni sabe ni se da cuenta cuando la está enseñando.

Es bueno que nos hagamos algunas preguntas:

¿Soy generoso con mi tiempo?  

-Papá, se la pasa en la oficina la mayor parte del tiempo y a mí siempre me atiende a las corridas. Lapidaria reflexión de un chico.

¿Me olvido que si quiero ser padre educador, mis hijos necesitan parte de mi tiempo?

El tiempo es sin duda, el bien más preciado que administramos.
Si lo perdemos ya no lo podremos recuperar Los hijos crecen muy rápido como para vivir distraídos.
Lo que no hicimos cuando debíamos, ya no lo podremos hacer.

¿Enseñamos a compartir las cosas?

-Papá, siempre me dice que le tengo que prestar la bicicleta a Juan, pero cuando le pido prestado su raqueta pone mala cara.
Si queremos enseñar a compartir, la primera generosidad la tendrán que aprender de nosotros.

¿Soy generoso en las cosas de la casa? ¿Ayudo, para que los chicos ayuden?

-Papá siempre me hace sacar la basura, pero él nunca mueve un dedo.

Sin duda el hogar es la mejor escuela para educar en la generosidad.
Ayudar en las múltiples tareas que en la casa hay es una manera de formar en la responsabilidad y en la generosidad.
En la casa se aprende de las pequeñas colaboraciones como el dar algo mío para el bien de todos.
Y los padres no podemos excluirnos y debemos ser los primeros en dar el ejemplo.

Este tipo de detalles, y tantos más, se nos presentan a diario, y si los vivimos con naturalidad harán que en casa se viva un intenso ambiente familiar y nos vayamos educando unos a otros en esta gran virtud del ser generoso.

Una de las grandes alegrías de la vida es tener una familia unida. (Enrique Rojas).

En la familia es el mejor  ámbito para ser concebido, para nacer, para crecer, para envejecer y para morir con la dignidad propia de la persona humana.

Y en este nacer y morir la familia deberá ser testimonio de una característica cristiana de vida, característica fundamental en todo creyente, que es la alegría. La generosidad con alegría.
Que no es pasarse la vida riendo, sino saber enfrentar las circunstancias que tenemos que vivir con la serenidad que da la alegría cristiana, incluso cuando muerte y vida, tristeza y gozo, salud y dolor, se dan en nuestra vida.
A veces, muchas veces, muerte y vida, tristeza y gozo, salud y dolor se dan juntas. Se viven juntas. Sepamos asumirlas con alegría.
Sepamos ser generosos con alegría, pues generosidad sin alegría no vale la pena ser generoso.

Por último contaré una anécdota que leí tiempo atrás y que me hizo ver cómo un chico había entendido bien lo que significaba vivir la virtud del ser generoso.
Se refería a un chico de nueve años, de condición humilde, que trabajó un verano para poder darse algunos gustos porque sus padres no podían sostener sus vacaciones.
Realizaba trabajos manuales y recibía monedas de propina. Un buen día logró juntar cinco pesos y decidió ir a comer un helado.
Entró en una confitería. Se sentía muy importante gracias a que podía obtener, con su esfuerzo, lo que quería.
Entonces le preguntó a la chica que atendía:
-Señorita, ¿cuánto cuesta un helado bañado en chocolate?
-Cinco pesos, le contestó.
-¿Y si no está bañado en chocolate?
-Cuatro  pesos con cincuenta, fue la respuesta.

El niño le pidió uno y lo comió disfrutando mucho "su" helado.
Enorme fue la sorpresa que tuvo la chica, y mayor su emoción, cuando el chico se retiró y, al limpiar la mesa, encontró 50 centavos de propina.
Había renunciado a comer un helado bañado en chocolate, para poder ser generoso con quien lo había atendido.

Con padres generosos, los hijos serán generosos.

LA ACCIÓN DE JUAN PABLO II POR LA VOCACIONES AL SACERDOCIO


La acción de Juan Pablo II por las vocaciones al sacerdocio
La pastoral vocacional y la pastoral familiar se desarrollan al unísono
Por: Antonio Miralles | Fuente: Clerus.org 




La vocación al sacerdocio, don y misterio

El testimonio de san Juan Pablo II sobre su propia vocación, al cumplir 50 años de sacerdocio, publicado en el libro Dono e Mistero [Don y Misterio], nos brinda indicaciones inestimables, cargadas de matices personales, sobre su celo para con las vocaciones sacerdotales. "¡Cuántas veces -dice- un obispo vuelve con el pensamiento y el corazón al seminario! Es el primer objeto de sus preocupaciones. Suele decirse que el seminario es para un obispo la "niña del ojo" (...) De alguna manera, el obispo ve a su Iglesia a través del seminario, puesto que de las vocaciones sacerdotales depende una parte muy grande de la vida eclesial" (págs. 109-110). Una parte muy grande y también esencial, porque la presencia del sacerdocio ministerial asegura la Eucaristía y los demás sacramentos que los fieles necesitan, asimismo, garantiza la predicación del evangelio y la guía de la comunidad cristiana. De ello nos ha dado un testimonio personal el Santo Padre: "Fui consagrado obispo doce años después de mi Ordenación sacerdotal: gran parte de estos cincuenta años estuvo signada precisamente por la preocupación por las vocaciones" (pág. 110).

Ante esta preocupación el obispo no está solo: es un compromiso de todos los fieles, pero de manera especial, como afirma el Papa en la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis: "Todos los sacerdotes son solidarios y comparten con él [el obispo] la responsabilidad de la búsqueda y la promoción de las vocaciones presbiterales" (PDV 41/4). No se trata de un compromiso que podamos enfrentrar despreocupadamente, con la seguridad de que vayamos a encontrar un campo en el que la cosecha sea abundante. De hecho, en las últimas décadas ha habido una verdadera crisis. Sin embargo, Juan Pablo II, dirigiendo una mirada de fe sobre toda la Iglesia, halla motivos para optimismo: "Gracias a Dios, comienza a ser superada la crisis de las vocaciones sacerdotales en la Iglesia. Cada nuevo sacerdote trae consigo una bendición especial" (pág. 111). Con todo, a nadie se le escapa que la situación no es uniforme en la Iglesia y que en no pocos lugares la falta de un número suficiente de sacerdotes resulta verdaderamente dramática. Y es un motivo más para oír con mayor atención el testimonio del Papa.

Es bueno reflexionar sobre el don de la vocación sacerdotal. Se trata de "un misterio. Es el misterio de un "intercambio maravilloso" («admirabile commercium») entre Dios y el hombre. Éste entrega a Cristo su humanidad para que Él pueda servirse de ella como instrumento de salvación, casi haciendo de ese hombre otro sí mismo" (pág. 84). Es decir, el hombre percibe un llamado divino a brindarse a sí mismo, un llamado que se le presenta como un don inestimable que antecede a su respuesta. Por ello el Papa advierte: "Si no se percibe el misterio de este "intercambio", no se puede comprender cómo, al oír la palabra "¡Sígueme!", un joven pueda llegar a renunciar a todo por Cristo, con la certeza de que en ese camino su personalidad humana se realice plenamente" (p. 84).

La vocación sacerdotal, al igual que la vocación de todo cristiano, arraiga en el designio eterno de Dios Padre, que se realiza en la vocación bautismal, y adquiere así una mayor determinación hasta llegar a ser concreta en relación a cada bautizado. Es el plan proclamado por el himno inicial de la carta a los Efesios: "Nos ha elegido en él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad" (Ef 1,4-6). Es éste el fundamento de la radicalidad de la vocación cristiana: el designio de Dios no se conforma con una meta menor que la de ser santos e inmaculados en su presencia. Es un designio eterno, escondido en la intimidad de la vida trinitaria, que luego repercute en la vida personal del hombre y en lo íntimo de su corazón, cuando percibe que para él es un camino concreto que recorrer, en la identificación con Cristo y con la fuerza del Espíritu Santo, hasta la meta a que su Padre, Dios, lo llama.

El Santo Padre cuenta cómo ocurrió su percepción del llamado divino al sacerdocio: "Se mostraba a mi conciencia (...) cada vez más, una luz: el Señor quiere que yo sea sacerdote. Un día lo percibí con mucha claridad: era una suerte de iluminación interior, que llevaba consigo la alegría y la seguridad de otra vocación [se refiere a sus proyectos anteriores]. Y esta conciencia me llenó de una gran paz interior" (pág. 44).

La respuesta libre al llamado de Cristo y la fiel confirmación sucesiva, a lo largo del camino formativo de preparación al sacerdocio, van dando mayor firmeza, sea a la persuasión de haber sido llamados al sacerdocio, sea a la decisión de responder con el don decidido de sí mismos. Se llega así al momento de la Ordenación, en el cual la persuasión iluminada por la fe se vuelve certeza. A ese momento se refiere el Santo Padre, con evidente referencia a sí mismo: "Quien se dispone a recibir la Ordenación sagrada se postra con todo su cuerpo y apoya su frente en el suelo del templo, expresando así su disponibilidad completa a emprender el ministerio que se le confía. Ese rito ha marcado profundamente mi existencia sacerdotal" (pág. 53). No alcanza sólo la disponibilidad para desempeñar una serie de funciones que se podrían enumerar en un cuadro normativo, porque el sacerdote está llamado a servir a Cristo, Sacerdote eterno, con toda su existencia. Dice el Papa: "El sacerdocio de todos los presbíteros se inscribe en el misterio de la Redención. Esta verdad sobre la Redención y el Redentor se ha enraizado en el centro mismo de mi conciencia, me ha acompañado en todos estos años, ha impregnado mis experiencias pastorales, me ha revelado contenidos siempre nuevos" (pág. 92).

A pesar de haberles ofrecido sólo breves fragmentos, dada la brevedad del tiempo de que dispongo, este testimonio del Papa constituye un marco muy adecuado de experiencias y doctrina para comprender mejor su enseñanza, que aparece más sistemática y completa en «Pastores dabo vobis», como vengo a exponer en la segunda parte de mi intervención.


La vocación sacerdotal en la pastoral de la Iglesia

El Sínodo de los Obispos de 1990 y la exhortación apostólica posterior, «Pastores dabo vobis», sobre la formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales, constituyen un claro signo de la acción de Juan Pablo II por las vocaciones al sacerdocio, como puede verse en el capítulo 4° de la exhortación, que trata de la vocación sacerdotal en la pastoral de la Iglesia y el capítulo 5°, sobre la formación de los candidatos al sacerdocio. Concentraré mis observaciones en el capítulo 4°, para respetar el tiempo que me ha sido asignado.

De gran importancia es la afirmación central del primer número del capítulo: "La pastoral vocacional (...) no es un elemento secundario ni accesorio, tampoco un momento aislado o sectorial, como si fuera una parte, aunque muy importante, de la pastoral global de la Iglesia: es más bien (...) una actividad íntimamente insertada en la pastoral general de cada Iglesia, una atención que debe integrarse e identificarse plenamente con la "cura de almas" llamada ordinaria" (PDV 34/4). Esto es que, en ninguna Iglesia particular, los pastores y los demás fieles pueden considerarse dispensados del compromiso constante para que un número adecuado de jóvenes pueda acoger la gracia de la vocación al sacerdocio.

Para preparar mejor la acción pastoral en este campo, es necesario tener en cuenta plenamente los aspectos esenciales de la vocación sacerdotal mencionados en la primera parte; es necesario considerar que, entre estos aspectos, se encuentra también la dimensión eclesial: "[la vocación] no deriva sólo "de" la Iglesia y su mediación, y tampoco se da a conocer y se cumple sólo "en" la Iglesia, sino que se configura, en el servicio fundamental a Dios, necesariamente también como servicio "para" la Iglesia" (PDV 35/5). Por ello, "la Iglesia está realmente presente y activa también en la vocación de cada sacerdote" (PDV 38/1); y es así, de manera especial, en el llamado del obispo.

En el diálogo vocacional entre Dios y el hombre, la libertad de éste es insuprimible, pero es menester reconocer la prioridad de la intervención libre y gratuita de Dios que llama. "La vocación es un don de la gracia divina y nunca un derecho del hombre y, por eso no es posible considerar la vida sacerdotal como una promoción simplemente humana, ni tampoco la misión del ministro como un simple proyecto personal" (PDV 36/4). El Papa deduce de ello una consecuencia importante: "Aquellos que han llamados saben que se basan no en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad incondicional de Dios que llama" (PDV 36/4). La misma gracia de Dios anima y alienta la libertad humana para que responda a la vocación, "una libertad que en la respuesta positiva se expresa como adhesión personal profunda, como donación de amor o, mejor dicho, como nueva donación al Donante que es Dios que llama, como oblación" (PDV 36/7).

Reconocer el gran valor positivo de la respuesta libre al llamado divino no impide tener conciencia de los obstáculos que se le oponen. El Papa hace referencia explícita a los obstáculos identificados por los Padres sinodales al reconocer "que la crisis de las vocaciones al presbiterado tiene raíces profundas en el ambiente cultural, la mentalidad y la praxis de los cristianos" (PDV 37/5). Para contrastar esa crisis, subraya "la urgencia de que la pastoral vocacional de la Iglesia apunte prioritariamente y con decisión a la reconstrucción de la "mentalidad cristiana", tal como es engendrada y sostenida por la fe. Se hace más que nunca necesaria una evangelización que no cese de presentar el verdadero rostro de Dios, el Padre que en Jesucristo nos llama, uno a uno, y el sentido genuino de la libertad humana como principio y fuerza del don responsable de sí mismos" (PDV 37/6).

Come he dicho antes, la vocación sacerdotal tiene una dimensión eclesial esencial, que lleva a la siguiente consecuencia importante: "La Iglesia, como pueblo sacerdotal, profético y real, está comprometida en la promoción y el servicio del nacimiento y la maduración de las vocaciones sacerdotales por medio de la oración y la vida sacramental, a través del anuncio de la Palabra y la educación a la fe, con la guía y el testimonio de la caridad" (PDV 38/3). En esta breve síntesis, no es difícil divisar los puntos sobresalientes de un verdadero programa de pastoral vocacional: la oración, los sacramentos de la vida ordinaria (Eucaristía y Penitencia), la catequesis orgánica, la dirección espiritual y el testimonio de una vida cristiana auténtica. Ordenado todo ello para obtener de Dios gracias abundantes de hombres llamados al sacerdocio y de respuestas generosas por parte de los llamados. El espíritu con el que se ha de promover este programa está claramente descrito por las palabras del Papa: "Los educadores y, en particular, los sacerdotes, no deben vacilar en proponer, de manera explícita y vigorosa, la vocación al presbiterado como una posibilidad real para aquellos jóvenes que den muestra de poseer los dones y las dotes que le corresponden. No debe temerse que se los condicione o se limite su libertad; al contrario, una propuesta precisa, hecha en el momento justo, puede ser decisiva para provocar en los jóvenes una respuesta libre y auténtica" (PDV 39/2).

La pastoral vocacional es un deber de toda la Iglesia. Juan Pablo II es muy explícito: "Es por demás urgente, hoy en especial, que se difunda y eche raíces la convicción de que todos los miembros de la Iglesia, sin exclusión alguna, tienen la gracia y la responsabilidad de ocuparse de las vocaciones" (PDV 41/2). La primera responsabilidad corresponde al obispo, coadyuvado por los sacerdotes; pero también "ha sido confiada una responsabilidad muy especial a la familia cristiana" (PDV 41/5). La pastoral vocacional y la pastoral familiar se desarrollan al unísono.

(Intervención de Antonio Miralles, profesor de Teología en la Universidad de la Santa Cruz (Roma), en la videoconferencia mundial de teología organizada por la Congregación vaticana para el Clero el 28 de abril de 2004 sobre las vocaciones sacerdotales.)

UNA HORA SANTA DE ORACIÓN, LUZ DE VIDA


Una Hora Santa de oración, luz en la vida
Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.


Por: Rev. Martín Lucía | Fuente: Catholic.net 




Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".

El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña china de once años de edad.

Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los guardias penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al suelo, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.

Cuando los guardias se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vió todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró en la iglesia. Allí hizo una Hora Santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio.

Después de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).

La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su Hora Santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.

Este acto de martirio heróico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.

Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró en tal grado que prometió a Dios que haría una Hora Santa de oración frente a Jesús
Sacramentado todos los días, por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la Real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.

La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.

Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su Amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento.

Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.

JESÚS es el Santísimo Sacramento, la Luz del mundo.

EL EVANGELIO DE HOY: MIÉRCOLES 19 DE AGOSTO DEL 2015


Todos recibieron un denario cada uno
Parábolas


Mateo 20, 1-16. Tiempo Ordinario. Cristo necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio, para hacer algo por los demás. 


Por: P. Clementre González | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 20a. Semana del Tiempo Ordinario,  del domingo 16 al sábado 22 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Oración introductoria
Señor Jesús, Tú sabes que es lo que más me conviene. Cuenta conmigo, llámame, a la hora que quieras, para trabajar en tu viña. Tú eres fiel a tu Palabra y estás más interesado que yo en mi bien espiritual, por eso confío plenamente en Ti. Quiero escuchar tu voz. Habla, Señor, estoy a la escucha.

Petición
Señor, quiero trabajar por Ti, quiero desgastarme por Ti, quiero poner todo lo que soy a tu servicio. Ilumíname para saber cómo y dónde servirte.

Meditación del Papa Francisco
Había mucha necesidad en la viña y este señor pasó casi todo el tiempo yendo por las calles y las plazas del pueblo buscando trabajadores. Al respecto, ha invitado a pensar en los que buscó a última hora, nadie les había llamado, quién sabe cómo podían sentirse, porque al final del día no habrían llevado a casa nada para dar de comer a los hijos. Por esta razón, el Santo Padre ha dicho que esta parábola es un buen ejemplo para los responsables de la pastoral.
Otro aspecto profundizado por el Santo Padre ha sido a través de una advertencia: "no acudamos a la voz de las sirenas que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsa de iniciativas, sin conseguir recoger lo esencial del compromiso de la evangelización.
Francisco ha señalado que a veces parece que estamos más preocupados por multiplicar las actividades más que por ser atentos con las personas a su encuentro con Dios. "Una pastoral que no tiene esta atención -ha indicado- se hace estéril poco a poco". Asimismo ha querido recordar que una pastoral sin oración y contemplación no podrá nunca alcanzar el corazón de las personas. (Discurso de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2014).
Reflexión
¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.

Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. ¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.

¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.

Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.

Propósito
Renunciar a los sentimientos de descontento y saber agradecer diariamente a Dios, los talentos que me ha dado.

Diálogo con Cristo 
Señor, que diferente es tu justicia a la del mundo. Mezquinamente busco la recompensa de lo que hago por el bien de los demás, olvidando que eso que creo que es extraordinario, es simplemente mi obligación. Tú eres infinitamente misericordioso y me colmas con la gratuidad de tus dones. Dame lo único que necesito, la gracia de salir de esta oración decidido a darlo todo por tu causa; a vencer el miedo, la rutina y los cálculos egoístas.

HOY CELEBRAMOS A SAN EZEQUIEL MORENO, INTERCESOR DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER


Hoy celebramos a San Ezequiel Moreno intercesor de los enfermos de cáncer.
Por María Ximena Rondón



REDACCIÒN CENTRAL, 19 Ago. 15 / 12:15 am (ACI).- Su ardor misionero fue tan grande que no dudaba en cruzar ríos caudalosos y soportar las inclemencias del clima con tal de llevar almas a los pies de la Cruz. Tenía un espíritu fuerte que ninguna pena, crítica o enfermedad pudo quebrantar. Por su entrega apasionada a Dios y su labor se le considera como uno de los más grandes apóstoles de la Evangelización de América.

Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja España. Sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz, quienes a pesar de tener una condición humilde consideraban a la religión católica como su tesoro.

Esta devoción influyó en el corazón del Santo, que desde la infancia sintió el llamado a la vida religiosa. Era un niño inteligente, juguetón y dedicado a los estudios. Sin embargo, era capaz de sacrificarse por su prójimo porque en lugar de ir a las fiestas del pueblo se quedaba cuidando de los enfermos. También le gustaba cantar y tocar la guitarra.

Con sólo 16 años y siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, ingresó al convento de los agustinos recoletos en Monteagudo (Navarra) el 21 de setiembre de 1864. Un año después hizo su profesión religiosa y cuatro años más tarde fue enviado como misionero a Filipinas. Allí culminó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1871.

Tiempo después fue enviado, junto con su hermano Eustaquio, a evangelizar a los habitantes de la isla de Paragua. Ezequiel convirtió a muchas almas pero contrajo la malaria debido las pésimas condiciones de sanidad y tuvo que regresar a Manila.

En 1876 fue nombrado párroco de Lespiñase y cuatro años después predicador conventual de Manila. Entonces asumió las riendas de una finca de los agustinos recoletos en Imus. Fue un excelente administrador y también realizaba obras caridad con los pobres.

En 1888 regresó al convento Monteagudo como prior. Durante tres años imprimió en los jóvenes novicios el sello de la espiritualidad agustiniana y el amor hacia los pobres reduciendo sus raciones para dar de comer a los mendigos.

Tres años después volvió a embarcarse en la aventura como misionero. Vivió austeramente durante cinco años en Bogotá (Colombia) en el cargo de provincial de la orden. Se dedicó a predicar y atender a los enfermos. Junto a tres compañeros se introducía en la región de Casanare, que aún no era explorada, para evangelizar y administrar los sacramentos.

Debido a sus méritos al reactivar la labor misionera en Colombia fue nombrado Obispo titular de Pinara y Vicario Apostólico de Casanare. El 1 de mayo de 1894 lo nombraron Obispo de Pasto.

En su nuevo cargo destacó por su celo apostólico y su fidelidad a la Iglesia. Ejecutó su programa de trabajo denominado “Dios y Colombia”. Su posición como Obispo no lo detuvo en su labor misionera. Siguió atravesando ríos caudalosos, caminando en medio de tormentas y soportando las inclemencias del clima porque consideraba que “una sola alma vale más que toda mi vida”.

A la par de su intenso trabajo apostólico dedicaba varias horas a la oración, a la que consideraba como la fuente principal para obtener fuerzas.

En 1896 fue nombrado Obispo de Pasto. Sus prédicas contundentes y su sencillez provocaron la burla de sus enemigos, incluyendo algunos obispos, quienes también lo atacaban por medio de la prensa. Sin embargo, San Ezequiel trataba a sus atacantes con misericordia y pedía por ellos.

En 1905 le diagnosticaron cáncer y, ante las reiteradas súplicas de los fieles y de los religiosos de su Orden, volvió a España para operarse. Lamentablemente la intervención fue muy dolorosa y no tuvo éxito. Durante la operación el Santo exclamaba: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”.

Fue enviado a Monteagudo para recuperarse pero volvió a recaer. Los dolores nunca quebrantaron su espíritu y se mantuvo firme en su fe. Murió el 19 de agosto de 1906.

Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1975 y el 11 de octubre de 1992 fue canonizado por San Juan Pablo II y es considerado como el especial intercesor ante Dios por los enfermos del cáncer.
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