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viernes, 30 de enero de 2026

FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 38 - CAMBIE LA FRASE, MONSEÑOR


Semáforo 38
CAMBIE LA FRASE, MONSEÑOR
"Cuando hay que corregir, es necesario orar antes al Espíritu Santo, y después decir la cosa de buena manera, para que se vea que no es el amor propio lo que nos empuja, sino el deseo de que todos sirvan al Señor fielmente".

Como Obispo y ya antes como sacerdote Mons. Marello tenía la virtud de la bondad también en la forma de escribir. Una bondad que se ponía seria, sólo cuando chocaba con la falsedad o la malicia.

Así cuenta don Genzone:
- Un día me encontraba reunido con Mons. Marello: a un cierto momento entró el Vicario General, Mons. Pagella, con una carta, creo que era el borrador de una respuesta.

- Mire si está bien, dijo.

Yo estaba aparte, pero pude seguir la conversación.

El Obispo leyó con atención lo escrito, mostrando de vez en cuando su disconformidad. Al fin dijo a su Vicario:

Es una buena carta y me parece exacta. Sólo esta frase me parece dura en exceso (y se la indicó): sí, cámbielo; busque otra más suave... Es demasiado fuerte.

- Pero, Monseñor, dijo respetuosamente el Vicario Pagella, es una frase que he estudiado y escogido de propósito, porque conozco la persona que la va a recibir. Mire que es necesario.

- Pues bien, -concluyó el Obispo- cámbiela: usted tendrá un doble mérito: el de su sacrificio y el del mejor bien que hará al que recibirá la carta. Debemos darle la impresión que le queremos, a pesar de todo.

Lo que nos parece justo no está siempre lleno de auténtica caridad.


FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 37 - ¡Y FUE OBISPO POR OBEDIENCIA AL PAPA!

 


Semáforo 37
¡Y FUE OBISPO POR OBEDIENCIA AL PAPA!
"Ensanchemos nuestro corazón y echémonos con eterna confianza en los brazos de María: ella no nos va a abandonar".

San José Marello

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El 23 de noviembre de 1888, Mons. Ronco, Obispo de Asti, le llevo al Can. José Marello el nombramiento oficial de Obispo de Acqui.

El se quedó azorado: una avalancha de problemas se desencadenaba con ese nombramiento.

También sus Oblatos quedaban afectados: unos se sentían contentos por el honor que le habían dado al Padre, otros se sintieron llenos de temor porque tendría que dejarlos.

Mons. Marello se preguntaba quién podría ayudarlo a entender bien las cosas, para decidir que hacer...

Le vino a la mente un gran personaje de aquel tiempo: el Arzobispo de Turín, el Card. Alimonda. Y así salió para Turín.

El Cardenal le escuchó con mucha benevolencia, le dejó que hablara todo lo que sentía. Al final le contesto:

- El Santo Padre siente mucha pena cuando ve que los que él escoge como Pastores porfían en negarse a aceptar. No le dé este disgusto al Papa; además, con dificultad aceptaría la negativa. Acepte, y deje a Dios sus dificultades.
¿Podría el Canónigo dar un disgusto al Papa? ¡No, de ninguna manera!

Le tocaba a la Virgen María venir en su ayuda en esta situación tan difícil. El Canónigo fue al Santuario de la Consolata, el más conocido en Turín; oró largamente. Poquito a poco sintió una gran paz, como si Ella le hubiera dicho:

-"No tengas miedo. Estaré contigo en cualquier parte".

Volvió a Asti teniendo en el corazón su respuesta: ¡Sí!.

Y José Marello se convirtió en Mons. Marello, Obispo de Acqui.

A Mons. Ronco que le preguntaba qué tenía que contestar al Papa, dijo:

- Conteste al Santo Padre que obedezco.

FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 36 - INTERVENCIÓN MISTERIOSA

 


Semáforo 36
INTERVENCIÓN MISTERIOSA
"El Señor está siempre dispuesto a ayudarnos; pero quiere nuestra cooperación. Él nos concede los favores, pero quiere que sepamos recibirlos con nuestra buena voluntad, recta intención y esfuerzo en practicar la virtud".

San José Marello

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Los percances en el mundo de los muchachos no son una invención moderna. Siempre ha habido y a veces son más grandes que de los mayores.

Este incidente pasó en el patio de juegos de Santa Chiara y le ocurrión al que fue después don Sabione.

-Un día- narra él -, estaba yo jugando en el columpio, mientras los otros esperaban turno.

En un cierto momento,  uno de ellos,  no sé si por cólera o por malcriadez, me arrancó el asiento mientras yo estaba volando a la máxima altura. Como yo, medio fanfarrón, no estaba agarrado de la soga, el estirón y el empuje me hicieron volar y fui a chocar con la cabeza contra uno de los pilares de la casa. Como consecuencia del impacto caí desmayado.

Supe después lo que había pasado. De inmediato llamaron al Marrello; acudió él, me tomo del brazo, y levantándolo un poco,  me dió su bendición y dijo:

-Ahora nadie lo toque: se va a despertar y hablará él mismo. 
Cuando más tarde volví en mí, no entendía nada.

-¿Qué día es? pregunté.

Todos me miraban pasmados, poquito a poco me levanté para sentarme... En la tarde ya todo estaba olvidado. Pero sigo llevano la marca en la cabeza; debe haber sido un golpe formidable. En efecto se me ha quedado un hundimiento en la caja del cráneo.

Eso pasó en 1888. Siempre he tenido la impresión de que ha sido la bendición del Padre la que me sanó rapidamente...

Ocurre con frecuencia que la Providencia pone remedio a nuestros equívocos o nuestras maldades, por medio de los que llamamos "santos".


FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 35 - CARIDAD Y FINEZA


Semáforo 35
CARIDAD Y FINEZA
"Cuando hacemos el bien no debemos poner ninguna restricción: ni de persona, ni de lugar, ni de religión, a todos debemos hacer llegar nuestra caridad"

San José Marello

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Por muchos años José Marello, a pesar de todos los cargos que tenía, canónigo, archidiácono de la catedral... siguió solicitándo los servicios del mismo barbero, uno muy anciano.

Al despacho del anciano trabajador de navaja ya eran pocos los clientes que entraban. Debido a su edad, de vez en cuando debaja unas marcas en la cara de los desafortunados que se sometían a sus instrumentos.

También la cara del Canónigo llevaba a veces los rastros de una dura batalla del barbero para arrancarle los pelos de la barba. Algunos le dijeron más de una vez:¿Por qué sigue haciéndose afeitar por aquel fulano?¿Por qué no va a otro barbero? Hay tantos mejores que él, no hay duda. ¿No ve qué le han hecho en la cara?

Y esta era la respuesta del Padre:
-"El pobrecito no podría vivir si no se le hace una caridad. Pues hacerle la caridad sin darle la oportunidad de ejercer su arte, sería quizá una humillación para él, después de tantos años de trabajo honrado.

Y así continuó frecuentando el mismo barbero, mientras vivió en Asti.

También esta delicadeza por mirar al bien de otro más que al suyo propio, es una característica de la caridad de los Santos.

 

FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 34 - CATECISMO, CATECISMO

   


Semáforo 34
CATECISMO, CATECISMO
"Hay que volver al catecismo, el libro por excelencia, que tiene una verdad, un consejo, una enseñanza para todos."

San José Marello

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En 1884, en la iglesia de Santa Chiara, reabierta al culto, el Can. Marello quiso intentar una iniciativa revolucionaria, para esos tiempos y para Asti: el catecismo nocturno para obreros durante la Cuaresma.

Otros más prudentes, claramente opinaron en contra, sería una novedad que corría el riesgo de terminar en ser el chiste del año en la ciudad.

Pero él quiso intentar. Así, durante la Cuaresma organizó el catecismo, turno de la noche, para los obreros de la ciudad.

Entre los que daban clases estaba el Marello y algunos de los Hermanos, los más capacitados. No se hacía ilusiones sobre una participación en masa.

En realidad la concurrencia fue más de lo esperado, y tuvo que dividirlos en varios grupos y buscar otros voluntarios para la enseñanza.

- Habían jóvenes, dice el Hno. Navone, que tenían más de veinte años y ni siguiera sbaía persignarse ni decir el padre nuestro.

Terminó el curso de catecismo con la Comunión general: a cada uno de ellos el Padre le dio un pequeño regalo como recuerdo.

La satisfacción más grande fue la de haber probado que se podía hacer y que la gente de Asti no era tan mala como se decía.

Ese caso excepcional del catecismo fue el germen de un apostolado al que se dedicarían más tarde los Oblatos.

El Can. Marello estaba convencido de que la causa de todos los males morales y sociales era la ignorancia religiosa a la que había de derrotar con una buena dosis de catecismo.

Y Dios sabe que él tenía razón. Demasiadas veces la religiosidad popular no tiene bases sólidas en una fe consciente y clara. Eso lleva a una fácil forma de ateísmo.

Cuando el Can. Marello fue Obispo de Acqui envió a sus fieles dos cartas pastorales particulares: la primera de 1892 sobre la instrucción y educación religiosa de la juventud y en 1894 sobre el  Catecismo.




FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 33 - LA BONDAD ES SENCILLA

  


Semáforo 33
LA BONDAD ES SENCILLA

"Seamos muy tolerantes con el prójimo: tolerantes en los pensamientos, en los juicios, en la mirada, en todo"

San José Marello

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Es decir que no es sofisticada en su raciocinios y que por eso puede parecer ingenua, y casi torpe. Puede parecer, que no lo es.

Siempre hay gente que llamamos "aprovechada", que se pegan a las personas generosas, para sacar ventajas sin mucho esfuerzo.
Mons. Marello encontró a mucho de esa clase. Algunos se han quedado con esta fama.

Todos los días el Can. Marello tenía que ir de Santa Chiara a la Curia o a la Catedral. Pues bien, todos los días encontraba a uno que vendía en la calle de todo un poco: betún para zapatos, fósforos, botones, etc.

Todos los días se acercaba apresuradamente al Canónigo que pasaba, para venderle una cajita de fósforos, tal vez a un precio subido, para aumentar su ganancia.

El Can. Marello se daba cuenta que el negocio le salía muy cómodo al ambulante, porque lo hacía todos los días. Y naturalmente el Canónigo no necesitaba tantos fósforos. Habría podido decirle con tranquilidad y sin falta a la caridad: gracias, no los necesito.

Pero él era un sacerdote, entendía que el vendedor quería apoyar su oferta justamente sobre el hecho de que era sacerdote. Por eso Don José nunca pudo negarse a un acto de caridad.

Así día a día, por muchos años compró la cajita de fósforos. Sólo para no empañar la imagen de su sacerdocio, para no desfigurar a Cristo a quien él representaba.

Es verdad el dicho: -"La verdadera caridad no es pesada y a menudo se hace la vista gorda."


 

SEMÁFORO N° 32 - AMIGO DE LOS TRABAJADORES - SAN JOSÉ MARELLO

 


Semáforo 32
AMIGO DE LOS TRABAJADORES

"Más vale un pensamiento de caridad que sale del corazón del Cottolengo, que miles de proyectos filantrópicos que se quiere promover a costa de millones de exprimidos de las venas del pueblo"

San José Marello

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La bondad de Marello no se limitaba a los pobres, enfermos. Se extendía a todos los que se consideran "necesitados". Por consiguiente también a la gente del trabajo especialmente en aquel tiempo cuando los trabajadores no gozaban de la protección de la que gozan ahora.

Particularmente como secretario del Obispo habrá tenido que entrar en las fábricas no pocas veces, y no precisamente como la sombra del Obispo. Su presencia debe haber sido activa en bien de los obreros, de los trabajadores.

Esto nos enseña un testimonio muy preciso que nos trae nuestro cohermano don Jacinto Carreto, cuando trabajaba como capellán de Trabajo.

Recuerdo, dice él, que como capellán de Trabajo tomé parte en una ceremonia pascual de una fábrica de Asti...

Hablando con los obreros, uno de ellos, habiendo oído que yo era de los Oblatos de San José, fundado por Mons. Marello, dijo:

- Hace muchos años tu Fundador trabajaba por nuestra casas; nuestros ancianos lo recuerdan como un apóstol eficiente que supo hacer mucho bien para nosotros.

Desafortunadamente la memoria de ellos no nos ha dejado ningún caso concreto sobre el asunto.




 

FRENTE AL SEMÁFORO - VIDA Y OBRAS DE SAN JOSÉ MARELLO - SEMÁFORO N° 31 - ELLOS SON MI ALEGRÍA

  


Semáforo 31
ELLOS SON MI ALEGRÍA


"Tenemos que sufrir muchas contrariedades en el cuerpo y en el espíritu, pero ésta es nuestra misión: llevar generosamente la cruz siguiendo las huellas de nuestro Maestro"

San José Marello

No hay duda de que José Marello, joven sacerdote habría podido tener una espléndida carrera. Rico en dotes intelectuales y humanas podía verdaderamente medrar.

Mucha gente subrayaba esta riqueza de mente y capacidad y no podía entender cómo había podido sepultarse en Santa Chiara, donde su vida no tenía ninguna de las características que según el mundo hace la vida bella y regalada.

Las "dignidades" eclesiásticas le caían como un vestido de lujo del que él habría podido gloriarse. El las usaba sólo como un motivo más para servicio de la diócesis. No las buscaba, no le gustaban, no hacía alarde de ellas.

También para sus amigos y compañeros era un absurdo que tuviera escondido tantas dotes.

- Podría resplandecer en la diócesis, en la Iglesia, decían, podría avanzar mucho en camino de la gloria y prefiere sepultarse entre esos viejos.

En cuanto a esos "viejos" del asilo de Santa Chiara, José Marello los visitaba con frecuencia, llevándoles todo el consuelo y la ayuda espiritual y material que podía, junto con una sonrisa bondadosa.

Los santos saben conocer los verdaderos valores, no los falsos que la gente aprecia: ellos saben escoger los valores que no se pierden nunca, lo que vale una eternidad.



miércoles, 28 de enero de 2026

NOVENA A SANTA RITA DE CASIA - DEL 13 AL 21 DE MAYO

 

Fuente: Aciprensa

Primer Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Primer Día:

Astro refulgente de la Iglesia, perla engarzada en la corona del cielo agustiniano, gloriosa Santa Rita, cuyo nacimiento fue ya presagio de la futura santidad, celebrada por los ángeles al anunciar a tus cristianos padres la buena nueva de que te darían a luz, y admirada por los hombres al contemplar atónitos el estupendo prodigio de aquel panal de riquísima miel labrado en vuestra boca al entreabrirse a la primera sonrisa de la inocencia: compadécete de tus devotos, y concédenos, en retorno del acendrado amor que te profesamos, la gracia de responder con fidelidad a los divinos llamamientos, para que lleguemos a alcanzar la gloria eterna.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


Segundo Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Segundo Día:

Salve, modelo de perfecta obediencia, heroína de abnegación y sufrimiento; salve, espejo de jóvenes pudorosas, de esposas atribuladas y de madres que saben amar a los hijos de sus entrañas; salve, mujer fuerte, que, comprendiendo ser mejor la obediencia que el sacrificio, renunciaste al voto de virginidad, que tanto te halagaba, para aceptar la Cruz pesadísima del matrimonio, con todas las consecuencias de un esposo cruel, iracundo y dominado por los vicios, a quien, como otra Mónica, lograste amansar y convertir con la elocuencia de tus lágrimas y la eficacia de tu silencio. Apiádate, ¡oh incomparable Santa Rita!, de nuestra loca y desatendida juventud; alivia el peso abrumador de tanta tribulación, de tanta hiel y de tanta amargura como gravita sobre el corazón de las inocentes esposas que, como vos, no tienen otro consuelo que sus lágrimas y su silencio, y conseguidnos a todos resignación en los trabajos y fortaleza en la adversidad para luchar valerosamente hasta alcanzar la eterna bienaventuranza.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.



Tercer Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Tercer Día:

¡Oh insigne Santa Rita, ejemplar acabado de virtudes cristianas, que, habiéndoseos arrebatado violentamente a vuestro marido cuando comenzabais a gustar los frutos de la conversión operada en su alma, merced a la labor constante de dieciocho años de indecibles sufrimientos, no sólo os resignasteis con tan terrible pérdida, sino que interpusisteis vuestro valimiento en favor de los asesinos, y lo que es más, recabasteis del cielo la muerte de vuestros hijos, temerosa de que con el tiempo vengasen la de su querido padre! Haced que con la misma generosidad perdonemos a nuestros enemigos, a fin de que el Señor nos perdone nuestras ofensas.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


Cuarto Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Cuarto Día:

¡Oh prodigio de santidad, ilustre Santa Rita, doncella inmaculada, esposa sin igual, madre excelente y viuda intachable! Para enaltecer y santificar con vuestra influencia la perfección de todos los estados de la vida os faltaba realizar el sueño dorado de vuestra infancia: vestir el hábito religioso. ¿ Qué importan los obstáculos y dificultades que puedan presentarse? Vuestras súplicas y vuestras lágrimas lo allanarán todo, y cuando eso no bastase, Dios, que vela por ti como por su hija predilecta, enviará del cielo a tus tres santos abogados, San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino, quienes te conducirán de la mano, como tres ángeles, a la morada del Señor, por la que tanto suspiras, donde con los brazos abiertos, y dando gracias al Altísimo, serás recibida por las observantes hijas del gran Agustín. Concédenos el don de perseverar en nuestros buenos propósitos, por graves que sean las tentaciones y dificultades que se nos presenten, hasta que lleguemos al fin a contemplarle en la Gloria.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.



Quinto Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Quinto Día:

Esclarecida hija de San Agustín, que, habiendo logrado tus deseos de vestir su santo hábito y ceñir su misteriosa correa, consagrándote totalmente a Dios por los votos religiosos, te dedicaste a acrisolar tus virtudes en el nuevo estado, mereciendo, en premio de tu ciega obediencia, inauditas mortificaciones y continua contemplación de los dolores y afrentas del Redentor; recibir mercedes estupendas, como la de hacer brotar y reverdecer en lo más crudo del invierno fragantes rosas y sabrosos frutos, y, sobre todo, la de sentir clavada en tu frente una de las espinas desprendidas de la corona del Salvador: alcánzanos una perfecta obediencia a los divinos Mandamientos, y la gracia de saber orar y tener siempre presente la Cruz y los padecimientos de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.



Sexto Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Sexto Día:

Por los dolores acerbísimos y el riguroso aislamiento que os proporcionó la irrestañable herida abierta en vuestra frente por el glorioso estigma de la Cruz, consíguenos, ¡oh serafín de Casia!, que sepamos soportar con cristiana resignación el peso de las cruces propias de nuestro estado, y que, como vos, nos gocemos de morir por medio del sufrimiento, crucificados con Cristo Jesús. Amén.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.



Séptimo Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Séptimo Día:

¡Oh prodigiosa Santa Rita, que en el prolongado martirio de tu vida recibiste, junto con las hieles de todas las amarguras y de todos los dolores, el bálsamo de esos consuelos que embriagan y arrebatan el alma, encendiéndola en mayores deseos de padecer por Cristo, para gozar y reinar después con Él! Haz que en nuestras desolaciones y sequedades de espíritu descienda sobre nuestras almas el rocío de los divinos consuelos perseverando sin desmayos en nuestra oración, para que no cejemos un punto en el ejercicio de las prácticas piadosas y en el santo servicio de Dios.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.



Octavo Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Octavo Día:

¡Oh gloriosísima Santa Rita, cuya muerte, semejante en todo a vuestra vida, fue el espectáculo más tierno y conmovedor que puede presenciarse dentro de los claustros! ¡Qué consejos y qué despedida la vuestra de aquellas hermanas del alma, que, a la vez que envidiaban tu muerte y se felicitaban por tu glorioso tránsito, se deshacían en ríos de lágrimas! ¡ Qué fragancia la que comenzó a despedir la llaga de tu frente! ¡ Qué mirar tan dulce el de tus ojos! ¡Qué suspiros tan tiernos y qué abrazo tan celestial coronaron tu preciosa existencia! Por todas estas maravillas te suplicamos nos concedas la gracia de la perseverancia final y una muerte preciosa ante los ojos del Señor.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.






Noveno Día de la Novena a Santa Rita de Casia

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: porque sois la Infinita Bondad, os amo, Señor, más que a todas las cosas y más que a mí mismo. Me pesa entrañablemente de haberos ofendido; y por vuestro amor, y porque así lo queréis y me lo mandáis, perdono de todo corazón a todos mis enemigos, para que Vos, Señor, uséis conmigo de perdón y misericordia y olvidéis mis pasadas ofensas. Os ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Concédeme la gracia de perseverar en vuestro amor y servicio hasta la muerte.

Amén.


Oración Inicial: Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva Santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de la vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión.

Amen.


Noveno Día:

¡Oh incomparable Santa Rita, que, después de haber enaltecido y santificado con tus heroicas virtudes todos los estados de vida que la mujer puede abrazar en este mundo; de doncella, madre, viuda y religiosa, dejando en todos ellos ejemplos admirables que imitar, inauguraste con tu preciosa muerte el período de estupendos milagros, que te merecieron el título de Abogada de imposibles, por no haber negocio, ni conflicto, ni situación, por ardua y desesperada que parezca, que no tenga fácil y suave resolución acudiendo a ti, de quien con verdad puede decirse que todo lo puedes, porque todo cuanto pides lo consigues de Aquel para quien nada hay imposible! Consíguenos, Santa bendita, en retorno del amor que te profesamos, de las simpatías que por ti sentimos y de la fe y el entusiasmo con que te tributamos el pobre obsequio de esta Novena, la gracia de cumplir honrada y noblemente los deberes de nuestro estado, santificándonos en él y salvándonos por él, mediante los méritos de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


Oración Final: Dulcísimo y dolorosísimo Jesús, para que todo tu Sacratísimo Cuerpo fuese herido y atormentado por mis culpas, quisiste que tu santísima Cabeza fuese coronada de espinas, y te dignaste regalar con una de ellas a tu escogida Santa Rita, marcándola con esta señal y señalándola en la frente por Esposa tuya: concédeme, Señor, su intercesión; y por la sangre que, sirviendo de instrumentos las espinas, manó de tu delicadísima Cabeza y corrió por tu bellísimo Rostro, haz que, regándose con ella mi alma, se limpie y purifique de las espinas de tantos pecados como mortalmente la han herido, y así regada y purificada lleve copiosos frutos de buenas obras, señalándolos con la final perseverancia, a la que tienes prometida la vida eterna, en donde te goce y alabe con tu coronada Esposa, mi protectora y abogada, y con todos los coros de Santos y Ángeles que te alaban y bendicen en la gloria por toda la eternidad.

Amén.


Antífona:

Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

V. Señalaste, Señor, a tu sierva Rita.

R. Con el sello de tu caridad y Pasión.


Señor, Dios nuestro, que concedisteis a Santa Rita la gracia de llevar en su frente la señal de vuestra Pasión y en su corazón la caridad ardentísima del vuestro: otórganos por su intercesión y méritos que amemos a nuestros prójimos, aunque sean enemigos, con perfecta caridad, y contemplemos perpetuamente en la espina de la compunción los dolores intensísimos de vuestra Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


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